Saltamos la valla del balcón en el otro extremo, donde había una escalera que estaba cerrada a la fiesta, el pequeño acto de rebelión perfecta en su ridiculez. Me quité los tacones, hicimos nuestro camino por las escaleras casi como Cenicienta escapando, su fuerte mano tirando de la mía, nuestros dedos entrelazados cuando llegamos a la parte inferior. Traté de juntar la mayor parte de mi vestido, la cara tela echa ruinas en la parte inferior, Versace tendría una cita con mi tintorería. Renunciando, busqué a mi chofer en el mar de autos de color negro en el lote que mostraba la falta de capacidad para diversificar de las personas de las clases altas. El valet se movió, viéndome primero, el guante blanco de un botones apareció y abrió la puerta para mí.

—Srta. Everdeen—dijo el joven con rigidez, extendiendo una mano para ayudarme a entrar en el carro.

Medio esperaba que Peeta me tocara en el auto, ya sea su mano sobre mi pierna, sus hermosos labios tocando mi cuerpo de alguna manera. No hizo ninguno, simplemente se acomodó en el asiento a mi lado, sus dedos tamborileando un patrón en el reposabrazos mientras miraba por la ventana.

—A mi casa, Flavius. —El chofer de mi familia, un hombre que había estado en mi vida desde hace más de una década, asintió, sus ojos nunca dirigiéndose hacia el espejo retrovisor. Mi uso de él era raro, reservado para situaciones como esta, eventos donde esperaba beber. A pesar de los garabatos de mi madre en sus cheques de pago, yo tenía su lealtad. Quién sabía qué secretos guardaba para mis padres, pero tenía el valor de tener un espacio para guardar los míos. Saqué mi atención de él y la dirigí al misterio a mi lado.

Había conocido a un montón de genios. Stanford estaba provistamente completo, así que había experimentado cada marca y tipo. Y, en su mayor parte, no eran hombres conocidos. Por un lado, estaban los que la genética había bendecido con inteligencia, pero sin habilidades sociales. Luego estaban los hombres pomposos, inseguros que fingían confianza vomitando cositas de conocimiento en cada oportunidad. Después el tipo que me ponía más nerviosa: los hombres callados que te observaban mientras notaban todos los matices de tu personaje para su

análisis un momento más tarde. El tipo con el que estaba compartiendo el auto en estos momentos.

Él apartó la mirada de la vista y se volvió hacia mí. Me estudió con demasiada intensidad, sus ojos abriendo cada poro dañado en mi psique.

—Detente. —Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.

Su boca se torció.

—¿Por qué?

—No pienses. A tu cerebro probablemente podría venirle bien un descanso. —Sonreí.

—¿Preocupada por lo que pueda descubrir?

—No. —Sí.

—¿Por qué te fuiste conmigo? —Abierta curiosidad en sus ojos. Como si cualquier mujer necesitara explicar por qué había salido huyendo con un multimillonario.

—Pensé que debías tener una noche por la que no tuvieras que pagar.

Sus ojos sonríen.

—Me gusta pagar.

—¿Por qué? —Ahora yo era la curiosa. Sobre cada pieza de este hombre. Era fascinante, la pieza más interesante es su absoluta falta de preocupación por mi opinión sobre sus acciones.

—Es menos sucio. Puedo dictar la noche. Sin emociones involucradas.

—Las emociones pueden hacer que sea más caliente.

—Y más dolorosa.

—¿Te lastimaron?

—Todavía no. —Me miró de manera incesante, un extraño énfasis había sido puesto en las palabras, como si estuviera dándome su corazón con sus dos manos, seguro de que lo lideraría a su destrucción.

De repente, no lo quise. No quería el peso y la presión de las expectativas. No quería hacer otra cosa que devolver la luz a los ojos de este hombre.

El auto fue más lento, y vi las puertas delante de nosotros, moviéndose lentamente mientras esperábamos el ingreso. Me estiré, desabrochando su cinturón, sus ojos siguieron mi mano, sus cejas levantándose ligeramente.

—Aquí estamos.

Mark nos dejó frente las puertas delanteras, mi mano empujando el pomo, y llevé a Peeta hacia la casa oscura, sus silenciosos pasos siguiéndome directamente a través de la parte posterior. Allí, con el silencioso deslizar de vidrio contra caucho abrió la pared de atrás de mi dormitorio, el océano extendiéndose ante nosotros. Era un acto que había hecho antes, la vista impresionante, el aire del océano despejando la rigidez de la habitación, la vista de repente vergonzosa frente a un hombre que probablemente poseía islas. Me aparté de él, escondiendo el repentino rubor de mis mejillas, y levanté mi cabello.

—Desnúdame.

Hubo un momento de pausa, un momento donde incliné mi cabeza, esperando la presión sobre mi cremallera. Luego llegó, el arrastre lento, los dedos de la otra mano siguiéndola, cuatro puntos arrastrándose por mi espalda desnuda mientras lo bajaba todo el camino, más allá de la curva de mi espalda, hasta que se detuvo, medio poniendo mi trasero al descubierto, su respiración trabándose, unas pocas inhalaciones que pusieron una sonrisa en mi rostro. Entonces, sí es humano. Sus manos se deslizaron hacia arriba, puntos calientes de contacto, y fueron a la parte superior de mis hombros, quitándome el vestido mientras caía por mis brazos y mi cuerpo. Me volteé, desnuda, salvo mi ropa interior, y eché una sonrisa traviesa hacia su propia ropa.

—Quítatela.

—Tú hazlo. —Un tono de reto y de orden.

Negué.

—Tengo que romperte el hábito de ordenarles todo a las mujeres.

Frunció el ceño, tiró de la corbatita, hasta que se soltó y trabajó en los botones de la parte delantera de su camisa.

—¿Cuándo fue la última vez que hiciste lo que te dijeron?

Me encogí de hombros.

—Es difícil recordar algo tan pasado. —Entonces, tanto como quería estar allí y verlo desnudarse, me di la vuelta y salí de mi vestido, oyendo el ruido sordo de su zapato de vestir cayendo al suelo. Me subí a la cama, estirándome para tirar de la manta, y salté un poco cuando sentí el calor de su mano girándome contra la dura superficie de su pecho. Una presión en todo el cuerpo de piel contra piel, duros planos encontrándose con curvas suaves. Nada entre él y mi…

—¿Sin ropa interior? —murmuré, nuestros rostros a centímetros de distancia, el suyo iluminado por el resplandor de la noche.

—Parecía como una pérdida de tiempo. —No me besó, a pesar de que levanté mi barbilla, invitándolo al toque.

Su mano rodó bajo la línea de mis bragas y tomó mi trasero.

—Entonces, ¿en qué convierte eso a la mía?

—Una bonita distracción. —Deslizó su mano más arriba y la envolvió apretadamente alrededor de mi cintura, y creo que vi un vistazo de una sonrisa antes de que los dos nos lanzáramos sobre la cama.

Un rollo de piel desnuda, piernas enredadas. Arrastrándome sobre él, nuestras bocas se encontraron y el primer beso se formó. Su boca era vacilante, sus manos confiadas, y por un momento me pregunté si habría besado a sus acompañantes antes de follarlas. Entonces, el beso se profundizó, nuestra conexión se solidificó, y sacó de mi cabeza la idea de las prostitutas.

Cuando se retiró, se sentó alejado de mí, su mano arrastrándose sobre las curvas de mi piel, luego hubo una pausa. Una pausa llena del suave sonido de su respiración, una pausa llena de un momento de decisión cuando me miró a los ojos y su mirada sostuvo una pregunta.

No le respondí con mi boca. Me di la vuelta hasta que mis piernas dejaron la cama y mis pies tocaron la alfombra. Di un paso a mi tocador, abrí un cajón y fui a través de bragas y tangas hasta que mi mano tocó una envoltura. Saqué un condón y caminé de regreso, mis ojos dándose un apreciativo tour por su cuerpo mientras él yacía sobre su espalda, expuesto. Sus ojos me sonrieron, su boca solo se curvó lo suficiente para poner en relieve lo que podría ser un hoyuelo, ningún movimiento hecho para cubrir el impresionante órgano que yacía contra su muslo.

No esperaba la confianza que él tenía —pensé que un nerd informático estaría más avergonzado de su cuerpo, más arrogante de su mente. Pero él no había citado un solo hecho, no había sacado a colación su empresa o su dinero de ninguna manera. Trataba esto de la misma manera que yo, como dos adultos en busca de un buen momento. Levantó una mano, tomó el condón, y luego lo puso detrás de él en la mesa de noche, su mano volvió a agarrar la mía.

—Todavía no. Ven aquí. —Me llevó a su lado, siguió hasta que nuestras partes se tocaban y estaba lo suficientemente cerca como para presionar un beso contra mis labios, sus dedos fueron a mis hombros, trabajando suavemente en los músculos de mi cuello, sondeando tiernamente mientras su toque corría por las líneas de mi figura. Cerré mis ojos, dejando escapar un suspiro mientras me relajaba contra la almohada

y él deslizaba sus manos, sus palmas sobre la curva de mis pechos, su toque suave mientras extendía sus manos y me sostenía en ellas.

—Eres hermosa —dijo, un susurro atrapado en su tono. Su cuerpo se acercó—. Lamento si no estoy… acostumbrado al romance, Katniss.

Mis ojos se abrieron, mis errantes manos pararon su delicada exploración que estaba a punto de llegar a su pene.

—No creo que esté buscándolo.

—Pensé que toda mujer buscaba eso. —Me puso de costado, pasó sus manos alrededor, hasta que tomó mi trasero y me atrajo hacia él, caliente aire entre nosotros.

Miré sus ojos, y finalmente encontré el momento en que bajó su boca a la mía. No. Esto. Esto era lo que toda mujer buscaba. Una boca que respondiera con avidez y aun así tiernamente cuando la besaban.

Esto. El firme arrastre de mi cuerpo hacia el final de la cama, unos ojos dominantes, manos fuertes, el empuje de mi inquisición hasta el colchón.

Esto. Mis manos en su cabello, arañando sus hombros, mi cuerpo retorciéndose bajo su talentosa lengua entre mis piernas.

Esto. Nuestros cuerpos entrelazados en mis sábanas, su peso en mis muñecas, el momento de la primitiva conexión cuando separó mis piernas y se empujó a sí mismo en mi interior, su pene moviéndose con seguras estocadas, mis gritos de placer silenciados por su beso.

Esto. Su cuerpo arqueado sobre el mío, sus manos tirando de mí con fuerza contra él, enterrando su pene cuando terminó, jadeando mi nombre, estremeciéndose con su aliento en mi boca mientras me daba una estocada final.

Esto. Esto era lo que quería, lo que mi nuevo yo deseaba. Romance, eso podría esperar.

HOLA LES TRAIGO UN NUEVO CAPITULO. ESPERO QUE LES GUSTE ESTE NUEVO CAPITULO Y NO OLVIDEN DE COMENTAR EN UNOS MOMENTOS SUBIRE UN NUEVO CAPITULO DE "UN AMOR DEL PASADO". Gracias dazulu por tu comentario me agrada que te parezca interesante a Mí también me pareció cuando leí por primera vez el libro y es por esa razón que decidí adaptarlo sigue leyéndolo y espero más comentarios de ti acerca de tu opinión sobre la historia.