Capitulo 2

POV Natsuki

Me era realmente difícil imaginar todo lo que una joven de 17 años debe sufrir en los tiempos de guerra cuando carece de un soporte económico. Debía ser realmente aterrador para alguien como Shizuru el tener que enfrentar el hecho de que estaba completamente sola, que no había nadie que la apoyase ni una familia que la cuidara.

Pero lo que en realidad me causaba terror era el pensar cuantas personas habían abusado de su necesidad, cuantas habrían tomado provecho de ella. Me era inconcebible la idea de que ella por motivos del destino tuviese que pasar por tan desagradables circunstancias.

Aunque he de decir que bastante de esto es solo mi conciencia que se revuelca de celos al pensar que alguien ha tenido el privilegio de tocar su hermoso cuerpo. Porque a decir verdad, Shizuru era una mujer fuerte, inteligente y astuta; que sabia como manipular cada situación para su beneficio. Eso es algo de lo que he aprendido estos dos días que he pasado junto a ella. Sabia que ella no necesita a nadie que la cuide, sabia que ella se puede valer por si misma.

En todo caso, aquí la que la necesita soy yo.

Yo, el lobo de plata. El asesino de Kyoto. La descendiente y futura líder del clan Kruger. Uno pensaría que ya con 23 años no dependería de nadie, que no necesitaría a nadie más que a mi misma. Pero bueno, que se le iba a hacer, ¿no?

POV General

Era la mañana del 3 de Octubre de 1944, el tercer día desde la llegada del capitán Kruger a la península de Balcanes. Al siguiente día se cumpliría un mes desde que la unión soviética había dado inicio a su campaña de ofensiva, razón por la cual muchos soldados, entre ellos Natsuki, habían sido convocados a ese lugar. El eje tenía la necesidad imperativa de continuar con su control sobre esas tierras, sobretodo luego de la creciente desventaja que a la que estaba haciendo frente en la campaña de Birmania.

Para Natsuki, este era un compromiso de cinco meses, en los cuales ella entraría junto con guerreros alemanes, búlgaros, croatas y serbios para intentar ganar ventaja en el campo de batalla. Era un tipo de grupo elite, comandado por Natsuki, usado para atacar puntos estratégicos y misiones de un nivel de dificultad superior. Ella era la única representante japonesa, ya que varias personas del alto mando japonés consideraron que mandar a su mejor soldado era suficiente.

Ese día seria la primera misión del pelotón Kruger, una misión de tres días en donde debían desbaratar un centro de comunicaciones rumano. Partirían al atardecer, lo que significaba que aun restaban varias horas para que el capitán tuviese que partir.

Como ya era costumbre, antes de que Shizuru despertara, el capitán iba a la cocina a por el desayuno para ambas. Al volver a su habitación se encontró con una Shizuru despierta pero aun con su camisón puesto, una hermosa sonrisa se formo en su rostro al ver que Natsuki, aun en pijamas, entraba con el desayuno.

-Buenos días señorita, ¿Cómo ha dormido?- pregunto Natsuki mientras depositaba la bandeja en la cama y un pequeño beso en la frente de Shizuru.

-Excelente, ¿Cómo mas podría haberlo hecho si mi Natsuki estuvo abrazándome toda la noche?-contesto alegre pasa luego dar el primer sorbo al te que la peli-azul le había traído-. La verdad es que no se como lograre dormir los siguientes días sin ti.

-Yo tampoco lo se, pero lo que si se es que estaré pensando en ti desde que ponga un pie fuera de esta mansión hasta que vuelva- dijo con frescura, Shizuru no entendía como hablaba de la guerra como si fuese un paseo por el parque.

-Prométeme que regresaras Natsuki- suplico la castaña con miedo en los ojos.

-Volveré por ti Shizuru.

Luego de desayunar, Natsuki tuvo que ir a una reunión para ultimar los detalles de la misión. La presencia del capitán Kruger era muy importante, ya que además de ser una gran guerrera, era considerada una hábil estratega.

Al entrar en la sala en la que se efectuaría la reunión, Natsuki se llevo una no muy grata sorpresa, eso que se encontró seria un gran fastidio para ella.

-Ara, ara, un gusto volver a verla Natsuki-sama-dijo aquel hombre con un tono de falsedad notoria.

-Kanzaki, ¿Qué es lo que haces aquí?-pregunto secamente.

-He venido a otorgar mi ayuda, Japón debe tener un representante digno en Balcanes- escupió con sorna.

-Lo se, por eso me enviaron a mi. Me gustaría preguntar cuantos traseros lamiste para conseguir el pase hasta aquí, pero tengo temas más importantes que tratar.- con eso, Natsuki puso fin a la interacción con aquel hombre.

La reunión fue bastante fructífera, con algunos traspiés debido a la ignorancia e inexperiencia del japonés recién llegado, pero gracias al capitán se pudo limar las últimas asperezas del plan. Una vez finalizada la junta, el capitán se excuso con los oficiales para poder retirarse, realmente le apetecía mucho pasar sus ultimas horas con Shizuru antes de partir.

-¿Cómo estuvo la reunión Nat-su-ki?- pregunto Shizuru mientras abrazaba al capitán por la espalda.

-La reunión bien, pero desafortunadamente ha llegado a la mansión un estúpido con delirios de emperador del mundo- respondió con cierto fastidio, pero al mismo tiempo el abrazo de Shizuru amenazaban con hacer que su corazón saltara de su pecho.

-¿Quien es esta persona que le causa tanto fastidio a mi Natsuki?- cuestiono mientras soltaba su agarre y se dirigía, seguida por Natsuki, a un sillón de dos piezas que había en la habitación del capitán.

-Kanzaki Reito, es el heredero del clan Kanzaki y un completo idiota- al ver que Shizuru no entendía mucho acerca del tema decidió explicarle todo-. El clan Kanzaki es un clan muy importante en Japón, casi tanto como el Kruger. Siempre ha existido cierta rivalidad entre ambos clanes, aunque el Kruger se base más en las tradiciones y el combate y el Kanzaki en los movimientos político-económicos. Reito, al ser el próximo líder, cree que será el rey del mundo y tiene cierta necesidad de fastidiarme la vida. Por eso es que esta aquí, el sujeto es muy escurridizo y astuto en los ámbitos políticos y se que la guerra le importa un bledo y lo único que busca es que alguien me dispare- termino de explicar mientras miraba a aquella hermosa muchacha.

Ciertamente en esos dos días, aquellas mujeres habían establecido una conexión muy fuerte. Pasaban el mayor tiempo posible juntas y aunque el capitán era un tanto tímido a la hora del romance, gracias a Shizuru siempre se generaba alguna situación de contacto o de coqueteo. Aquella joven amaba hacer sonrojar al oficial Kruger.

-Te ruego Shizuru, que te cuides de el en el tiempo que pasare lejos de aquí. Ese hombre es una víbora ponzoñosa que no dudara ni dos segundos en herirte- pidió con preocupación impregnada en los ojos.

-No te preocupes Nat-su-ki. Me llena de felicidad el saber que te interesas por mi bienestar- respondió mientras abrazaba con fervor a la peli-azul.

Natsuki respondió con gusto aquella muestra de afecto. Pronto debería marchar hacia su misión y la verdad es que esperaba que esos tres días ya hubiesen pasado para volver a estar al lado de aquella chica que ocupaba sus pensamientos.

Luego de aquel momento, decidieron ir a almorzar a los jardines de la mansión, querían disfrutar de esa última comida antes de separarse. Y realmente lo estaban haciendo, hasta que una inoportuna e indeseada interrupción ocurrió.

-Ara ara, pero si es Natsuki-sama y su dama de compañía- ambas voltearon al escuchar la voz de Kanzaki-. Ya había escuchado que el capitán compartía su tiempo con alguien, es como dice el proverbio "En tiempos de guerra, cualquier agujero es trinchera". Aunque debo admitir que su trinchera no es cualquiera. Deberías de ser mas generoso y dejar que otros gocemos de sus servicios- termino su asqueroso discurso con una sonrisa de superioridad evidente y con una mirada lasciva hacia la castaña.

Aunque Shizuru no se inmuto ante el comentario de aquel hombre, Natsuki estaba que hervía de la furia. Nadie le faltaría el respeto a Shizuru y saldría airoso. Por ello fue que se levanto de su lugar y se paro frente aquel tipejo demostrando sus intimidantes miradas gélidas.

-Quiero que escuches bien Kanzaki y que te quede bien claro lo que te diré. Ahora, estamos en plena guerra, yo soy uno de los mas valiosos guerreros que posee tanto Japón como Alemania y tu eres simplemente un don nadie a quien dejan entrar en reuniones para que yo no lo tome como una ofensa hacia nuestra nación. Así que ten por seguro que si vuelves a hablar así de mi dama, no dudare dos segundos en incrustar una bala entre tus ojos- sentencio con una voz tan fría como el hielo.

Por reflejo de supervivencia, el hombre retrocedió algunos pasos. Nadie mentía cuando decían lo aterrador que era el lobo de plata, nadie mentía cuando hablaban de aquella mirada asesina que portaba.

-Largo.

Tan pronto como el capitán pronuncio aquella orden, Reito pego media vuelta y se marcho con el rabo entre las piernas.

-¿Ese es mi titulo? ¿Tu dama?- pregunto Shizuru con cierta picardía.

-Fue involuntario- confeso mientras su rostro tomaba un color bastante parecido al de un tomate y volvía a ubicarse en su lugar.

-Gracias Nat-su-ki. Hacia mucho tiempo que nadie se tomaba la molesta de defenderme- pronuncio la castaña al mismo tiempo que se paraba de su lugar y avanzaba hacia Natsuki para posteriormente tomar lugar sobre su regazo y abrazarla por los hombros.

-Me gustaría poder defenderte por siempre- dijo esta alternando su mirada entre los ojos y los labios de Shizuru.

-A mi me gustaría que lo hicieras.

Lenta y tortuosamente, Shizuru fue cerrando la distancia entre ellas hasta que esta misma ya no existiera. Aquel fue un beso tan puro e intenso, que tentaba con romper con la cordura de aquellas mujeres. Mientras que Shizuru atraía más a Natsuki por el cuello, el capitán se ocupaba de abrazar fuertemente la cintura de la castaña para que poco a poco el espacio entre sus cuerpos fuese nulo.

Casi se podría decir que desprendían algún tipo de aura, un aura en la cual había una mezcla de sentimientos; lujuria, tentación, intensidad, deseo, posesividad y cariño eran tan solo una ínfima parte de los sentimientos fundidos que se podían percibir en aquella interacción.

Bruscamente se separaron para poder mirarse a los ojos y llenar sus pulmones del oxigeno faltante. Cada una podía ver el alma de la otra a través de sus ojos, podían ver la necesidad de seguir con aquello y no dudaron en iniciar un segundo beso. Sin embargo este beso era más brusco, estaba cargado de deseo y se intensifico en cuanto Natsuki pasó su lengua por el labio inferior de la castaña pidiendo permiso para entrar. Sin hacerla esperar, Shizuru le dio paso a la lengua de Natsuki, dando inicio a una feroz batalla por el dominio de la situación. Toda la tensión sexual que había entre ellas se estaba decantando en ese beso, estaban desesperadas por sentirse.

De a poco Natsuki comenzó a bajar la intensidad del beso, no quería enviar ninguna señal equivocada, pero tampoco quería llevar las cosas tan aprisa.

-Estuve deseando probar tus labios desde el momento en que te vi- dijo apenas se separaron, mientras acariciaba la mejilla de la castaña con su mano derecha.

-Quien diría que el legendario capitán Kruger se querría involucrar con una prostituta- comento con gracia.

-Quien diría que la mujer más hermosa del planeta estuviese interesada en un simple soldado- respondió con astucia.

-Para mi no eres solo simple soldado Nat-su-ki- dijo mientras dejaba un casto beso en los labios del capitán.

-Para mí eres mucho más que una prostituta- contesto volviendo a iniciar una ronda de besos que se intercalaban entre los diferentes niveles de intensidad.

POV Shizuru

Verla partir por primera vez fue un gran golpe de realidad en mí, saber que existía la posibilidad de no volverla a ver me estaba matando por dentro. Pero sabia que esta era su vida, yo aceptaba verla partir para poder aceptarla cuando regresase.

La primera noche en soledad fue realmente eso, una noche en soledad luego de dos días de saber que ya no estaba sola. Podía sentirla, en aquel tiempo que compartimos comencé a sentirla dentro de mí, sabia que ella estaba bien, sabia que era un arma mortal.

Cuando aquel hombre interrumpió en nuestro almuerzo, por primera vez pude ver a lo que todos se referían cuando hablaban del capitán como una asesina despiadada. Su mirada estaba llena de frialdad, su presencia era amenazante, sus pasos eran calculados y su porte era tan imponente como el de un lobo en plena caza. En ese momento fue en el que note por primera vez que no tendría que tener miedo por su bienestar en el campo de batalla, ella podría con cualquier obstáculo que se le opusiera.

Claro que eso no evitaba que sintiera pánico ante el pensamiento de no volver a verla. Ese oficial había calado muy dentro de mi, en solo dos días ya se había convertido en alguien indispensable en mi vida, no lo puedo negar. Me había enamorado de una asesina, de una hermosa asesina.

Apenas desperté aquella primera mañana sin su presencia, me sentí realmente vacía. No podía quitarla de mi mente, así que decidí salir a despejar mi mente a los jardines de la mansión. Me senté en el lugar en donde compartimos nuestro primer beso, el solo recuerdo de sus labios traía una sonrisa a mi rostro.

Realmente no quería que mi felicidad dependiese de una persona, pero en ese momento ya no había marcha atrás, esa mujer me pertenecería, seria mía.

-Buenos días señorita- aquella voz que interrumpió mis pensamientos me generaba un increíble desagrado.

-Kanzaki-sama, que gusto volver a verlo- dije con mi característico tono de neutralidad mientras una perfecta y falsa sonrisa adornaba mi rostro.

-El placer es mío Shizuru- agh, odiaba que aquel hombre pronunciara mi nombre-. Es el segundo día que pasas sin Kruger, supongo que debes sentirte solitaria.

Sabía lo que estaba intentando hacer, poseer la mujer de su rival seria un trofeo digno de cualquier contendiente. Claro que jamás dejaría pasar la oportunidad de dañar moralmente a aquel sujeto.

-En efecto Kanzaki-sama, la compañía del capitán me es realmente placentera.- respondí en un tono inocente que haría que cualquier hombre sintiera deseos de revolcarse conmigo.

-Si gustas, puedo llenar aquel vacío. Te prometo que mi compañía te resultara infinitamente mas placentera- respondió el en un intento por sonar seductor, era realmente patético.

-No creo que eso sea prudente señor, luego de gozar de la compañía del capitán cualquier persona se me hace poca cosa- pronuncie con tanta sorna como pude.

-Creo que el que debe de exigir aquí soy yo, ya que tú solo eres una prostituta- en su voz se notaba el cambio, ahora quería parecer amenazador e imponente.

-Es una verdadera lastima que creas que tienes algún tipo de poder sobre mi, ya que por si no lo has notado, en este lugar quien manda es el capitán Kruger. Aunque tengas razón y yo solo sea una prostituta, soy la prostituta de Natsuki- nunca el titulo de prostituta me había sabido tan delicioso de pronunciar-. Además, no creo que lo que tengas entre tus piernas sea suficiente para igualar los orgasmos que me dio el capitán en cada uno de nuestros encuentros, jamás lograrías satisfacerme.

Sabía que estaba jugando con fuego, pero era tan divertido ver la furia en los ojos de aquel hombre. Si bien es cierto que aquello jamás había ocurrido, ese tipejo quería causarle daño a Natsuki a través de mí. Jamás perdonaría a quien intente lastimar a mi Natsuki.

-Te crees muy importante, pero solo eres una puta con suerte. En cuanto Kruger termine su tiempo aquí, no dudara en dejarte como la cualquiera que en realidad eres. ¿Crees que en realidad siente algo por ti? Ella jamás llevaría consigo a tan deshonrosa mujerzuela a Japón-escupió con desprecio el japonés.

Por dos segundos sopese aquello, pero inmediatamente me recompuse, no podía dejar que ese intento de humano me venciera.

-Como tu quieras verlo, pero por el momento en esta mansión a la única mujerzuela que veo es a ti. Realmente será divertido ver como el capitán hace que mojes tus pantalones luego de que le cuente de este pequeño encuentro.

Vi el miedo recorrer su rostro ante mi amenaza, eso me dejo satisfecha. Con una sonrisa de superioridad me aleje de el rumbo al cuarto de Natsuki, estaba segura de que mis palabras bastaron para que ese energúmeno dejara de fastidiarme por un largo tiempo.