En realidad no pensaba hacer conti, pero creo que ignoraron el "complete" en la descripción, asi que añadí un regalito


Haru le llevaba todos los días el almuerzo a Hibari, con el tiempo también comenzó a pedirle que le llevara la cena, ella pacientemente esperaba a que él terminara antes de llevarse el plato de comida. Él comía en silencio y luego le devolvía el plato.

Con el tiempo, Haru se sorprendió a si misma poniéndole cada vez más dedicación a los platos que preparaba para Hibari, su deber era preparar la comida y hacer los quehaceres para que el resto pudiera entrenar y la joven castaña sabía que el ex prefecto era el encargado de entrenar a Tsuna, por lo que quería brindarle toda su ayuda para que él pudiera entrenar lo mejor posible al Décimo.

Hibari también notó el cambio, los platos cada vez llegaban más deliciosos y con decoraciones más elaboradas, pero no dijo nada, en silencio se regodeaba por este logro.

Haru ignoraba el por qué, pero comenzó a sentirse satisfecha con ella misma cada vez que veía a Hibari comer, era un logro personal poder ver esas pequeñas y fugaces expresiones en un rostro que usualmente iba serio.

Ella lo recordaba, en sus tiempos, 10 años atrás, él era un muchacho frío y solitario, por eso Haru intentaba no acercarse mucho a él, pero agradecía que estuviera del lado de Tsuna.

En general, no hablaban casi nunca, nada más que un pequeño saludo al inicio y la despedida al final.

Hibari sabía que dentro de poco iban a atacar, ese día iba a ser el último día para intentar ganarse a Haru. Cuando el décimo diez años mayor le comentó su plan, él nunca había visto esto como una nueva oportunidad.

Y entre pensamiento y pensamiento, logró aventarle un nuevo golpe a Tsuna, su joven líder aún inconsciente de lo que estaba pasando, tan ignorante como Haru.

Tsuna se levantó lentamente, ese golpe casi lo deja inconsciente, pero tenía la fuerza suficiente como para ponerse de pie y enfrentar al azabache.

El guardián de la nube bloqueó los golpes que inútilmente Tsuna le daba, no podía evitar pensar que este Tsuna fue el muchacho del cual Haru estaba enamorada, aún era tan débil, y sin embargo incluso él lo había aceptado como líder.

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—Hoy te vez bastante feliz, Haru-chan—sonrió Kyoko.

—Haru debe asegurarse de que Hibari-san esté bien alimentado para que entrene a Tsuna-san—explicó la joven castaña mientras lavaba el arroz.

Lambo e I-pin estaban cortando los vegetales en la mesa, mientras la peliroja preparaba la vajilla.

El plato de Hibari siempre era el primero en estar listo, pues Haru debía llevarselo y esperar a que el guardián de la nube acabara de comer para que ella pudiera regresar a almorzar junto al resto de los Vongola. Aunque nadie sabía de este pequeño secreto, excepto los cocineros de la base.

Hoy Haru se sentía un tanto nostálgica respecto al pasado, pensaba en todos los momentos que había vivido diez años atrás junto a sus amigos, le parecía increíble estar en el futuro, mas aún con un Hibari tan distinto pero similar al de diez años atrás.

Cuando el almuerzo de hoy estuvo listo, Haru tomó la bandeja y caminó hasta el lugar de Hibari, al principio le había costado dar con ese sitio, pero poco a poco se aprendió el camino.

La joven Haru no sabía que ella era la única que podía entrar a ese lugar sin preguntar, incluso Kusakabe tenía sus restricciones al respecto, la castaña simplemente pensaba que nadie cruzaba el umbral por que les asustaba Hibari, pues no encontraba otra explicación considerando que ni siquiera había una puerta en la entrada.

—Tal vez en el fondo Hibari-san desea que lo visiten ~desu—pensó en voz alta.

El blanco inmaculado del suelo hecho de fierros pasó a ser de madera, en una clara señal de que desde ahí todo era propiedad de Hibari.

Haru sabía que en ese momento el guardián de la nube se encontraba entrenando con Tsuna, asique se dispuso a prepararle la mesa como él le había ordenado que lo hiciera. En realidad no le hacía mucha gracia seguir las estrictas normas del antiguo prefecto, pero si con eso podía ayudar, pues lo haría.

Acomodó todo en su sitio, en este último tiempo se había dado cuenta de lo detallista y organizado que era Hibari, por lo que notaría hasta el menor cambio.

—Eso es bueno en la batalla—dijo Haru con convicción, mientras daba golpes al aire imaginando que tenía unas tonfas como Hibari.

—Kamikorosou—intentó imitar a Hibari con su voz más masculina.

—Creo que esa es mi línea—se escuchó la verdadera voz del azabache.

—¡Hahi! ¡Hibari-san! Gomenasai, no era la intención de Haru burlarse de usted, no lo interprete así, onegai ~desu—las disculpas de la joven se atropellaban entre ellas.

Hibari miró a la joven Haru y supo por su mirada que de verdad estaba arrepentida, él la conocía bien, o al menos había estudiado bien a la Haru de diez años en el futuro.

—Hibari-san, usted debería dejar de llamar a Haru herbívora, en realidad suena un poco ofensivo, además que Haru prefiere la carne por sobre los vegetales ~desu—le había dicho una vez

—¿Entonces cómo debería llamarte, herbívora?—preguntó a secas.

—Haru ~desu.

—No veo la diferencia entre ambos nombres.

—Hibari-san, nos vemos todos los días ~desu. ¿Acaso no tenemos una relación más de confianza?

—No voy a intentar entender tu filosofía de herbívora.

—Haz lo que quieras, Kyo-san—dijo Haru sacandole la lengua al presidente del comité disciplinario, antes de entrar corriendo a su casa.

Hibari se había quedado de pie mirando como la estudiante de la escuela Midori se refugiaba del carnívoro entrando en su casa, estaba sorprendido de que esa herbívora hubiera tenido el coraje de llamarlo por su nombre.

—Haru—dijo en voz baja, sintiendo un dulce sabor en su boca cuando pronunció esas sencillas dos sílabas, se preguntó si los labios de esa herbívora sabrían tan dulces como su nombre, pero le pareció un pensamiento de herbívoro asique lo rechazó.

En esos días, él ya había dejado Namimori, pero no había ido a la universidad para estudiar más respecto al mundo de la mafia, sin embargo solía pasarse todos los días por su escuela a vigilar que todo estuviera en orden y de paso acompañaba a Haru de regreso a casa.

Se dio cuenta que a esta Haru no la podía llamar por su nombre, con tanta confianza.

—Herbívora, más te vale que la comida tenga buen sabor o experimentarás el significado de la frase que acabas de decir—amenazó Hibari, refiriendose a su "kamikorosou".

—¡Hahi!—hipó Haru.

El azabache se sentó en su sitio y probó la primera cucharada. Tan sabroso como siempre.

La joven castaña se sentó a su lado y con la cabeza gacha explicó.

—Gomenasai, esto es lo único que Haru puede hacer para ayudar, ya que ni siquiera sabe cómo pelear ni entiende mucho qué está pasando—incluso ella se sorprendió por la honestidad con la que se había dirigido al guardián de la nube.

—¿Para qué quieres pelear?—respondió Hibari—. Todos están entrenando para que tú no tengas que pasar por eso.

Haru levantó la cabeza y se dio cuenta que el ex prefecto tenía razón.

—¿Hibari-san? ¿Cómo le hace usted para ser tan fuerte ~desu?

—Irritación.

—¿En serio eso sirve?—Hibari asintió, a medida que probaba otro bocado—. ¿Cree que Tsuna-san necesite irritación?—Hibari se encogió de hombros—. ¿Qué es lo que más lo irrita?

El azabache tragó y miró en dirección a Haru.

—Que me cuestionen y me pregunten cosas sin sentido.

La mirada asesina en esos ojos grisaceos fue suficiente para hacer retroceder a Haru.

—Hibari-san is dangerous—se recordó.

—Así es—dijo lleno de orgullo, mientras dibujaba una sádica sonrisa en su rostro. Esa era una de sus frases favoritas.