Y como dicen: lo prometido es deuda, hoy estuve trabajando en un nuevo capítulo para poder subirlo lo más pronto posible. Espero que les guste y no olviden dejarme sus reviews!


Hibari comenzó a considerar que sentía algo por Haru en un lugar no muy distinto a este, la zona que le correspondía dentro de la base esta diseñada siguiendo el modelo de su casa antes de que todo esto pasara.

Los padres de Haru estaban de viaje, ellos amaban a su hija, pero por culpa de ella y sus relaciones con la mafia, ambos estaban siendo amenazados, por lo que comenzaron a viajar repentinamente para intentar establecer cierta distancia. Sin embargo ellos no eran los únicos amenazados, su hija era el blanco principal en todo esto y ahora que se encontraba sola era un blanco fácil.

En cuanto se enteró que una familia enemiga estaba detrás de ella emprendió camino a toda prisa hasta su casa. Haru era débil, ella no iba a poder protegerse, no podía dejar que le hicieran daño. Él siempre la acompañaba y seguía a todas partes velando por su bienestar, algo en su interior se sentía inquieto porque sabía que irían detrás de ella, aunque se tratara de una simple estudiante, ella era alguien importante para los Vongola y era un blanco fácil.

Tal vez su constante presencia al rededor de ella incrementó el peligro, habían rumores dentro de la mafia que hablaban sobre una joven que era frecuentada por el décimo guardián de la nube. Todos sabían que su personalidad le iba perfecta al atributo de la solitaria nube, por lo tanto que siguiera a una mujer levantaba sospechas, especialmente porque ella parecía ser cercana a todo el grupo Vongola.

Ni siquiera él mismo entendía por qué siempre andaba a la sombra de esa herbívora, ahuyentando a cualquiera que intentase acercarse a ella. Tampoco tenía sentido la culpa que sentía con solo pensar en la idea de que esa cercanía la había convertido en un posible blanco, ni siquiera encontraba lógica al miedo que lo invadía al pensar que probablemente llegaría tarde.

Se sentía tan herbívoro, ¿desde cuándo él se sentía así respecto a una persona? Quería interpretarlo como una ofensa a su autoridad, alguien quería lastimar a una persona dentro de su territorio, un ataque así era sin duda era imperdonable.

Llegó a casa de los Miura y sus temores fueron confirmados. Golpeó a todos los hombres que se encontraban dentro, la rabia y la ira lo dominaban por completo, ambas emociones enriquecían su llama y lo volvían más letal.

Subió las escaleras, los gritos de Haru lo ayudaron a encontrarla y a incrementar las emociones negativas.

Sus tonfas se tiñeron con sangre esa noche, y solo cuando se aseguró de haber bañado el frío metal con la sangre de todos los presentes, se acercó a la única persona que permanecía consciente en una esquina de la habitación. Ella retrocedió asustada cuando lo vio acercarse, se arrinconó aún más como si intentara traspasar la pared y escapar.

—Miura Haru—pronunció su nombre y esperó a que ella reconociera su voz.

Supo que lo había hecho cuando dejó de retroceder, solo entonces acortó la distancia entre ellos y se agachó hasta quedar a su altura.

Aunque el peligro ya había pasado, sus ojos castaños continuaban reflejando el temor que había sentido, su cuerpo temblaba y sus ropas estaban destrozadas. Si hubiera llegado un minuto más tarde todos esos bastardos la habrían violado en su propia casa.

Se quitó su abrigo y lo pasó por sus hombros. Esta casa no era segura. La levantó entre sus brazos, acunando su cuerpo al estilo nupcial, se veía tan frágil que por un momento pensó que se quebraría como si estuviera hecha de cristal.

La llevó a su casa, ella aún estaba en shock. Sujetaba su abrigo como quien se aferra a la vida, sus ojos parecían estar a punto de salir de sus cuencas, mientras que su cuerpo continuaba temblado.

—Haru—la llamó. No quería verla sufrir, saber que ella lo necesitaba aquí era lo único que impedía que regresara a darles otra tunda a los bastardos que le habían hecho esto.

—Hibari-san—su voz sonaba asustada.

Se acercó a ella y la abrazó con fuerza, no quería verla asustada y no quería que su vida volviera a estar en riesgo.

Ella era aún una estudiante, él se había graduado hace un par de años, la diferencia de edad no era mucha, pero ella no podía alcanzar a tener la misma fuerza de él, jamás.

La llevó hasta su casa, donde estaría segura. Su celular no había dejado de vibrar en su bolsillo, su molesto supuesto jefe se había enterado del posible ataque y estaba preocupado por su amiga, era un poco tarde para preocuparse, de no haber estado él cerca quién sabe lo que le habría ocurrido a la pobre.

En ese momento se dio cuenta un sentimiento de posesión hacia ella, era algo cálido, distinto, y un poco enfermizo. Necesitaba verla cada día, escuchar su voz, obtener sus sonrisas. Quería adueñarse de esa belleza que la rodeaba para poder contemplarla y poseerla como nadie más.

Al principio creyó que la quería como mascota, al igual que Hibird o Roll, ya que el trato que tenía con ella era similar al que tenía con esos animales y mucho más amable que con cualquier otro herbívoro. Pero el hecho de que ella fuera, en teoría, de su misma especie, no hacía más que complicar la situación.

A él no le gustaba andarse con rodeos, ni mucho menos no saber qué le estaba pasando. Asique un día, mientras esperaba a que ella saliera de clases para poder acompañarla hasta su casa tomó una decisión. La vio salir acompañada de toda la manada estudiantil, se acercó a ella y sin pensárselo dos veces estrechó sus labios contra los de ella.

Haru se tensó, pero no se alejó. Él profundizó el beso intentando ignorar los gritos de las estudiantes de Midori, quienes chillaban al ver lo que acababa de pasar.

Entonces descubrió que quizás sí sentía algo especial por esa herbívora. Y pasó un tiempo antes de que ella rechazara sus sentimientos.

Creyó que nunca iba a volver a tener esos labios tan cerca de los suyos, pero se equivocó. En su memoria aún estaba grabado el sabor de su boca y las reacciones de su cuerpo ante los estímulos, ella reproducía a la perfección lo que él mantenía guardado en sus recuerdos.

Haru retiró sus labios, agachó la cabeza intentando esconder su rostro detrás de su castaña melena. Eso sería todo, por un momento se sintió algo defraudada al pensar que ya no podría volver a tener esos exquisitos labios sobre los suyos, no entendía por qué la idea la hacía sentir triste.

—Has mejorado—elogió Hibari—, pero puedes hacerlo mejor.

Ayer él apenas la había tocado, pero en el intento de hoy él la sujetó y la acercó a él, abrazándola e intentando acortar lo más posible la distancia entre ambos.

—Haru pide una oportunidad más—dijo al ver que aún no lograba complacerlo.

Se sintió como el extorsionador más grande sobre el planeta, pero el placer que le otorgaba la práctica del extorsionismo conseguía aplacar la culpa.