Hola? *se asoma y busca gente*. u.u lamento haber tardado tanto, estuve muy ocupada y tenía que ordenar muchas ideas .

Espero que les guste el capítulo, creo que quedó demasiado tierno y no apto para gente con problemas de azúcar (?) si alguien siente que hay ooc lo siento u.u tanto tiempo hizo que me desligara un poco de las personalidades, de todas formas espero que les guste y lamento lo corto, dicen que es mejor la calidad que cantidad (?)


Haru observaba como Hibari comía en silencio.

Y miraba.

Y esperaba.

Y volvía a mirar...

A ratos se avergonzaba y volteaba la vista hacia otro lado, mientras se removía inquieta en su sitio.

Hibari permanecía callado, sin pronunciar palabra alguna. Es cierto, él nunca fue muy hablador que digamos, a pesar de haberlo tratado muy poco en el pasado, sabía que él rara vez iniciaba las conversaciones.

El silencio de él nunca le había incomodado tanto, antes hacia preguntas de vez en cuando, que eran respondidas con frases cortas y poco informativas, pero ahora no se sentía segura para iniciar una conversación.

Tampoco quería sumirse en sus pensamientos pues su mente estaba hecha un verdadero desastre, un lío que no se sentía capaz de desenredar. Era irónico, ya que por primera vez el comportamiento del guardián de la nube tenía sentido y aún así, se encontraba más confusa que nunca.

Por fin terminó todo lo que tenía en su plato y le dedicó una de sus serias miradas. Haru saltó en su sitio y se apresuró en coger la bandeja.

Corrió hasta la puerta pero antes de poder salir, una tonfa se cruzó en su camino cortándole el paso.

—¡Hahi!—la sorpresa hizo que se le cayera el plato de la bandeja, se escuchó el sonido de la loza quebrándose y luego, hubo un silencio muerto antes de que uno de los dos hablara.

—¿A dónde vas?—preguntó Hibari.

—A-A la cocina ~desu—respondió nerviosa.

—Aún falta algo—dijo él, sin moverse.

—¡Hahi!—volvió a hipar, retrocediendo un paso.

Él avanzó, los trozos quebrados del plato resonaron bajo sus pies, pero ambos ignoraron el sonido que hacían.

—Haru quiere saber si es verdad lo que Kusakabe-san dijo—pidió ella, utilizando todo el coraje que tenía.

—No lo sé—respondió Hibari.

Al principio no comprendió, pero luego recordó con claridad las palabras del ex vicepresidente: "Es bueno saber que aceptó los sentimientos de Kyo-san". Ósea, que solo ella podía saber si era verdad.

Entonces, ¿era verdad o no?

Quizás…

—Haru nunca ha hablado mucho con Hibari-san ~desu—recordó. La idea del amor a primera vista siempre le había sonado muy tierna, pero no sabía si estar feliz en este caso o no.

Sus manos temblaban, y apretaban la bandeja con fuerza, su corazón latía desbocado, aunque no por miedo, sabía que Hibari era una persona peligrosa, pero no le temía. Estaba nerviosa, y no sabía bien qué hacer. De todos modos, la idea de huir ya había sido descartada, quería enfrentar la situación. A pesar que, el hecho de que el ex prefecto le estuviera cortando el paso, también influía bastante.

—En el futuro—informó Hibari.

—Entonces, Hibari-san usted está…—no completó la frase, el azabache fue quien se tomó esa molestia.

—Sintiendo un sentimiento herbívoro caracterizado el deseo de proteger, cortejar y aparearse con una persona en específico.

Se escuchó el ruido de miles de cosas quebrándose. Haru se sonrojó, la filosofía de Hibari no había cambiado mucho con los años. Esas no serían las palabras que ella escogería para describir al amor ya que, sin duda, ambos tenían conceptos muy diferentes. A pesar de eso, no estaba molesta ni incomoda, un poco apenada quizás, pero se encontró a si misma con ganas de indagar más a fondo en el tema. No quería interpretar lo que el guardián de la nube decía, sino que escucharlo, necesitaba oírlo con claridad.

—¿Quién es la persona de Hibari-san?—preguntó.

De pronto notó que el temblor de sus manos había desaparecido, en ese momento se percató que ya no estaba sujetando la bandeja, y cuando miró encontró toda la vajilla tirada en el suelo, frente a ella. Comprendió que ese había sido el ruido que escuchó hace un rato atrás. Eso iba a ser un problema, estaban cortas de utensilios en la cocina, era un verdadero desperdicio.

Iba a recoger e intentar salvar algo cuando alguien sin escrúpulos volvió a pisar la vajilla en el suelo, igual que a el plato de hace un rato. Ese alguien obligó a Haru a que volviera a mirar hacia arriba y le prestara atención.

—Haru Miura—dijo Hibari.

—¡Hahi!—hipó la recién nombrada. Tardó en darse cuenta que esa era la respuesta a su pregunta, lo que necesitaba oír.

Una calidez extraña, pero agradable, la recorrió de pies a cabeza. Su corazón retomó su acelerado latir. La sangre corrió a sus mejillas. Antes de darse cuenta, sintió que una sonrisa surcaba su rostro y comprendió que acababa de enamorarse de alguien diez años mayor.

—Lo que dijo Kusakabe-san... es verdad—afirmó con seguridad.

Y el beso que compartieron en ese momento por fin consiguió complacer a Hibari.

—¡Haru-chan! ¿Estas bien?—exclamó Kyoko alarmada.

Bueno, cualquiera se habría asustado al ver a Haru entrar a la cocina con una bandeja llena de vidriado destrozado.

—¿Hibari-san te hizo algo? ¿Se enojó contigo? ¿Debería decirle a Tsuna-san? Quizás…—Kyoko se detuvo en mitad de la frase. Al principio, cuando la vio pensó que los ojos brillantes de Haru indicaban que estaba a punto de llorar, pero al verlos más de cerca notó que irradiaban alegría.

—Haru está bien—aseguró la castaña, caminando hasta el basurero y tirando la vajilla inservible.