Ciaossu~~

Muchas gracias a todas las personitas que comentan y leen, creo que últimamente estoy muy dramática xD espero que no me halla quedado muy occ, es que... T.T bueno, no quiero adelantar T.T pero igual me da nostalgia que no se vuelvan a ver T.T. Además, el fic está llegando a su fin (aunque conmigo todo puede variar, recuerden que al principio esto era one-shot, después fue Two-shoot y ahora es un fic corto XD)

No olviden que sus reviews me motivan a escribir!

P.D: esta corto porque me dio sueño y quiero irme a dormir


Hibari enarcó una ceja y miró a Haru, ella no podía seguir con eso, ¿o sí?

—Por supuesto—Haru respondió a la pregunta que él acababa de formularse interiormente—. Tsuna-san aún necesita de Hibari-san

—¿Todavía intentas llamar la atención de ese herbívoro?—preguntó el carnívoro.

Haru agachó la mirada un poco avergonzada. Se permitió un minuto para pensar la respuesta, llevaba mucho tiempo intentando que Tsuna se fijara en ella, al principio aceptó la propuesta de Hibari con el objetivo de ayudar a su primer amor, pero en algún momento todo se volteó.

Ella no quería dejar a Hibari, a pesar de que él no iba a desaparecer, simplemente se toparía con una versión diez años más joven. También tenía ganas de regresar a su tiempo, estaba cansada del encierro, de la constante incertidumbre, tenía miedo, pero quería ayudar de algún modo. No podía escapar, sin embargo se esforzaba por ser útil aquí.

Ella sabía que Tsuna cumpliría su promesa y la llevaría de regreso. Sin embargo en estos momentos ella se encontraba ignorante respecto al costo que el décimo Vongola tenía que pagar para eso, necesitaba disminuir el grado de dificultad, era en lo único que podía ayudar aunque fuera indirectamente.

—Esta Haru debe regresar a su tiempo—dijo en tercera persona—. Pero la Haru diez años mayor regresará.

El guardián de la nube mantuvo silencio. Eso no era un buen consuelo para él, aunque sabía que era verdad. Ahora que por fin esa molesta estudiante de Midori, que constantemente se escabullía a su Namichuu, comenzaba a tomarlo en cuenta, ella tenía que regresar y dejar en su lugar a la mujer que aún amaba al Décimo.

—Haru quiere mucho a Hibari-san, pero ella debe volver~desu—continuó hablando—, por eso necesita que usted ayude a Tsuna-san.

El ex prefecto mantuvo su silencio, la joven de castañas hebras le obsequió una sonrisa al darse cuenta que él estaba actuando como un niño al cual le niegan un dulce o un juguete.

—Hibari-san no quiere que Haru se valla—afirmó.

En ese momento el aludido recordó que había dado su palabra al Sawada Tsunayoshi de este tiempo, el que era diez años más que el débil herbívoro que ahora vivía en la base. Estaba obligado a ayudarlo, por más que quisiera mantener este momento, a pesar de las dificultades que estaban enfrentando. La promesa que le hizo al Décimo capo Vongola lo ataba, además su querida Namimori estaba siendo invadida, y necesitaba asegurarle a esta pequeña Haru un mejor futuro.

Demasiadas cosas que lo obligaban, no podía abandonar su misión ahora.

Y otra cosa, dentro de poco su tiempo se acabaría y llegaría su yo del pasado, tenía cada segundo contado. Al menos había alcanzado a disfrutar cada minuto junto a la Haru joven, pero cuando el reloj marcara su hora, todo su trabajo podía perderse.

—Dos cosas—dijo después de darle varias vueltas en su cabeza—. La primera es que sepas qué hacer desde el primer momento en que veas de diez años más joven.

—¿Qué debe hacer Haru?—preguntó ella.

—Segundo,—Hibari omitió la respuesta, pues era esta la condición que más odiaba y necesitaba decirla antes de arrepentirse—. No salgas de la base hasta que Sawada Tsunayoshi vuelva para cumplir su promesa.

Eso era todo. Acababa de dejar todo su orgullo en esa petición.

Recordó las palabras del Décimo antes de fingir su muerte: "solo mi yo diez años más joven puede enfrentar a Byakuran y ganar". Más le valía estar en lo cierto.

Esta noche, él se iría. Ya le había enseñado todo lo que podía enseñarle a Tsuna, y el tiempo se había acabado, las fuerzas de Millefiore debían estar en camino.

Hibari sabía que la próxima vez que Haru se topara con él, él tendría diez años menos, por lo que solo podía esperar que ella tomara cartas en el asunto con su yo adolescente.

También tenía conocimiento de que Tsuna dejaría la base a la mañana siguiente, por lo que ella debía permanecer adentro, sin moverse, pues nadie podía protegerla afuera. No soportaba la agónica idea de que, por algún truco de Byakuran, ella saliera a la superficie y resultara herida.

—Si Haru promete eso, ¿Hibari-san ayudará a Tsuna-san?—preguntó entusiasmada.

—Aunque será a mi modo—advirtió el ex prefecto.

—¡Haru lo promete ~desu!—exclamó entusiasmada.

Sin poderse contener, ella saltó encima de Hibari para obsequiarle un tierno abrazo en agradecimiento.

—Es hora de que Haru vuelva a la cocina—avisó, poniéndose de pie.

Antes de equilibrarse sobre sus dos piernas, el guardián Vongola la tomó del brazo y la empujó de vuelta hacia él.

Esta era su despedida.