Ciaossu~~

Muchas gracias a todas por dejarme sus reviews! Me animan a seguir escribiendo incluso ahora que estoy de viaje y tuve que escribir esto desde el celu u.u espero que les guste! Y no olviden que sus comentarios alimentan mi imaginación :)


Los días pasaban cada vez más lento, la carga del tiempo caía cada vez con más fuerza sobre los hombros de Haru, quien ya no contaba con esos momentos en los que visitaba a Hibari para sentirse mejor, ahora solo podía verlo desde la distancia y esperar.

¿Qué tenía su yo del futuro que no tuviera ella ahora? ¡Se supone que son la misma persona!

—Hibari-san, enamórese de Haru pronto ~desu—pidió.

El guardián de la nube rara vez estaba dentro de la base, antes Haru siempre sabía que lo podía encontrar en la zona exclusivamente reservada para él, donde ella iba y venía, entraba y salía, era la única persona que podía pisar ese sitio sin necesidad de avisar su visita.

Quizás la costumbre se le había quedado demasiado arraigada pues todos los días se encerraba en esa habitación, justo antes de la hora del almuerzo. No quería que nadie supiera lo mucho que sufría, por lo que ocultaba su dolor desapareciendo todas las tardes, agradecía que Kyoko estuviera ocupada a esa hora recogiendo la ropa sucia de los cuartos, mientras Lambo e I-pin jugaban por ahí.

El lugar no había cambiado en nada, el piso seguía siendo de madera, las paredes lisas, sin muebles ni cuadros decorativos, imitando a la perfección el estilo de un templo. Podía jurar que el espacio aún conservaba la esencia de la persona que alguna vez vivió ahí, no solo por la peculiar ambientación, sino por esa aura amenazante que continuaba ahuyentando a las personas que pasaban cerca del lugar, sin embargo, esa misma aura recogía a Haru cada vez que ella pasaba, invitándola a quedarse en la seguridad de ese cuarto, sintiendo el poco aroma de Hibari que quedaba.

El guardián de la nube continuaba con su idea de "no juntarse con herbívoros", dentro de diez años usaría la excusa de hacer las cosas a su modo, ahora decía que solo le interesaba pelear, de preferencia con enemigos fuertes. La única diferencia es que Haru ya no tenía formas de hacerlo cooperar.

Ella nunca se esperó que un día el prefecto entrara a ese sitio tan íntimo, sin embargo lo hizo, y la encontró tirada en el suelo, mas bien, recostada y mirando a nada en particular.

La castaña esperó a ser secada del lugar, y se sintió mal por lo irónico de la situación, pensar que un tiempo atrás -o mejor dicho, en el futuro- él esperaba sus visitas.

Su teoría no se cumplió. Hibari sencillamente entró y se sentó en el mismo sitió que ocuparía diez años más tarde, con la misma postura relajada y amenazante, sin decirle palabra alguna.

Para Hibari, Haru siempre había sido molesta, incluso fastidiosa, todos los días llegaba a invadir Namichuu porque formaba parte del grupo más herbívoro de su escuela. Ella nunca había sido para él algo más, por eso fue extraña su reacción cuando supo que había desaparecido, queriendo tomar la búsqueda en sus manos.

Hoy Haru estaba a su lado con la mirada perdida, con una actitud totalmente opuesta a lo que él recordaba. Ella siempre sonreía y revoloteaba de un lado a otro, llevando una fuerte dosis de felicidad a dónde sea que iba. Ahora, todo se sentía gris a su al rededor. Y no entendía por qué le molestaba.

—¿Hibari-san?—lo llamó una voz suave y femenina, pero quebradiza.

El aludido no dijo nada, esperando a que la joven continuara; al ver que eso no ocurría, se vio en la obligación de instarla a seguir.

—¿Qué?

Haru se incorporó, acomodándose al lado del prefecto y dedicándole una mirada llena de añoranza.

—Dentro de diez años, este será el cuarto de Hibari-san—le contó—. Y Haru vendrá todos los días a verlo ~desu. Ella le traerá su comida, conversará con él y Hibari-san le dará algo a Haru antes de que ella se valla.

—¿Qué cosa te daré?—preguntó la persona a su lado.

—Haru tendrá mucho miedo—continuó ella, evadiendo la pregunta—, pero Hibari-san hará que Haru pueda sentirse un poco mejor todos los días ~desu.

Los orbes castaños bajaban lentamente la mirada en dirección al suelo, concentrandose en un punto al azar. No sabía si estaba bien decirle esto a Hibari, pero confesarle lo que le pasaba la estaba haciendo sentir mejor de cierto modo.

De pronto, lo que había pasado hace unos días en la azotea de su escuela tenía mucho más sentido para el guardián de la nube Vongola. Sin embargo, aunque se tratara de si mismo, no entendía qué era lo que su yo del futuro deseaba, de todos modos eso lo tenía sin cuidado, ya podía entenderse consigo mismo dentro de diez años, ahora tenía un drama mayor que consistía en entender lo que le estaba pasando a su yo actual con respecto a Haru Miura.

Después de meditarlo un poco, solo pudo llegar a una conclusión: su yo actual también podía cuidar de esa chica de vivaces ojos castaños, no necesitaba esperar diez años más.

—Si alguien te molesta, lo morderé hasta la muerte—avisó, antes de ponerse de pie y retirarse de la habitación.

Haru no comprendió a qué se estaba refiriendo el guardián de la nube antes de salir. Él había escogido una frase muy confusa para exponer su resolución.

La castaña lo vio alejarse y supuso que se dirigía a Namichuu, dudó entre prepararle una hamburguesa o no, durante el corto lapso de tiempo que compartieron, se había dado cuenta lo mucho que le gustaban al ex prefecto, aunque temía que ese fuera un gusto que adquirió con los años.