Sé que tardé mucho, pero es que el tiempo no estaba de mi parte y realmente es difícil acomodar esto de modo que quede acorde con lo original. Lo siento mucho!

Como siempre, agradezco mucho sus reviews y el apoyo que me brindan! n.n es muy importante para mí y me anima a escribir!

Y como siempre, KHR es de la gran Akira Amano, pero como diría Stingy de Lazy Town: todo lo que leas es mio xDD estoy viciada con ese muñequito, no sé que me dio, asadasda mio, mio, mio *0* todo lo que tengo es mio (?) creo que eso es una clara muestra de mi codicia interior (?)

Sin más preambulos, he aquí el capítulo


Hibari aún conservaba la foto de Haru, aquella fotografía que iba anexada a su expediente, la había conseguido el día en que le habían asignado la misión de encontrarla junto al resto de los Vongola, pero nunca consiguió deshacerse de ella. No se sentía culpable por guardarla, pero sí un poco herbívoro.

Y la había traído consigo de regreso al futuro.

—Hibari-san, no esperaba verlo por aquí —dijo una amable voz, a modo saludo.

Para ser honestos, él tampoco esperaba verse a si mismo en un sitio tan conglomerado, pero aquí estaba.

—¿Dónde está la herbívora que siempre te acompaña? —inquirió el presidente del comité disciplinario.

Aún recordaba lo ocurrido el día anterior, cuando Daemon Spade había secuestrado a Haru y el resto de las chicas. Su enojo no había disminuido desde entonces. Y para tranquilidad propia, se sorprendió a si mismo siguiendo sigilosamente a esa herbívora, guiado por la necesidad de saber que no sufriría ningún otro percance. A pesar de que la base Vongola resultaba el lugar más seguro en esos momentos.

—¿Hablas de… Haru-chan? —dijo Uni, sin rodeos.

Hibari guardó silencio, aguardando por la respuesta.

—No te preocupes, no tardará en llegar —continuo ella, al ver que no conseguiría una afirmación por parte de él—. ¿Sabes? Esto ha pasado en tantas dimensiones que siento como si fuera un Deja Vu.

—No entiendo de qué me hablas.

—En todas las dimensiones tardas demasiado y nunca enamoras a Haru-chan, por lo que ella no deja de amar a Tsuna-san y jamás te da una oportunidad. Solo en esta dimensión ella ha mostrado interés antes de que eso pase.

—Sigo sin entender a qué te refieres.

—Es cierto, en todas las dimensiones tardas mucho en comprender. Sinceramente, espero que este futuro sea distinto, en todo sentido.

Hibari observó a Uni, no había ningún cambio en su mirada, simplemente dejó que sus ojos reposaran en ella, indiferentes a sus palabras. A pesar que en el fondo se encontrara meditando casa frase que acababa de oír.

—¡Hahi! ¿Qué hace aquí Hibari-san? —preguntó Haru.

Ella ya había regresado a sus labores de asistencia dentro de la base, con ayuda de Kyoko, Chrome y Uni, se encargaba de cocinar, limpiar y ordenar todo, tareas con las cuales podían contribuir en esos momentos. Prueba de eso, era el gran canasto de ropa sucia que estaba cargando.

—Déjame ayudarte con eso —se ofreció Uni, tomando el canasto que la castaña llevaba en sus manos.

—¡Hahi! Pero Uni-san…

—No te preocupes, déjamelo a mí.

Y antes que Haru pudiera decir algo más, la joven peliazul desapareció por el pasillo que llevaba a la lavandería.

Los ojos grises de Hibari estaban posados sobre Haru, intentando comprender lo que la otra herbívora acababa de decirle, una parte de él había captado el mensaje a la perfección, sin embargo había una parte mucho más terca que se negaba a aceptarlo, evitando la comprensión.

Tsunayoshi…

Lo recordaba bien, Haru siempre entraba a su queridísima Namichuu para visitar a ese herbívoro, pero él siempre se lo permitía, nunca se había interpuesto entre ella y su escuela, negándole el paso. Haru iba y venía a su antojo.

Su ira aumentó, y sintió unos terribles deseos de ir a moler a golpes al Décimo Vongola. Sentía como si ese herbívoro lo hubiese invadido, como si poseyera algo de su propiedad, pero no sabía qué era ese algo que deseaba recuperar.

—Hibari-san, ¿se siente bien? —preguntó Haru, al ver como un aura oscura comenzaba a rodear al guardián de la nube.

Le dedicó una gélida mirada que le congeló hasta los huesos, pero lentamente el aura tenebrosa desapareció.

En ese momento Hibari descubrió que, aunque no sabía exactamente qué era lo que Tsuna le había quitado, sí sabía lo que quería arrebatarle al Décimo: los sentimientos de Haru, los quería para él.

—Deja de amar a Sawada Tsunayoshi —ordenó el prefecto.

—¡Hahi! —sus orbes castaños reemplazaron el miedo por sorpresa—. Hibari-san, usted no le puede decir a una persona que deje de amar a alguien ~desu. Eso no se controla así ~desu.

—Entonces lo morderé hasta la muerte.

Hibari sacó sus tonfas y comenzó a alejarse de Haru, pero ella se apresuró en alcanzarlo para bloquearle el paso.

—¡Hibari-san! Así tampoco se consigue que una persona deje de querer a otra. No todo se soluciona mordiendo hasta la muerte a todo el mundo ~desu.

Cuando vio que el prefecto bajaba sus tonfas, pudo relajarse y añadir:

—Además, Haru ya no ama a Tsuna-san ~desu.

El guardián de la nube volvió a levantar sus armas de metal, en un claro gesto de amenaza.

—Entonces deja de amar al herbívoro que amas en este momento.

—Haru no puede hacer eso.

—En ese caso lo morderé hasta la muerte.

—Pero Hibari-san ni siquiera sabe quién es ~desu.

Reconozcamos que Haru estaba usando toda su valentía para encararse al guardián Vongola de la nube, pero la penetrante mirada que recibió en ese momento consiguió disminuir su coraje, al punto que la hizo dar dos pasos hacia atrás, sin embargo Hibari no tardó en avanzar y cubrir el terreno de distancia.

—Dime quién es —ordenó.

—¡Hahi! L-Lo que p-pasa es q-que H-Haru no p-puede ~d-desu.

El color carmín comenzó a subir hasta sus mejillas al darse cuenta de que si contestaba a esa pregunta, podía estar dando una declaración indirecta.

—¿Por qué no? —insistió él.

Bien... tampoco podía responder a eso.

—Hibari-san le está haciendo preguntas muy difíciles a Haru ~desu.

—No deberías ocultarle información al comité disciplinario.

"¿Qué tiene que ver eso?" se preguntó a si misma Haru. Pero reconoció el criterio de autoridad que el prefecto había usado, injustamente.

—Hibari-san, por favor, no lo escriba en mi expediente, eso sería vergonzoso para Haru ~desu.

—Responde, o serás mordida hasta la muerte por infringir las normas.

—¡Hahi! ¡No! Haru no ha hecho nada malo ~desu. Por favor, perdone a Haru. Es más no solo le diré el nombre, sino también el apellido —hubo un ligero silencio—. Haru ama a Hibari Kyoya ~desu.