Ciaossu mis queridas lectoras/es, he aquí un nuevo capítulo de mi propia versión llena de mujerzuelas y juegos de azar (?) jaja no sé por qué, pero de todos mis fics este se ha convertido en prioridad, deseo escribir lo más pronto posible todos los capítulos para poder traerles más diversion (?)

Muchas gracias a todos por leer, comentar, seguir y añadir a favoritos!


Uni invitó a Haru y Kyoko a visitar la ciudad al día siguiente, llevaban censores de GPS en la ropa y un gran número de guardianes las acompañó, algunos de cerca, y otros de lejos, ocultos entre la multitud, o vigilando desde los edificios. Vigilarlas era una tarea difícil ya que ambas corrían de un lado a otro, con ansias de conocer en un día cada palmo de la ciudad, se maravillaban con las tiendas, las esculturas, los cafés, las plazas, incluso la misma circunvalación de las calles les parecía algo novedoso.

No entendían nada de lo que la gente decía, pero el acento italiano era algo agradable de escuchar, por lo que se conformaban y utilizaban a Gamma como intérprete.

—Haru nunca había salido de Japón —confesó auto-aludiéndose.

—Yo tampoco. Todo esto es tan emocionante —la secundó Kyoko.

Las muchachas se estaban dejando llevar por la emoción de tal forma que, si les hubieran preguntado en ese momento si deseaban quedarse, la respuesta sería, sin duda, afirmativa. Gamma sintió deseos de recordarles que no todo era tan maravilloso como parecía, en ese momento estaban siendo rigurosamente vigiladas para evitar cualquier tipo de atentado, sus vidas serían así desde el momento en que se unieran a la mafia, estarían siempre en constante peligro. Sin embargo, una mirada de Uni bastó para que el guardián resistiera sus impulsos. Este no era el momento.

Regresaron tarde y cansadas, a pesar de haber recorrido toda la ciudad, no habían alcanzado a memorizar ni siquiera la mitad de las calles, pero fue una buena experiencia.

Haru se dio una ducha y se tendió en su cama, con una sonrisa surcando sus labios. Sabía que el Décimo no la dejaría salir de la mansión pasadas las nueve, por motivos de seguridad, aún no entendía por qué esa paranoia por parte de Tsuna, no lo recordaba así, en este último tiempo parecía haber desarrollado una obsesión por la seguridad incluso peor que la de una madre. Pero de nada valía reclamar, así que simplemente decidió aprovechar los pocos minutos libres que le quedaban.

Se sentó frente a una hermosa fuente de mármol, unos cuatro metros de altura, con detalles perfectamente pulidos y piedras pegadas a la tierra en un círculo al rededor. El sonido del agua era relajante, caía apresurada, pero sin temor, en pequeñas cascadas hasta el fondo, despreocupada, solo siguiendo el curso que le habían impuesto.

No se sentía capaz de ser tan voluble como el agua, acostumbrada al molde que le impusieron, no podría seguir el curso. Eso tal vez significaba que no podría estar junto a Tsuna, no con él imponiendo reglas como un toque de queda tan absurdo, necesitaba de su libertad. Pero no podía abandonarlo, necesitaba estar junto a él, quería estar ahí, compartiendo sus sonrisas y sus lagrimas, por que lo amaba y eso no se veía fácil de cambiar.

—Es hora de que entres, herbívora —escuchó una voz familiar acercarse a ella.

No quería entrar.

—Dile a Tsuna-san que solo estaré cinco minutos más —respondió Haru.

—Entra, mañana podrás volver.

Haru suspiró frustrada.

—Sé que no es culpa de Hibari-san que Tsuna-san actúe así, pero deje que Haru se quede un momento más. Haru necesita pensar.

—Pensarás adentro —insistió el guardián de la nube.

Era evidente que, como buen ex presidente disciplinario, Hibari no la dejaría saltarse las normas, así que obedeció y entró a la mansión. Acostumbrarse al molde, a las reglas, una vez más se dio cuenta cuán difícil sería eso.

.

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Uni no pudo acompañarlas a la ciudad al día siguiente pues tenía unos importantes asuntos que atender, relacionados con la familia Giglio Nero, y Tsuna no quiso darles autorización para abandonar la mansión sin la arcobaleno o alguien capaz de protegerlas.

Fue una decepción de las grandes, ya que Ryohei se ofreció a acompañar a su hermana. El Décimo no se vio muy feliz con la idea, pero el guardián del sol era el más insistente de los Vongola, así que acabó cediendo solo por cansancio. Sin embargo temía que Ryohei no pudiera proteger a dos personas a la vez, por lo que solo Kyoko tuvo autorización para dejar la mansión, lo que significaba que Haru se quedaría encerrada, aburrida y sin nada qué hacer.

Aunque Lambo se mostró gustoso de acompañarla, Tsuna era demasiado protector con su guardián del rayo y no lo permitió. Yamamoto estaba en una misión y volvería de noche. Gokudera debía ser una buena mano derecha y no podía abandonar a su líder. Mukuro no era una opción. Y no se atrevía a pedirle esa clase de favor a Hibari.

Lo peor era que, había algo en la forma de hablar de Tsuna, que resultaba imposible molestarse con él.

Pasaron dos horas en las que no supo qué hacer, las mucamas hacían la limpieza y los chefs se encargaban de la comida, vivía como una princesa dentro de una enorme mansión, sin responsabilidad alguna. Lo que en vez de hacerla sentir feliz y satisfecha, la hacía sentir inútil y aburrida.

Finalmente la desesperación la venció y se dirigió a lo que ella comúnmente llamaba: "la zona prohibida", o en otras palabras, el cuarto de Hibari.

—¡Hibari-san! —gritó, abriendo la puerta de un golpe—. Haru necesita que usted la…

Se calló, y en un rápido movimiento volvió a cerrar la puerta, apoyándose su espalda contra ella y dejando que su cuerpo se deslizara lentamente por la madera, mientras el rubor subía por sus mejillas. No había sido la gran cosa, pero para una joven decente y educada como ella, eso era más de lo que alguna vez esperó ver.

—Hibari-san debería estar más cubierto —dijo.

—Estoy en mi territorio —repuso él—. Y con tus gritos me despertaste, herbívora. Debería morderte hasta la muerte.

Dentro de su cuarto, y con la puerta cerrada, Hibari salió de su cama y se colocó su camisa, debido al calor que hacía no se había cubierto con las mantas, por lo que Haru acababa de ver todo su torso desnudo.

—¡Hahi! Pero Hibari-san ha profanado a los ojos de Haru, así que Haru debería morderlo a usted.

El guardián de la nube Vongola guardó silencio un momento, mientras se arreglaba su traje, se había vestido más rápido que nunca. Abrió la puerta de su habitación, que había sido el único soporte para Haru, quien cayó hacía atrás, de espalda contra el suelo mirando desde abajo el amenazante rostro de Hibari, de pie frente a ella.

—¿Por qué vienes a perturbar la paz? Explícate o serás mordida hasta la muerte.

Ella no se movió un centímetro, todavía estaba demasiado aturdida como para hacerlo, aunque aún podía hablar coherentemente —o semi-coherente, ya que lo que iba a pedir no era algo que alguien en su sano juicio pediría—

—Haru desea que Hibari-san la acompañe a la ciudad —pidió.


Jajja ya sé que todos querían que Haru entrara sensualmente al cuarto y que Hibari se quedara así tal cual, pero yo no escribo lemons y esta fue una idea de mi cruel y confiable almohada, que siempre está dispuesta a darme buenas ideas para cada fic xD

Espero que les haya gustado n.n

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