Buenas noticias! Es viernes! Eso significa: LI BER TAD! jajaj. No, ya quisiera T.T estoy llena de trabajo para el fin de semana x.x no sé cómo le haré para hacer que el tiempo me rinda :c pero mientras tanto les subo este capítulo para agradecer todo su apoyo :)

Para mi nee-san: Suno Andrew, para que vea que me esfuerzo T.T


—¿Qué te hace creer que quiero acompañarte a la ciudad? —preguntó Hibari.

—Haru sabe que Hibari-san no lo desea, pero ella necesita de su ayuda, Tsuna-san no dejará ir sola a Haru —respondió la joven.

Hibari miró inexpresivamente a Haru, que seguía de espalda al suelo, con su cabeza pegada sus pies, extendiendo la vista hacia el techo para poder ver la gélida mirada que estaba recibiendo.

Era imposible descifrar esos ojos fríos, como el metal de unas peligrosas tonfas. No se podía decir si quería ir o no, solo se podía deducir a base de la temible y misantrópica personalidad de guardián de la nube, que lo más probable es que no tuviera ni la más mínima disposición para acompañar a un ser humano a un lugar tan lleno de personas, como lo es una ciudad.

—Por favor —intentó Haru, poniendo una sonrisa nerviosa en sus labios.

—No —fue la seca respuesta de Hibari.

El ex presidente disciplinario dio media vuelta al interior de su cuarto para dar por finalizada la conversación, Haru rápidamente se levantó y agarró su mano en un desesperado intento por que volviera a verla.

—Hibari-san, Haru solo desea ver la ciudad una vez más antes de irse, luego de eso Haru se irá de regreso a Namimori y no volverá a molestarlo más —pidió nuevamente.

Miró a Hibari, esperando alguna reacción por parte de él, sin embargo su mirada metálica estaba dirigida a un punto en específico: su mano derecha aprisionada entre las de Haru. Estaba a punto de liberarse de un tirón y dar nuevamente una negativa, cuando ella también se percató de eso e instintivamente lo liberó.

—¡Hahi! —hipó por la sorpresa—. Haru lo lamenta. No volverá a tocar a Hibari-san.

Hacía muchos años que el guardián de la nube no escuchaba ese característico hipo que parecía haber quedado perdido dentro de la garganta de la alumna más problemática de su generación. Siempre faltando a las normas y entrado en donde no la llamaban, no había cambiado mucho. Por un momento, ese pequeño e insignificante hecho le recordó a esos días donde él era ley en su amada Namimori, cuando todos temblaban al oír la mención de su nombre. Si bien, no se manifestó en su rostro, de pronto sintió nostalgia y extrañó su lugar de origen. Se sintió atrapado, había sido arrastrado a Italia por culpa del bebé, y él no era una persona que faltara a su palabra. Si duraba cinco años dentro de la mansión Vongola, sin irse a menos que sea estrictamente necesario, tendría una pelea con Reborn. Estaba esperando ansioso, solo le faltaban dos años para completar su parte del acuerdo y no tenía una buena excusa para ausentarse. Hasta ahora. Ya estaba harto de esa estúpida casa llena de gente.

—Volveré a Namimori —resolvió.

Haru lo miró confundida, sin entender esa repentina resolución. —¿Eso quiere decir que no llevará a Haru a la ciudad?

—Te llevaré, y tú le pedirás a Tsunayoshi que sea yo quien te lleve de regreso a Namimori.

—Pero, ¿cómo hará eso Haru?

—Eso es problema tuyo. Vámonos antes de que todos los herbívoros salgan a la calle.

Haru accedió y lo siguió.

Se encontraron con los Sasagawa en la plaza principal y recorrieron nuevamente cada rincón, Italia se abría a ellos, a pesar que Hibari caminaba de lejos y ni siquiera aceptó sentarse con ellos cuando ingresaron a un restaurant de pizza. Solitario como siempre, miraba desde lejos a su protegida, asegurándose de que su boleto de escape no se dañara en lo absoluto. Quizás era demasiado sobre protector, mordió hasta la muerte a un chico que chocó con ella al doblar en una esquina, a un hombre que le preguntó la hora y Ryohei alcanzó a detenerlo antes de que se lanzara contra un conductor que no la dejó cruzar primero.

Cada vez Haru se arrepentía más y más por haberlo invitado.

Regresaron antes de que la gente saliera de sus trabajos, temerosos del efecto que tanta conglomeración tendría sobre la nube Vongola.

—Hibari-san se comportó muy mal hoy —lo regañó la joven, sentada como copiloto del deportivo negro del guardián.

Él hizo caso omiso a sus palabras, la había protegido a su modo, y la traía de regreso a casa sin ningún rasguño, eso era lo que importaba.

En cuanto entraron en la mansión Vongola, Haru supo que ahora le tocaba cumplir con su parte del acuerdo, esa sería la parte más difícil del día, incluso más difícil que soportar al guardián de la nube y su agresividad.

Tsuna estaba en su oficina resolviendo un montón de asuntos de la familia, pero dejó que todo pasara a segundo plano cuando se enteró que Haru quería dar su veredicto final.

—Haru ya ha decidido —informó ella.

—¿En serio? ¿Estás segura que no deseas pensarlo más? —preguntó Tsuna—. La mafia es peligrosa y…

—Haru entiende eso —lo interrumpió—. Es por eso que Haru desea volver a Namimori.

Esa respuesta descolocó al Décimo, quien esperaba poder volver a reunir a la familia dentro de la mansión Vongola, sin Haru ese objetivo nunca sería capaz de cumplirse. La tristeza rápidamente invadió sus ojos castaños, y miró a su amiga como quien mira por última vez a una persona.

—Ya veo… —dijo—, respeto tu decisión Haru, pero quiero que sepas que siempre tendrás la protección de los Vongola para cuando la necesites, tú eres parte de la familia y siempre serás bienvenida.

—Haru se lo agradece mucho, pero ya no quiere darle más problemas a Tsuna-san.

—Tú no eres un problema.

—Haru siempre amó a Tsuna-san, y él lo sabía. Haru deseaba ser una buena esposa, pero ahora se da cuenta que eso no podrá ser. Tsuna-san nunca vio a Haru de esa forma, ¿verdad? —el Décimo Vongola se encogió en una vergonzosa afirmación, al darse cuenta como con su rechazo indirecto la había dañado más de lo que la pudo haber dañado la mafia—. Haru no será útil aquí, ni tampoco tendrá la felicidad. Haru no pertenece a la mafia, por eso no quiere volver.

—Cuídate mucho —pidió Tsuna, al ver que no había nada que pudiera cambiar esa decisión—. Pediré que preparen tu vuelo para mañana.

—Haru le quiere pedir un favor a Tsuna-san, espero que no sea mucha molestia que Hibari-san acompañe a Haru en su regreso.

Nuevamente, la sorpresa se reflejó en cada pequeña fracción de Tsuna, en cada hermoso rasgo que Haru adoraba, pero que jamás le pertenecerían.

—¡Hibari-san! —gritó Tsuna. Uno de los típicos gritos que daba cuando era un adolescente—. ¿Estás segura de lo que dices?

—Haru está completamente segura.

Era difícil de creer, pero le debía mucho a Hibari, dentro de la mansión él era la persona que más se preocupaba por ella, recordándole sus toques de queda y enviando al pequeño Hibird para que no se sintiera sola. Sabía que todos en la mansión la querían mucho, pero estaban tan ocupados que ninguno se preocupó de esos detalles.

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Uni invitó a Kyoko y a Haru a la mansión Giglio Nero esa tarde, para disculparse por haberlas abandonado ese día. En esa reunión decidió dar la noticia.

—¿En serio te vas, Haru-chan? —preguntó Kyoko.

—Haru ya lo ha decidido, ella se dio cuenta que jamás podrá acostumbrarse a la mafia —explicó la aludida.

—Lamento saber eso, pero me alegro de ver que has tomado una decisión. Te voy a extrañar mucho —dijo Uni.

Haru envolvió su taza con ambas manos, recibiendo todo el calor del agua caliente que traspasaba la porcelana. Miró su té con culpa y tristeza, pero estaba completamente decidida.

—Haru también extrañará mucho a Uni-chan—admitió—. A Haru le gustaría saber si Kyoko-chan se quedará.

La pelirroja estaba a punto de echarse a la boca un trozo de pastel cuando la pregunta le llegó, bajó el tenedor y dirigió su vista a quien la interrogaba, quería ser honesta con ella, aunque la verdad le doliera, pero por su amistad estaba decidida a no ocultarle nada.

—Haru-chan... yo aún no estoy segura, no tengo la misma determinación que tú, pero he pesado en quedarme —y aquí vino lo más difícil de decir—. Yo amo Tsuna-san y en serio deseo poder permanecer a su lado.

Los ojos de Haru se abrieron de par en par por un segundo, pero no tardaron en retomar su tamaño original, su lado razonable se impuso, esto solo confirmaba que su decisión era la acertada.

—Sé muy feliz, Kyoko-chan —concluyó.

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La despedida fue triste, por supuesto, todas las despedidas tenían esa extraña maldición.

Haru miró por última vez los rostros de todos aquellos quienes marcaron su juventud, esta sería la última vez que los vería. Era difícil de creer que estaba dejando atrás a todos sus amigos, dispuesta a vivir por su cuenta a partir de ahora, como si nunca los hubiera conocido. Kyoko lloró y Ryohei dio un enorme grito de despedida por cada lágrima; Yamamoto mantenía su típica sonrisa, pero esta vez había un deje de nostalgia en ella; Gokudera también se veía triste por su partida, aunque intentaba disimularlo; Chrome tan tímida como siempre, hizo débiles gestos con su mano desde lejos, Mukuro no asistió y Tsuna, ese Tsuna que la había hecho tan feliz como desdichada, llenándola de aventuras y de incertidumbres, también se presentó como es formalmente debido.

Los orbes castaños de Haru acariciaron por última vez ese rostro tan bello, sabía que era un niño torpe, pero no podía verlo de otra forma que no fuera con admiración. Debía olvidar ese inmenso amor que sentía por él para poder vivir lejos de la mafia. Iba a ser una tarea difícil.

Dino también se presentó, y lamentó no haber venido de visita antes para poder pasar más tiempo junto a ella.

—Nunca dejarás de ser mi hermanita menor —aseguró el rubio—. Y si no quieres volver a ver a mi pequeño hermano, Cavallone siempre estará abierta para ti.

—Muchas gracias, Dino-san —respondió Haru.

La última en llegar fue Uni, a pocos minutos de que el avión partiera.

—Nunca olvides, mi verdadero deseo es verlos felices a todos, incluyéndote a ti —dijo la arcobaleno del cielo.

—Haru se lo agradece.

El único que no se veía emocionado era Hibari, tan serio como siempre, esperó dentro del avión privado a que Haru terminara de despedirse para que pudieran partir de una vez por todas.

Nuevo destino: Namimori.