Ciaossu minna-san
Aquí yo apareciendo después de décadas, he estado ocupadísima con los estudios últimamente, hay mucha presión ahora, quiero ser alguien en la vida, aunque es un camino más difícil de lo que me esperé, y estoy pasando por un problema de decepción social u.u estoy molesta con la sociedad, es difícil de explicar, pero me da mucha rabia porque gracias a Dios yo tengo el privilegio de recibir buena educación, sin embargo no puedo ser el perfecto engranaje social que se educa y luego hereda los negocios de la familia haciendo ojos ciegos a los problemas de mi país, recuerdo que hasta los doce años viví en una perfecta burbuja que parecía impenetrable, el dolor se veía tan lejano a mí, me parecía que solo existía en países como en USA o África, pero cuando se rompe esa capa de perfección que no te deja ver nada te das cuenta que hay más. Cuando la vida comienza a enseñarte, es una maestra exigente y dura.
Así que he estado sacando muchas ideas sobre esta realidad social en la que sin querer me metí.
Y antes de seguir expandiendo este testamento, porque yo sé que ustedes no quieren leer la historia de mi vida xD les dejo con el capítulo que sí han estado esperando por leer. ¡Muchas gracias por su apoyo!
Es cortito porque el miércoles subiré el próximo y ese va más largo
—Reborn-san no vino a despedirse —suspiró Haru desanimada—. No lo vi en la mansión estos días.
—Ha estado fuera un tiempo —respondió Hibari, desinteresamente.
La joven se volteó a ver a su acompañante, ambas miradas se cruzaron, nunca se había atrevido a verlo de frente debido al temor que le causaba, esa podía ser la primera vez que se daba el lujo de mirarlo detenidamente, su cabello negro, sus ojos grises, su piel blanca, todo en él era amenazante, pero cautivador. Como los animales salvajes, los leones, leopardos, y panteras que siempre han sido carnívoros exóticos y atrayentes, tan peligrosos como hermosos.
Se sonrojó ante tal comparación y rápidamente volteó la cabeza, con el rubor asomándose a sus mejillas.
Tsuna era amable y tierno. Hibari era feroz, no había similitud alguna entre ambos.
Era incómodo llevar un viaje tan largo, Hibari tenía una presencia tan fuerte que era difícil de ignorar, a pesar que rápidamente se acomodó en su asiento y comenzó a dormir. Ella se removía ansiosa en su sitio, personas que ocupaban un importante espacio en su corazón estaban en Italia, y no los iba a volver a ver.
¿Cómo podría comenzar a vivir de nuevo? Cada calle en Namimori estaba cargada de recuerdos de ellos, no podría andar libremente sin recordarlos, pero tampoco estaba dispuesta a quedarse, no cuando Tsuna no aceptaba sus sentimientos, sabía que esa convivencia la dañaría día a día, por eso debía alejarse.
—Hibari-san, ¿cómo lo hace usted para sentirse cómodo con su soledad? —inquirió.
El aludido sintió sus voz resonar en sus oídos, no había podido descansar debido al constante movimiento de su compañera de avión y ahora su voz chillona no lo dejaría dormir. Pero tendría paciencia, solo por que gracias a ella estaba viajando de regreso a Namimori.
—Porque soy un carnívoro —repuso—, no necesito juntarme en manada como los herbívoros.
Haru por primera vez comenzó a sentir la profundidad de ese pensamiento, ese modo de vida iba arraigado dentro de la personalidad de Hibari, por eso él parecía incapaz de encariñarse con alguien.
—¿Cómo se puedo convertirme en un carnívoro? —preguntó Haru.
—Nadie se puede convertir en lo que no es, ¿o alguna vez has visto una zebra convertirse en león?
—¿Y qué hay de los vegetarianos?
—Viven, pero su cuerpo nunca dejará de necesitar los nutrientes de la carne.
El pronostico no era muy alentador visto de esa forma, no quería pasarse toda una vida extrañando gente, quizás debió haberle echo caso a Tsuna y pensarlo mejor, de pronto comenzó a dudar si esta era la mejor decisión.
—Haru escogió la soledad —admitió.
—Y tu decisión demuestra a que especie perteneces.
Ella no comprendió el mensaje que había oculto en esas palabras, pero supo que era el modo en que Hibari la estaba confortando. No podía esperar mucho más de él.
Aterrizaron cuando estaba amaneciendo en Namimori, Hibari fue el primero en bajarse para patrullar la zona, mientras Haru desembarcaba y llevaba sus maletas a casa.
Sus padres se sobresaltaron al verla de nuevo, no esperaban que volviera tan pronto, pero fue bien recibida, especialmente por su madre quien ya estaba preocupada.
—Están ocurriendo cosas peligrosas —dijo la señora Miura—, de pronto parece que hay más delincuentes en la ciudad. El otro día asesinaron a una mujer de tu edad a plena luz del día.
Haru y su padre la reconfortaron, recordándole que su hija ya estaba de regreso, y que nada pasaría.
Pero no hubo mucho tiempo para charlar, el día recién comenzaba y sus padres debían ir a trabajar, por lo que Haru aprovechó de descansar un poco, el viaje había dejado agotada. Durmió una hora antes de levantarse y deshacer sus maletas, no le tomó mucho tiempo, había empacado más de lo necesario así que gran parte de la ropa continuaba doblada en su sitio, solo tuvo que sacarla y devolverla a su armario.
Se sintió culpable por no haber traído recuerdos, le había dicho a su familia que estaría fuera toda la semana y ellos no habían pedido explicaciones cuando la vieron llegar mucho antes de lo acordado.
Una de las cosas buenas de regresar era volver a sentirse útil, tenía mucho que hacer en casa, el polvo había aparecido en su habitación y debía estudiar algo, no podía vivir como mantenida toda su vida. Había postulado para estudiar periodismo en una universidad cercana, y fue aceptada, pero aún faltaban un par de semanas antes de que las clases comenzaran, tiempo suficiente para prepararse.
No más Tsuna, este era un nuevo comienzo, doloroso, pero emocionante.
Por primera vez consideró cómo debió haberse sentido Hibari cuando abandonó su preciosa Namimori para unirse a la mafia. Debió haber sido duro dejar una de las pocas cosas que amaba.
Dio un pequeño salto al darse cuenta del rumbo que estaba tomando su mente. Hibari, el antiguo presidente del comité disciplinario también tuvo que acostumbrarse a una nueva vida años atrás.
Y todo tomó significado, lo que le había dicho en el avión cobró sentido. Es difícil dejar lo que amas, es una decisión que solo un carnívoro puede tomar, y ni siquiera así deja de doler. Por eso quiso acompañarla de regreso, necesitaba saber que todo estaba bien.
Y no lo estaba, sin su protección, la delincuencia aumentó considerablemente.
—Hibari-san los morderá hasta la muerte y se irán —se dijo a si misma.
Entonces, escuchó el ruido de la puerta abrirse en el primer piso.
