Ya sé que el capítulo había sido prometido para el miércoles, pero ni en festivos en señor don tiempo me da un respiro, aunque en Chile ya es jueves, sé que para algunos aún es miércoles xD así que tampoco está tan mal :p más vale tarde que nunca.

No sé cuando haré la próxima actualización, esta la mitad del capítulo pero estoy corta de tiempo y no he actualizado mis otras historias u.u necesito vacaciones T.T

Disfruten y no olviden dejar reviews :3


Haru bajó las escaleras con cautela, se arrepintió de no haber cogido un palo de escoba o algo con qué defenderse, sin embargo si tomaba en cuenta sus nulas habilidades para la defensa personal, lo más probable es que ni siquiera el cuchillo más afilado de la cocina le sirviera mucho.

De momento solo tenía su increíble cautela, afortunadamente se había quitado los zapatos en la entrada y eso la ayudaba a no hacer ruido. Era muy temprano para que sus padres volviera, y nadie más tenía llaves del hogar.

Debía proteger su casa, buscó su teléfono móvil en su bolsillo, inútilmente, pues lo había dejado olvidado en su velador.

Reprimió la protesta que iba a salir de sus labios, debía ser silenciosa; no sabía si volver por el móvil para llamar a la policía o idear un plan por su cuenta. Esta era una de las cosa que había intentado evitar al rechazar a la mafia, no quería ser la dama en apuros que siempre necesita ser rescatada, pero en ese momento pedir ayuda era lo más sensato. ¿Qué tal si estaba armado? ¿Cómo iba a ser capaz de lidiar con eso? ¿Y si eran más de uno?

Pero la policía podía tardarse mucho en llegar, habían demasiados malhechores sueltos por ahí, y los pobres oficiales no alcanzaban a cubrir todo el terreno, de acuerdo al relato de su madre.

Llegó a su mente la imagen de una persona más, alguien que dependiendo de su estado de ánimo podía llegar en menos de un segundo, o aparecer una hora después; considerando su amor por mantener la paz, se inclinaba más por la primera opción.

Corrió a su cuarto sin molestarse por evitar hacer ruido, tenía que apresurarse, solo eso. No había tiempo para nada más.

Justo hoy la suerte se volvió en su contra, estaba segura de haberlo dejado en el velador, pero por motivos desconocidos ya no estaba ahí, y lo peor era que en vista de que acababa de desempacar, podía haberlo dejado en cualquier parte. Por eso siempre es malo ordenar.

El extraño ya estaba dentro de la casa y desde la habitación pudo escuchar las advertencias que lanzaban los escalones, alguien subía por la escalera. Su cuerpo se paralizó por un segundo, pero rápidamente hubo un estallido de adrenalina que aceleró a su corazón, sin pensarlo mucho, comenzó a buscar en cada rincón mientras los pasos acercándose contaban el tiempo que le quedaba.

Un paso, dos pasos... Buscó bajo la cama... Tres, cuatro pasos... Abrió sus maletas nuevamente… Diez y once...

La puerta de su habitación se abrió repentinamente, el recién llegado no se tomó ni siquiera la molestia de tocar antes. Haru gritó y cayó al suelo, miró con terror a la persona que recién llegaba, pero se tranquilizó al ver un rostro conocido.

—H-Hibari-san —lo reconoció.

Él la miró impaciente desde el marco de la puerta, al principio esa postura le pareció arrogante, pero luego Haru se dio cuenta que Hibari estaba ahí, de pie esperando a que ella se calmara. Decidió darle una señal que dijera que ya estaba mejor:

—Hibari-san, no debería entrar así a la casa de otras personas.

La alondra hizo caso omiso a ese reproche, dio un paso adelante al ver que ya estaba mejor y habló como si nada hubiera pasado.

—Tengo que hablar contigo.

—¿Sobre qué?

En ese momento Haru cayó en cuenta de las tonfas que Hibari aún tenía en sus manos, había sangre en ellas.

No tardó en ponerse de pie y llegar hasta donde él se encontraba, acercó su mirada a uno de los palos de metal, pero el guardián la hizo a un lado, tapándole la vista.

—¿Qué ocurrió?—inquirió Haru preocupada.

—Hay mucha gente perturbando la paz, pero mordí hasta la muerte a todos.

La joven se preguntó si literalmente había sido: "hasta la muerte". Antes de que pudiera procesarlo todo, Hibari daba comienzo a un nuevo tema de conversación.

—Estaré en Italia, si alguien perturba la paz, infórmame.

El ex presidente del comité disciplinario dio media vuelta en dirección a la salida, Haru lo vio irse, de seguro a tomar el avión de regreso.

Por algún motivo esta despedida no había sido tan triste como las que acontecieron en Italia, pero se sintió aún más vacía, ahí se iba el último retraso de lo que fue su juventud.

Con él era complejo entender todo lo que te quería decir, era alguien de pocas palabras, sin embargo sabía que podía contar con él. Aunque él volvía a Italia y ella estaba en Namimori, si alguien perturbaba la paz, él regresaría.

Luego de eso, estuvo un par de horas sentada en la cocina hasta que sus padres llegaron, asimilando la idea de que nunca más vería a Tsuna y al resto de los Vongola, su corazón se quejaba y se negaba a borrarlos.

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Al día siguiente se despertó tarde y perezosamente bajó a tomar desayuno, eran casi las doce del día y no se asustó al darse cuenta que estaba sola en casa. Luego de un baño decidió ir a visitar a Nana Sawada, hace mucho tiempo que no la veía, desde que su hijo se fue no había encontrado motivos para ir, ella también escogió quedarse, la madre de Tsuna siempre estaba al margen de la mafia, evitando ser relacionada. Era una persona muy querida por todos.

Lo mejor era no evitar los lugares que frecuentaba cuando estaban todos reunidos, siempre serían parte de su día a día, tenía que acostumbrarse a la idea.

Avanzó con su característica alegría por las calles de Namimori, en su interior albergaba el deseo de que Nana tuviera algo preparado, extrañaba la sabrosa comida que preparaba.

Se paró frente a la puerta y tocó varias veces sin recibir respuesta. Haru comenzó a preocuparse cuando vio que el cerrojo había sido forzado, con un leve empujón consiguió entrar en la casa.

—¡Nana-san! —gritó.

Entró corriendo y buscó en cada rincón de la casa, pero no la encontró.

—Quizás salió, ya volverá —se dijo para intentar tranquilizarse, pero el cerrojo forzado era una clara señal de lo contrario.

La culpa pesó sobre sus hombros cuando se introdujo en el cuarto de Nana, siempre había sido muy respetuosa y jamás entraba a ningún sitio sin autorización, sin embargo esta vez era necesario.

Todo estaba en orden, demasiado ordenado. Haru ya sabía por experiencia que en la casa Sawada todo siempre estaba en su sitio, pues Nana era una excelente ama de hogar, aunque esta vez había algo extraño en el ambiente, era como si todo estuviera limpio a la espera de alguien.

Bajó a la cocina, esperando encontrar algo que le ayudara a desentrañar el misterio, quizás observando cuánta comida había o analizando su estado de putrefacción. Su teoría cobró más fuerza cuando encontró un montón de alimentos no perecibles y platos preparados congelados.

—Nana-san dejó comida para un ejército —comentó Haru.

A pesar de las ganas que tenía, no cayó en la tentación de calentar algo de lo que Nana tenía preparado, era evidencia muy importante para cuando llegaran a investigar la desaparición.

Habían perturbado la paz en Namimori.

Al principio dudó, con su teléfono en mano, ¿y si no contestaba o lo interpretaba como una amenaza menor? No... Hibari no haría eso, esto era un atentado, Nana no iba a hacerse humo así nada más, algo más grave estaba oculto tras esta desaparición. Hibari lo entendería.

Fue un alivio oír la amenazante voz del guardián desde el otro lado de la línea. Ese tono que siempre despertaba el miedo, por primera vez sonó a esperanza.

—¡Hibari-san! ¡La madre de Tsuna-san no está en su casa! —se apresuró en explicar—. Haru encontró el cerrojo forzado, pero todo está en orden, incluso hay comida para recibir a las visitas. Haru tiene miedo, no sabe cuánto lleva desaparecida Nana-san y...

—No te comportes como una herbívora —la cortó Hibari, y añadió—: ¿Sigues en esa casa?

—Así es.

—Vete de ahí y no vuelvas a entrar.

Y con esa orden, la alondra colgó.