Ciaossu ~
Ya sé que estuve desaparecida en acción mucho tiempo y en serio lo lamento, pero es que estaba -estoy- llena de trabajos, evaluaciones, informes, etc... al igual que todas, creo. Ya quiero tener algo de tiempo para subir más regularmente, no me lancen a Hibari aún, a menos que me muerda de la forma sensual -sin sus tonfas- xD
Agradezco a todas por su apoyo y sus reviews :3 siempre son muy inspiradores
El caos se armó en Namichuu, los miembros del comité de disciplina iban y venían de un lado a otro movilizando a todos los estudiantes para asegurarse que no hubiera una multitud esperando la llegada de cierto guardián, nadie quería imaginar la ira de Hibari Kyoya si veía grandes conglomeraciones de gente invadiendo los pasillos de su escuela, demasiadas personas débiles.
Generalmente cuando el antes mencionado hacía sus visitas llegaba solo, y deambulaba por ahí, asegurándose que todo estuviera en orden. Quizás se había graduado, pero continuaba siendo la máxima autoridad del lugar. La gran noticia de hoy era verlo acompañado, por nada más y nada menos que una mujer. Los murmullos iban y venían, sugerentes suposiciones rápidamente se extendieron por toda la escuela.
Hibari avanzó con pasos serios y firmes hasta la azotea, mientras Haru observaba, con un deje de añoranza en sus ojos, la infraestructura colmada en recuerdos.
Cuando llegaron a su destino, el guardián se tendió en el suelo y comenzó a dormir, sin decir palabra alguna. Su acompañante se acercó a las barandas para observar desde las alturas el ambiente escolar.
—Desde aquí se ve todo muy bien —observó.
Hibird se posó en su hombro para entablar una conversación.
—Hibari ~ Hibari ~
—Sí, supongo que desde aquí nada se le escapaba—continuó ella—. ¿Ves esa entrada de ahí? Haru siempre entraba por ahí y Tsuna-san salía por esa ala del campus, nos topábamos siempre en la entrada.
—Hibari ~ Hibari ~
—Bueno, supongo que si miraba desde aquí obviamente Hibari-san se daba cuenta de la perfecta sincronización de Tsuna-san y Haru.
Hibari desde su sitio contuvo su exasperación. De algún modo, Haru siempre incluía a Tsuna dentro de cada tema de conversación. Nadie podía descansar escuchando el nombre de ese herbívoro cada cinco minutos.
—Hibari ~ Hibari ~—canturreó Hibird.
—Está durmiendo, no lo moleste, debió haber sido un viaje largo —dijo ella.
La joven miró de reojo al prefecto, había algo en su manera de dormir, en vez de verse indefenso, tenía algo exótico que la impulsaba a acercarse, y a la vez, había un aura peligrosa que le decía que debía alejarse. Como si fuera un animal salvaje, un carnívoro para ser más precisa.
Levanto la mirada hacia el cielo y materializó un par de dudas que la asaltaron en ese momento.
—Hibari-san, ¿es seguro aquí? ¿No piensa que de pronto podría venir un avión del cielo cargada de personas peligrosas?
La respuesta no se hizo esperar.
—Si alguien viene lo morderé hasta la muerte—, esa confianza resultó tranquilizante, hasta que continuó:—al igual que morderé hasta la muerte a cualquiera que no me permita dormir.
—¡Hahi! Pero usted no morderá a Haru, ¿o si?
—Existen muchas maneras de morder y de silenciar a las personas.
Haru inclinó la cabeza hacia un lado incapaz de comprender a qué se refería Hibari, se congeló por completo, lo cual evitó que lanzara algún otro comentario. Pero la pregunta quedó dando vueltas en su cabeza, helándola por completo: ¿Había algo más terrible que ser golpeada por esas duras tonfas?
No, no quería averiguarlo.
Sin embargo no consiguió mantenerse en calma por más de diez minutos. De un momento a otro se encontró dando vueltas al rededor del ex prefecto, mirando con detención los detalles de su rostro, su postura despreocupada y su aura atrayente y amenazante.
Dejó de dar vueltas y se agachó cerca de su rostro, esperando ver a sus párpados moverse aunque fuera ligeramente. Costaba creer que hubiera una persona en el mundo que se quedara dormida con tanta facilidad.
A esa distancia podía sentir su respiración calmada y pausada, sin preocupaciones. Era irónico, esta noche ella dudaba de poder quedarse dormida, sus nervios la comían por dentro. Y ahí estaba Hibari perfectamente tranquilo.
Puso su mano a centímetros los ojos de él, y la movió de un lado a otro horizontalmente, semi esperando alguna reacción por parte de él. Y en una de las pasadas, el guardián de la nube abrió los ojos.
—Eres molesta —dijo.
—¡Hahi! —hipó Haru, retrocediendo. Había llegado a un punto en el cual ya no esperaba que Hibari hiciera algún movimiento—. Lo que pasa es que Haru se aburre aquí.
Hibari le dedicó una inexpresiva mirada, sin ningún mensaje implícito.
—Nadie te retiene —reconoció finalmente.
Los orbes castaños se abrieron debido a la sorpresa. Esta era la primera vez en mucho tiempo que alguien le daba libertad, podía escoger. Con Tsuna tenía que quedarse encerrada en la mansión y sus padres no fueron capaces de entender, la habían abandonado. Estaba asimilando de tal forma la idea que había creído que también estaba obligada a quedarse junto a Hibari.
Su primer impulso fue decir algo como: «Tsuna-san le pidió a Haru que lo esperara», pero se dio cuenta que eso implicaba auto someterse nuevamente. Quería hacer algo por ayudar, pero no sabía qué.
Entonces recordó lo que había estado pensando luego de que sus padres se fueran.
—Hibari-san, ¿cuánto falta para que llegue Tsuna-san? —inquirió.
El guardián se encogió de hombros, eso no era algo que le preocupara.
Ella sabía que no era fuerte y resultaba un blanco fácil en muchos aspectos. Mientras estuviera aquí tenía la garantía de que Hibari la iba proteger, si se iba lo más probable era que éste no la siguiera, quedando totalmente expuesta. No iba a arriesgarse ni a tomar acciones impulsivas ahora que podía decidir.
—Hibari-san... ¿Acompañaría a Haru a casa de Hana-san? —volvió a preguntar.
—¿Por qué lo haría?
—Hana-san puede estar en peligro, ella también se relacionó con Vongola de algún modo.
El ex prefecto lo consideró un momento antes de levantarse y seguirla.
Cuando llegaron a su destino, se toparon con la misma escena de la casa de Tsuna, la puerta había sido forzada y desde lejos no habían evidencias de que estuviera habitada.
Quizás Hana sí fue obediente y había abandonado Namimori con su familia, al igual que Nana-san, pero la misma escena repetida era demasiado sospechosa.
Estaba a punto de entrar a la casa cuando el guardián de la nube la detuvo y la hizo esperar afuera.
Su primer pensamiento fue: «hasta aquí llega la libertad de acción», sin embargo no cuestionó la decisión, esto era algo más provisorio que privativo.
Fueron los minutos más largos de su vida hasta que Hibari regresó, al parecer todo estaba en orden, o dentro de lo que se puede llamar orden.
—Haru llamará a Hana-san para asegurarse que este bien —dijo nerviosa, pero en cuanto sacó su móvil, Hibari se lo arrebató de las manos, lo tiró al suelo y de un golpe lo rompió —. ¡Hahi! Hibari-san, eso estuvo mal.
—Ya has marcado el número de Sawada Tsunayoshi, si sigues así podrán rastrear tu teléfono hasta llegar a ti.
Haru abrió los ojos con sorpresa al darse cuenta que estaba en lo cierto. El guardián pasó por su lado, rumbo a la calle, pero antes que pudiera salir ella lo detuvo.
—Hibari-san. Haru le agradece por cuidar de ella.
El ex prefecto se dio la vuelta, con total inexpresividad en su rostro.
—Por supuesto —dijo, con una voz tan baja que su acompañante no alcanzó oír lo que decía.
—¿Qué? —inquirió Haru.
Él no lo repitió, solo volteó y avanzó, con su oído atento a los pasos femeninos que rápidamente lo siguieron.
