Ciaossu. ~~

ya sé que me tardé mucho y en serio lo lamento pero he estado ocupadísima y justo cuando pensé que podría actualizar... Ta chan! Mi laptop muere T.T así que me armé de valor y escribí un capítulo en mi móvil (siendo que ya lo había escrito en el pc T.T) muchas gracias por sus comentarios! Si alguien continua esperando que actualice el fic y lee el capítulo, espero que lo disfrute!


Tsuna y Gokudera llegaron a la mansión al mismo tiempo que Bianchi y Fuuta.

—¿Dónde esta Haru? —inquirió el jefe de la familia, sin hacer caso a los repentinos malestares de su guardián.

—Debe estar adentro —respondió Bianchi.

—Ya quiero ver a Haru-nee.

—Rápido—ordenó Tsuna, y semi-arrastró a ambos hermanos por toda la mansión, en busca de la castaña.

I-pin se unió a la búsqueda, mientras que Giannini aseguró que la desaparecida no le había entregado el móvil para rastrear la llamada del aeropuerto. Gokudera ya tenía en sus manos el informe del avión, debía comunicarle los resultados y asegurarse que esa mujer tonta no hiciera algo precipitado.

Lambo tampoco estaba, y eso solo hacía la situación más preocupante, el pequeño a veces carecía de sentido común.

Intentaron ubicarlos por teléfono. Ninguno contestó.

—Quizás alguien más esté con ellos. Tal vez Haru-nee intentó comunicarse con otro guardián que la llevara —sugirió Fuuta.

Todos pensaron en una persona.

Esa persona se encontraba en la azotea de Namichuu, evadiendo los comentarios del jefe de la familia Cavallone. No tenía interés en responder el llamado, pero ante la insistencia de Dino, acabó contestando.

—Hibari. ¿Estás con Haru? —escuchó la voz de Tsuna desde el otro lado de la línea.

—No tengo por qué seguir vigilándola —repuso. Escuchó un suspiro frustrado. Algo andaba mal. —Habla, herbívoro.

—Recibió un llamado, no sabemos de dónde, el punto es que tenía relación con el avión accidentado, llamó a Gokudera para confirmar la información, pero él aún no tenía el informe. Creemos que salió con Lambo a investigar.

Una pausa, un silencio tan frío que Tsuna casi pudo sentir la dura mirada de su guardián.

—¿Qué dice el informe? —habló finalmente.

—Sus padres iban en el avión.

Otro silencio meditativo.

Los Miura habían muerto. Haru ya lo sabía, lo supo antes que Vongola. Se enteró demasiado pronto, por más que fuera un familiar. El enemigo ya debía saber que ella estaba rumbo al aeropuerto, sola.

Hibari colgó.

—¡Hey! Kyoya, ¿Qué ocurrió? —preguntó Dino. No obtuvo respuesta.

Por otro lado, en el aeropuerto, la desaparecida intentaba obtener más información.

La supervisora, una mujer alta, delgada y exageradamente maquillada, insistía en que aún no recibía todos los nombres de quienes iban en el avión.

—Pero a Haru la llamaron para informarle... —insistió Haru.

—Lo siento —la interrumpió—. Aún no hemos intentado contactar a nadie, solo a la prensa. No sé de dónde provino ese llamado, señorita, pero le aseguro que no fue de la empresa.

—¿No fue de la empresa? —repitió la joven.

No podía estar pasando. Si el llamado no era de la aerolínea, entonces…

Casi pudo sentir la corriente eléctrica en su cerebro haciendo conexiones, si el llamado que recibió era de origen desconocido, eso significaba que justo en ese momento estaba en peligro. Su mente había estado tan ciega en encontrar la verdad que no pensó en las posibles consecuencias que acarrearía con sus actos.

Miró de un lado a otro, con su corazón palpitando en sus oídos, buscó a alguien que pudiera verse sospechoso. Nadie se veía sospechoso. Ante sus ojos solo habían personas reencontrandose, o comprando un boleto, o preparándose para coger un avión.

Vivía en Namimori y sin embargo, tampoco pudo reconocer algún rostro familiar que le otorgara tranquilidad. Solo desconocidos.

—Nadie parece una mala persona —se dijo a si misma.

—¿Disculpe? —preguntó la supervisora.

—No, no es nada. Haru solo... volverá más tarde para saber si hay noticias.

—Muy bien. Si gusta puede dejar sus datos y...

—¡No! Haru ya se va, no se moleste.

La mujer miró confusa a la niña que hace un rato discutía con ella totalmente dispuesta a conseguir información, de un momento a otro parecía que solo quería irse.

La castaña dio media vuelta y corrió hasta la salida. ¿Qué era más seguro? ¿Tomar un bus o un taxi?

—Haru, ¿pasa algo? ¿Te sientes mal? —la siguió Lambo.

Haru no respondió, solo miraba de un lado a otro con desesperación. ¿Quién estaba aquí? La persona que fue tras Nana o quien fue tras Hana. Quizás era la misma persona en ambos casos. O eran más de una.

Decidió sacar su teléfono, hace un rato lo había sentido vibrar, pero no lo tomó en cuenta porque estaba hablando con la supervisora.

Las llamadas eran de Tsuna y de Gokudera. Otra confirmación a su teoría, ellos la llamaban para advertirle del peligro.

Recordó al guardián de la tormenta pidiéndole que no abandonara la mansión. Ya estaba anocheciendo, lo que significaba un punto en contra para ella.

Intentó marcar, pero nadie respondía. La señal estaba siendo intervenida.

Luego de tres intentos se quedó sin batería. Había olvidado cargarlo, el destino estaba siendo muy amable hoy.

Recordó las historias de secuestro y asesinato que conocía, lo que solo sirvió para aumentar su paranoia.

—Haru no debe asustarse. Haru debe ser valiente —se dijo.

—Haru, quiero saber qué pasa —insistió Lambo.

Entonces vio a alguien conocido al fin.

Uni.

Corrió a encontrarse con la arcobaleno del cielo quien estaba esperándola justo en la salida.

—¡Uni-chan! Creí que...

—Haru, escucha, ¿recuerdas lo que te dije antes que te fueras de Italia? —preguntó la peliazul.

Haru lo consideró un momento antes de recordar la respuesta.

—Que siempre querías verme feliz.

Uni sonrió y asintió.

—¡Uni! Tsuna me dijo que estabas desaparecida, pero estas aquí —intervino Lambo.

Los ojos castaños miraron llenos de dudas a la arcobaleno, quien solo continuo sonriendo.

—Nunca olvides cual es mi verdadera voluntad. Vine a visitarlos, pero surgió algo y debo ir a atender unos asuntos de la familia. Esta oscureciendose, deja que Gamma te lleve de regreso a la mansión.

Haru agradeció a Uni por su amabilidad y se despidió de ella. Sin cuestionar nada se subió en el auto con Gamma y dejó que este la llevara hasta la mansión.

Kyoko, I-pin y Bianchi estaban en el recibidor.

La pelirroja recibió a su amiga con un fuerte abrazo, mientras que I-pin regañó a Lambo por su irresponsabilidad.

—Todo fueron al aeropuerto a buscarte, será mejor que les llame para decirles que ya estas bien —dijo Bianchi.

—Haru estaba muy asustada, por suerte Uni-chan la ayudó —confesó la castaña.

Los rostros de todas se endurecieron. Uni se había borrado completamente del mapa hace unos días.

—¿Estas segura que se trataba de Uni? —preguntó Kyoko.

—Haru está segura.

—¿No la notaste un poco extraña?

Haru recordó su encuentro con la arcobaleno, quizás sí era extraño que teniendo un avión privado escogiera esperar en el aeropuerto.

—Se veía algo apurada, Haru no entiende por qué no usó su propio avión.

Al día siguiente, nació Millefiore.