Quiero agradecer la bendita paciencia de todas esas personas que aún esperan una actualización y agradecer la confianza de todas aquellas que tuvieron fe en que volvería, muchas gracias!
Espero no estar muy oxidada y que los capítulos sigan siendo de su agrado. Aprovecho de anunciar que tuve mi primera experiencia como escritora B) gané un concurso literario, así que estuve respondiendo entrevistas, me filmaron, hicieron paneles con mi cuento, libretas, imanes, soy toda una marca (?) así que quería manifestar mi agradecimiento pues fue gracias a ustedes, adorables personas que me leen, fue que continué escribiendo y mejorando. Graaaciaaas!
No olviden que cada review nos acerca más al comienzo y a la respuesta que Haru le dará a Hibari.
La atmósfera en la mansión Vongola era muy tensa, el aire estaba tenso y cortante, así lo había estado a lo largo de todo el día.
Haru lo sentía, tan solo había abandonado su cuarto en una ocasión, para el almuerzo, ninguno de los guardianes Vongola acudió a la mesa, solo eran ella, Kyoko, Bianchi e I-pin. Ninguna hizo comentarios sobre la ausencia de algunos comensales.
Se había saltado la hora de la cena, tan solo se había sentado en su cama a leer un rato, esperando que lo que sea que estuviera pasando fuera solo un peligro momentáneo, confiaba en que todo pasaría pronto, debía confiar en su familia. Este pensamiento la distraía de su lectura, estaba demasiado nerviosa, a pesar que sabía que Tsuna la iba a proteger. Era parte de la familia.
Cerró el libro, incapaz de concentrarse y comenzó a buscar entre sus cosas algo con qué divertirse. Su estómago dolía, había comido muy poco al almuerzo producto de la tensión y desde entonces no había probado nada, estaba muriendo de hambre, y se acercaba la hora de cenar.
De una libreta cayó una foto, llegó al suelo dándole la espalda a la muchacha, pero cuando se agachó a recogerla las lagrimas acudieron a sus ojos. Era una foto de ella y sus padres hace un par de años, frente a la academia Midori, todos sonreían a la cámara, despreocupados y felices. Las circunstancias habían cambiado mucho desde aquel día, en aquel momento era imposible pensar que esperaba un futuro como el que ahora estaba viviendo.
Se encontró si misma intentando contener los sollozos, apenas podía hacerlo y en realidad era estúpido contenerse pues sabía que nadie la estaba mirando, sencillamente no quería llorar, eso la haría tener que reconocer que sentía miedo, que era débil. Al menos necesitaba demostrarse que era lo suficientemente valiente como para contener las lagrimas.
Estaba tan concentrada en no llorar que no se percató que alguien estaba tocando la puerta, hasta que esta persona decidió entrar. El visitante encontró a Haru de rodillas en el suelo, con sus mejillas enrojecidas, los ojos brillantes, y su cuerpo temblando, con su temblorosa mano sujetando con fuerza una foto.
—Haru... —susurró su nombre y le dedicó su sonrisa más compasiva. Se acercó a ella con cuidado y compasión, se arrodilló hasta quedar a su altura para poder estrecharla entre sus brazos—. Tranquila, no está mal llorar.
Con esto la pequeña estalló en llanto, mientras se dejaba consolar por el jefe de los Cavallone.
Pudieron haber pasado muchas horas o pocos segundos, nadie tomó el tiempo. Eso no importaba.
Una vez que el llanto hubo concluido, y solo quedaron pequeños sollozos, el estómago de Haru hizo un llamado, recordando que no había asistido a la cena.
—Oh, casi lo olvido. Ha sido un día algo agitado. ¿Te gustaría ir a cenar?
—¡Hahi!
Haru se alejó un poco del pecho de Dino, pero este no dejó de sujetarla, ella lo miró asustada por la propuesta, y con los ojos aún enrojecidos por el llanto. Él simplemente le dirigía toda su habilidad en una mirada.
—¿Vamos? —volvió a insistir—. Yo invito.
Quizás para muchos esta podría parecer un propuesta comprometedora, pero Dino tenía otras intenciones en mente. Ya casi podía saborear la cara de Kyoya cuando este se enterara que había llevado a cenar a la preciosa Haru. El guardián de la nube necesitaba seriamente un pequeño empujoncito antes que alguien más le quitara a su chica, como su mentor era su deber darle ese empujón tan necesario.
—Esta bien, solo... Haru necesita un minuto para estar lista ~desu.
Dino asintió comprensivamente, se puso de pie y caballerosamente le ofreció su mano para ayudarla a pararse, luego de eso se retiró del cuarto para darle su tiempo e intimidad.
Al cabo de unos cuantos minutos la joven abandonó su cuarto luciendo un hermoso vestido verde, ceñido en la cintura y suelto hasta más abajo de las rodillas, en conjunto de un rápido, pero no descuidado moño.
Durante su estadía con los Vongola una de las pocas cosas que había aprendido era siempre estar arreglada para la cena, por más ostentoso que sonase, perder la elegancia durante una comida era algo inaceptable para alguien de la mafia, por lo que desde entonces había tenido mayor precaución y junto a Kyoko habían ordenado cada vestido con los zapatos acorde para no quedar en ridículo.
Hibari estaba dando vueltas en el jardín trasero de la mansión, Haru solía estar ahí últimamente, pero en esta ocasión no la encontraba en ningún lado. Dio vueltas en círculos, esperando a que ella mágicamente apareciera.
¿Por qué esa herbívora osaba desaparecer justo cuando las cosas comenzaban a ponerse criticas? ¿Cómo podía asegurarse de que estuviera bien si ella no se lo permitía? Era una desconsiderada.
Si alguna persona se hubiera atravesado, era seguro que esta sería mordida hasta la muerte solo para calmar la rabia del ex prefecto. Afortunadamente, la primera en pasarse por ahí fue I-pin, y ella contaba con algún tipo de inmunidad especial.
La joven china al ver al prefecto sentado en el jardín trasero, con un aura oscura a su al rededor, supo inmediatamente que algo iba mal.
La llegada del pequeño Hibird canturreando "Haru~ Haru~" le confirmó cual era el problema.
—Hibari-san, si busca a Haru-chan, hace unos minutos salió con Dino.
—Entendido —dijo en respuesta. Lo cual es lo más cercano a un "Gracias que alguien podía aspirar, y con alguien, me refiero a I-pin, pues cualquier otro habría recibido un tonfazo en agradecimiento.
Haru regresó de la cena con Dino con una sonrisa en los labios, la pena que hace un rato se asomaba por sus ojos se había desvanecido por un momento, para darle paso a la alegría. Se despidió de Dino en la entrada de la mansión, los ojos de Hibari observaban la escena desde lejos.
La joven entró a su cuarto aún sonriendo, pero se sorprendió al ver a Hibari de pie frente a su cama, mirándola con su expresión más dura.
—Hibari-san. ¿Qué hace usted aquí? —lo reprochó la joven.
—Desobedeciste —la incriminó.
—¿De qué está hablando?
—Abandonaste la mansión sin mi autorización.
—Hibari-san, Haru es adulta, puede tomar sus propias decisiones y salir cuando quiera.
—No estamos en una situación en la cual puedas salir sin mi autorización, todos los que desobedecen las ordenes deben ser mordidos hasta la muerte.
—¡Deje de hablarle a Haru como si estuviéramos en la preparatoria! Usted no manda aquí, Tsuna sí.
Sin querer, Haru acababa de tocar un punto sensible para el carnívoro. Podía obedecer a Tsuna y podía salir con Dino, se merecía ser mordida hasta la muerte, pero Hibari no podía castigarla. Si hubiera sido alguien más la habría golpeado con una de sus tonfas, hasta que aprendiera a obedecer, pero no era estúpido, sabía que golpearla no aliviaría su furia contra ella, y no iba a levantar una tonfa en contra de una mujer, mucho menos en contra de Haru.
—Tú me debes obediencia —repuso Hibari.
—¿Por qué?
La respuesta correcta era: "Por que estas bajo mi protección".
—Por que eres de mi propiedad —respondió Hibari.
—¡Haru no es propiedad de nadie! —contestó indignada.
Pero ella no sabía interpretar las palabras del guardián y se lo había tomado en un modo literal.
Hibari había querido decir: "porque eres mía", y le hervía la sangre pensar que salía a cenar con otro hombre que no era él, se sentía engañado, como víctima de una infidelidad. Pero se dio cuenta en las palabras de Haru que era verdad, ella aún no era suya, por lo que decidió marcar territorio.
—Mañana cenarás conmigo, herbívora —resolvió.
—Haru no esta de acuerdo.
—Cenarás conmigo, nadie más.
—Haru prefiere no cenar.
—Dejar de comer es dañino para tu salud, así que no lo voy a permitir. Te veré mañana.
