Un matrimonio. Se sentía tan extraño que un matrimonio fuera a llevarse a cabo en estas circunstancias, pero todo esto tenía un fin más allá que simplemente disfrutar de un momento de felicidad, lo cual no dejaba de ser importante.

El jefe de los Vongola estaba preocupado, últimamente había visto a su familia muy triste y apagada, temía no poder protegerlos, sus miedos se reflejaban en constantes pesadillas. En estos momentos era cuando más extrañaba a Reborn, necesitaba de sus consejos y su fuerza, ahora él mismo debía ser el pilar qué sostuviera a sus seguidores y la responsabilidad se le hacía demasiado pesada.

Mientras divagaba ingresó a su oficina el más temible de sus guardianes.

—Gracias por venir—dijo, cada vez se acostumbraba más a las formalidades de la mafia.

—Dime rápido el motivo por el cual estas haciéndome perder el tiempo —respondió Hibari.

Tsuna suspiró con fuerza. Estaba cansado y preocupado.

—Supongo que ya leíste el informe que realizó Gokudera sobre el accidente del avión —comenzó a decir.

—No me fío de las investigaciones de los herbívoros. Hice mis propias averiguaciones.

El cielo Vongola miró en otra dirección, esa actitud agresiva de Hibari siempre lo ponía nervioso. Aún podía sentirse como el débil estudiante de Namimori cada vez que se reencontraba con el prefecto.

—Supongo que no tiene caso preguntar —suspiró el Décimo.

—No estoy interesado en ayudarte —repuso Hibari.

—Ya lo sé, tampoco espero que lo hagas por mí, pero al menos me gustaría que lo hicieras por Haru.

Inmediatamente la postura defensiva del guardián de la nube se apaciguó. . Ambos lo sabían, el accidente no había sido tal, sino que una familia enemiga lo había causado, lo que dejaba entre líneas que ni Haru ni ninguna otra persona relacionada a Vongola estaba a salvo. La situación no dejaba de preocuparle a Hibari, sabía que todo este caos podía poner en riesgo la paz en Namimori, paz que él mismo se había encargado de establecer y conservar. Pero tampoco le era indiferente lo que pasara con una persona en específico, la molesta ex alumna de la escuela Midori.

—He consentido qué permanezca aquí porque es un lugar seguro —respondió Hibari, amenazando con sus tonfas—. Pero si llega a ocurrirle algo… Kamikorosu.

Tsuna tembló ligeramente.

—Necesito que colabores con Vongola —pidió—. Mantendré a Haru a salvo todo el tiempo que esto te tome, también es mi amiga y no me perdonaría que algo le ocurra.

—Lo pensaré —convino Hibari.

Luego, se retiró sin agregar nada más, no había mucho que decir y no le interesaba continuar perdiendo el tiempo con Tsuna. Tenía cosas que hacer.

En ese momento, una pequeña figura se asomó por la ventana del despacho.

—Veo que has progresado bastante —dijo Reborn.

—¡Reborn! —exclamó Tsuna —. ¿Dónde estabas? Te he buscado por todos lados.

—Si lo noté. Con tus hombres detrás de mí me complicarte mucho mi trabajo, Dame-Tsuna.

—¡Es tu culpa por desaparecer sin avisar! ¡Me tenias muy preocupado!

—Si hubiera estado contigo jamás habrías actuado como un hombre —sonrió el arcobaleno.

—¿Encontraste a Uni?

Reborn movió la cabeza de un lado a otro con preocupación.

—Nos estamos acercando al día en que la familia Gesso se unió a Giglio Nero y no hay rastros de ella —dijo Reborn—. Además, ya sabemos que los responsables del accidente de avión están en busca de los anillos.

Tsuna apretó los labios con preocupación. Ya se habían encargado de Byakuran en el pasado, sin embargo dentro de un par de años iban a llegar a la fecha en la cual aterrizaron durante su viaje en el tiempo, era importante prevenir que los sucesos no siguieran un ciclo catastrófico, había que evitar la paradoja temporal.

—Aún no sé qué me llevó a destruir los anillos —comentó Tsuna, observando la gema qué reposaba en su dedo.

—Lo mejor será que no repitas ese error —sugirió Reborn.