Tabla: Nocturna.

One-shot: Noche

Pareja: Ann- (¿?)

Advertencias: mentes débiles, abstenerse.

Resumen: La noche que viven locamente los adolescentes no siempre es buena para todos. Cabezas locas, ser dueños de las consecuencias.

Las risas impactaron en la nocturnidad de la noche. Moviéndose de un lado a otro, al compás de pasos y palabras que las endulzaban el fuerte olor a café, tabaco y alcohol. Los adolescentes rompiendo el toque de queda, las mujeres buscando nuevas delicatesen que probar. Hombres en busca de algo que llevarse a la cama por una noche y millones de locales ganando dinero.

Años atrás, ella misma había formado parte de ese escándalo. Noches sin dormir, un cigarro que llevarse a la boca, un chico que buscar para poder besar toda la noche… y quizás algo más. Así había sido como había perdido estúpidamente su virginidad y… algo más.

Sus padres terminaron artos de su necesidad de expandirse, de salir porque nadie la comprendía, de buscar el rincón entre los que siempre creía amigos. Y su hermano, se cansó de ir limpiándole las lágrimas y la mierda. De inventar escusas y llevarla al hospital.

La noche era malditamente peligrosa y nadie se daba cuenta hasta que habían sufrido las causas. Y vivir sola a los diecisiete años no era nada bueno. Eso de llegar tarde, ¡una mentira! ¿Quién le haría la cena y limpiaría la casa? ¡Libertad! ¡Ja! Tenía que limpiar, cocinar, arreglar sus cosas, hacer deberes y muchas otras cosas que terminaban por agotarla. ¿Vivir sola daba gusto? No. La soledad la rodeaba, en cada rincón de aquel pequeño piso. Tenía que trabajar hasta tarde para poder pagárselo, el banco la perseguía por haber pedido un préstamo para poder pagarse el piso.

Y lo único que ansiaba hacer cuando tenía libre era dormir.

¿Por qué todas esas estúpidas adolescentes no se daban cuenta de lo que estaban haciendo? La que más y la que menos se había escapado de su casa o estaba mintiendo a sus padres. Seguramente, si ocurría algo, entonces creerían que con pedir perdón bastaría.

Estúpidas nocturnas adolescentes que no comprendían nada.

Se abrazó a sí misma, recordando la noche en que su "pedir perdón" no serviría de nada. En lo que haber tomado drogas, beber hasta estar como una completa cuba y sucumbir a los deseos de todo adolescente a la hora del sexo, llevaría a la tumba a otra persona.

Esa noche se había marchado de su casa a escondidas, traicionando la confianza de su padre y la palabra de su hermano al respaldarla. Había comprado cerveza y se dirigió hasta el lugar donde las bebidas gratis rodaban siempre. Donde creía que tenía amigos que siempre la respaldarían aunque estos le ofrecieran siempre un porro o cualquier otra droga. ¿Esos eran los mejores amigos?

En aquel momento no lo dudaba, porque era presa de la gilipollez adolescente y la noche.

Llevaba varias noches ronroneando a uno de los chicos mayores, besos, toqueteos sensuales y algunos que otros manoseos que no habían llegado demasiado lejos.

Sin embargo, esa noche terminó cediendo al impulso masculino y se entregó a él. No era su primera vez, desde luego, pero aquel chico… realmente había esperado. La había tratado de forma diferente pese a llamarla siempre "hermana pequeña de Tachibana".

Entonces, esa misma noche, mientras se recuperaban, abrazados y esperaban la salida de la luz, ocurrió la desgracia. Muchachos borrachos. A ella la violaron, a él… lo mataron.

Sí, definitivamente, esas idiotas no sabían que hacían.

Cerró la cortina correctamente y miró tras ella. La cama sin tocar. La cena en el plato y la vela encendida en un pequeño altar. Odiaba cuando ese día regresaba una y otra vez. Su cuerpo automáticamente le recordaba lo sucedido.

Encendió las luces con urgencia y colocó la música fuertemente.

Definitivamente, la noche nunca más iba a ser su compañera y solo podía rezar por esas mocosas perdidas de la vida misma.

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Pues, no tengo nada qué decir.