Tabla: nocturna.
One-shot: Frio.
Pareja: Ryoga- Sakuno. Sakuno-Ryoma
Advertencias: Ooc
Resumen: El frio pone de mal humor a cualquiera… ¿no?.
—Mentiras de nuevo: No.
Su voz se enervó por encima de las demás. El monitor frunció el ceño y después, aferrando los guantes de invierno que le cubrían los dedos, se inclinó hacia delante.
—¿Perdón? — Cuestionó pausadamente. Él frunció el ceño.
Odiaba a esa clase de energúmenos y lo peor de todo, es que se encontraban en todos lados. Ya se había encontrado siete por lo menos en lo que llevaba de día. Y lo más terrible era que siempre las víctimas eran las mismas. Chicas afables, nobles y despistadas que eran sencillamente los platos más deliciosos que cualquier avispado podía tener.
Lo sabía porque él mismo lo había estado haciendo durante toda su vida. Desde que se había despedido de su padre y madre adoptiva. Había tenido que labrarse el mismo las oportunidades y así había sobrevivido hasta ahora.
Y no es que pudiera culparlos por ello, es que simplemente: Hacía frio.
—Ya has oído— replicó a la par que cruzaba sus anchos brazos sobre el pecho.
El monitor alzó las cejas, escrutándolo con la mirada de arriba abajo. La muchacha frente a él parpadeó, perdida. Le sonaba de algo. Parecía como si ya la hubiera conocido anteriormente, pero lo único que se le venía a la mente era lo traicionero que había sido a lo largo de su vida, así pues, si ella deseaba golpearle el rostro hasta que le salieran los ojos, no la culparía.
—Creo que está usted equivocado. No le haga caso, señorita Ryuzaki. Me encargaré personalmente, por un módico precio, que usted tenga las mejores instalaciones que…
—Que por un precio mucho más recomendable y barato tendría. Él le clavará una estaca en la billetera— advirtió, interrumpiendo una perorata que tan bien conocía.
—Oye, ¡es suficiente! — Exclamó el monitor acercándose a él—. ¿Acaso yo te quito la comida?
Sus alturas se asemejaban, su físico, pero desgraciadamente, no su inteligencia.
—Por… por favor, basta— intervino la muchacha.
Simplemente, por poner nuevamente sus ojos sobre ella al recordar, el otro tomó la iniciativa, empujándolo. Sus huesos dieron de lleno contra la helada nieve, hundiéndose a completo. Congelado, muerto de frio y rabioso, cuando salió, deseó que aquel maldito fuera incinerado con vida y que jamás en la vida volviera a ponerse erecto.
La muchacha interrumpió rápidamente sus necesidades de blasfemar y maldecirlo, porque se acercó a él con intenciones de tirar de su cuerpo en busca de sacarlo de la fría nieve. El monitor pareció ver abierto el cielo cuando ella se distrajo. Recogió uno de los bolsos que portaba la muchacha y salió corriendo. Ryuzaki no logró verlo del todo, pero cuando él la advirtió, era demasiado tarde.
—¡Oh, no! ¿Qué voy a hacer ahora? — Exclamó, aterrada.
Había llevado las manos enguantadas hasta sus carrillos enrojecidos por el frio y sus ojos parecían estar a punto de inundarse de lágrimas.
—Demonios, no llores— gruñó, tirando de ella por el brazo hasta donde estaban las demás maletas—. Tira, te daré un lugar donde quedarte. Gratis.
—Pe… pero es que… mis documentos y el de los demás están ahí…
Se detuvo, arqueando una ceja. Estaba cada vez más congelado y la rabia crecía.
—Los demás— repitió y ella asintió—. ¿Quiénes son los demás?
—Esto pues…— dudó. Él chasqueó la lengua y comenzó a caminar mientras recogía algunas de las maletas.
—Estoy congelado— espetó al reconocer la duda en su rostro—. Me congelaré y moriré de frio. Entonces, caerá sobre ti la culpabilidad de mi muerte. ¿Estarías satisfecha con ello?
Ella enrojeció culpablemente y negó repetidas veces con la cabeza. Así, accedió a seguirle.
La casita que había alquilado como refugio en el invierno los esperaba entre otras dos. Las luces de un árbol de navidad brillaban desde una de las ventanas y seguramente, estaría calentita y cómodamente lista para poder darse un baño de agua caliente, quitarse esas ropas y dejarse seducir por una sopa caliente.
El calor los golpeó nada más abrir la puerta y maldiciendo, empezó a desnudarse. Un leve gritito le recordó que no estaba solo y cuando se encaró a ella tan solo quedaba la húmeda ropa interior.
—Por favor— rogó, cubriéndose los ojos, chocando con el sofá y cayendo de bruces en él—. No lo haga…
Sonrió, gustándole aquella reacción por muy exagerada que pareciera. Se pasó una mano por los húmedos cabellos y giró sobre sus pies para subir escaleras arriba.
El agua caliente le calentó el cuerpo y la ropa seca y caliente fue agradecible. Cuando regresó al salón ella colgaba un teléfono móvil que no tardó en guardar en la parte trasera del pantalón. Le miró con aquellos ojos preocupados y tuvo que sonreír.
—No te preocupes. Lamento si dije algo indecoroso y tal. Pero el frio me pone de mal humor— explicó, entrando tras la barra de la cocina—. ¿A quién llamabas? No voy a secuestrarte ni nada por el estilo, por muy hermosa que seas.
—A… mis compañeros— respondió, sonrojada y siguiéndole—. Les dije dónde estaba y que nos ofreció cobijo. No puedo creerme que ese hombre estuviera a punto de… de…
—Vaciarte la cartera, sí— terminó, abriendo la nevera—. Solo quedan tres cuartos vacios. ¿Serán suficientes?
—Sí— respondió sonriente—. No somos tantos. ¿Puedo ayudarte?
—¡Claro! — Animado, le extendió una de las cacerolas—. Creo que una buena sopa nos vendrá bien. Por cierto— añadió—; ¿Cómo te llamas? He oído algo de Ryu…
—Sakuno Ryuzaki— respondió ella con una leve inclinación—. ¿Usted…?
—Ryoga Echizen— Contestó, arqueando las cejas cuando ella soltó un gritito de sorpresa—. No sé por qué pero tu nombre me suena… Y también me parece haberte visto en otro lugar. Pero ahora no caigo… Es como si en algún momento me hubiera enamorado de ti y te hubiera borrado de mi memoria.
Sakuno enrojeció y negó repetidas veces con la cabeza.
—No lo creo… lo que pasa es que…— tartamudeó, golpeándose repentinamente la cabeza—. Oh, demonios. ¿Cómo no me di cuenta? ¡Claro que le conozco!
Ryoga arqueó una ceja, esperando. Cada vez estaba más cerca de descubrir qué era esa sensación familiar, de qué conocía a esa muchacha y, la verdad, estaba totalmente intrigado. Tenía una sensación de vacio irrefrenable. Como si tiempo atrás hubiera tenido la necesidad de apartarla y ahora, inquietaba sus sentimientos el tenerla delante, a su merced. También, se sentía culpable.
Antes de que ella pudiera contestar la puerta sonó y como si aquel fuera el sonido de las ideas, estas llegaron a su mente como un recuerdo, especialmente, cuando ella se quitó el gorro a ir a abrir y sus cabellos cayeron como cascadas tras su espalda.
Sakuno Ryuzaki, la nieta de la ex entrenadora de su padre y de su hermano. La muchacha que había ido colgada del brazo de su hermano cuando estuvo la última vez con ellos en el cumpleaños de su madre, donde ciertos invitados de renombre fueron y la magnitud de la fiesta demandaba una presencia buena.
Cuando Ryoma asomó la cabeza por la puerta y sus ojos se encontraron, ambos chasquearon la lengua y maldijeron entre dientes. Ryoma puso los ojos en blanco y los miró alternadamente una vez que Sakuno le explicó la situación. Él gruñó, algo anormal en él y se volvió hacia su hermano.
—Chibisuke, eres un idiota.
Y satisfecho, se dio la vuelta. Ryoma gruñó y estaba a punto de contestar cuando la voz de Sakuno se alzó entre las risas de un moreno y un pelirrojo.
—Ryoma-kun, no te enfades. Ryoga-kun suele tener mal humor los días de frio.
n/a:
Bien, tras mi regresó vuelvo con actualizaciones. No sé por qué me dio por hacer esto, pero me apetecía darle un toque de mal humor a Ryoga, aunque en sí, solo tenía un poco de celitos.
Nos vemos prontito si el tiempo apremia.
