Tabla: nocturna.
One-shot: Noche.
Pareja: Tomoka-Hikaru Zaizen
Advertencias: Ooc
Resumen: Cuando un recuerdo se te mete en la cabeza… aunque no lo sepas.
Dormitorio
Lucero del alba. Lucero de la noche. Lucero.
Todas las noches antes de dormirse esas frases acudían a su cabeza. Era como una nana que acudía a su mente antes de dormirse y que, por la mañana, desaparecían. Cuando las cosas iban mal y pensaba que el estrés no le permitiría dormir, estas la mecían hasta que se hundía en un mar de sueños.
Había creado un diario en busca de encajarlas. Encontrar un significado a que le produjeran tanta paz, pero nunca conseguía recordar a qué se referían ni por qué razón eran como un bálsamo para ella.
Buscó en internet un significado posible, pero todo estaba relacionado con Venus o una actriz. Se volvía loca intentando encontrar algo. Lo único que terminó por convencerla, fue la visita a un especialista, el profesor Hikaru Zaizen.
Lo encontró dormido entre sus carpetas, con una taza de café fría a su lado, apoyado un brazo bajo la barbilla y los cabellos cubriéndole los ojos. Tenía pendientes y por su forma de vestir, poco podía esperar que fuera un experto. Pero se lo habían recomendado varias veces, así que tenía que existir algún motivo para que confiaran en él.
—¡Hola! — exclamó intentando llamar su atención. Lo único que consiguió fue un falso ronquido de despertar—. Che, y mira que dicen que chillo.
Se acercó hasta su altura, zarandeándolo de los hombros. El hombre tuvo un espasmo. Asustada, retrocedió contra una vitrina. Algo cayó desde arriba, golpeándole la cabeza. Momentos después, todo era oscuridad.
Lucero del alba. Lucero de la noche. Lucero. Lucero que me acompañas, deja que mi canto llegue a ti. Lucero. Lucero, demuestra que me amas.
De nuevo. Ahí estaba. Pero había un trozo más. Algo que ella no recordaba. Abrió los ojos con pesadez, sintiendo algo frio y húmedo sobre su cabeza. Lo quitó asustada, incorporándose de tal modo que terminó contra el suelo. En realidad, pudo comprobar una vez estuvo en pie y recuperada, no era culpa suya, si no del supuesto banco de libros que le habían fabricado para ponerla.
Paseó la mirada por la estancia. El sujeto había desaparecido y lo que parecía una pelota redonda con aspas descansaba en el lugar donde había perdido el conocimiento. Algo se movió tras una pila de libros y ahogando un grito, volvió a retroceder.
—No me tires más libros, es una molestia tener que recogerlos.
Al filo de una gran fila percibió lo que parecía ser la coronilla de alguien. Se asomó, viéndolo. Había despertado y estaba sentado en el suelo, con un enorme y pesado libro sobre sus piernas.
Se inclinó hasta poder verle. Unos ojos verdes la miraron con curiosidad, demasiada, pues tocó directamente donde se había golpeado, haciéndola gemir en protesta.
—Ah, interesante.
—¡De interesante, nada! ¡Duele! — protestó, poniéndose el trapo mojado que había descartado—. De todas maneras, eso que estabas diciendo…
El chico parpadeó. No podía tener más edad que ella. O quizás sí. Lo desconocía. Pero ya actuaba casi como un viejo. A ese paso, iba a terminar enfermo entre tantos libros sin que le diera el sol.
—Lo que estaba diciendo…
—Sí, sí— apremió, arrodillándose a su lado—. Lucero del alba y eso…
—Ah— afirmó él abriendo la boca levemente. Luego la cerró y volvió a concentrarse en el libro sobre sus piernas
Tomoka Osakada sintió que la sangre le ardía. ¿Cómo podía burlarse así de ella? Golpeó con sus manos los libros, llamando rápidamente su atención.
—¡Oye! ¡No me tomes por tonta! Explícate. Has citado más de esas extrañas palabras de las que yo conozco, tiene que ser por algo.
Hikaru asintió, tiró del cuello de su camisa y antes que tuviera tiempo de retroceder, su boca presionó contra la suya.
Lucero del alba. Lucero de la noche. Lucero. Lucero que me acompañas, deja que mi canto llegue a ti. Lucero. Lucero, demuestra que me amas. Lucero del alba acompaña a mi persona amada. Lucero de la noche aunque ella nunca me recuerde. Lucero. Oh, lucero, guía mi alma. Lucero de Venus, tráeme a mi amada.
Las imágenes se agolparon en su mente como un trueno. Un niño y una niña, cogidos de las manos, cantando mientras corrían de camino a casa. Y luego, un accidente. La niña sola, llorando hasta que todo se volvió oscuridad. Y aquel niño era idéntico a él. Y aquella niña era ella.
Y aquella canción había sido compuesta por ellos mismos. Un romance infantil. Una perdida dolorosa del primer amor.
Y, mientras él se volvía a maravillar en el libro, "La historia de Venus", Tomoka lloró, en silencio, aferrada a su mano.
Un lucero la había guiado. No sabía cómo ni por qué. Pero estaba allí. Y ahora todo tenía explicación.
-.-
n/a
¡Nos vemos! Cualquier duda, ya saben. Pero si me van a dejar dudas como anónimos o sin ser miembros, recuerden que no puedo contestarles. No es que les ignore, es que no tengo cómo hacerlo.
¡Gracias!
