OS / Drable: Sombras.

Pareja: Ryoma x Kintarou (Shonen Ai)

Advertencia: OOC, Muertes.

Resumen: Vivían como sombras con una promesa en los labios.


Sombras

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Eran como sombras. Moviéndose entre estas. Ocultándose bajo las ruedas de los carruajes. Perdiéndose en la marea de la gente que, con sus vestidos pulcros y sus aromas a flores ni siquiera se molestaban en fijarse en ellos.

Robaban de los pequeños puestos para alimentarse. Se lavaban en el rio. Cualquier esquina era buena de aseo. Y dormían en los graneros en los que podían ocultarse.

Se recostaban sobre la paja. A veces seca, otras húmedas. Miraban a un techo que no era suyo. Que a veces apenas podía contener gotas de lluvia.

Ambos, apretando los dientes, con las manos enlazadas y las lágrimas resbalando por sus mejillas. Delgados, con apenas unos harapos. Preguntándose por qué la vida decidió que ese fuera su destino.

—¿Por qué nosotros? —preguntaba el más activo.

—No lo sé —respondía el otro mientras intentaba partir un trozo de piña robada por la mitad—. Simplemente somos nosotros.

—Eso no es suficiente, demonios —protestó sentándose a su lado—. Deja.

Le quitó la piña y con su fuerza, extrañamente sobrenatural, la rompió por la mitad. Le entregó al otro su mitad y mordió el fruto.

—Algún día esto se acabara. Cuando dejemos de ser unos niños.

—¿Y qué seremos? —preguntó el pelirrojo.

—Adultos —respondió el moreno a su vez.

—Pero así estaremos más cerca de que nos detengan. Y seguramente, nos juzgaran por muchas otras cosas…. Ya sabes.

El moreno entrecerró los ojos, recordando algo que provocó que el pelirrojo se estremeciera. Dejó sus restos de piña entre el heno y se acurrucó a su espalda.

Si cerraba los ojos, todavía podía escuchar los gemidos de sorpresa de muchas mujeres frente a la horca. Dos hombres que estaban a punto de perder la vida, con la soga al cuello y aún así, tuvieron un momento tal de intimidad entre sus bocas que la gente no tardó en exigir que terminaran cuanto antes con esa blasfemia.

Miró la espalda de su compañero y con un suspiro cansado, se recostó a su lado. Con un brazo por encima de su cadera.

Otro día, días más tarde, dejarían de ser sombras. Se aseguraría de poder ser un hombre con sombrero y dinero suficiente como para callar a las mujeres. Y se aseguraría de que nada más les volviera a faltar en el mundo.

Cerró los ojos y sumido en la esperanza, se dejó llevar por las promesas de un sueño letargo.


¡Nos vemos en el último capítulo!