Wow, en serio: melissaherediam, Nat Laufeyson, Guest, Himmelstrasse, Esteicy, greg0414, elapink100, Srta. Natalia Romanova, AngelFriki412 y CatyM13.


- III -

La clase se dio por terminada cuando Stephen Strange alzó una mano y derribó sin más a la mutante pelirroja. El profesor se aseguró de que Maximoff no estuviera gravemente herida, le sugirió ir a la enfermería por si acaso y concluyó recordándole a la clase los nombres de los próximos en la lista de duelos. Los chicos comenzaron a salir de la enorme aula. Un sueño barroco de nueve metros de altura con una especie de arena en el centro. Un caos, como todos los alumnos que llevaban la cinta morada al brazo.

Al pasar, Loki Laufeyson bajó la mirada hacia su compañera caída, dirigiéndole además una mueca burlona.

Stephen se acercó, fulminando al asgardiano con la mirada. Cuando Loki finalmente se marchó, Strange le tendió una mano a la chica. Wanda lo rechazó, sacudiendo la cabeza y esbozando una sonrisa fatigada. Últimamente, cualquiera podría decir que Wanda encontraba súper divertido pasar su tiempo de clase sobre el suelo.

No exactamente, a decir verdad.

—No hay nada malo en recibir un poco de ayuda, Wanda.

—Cuando la necesite, la pediré —gruñó ella con su vocecita.

Stephen soltó un suspiro derrotado. Siempre que se dudara del parentesco entre Wanda y Erik Lehnsherr, fácilmente se podía señalar su obstinación como prueba contundente.

—Al menos déjame ser tu tutor.

Wanda, a medio camino para lograr ponerse de pie, se dejó caer completa en el suelo. Cayó con más fuerza de la esperada y el dolor de espalda que el golpe final de Strange le había causado, regresó con intensidad.

—Te odio —gimió.

Stephen rio en voz baja. —¿Tomo eso como un sí?

Wanda asintió con la cabeza. —Adiós al orgullo mutante —dramatizó—, mi padre va a matarme cuando sepa que un humano me ayudará con mis poderes.

La idea de que Erik se enterara de aquello formó una mueca en las facciones de la muchacha. Un punto de partida interesante al respecto sería decir que su relación con Lehnsherr resultaba un enredo tal que ni siquiera llevaban el mismo apellido.

En el instituto, cuando los rumores diarios no involucraban alguna novedosa teoría sobre cómo Nick Fury había perdido su ojo, se remitían al origen de la discrepancia de patronímico entre el escalofriante profesor Erik y su hija, la reina de las locas y las raras, Wanda Maximoff. Quizá la reclusión del gemelo cleptómano, Peter, en un internado al otro lado del océano, de cuando en cuando lograra colarse a la lista de chismorreos habituales.

No común, tampoco imposible.

Stephen torció los labios. —Hasta donde sé, todos ustedes también son humanos —dijo el muchacho—, sólo que… diferentes.

Wanda le lanzó una mirada burlona.

—Tu elocuencia se gana mi corazón, Stephen. Deberías explicárselo a mi padre también —replicó, decidida a ponerse de pie.

—No, gracias —Stephen sacudió la cabeza—, me basta con Elektra para mis dosis de cosas escalofriantes.

Wanda pegó un brinquito al incorporarse y le dedicó una sonrisa dulce al hechicero en ciernes.

—Sabes que no es en serio.

—No sé, me considero lo suficientemente atractivo para llamar su atención, aunque me niego rotundamente a ser transformado en un juguete sexual adolescente.

—Eres demasiado melodramático para eso, Stephen —acotó la chica, yendo por sus libros y demás cosas para caminar luego hacía la salida.

En la puerta debieron separarse. A Stephen le aguardaba una clase avanzada de artes místicas mientras que Wanda iría directo al aula de física, impartida, cómo no, por su padre.

Wanda dejó escapar un largo suspiro, se sentía mortalmente cansada y aún faltaban un par de periodos antes de ser bendecida con la libertad de ir a tirarse a su cama para no ver la luz del sol hasta la mañana siguiente.

Se abrió paso entre la multitud de alumnos aglomerados en los pasillos principales del colegio tras la cuarta clase. Estaba por llegar a su salón notando lo inmensamente exhausta que estaba. Había dormido poco durante la noche y sentía un constante pinchazo de dolor martillándole la cabeza. Consideró tomar la sugerencia del profesor e ir a la enfermería, no por el golpe de Strange, sino para atender ese malestar de cabeza.

Dobló en una esquina, el salón a unos cuantos metros a mitad de un corredor especialmente tranquilo (nadie hacía demasiado ruido cerca del aula donde Erik daba clase), sólo para sentir como el enorme bolso que siempre llevaba al hombro era jalado por un grupo de chicos que no pudo identificar sino por la cinta azul en el brazo.

—¿Qué llevas aquí, Maximoff? —Preguntó distraídamente uno de ellos, mientras revisaba sus posesiones.

Wanda encumbró una ceja, irritada. La escuela entera parecía conocer su nombre y su perfecta fama como rara.

Uno de aquellos chicos extrajo un frasco transparente con un líquido verduzco en él.

—De veras eres una bruja, ¿no? —dijo, haciendo girar el frasco en sus manos contra la mortecina luz del pasillo.

—Sí, de veras —replicó Wanda con fastidio, dispuesta a arrebatarle la poción al muchacho.

Sólo que él se retiró, dando un paso hacia atrás, y ella, torpe como era, fue a dar al piso. Elevó la mirada sólo para topar con las caras entusiasmadas de los cinco brabucones.

La mutante decidió que había tenido suficiente y con un movimiento de su muñeca envuelta en la brillante luz rojiza, tumbó a un par de ellos. Sólo un par, bendito fiasco de mutación. Tres aún permanecían de pie, observándola entre el enfado y la hilaridad.

Demonios.

Mientras los otros se incorporaban, el más alto del grupo se adelantó para sostenerla fuertemente por el antebrazo con la intensión de obligarla a levantarse.

—¡Ey! Muy divertido jalonearla así, ¿no? —La voz masculina sonó a espaldas de Wanda, acercándose por el otro pasillo—. ¿Por qué no juegan también conmigo, chicos? Puedo ser mucho más divertido que ella, lo prometo.

Quien parecía ser el líder de la pandilla arrugó la nariz, los otros voltearon a verlo, expectantes.

—¿Qué carajos te importa a ti, Barnes?

Wanda compuso una mueca al escuchar el nombre de su defensor.

—Nada —replicó con naturalidad el aludido—, sólo quiero jugar.

El líder parecía dispuesto a lidiar contra Barnes un poco más, incluso soltarle un par de golpes si se daba la oportunidad; no obstante, sus secuaces lo disuadieron de lo contrario. Le lanzaron unas cuántas miradas desafiantes más y siguieron con su camino por el corredor. Ignorándola completamente al partir.

Wanda los vio perderse antes de exhalar un suspiro, preparada para incorporarse sin verse demasiado patética.

El defensor de las causas perdidas corrió a darle una mano. Ella, como hacía usualmente porque así se lo había enseñado su padre, lo rechazó.

—Wanda, ¿no? —Inquirió con una sonrisa ladeada.

La chica asintió en silencio, recogiendo ahora el bolso que los muy idiotas habían botado en el suelo.

James y Wanda compartían clase de física y un par más, tenían algunos amigos o conocidos en común, pero luego de un mes en el instituto no habían cruzado una sola palabra hasta entonces.

—Barnes —canturreó casi a la fuerza. No estaba de humor para aparentar felicidad o cordialidad en el mejor de los casos.

—Bucky —le corrigió el chico de inmediato—. Llámame Bucky.

—Bien, Bucky, gracias por eso —dijo Wanda, encaminándose al aula—. No era necesario, pero gracias.

Bucky la miró desde arriba con extrañeza. —¿No era necesario?

—Pude haberlos alejado yo misma.

—A mí no me pareció de esa forma.

—Lo iba a hacer.

—Nope. No lo creo.

—Te digo que…

—Lo dudo.

—¿Para esto me ayudaste?

Bucky se alzó de hombros, en la distancia vio a Steve y Nat caminando hacia su salón, no lejos de ése al que ingresaba Wanda para la (insufrible) clase de física. Sí se esforzaba, podía llegar a ellos antes de que Magneto comenzara su clase.

—Si quieres te vuelvo a tumbar allá —contestó distraído—. Bueno, señorita gruñona, un placer haberla salvado aunque insista en restarme mérito.

Wanda tensó los labios, dispuesta a responder, pero Bucky hizo un saludo (despedida) con dos dedos y corrió por el pasillo en dirección a otra aula.

La chica sacudió la cabeza y tomó asiento en su mesa habitual, aguardando al profesor Lehnsherr. Tratando de no pensar en los brabucones que aparecían cada vez con más frecuencia desde que el rumor de su cercana ruptura con Visión tomara fuerza.

No podía culparlos por creerlo tanto. Ella misma estaba segura de que ese romance se había ido por el retrete y era cuestión de que alguno de los dos lo aceptara para concretar una separación definitiva.

Eso significaba su vuelta al hoyo. Sin Visión no tenía razones para estar cerca del grupo de chicos populares.

Y eso quería decir que los estudiantes dispuestos a molestarla entre clases (o aún, dentro de ellas) iría en aumento de ahora en adelante.


Tony fruncía tanto las cejas que casi se tocaban. Apretaba con fuerza el teléfono móvil con el que había estado jugando. Por un momento, incluso llegó a creer que no podría controlar el impulso de levantarse de su pupitre e ir hasta ese par para…

¿Para qué? ¿Para humillarse públicamente?

Ni pesarlo. No en esta vida.

Respiró profundamente, pestañeando lo menos posible.

Es decir, en serio. ¿Qué tenía Killian que no tuviera él? Nadie tenía nada que no tuviera Tony.

Y de cualquier manera, estaba ahí. Mirando casi ansiosamente a la pelirroja pecosa y al rubio insignificante.

A veces el impulso era muy fuerte. Porque, bueno, era justo, de hecho. Ir hasta donde Virginia Potts y Killian con el primer-nombre-impronunciable para exigir una explicación. Una razón convincente.

Después de todo, ¿qué clase de hombre era "Aldrich"?

—Tony, por favor… —Rogó Bruce, presintiendo otra semana más en detención en el semblante de su amigo.

—No, Brucie. Lo necesito.

—Por favor, Tony — insistió Carol Danvers, observándolo desde un asiento atrás de Bruce, suplicándole que no hiciera nada estúpido.

Banner lo sostuvo fuertemente por la camisa y Tony volvió a sentarse. Sería más fácil si el profesor volviera al aula. Al menos estaría ocupado tratando de fingir que ponía atención.

Pepper y él habían tenido una bonita, y sí, puede que ajetreada relación durante dos años y medio. Tony había sido absoluta e intachablemente fiel a lo largo de ese tiempo. Pero, obviamente, había terminado importando una mierda. Dijo, "necesitamos un descanso" y se fue.

Sinceramente, ¿quién decía "necesitamos un descanso" en estos tiempos?

Sonaba a algo que Steve diría, sin duda.

Tony volvió a hacer amago de levantarse de la silla. Ninguno, Bruce o Carol, reaccionó a tiempo para detenerlo. Por fortuna para el trío, el profesor regresó justo en el momento preciso. Tony tuvo que volver a su lugar.

—No es justo.

Banner apretó los labios, sin saber qué decir. Carol compuso una mueca. Virginia era amiga suya y desde luego tenía derecho de terminar una relación cuando dejara de sentirse cómoda.

Por otro lado, Tony tenía un buen punto. Merecía una mejor razón luego de todo ese tiempo.


La noticia corrió rápidamente por el instituto. Superó en cuestión de minutos el rumor de que Scott Summers se acostaba entre clases con Emma Frost pese a mantener una relación con Jean Grey; se colocó por encima del chismorreo sobre el inminente final de la relación entre Wanda y Visión, porque ya ni siquiera quedaban para el almuerzo; y aplastó definitivamente la teoría de que Fury había perdido su ojo jugando pool contra el mismísimo Odín.

Al recibirla, la pelirroja se atragantó con el jugo de naranja. Giró hacia el rostro de su interlocutor y pestañeó varias veces, tratando de procesar la información.

—¿Qué?

—Lo que oíste —dijo Sam, algo dramático—, Sharon y Steve, oficialmente, son novios.

Natasha lo miró todavía confundida.

—¿De quién lo oíste?

—De María.

Natasha tuvo que aceptar que no podía desconfiar de una fuente como María Hill. Aspiró y exhaló, aceptando lo que oía. Finalmente sonrió.

—Se estaban tardando, ¿no? —Natasha se encogió de hombros para sorber una vez más de su jugo.

—Sí, supongo que sí…

—¿Qué pasa, Sam?

—Es que… No… —el chico titubeó, jugueteando con el contenido de su bandeja de almuerzo.

—¿No qué? —Preguntó Natasha, exasperada.

—¿No deberías ser tú…? Ya sabes, ¿su novia?

La reacción de Romanoff ante aquello fue fruncir el ceño.

—No, claro que no. Somos amigos, los mejores. Pero nada de esas niñerías entre nosotros.

Sam la contempló en silencio un rato.

—Estás hablando muy en serio, ¿verdad?

—¿Tengo cara de estar bromeando?

Otra pausa en la que Samuel la miró como si de repente le hubiera salido otra cabeza.

—Suéltalo, Wilson —se resignó, bajando el envase vacío a la mesa.

—Si tú y Steve son sólo amigos… —Un suspiro y un carraspeo—… ¿entonces porque Clint y yo encontramos una prueba de embarazo en tu bolso el fin de semana anterior? —Las palabras de Sam se atropellaron en un murmullo difícil de entender.

Pero cuando finalmente desenmarañó su oración…

El rostro de Natasha se descompuso totalmente un instante, sólo para volver a tensarse en la más furiosa expresión de enfado que Wilson hubiera visto en su vida.

—No, no fue intencional —justificó él, comenzando a alejarse de Natasha, con la obvia intensión de huir—, Clint y yo buscábamos tus apuntes de química y… te juro que no… ¿Lo… siento?

Oh, infierno.


¿Qué es esto? No tengo idea c:

Eh, sí. Lamento la tardanza, la U, la vida, la no-vida, todo interrumpe mi inspiración.

Y el ScienceBros que se me quiere convertir en ScienceBoyfriends. Y luego que me viene el IronFrost. Presento batalla contra ellos con mucha voluntad, y por esta vez he ganado.

En cuanto a Nat… ehm. No soy mucho de escribir este tipo de situaciones, pero lo dicho, la peli "Juno" me inspiró y me dio otro ángulo para ver los embarazos adolescentes. Eso… puede ser bueno. Algo, creo, tal vez.

¿Que "Bittersweet no es un color? Intenten decírcelo a Crayola xD

En fin, ustedes saben, pueden decirme qué piensan al respecto de todo esto en esos guapísimos reviews.

Insultos, halagos, propuestas de matrimonio, en el bonito rectángulo de abajo ;)


Guest: No fue muy pronto, pero ¡llegó! ¿Yay? Oh, sabia(o) eres. Claro que Steve es hermoso.

Favs, follows y lectores de las sombras, su silencio también es hermoso, a su manera.