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- IV -

"But as if to knock me down,

reality came around."

Alone Again, Naturally - Gilbert O' Sullivan

...

—Es la tercera y se están agotando, chicos.

La encargada de la enfermería, Claire Temple, se aproximó cruzada de brazos, apoyándose sobre el marco de la puerta. Tenía el mismo aspecto cansado de todos los días pero nunca dejaba de ser amable. A Clint le agradaba más que cualquiera de sus profesores.

—Será la última, la definitiva —se disculpó, tensando los labios y mirándola con cierta desesperación.

Claire apretó los labios pero pareció quedar conforme así que ambos aguardaron. Detrás de la puerta del baño se escuchó un golpe sordo y una maldición que los muros no lograron ahogar.

—Necesito que me digas su nombre completo —dijo Claire de repente, yendo a buscar algo a la habitación contigua. Regresó con una tableta electrónica—. Debo reportarlo a Fury.

—Aún no sabemos el resultado de la última prueba —objetó el rubio, alarmado.

—Las últimas dos han tenido un resultado positivo —apuntó distraídamente la mayor, manipulando el dispositivo—. No es probable que cambie y necesito su nombre para pedir estudios formales y dar aviso al Director Fury —insistió.

Clint sacudió la cabeza, intercalando su mirada entre la puerta aún cerrada del baño y la enfermera del internado.

—No, todavía no, ¿de acuerdo? —Pidió con otra de esas lastimeras expresiones que solían darle los adolescentes cuanto tenían problemas que los sobrepasaban—. Sólo… ¿Puede darnos un par de semanas más? Por favor.

—Clint, eso es demasiado tiempo. Todos estos incidentes entre los alumnos deben pasar…

—Yo lo sé —replicó Clint—, conozco el reglamento, por eso necesitamos tiempo.

—¿Para qué específicamente? —Inquirió la mujer de manera cansina—. ¿Qué pueden hacer dentro del internado?

—No lo sé, pero si va con el director ahora y él llama a Tasha de inmediato, no solo estará confundida y no podrá defenderse, el rumor comenzará a correrse por todo el colegio.

—No es para tanto, Clint. —Trató de calmarlo, colocando casualmente una mano sobre el hombro del muchacho—. Lo peor que podría pasarle es que la expulsaran y eso es improbable —dijo Claire al dedicarle una suave sonrisa—. Y tarde o temprano su situación será visible para todos.

—De cualquier forma, estar frente al director en este estado puede confundirla y hacerla sentir peor.

La enfermera sonrió enternecida. Sabía que Clint no era la otra parte responsable del embarazo, y su preocupación por su mejor amiga le resultaba conmovedora. Sin embargo, no tuvo oportunidad de hablar de nueva cuenta. La puerta del baño se abrió; ambos giraron en su dirección para encontrarse con el semblante en absoluta calma, sin rastro de lágrimas, de la muchacha pelirroja. En sus manos llevaba la tercera prueba con un par de rayas paralelas.

—Oh, Nat —exclamó él antes de tirar de la chica para envolverla en un abrazo al que ella únicamente respondió hundiendo un poco el rostro en su hombro.

Claire dio un suspiro, gesticulando cierta pena. Hacía casi una hora, el par de estudiantes había aparecido en la enfermería con una prueba de embarazo casera ya hecha, pero dispuestos a realizar tres más, sólo por si acaso. Por cuanto Claire Temple sabía, a pesar de las pastillas anticonceptivas y un condón (obviamente defectuosos), la joven pelirroja había quedado embarazada.

Siempre había un porcentaje de falla, y Natasha no había tenido demasiada suerte.

No era ninguna novedad, pero tampoco era cosa de todos los días.

—Un par de semanas, Clint —dijo la enfermera antes de girar sobre sus talones para darles un poco de privacidad.

—Gracias, Claire —contestó él con suavidad.


Sam leyó el mensaje con una mueca arreglada en sus facciones. Soltó un suspiro y volvió a bloquear el aparato para guardarlo en el bolsillo de su pantalón.

—¿Qué sucede, pajarraco?

—Nada que tu pequeño cerebro de insecto pueda soportar —evadió Wilson, aproximándose a la pared. Un largo muro de concreto revestido de una espesa enredadera en la zona más apartada del internado. Un par de metros de alto.

Sam lo contempló, colocándose las manos en la cintura. No sería un obstáculo imposible.

Un embarazo era, en todo cuanto concernía a Samuel, un obstáculo verdaderamente imposible. En el mensaje, Clint había confirmado las sospechas. Le pidió además discreción, como si Sam fuera un maldito chismoso.

—Ouch, mi dignidad herida, ¿qué haré ahora? —Scott se mofó desde atrás, llamando su atención—. Un simple "Es privado, Scottie" habría bastado, ¿sabes?

—¿Y perder la oportunidad de insultarte? Jamás.

—Apuesto a que eso cuenta como bullying. —Scott finalmente se acercó y miró el muro en la misma posición que Sam—. No es tan buena idea —comentó, cabeceando hacia el muro—. Quién sabe, podrían descubrirnos. Deberíamos probar utilizar el túnel, como siempre.

Sam dibujó una mueca en su cara.

—Fue tú idea, colega.

—¡Precisamente! —Exclamó Scott, palmeándose la frente—. ¿Desde cuándo seguir mis ideas es buena idea?

Wilson le confirió la razón con un ademán vago.

—Tony estuvo de acuerdo, supongo que traerá alguna mejora a tu plan.

—Mi plan apestaba demasiado, no puede mejorar.

Y vaya que el plan de Scott Lang llevaba la palabra "fiasco" escrita en toda su extensión. Un túnel, más allá del sótano y las cañerías, corría por debajo de los cimientos del internado algunos kilómetros, y desembocaba en una vieja fábrica abandonada, a las afueras de la ciudad más cercana. El túnel contaba con tantos puntos de acceso, formales e improvisados a través de los años por estudiantes desesperados, que había requerido dosis elevadas de esfuerzo por parte del Director Fury para sellarlo por completo. La tarea había quedado concluida durante las vacaciones de verano y actualmente los estudiantes que no habían conseguido salir hasta entonces, estaban al borde del colapso.

El muro, más allá del último edificio, los jardines y el cobertizo, era la opción que restaba.

—Es una buena idea. Tony no accedería sino fuera una.

—En el fondo, Tony es tan estúpido como yo. —Se lamentó el castaño, sacudiendo la cabeza, preocupado.

—Scott, por favor. No te hagas eso. Nadie es tan estúpido como tú, no pueden superarte —dijo Sam a modo de burla, mirándolo con falsa consideración.

—Te odio y me estás dando la razón. Va a terminar mal.

—Vale la pena intentarse —intervino la voz del joven millonario, acercándose con una especie de maleta negra colgada en un hombro. El contenido se agitaba en el interior con un misterioso ruidito.

Scott volvió su vista al muro. Aquél obstáculo de concreto y engañosa vegetación era el problema menor. Al otro lado había sistemas de seguridad, originalmente creados para mantener a salvo el interior, ahora los recluía también.

Como en una prisión, pensó el muchacho.

—Somos todos tan estúpidos —suspiró Scott, sin esperanzas de salir bien librado de aquello.

—Es viernes, vale la pena intentarse.

—Oh dios, somos todos estúpidos y tú eres el rey —agregó antes de poner manos a la obra, sin embargo, remangándose la chaqueta azulada del uniforme para comenzar a seguir las indicaciones de Tony Stark.

Después de todo, era viernes y no estaban dispuestos a esperar un mes más para salir de allí bajo condición de buen comportamiento.

Aquél lugar no era como una cárcel, peor.


Un leve gruñido provocó que sus ojos se desviaran de la prueba que descansaba sobre su pupitre. Observó en su lugar a la mutante a su costado izquierdo, tratando de no ser demasiado obvio. El profesor podía malinterpretarlo, aunque no importara en realidad porque su prueba escrita estaba prácticamente terminada. Y la de ella, acaso, estaría a la mitad.

Bucky no era bueno memorizando los nombres de aquellos con quienes no hablaba diariamente, pero era imposible olvidar el nombre de esa chica.

Wanda Maximoff.

—Treinta minutos —informó el profesor Lehnsherr al frente de la clase.

Bucky apartó la mirada de la muchacha pero percibió como otro gruñido volvía a salir de sus labios.

Él no sabía mayor cosa sobre la chica del cabello rojizo, salvo que la había rescatado de algunos bravucones el lunes y que Erik Lehnsherr, de alguna manera, era su padre. Se corrigió, ahora sabía algo más acerca de ella: su padre le crispaba los nervios. James lo sabía porque son la clase de cosas que tácitamente aprendes en Hydra, ser hosco, defenderte y leer a las demás personas.

A Wanda Maximoff no le agradaba su padre, o al menos no le gustaba tenerlo como profesor. Ella y Bucky compartían física y química. Y si lo pensaba, Wanda era buena en química. No obstante, había demostrado ser un completo desastre en física.

Raro. Como toda ella.

Sus ojos eran febriles, su largo y espeso cabello no alcanzaba el rojo aunque castaña no era, llevaba demasiados anillos en los dedos y era novia (aún) de alguien que era clasificado, merced de una parte importante de la población estudiantil, como una máquina, un robot, una tostadora, un microondas, una plancha. Un robot. Nada en contra de Visión, era simpático y todo. Pero de cualquier manera, era raro y un poco escalofriante que tuviera novia.

Y su novia era (aún) Wanda Maximoff. Mutante, hija de Erik Lehsherr. Buena en química, pésima en física. Blanco fácil de los bravucones los lunes. Bautizada en su enorme rareza como la "Bruja Escarlata". Y de acuerdo, había que aceptar que Wanda sí tenía algo de bruja en un buen sentido. Pero nadie utilizaba con Stephen Strange el título "hechicero" con el matiz despectivo que utilizaban para referirse a ella.

James Barnes, castaño de ley, alto por genética y ese brazo metálico a necesidad, era un chico relativamente bueno en física y relativamente malo en química. Así que bajo su actual lógica él… también era raro.

Fuera de toda lógica, Wanda Maximoff era rara, mala en física, casi pelirroja, y eso, si le preguntaban a Bucky, estaba muy bien.


—Si nos pagaran por ser estúpidos, no lo haríamos tan bien. —Scott Lang se quejó en voz alta. Tony estaba a unos pasos de él, ensamblando una pequeña máquina que tenía el aire de un tripié de cámara fotográfica pero mucho más escalofriante—. ¿Dónde está Nat? Ella nos diría que esto es una idiotez, nosotros la escucharíamos e iríamos a dormir.

—Ayuda a Clint con química, creo —mencionó Tony. Acto seguido puso la lengua entre sus labios y frunció el entrecejo mientras intentaba embonar la boca de un tubo en otro—. ¿Puedes creer que sea el primer mes y esté en riesgo de fallar la materia?

—Eh, es muy creíble viniendo de él —intervino Sam con cierta premura. Scott frunció el ceño, Wilson andaba tan extraño. Se encogió de hombros y lo dejó pasar. Todos eran extraños en realidad.

—¿Dónde está Bruce?

Quizá la presencia de una persona como Banner habría ayudado a calmar su recelo ante aquélla locura. En el lugar, además de él, solo estaban Sam, Tony y un trío de estudiantes con los que Scott rara vez hablaba.

Tony detuvo un segundo lo que hacía, el par de delgados tubos rojos en cada una de sus manos. Alzó los hombros y volvió a su tarea.

—Dijo que esto era una mala idea.

Scott sintió que se asfixiaba. —¡Qué demonios estamos haciendo aquí entonces! Si Bruce lo dice es cierto.

—Bruce sólo está cansado, a veces le gusta un poco de tranquilidad lejos de mí —replicó Tony en completa calma, rebuscando ahora en la maleta que había traído.

—No lo podemos culpar.

Scott giró sobre sus talones y volvió a palmearse la frente por enésima vez aquél día. Maldita fuera la hora en que decidió abrir la bocota.

—Barnes, no tú. —Elevó la mirada de nuevo hacia el chico castaño, notando que no venía solo—. Wanda —dijo confundido, logrando que los otros detuvieran lo que hacían y giraran—. Oh por dios, ¿la secuestraste, cerdo?

Sam soltó una carcajada y Bucky lo fulminó con la mirada. En el rostro de Wanda el asomo de una sonrisa ladeada apareció en sus labios.

—Estoy pagando una deuda —informó la chica con tranquilidad—. ¿Tony te encargaste de las cámaras? — El joven genio parpadeó y asintió en silencio, aturdido—. Excelente —festejó antes de extender ambas manos.

Scott conocía el resplandor rojizo de los poderes de Wanda.

—Creo que soy su fan —murmuró con un suspiro de alivio. Todo era mejor cuando tenías a un mutante genial de tu lado en lugar de la dudosa tecnología de Tony que al final del curso anterior casi vuela el Gran Salón en pedazos.

Tras unos segundos la ligera bruma escarlata que se había generado en torno al muro se disipó.

—Supongo que saltarlo no será un problema para ustedes. Todos los sistemas de seguridad estarán, eh, digamos, confundidos, por un rato. —Les dedicó una sonrisa de labios apretados—. Procuren hacerlo valer la pena, no es muy recomendable para el instituto tener puntos ciegos en la seguridad.

Tony, que todavía tenía en las manos las partes del mecanismo que había intentado armar, se sintió un poco abrumado (por no decir humillado) ante la facilidad con que Wanda Maximoff lo había logrado.

—¿Es seguro?

—En absoluto —contestó ella de inmediato, sacudiendo la cabeza—. Pero es todo lo que puedo ofrecer, una posibilidad.

—Es fantástico, nos las arreglaremos con ello —intervino Sam, adelantándose—. Quizá podemos ponerlo a prueba antes...

—¿Se puede saber qué hiciste para convencerla, Barnes? —Inquirió Tony aparte, con sincera curiosidad mientras comenzaba a juntar todo lo que había salido de su maleta. Debía aceptar que la ayuda de Wanda les venía de maravilla. Con el poco tiempo para organizarlo todo, no había estado muy seguro de que su plan lograra mejorar el de Scott.

—La ayudé en clase de física.

Encumbró una ceja.—¿Qué le hiciste a Magneto?

—Digamos que no tendrá que calificar ninguna prueba esta noche —se limitó a decir, zanjando el tema. Advirtió como Wanda se despedía de los otros, dispuesta a marcharse. Aquél había sido el trato y ahora se terminaba. Wanda regresaría a su dormitorio y él se marcharía con el resto durante la tarde-noche de viernes libre.

Ella se acercó, lista para despedirse de él también.

Fuera de toda lógica, la idea no le agradó. Una chica como Wanda, con todo lo que sabía sobre ella, merecía un poco de diversión de cuando en cuando. Necesitaba el ambiente ideal para desenvolver toda su rareza.

—Apuesto que tu dormitorio no es tan divertido —dijo de repente, antes de que ella profiriera alguna palabra—. No tanto como Nueva York de noche, al menos.


N/A: Jo, que si pasan unos días más habrían sido seis meses sin actualizar xc Entre la U, retos que debía por todos lados y mi indecisión respecto al futuro de la trama del fic, se me fue el tiempo escribiendo y reescribiendo un cuarto capítulo que al final puede sentirse flojo y apresurado pero que me permitirá desenvolver mejor las situaciones en el futuro.

Pero no más excusas, pastelitos.

Tengo los siguientes tres capítulos esbozados así que no tardarán casi medio año en llegar xv Prepárense para el POV de Nat y el inicio de lo que he determinado como Bruce/Tony porque alv xv

Cualquier comentario, crítica constructiva y demanda por daños psicológicos pueden dejarla en el rectángulo mágico de allá abajo.

Oh, y aprovecho la ocasión para extender una invitación al foro "La Torre Stark" (aquí mismo en FF). Un lugar lleno de frikis que claramente padecen de sus facultades mentales pero que son un amor. Todos son bienvenidos a participar. Próximamente estará en curso el segundo Amigo Invisible navideño c;


Guest1: Según yo y contando que el nuevo curso comienza en septiembre, tienen 17 c; Aunque sí, casi 18.

Guest2: Bueno, que no ha sido mucha la intereacción entre Bucky y Wanda, pero al menos él volvió a notarla, eso cuenta, ¿no? cx El ScienceBoyfriends se irá construyendo a partir del siguiente cap c;

Guest3: ¡Aquí está! xD

Yukie: Ehm, ¿de Steve? Eso, no te lo puede decir todavía c;

Friki Mayor: Gracias, y venga, meses después pero lo logré (?

Favs y follows y todos aquellos que leen desde el más absoluto anonimato, también son guay c;