Capítulo 1

La pesadilla volvió

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Supo que el día sería agotador cuando alrededor de quince pacientes se registraron empezando la mañana. Suspiró al ver la lista, ya iba por el sexto.

Ya había pasado un largo tiempo desde su llegada a Tokio y con un poco de ayuda de Hinata y Naruto logró entrar al hospital central y desde entonces su labor fue grandiosa.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando su teléfono móvil sonó.

—Buenos días, Naruto. Que raro escucharte tan temprano. —

Ser el hijo del alcalde tiene sus desventajas. — Respondió del otro lado de la línea. Sakura río.

—¿A qué se debe tu llamada?— preguntó aún con una sonrisa. De verdad que ver a Naruto en estas circunstancias le era gracioso, seguro andaba con papeles por aquí, papeles por allá.

Su sonrisa se borró al mismo segundo que pronunció ese nombre.

Sakura-chan él estará alrededor de dos días. No te preocupes, después de todo estará dos días solamente. — respondió con seguridad.

—Madara Uchicha no es hombre de fiar. Yo confiaré en ti, Naruto. No puede saber que estoy aquí. —

No se enterará. Sólo firmaran los documentos de movimiento de tierra.—

Como si Naruto la viera ella asintió con la cabeza. Estaba algo preocupada pero no quería parecer paranoica

—¿Estará él?— Preguntó. La respuesta del rubio aflojó su corazón. —Está bien. Pasaré más tarde por Sarada y regresaré a casa. Chao. ¡Muchas gracias, Naruto!

Después de escuchar el "No hay de qué" de Naruto cortó la llamada. Decidió atender a sus siguientes casos con toda la concentración, no por nada era conocida como la hija de Tsunade.

La tarde llegó y Sakura entró a la casa con Sarada, antes habían pasado por el supermercado comprando unas cosas para el pastel de chocolate que Sarada llevaría al otro día a la escuela por motivo de celebración y compartir. Ya Sarada tenía alrededor de seis años, el próximo mes lo cumpliría.

Su cabello negro como el ébano estaba más largo, estaba usando lentes, regalo de su prácticamente tía. Estaba más crecida, inteligente y muchísimo más parecida a su padre.

—Mami tu cabello es muy lindo—dijo Sarada mientras peinaba el cabello de la joven madre. —lo tienes muy largo.

—¿Te gustaría que lo cortara un poco?— preguntó teniendo una respuesta negativa por parte de la pelinegra.

—Me gusta que lo tengas así. — le acarició la mejilla.

Llamó después de un rato. —Mami.

—Dime Sarada-chan..—

—¿Cuándo va a volver papá?—

Sakura tuvo un respingón. Tarde o temprano siempre iba a preguntar por él, después de todo, ella era una niña que necesitaba a su padre.

—Él... Todavía está trabajando, para que así estemos juntos. —

—Dijiste eso hace un mes atrás.— frunció el ceño.— dentro de un mes es mi cumpleaños y él no está aquí. — las lágrimas salieron de sus pequeños ojos.— él no nos quiere, mami.

—No digas eso amor, él si nos quiere, y muchísimo y es por eso que no puede venir. — Le acarició la mejilla y limpio las lágrimas —Ya vas a ver, papá va a poder venir pronto, sólo tiene que terminar de hacer su trabajo. ¿Si? Por favor no llores.

Sakura abrazó fuertemente a su pequeña. Se sintió tan culpable y sus lágrimas cayeron en secreto sin que su pequeña se diera cuenta. ¿Cómo le explicaba a su pequeña algo tan confuso como las relaciones de los adultos? ¿Cómo le explicaba a su pequeña que no podía ver a su padre aún?

—Mami ya entendí. ¿Hacemos el pastel?— dijo cuando Sakura la abrazaba.

—Yep.— se tragó las lágrimas que le quedaban y le dio una sonrisa de esas que siempre le daba a su hija.

—Mami eres muy bonita— le dio un beso en la mejilla al estar a la misma altura. —Te quiero, mami.

—Yo también te quiero, amor.— respondió.

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Cruzó los dedos delante de su boca. Estaba controlando todo a su paso, y esto sin duda se le escapó de sus manos. Vio realmente molesto la fotografía que estaba delante de él. Una pelirosa de ojos verdes estaba con una niña en los brazos, estaban al parecer cruzando la calle.

Golpeó la mesa enojado.

—Mierda.

Al instante su teléfono vibró y rápidamente lo contestó.

—Diga.

—¿Te acuerdas de mi?— el pelinegro frunció el ceño

Esa voz...

Karina.

Mil veces demonios. Esa zorra.

—¿Me has extrañando? —

Rápidamente cortó el teléfono. Su enojo pasó a ser incontrolable y temblaba de la ira. ¿Que mierda hacía esa mujer llamándolo después de tanto tiempo? Más importante... ¿Cómo lo consiguió? Maldiciones.

Vio la fotografía en la mesa.

Alguien debía pagar los platos rotos.

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Llevó al comedor el pastel, faltaba adornarlo. Poco a poco llevó los utensilios de repostería al comedor para así dejarlo perfecto.

Sarada estaba llena de harina y huevos. Ella sonrió.

—Mami no te rías. Casi me queda.— Sakura río.

—Ve a lavarte arriba. Quitate ese pegoste del cabello y así adornaremos juntas el pastel, ¿Si?—

—Está bien— suspiró y subió las escaleras para hacer lo que madre le ordenó hacer. Ella sonrió para sus adentros, su mamá era lo mejor.

Cuándo dejó todo en la mesa, extrañamente la puerta sonó. ¿Sería Naruto con Hinata? Se le hizo raro ya que Naruto llamaba antes, avisando que venía. Suspiró, seguro se le había olvidado.

Sin quitarse el delantal blanco se dirigió a la puerta para abrirla.

Se congeló al instante. La pesadilla estaba ahí.

Madara Uchiha estaba delante de ella, y pareciera bastante enojado.

—Hola, querida.—El sarcástico humor del pelinegro se le caló en los huesos. —¿Vas a dejarme aquí?

—N-no...

Antes que dijera alguna otra cosa, el pelinegro imponente entró a la casa y Sakura palideció. Lo único que pensó fue en Sarada.

—¿Qué quieres?—preguntó rápidamente la pelirosa.

—La pregunta correcta es: ¿Qué haces aquí? — la vio fijamente con molestia.

Eran idénticas.

El hombre se paró frente a ella, muy cerca.

—Te advertí que si volvías...

—No vine por él.— respondió rápidamente la pelirosa. La sola presencia de ese hombre la atemorizaba.

—¿Dónde está la bastarda?— preguntó tan frío e hiriente como podría ser Madara Uchiha.—¿Arriba tal vez...

Se giró con destino a la escaleras hasta que Sakura de inmediato lo tomó con fuerzas por el antebrazo

—Ni se te ocurra.

Una sonora bofetada partió el labio inferior de la pelirosa que herida veía hacía la izquierda por la fuerza del impacto. ¿Quería hacer pagar a ella lo que Karina le hizo?

—No te atrevas a tocarme otra vez.

—Eres una bestia. —susurro inaudible pero si no fuera por la ira acumulada del moreno todo a partir de eso, habría estado calmado.

Madara tomó el rostro de la pelirosa en una de sus manos.

¿Era ella? Esas eran sus palabras.

—No eres bienvenido aquí.— aún en esa posición, estaba así tan fuerte.

La ira nubló su juicio. Recordó su pasado, recordó lo tanto que odiaba a la pelirosa que arruinó su vida. Ella de ahí, eran muy parecidas... Qué... Eran...

La pegó fuertemente de la mesa, en este mundo no podían existir dos personas tan iguales como ellas. Su odio controlaba sus acciones.

Sí... Hablaban diferente. Karina era más alta. Pero... Al diablo.

—A-aléjese de mí.—lo empujó fuertemente mientras le daba un golpe en la mandíbula para defenderse. Ese hombre de ahí la estaba maltratando. ¿Por qué estaba así? Jamás había sucedido eso, sólo había estado la amenaza pero nunca el se había atrevido a tocarla. Ese hombre era irreconocible.

Cuándo se dio la vuelta, él la tomó por la cola de su cabello arrastrándola hasta él.

Maldita sea.

Te dije que no te quería. Zorra.—

Madara divisó unas tijeras, y sonrió con milicia.

Segundos después las lágrimas de Sakura bajaron por sus mejillas. Era una pesadilla. Su odio no tenía tamaño.

Madara cortó su cabello. ¿Por qué? ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué era tan cruel? ¿Tanto era su odio? No entendía el por qué. No se explicaba por qué era tan cruel con ella.

¿Qué has hecho?

Cuando la ira se dispersó, lo que vió fue a una pelirosa llorando con su labio partido y la cara enrojecida por el apretón que él antes le había hecho.

¿Que mierda hice? Jamás en su vida había sentido eso. ¿Que era?

Culpa. Sí. Se sintió una escoria al ver el estado de la pelirosa. No podía creer lo bastardo que era. ¿Desde cuándo se había convertido en un irracional bastardo?

—¡Mami!—Llamó desde arriba la pequeña, Sakura tuvo un respingón y se levantó del suelo.

—Salga de mi casa ahora mismo.— ordenó con furia, pero Madara supo exactamente por ese tono que la pelirosa estaba realmente herida.

Madara la divisó y obedeció, la detalló a la perfección. Y sí, era una bestia. La culpa lo golpeó fuertemente en el estómago y entendió perfectamente que no podría borrarse el rostro adolorido y humillado de la joven pelirosa en algún buen tiempo.

Maldita Karina. Todo era su maldita culpa.

—¡Fuera!—gritó.

Madara salió inmediatamente. Se acomodó el traje y un chofer le abrió la puerta y entró sin decir una palabra.

Cuando el auto estuvo en movimiento el pelinegro se vio las manos, tenía rastros del cabello de la pelirosa, y tragó grueso. Sintió pena y vergüenza de él mismo. ¿Cuándo herir físicamente a una mujer se volvió parte de él?

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—¿Mami?— preguntó extrañada bajando finalmente las escaleras.—¿Qué sucedió aquí?

—N-nada amor.— corrió a abrazarla. —N-o sucedió nada.

—¿Mami que sucedió?— la niña frunció el ceño enojada.— mami estás herida. Tu labio esta sangrando. ¿Mami quién hizo esto?

—D-dejame colocarme una curita. Y listo. Todo esta bien amor. No te preocupes— le dijo y se levantó para ir a la cocina.

Tenía una muy preguntona niña y realmente no quería responder sus preguntas en ese estado, puesto que estaba destrozada en ese momento.

—¿Mami tu cabello? — sus ojos se cristalizaron.

—Quería un cambio de look, amor—

—Mentirosa.— soltó.

Las lágrimas que derramó no cesaron. ¿Cómo ocultarlo? ¿Cómo ocultarle eso a su hija? Se sintió tan culpable, tan mentirosa. No quería llorar frente a ella, no delante de la pequeña felicidad que tenía. No deseaba ni quería que todo este dolor ella lo sintiera, pero sabiendo que esos ojos negros se encontraban viéndola fijamente, estaba fallando en su palabra.

—Lo siento mucho bebé. — susurro lentamente la pelirosa agarrando la parte de cortada de su cabello. — son cosas de grande.

—Llama al tío Naruto, él hará algo.—

—Luego, terminemos el pastel.—

Sakura se colocó una bandita en su labio inferior, para luego recoger el desastre de cabello rosa que había en el suelo. Sus ojos se cristalizaron, pero no lloró, en ese momento se sintió de hierro. Todo lo hacía bajo la atenta, y silenciosa mirada de Sarada que no estaba para nada contenta con lo ocurrido.

¿Quién demonios le podría haber hecho eso a su madre? ¿Por qué lo hizo? Sí su padre estuviera aquí eso no hubiera pasado. No quería agobiarla en preguntas, porque conocía a su madre y todas sus expresiones, a sus casi seis años de edad, podía descifrar el comportamiento de su joven madre...

Y...

Ella estaba realmente dolida. Esos ojos, la forma en la que caen las cejas, la línea dura en sus labios. Eso era. Tristeza y dolor. Sintió como el calor se extendió por todo su pequeño cuerpo, y tensó la mandíbula y sus apretó sus manos tan fuerte qué sus nudillos se volvieron pálidos.

«—¿Dónde estás papá?» «—¿Por qué dejaste a mamá sola?» «—¿Por qué no estás?

Con todos esos pensamiento la pelinegra vio a su madre toda la noche adornar el pastel, no emitió ninguna palabra, sólo un "Gracias mami" cuando Sakura terminó de hacerlo. Subió a su habitación con el mismo silencio de hace rato. Todo su cuerpo vibraba de molestia.

«¿Por qué hicieron eso?» «Mi mamá no se me merece esto»

En su habitación unas lágrimas solitarias se escaparon de sus ojos. «¿Por qué no estaba?» «Lo odio»

«Les odio» «Te odio papá por no estar aquí »

Sakura entró a la habitación de Sarada y ella ya se encontraba dormida. Le acarició el cabello y las mejillas sonrojadas. Estuvo llorado.

El nudo se atoró en su garganta. Sus problemas estaban alcanzando a su pequeño retoño. Se recostó con ella y la abrazó fuertemente.

—Perdonáme, Sarada. — susurró para luego cerrar los ojos y entregarse a los brazos de morfeo.

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Sus ojos se abrieron lentamente acostumbrándose a la luz, demonios alguien dejó las cortinas abiertas. «Maldito Itachi.»

—Estuve esperándote ayer en el aeropuerto. Madara llegó tarde.— anunció su hermano mayor.

—Estaba ocupado firmando los documentos de movimiento de tierra, para agilizar el proceso. — respondió como si esa fuera su excusa.

—Bien. ¿Cómo estás? Sasuke. —preguntó el pelinegro mayor. Sasuke sólo hizo un movimiento de hombros. Ni bien ni mal. Neutral sería la palabra correcta. —un placer hablar contigo.

Sasuke sonrió de medio lado —Hoy me reuniré con Naruto.

—Que bien. Voy a la oficina de Madara.

—hmp. Después que vea a Naruto parto para Europa.

—Sasuke hablamos de eso. Tienes una vida que dirigir aquí, tu simplemente no puedes hacer tu vida a un lado y estar como una máquina de trabajo. Tu vida es importante.

—La empresa es mi vida. Además, no quiero estar aquí, Itachi. —

—Ya han pasado seis años de ella, tú no la fuiste a buscar. Ahora no te estés quejando.—regañó el mayor. El moreno menor frunció el ceño molesto. Lo que menos quería, era hablar de la pelirosa.—Resuelve tus asuntos aquí.

—No es tu problema, Itachi.—

—Si, si, si como digas. Ahora te arrepientes de lo que ocurrió.

—¿Que demonios crees? Ella se fue de aquí. No está. Deja de molestar. — su ronca voz hizo eco en toda la estancia.

La espina estaba ahí todavía. Latente e hiriente. Le molestaba el hecho de que su hermano dijera todas esas cosas de mierda, claro que él la buscó pero la tierra misma se la había tragado. Y de repente sus amigos tampoco sabían donde ella estaba. Malditos embusteros.

Salió como alma que lleva el diablo de ahí, y el saco de boxeo fue el calmante de toda esa frustración que tenía cargada encima. ¿Cómo se atrevía su hermano a decir que no la buscó? La buscó por todos lados, pero su búsqueda fue inútil, porque no la halló. Y aunque le doliera admitir su hermano tenía razón en una parte, cuando tuvo la oportunidad de ir por ella e impedir el dolor que ha sentido, la perdió. Y ya han pasado seis años y medio de eso.

Seguro ella debe tener a alguien que la haga sonreír, que la proteja y la haga feliz.

Dio tres golpes al saco.

Que le lleve el desayuno a la cama. Que le obsequie flores. Que le haga el amor a cada mañana.

Diez golpes combinados al saco.

Le diera niños. Segura ella ahora está jugando con sus tres hijos.

Y le dio tantos golpes al saco que sus costillas le dolieron. Maldicion. ¿Por qué aún ella lo descontrolaba? Mierda, mierda y mierda.

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Entró a la estancia y no había nadie. Lo supuso. Madara se ausentó en la tarde de ayer y en la mañana de hoy. Dónde demonios estaría metido, no lo sabía. Y Necesitaba la carpeta de expedientes de gastos con demasiada urgencia.

Encontró el interruptor y prendió la luz. Una vez que estuvo con claridad hizo un recorrido buscando en los estantes, pero su objetivo se desenfocó cuando su mirada se posicionó encima de una fotografía, dio cuatro pasos hasta llegar a ella.

Cuando la vio, sus ojos se abrieron como plato. Esa de ahí era Sakura con una niña no mayor de cuatro años en sus brazos.

¿Qué hacía Madara con...

Sumó uno más uno son dos. Él estuvo detrás de todo esto siempre. Desgraciado. Necesitaba asegurarse el origen de la fotografía por el bien de su pequeño hermano Sasuke.

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—¿Sakura-chan?— preguntó muy preocupado.

—Fue a la casa.— susurró, Naruto abrió los ojos de par a par.

—Ese maldito viejo decrépito. — Naruto rápidamente tomó su teléfono.

—¿Qué haces?—preguntó alarmada.

—Dándole fin a esto. — alzó el móvil —Tsk. No contesta. Maldicion.

—No hagas nada de lo que yo me pueda arrepentir.— susurró otra vez.

—Sakura-chan pero...

—Madara no tiene escrúpulos ni piedad. — dijo— Naruto no deseo irme, pero por el bien de Sarada...

—Sakura-chan... —

—Hazme desaparecer. Cambiaré de casa. Y ese hombre no podrá llegar a Sarada.

—Sakura-chan no puedo dejarte hacer eso —

—Si puedes. No quiero que Sarada sufra por todo esto. Ayer lo supo todo, y me vio. No puedo mentir para siempre. — sus lágrimas salieron. —Todo lo que me preocupa es Sarada.

—Dile a Sasuke la verdad.— inmediatamente negó con la cabeza.

—No puedo. Y tú tampoco puedes. — susurró. —Madara no descansará hasta que... Su odio hacia mi es... Inimaginable.

Sus lágrimas, sus palabras. Su amiga estaba en una mala encrucijada con el destino. Sólo si Sasuke supiera, maldita promesa que hizo. Aunque el problema en sí es Madara Uchiha. Dueño del noventa por ciento de Japón. Desde antes había decidido separar a los dos, y lo logró. Separó a Sasuke de su amada pelirosa y a él de su más grande amigo. Quería a Sasuke convertido en una máquina empresaria, pues claro, sabía el máximo potencial de Sasuke. Maldito bastardo lastimar a Sakura y amenazar a su hija, era lo último de lo último.

—Insisto. Sasuke puede detenerlo. Incluso Itachi.— dio esperanza. Sakura negó con la cabeza, por supuesto que la entiende, su hija era para ella lo más importante y el miedo ya tomó la decisión.

—Haré lo que me pidas. ¿Qué piensas?—

—Jurame que si en algún momento te encuentras con Sasuke no dirás el nombre de Sarada, ni el mío. Juras que no le dirás a Sasuke ni una palabra de nosotras. Ni a él, ni a Itachi.—

—Yo...

—Naruto, perdón pero... Por favor juramelo.—

—Lo juro. Lo juro con mi vida.— Ya no había marcha atrás. Las cosas habrían sido mejores hace un tiempo, realmente Madara es un hombre cruel. Buscarla y hacerle tanto daño hasta el grado de que deseara desaparecer. Es imperdonable. Era imperdonable ver a su amiga en ese estado, por culpa de Madara Uchiha.

—Borra los registros. Borra todo de mi y el ingreso de Sarada a la escuela, estoy segura, que está en el sistema.

—Sakura lo que me pides es...—

—Lo sé, es difícil. Y te pido perdón por esto. Pero no deseo irme, porque Sarada le gusta estar aquí, le gusta su escuela y sus compañeros... No puedo hacerle algo así a ella.

—Intentaré hacer lo imposible, por el bien de ambas.

— Por favor. Lo lamento.

—Dejalo ya. No tienes porque pedir perdón Sakura-chan... Otros, cuando llegue la hora, pagarán el alto costo de herir a personas inocentes.

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El tiempo pasaba e Itachi no conseguía nada. Estaba en el mismo lugar en donde comenzó, tenía sólo una fotografía de una mujer que según no existía, y una niña que no tiene registro alguno de nacimiento. Era verdad lo que decía Sasuke, la tierra se la había tragado. Entonces... ¿Cómo Madara sabía de ella?

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Frustración. Empezó a notarse cuando habían pasado al rededor de cuatro años y nada que conseguía información de alguna mujer llamada Sakura Haruno hasta que...

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—¿Cómo está Alemania? — preguntó. No hubo forma alguna de hacer que Sasuke se quedara en Japón. No le pudo enseñar la fotografía de Sakura con su posiblemente hija, porque Madara hizo muy bien su trabajo de hacer que Sasuke sólo tuviera su atención en la empresa y en los asuntos de la empresa, que se olvidó de él mismo y su felicidad.

—Bien. Ya domino perfectamente el Alemán. —

Itachi sonrió. Ya lo imaginaba con la sonrisa de medio lado arrogante.

—Si, ya tienes cuatro años por allá. ¿Cuándo regresas?

—No lo sé.

—Sasuke...

—Estoy bien aquí. —

—Y si te dijera que Sakura todo este tiempo estuvo aquí en Tokio... ¿Cambiarias de parecer?

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¿Y bien?

¿Qué les pareció? ¿Vale la pena el review? Házmelo saber.

Madara es muy malito. Pero tiene su corazón. Ya verán...

Y Sasuke siempre de terco.

E Itachi el salvador.

Y Naruto el comprensible. Es lo máximo.

Hehe me despido. Espero que les haya gustado.

PD: REVIEW REVIW heheh

Ahh! Otra cosa, no voy a dejar el otro fic, está parcialmente en proceso de edición. Sólo he cambiado unas pequeñas cosas.

Ahora si.. Me voy.

Sayo. Loveedh