Digimon y sus personajes no me pertenecen.
Una despedida y un saludo
La única consolación que tuvo de su triste destino fue que el viaje se retrasara por un par de meses. Aunque aún albergaba la esperanza de que, al final, la opción de mudarse desapareciera de la mente de sus padres. Si se quedaba, entraría a la misma secundaria donde habían entrado Sora, Taichi y Yamato. Quizá incluso con Koushiro si él no se decidía por entrar en una escuela privada o de mayor reputación, como había hecho el superior Joe.
Sería genial poder pasar la hora del almuerzo junto con los demás, ir a algún lado al salir de clases a divertirse, o simplemente caminar juntos al terminar un día de clases. Tenía muchos planes, muchos deseos.
Pero se había dicho que lo mejor era prepararse para lo peor, y había llegado a la conclusión de que, hasta que fuera seguro que podía quedarse en Japón, debía aprovechar el tiempo lo mejor posible con sus amigos.
Hasta cierto punto, era afortunado que la noticia de su mudanza había llegado al comenzar las vacaciones, por lo que, salvo casos excepcionales como el superior Joe y Koushiro con sus estudios, tendría tiempo para pasar con todos, en grupo o a solas, por lo que se había decidido a llenar su agenda con actividades divertidas para las que podían ser sus últimas vacaciones junto a sus queridos amigos.
No hubo cambio en los planes de sus padres, y el día finalmente llegó. Se tuvo que despedir de todos. El grupo de elegidos se había dado cita para despedirse de ella en el aeropuerto. Su padre se había ido hacía un mes a los Estados Unidos para conseguir lo necesario para recibir sin inconvenientes a su rubia reina y su castaña princesa.
Su madre saludó con cariño, se disculpó y se despidió de todos para darles espacio, entonces quedaron a solas con Mimi. La tristeza asomaba en los ojos de todos aunque algunos preferían fingir una sonrisa por su amiga.
- No olvidarás escribirme seguido, ¿verdad? - dijo la pelirroja con una sonrisa dulce.
- ¡Sora! ¡Si tú eres la que debe mantenerme informada de todo! - sollozó Mimi casi incrédula de que Sora pudiera creer que ella la olvidaría, o que olvidara que debía ser sus ojos y oídos en Japón. Miró a todos - Por favor, todos deben recordar escribirme...
Todos asintieron. Se fueron acercando de uno a uno para despedirse, decir las últimas palabras que intercambiarían frente a frente y darle a Mimi un pequeño recuerdo de despedida. Taichi comenzó por regalarle un par de muñequeras deportivas rosas. Sora le dio un collar con un dije con forma de corazón. Takeru le regaló un pequeño monedero con forma de oso. Hikari le entregó un par de aretes con forma de fresas. Joe le entregó un libro de bolsillo, siempre pensando en estudios. Koushiro le regaló una memoria USB rosa con fotos de todos. Yamato, al final, le dio una púa de guitarra.
- Es una púa para tocar la guitarra… - Le dijo en cuanto se la entregó. Era verde, y por la forma le recordó a su Insignia de la Pureza. – Es… La que usé cuando comencé mis clases de guitarra. – Dijo, sus mejillas adquirieron un color más rosado.
- Muchas gracias, Yamato… - La tomó entre manos y la acercó a su pecho. Sintió que una ola de calor golpeó su rostro. El chico siempre había sido más bien serio y rara vez se reía como los demás. Pero a su manera, a veces, era muy amable, y en algunas ocasiones incluso le llegó a sorprender cómo él había puesto más atención a ella y sus sentimientos que la propia Sora– Voy a extrañar tu música…
En realidad lo iba a extrañar a él. Claro, los extrañaría a todos, pero desde un tiempo atrás Yamato se había ocupado un lugar recurrente y especial en sus pensamientos.
Como toda niña, sus sentimientos eran mucho más vivos que cualquier chico; más aun siendo el tipo de chica que se ilusionaba con la idea de un príncipe azul perfecto que se enamorase de ella. Siendo como era, las ideas románticas habían comenzado a entrar en su mente ya hacía tiempo, y Yamato era un niño que cualquiera llamaría apuesto. Aunque, para ser sincera, se había imaginado un escenario romántico con todos los chicos elegidos, excepto Takeru, que era como un hermano menor.
Taichi siempre la hacía reír, aunque también enojar, pero era atento de cuidarla, bromeaba con ella y jugaba con la idea de que era "una princesa". Si bien no le gustaba recordar que cuando fue una princesa en el digimundo se volvió egoísta y mentirosa, Taichi no lo hacía ver como algo malo.
Joe siempre era educado y atento. Además, cuando las ideas románticas comenzaron a inundar su mente, recordaba cómo Joe le había prestado atenciones en el digimundo, y claro, el chico tenía una madurez que, según su joven mente, era de lo más atractivo.
Koushiro era tan difícil. Claro, él la trataba muy diferente de las demás chicas de su clase, pero siempre era tan formal que a veces no sabía qué le pasaba por la cabeza. Pero era muy halagador saber que a veces se apartaba de la computadora para prestarle un poco de atención a ella; claro, cuando lograba percatarse de su presencia.
Pero Yamato era intrigante. A veces grosero por su indiferencia o su forma de expresarse, pero otras veces tan caballeroso… Había sido el último con quién se imaginó, pero era el que había llegado más profundo. Desde que habían regresado a Japón todos habían tenido más oportunidad de socializar tranquilamente sin el peligro de un digimon queriendo deshacerse de ellos, y en un ambiente social Yamato siempre llamaba la atención. Era una mezcla perfecta: apuesto, inteligente, misterioso, serio y como extra, músico. Además, había salido con él y Takeru un par de veces a solas durante su agenda de "vacaciones de despedida", y en cada ocasión la sorprendió más de una vez. El recuerdo de aquellas ocasiones sólo sirvieron para que el solo hecho de verlo la hiciera sentir algo muy parecido al nerviosismo y la hizo sonrojar, sobre todo cuando lo vio sonreír. Era una sonrisa leve y parecía un poco triste.
- Gracias – Aunque fuera misterioso, seguía siendo un niño en algunos aspectos. Se acordó de su nerviosismo cuando una mujer muy guapa se había detenido para darles un aventón, ya que Yamato le había parecido muy llamativo. Ahora también parecía nervioso y era lindo- Cuando regreses sabré tocar mejor. –Le dijo- Tocaré alguna canción que te guste.
Sonrió y, como había hecho con todos, le dio un abrazo. Yamato lo correspondió. Fueron apenas unos segundos. Ninguno supo por qué, al separarse, ambos sintieron un nudo en la garganta y el estómago. Era un sentimiento que ninguno de ellos estaba seguro de qué significaba o si tenía nombre. Bueno, en realidad, Mimi sabía que no sería una completa mentira si se atreviera a decir que le gustaba el chico, aunque no fuesen muy cercanos. Yamato prefería ignorar todo sentimiento confuso.
Nuevamente las lágrimas corrieron por sus mejillas, como también por las de Sora, Hikari y Takeru que, aunque más grande, seguía siendo lo suficientemente pequeño para que no le importara derramar un par de lágrimas. Se despidió por última vez, los miró a todos sintiendo el vacío en su estómago crecer y les dijo adiós mientras pasaba por las puertas que la llevarían a la sala de abordaje para esperar el avión que la llevaría a un mundo nuevo, uno que habría preferido no tener que conocer.
Los demás niños elegidos se fueron del aeropuerto después de ver el avión partir. El ambiente se notaba silencioso y triste; decidieron ir a comer algo juntos. Comentaron algunos recuerdos con Mimi, y sus esperanzas de lo bien que le iría en el continente americano. Pero el ambiente seguía siendo triste. Era difícil aceptar que una persona con la que compartían tanto ahora estaba a miles de kilómetros de ellos, y a pesar de las opciones de comunicación, sabían que no verla en persona sería triste.
Yamato estaba molesto. Pero su molestia no se debía a la partida de la chica, el sentimiento por eso era tristeza. Lo molestaba saber que ella estaría triste por irse, y que seguramente pasaría parte de su viaje llorando.
Más que nada, lo molestaba no saber qué era lo que le causaba tanta confusión. ¿Por qué le tenía que importar? Ella no era nada más que una más del grupo. Ni siquiera eran tan amigos. Claro, habían salido algunas veces junto con Takeru solos los tres, pero no era como si las pláticas y las risas fueran entre él y ella solamente.
Pero era agradable y divertido pasar el rato juntos… ¡los tres, claro!
Al final de la comida cada uno tomó un camino diferente. Matt fue a dejar a T.K. a su casa y se dirigió a la propia. El camino a solas fue agradable. Por fin un poco de tiempo para pensar. Pero, rayos, ¿por qué tenía que pensar en ella? Lo mejor era comenzar a olvidar eso de una buena vez. Que Sora y Koushiro fueran los más afectados. ¿A él qué le importaba?
Al llegar a su casa se dirigió a su cuarto, cerró la puerta y se tiró en la cama. Se puso los audífonos y puso la música a todo volumen. Cerró los ojos, pero seguía pensando en la chica y se concentró en mantener su mente en blanco. Paso mucho tiempo, o quizá muy poco, no habría sabido decir qué tanto. Repentinamente se quitó los audífonos y los tiró a un lado. Conectó su guitarra a un amplificador pequeño que tenía, sacó cuaderno y un lápiz y los tiró sobre la cama. Se sentó con la guitarra apoyada en la pierna y comenzó a tocar algunos acordes, los que salían de su mente, de su pecho. Después de un rato, se ocupó haciendo anotaciones, definiendo qué acorde iba después de cuál y uniéndolos en una melodía. Pasó la noche practicándola.
Había pasado tiempo y por fin regresaba a Japón a ver a sus amigos. Por fin estaría con ellos frente a frente en vez de a través de un monitor. No importaba qué tan frecuentes fueran las llamadas o e-mails, no sería lo mismo que por fin verlos y poder abrazarlos, escuchar sus risas sin necesidad de bocinas. Su padre la acompañaba para hacer trámites de la empresa para la que trabajaba. El viaje sería corto, apenas un par de semanas, pero para ella significaba todo. Llegó a casa de Sora después de alistarse. Se irían juntas a la reunión de aniversario de los eventos en Odaiba. La pelirroja la recibió con un grito de alegría, claro, sólo opacado por el de ella misma, y un fuerte abrazo entre las dos que causó lágrimas en ambas. Saludó a la madre de Sora y por fin, después de un rato de conversación entre las tres, las dos jóvenes salieron hacia su destino.
Mimi llevaba un vestido vaquero blanco y un sombrero rosado, no era el que había dejado con Palmon, pero era casi idéntico, sus zapatos eran unas botas blancas con detalles rosas. Llevaba el cabello atado en dos coletas sueltas y un collar con tres plumas de adorno. Sora iba de falda roja y blusa rosa, el corto cabello rojizo suelto como siempre y tenis y calcetas blancas. Cuando llegaron, Mimi corrió hacia Taichi y Koushiro para abrazarlos y saludarlos. Platicaron animadamente hasta que llegó Joe, a quien también abrazó fuertemente. El siguiente fue Yamato y se había puesto más guapo. Lo abrazó, feliz de verlo nuevamente, y una vez más sintió el corazón acelerarse. Finalmente llegaron Hikari y Takeru, a quienes saludó y abrazó alegremente haciendo notar lo altos y guapos que estaban ahora.
El día se fue en recordar su tiempo en el digimundo. Las anécdotas felices y las tristes por igual ocuparon su conversación, y al final un sentimiento de nostalgia los llenó a todos. Koushiro les habló de su trabajo para lograr la comunicación con sus digimon cuando lo quisieran y todos se permitieron albergar la esperanza de poder hacer sus encuentros con sus compañeros en el digimundo algo cotidiano en el futuro. Pero el día contaba con un número limitado de horas y se tuvieron que despedir.
-¡Pero qué mal si no podemos salir todos juntos otra vez! – Se quejó Mimi antes de despedirse
-Tendremos que ver si podemos lograr hacer un espacio para salir todos antes que regreses a Estados Unidos. –Comentó Sora a lo que los demás asintieron.
- Pero, por lo pronto, irás a mi partido mañana, ¿verdad? – Sonrió Tai.
-¡Claro! – Dijo Mimi con una gran sonrisa. – Llevaré los pompones para hacer la porra más ruidosa
-Jaja, genial, si distraes al otro equipo ganaremos sin problemas – Dijo Tai imaginando el momento en que los chicos del otro equipo serían cautivados por Mimi.
- Vaya, hermano. ¿Apenas de esa forma podrás ganar? – lo molestó Hikari con una sonrisa burlona.
-¡Kari, qué clase de apoyo y confianza me das! –Se quejó el castaño revolviendo el pelo de su hermana, todos rieron. –Bueno, entonces nos vemos mañana. Joe, buena suerte con tu examen. – Joe le agradeció - Yamato, ¿entonces irás?
Yamato miró al chico con tranquilidad.
-Lo intentaré. Lo prometo.
-Bien, espero que puedas unírtenos. –El castaño se dio por satisfecho. –Bueno, chicos, nos vemos pronto.
Se despidieron y Sora se rezagó con Mimi por un momento, mientras Taichi y Kari esperaban por ellas.
-¿Entonces regresamos a casa para que llames un taxi? –Preguntaba la dueña de la insignia del Amor.
-Creo que no queda lejos el hotel, así que me puedo ir caminando, no te preocupes.
-¿Tan tarde? Creo que sería más seguro si-
La voz del otro elegido la interrumpió.
-El hotel en que se hospedan queda camino a mi casa. ¿Quieres que te acompañe? – Yamato miró a Mimi, como siempre, con su gélida tranquilidad.
Mimi lo miró y sonrió. Sintió una especie de hueco en su estómago, un nerviosismo como el que sentía antes de dejar Japón atrás, como el que sentía cuando un correo del chico llegaba. Como el que sintió al saludarlo hacía apenas unas horas.
-Si no es mucha molestia. Sería bueno ahorrar un poco en transporte.
-No es molestia.
-Menos mal.- Sora les sonrió- Bueno, Mimi, nos vemos mañana. Espero que puedas ir, Yamato. – Se despidió de ellos y alcanzó a Tai y Kari para ir a tomar el tren.
Yamato comenzó la caminata y Mimi lo siguió. A diferencia de cómo había sido durante el día, ahora se encontraron en silencio. Pero ella era Mimi, y aunque se sentía algo nerviosa, la conversación era necesaria.
-Yamato, casi no hablaste hoy… -Lo miró de reojo y le sonrió – Cuéntame qué has hecho. ¿Sigues con tu banda?
Yamato la miró por unos instantes. Sus manos estaban en sus bolsillos. Claro que ella sabía de las cosas que él hacía. Él le contaba algunas en los correos, y seguro Sora le contaba muchas más.
- Sí. – Su respuesta, como siempre, era simple. No era muy dado a las conversaciones y sus "pláticas" con amigos generalmente significaban que sus amigos hablaban y él escuchaba, limitándose a respuestas monosílabas o movimientos de cabeza para asentir o negar.
Mimi lo sabía y solo sonrió.
- ¿Tocas la guitarra y el bajo, no? Y claro, la harmónica. Eres todo un músico, Yamato. Seguro que no te quitas a las fans de encima.
Los labios del chico se tornaron en una ligera sonrisa.
- Unas cuantas son realmente molestas. El resto pasan desapercibidas.
- ¡Qué malo! – rió- ¿Dónde está tu sentido de la gratitud hacia tus fieles fans? Debes decir que son lo más importante, y que lo que haces lo haces por ellas. – Mimi había juntado sus manos y cerrado los ojos en una pose soñadora, sin duda bromeando con el chico, que sonreía un poco más.
- ¿De qué bien me sería mentirles? Se volverían todas molestas. Las prefiero pasando desapercibido.
- Creo que me mantendré en el grupo de las molestas, entonces. Será más divertido.
-¿Eh? –Yamato la miró confuso.
- Bueno, ¿acaso no sabías que soy tu fan número uno? – Le guiñó el ojo- ¡Y claro que prefiero ser molesta a que ni siquiera se me note! –Dijo casi en una queja.
Yamato hubiera podido hacer un comentario que le dejara saber a la chica que, de hecho, sí que podía llegar a ser molesta, pero realmente no era lo que quería decir.
- En ese caso tendré que hacer un grupo aparte, ¿no? - dijo mirando hacia el frente, su leve sonrisa en labios-
Como antes, la volvió a sorprender con un lado amable, y hasta galante, que realmente nunca se podía ver cuando estaban todos en grupo. Se quedó en silencio, pero dejó escapar una risita y concordó con su comentario.
Caminaron un rato en un silencio que, a pesar de lo que pudieran haber esperado cada uno, no resultaba incómodo en absoluto. Yamato utilizó el tiempo para juntar las fuerzas de decir lo que le quería decir.
- Por cierto… - comenzó después de aclararse la garganta- Tendremos un concierto… El Viernes…
Mimi lo miró y sus ojos se abrieron un poco más.
- ¿En serio? ¡Wow! ¿Ya hacen presentaciones? – La noticia le emocionaba - ¡Sora no me dijo!
El chico se pasó una mano por el cabello. Un leve tono más rosado en sus mejillas se hubiera hecho notar si no hubiese sido de noche.
- No… - Se aclaró de nuevo la garganta y tomó unos momentos para juntar fuerzas nuevamente. – Nadie más sabe… Sólo TK tiene una idea… - Dijo la última parte en voz más baja.
Mimi sintió un golpe de calor en la cara y un repentino retumbar en su pecho. ¿Le estaba dando información confidencial? ¿Por qué nadie sabía? Ella acababa de llegar, seguro que los demás debían de saber también. Se le quedó mirando y no se dio cuenta que se había detenido hasta que el chico tuvo que detenerse también y girarse para ver a dónde había ido su compañera de camino.
Con mirarla bastó para que el nerviosismo del rubio aumentara. No era algo que hubiera querido que se hiciera tan importante, pero por alguna razón había ido a contárselo a la persona que más se emocionaba con pequeñeces. Y allí estaba ella viéndola con los ojos abiertos a más no poder y una cara mezcla entre sorpresa y emoción.
- ¡Es sólo que—! –Tuvo que mirar hacia otro lado- Te lo digo porque no sé si habría otra oportunidad de que participemos en un concierto… Y no estarás mucho tiempo… Pensé que si tenías tiempo, quizás-
-¡VOY A IR! – Le anunció con emoción y un brillo en los ojos.
Yamato la miró y sintió algo parecido a un vacío en la boca del estómago. Su rostro se sentía extrañamente cálido. Desvió la mirada con una media sonrisa que sentía la necesidad de ocultar. Volvió a caminar, dándole la espalda.
- ¡Yamato! - Mimi le gritó desde atrás y escuchó las rápidas pisadas mientras ella corría para alcanzarlo. Le puso una mano en el brazo y tiró un poco de él para que la mirase, sus ojos buscaban los de él y ella sonreía – Yamato, ¡voy a ir!
Él la miro apenas unos segundos, ¿seguía sonriendo?, Sí. Qué más da. Volvió la mirada hacia el frente.
- Okay.
Dijo sin más mientras los dos seguían su camino. Ella soltó su brazo y dejó salir un sonido de emoción.
- ¿Le puedo decir a los demás?
UGH. Ojalá no lo hiciera. Su semblante cambió. No era algo que quisiera compartir aún. Claro, era algo importante; si les iba bien, comenzarían a hacerse famosos y podrían comenzar a aspirar a algo más que una simple banda hecha por diversión. Claro que quería que sus amigos supieran, pero no había encontrado la forma de invitarlos. Le daba algo de vergüenza. ¿Por qué se lo dijo a Mimi?
Fueron unos momentos en silencio.
-No.- Dijo por fin, luego suspirando cansadamente. –Ya les diré cuando sea el momento adecuado…
Mimi sonrió y continuó la conversación acerca del tema, dándole consejos que él no pidió acerca de cómo y cuándo invitar a los demás. Al final lo hizo medio prometer ir al siguiente día al partido de soccer de Tai. Yamato tuvo que confesarle que tenía que ensayar, lo cual, claro, era importante, sobre todo dadas las circunstancias, pero Mimi insistió que podía ir al menos a mostrar su rostro un rato antes de irse.
Por fin llegaron al hotel donde Mimi y su padre se hospedaban. Se despidieron después de que Yamato prometiese nuevamente que intentaría ir al partido de Taichi.
- Gracias, Yamato, que descanses. – Le sonrió animadamente la chica mientras movía su mano en forma de despedida.
Yamato sólo alzó dos dedos de una mano como gesto de despedida y siguió su camino. Fue hasta entonces, ya que estaba nuevamente a solas, que se dio cuenta lo entretenida que le había parecido la caminata. A pesar de que en general prefería pasar tiempo en compañía de sí mismo, y que le parecía más cómodo el silencio, la incesante charla de Tachikawa era… agradable. Era fácil que él se frustrara con la gente demasiado animada, Mimi nunca fue excepción. No lo era. Pero en aquél momento, ese día, había sido agradable.
Quizás era porque acababa de regresar y tenía mucho tiempo sin verla. La falta de convivencia en persona seguro que debía darle la ventaja de la paciencia. Eso debía ser. Aunque para darle algo de crédito a la chica, ella siempre sabía iluminar el lugar en el que se encontraba. Era ese tipo de persona que te hacía sentir a gusto con su forma tan candorosa de ser. Era una persona linda.
La confusión se apoderó nuevamente de él y frunció el ceño. El resto del camino, muy a su pesar, se fue en pensar qué demonios le pasaba. Después de no encontrar una respuesta satisfactoria, se tuvo que decidir por comenzar una lista de las razones que podían hacer a la chica molesta.
Esa noche practicó una melodía que había escrito hacía ya tiempo atrás.
Hello~ Gracias por darte el tiempo de leer mi fic. Me encantaría saber qué te ha parecido en un review/comentario :)
Me pasé del tiempo que tenía pensado, pero no llegaba ni una pizca de inspiración. :3 A ver qué pasa. Gracias a los reviews recuperé un poquito de inspi. Ya respondí~ Arigatô gozaimashita~
