Aun trataba de contener el aliento que me daba algo de vida, pataleaba con fuerza la aplastante marea que me consumía, deseaba salir, deseaba volver a ver el brillante cielo azul.
Aún tenía esperanzas para seguir respirando.
→ Hope and glory.
Debute como pintor a muy temprana edad, mi padre me impulso a crecer como tal al ver que tenía cierto interés en las pinturas y pinceles, me lleno la habitación de cuadernillos y colores, de repente mi vida solo giro a eso y no conocí más allá de ese arte y algunos parecidos.
Por esa razón no estudie más allá de la primaria básica. Al cumplir los ocho años, luego de mi debut, me dedique a estar en las galerías y en estudios trabajando, algunas veces también en clases particulares con profesionales del dibujo, pintura, escultura, etc. Todo para abarcar más áreas del arte de las acuarelas y colores. Destaque mucho en esa época y conocí la cúspide de la fama en menos de un año, fui conocido como un prodigo de la pintura en muchas partes del mundo.
Viaje a muchos países gracias a las galerías y presentaciones a las que era invitado y donde mi propio arte era expuesto. Mucha gente pensaba que era una barbarie que un niño tuviera esa vida tan agitada y algunos incluso abogaron para que tuviera una vida normal, como cualquier niño. Pero mis decisiones me llevaron a donde estoy ahora. No sé qué tanto me hubiera ayudado haber truncado mi carrera en ese entonces y volverme alguien ordinario. Tal vez volver a la pintura años más tarde hubiera sido lo mejor. Pero eso ya jamás podre saberlo.
Gracias a esa vida no supe lo que era ir a una escuela, tener amigos, cometer travesuras o ese tipo de cosas, nunca tuve nada de eso y no recuerdo haber anhelado eso tampoco, tal vez porque jamás me relacione con personas de mi misma edad, siempre con adultos y su lenguaje tan complicado de entender.
Algunos dicen que me salte una importante etapa en mi desarrollo para meterme a un lugar que no conocía o no debía conocer hasta ya entrada la edad que tengo actualmente.
A esa edad no sentí que nada me faltara realmente, prácticamente tenia al mundo a mis pies y eso me gustaba. Que el resto supiera de mí, que admiraran lo que era capaz de crear con mis pequeñas manos.
Pero… la gran cúspide que logre escalar en muy poco tiempo hizo que resbalara en un segundo y todo mi reinado se despedazara a mí alrededor.
Cuando cumplí doce, mi padre me confesó que se arrepentía de haberme dado esa vida y que se castigaba por ello, jamás pensó que todo eso me haría un daño irremediable. Un año después me dejo solo y no supe que hacer, me quede sentado en el viejo sofá donde Lavi ahora trata de arreglar la lámpara que tiro hace un rato con los pies; me quede allí, mirando a la nada, llorando y pidiendo respuestas a lo que iba a hacer después.
—Ya déjalo por la paz, Lavi. Terminarás por estropearlo más. —digo al ver que no progresa.
—Casi lo tengo. —exclama, entonces la lámpara hace un corto circuito y empieza a sacar humo.
—Por favor, déjalo. —antes de que pueda provocar un incendio masivo le quito el aparato y lo dejo sobre el librero.
—Lo siento. —dice suspirando.
—No hay problema.
—Bueno, ¿Estás listo? —se levanta de un salto del sillón y se sacude los pantalones.
—¿En verdad tengo que ir?
—Eres un buen amigo y me acompañaras. —menciona con una sonrisa enorme.
—Claro, claro.
Reviso que Tim tenga comida suficiente y agua, luego tomo las llaves de la casa y acompaño a Lavi a la entrada.
Estaba solo y era un completo inútil en el mundo. No sabía qué hacer. Sin las señales de mi padre para avanzar, sin su apoyo o ánimos para continuar pintando, yo no sabía como moverme. De repente el mundo se me antojo muy grande e inalcanzable.
¿En verdad yo había logrado tomarlo en uno de mis puños y dominarlo a mi antojo?
«Rebirth»
Al llegar a la entrada de la escuela veo un gran marco que da la bienvenida a los invitados para lo que parece un festival deportivo en grande, tiene decoraciones de papel y cositas brillantes que cuelgan a cada lado, es muy llamativo y atrayente.
La institución tiene altos edificios modernizados, las ventanas rebotan los rayos de sol y hacen que el cristal cambie de colores conforme caminas, viendo un color distinto a cada paso dado.
Los edificios que tenemos enfrente tan solo entrar tienen un gran anuncio que dice: Ciencias aplicadas.
—Bien, según el mapa, el CDU debe estar allá. —Lavi señala hacia un área libre, hay un camino decorado con estandartes pequeños de papel.
—¿CDU? —pregunto.
—Centro Deportivo Universitario. —aclara.
—Creí que era preparatoria. —observo algo confundido.
—Y lo es, solo que esta preparatoria es parte de la Universidad Nacional.
—Oh.
—Te lo explicaré más tarde, anda, que ya casi va a empezar y no quiero llegar tarde.
Cruzamos un largo estacionamiento hasta llegar a una zona deportiva bastante concurrida y animada, hay estandartes de colores con diferentes escudos, gente con camisetas conmemorativas que gritan alegres y apoyan a su equipo, algunos puestos de comida, bebida y golosinas. Es como una kermes, feria o ese tipo de cosas que hacen para festejar algo en grande.
Las fiestas a las que solía asistir no eran tan escandalosas ni coloridas, todo giraba en torno al gris, el negro, el blanco y rara vez al marrón. Incluso la gente es muy distinta, allá todos van de etiqueta, sosteniendo copas llenas de vino y bocadillos realmente pequeños y costosos. Aquí todo es ruido y gente llevando refresco y papas a todos lados. Me es algo extraño, no es que nunca lo haya visto, es solo que estoy más acostumbrado al primer escenario.
—Recuerdo mi época preparatoriana. —comenta mi compañero con alegría.
—¿Participaste en esto? —pregunto.
—Claro, fui capitán del equipo de baseball. —se señala así mismo y luego alza el puño. —Hice que ganáramos los dos años que estuve al mando, aún tengo las medallas colgadas en la pared. Intente también entrar al equipo cuando entre a la universidad pero luego fue difícil abarcar tanto y deserte al segundo año.
Cuando cruzamos el gentío entramos a uno de los gimnasios decorados, hay un poco menos de gente, algunos entran y salen por comida, otros comentan cosas, etc. Al igual que allá afuera, aquí también parece muy animado.
Por los altavoces piden que todos tomen asiento porque la competencia de esgrima esta por comenzar.
Subimos a las gradas de la segunda fila para estar cerca de los deportistas, a la izquierda un grupo de chicas con uniformes dorados se ponen de acuerdo para lanzar una porra para cuando su deportista salga.
—¿Son de diferentes escuelas? —pregunto al ver que hay otro grupo de chicas más arriba pero sus uniformes son verdes.
—Sí, algo así. Cada año se hace un festival deportivo y se sortea el lugar del evento, este año la sede es la preparatoria #3. La competencia entre las nueve escuelas. Esto hace una sana relación, según el estatuto principal.
—Vaya.
Debo admitir que me encuentro algo fascinado, al no tener una formación académica común, todo esto es una gran novedad.
Toda la gente empieza a moverse para tomar asiento y algunos otros aun comentan, apostando por el mejor. Veo el nombre de uno de los esgrimistas en más de una ocasión, debe ser el mejor o al menos el favorito.
Por los extremos del gimnasio salen los dos esgrimistas, totalmente vestidos de blanco y con caretas. Las chicas, tanto las de verde como las de dorado, lanzan una sonora porra aludiendo a su competidor, la gente en las gradas les hace coro.
Uno de los árbitros da una cuenta regresiva, hace que den algún tipo de saludo y con el sonido del silbato da por iniciada la competencia.
Ambos desenvainan las espadas de metal y empiezan a batear, el choque de las espadas es lo único que se oye en todo el gimnasio, en cuando deja de resonar la porra.
Es la primera vez que veo un encuentro deportivo, en realidad jamás me llamaron la atención, me parecían faltos de belleza o de creatividad, no me gustaban. Siempre me he dedicado a pintar cosas bonitas o que llamen la atención, cosas que realmente deban ser pintadas o dibujadas. El deporte es brusco y agresivo, a veces incluso sucio.
Tal vez jamás le di la importancia necesaria.
Uno de los competidores hace que el otro retroceda rápidamente y aunque quiera defenderse parece estar perdido entre el borde y la espada de su contrincante. Ni siquiera yo, que no sé nada de esto, pienso que tenga salida para librarse de eso.
Aunque milagrosamente lo hace, se deshace del acorralamiento y provoca que el chico que llevaba la delantera retroceda, por un momento pienso que este se siente molesto, sus hombros se tensan. No sé si soy el único que nota eso. Aun así da un paso adelante y vuelve a dar una estocada.
Siento como los dedos me pican y las palmas de las manos me sudan.
Uno de ellos, el que parecía estar perdido hace un movimiento rápido de ataque, pero el otro lo defiende bastante bien, como si fuera nada, después devuelve los ataques y hace que el primero retroceda. Otra vez.
Sus movimientos son… ágiles, como si no le costara nada hacerlos, rápidos y precisos.
Durante al menos unos pocos minutos juegan de esa manera, atacar, defender y devolver el golpe. Cuando el que siempre las ha llevado de ganar se cansa de jugar, hace un movimiento que desarma a su contrincante y luego da el último golpe al pecho, todo parece como si no le hubiera supuesto ningún trabajo.
Me pregunto si yo pudiera pintar algo así. ¿Cómo? ¿De qué manera? Las posturas, los movimientos de determinadas partes de su cuerpo… ¿Sería capaz de pasarlo a pintura? ¿Podría?
El silbato anuncia al ganador y la mayoría de los presentes saltan en virotes.
—Eso fue rápido. —comenta Lavi a mi lado.
—¿En serio? —pregunto.
—Suelen durar un poco más.
Vuelvo a mirar a los competidores, el árbitro alza la mano del ganador y una vez más todos aplauden emocionados. Las chicas a mi lado gritan una porra apenas entendible, entre grito y estrofa descubro que el ganador se llama Kanda.
Aunque no parece muy… animado cuando se quita la careta. Tiene el rostro sudado, no jadea a comparación de su compañero, el pelo lo tiene apelmazado a la cabeza. No mira a la gente, mira un punto infinito de alguna pared.
«Rebirth»
Lavi me lleva afuera para comprar algo de comer, luego vamos detrás del gimnasio y pedimos permiso para ver a uno de los competidores de esgrima, la chica allí dice que esperemos un rato, ya que están haciendo cambios de… no sé qué cosa.
Al cabo de unos minutos, son los deportistas quienes salen, todos van en uniforme deportivo, portando cada uno su escudo representativo.
—Yuu. —grita Lavi, agitando las manos y el chico voltea.
Casi olvido que él si lo conoce.
"Yuu" es el último en salir, lleva la mochila deportiva colgando del hombro izquierdo y tiene cara de fastidio.
Al ver a Lavi, su gesto se agranda, como si estuviera viendo realmente una molesta mosca en la sopa. No me parece educado el gesto.
—¿Qué haces aquí? —pregunta al acercarse, porque no tiene de otra, algunos de los otros participantes ha deparado que lo acompañamos.
—Tu padre no pudo venir a verte y me pidió venir en su lugar. —explica mi amigo con una sonrisa.
—No era necesario que nadie viniera. —el chico parece decirlo de verdad, no con vergüenza de que su padre sea cariñoso, si no con… sentimiento real. Como si no gozara de la audiencia dándole virotes.
—Oh, vamos no seas tan aburrido, Yuu. —Lavi se atreve a lanzársele como un niño y pasarle un brazo por los hombros.
—No me llames así. —el chico se deshace de él de manera muy brusca, como si repeliera el contacto humano.
De inmediato me irrita.
—No creo que sea educado que contestes de esa manera.
Por alguna razón, una vez dichas las palabras tengo el presentimiento de que debí haberme quedado callado.
El chico me mira de arriba abajo, como si me examinara, luego hace que el fruncir de ceño se pronuncie más.
—¿Quién es el brote de haba? —le pregunta a Lavi señalándome.
Eso hace que me irrite más.
—¿Ha?
—Oh, es Allen, lamento no presentarlos. Allen, él es Yuu. —el chico lo mira de mala manera. —Kanda, Kanda Yuu. Yuu, este es Allen, Allen Walker, es pintor.
En situaciones como estas, como en las fiestas de gala o en la presentación de una galería de arte, cuando conoces a alguien nuevo, uno se estrecha las manos o se dice "mucho gusto en conocerte" con una sonrisa como si de verdad fuera un gusto, no importa si en verdad mientes, con tal de parecer amable lo haces, al menos así funciona en las reuniones en las que me he presentado. Para esta ocasión, estas reglas de etiqueta están de más. Su cara lo dice todo.
«Rebirth»
Incluso mientras me seguía hundiendo veía una pequeña luz en lo más alto de cielo, una pequeña chispa de esperanza. Quizá eso era lo que aún me mantenía a flote.
Gracias por leer.
Parlev.
