Incluso mientras intentaba respirar… los pulmones se me hacían trizas.

Quería salir de aquí, pero las garras frías de la muerte no me lo permitían.

Rain.

Los vidrios parecen que lloran, las gotas se resbalan lentamente hasta caer al borde de madera donde se estancan y se crea una miniatura de rio improvisado. Aunque hay reflejos del sol entrando por entre los huecos que hay entre los árboles, la lluvia abarca toda la naturaleza, por primera vez eclipsando a la gran estrella. Da una sensación de tranquilidad al mismo tiempo de angustia. Me hacen sentir que estoy enjaulado pero dentro de una jaula donde puedo admirar todo a mí alrededor.

Me recargo sobre la gran mesa y lleno mis dedos de pintura mezclada, son tantos colores en uno mismo que no tengo un nombre en mente para bautizarlo ahora. Veo mis manos manchadas y esas hacen contraste con la luz amarillenta apagada que crea el reflejo del sol entre las gotas de lluvia. Tomo de nueva cuenta el lápiz y comienzo a dibujar el vidrio con las gotas como si fueran lágrimas, combinando colores y trazando líneas, círculos y al final simplemente dejando que el lápiz fluya por el papel como una danza sobre hielo.

—Solo… un poco más. —susurro.

Al mirar de nuevo mi reflejo en el vidrio esta se distorsiona con las lágrimas improvisadas, rompiendo la silueta y creando otra deforme, un par de colores se cuelan sobre la nueva gota y es como si una nueva vida naciera en ese instante y muriera allí mismo con la llegada de otra gota.

Sonrió ante ellas.

A pesar de haber pasado repelando por al menos unos veinte minutos con Lavi sobre la mala experiencia en el festival deportivo, creo que en parte disfrute la salida, tuve un pequeño momento de inspiración y fui capaz de tomar el lápiz sin ponerme a temblar porque no sabía qué hacer con él, clavármelo en el corazón o lanzarlo por la ventana. Una parte de los dilemas que me han traído a Porta Celi.

Me siento relajado, un poco más de lo que realmente esperaba desde hace ya mucho tiempo. También me siento casi como si estuviera de nuevo en esa burbuja que me llevo a convertirme en pintor, es como volver el tiempo atrás y vivir allí otro rato. Sé que la sensación no va a durar más allá de unas horas a lo mucho, pero planeo usarlas tanto como me sea posible. Necesito recuperarme.

Estoy cansado de esconderme debajo de las cobijas.

Lavi ha dejado una taza de té desde hace rato, pero no la he tocado, debe estar frio.

Una gota más cae, esta parece que rebota contra la superficie de madera y luego se estrella, creando otras pequeñas gotas que se quedan estancadas.

Por primera vez en tanto tiempo, soy capaz de reír sin necesidad de tener que repetírmelo varias veces para no arruinar el momento.

Aunque me siento parcialmente estable, creo que me sentiría mejor si fuera capaz de dibujar la escena que me trajo de vuelta a la vida, dibujar y plasmar en colores y papel aquello movimientos gráciles y predeterminados. El agite de la espada, la empuñadora, las estocadas… creo que si pudiera usar el lápiz para rememorarlas sería un gran alivio, pero soy incapaz de mantener cada detalle dentro de mi mente, es complicado tratar de recordar lo que más me llamo la atención, la movilidad y la forma de estos. Me siento incapaz de plasmarlo como quiero y si lo hago sin tener en claro todo eso, creo que me sentiría frustrado y como estoy ahora, prefiero guardarme el gusto un rato.

Si tan solo…

—Allen, he preparado sándwiches, creí que tal vez tendrías hambre. —comenta Lavi entrando a mi habitación.

Me giro para verlo entrar con una charola y los platos con los sándwiches.

—Ah, pero no has tomado el té. —dice al ver la taza llena.

—Lo siento, estaba tan concentrado que lo he olvidado. —me disculpo y él parece entenderlo porque solo asiente dejando la charola sobre la larga superficie.

—No importa, pero necesitas comer. —me tiende el plato con mi sándwich y él toma el suyo propio. — ¿Qué dibujas? —toma mi cuadernillo y lo observa con atención. —Vaya, hace mucho que no hacías uno de estos.

Le sonrió y veo mi propio dibujo.

Es algo simple, una mezcla revuelta de colores y trazos que simulan lo que tengo enfrente, un día lluvioso en un bosque, siendo observado desde una larga ventana inclinada, un dibujante que no tiene nada más que perder. Un reflejo roto por las lágrimas caídas del cielo.

—No es lo que esperaba dibujar al llegar a casa. —confieso.

—¿Ah?

—Quería dibujar a los esgrimistas. —agrego. —Aún tengo en mente el sonido del metal chocando entre sí.

—¿Y porque no?

—Porque también tengo en mente la desagradable persona debajo de la careta ganadora. —refunfuño y muerdo el sándwich antes de cruzarme de brazos.

El comentario parece hacerle gracia a mi compañero.

—¿Kanda? Así es él, no deberías dejar que eso arruine una idea.

—¿Qué así es él? Por Dios, es la persona más horrible que he conocido en mucho tiempo, sin modales, educación o algún derivarte de ello. Simplemente desagradable, no quiero que mi pintura pueda estar inspirada en alguien así.

Lavi pone los ojos en blanco.

—Vamos, vamos, no seas tan… así… es un chico de diecisiete años, es completamente normal que sea así, es el primero de su clase, buen atleta y bastante popular…—esto último lo arrastra como si dudara un poco. —Es un poco estúpido, sí, pero eso no le quita ciertas cualidades. Además, sin que te ofendas, tú solo has convivido con gente mucho mayor que tú, ancianos y mujeres que no hacen más que alzar una copa de vino con el dedo meñique mirando al lado contrario, hablan como si tuvieran algo pesado en la garganta.

Lavi imita lo que dice sobre la copa con su taza de café y luego hace un comentario tonto con la voz engrosada.

Oh, señor, discúlpeme, ¿sabrá usted donde está el sanitario de caballeros? Creo que tengo hemorroides del tamaño de un dólar —mueve la cabeza de lado a lado como si estuviera alejándose la cabellera. — He perdido a mi caniche llamado Alfredo, costo alrededor de lo mismo que cuesta la casa de la familia más pobre de este barrio.

—Oh, por Dios, que pésima imitación. —comento entre risas. —¿Cómo puede alguien tener hemorroides del tamaño de un dólar? ¿Y que con el caniche? ¿Tienes algo contra ellos?

—No sé, los ricos siempre tienen dolencias del tamaño de un dólar.

—Mentira. —reclamo sin dejar de reír.

—Los caniches sin lindos, tienen un aire bobo pero son lindos. Me imagine a una mujer cargando un caniche cachorro llamado Alfredo.

Ahora es mi turno de poner los ojos en blanco.

—Qué tontería. —niego con la cabeza y vuelvo mi atención al sándwich.

—Aun así, no hablábamos de eso.

—Ya, ya, entendí tu punto. De todos modos, me pareció de mal gusto. Así tenga cinco o diecisiete años.

—Es… un poco difícil de tratar, eso sí y tiene mal carácter, a veces mal vocabulario y suele apodar a la gente. No es alguien con quien quisieras meterte, es algo agresivo, te dice las cosas de frente, es muy directo…

Vuelvo a ver a Lavi a un lado, achico los ojos, como diciendo: "¿Qué? ¿Intentas que me agrade puntuando todos sus defectos?"

—Pero también es alguien en quien podrías confiar, aunque es muy joven puede proveerte de varias enseñanzas de vida, un poco extrañas, debo decir.

—Lo siento, definitivamente no es alguien a quien desee conocer.

—Ya, está bien, no intentaré convencerte. Solo no tengas una imagen tan negativa de él, es un gran amigo si lo tomas de esa manera, puede que no tenga un carácter que derroche amor pero es una buena persona.

—Excelente forma de tomar las cosas. —complemento.

«Rebirth»

Lavi se pasa los días restantes conmigo, me ayuda a llevar todos los desperdicios al pueblo para desecharlos, compramos algunos otros muebles pequeños que hacen falta, una mesa de centro, un par de burós para mi habitación, etc.

Pintamos las paredes una vez que dejamos todo limpio y durante el sábado y parte del domingo acomodamos todo, ubicamos los muebles nuevos, instalamos las tuberías para el agua y drenaje, que debido al tiempo y desgaste estaban en muy mal estado, también el nuevo refrigerados y la estufa, sustituimos algunas lámparas y también un par de vidrios de las ventanas que parecían muy frágiles.

Al final del domingo, lo único que falta para que la casa parezca un hogar y no un lugar embrujado, es acomodar mis propias pertenencias, cuadros, libros, tazas personalizadas, entre otras cosas más mías. Es mi propio toque, uno que hace que no me sienta tan perdido a la hora de querer ubicarme de nuevo dentro de este mundo.

Incluso en el espejo del baño, en la abertura especial, tengo un montón de frascos con pastillas, algunas están caducadas, son las que uso para recordarme que nada es lo mismo de siempre, otras, que aún tengo que tomar según mi psiquiatra, solo me recuerdan que ni siquiera yo soy el mismo que por mucho que intente volver atrás, no puedo hacer nada más que seguir caminando, por mucho que tropiece y caiga de bruces. Aún tengo que seguir adelante.

También me recuerdan cuando débil me he vuelto.

«Rebirth»

Por primera vez en tres semanas, dejo que Timcanpy salga de su jaula, al menos en el perímetro de mi habitación, cierro la puerta y la ventana para evitar que se escabulla y se pierda por toda la casa, aun no estoy seguro de que estemos completamente despejados de plagas.

Mi mascota corre como si no tuviera otro día por toda la habitación, de repente salta y se deja caer sobre el piso, vuelve a correr y se esconde, como si jugara consigo mismo, a veces chilla para llamar mi atención, como si dijera "Ve como salto y me dejo caer."

A veces le aplaudo sus maniobras, otras simplemente digo: —Excelente Tim.

Al final de al menos una hora, la rata salta por mi cama y luego se acurruca allí, bosteza y cierra los ojos, cansado y suficientemente satisfecho por gastar su energía.

Una chica me la regalo hace seis meses diciendo que necesitaba quien se encargara de ella ya que en el laboratorio donde trabajaba sacrificaban a los animalejos de formas un tanto brutales, ella, al encariñarse con su primer rata de laboratorio no tuvo el corazón para simplemente entregarla y dejarla morir, así que busco alguien con la capacidad de cuidar de ella y amarla como ella lo hubiera hecho. A veces iba a visitarme para ver cómo es que nos iba a ambos.

Es listo, sabe hacer ciertos trucos bastante divertidos y a veces, como si leyera mi estado de ánimo, trata de alegrarme con ellos, saltando y dejándose caer, jugando con una pelota como si se tratara de baloncesto y a veces compartiendo sus pequeñas croquetas en forma de estrella conmigo, me las deja en las manos y me mira, esperando a que le responda o le sonría. A veces pienso que tiene la suficiente inteligencia como para intentar consolarme.

Me dejo caer en la cama y termino por rascarle entre las orejas, eso parece gustarle y se rueda para que tenga un amplio territorio para seguir acariciándole y amándole otro poco más.

—Perdón por haberte dejado encerrado, pero teníamos que remodelar todo. —me disculpo y con su hocico me dice que no hay problema siempre y cuando continúe con las caricias.

Al final, me quedo dormido.

Sueño con el mar.

Sueño con la carretera que tiene un largo camino que se desplaya más allá de mi visión, un camino que no se termina, lleno de curvas y lleno de piedras.

Por un instante vuelvo a tener quince años, vuelvo a sentirme un niño perdido que necesita ayuda, busca el calor paterno que ha perdido entre tanta gente y tanto dolor. Un niño que solo quiere volver a casa.

Por un instante mi vida se vuelve a ir al vacío.

Me hundo, me ahogo, grito y nadie me escucha.

Es un ciclo que estoy destinado a seguir viviendo, una danza ininterrumpida que debo seguir. Algo que me atormenta.

Grito…

Quiero salir de aquí…

Cuando despierto gritando veo por la ventana que es de noche, Tim me mira sobre la mesa con sus pequeños ojos rojos, como si pensara en que tan bueno es acercarse a mi o que tan malo.

—Una pesadilla. —digo, pero no sé si es para tranquilizarme a mi o a la rata.

El reloj marca las dos de la madrugada, pero sé que no voy a volver a pegar ojo, así que me levanto e intento dibujar otra vez, pero las manos me tiemblan, el lápiz se vuelve un enemigo, un objeto desconocido.

Una vez más caigo en un vacío que no tiene fin.

Y tengo miedo…

Tengo miedo de seguir cayendo.

«Rebirth»

Tengo miedo de no salir nunca, tengo miedo de que nadie me tienda una mano para sacarme de aquí.

Por favor, yo aún quiero ser salvado.

Gracias por leer.

Parlev.