Creo que tras mucho entre magia francesa y magia japonesa, vuelvo a la magia alemana que tenía pendiente en el tintero y traigo una serie de drabbles sobre la infancia de Strom Lerman. Aunque todavía no lo he presentado en fanfiction, lo cierto es que ya he escrito algunas cosillas de él que espero traer por aquí pronto.

El potterverso pertenece a J. K. Rowling. Llevar la magia a Alemania, sus escuelas y sus personajes me pertenecen.

Mutti, ich bin ein Zauberer significa literalmente: Mamá, soy un mago.


9 de octubre de 2009. Colegio de educación primaria y secundaria Gutenberg, Nuremberg.

Su madre no le había llevado de las orejas por el camino hasta la escuela porque tenía las manos ocupadas con el carrito de los gemelos. Adalbrecht y Wolfhard ya sabían caminar, pues estaban a punto de cumplir los dos años, sin embargo el enfado que tenía Hella Lerman, la madre de familia, con su primogénito era tal que no estaba para aguantar que los dos pequeños comenzaran a no querer andar.

A su lado iba la razón del enfado de la mujer, Strom Lerman, quien iba de la mano de su hermano pequeño Heiner, el que iba después de él. A Hella la habían llamado aquella misma mañana para hablar con ella a razón de su hijo. Un mes. Un mes justo hacía aquel día que había empezado el niño la escuela y ya la estaban llamando.

— ¿Señora Lerman? —A su paso salió una joven mujer, con una dulce sonrisa en su rostro que relajó algo a Hella. — Soy Emely Reuter, profesora y orientadora de la escuela. Por favor, acompáñeme a una de las aulas.

—Por supuesto. Strom, quédate ahí sentado y encárgate de tus hermanos. Que contenta me tienes.

Strom ya estaba a punto de sentarse cuando escuchó a Emely.

—Si puede ser, me gustaría que el joven Strom nos acompañase en la charla.

Aquello le gustó al pequeño, pues deseaba saber qué había hecho, en vista de que su madre parecía no creer que él no se había metido en ningún lío ni nada semejante. Era más fácil pensar que sí, pues todas las pistas apuntaban a ello.

La familia Lerman al completo siguió a la señorita Reuter por los pasillos de la escuela hasta llegar a una de las aulas que se encontraban en la planta baja de la escuela para evitar que Hella tuviera problemas con el carrito de los niños. Una vez cerró la puerta del aula, la señorita se dirigió hacia la silla del docente, y le hizo un gesto al resto para que tomasen asiento. Primero se sentaron Strom y a su lado Heiner. La señora Lerman primero miró que sus gemelos se encontrasen en perfecto estado antes de sentarse en una de las pequeñas sillas. Adalbrecht estaba dormido en la parte trasera del carrito, y Wolfhard lo miraba todo con sus grandes ojos marrones que compartían tanto su gemelo como Heiner y Hella. Strom había sido el único en heredar los ojos azules del padre de familia.

—Señora Lerman, ¿ha podido notar en casa alguna anomalía en torno a su hijo? —La expresión que puso la señora mientras miraba de reojo a su hijo hizo que pronto la orientadora siguiera hablando. —No quiero que me mal entienda. Me refiero si en casa ha visto algo inexplicable. Cosas que explotan, que vuelen, que se caigan si que nadie las toque...

— ¿Qué me está queriendo decir?

—Su hijo, señora Lerman, aunque le pueda parecer extraño, es un mago. En el poco tiempo que lleva en la escuela hemos podido apreciar algunos de sus accidentes.

El silencio reinó durante unos instantes. Strom no salía de su asombro, pues sabía bien a lo que se refería aquella señora. Aquella misma semana sin ir más lejos, mientras la profesora le estaba pidiendo a él unos deberes, sin venir a cuento un viento voló los papeles que había en la mesa e hizo que la profesora se alejara de él para ir a recogerlos, tiempo suficiente para que su compañero de pupitre les diera los suyos en señal de amistad. La profesora había culpad al viento, mas las ventanas estaban cerradas igual que la puerta.

— ¿Es esto una broma? —Hella había dedicado una mirada a la señorita Emely, para luego mirar a su hijo. — ¿Qué clase de mentiras has estado contando?

— ¡Mamá, que yo no he hecho nada!

— ¿Yo también soy un mago?

Lo que faltaba, que Heiner también se sumase a aquello...

—Señora Lerman, conozco la situación de su familia. ¿Habría alguna posibilidad de que el padre de Str-?

—No. —Antes siquiera de que terminara, Hella estaba respondiendo aquella pregunta. —Me lo habría contado. Su familia. No.

—Entonces alguien, algún antepasado lejano, tendría que ser mago. Su hijo ha heredado la capacidad para hacer magia. No puedo asegurar que sus otros hijos también lo sean. —No pudo evitar al pequeño Heiner cuya cara se quedó en un mohín.

—Señorita... —No sabía cómo poder continuar, pues la pregunta era bastante delicada.

—Si desea saber si yo soy una bruja, está en lo cierto. —En ese momento sacó la varita para mostrarla. —Si quiere también puedo hacer magia. —Con un toque de varita en un folio que estaba sobre la mesa lo volvió de color azul.

— ¡Mamá! ¡Es una bruja! —Heiner se volvió hacia su madre con los ojos muy bien abiertos.

Strom, por otro lado, estaba sorprendido, puesto aquello significaba que él también podría hacer eso. ¿Tendría derecho a tener su propia varita? ¿Su madre podría pagarla?

—Mire, no sé cómo ha hecho eso pero —Helle se vio interrumpida cuando vio alzar de nuevo aquella varita y con ella hizo venir un bote de pinturas que estaba al otro lado de la clase—.

—No quiero que me crea, simplemente quiero que sepa que su hijo es así y que para su bien debería entrar en el grupo d de la escuela.

El grupo d era ese grupo que se sabía que existía pero nadie conocía a nadie que estuviera ahí. Ya entendía el motivo. Todos los que estaban allí eran magos. Estar en una clase entera de magos... La idea simplemente le hacía temblar, demasiados nervios, demasiados miedos. Seguro que sus compañeros eran muy buenos...

Una ventana se quebró, logrando que su madre lanzara un chillido por la sorpresa antes de mirar a su hijo. Sí, aquello no era algo que sucedía por casualidad, aunque si hubiera estado en casa le hubiera buscado alguna excusa. Delante de aquella mujer no iba a sonar creíble.

—Reparo. —Un toque de varita y la ventana volvía a estar como antes. —No te preocupes, Strom. Actualmente tu grupo está vacío. Tendrías clases como si fuera una escuela particular. Y yo sería tu profesora.

— ¿Y qué estudiaría? Ya le hemos comprado los libros para este curso... —El riesgo de tener gastos extras en aquel momento era algo que angustiaba a la mujer. Con cuatro niños todo gasto se disparaba y la idea de que dentro de dos años, cuando Heiner tuviera que entrar en la escuela, pudiera heredar los libros de Strom se tenía que ir de su mente.

—No se preocupe, durante estos cuatro años Strom estudiará lo mismo que sus compañeros, cambiando quizás una asignatura por Competencias Mágicas, en la que no hace falta ningún material extra. —Explicó mirando tanto a la madre como al hijo.

Parecía que ya estaba decidido. Tendría que abandonar su grupo, a sus amigos, y entrar en aquel curso d en el que estaría sólo.

— ¿Y después? ¿Mi hijo estará siempre en el grupo d?

—Cuando termine el Grundschulen, Strom podrá acceder a una de las Zauberei Schule, las escuelas de magia, de Alemania. Si durante estos años demuestra ser un buen alumno, le podrían hacer un hueco en la Zauberei Schule von Nuremberg. Es la más grande escuela de magia de Baviera y de Alemania.

Hella afirmó con la cabeza, tratando de asimilar todo aquello. Su hijo era mago, e iba a estudiar mago. Miró a Strom intentando sonreír, pero le costaba. Era todo nuevo.

—Supongo que era verdad que tenías razón. No habías hecho nada. —Acabó por decir.