El potterverso pertenece a J. K. Rowling. Llevar la magia a Alemania, sus escuelas y sus personajes me pertenecen.
Decir que he tenido que cambiar la fecha del anterior drabble porque las matemáticas se me dan mal, qué voy a decir...
12 de octubre del 2009. Colegio de educación primaria y secundaria Gutenberg, Nuremberg.
Pasado el fin de semana, Strom tuvo que volver al colegio. Al entrar por la puerta con la idea de irse a su clase habitual, se encontró a la profesora Emely Reuter esperándole en el hall de entrada. El niño habría deseado que aquello hubiera sido un sueño, una siesta demasiado larga y curiosa, pero no. Era un mago e iba a tener que ir al conocido grupo D con el resto de magos, que en su caso, en su grupo, era él y sus circunstancias. No había más magos de siete años en aquella escuela.
—Buenos días, Strom. —Saludó ella con una amable sonrisa. Sí, al menos tenía que reconocer que aquella docente era mucho más simpática que la vieja profesora que tenía en matemáticas.
—Buenos días, Frau.
Ella le guió por la escuela hasta su nuevo aula, ubicado en la parte más alta de la escuela. Strom creía que allí había sólo almacenes con viejos mapas y proyectores que se empleaban en algunas clases específicas, pero aparentemente también había pequeños aulas de no más de doce mesas, como en la que estaba.
Sin mucho donde escoger, pues estaba él sólo en el aula con la profesora, el muchacho tomó asiento en una de las mesas de primera fila. Allí estarían ellos dos solo si ningún compañero de primero se manifestaba como un mago también.
Pero era lo normal, había muchas escuelas, en algunas se encontraba aquel grupo especial para magos, en el que podían estudiar en un ambiente más propio y sin tanto temor a que les vieran hacer magia. Sin contar que algunas de las grandes escuelas contaban con su propio sistema que permitía la entrada de niños procedentes de familias mágicas, y por lo tanto estos no iban a las escuelas medias.
En otras partes, según aprendería también aquel día, era cosa de orientadores mágicos que se paseaban por las escuelas para descubrir si había niños magos o no, en caso de que lo hubieran debían mandarlo a una escuela en la que hubiera docentes mágicos.
Un sistema algo complicado de llevar, pero con el que se respetaba las autonomía de los estado que tenía autoridad para designar que se debía estudiar en cada estado y qué sistema educativo querían utilizar.
—Tenemos la suerte de poder llevar un horario según queramos. ¿Te parece bien que empiece explicándote los términos y normas básicas en esta primera hora y luego continuar con el horario general? Ayer imagino que con lo rápido que pasó todo no te quedaría muy claro nada...
¿Qué iba a decir él? Estaba sólo en un aula diminuta con una profesora que era una bruja, y que él también era un mago, dando unas asignaturas que... ni siquiera sabía que clases iba a ver. Aunque lo que realmente pasaba por su cabeza era si alguna vez esas doce sillas se habrían llenado de alumnos magos de un mismo curso.
Prefirió afirmar con la cabeza antes que hacer la pregunta que estaba pasando por su cabeza.
—No temas hablar, vamos a pasar este curso juntos, así que tranquilo. —Era fácil llevarse bien con Frau Reuter. —Bien, como ya habrás supuesto no podemos hacer magia frente a personas no mágicas, o Hexeleer. —Strom iba a decir algo, aunque la profesora imaginó qué era y decidió adelantarse. —No te preocupes, frente a tu familia sí puedes, aunque estos deben guardar el secreto. Sería peligroso si los Hexeleer supieran que existen los malos.
A Strom no le hizo falta preguntar los motivos por los cuales sería malo que se supiese la existencia de los magos, ya no sólo porque en todas las historias se pusiesen a los magos y a las brujas como seres malévolos que estaban en contra de los buenos personajes, sino porque también había oído hablar de períodos oscuros de la historia en los que se atacaba a las brujas, o a personas acusadas de brujería.
Por otro lado, sacó una libreta para empezar a tomar notas de aquellos términos que se les hacía nuevo, a pesar de escuchar a la profesora decirle que aquello no era necesario, pues se irían repitiendo a lo largo de las diversas clases.
—Como te dije, vas a tener las mismas clases principales que en tu anterior grado. Sólo que añadiendo una asignatura de competencias mágicas, en la que aprenderás cosas muy básica sobre la magia y hechizos. Dependiendo de qué tal se te de puede que este curso tengamos que ir a ver tu varita.
— ¿Voy a tener una varita? —Vale, no creía que aquello fuera algo que le pasara tan pronto, pero sí, era lo normal. ¿Dónde se compraría? En el centro comercial al que solía acompañar a su madre no parecía haber ninguna tienda que fuera para vender varitas, aunque quizás estaba escondida; tampoco creía que fuera a haber en su escuela normal magos y mira... Estaba en una clase.
—Pues claro. La varita es algo fundamental para los magos. Piensa que por el momento tu magia no está regulada, no la puedes controlar, por eso cuando estás nervioso se produce la magia. La varita ayuda a frenar eso.
— ¿Y por qué no podemos ir ya a por ella? —Todo sería mucho más sencillo si esos accidentes dejasen de pasar. Al menos para el bolsillo de su madre que no podía estar reponiendo todo lo que él rompía por accidente, porque ya bastante rompían sus hermanos con las trastadas.
—Es importante esperar hasta que no puedas controlar la magia por ti mismo, pues una varita prematura puede refrenar el potencial del mago. Por ahora, salvo los escapes de magia, eres capaz de controlar bien esa magia, e incluso aprovecharte de ella para tu favor. — ¿Acaso Emely conocía sus hazañas en la clase de matemáticas para que la profesora no descubriese que no había hecho los deberes?
—Ya veo... —Se llevó el lápiz a la boca para mordisquear la parte de arriba con gesto pensativo. A saber entonces cuándo tendría su varita.
—Será mejor que te ponga el horario mientras miro las notas a ver si me falta algo más para esta primera clase. —Golpeó con la varita la pizarra para hacer aparecer el horario. Con rapidez, Strom se dispuso al copiarlo, mientras la profesora leía unos folios que tenía delante de ella. —Bueno, sí. Para el año que viene tenemos planeada una excursión al Fränkische Alb, el bosque que tenemos aquí en Nuremberg. Es una excursión al que van a acudir a todos los niños magos de Nuremberg. Es una buena ocasión para que conozcas a otros compañeros de tu edad.
¿Niños de todo Nuremberg? Strom se había quedado mirando la pizarra. Ni siquiera conocía a sus compañeros de escuela, si es que había más magos, aunque por la charla del día anterior en la que su madre estuvo delante podía intuir que tenía compañeros mayores.
—Frau Reuter, ¿dónde se compra la varita? —Preguntó cuando había terminado de copiar el horario.
Al parecer no variaba en nada del anterior salvo por esa asignatura y por el orden de las clases. Bueno, al menos no tenía que echar más horas, como sabía que se hacían en algunas escuelas, puesto que al salir de ahí tenía que ir a recoger a su hermano pequeño de la guardería; su madre trabajaba por las mañanas al otro lado de Nuremberg y no le daba tiempo a pasar a por él.
—Tenemos que ir a Altenau, que es donde tiene el fabricante de varitas el taller.
Aunque no sabía donde estaba dicho lugar, precisamente por eso al niño le pareció que estaba muy lejos. Cuando llegase a casa lo buscaría en un mapa o en el ordenador que tenían en casa para cosas puntuales.
El timbre de la escuela sonó, lo que daba por terminado aquel tramo. Fuera, los alumnos recogían sus cosas para cambiar de materia, pues hasta las doce no era el horario de recreo. Allí dentro, Strom miró a la profesora, pues no sabía que hacer.
—Bien, supongo que ahora nos toca Lengua. —Anunció ella sacando el libro de la asignatura.
Aquello era algo que a Strom le parecía bastante conocido, por lo que cambió la libreta y sacó también su propio libro.
A las doce como cualquier otro niño de aquella escuela, Strom salió al recreo. Se iba a reencontrar con sus amigos de su antiguo grupo que seguro que le preguntarían por el grupo D. Y obviamente no podía contar nada de la verdad del grupo D.
—Vaya, mirad quién viene. —La voz de Albuin Hochheim fue la primera que escuchó mientras el mago corría hacia el grupo.
— ¿Dónde te habías metido? La profesora de música no podía abrir el armario donde tiene guardado los instrumentos. — Jannik Prager se unió a la conversación.
—Bueno... digamos que me han cambiado de grupo. —Intentó decirlo de algún modo, pero en sí era lo que había pasado y no podía ser más sincero.
— ¿Y a cuál? Porque Rupert dice que no te ha visto, y Rosemarie tampoco.
Y allí estaba la pregunta del siglo. Strom se pasó una mano por la nuca, notando como los mechones oscuros de su pelo empezaban a ser largos. Apenas se había dado cuenta de ello.
—Bueno, estoy en el grupo D.
—Pero... ¿no habían cerrado ese grupo?
—Estaban a la espera de que llegara la profesora y bueno... ¡Ya ha llegado! ¡Hagamos algo! Llevo sentado todas estas horas porque estoy en las aulas de arriba del colegio. —Intentó cambiar de tema, y por el momento parecía que fue útil porque sus amigos le siguieron el rollo y pronto estaban todos ellos jugando a la pelota que el anterior mencionado Rupert Lichtenfels se había traído de su casa.
No sabía lo que pasaría con él una vez terminase aquella etapa escolar, cuando entrase a la secundaria y le tocase entrar en una escuela para magos, ya no la gran escuela de Nuremberg, pero sí la que al parecer estaba cerca de aquella escuela. Si seguiría viendo a sus amigos o si tendrían tiempo para quedar, por lo que mejor aprovechar aquellos años de escuelas y disfrutar.
