SOUVENIR MATRIMONIAL
CAPÍTULO 07: LITERALMENTE
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Su cara me dice que ya sabe que ha caído en mi segunda trampa~. Esperaba que se demorara más para disfrutar el shock, pero parece que no puedo engañarlo totalmente eh… - Izaya suspiró desde el área más cercana. Quizás ya era el momento de utilizar el celular de Shizuo y llamar a Namie para que le enviara algún tipo de ayuda. Al menos eso era lo único que podía darle la estúpida existencia de la bestia de Ikebukuro a cambio.
Ahora si estarían a manos porque Kazuka no podría llamarlo y sería más difícil que se volvieran a encontrar.
¿A dónde crees que vas? – Una mano sujetó a Izaya desde el brazo y le dio vuelta violentamente contra la pared.
¿Sucede algo, Heiwajima-san? – A pesar de que tenía el disfraz, Izaya sentía que su sorpresa estaba escurriéndose exteriormente.
¿Shizuo podría olerlo de casualidad?
¿No había sido suficiente aromatizante para despistarlo aunque sea un poco?
¡Corta esa mierda! ¡Sé que eres tú, Izaya! – Shizuo despedía un aura de muerte.
Izaya sabía ahora que el aromatizante y el disfraz no habían sido suficientes después de todo.
¿Qué se te ofrece, Shizu-chan~? – Era inútil negarlo a estas alturas.
¿Qué que se me ofrece…? ¡¿En serio tienes el descaro de preguntarme eso?! – El rubio agarró ahora el cuello de Izaya y lo presionó con fuerza para que no pudiera respirar. Él podía escuchar a los hombres corriendo hacia ellos, su única escapatoria temporal era tomar el ascensor y ver donde podía asesinar sin misericordia a la maldita pulga sin que nadie lo molestara. Le daba lo mismo esconder las pruebas incriminatorias en su contra.
Que todo fuera por la muerte de su Némesis.
"¿A dónde me lleva…?" – Izaya comenzaba a espantarse. Los únicos que podían verlos a ellos eran los yakuzas, pero al Shizuo dar un buen salto antes se les había escapado por mucho hasta llegar a él. Por esa misma razón los yakuzas habían quedado bastante atrás.
No había manera que ellos pudieran alcanzarlos a tiempo.
Justo en ese instante, Izaya vio como la puerta del ascensor se cerraba lentamente, dejándolos a los dos solos en el incómodo silencio. El bartender presionó el piso más alto del edificio y pasó su atención al desdichado informante que estaba poniéndose azul por la falta de aire. Decidió que era mejor quitar su mano de su cuello y encargarse de lo otro que si estaba sacándolo de quicio en su totalidad.
Algo peor que ver la cara del mismo Izaya.
Sin previo aviso, Shizuo abrió el saco de Izaya y sumergió sus manos dentro de la ropa de este.
¡¿Q-Qué haces?! ¡S-Suéltame, N-Neandertal! – La sonora indignación con dosis de falta de aire y vergüenza se hizo sentir de inmediato.
¡Quédate quieto, maldición! – Shizuo dijo molesto mientras una mano seguía su camino por la cintura y espalda baja de Izaya.
¡¿Q-Qué me quede quieto?! ¡¿Por qué debería?! ¡¿Dónde p-piensas que estás tocando?! – Izaya trataba de alejar a Shizuo de su cuerpo, pero solo tenía la recompensa de ver su propio rostro abochornado reflejado en el espejo del ascensor. Ya no había mucho que hacer desde su perspectiva.
¡Cierra la boca! ¡Demonios! – La otra mano se había escabullido por debajo de la camisa para moverse entre la tela y la piel de Izaya. Este ya no comprendía qué estaba buscando Shizuo con todo eso. Le incomodaba grandemente ese repentino y absurdo manoseo por parte de la bestia.
Por no decir, que le desagradaba mucho.
¡Ve y búscate a alguien más! ¡Si tan frustrado estás, mejor sal y diviértete contigo mismo! ¡Animal imbécil! ¡Perro Malo! ¡Idiota! ¡Violador! – El Orihara no sabía que más decir para que Shizuo parara de tocarlo tanto. Él tenía una remota esperanza de que se abriera el ascensor y alguien lo rescatara de ese intento de quien sabe qué.
¡¿Violador?! ¡¿A quién demonios le agradaría siquiera pensar en violarte?! ¡Enfermo mental! – Gritó Shizuo con fastidio evidente.
¡¿Jaaaaaah?! ¡¿Yo soy el enfermo mental?! ¡¿Quién es el que está contra la pared siendo desvestido sin su consentimiento, animal de circo?! ¡Soy la victima!– Gritó Izaya ahora.
¡No te violaré, pulga chupasangre! ¡No te preocupes! ¡Preferiría cortármelo antes que usarlo en ti! ¡Así que no sueñes! – Devolvió el rubio.
¡Bien! ¡Te lo cortaré y te lo daré de comer en un plato entonces, peliteñido retrasado! – Izaya contestó la primera cosa que se le vino a la mente.
¡Atrévete si puedes, insecto! – El Heiwajima alzó a Izaya con una mano molesto, al hacer eso lo que buscaba en el informante cayó al suelo sin más.
Oh, ahí está. – Shizuo sonrió al ver que el origen del aroma que le irritaba ya estaba lejos de Izaya.
No me digas que eso es lo que buscabas, Shizu-chan. Y yo que me molesté en ocultar el olor que taaaaaanto te enfurece. ¿O es que tienes un aroma favorito? Dime cuál te gusta la próxima vez para evitar que vuelvas a tratar de hacer eso de hace un rato. ¡Es desagradable…! – Izaya entendió el significado de las acciones anteriores de Shizuo y lo demostró con su declaración plenamente llena de sarcasmo.
No te molestes. Ese olor artificial es más molesto que tú o quizás igual de engañosa que tu sucia existencia. – Él posó su dedo con fuerza en la frente de Izaya.
¿Lo que estás diciendo es que lo percibes como si te estuviera tratando de engañar? Pues genio… ¡Eso es lo que intentaba! Ah… ¡Es cierto~~! ¡Me detestas porque me consideras engañoso, en parte! ¡Jajajajajaja! ¿Sabes? Estás contradiciéndote tú mismo, Shizu-chan. – Izaya comenzó a reírse a carcajadas dejando de lado que hace unos meros segundos había estado al borde del pánico por la incertidumbre de lo cambiante de la bestia.
No me interesa lo que pienses. Solo quité la primera cosa que me molestaba de ti. Voy con las demás. Será como quitarle las patas a un horrendo ciempiés. – Shizuo sonrió sádicamente, aún seguía furioso por todo el fiasco de la boda engañosa.
¿Por dónde él debería comenzar a destrozar?
¿Los brazos?
¿Las piernas?
¿Su mandíbula para que no pueda hablar o gritar?
¿Tal vez sacarle la lengua de un tirón?
Los pensamientos homicidas se reflejaban directamente en la mirada del barman.
"Esto es malo… No tengo a donde correr." – Izaya podía ver su vida pasando por sus ojos. El aura de Shizuo le prometía interminables torturas por haberlo metido en una boda exclusiva de Yakuzas. No estaba seguro si era buena idea tener la ligera esperanza de que algún hueso quedara sin romperse después de todo eso. Por la mirada del barman y las manos que se dirigían a sus brazos, Izaya se hacía una idea que su enemigo empezaría a triturar sus huesos para que no pudiera usar sus navajas.
Buena elección debía él admitir.
Era el curso de acción más sano después de todo, no podría usar solo sus piernas para defenderse.
Orihara Izaya no podía evitar simular toda la ola de dolor que estaba por consumirlo en su mente.
Voy a destrozarte en mi habitación. – Si dejaba a Izaya muerto en la habitación tendría el placer de disfrutar de todos esos años de desgracia que le trajo este.
Nadie lo detendría ahí.
Lamento interrumpirte, nii-chan. Pero antes tendrás que darnos algunas explicaciones o sino le volaremos la tapa de los sesos a ambos de una vez. – Mizuki posó el cañón de su pistola en la parte posterior de la cabeza de Shizuo. Por estar sumidos en su discusión habían olvidado bajar del ascensor y esconderse de los yakuzas.
Vaya, así que el organizador tiene una relación íntima con el sospechoso. ¿Qué hacemos con ellos, Mizuki? – Kazuma ahora le apuntaba a Izaya mientras le arrancaba la barba falsa de su rostro.
¿Relación íntima? ¿Quién? – Shizuo e Izaya interrogaron totalmente perdidos por la nueva acusación.
Qué intenso. ¡El decorador dijo que lo destrozaría en la habitación! ¡Kyaaaa! – Gritó Misao roja por la declaración de Shizuo. Lo que ella no sabía era que Shizuo hablaba en sentido literal y no del modo sexual como todos habían entendido.
