Meses después, Giselle se ha dignado a actualizar(?).

¡Hola a todos!

Sé que me he tardado en actualizar pero, este capítulo le hice cambios en su totalidad, entonces tardé más de lo esperado. Y luego la escuela D: Bien, este capítulo es relativamente corto porque lo dividiré como en dos partes. Algo así.

Espero que les guste~.

Muchas gracias a todas personas que dejan review, leen y siguen. Les agradezco de todo corazón.


3.-Caer ante el enemigo.

Cuando sintió su cuerpo plasmarse con una superficie dura y suave a la vez no evitó soltar una exclamación de dolor. Levantó el rostro y pronto se vio rodeado de varias personas. No evitó tampoco el sentirse nervioso. No sabía quiénes eran y que podían hacerle. Después sintió que algo le empujaba, era el chico quien le había empujado pero este se levanto rápidamente y le tendió la mano.

-Bienvenido a nuestra fortaleza.-le dijo con una gran sonrisa enorgullecida en el rostro.

-¿Fortaleza?-preguntó confundido Eren admirando aquél lugar.

-¡Así es!-le respondió aún alegre.- solo deja que te expliquemos.

-Connie, ¿Quién es él?-preguntó un rubio alto acercándose de más.

-Él es la pieza del futuro, Reiner. Hannes lo dejó escapar. –aseguró el más bajo.

El nombrado enmarcó una ceja. Necesitaba saber más sobre aquél chico castaño que lo veía repentinamente de una manera seria e imponente.

-Bien.-sonrió altanero.- ¿Por qué podemos confiar en ti? Hannes lo hizo. Muéstranos por qué.-le dijo el rubio mientras le miraba fijamente a aquellos ojos inundados de fuego verde.

-Yo no lo sé. Tampoco sé la razón por la que estoy aquí.-aclaró el castaño.- Yo vivía mi vida fuera de aquí….

-Alto.-le cortó al instante Reiner.- ¿No eres de los distritos?

-No.-dijo retomando seriedad en sus palabras.- Me secuestraron.

Todos lo presentes se quedaron pensativos a aquellas aclaraciones. Pues a pesar de que ellos pertenecían a la cúpula no estaban enterados de nada. Eso solo podía significar que era un proyecto del más alto rango y clasificado.

Ambos chicos como Connie y Reiner iban a hablar. Pero el hombre al mando apareció. Era momento de aclarar las cosas y que Eren explicara lo que le había sucedido.

.

.

El cielo negro de sus parpados cerrados era lo que visualizaban. Poco a poco fueron abriendo sus ojos para percatarse del irregular lugar donde se encontraban. Totalmente perdidos se sentían. Llevaron sus manos el suelo para apoyarse y proseguir a levantarse. En un abrir y cerrar de ojos estaban rodeados. Sus ropas eran realmente finas y complicadas…ellos, los hombres quienes los estaban rodeando eran de ese repugnante lugar. Todos se miraron entre sí compartiendo miradas frías y retadoras. No querían caer ante el enemigo.

Rivaille sintiéndose al instante amenazado, se levantó poco a poco en pose de querer guardar su distancia y más el sentido sensorial de seguridad. Debían estar alertas ante todo. Estaba a punto de cometer un error pero el sonido de una voz gritando su nombre los distrajo a niveles abruptos. Era la voz de Eren.

-¡Rivaille!-gritó mientras se abalanzaba al azabache a un fuerte abrazo.

-Eren.-le contestó tomándolo con fuerza. Realmente se preocupó.-¿Qué haces aquí?-preguntó mirando frívolamente a los otros.

-Ellos nos son malos.-dijo mientras seguía abrazado contra el otro.-Ellos son de nuestro lado.

-¡Eren!-gritó el rubio mientras levantaba del suelo. También quería ver a su amigo.

-Armin, ¡Estás aquí! –exclamó sorprendido a la vez que iba a abrazarlo también.

Pero en ese momento llegó a poner orden una persona más. Un hombre más alto, de bigote canoso y calva apareció entre la multitud de guardias.

-Veo que hay muchas cosas que explicar. Mi nombre es Dot Pixis, y soy el comandante de aquí. Para estas alturas ya deben saber quiénes somos…-dijo con voz claro esperando respuesta de los visitantes fuera de los muros.- Los protestantes.-les dijo.

-Explíquese.-escupió Rivaille aun desconfiado.

-Bien, bien. No se altere.-dijo de buena gana. –Nosotros somos como ustedes. Estamos en contra del gobierno. Pero a diferencia nosotros no causamos albortos, usamos un método más …diferente.

-Son parte de la basura humana que existe aquí.-contestó nuevamente el azabache.

-Es cierto, pero no podemos cambiar eso. Por eso usamos ese factor a nuestro beneficio. Tenemos nueva tecnología que desarrollamos del sistema Factor T ayudamos a los nuevos afortunados, queremos cambiar el mundo. Nuestro mundo.

-Felicidades.

-¡Rivaille!-regañó el castaño a su pareja.

-No quiero formar parte de esto.-contestó fastidiado.

-Lo que usamos para rescatar a su jovencito, ahora llamado como una solución del futuro. Fue parte de nuestra tecnología.

-Estamos dentro de la cúpula.-dijo el azabache pensativo al tema.

-Debajo dé.-corrigió el mayor. –Les hacemos creer que somos de equipo, pero en realidad no lo somos. Arriesgamos mucho, pero es por una meta satisfactoria al final.

-¿Qué pasa si los traicionan?

-Pasará lo que tenga que pasar.- sentenció Pixis.

-Agradezco su ayuda. Pero no significa ninguna relación entre ambos grupos. –explicó Rivaille. Suficientes problemas ya tenían.

-Ustedes crean desastres siempre, su seguridad tampoco esta específicamente confiable. Es una oportunidad, ustedes quieren lo mismo que nosotros. Ver caer a nuestro enemigo en común; La cúpula.-dijo mirando a todos aquellos soldados que eran exiliados fuera de las murallas y ese mundo lleno de tecnología avanzada.-¿Me equivoco?

Nadie dijo nada. Eren quería decir salgo. Sentía su lengua temblar en su boca.

-Lo pensaremos. –concluyó el azabache privando de palabras inoportunas por parte del castaño.

Eso sorprendió a todos, a todos sin excepción alguna.

-yo…-empezó a hablar le castaño mientras tomaba la mano nívea de Rivaille. –yo quiero agradecerles por salvarme.

-confiaremos en la palabra de Hannes.-respondió Pixis al instante.

Eren asintió.

-¿Cómo nos iremos de aquí?-preguntó repentinamente Armin quien se había dedicado a escuchar cada palabra y analizar el lugar.

-Al parecer si necesitaran nuestra ayuda.-dijo más alegre el general.

-Mierda, aún así. ¿Cómo piensa sacarnos?

-Tenemos que hacer un trato, primero.

-Bastardo convenienciero.-masculló por lo bajo Rivaille.

-¡Señor!-exclamó repentinamente Bertholdt, el joven moreno que había llevado a los recién llegados ahí.- ¡Hannes ha muerto!-anunció compartiendo su estado pálido a los demás.

Eren sintió como sus órganos se revolvían provocando una sensación desagradable.

Había sido por su culpa. Se culpaba así mismo.

El quería iniciar una revolución. Sabía que eso no era posible, pues se estaba extinguiendo sin embargo, el odiaba a los hombres pálidos que experimentaron con su cuerpo. Y a Irvin lo odiaba por cooperar, por lo que se transformó.

.

.

Tomó un vaso de agua y centró sus esmeraldas en el fino cristal. Él no podía rellenarlo. El no estaba procesado y eso le alegraba a niveles enormes, él no quería ser así, el no quería una modificación genética.

Connie, el joven a su lado tomó el vaso con delicadeza que sostenía el castaño. Pasó uno de sus dígitos por el vaso y después hizo un sonido pequeño y suave, prosiguiendo a rellenarse solo. No podía negarlo, era impresionante cuanto se había desarrollado y crecido la ciencia.

Sin embargo seguía pareciendo: Falso. Mecánico. Sin vida.

-Nosotros no peleamos por la comida, Eren.-empezó a hablar el rubio de nombre Reiner. –Si no más bien por la extensión de nuestra especie.

Eren guardaba silencio, pues no tenía las palabras para expresar en ese momento. Estaba deleitado por el disgusto científico. Por otro lado, su amigo Armin estaba a su lado, quién en verdad si tenía dudas sobre la sofisticada manera de vida.

-Nos matamos entre nosotros. ¿Cuál es el sentido? –preguntó el rubio espontáneamente. No iba a callar sus dudas.

-No, no. Ustedes hacen desastre, nosotros somos más listos. Atacamos desde el núcleo. No queremos armar una revolución. Queremos cambiar nuestro entorno. –contestó el más alto.

-¡Es pura cosa artificial! –exclamó Eren escuchando tal declaración.

-No queremos volvernos máquinas, solo queremos ayudar. Por algo somos los protestantes, estamos en contra.

Iba a contestar nuevamente el castaño cuando a través del pasillo venía acercarse Rivaille.

-colaboraremos.-dijo simplemente anunciando la noticia. –Eren, necesito inyectarte una droga temporal. Para sintetizarte solo unas horas. Pasará el efecto.

-No, eso no.-replicó.

-No te estoy pidiendo permiso, estúpido. Es una orden. Si no hubieras escapado del refugio para empezar, esto no hubiera pasado.

-¡No me gusta estar encerrado, si me dejaras…!

-Basta, ya hemos hablado de esto. Ni siquiera puedes cooperar con una simple droga que es obligatoriamente necesaria. Entiende, Eren. No hay otra opción.

-Pero….

-Pero nada. Ahora me vale mierda tus reclamos, vas a usarla quieras o no. Ya han hecho mucho por ti. Haz tu parte.

Eren guardó inminente silencio. Sabía que debía obedecer a repugnante costo. Rivaille por su parte suspiró. Se acercó al castaño, y con una tosca suavidad tomó de su mentón y lo besó.

-Obedece, es por tu bien y por el de todos.

El castaño simplemente asintió. Quería estar con el azabache por siempre. A cualquier costo incluso.

Después de tomar la asesoría Eren pensaba que cada vez su imaginación se limitaba. Iba a caminar en las calles del nuevo milenio. La era en la cual no pertenecía y nunca iba a formar parte.

Era tiempo de actuar. No supo exactamente cuándo, pero sintió arder su brazo derecho. Había sido inyectado con la droga.

-La primera vez suele dolor, lo sé.-le dijo Armin regalándole una inocente sonrisa sobándose el brazo.- Y un poco la segunda.

-Esto es horrible.

-Pero también nuestra única salida. Una vez que salgamos Eren, podrás ver que no estamos en lo que solíamos creer.

-¿A qué te refieres?-preguntó confundido el castaño.

-La realidad. La tecnología es la nueva madre, pero incluso la muerte le sigue ganando.

Eren localizaba aquellas palabras que le dedicaba su amigo de colores asemejados al cielo. El exterior le daba miedo. La ciencia en el fondo…le aterraba.

Pocos escasos segundos. Sentía que en algún momento el oxígeno se acabaría, estaba acelerado, pero no había otra opción o alternativa. Solo era una. Una y nada más. Solo le quedaba a pasos el exterior: Sina. Eren sentía el calor venírsele a la cabeza abruptamente a la vez que comenzaba a sudar de los nervios. Cerró los ojos al instante cuando sintió una luz empezar a cegarle los ojos.

-Eren, no tengas miedo, vamos.-le apoyó su amigo Armin.

El nombrado asintió poco a poco y despegó sus párpados y ahí lo vio. La nueva era. El cielo de varios tonos de colores y anuncios en el mismo, esos colores magentas, cyan, y extravagantes que hacían parecer al cielo antes celeste toda una paleta de colores en acuarela.

Ese no era el mundo que él conocía. Se sentía perdido e impresionado. ¿Y ahora qué haría? Seguir ordenes simplemente, escapar, salir de aquél infierno.

.

.

-El sucesor tiene que ser suyo comandante. No solo queremos sacar adelante esta tierra. Tampoco debe de procrear con un rebelde. Teníamos un trato.-habló una voz firme desde la silla.

-Lo sé, señor. Pero creo que es más fácil de esta manera. No es lo que tú creas. O su primer hijo es suyo, o verá cómo voy acabando con lo que queda de esta humanidad. Tenemos otras variables ¿O no?

-La bilógica es la más efectiva con un 1% de fallos. Los androides presentan un 55% que salgan mal y la clonación tiene procesos de gestación muy tardados y bastante elaborados. Los más eficientes, sanos y rápidos son con este nuevo experimento.

-Entiendo. Si no quieres que empiece una revolución haz caso. Si no, ahora si empezará el terror en Sina.

-¡Pero, Señor!-reclamó Irvin.- ¡ellos ya deben haber llegado a afuera!

-Entonces ve por él y has tu trabajo.

El rubio se paró en la penumbra de la habitación. Tenía que aceptar a cualquier costo. Tampoco quería caer ante el enemigo.

.

.

-Sabes que no quiero que te unas.-le dijo con suavidad y firmeza, haciendo con su voz sonara seductora al oído.

El castaño pegó su cabeza a la pared, dejando que e azabache lo arrinconará mientras pasaba una de sus manos níveas por su torso. Empezaba a sentir como el calor de su mismo cuerpo comenzaba a aumentar a cada segundo. El olor de su pareja le imploraba sentir más tacto, que lo siguiese tocando, su esencia la extrañaba y también su piel, sus manos, sus labios y su todo.

Ahora estaban solos, en la habitación a colores sobrios.

-No es justo. -reclamó Eren con la voz baja y el rostro sonrojado.

-¿Acaso no lo entiendes, mocoso? Si te pasa algo yo me muero.

Eren al escuchar esas palabras miró al otro sorprendido por segundos, antes que él otro atacara su boca con desesperación, uniendo emociones y empezando a deliberar la pasión entre ambas lenguas, bocas y actos.

Rivaille tenía un trato del cual luego hablaría. Ese momento era solo de él y Eren y nadie más.


Sí, en el siguiente capítulo habrá lemmon(?) Y se explicarán las cosas que no se vieron antes de llegar a salvo. Será más detallado, supongo y no tan corto como este.

Solo vine a dejarles con las ganas(?) Poco a poco verán que Irvin no es taaan malo, como se lo imaginan xDD Espero que les haya gustado, nuevamente me disculpo por la tardanza.

¡Muchísimas gracias por leer!

Hasta el siguiente capítulo. ¡Los quiero, saludos!