Nota de autor:

Hola, aquí dejo un capitulo nuevo. Solo decir que agradezco los comentarios y las lecturas.

También quisiera dar a conocer que más o menos iré publicando cada día, sobre esta misma hora, dado que los capítulos hasta el quinto, los tengo preparados y listos para subir.

No los subo antes, en caso de que tarde un poco más con las actualizaciones, así la gente no se aburre de esperar. Espero que guste el capítulo y si hay alguna falla, sois bienvenidos a comentarla en los comentarios.

Un cordial saludo.

CAPITULO 2

Caminando lentamente, pero con paso seguro, se dirigió hacia las escaleras de la puerta principal del banco para ir a hacer sus compras, compras que venían en la lista de Hogwarts, porque como había dicho, había que mantener a los amigos cerca, pero a los enemigos, aún más cerca.

Saliendo a la mañana no tan ajetreada de la calle, decidió que lo primero que tenía que comprar era un nuevo guardarropa, puesto que el que tenía, se había quedado en la casa de sus tíos, junto con todos sus libros de fantasía. Libros que no tardaría en ir a por ellos.

Harry fue caminando por el callejón, mirando y observando las tiendas por las que pasaba. Iba observando cuidadosamente los letreros de las tiendas para grabárselos en la mente, así cuando terminara en una tienda, se podría dirigir hacia otra y no tendría que preguntar a los viandantes.

Para moverse por las calles le gustaba su independencia y no depender de un adulto que estuviera entrometiéndose en lo que le gustaba mirar. Libros.

Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no pasar de momento a la librería llamada Flourish y Blotts, interesante nombre, por cierto.

Pasó otro par de tiendas cuyos nombres eran algo que ver con escobas y lechuzas, hasta que llegó a la parada que le interesaba, Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones.

Como el mismo nombre de la tienda indica, se trataba de una tienda de ropa para magos, Harry esperaba que al menos tuvieran pantalones y camisetas o camisas, porque no se imaginaba ir sin ropa debajo de esas túnicas, debía de ser algo incómodo, si no estabas acostumbrado.

Pasando por la puerta, de repente se le apareció de la nada una mujer algo mayor, con el pelo largo y moreno. Ojos color castaño y una sonrisa amable adornando sus labios carnosos.

- ¿Hogwarts, querido?- Preguntó la mujer, sonriendo ligeramente a Harry.

- En realidad, Madame, venía a por un guardarropa entero. Aunque me preguntaba si, ¿Las túnicas se llevan sin nada debajo o con pantalones y camisetas o camisas?- Preguntó Harry con una mirada inquisitiva y una ceja alzada.

- Nacido de muggles, supongo. O criado por muggles. No te preocupes querido, no es un problema.- Se apresuró a añadir al ver la fugaz mirada de odio que dio al escuchar la palabra muggle. – La verdad es que las túnicas se llevan nada más, como si fueran capas cerradas. Puedes llevar otras prendas de vestir por debajo que no molestan.- Dijo la señora en un tono informativo.

- De acuerdo, entonces necesitare las túnicas del colegio, más un guardarropa entero, túnicas de vestir, de diario y si tiene túnicas para hacer deporte, también.

- No hay problema, pasa por aquí, querido. Tardaremos en función te midamos y probemos las túnicas que te queden mejor.

- La verdad, Madame, nunca he sido uno de ir a probar que ropa me queda mejor o me "pega" más, por así decirlo.- Dijo Harry con una sonrisa de medio lado.

Con una risa suave, Madame Malkin le dijo que no se preocupara, que ella misma se encargaría de que las túnicas y ropa que elija para él, hiciera que le encajen y que le "peguen" muy bien.

Lo único que le preguntó, fue que colores quería para sus túnicas y ropa, puesto que ella no podía elegir eso por él.

- Azul marino, verde oscuro, negro, gris y blanco. Por cierto me he fijado que venden botas también, necesitaría un par de ellas, pero ¿Qué diferencia hay entre los tipos de pieles de dragones?

- La verdad, no mucha, es solo estética. Yo recomendaría un par de botas de piel de dragón negro de las Hébridas, son más duraderas y resistentes.

- De acuerdo, póngame un par de botas de ésas, también.- Dijo Harry ausentemente, mientras pensaba en las horas que iba a pasar en el callejón.

Después de dos horas y media de medir, probar ropa, túnicas y escuchar atentamente sobre los diferentes encantamientos que tenía la ropa, por fin pagó por todo ello, la suma total de 115 galeones, desencogió el baúl que llevaba en el bolsillo y metió toda la ropa y las botas en el quinto compartimento, el cual le habían dicho que era exclusivo para ropa de calle y colegio.

Volviendo a encoger el baúl, se lo guardó en el bolsillo y salió de la tienda, dejando a una vendedora muy contenta por haber hecho una buena caja.

Después de la ropa, se dirigió a la librería que había visto antes, Flourish y Blotts. Entrando en la tienda un poco polvorienta, vio con cierto interés la cantidad de libros y estanterías que había por doquier. La tienda entera estaba repleta de estanterías, hasta detrás del mostrador había estanterías.

Fue caminando lentamente, para ver las secciones por temas que había. Desde adivinación, que se podía ver estaba al fondo de la librería, hasta una pequeña parte que describía la magia Zen. Interesante, primero iría al tendero para preguntarle sobre los libros de primer año de Hogwarts y si variaban por los siete años de escuela. También estaba interesado en la historia sobre el mago oscuro llamado Lord Voldemort y sobre lo que los libros escribieron sobre, él, Harry Potter.

- Disculpe, señor.- Dijo Harry, acercándose al tendero de la tienda. Un hombre de estatura media, con entradas de calvicie asomando por el cráneo. Estaría en la mediana edad, pero para los magos que envejecen más lento que los muggles, sería difícil averiguarlo. Tenía los ojos de color azul eléctrico y pocas arrugas adornando su rostro y manos. – Me preguntaba si tenía los libros de texto de primer año de Hogwarts.

- Por supuesto que los tenemos, después de todo estamos en una librería. Espera que ahora te los traigo.- Dijo el tendero, mientras cantó una palabra un tanto extraña, y los libros llegaron volando desde distintas partes de la tienda. - ¿Querías algo más, chico?

- Si, quisiera saber si los libros de segundo a séptimo año cambian, tras el transcurso del tiempo.

- No, esos libros, llevan sin cambiar desde hace cincuenta años por lo menos, imagino que los quieres también, ¿Verdad?

- Sí, señor.

- El único problema, joven, es que el de defensa contra las artes oscuras, no te lo puedo dar, dado que cambia cada año. Se dice que esa clase está maldita en Hogwarts y no han tenido un profesor decente, en digamos, cuarenta años, más o menos.

- No se preocupe, estoy interesado en ver sobre todos los temas que tiene por aquí, me interesa los distintos tipos de magia que hay. ¿Qué me recomendaría?- Preguntó Harry curioso.

- Mmm… un Ravenclaw veo, ¿Eh? Bueno los libros básicos desde transfiguración, encantamientos, pociones, defensa contra las artes oscuras (aunque cambie cada año, te puedo dar el de hace tiempo, que es el libro, con el que mi abuelo aprendió todo), teoría mágica, historia de la magia. Esos son los de primer a segundo año. Los de tercer año, cambian significativamente, según las materias que escojas para los TIMOS y EXTASIS. Pero como has dicho que te interesa todo tipo de magia, te voy a dar: Runas antiguas para principiantes, Aritmancia, Cuidado de criaturas mágicas y donde encontrarlas, política del mundo mágico (aunque esa materia, ya no se da en Hogwarts, al igual que la alquimia), alquimia para principiantes, adivinación, estudios muggles, desde un punto de vista mágico, por supuesto. Y por último, te recomiendo tomos de artes oscuras, pero no son cualquier artes oscuras, puesto que la maestría, por ejemplo, en defensa contra las artes oscuras, no existe, solo existe la maestría en artes oscuras. Por ello, el tomo uno de artes oscuras, te explicaría bastante bien lo que es. También te servirá el libro de Pociones y como prepararlas, Legeremancia y Oclumancia, aprender a defender tu mente. Esas son todas las materias que se enseñan en Hogwarts o las que se enseñaban. Una vez que leas y aprendas esos libros, ven a por más si quieres. También tenemos pedidos por vía lechuza, toma el folleto, es gratis.

- Gracias… será todo lo que has dicho.- Terminó Harry, parpadeando un par de veces ante la enormidad de todos los libros que fue recibiendo en el mostrador. Por una parte estaba la pila de Hogwarts, los de primer y segundo año, los de tercer a séptimo año con todas las optativas, aparte estaban los que ya no se enseñaban en Hogwarts, como artes oscuras, alquimia, política del mundo mágico, Legeremancia y Oclumancia.

La adivinación, había un pequeño libro, en el cual se describiría lo que era y para que servía exactamente.

Cuando pagó por todos los libros, tenía una gran pila de ellos y el tendero estaba sonriendo mucho, ya que le saldría un poco caro al niño, seguro que sus padres no estarían contentos con él.

- Será un total de 650 galeones y 25 sickles, joven. Pero dime, ¿Dónde están tus padres? No creo que te hayan dejado dinero para pagar por todo.- Preguntó el tendero con una ceja alzada.

- Soy huérfano, señor. No tengo padres y estoy en el proceso de emancipación.- Dijo Harry, un poco secamente, dado que no le gustaba dar explicaciones de su vida a la gente, a no ser que fuera extremadamente necesario, como en Gringotts, sus abogados y los sanadores.

- Lo siento hijo, no lo sabía…

- No se preocupe, señor. Tome los 650 galeones y los 25 sickles.- Dijo Harry entregando las monedas de oro y plata de su bolsa conectada a su bóveda de confianza.

Sacando el baúl como en la tienda de túnicas, guardó los libros en el compartimento correspondiente a la biblioteca y se lo volvió a enfundar en el bolsillo, saliendo de la tienda, miró el reloj de pulsera y decidió hacer una parada en el caldero chorreante, de antes para tomar un aperitivo.

Lo bueno que tenía de estar en el Callejón Diagon, es que había una entrada desde el lado mágico de éste.

Entrando en el Pub, pidió un almuerzo rápido y un refresco para tomar en una mesa, un poco alejada de la multitud. Una hora después y 3 galeones de la comida, salió del pub nuevamente para continuar con sus compras.

Primero fue a la tienda de calderos a ver cuáles se necesitaba. En la lista ponía que necesitaría calderos de peltre o cobre, así que decidió comprar los dos tipos, más unos cuantos de oro, plata, platino y bronce. Quería saber para que sirvieran cada caldero, por supuesto su curiosidad era ilimitada en cuanto a lo que se utilizaba en el mundo mágico.

Después de la tienda de calderos, fue al boticario, pero, ahí se dio cuenta de que los ingredientes de pociones, no eran de la mejor calidad, ya que estaban destinados al estudio de los estudiantes de las escuelas de magia. Aun así decidió comprar allí, para hacer sus pruebas y más cosas. También decidió ir al Callejón Knockturn, para comprar mejores ingredientes.

Unas horas más tarde, lo único que le quedaba era la varita, para ello fue directamente al Callejón Knockturn, ese callejón que era más oscuro que el resto de callejones.

Había escuchado a un mago decir a otro que las varitas que se hacían a mano en el momento, eran mucho mejores y más poderosas, sin tener que ser registradas en el ministerio de magia.

Harry, siendo prudente y no querer que nadie supiera de que estaba hecha su varita, fue a la tienda que había oído. Claro que estuvo paseando al igual que lo hizo en Diagon. Pudo ver con claridad que la gente de Knockturn estaba vestida más oscura y que vagabundeaban por las callejuelas en busca de sus compras.

Pasó una tienda llamada Borgin y Burkes, la cual decidió que iría más tarde a investigar. Otra tienda llamada Twilfitt y Tatting, que por lo que pudo ver se dedicaba al negocio de ropas de lujo o de mejor calidad que la de Madame Malkin. Otro día pasaría por allí para comprar más ropas.

Otra tienda que vio fue la misma que había en el Callejón Diagon, la botica de Slug y Jiggers, pero ésta, un poco mejor abastecida de ingredientes mejores, los cuales eran para los alquimistas y maestros de pociones. Decidió pasar otro día también, cuando haya aprendido más sobre pociones y alquimia y como preparar los ingredientes, como mezclarlos sin que resulte ningún tipo de accidentes, que tipo se han de mezclar y cual no, etc.

Entrando más adentro, pudo vislumbrar una tienda que decía: Fabricación de focos mágicos, supuso que esa era la tienda de las varitas hechas a mano, así pues decidió pasar a investigar y a comprar su varita y alguna funda para guardarla, por supuesto. No la podría llevar en el bolsillo y arriesgarse a perderla o que se le rompiera.

Tomando un suspiro largo y profundo, pasó a la tienda con paso decidido. La campana de la tienda, que había en la parte superior de la puerta, sonó brevemente. Echando un rápido vistazo sobre la tienda, la encontró bastante limpia y ordenada, para lo que había imaginado que sería una tienda de varitas hechas a mano.

La había imaginado con muchas cajas e ingredientes de varitas, por ahí tiradas y descolocadas, con polvo cubriéndolo todo. Pero la realidad era que todo estaba ordenado y limpio.

Acercándose al mostrador, pudo encontrar a un mago anciano o no tan anciano, dependiendo de quién opinara, ojeando una revista.

El anciano tenía el pelo gris en algunos sitios, en otros era de color cobrizo. Sus ojos eran una profunda gris de tormenta, de los cuales parecía que estaba examinando el alma de Harry, cuando se acercó lo suficiente al mostrador. Sus manos daban claras muestras del trabajo manual, mostrando rugosidad y muchos callos.

- Bienvenido a la tienda de fabricación de focos mágicos, señor…- Introdujo el tendero para saber el nombre de su cliente.

Harry por un lado, se pensó si decirle su nombre verdadero o no, la verdad sea dicha, ese hombre parecía tener un aura similar a la suya o a los gobblins y pensó que sería mejor no mentir.

- Potter, Harry Potter, es mi nombre, señor…- Devolvió Harry con su sonrisa de medio lado, que con el tiempo iba perfeccionando.

- Ollivander, señor Potter. Más específicamente, su hermano pequeño. Soy Titus Ollivander y me dedico a lo contrario que mi hermano, Garrick, yo hago varitas, varas y báculos en cuestión de la magia del usuario. Para ello se necesitara una prueba de poder mágico, el precio entra en la venta de lo que se lleve.

- Imagino que esa prueba, es parecida a la de la herencia que hacen en Gringotts.

- En efecto señor Potter, pero con la única diferencia, de que solo indica el poder mágico del usuario. No indica ni la herencia ni las habilidades mágicas. Si me permitiera una pregunta, señor Potter…

- Por supuesto, señor Ollivander, aunque imagino cuál es su pregunta.

- ¿Por qué mi tienda, señor Potter? Cualquiera pensaría que usted, no es un mago de luz.- Cuestionó Titus Ollivander con el ceño fruncido, pensando claramente en qué tipo de varita, vara o báculo vendería a esta persona.

Harry pensó calmadamente en la pregunta que le hizo el anciano mago delante suya, puesto que era el primero que se va hacia, dado que ningún tendero o comerciante de ambos callejones le hacían ese tipo de preguntas, incluso el de la librería de Diagon, el cual le vendió libros de artes oscuras.

- Verá…- Comenzó lentamente su explicación y arrastrando las palabras. – He oído que su tienda es una de las mejores en la fabricación de focos mágicos y que no están registrados con el ministerio de magia, no me malinterprete, no sé lo que es un mago de luz, pero no me interesa que la gente sepa de que tengo hecho mi foco mágico.- Terminó su explicación con una mirada calculadora en su rostro.

- Esta bien señor Potter, me ha saciado mi curiosidad, más aun, soy curioso de que materiales estarán hecho su foco o focos.

- ¿Focos?

- Si, verá señor Potter, yo a diferencia de mi hermano, me dedico a varios focos, entre ellos la varita, la vara y el báculo o personal. El último es lo mismo, pero hay personas que le gusta llamarlo de una manera u otra.

- Está bien, ¿Qué tengo que hacer?

- Lo primero es la prueba de poder mágico, una vez conseguido eso, iremos a la trastienda, donde tengo los materiales. Allí, usted tendrá que pasar las manos por los distintos tipos de maderas y materiales, para ver cuales se ajustan mejor a su magia. Una vez conseguido eso, iremos a por las piedras o metales que se incluirán en su foco. Es de suma importancia, pues cuan mejor mineral, mejor foco para la magia.- Terminó de explicar el señor Ollivander.

Harry solo dio un asentimiento de cabeza para comenzar con la prueba de poder mágico. El señor Ollivander sacó un cuenco parecido al que Gornuk tenía en su oficina, una daga ceremonial idéntica y un trozo de pergamino, el cual se veía que era pequeño, pues no hacía falta más.

Pinchándose ésta vez en un dedo, pues no sabía si se curaría por sí misma la mano, no quería mostrar su magia curativa y sin foco, como empezaría a llamarlo desde que entró en la tienda, pues no sabía que es lo que recibiría.

Dejó caer un par de gotas de sangre en el cuenco, no hacía falta muchas más, para solo una palabra o dos.

El cuenco empezó a brillar con las runas que lo adornaban y después la sangre desapareció, para posteriormente aparecer en el pequeño pergamino.

El señor Ollivander arqueó una ceja en cuestión de la palabra Hechicero mayor, que no se esperaba. El chico tenía poder, eso seguro.

- Bueno señor Potter, esto es una sorpresa muy agraciada. Estoy seguro que será usted todo un reto. Sígame al interior de la trastienda para que podamos comenzar su selección de focos. Primero, le haré una varita o vara, y después un báculo, es imperativo que tenga ambos focos y los aprenda a utilizar, puesto que usted, tiene un gran destino por delante, al igual que todos y cada uno de su raza, señor Potter.- Dijo Titus Ollivander en un tono de voz bajo y respetuoso, mientras se dirigía al interior de la trastienda.

Una vez los dos, tanto mago como hechicero, estaban dentro de la trastienda, el señor Ollivander le dio un gesto a Harry para que se acercara a las maderas y fuera pasando la mano, la cual fuera diestro o zurdo, por encima de ellas. En el caso de ser ambidiestro, que pasara ambas manos.

Sorpresa se llevó Ollivander al ver que en realidad era ambidiestro, cuando le vio pasar las dos manos por los distintos tipos de maderas.

Para Harry fue fácil, dado que sentía de vez en cuando un tirón en su magia en las maderas que iba pasando y eligiendo.

Sus maderas eran de tres maderas, las cuales eran: Tejo, Sauco y Acebo. Maderas inusuales para una varita, pero más inusual fueron los núcleos, que se atarían a la varita.

Sus núcleos serian de cuatro, los cuales fueron: Pluma de fénix negro, colmillo de basilisco, hueso de dementor y veneno de acromantula.

Shock siguió al señor Ollivander. Esos núcleos eran a la vez muy poderosos y muy peligrosos combinarlos en una varita. Esperaría a ver que mineral era escogido por el señor Potter.

Tenía muchos minerales para que se escogiera en su varita, claro que las runas que tendría que tallar, sería un reto, un reto que estaba dispuesto a superar y estaba seguro que el báculo sería igual de interesante.

El mineral escogido al final, como foco superior fue el diamante. Un mineral increíblemente duro, no tanto como el Adamantium o el Vibranium, que eran dos de los metales más duros que había en la tierra. Uno de ellos caído del cielo, hacía ya unos cuantos siglos.

Los muggles de áfrica solo se pudieron llevar una pequeña parte del meteoro que cayó, los fabricantes de varitas, se llevaron el resto y se lo repartieron entre ellos, lo que sobró se quedó en una bóveda en Egipto, fuertemente sellada por los gobblins de allí.

- Interesante elección de materiales, señor Potter.- Dijo Ollivander recogiendo cada material con extremo cuidado.

Los llevó levitando a una mesa de trabajo e indicó a Harry que hiciera lo mismo para el báculo, estaba muy interesado de que sería hecho. Por supuesto que las primeras maderas y materiales serian lo mismo que la varita, pero las siguientes, ¿Qué seria y cuantas serian en total? Se preguntó Titus Ollivander.

Harry con un suspiro se dirigió nuevamente a ver que maderas serían ideales para su báculo, pero antes de dirigirse hacia ellas, el señor Ollivander le indicó otra parte de la trastienda, la cual era expresamente para hacer los báculos. Yendo hacia allí, fue pasando las manos, izquierda y derecha, por encima de las maderas, encontrando las tres primeras de la varita igual. Tejo, Acebo, y Sauco.

Las otras maderas eran cuatro más, haciendo un total de siete maderas. Un numero interesante, puesto que el mundo mágico pensaba que ese número era el más mágico y poderoso.

Las cuatro restantes maderas fueron: Yggdrásill, Olmo, Nogal y Pino.

Ollivander no pudo contener su entusiasmo ante las maderas escogidas y rápidamente las levitó con cuidado hacia otro escritorio para su fusión posterior con los núcleos y minerales. Le indicó a Harry que no demorara en cuanto a elegir los núcleos y minerales, tenía demasiada curiosidad para su gusto.

Harry, encogiéndose de hombros, fue a donde le indicó el señor Ollivander e hizo lo mismo que con los núcleos de la varita.

Los cuatro principales núcleos, eran iguales a los de la varita, pero los tres últimos, eran los más raros que había en la tienda. Fibra de corazón de dragón, Negro de las Hébridas, Sangre de Unicornio, un bote que tenía dado libremente y Sangre de Hidra, una hidra con siete cabezas curiosamente.

Con un chillido de entusiasmo precoz, algo que no parecía apropiado en un hombre de su edad, Harry no pudo evitar dar una sonrisa divertida. Si entendía correctamente, su elección o mejor dicho la elección de su magia, respecto a los materiales de varita y báculo, eran raros.

Para las piedras de foco, más raro fue que su magia le guio al Adamantium y al Vibranium.

Dos piedras foco de ese estilo, en un báculo del estilo que el señor Potter eligió, era increíble, increíblemente poderoso, eso es lo que sería y un reto mucho mayor para conseguir. Estaba seguro que para el báculo tardaría por lo menos dos semanas en lograrlo.

- Señor Potter, es un placer tenerlo en mi tienda y un honor, pero me temo que su báculo no estará listo hasta dentro de dos semanas. Su varita, por el contrario, tardaré entre uno o dos días. Si pudiera quedarse en el Caldero Chorreante, mientras que trabajo, le mando una lechuza cuando tenga todo listo, o prefiere primero la varita y luego el báculo. Sería mejor si obtuviera las dos cosas conjuntamente…- Empezó diciendo a toda prisa el señor Ollivander, claramente por la excitación y antelación que sentía por el reto que se le ponía delante.

- Como usted quiera, señor Ollivander, después de todo es el profesional aquí.

- Entonces nos veremos en dos semanas, señor Potter.- Lo despidió rápidamente, acompañándolo a la puerta de la tienda y viéndolo marchar, nuevamente hacia el Callejón Diagon y seguramente al Caldero o alguna propiedad que tenga. Tendría que pedir a la lechuza que buscara al señor Potter o donde vivía éste, o si tenía un buzón.

Bueno, mejor sería ir a preparar los focos del joven hechicero y ya se preocuparía por como contactar con él, cuando llegara el momento.

Una vez fuera de la tienda del fabricante de focos, Harry volvió al Callejón Diagon para ir a contratar un buzón de lechuza. La tienda estaba justamente al lado de otra, que también le llamó la atención, por una criatura pequeña, un ser de orejas puntiagudas y ojos saltones. Encerrado en lo que parecía una jaula de hierro, el ser miró fijamente a Harry con… esperanza de ser liberado o por lo que pudo observar de un pequeño letrero, comprado. Era un elfo doméstico el que estaba en el escaparate. Le recordó a Harry de sus días de esclavitud en los Dursley, cuando no sabía que tenía la magia ni el poder, para defenderse.

Con un fuerte suspiro, pasó a la tienda para ver que podía hacer por la pobre criatura. Dentro de la tienda lo recibió un tendero de aspecto hosco y malhumorado. Harry ni siquiera se fijó en sus características, lo único que hizo fue señalar a la criatura enjaulada y preguntar en un susurro como siseante, cuanto costaba.

El tendero, pensando que el joven era un hablante de Pársel, por haber oído el siseo, se asustó y empezó a temblar de miedo, hasta que notó que Harry volvió a preguntar, pero esta vez en un tono mucho más claro y amenazador.

Mil galeones, le dijo el tendero. 500 si no volvía por esos lares nunca. Harry felizmente pagó los 1.000 galeones al tendero y el elfo quedó libre de la jaula.

Una vez libre de la jaula, se le dijo al elfo que siguiera a su nuevo maestro fuera de la tienda, para ir justo a la tienda contigua, a contratar un buzón lechuza, mientras tanto, Harry le preguntó acerca de su nombre y sus ocupaciones como elfo.

- ¿Cómo te llamas? Y ¿Qué ocupaciones realizas? Debes saber, que eres el primer elfo doméstico que veo.

- Dobby, señor. Soy un elfo criado para servir a cualquier petición que el maestro necesite.- Dijo el pequeño ser con una voz chirriante.

- Encantado Dobby, mi nombre es Harry Potter y me gustaría que fueras a la mansión Potter y me esperes allí, ¿Sabes dónde está?

- Si, maestro Potter, señor. Cuando un mago compra un elfo, ese elfo se une a ese mago al instante.- Dijo Dobby con ojos más anchos de lo que podía ser realidad.

Con un chasquido de dedos, Dobby desapareció para ir directamente a la mansión Potter. Ahora que lo pensaba Harry, probablemente tendría problemas con los otros elfos por comprar otro. Aunque Gornuk le dijo que no sabía con certeza cuantos elfos domésticos había en mansión Potter. Puesto que cuando los gobblins, dedicados a erigir las salas de protección y el fidelius familiar, no pudieron ver muchos de ellos, solo un par. El elfo cabeza y otra elfina igual de vieja, que el jefe de los elfos.

Con un encogimiento de hombros, Harry pasó a la tienda de los buzones lechuza, para alquilar o comprar un buzón, con la mayor seguridad posible que tuviera.

En esa tienda no tardó mucho tiempo, una vez especificado lo que quería. Solo le costó 500 galeones comprar un buzón por un periodo de veinte años. Las protecciones que puso, fue antirrobo de correo, anti seguimiento, hechizos y encantamientos de diagnóstico para cartas que estuvieran malditas o que fueran malignas y otros tipos de seguridad.

Cuando Harry terminó todas sus compras y negocios en el Callejón Diagon se fue a la zona ubicada para trasladores y aparición. Diciendo el código de activación del traslador, le llevó en una espiral de multicolores y un poco de mareo a una zona llena de césped verde bien cuidado y por delante de él, una mansión enorme.

En las puertas de la mansión estaban los elfos domésticos Potter esperando ansiosamente por su maestro.

Los elfos domésticos estaban vestidos con trajes, todos iguales, salvo aquellas que eran elfas. Para los elfos el traje era el de un mayordomo, salvo con el escudo Potter en el pecho izquierdo. Las elfas llevaban una blusa y una falda, también con el escudo Potter en el lado izquierdo.

Arriba de los elfos, se encontraban las puertas de la mansión, las cuales en ambas de ellas estaba tallado un magnifico escudo, el escudo Potter.

El escudo Potter estaba compuesto por lo que parecía ser un león alado, llevando en sus garras una espada. También había otros animales, como una enorme serpiente que estaba rodeando al león alado en forma protectora.

Abajo del escudo Potter, había un emblema en latín, que rezaba: Novissimus inimicus, vinci erit mors. Pareciera que tendría que pedir a los elfos domésticos el significado del lema, dado que su latín era un poco pobre.

Alzando la cabeza con un repentino orgullo que le inundó, se dirigió al único elfo que conocía.

- Dobby, dime podrías presentarme al resto de elfos, dado que tú los conocerás mejor que yo.- Ordenó amablemente Harry.

- Por supuesto, maestro Potter, señor.- Dijo Dobby dando saltitos de alegría contenida, haciendo que otros elfos lo miraran con extrañeza y que Harry riera ante el entusiasmo de su elfo.

Alrededor de Dobby se encontraban seis elfos más, Dobby empezó con entusiasmo a presentar a sus compañeros y compañeras, más el elfo jefe, el que dirigía a los demás elfos domésticos y se encargaba personalmente del jefe de casa.

- Estos son Pinky, Dinky, Tommy, Cronos, Jano y Titán. Cronos es el jefe de los elfos domésticos, maestro Potter.- Cuando Dobby terminó de presentar, el nombrado Cronos se adelantó e hizo una reverencia exagerada, casi tocando con la nariz en el suelo.

- Joven maestro Potter, es un honor que por fin haya vuelto. Pensamos que también le habíamos perdido.- Dijo el viejo elfo con los ojos llorosos de la alegría contenida. Pero no era el único, cada elfo y elfa también estaban llorando de alegría, salvo Dobby que no entendía que es lo que pasaba.

- El honor es mío, el haber vuelto a casa.- Dijo Harry sonriendo ligeramente a sus elfos. En ese momento, Harry se dio cuenta que solo había almorzado y que eran las cinco y media de la tarde.

- Cronos, si no es mucho pedir, me podrías decir a que os dedicáis los elfos y elfas de la mansión. También me gustaría que me dieras un curso intensivo, sobre que debo y no debo decir a un elfo, verás, no me he educado en el mundo mágico, como debería haber sido.- Pidió Harry a su elfo jefe y lo que sería personal.

- Por supuesto maestro, pero será mejor que pasemos al interior, allí os explicaré con detalle lo que hacemos cada elfo.- Explicó Cronos todavía con voz temblorosa.

Los elfos abrieron las puertas de la casa Potter y pasaron junto con su joven maestro dentro. Una vez cerradas las puertas, Cronos dirigió el convoy de elfos y hechicero hacia el estudio del Señor.

El estudio del Señor se encontraba en la tercera planta, al lado de la habitación matrimonial, habitación que Harry rápidamente haría suya. Más que nada, porque esa habitación era más grande que el salón de la casa de los Dursley. Al parecer la magia podía hacer cosas maravillosas a la hora de expandir.

Cuando Harry estuvo sentado en la silla del Señor, Cronos empezó una explicación sencilla de lo que se dedicaban cada elfo doméstico.

Pinky y Dinky al parecer eran las elfas encargadas de la cocina únicamente, ellas se encargaban de limpiar y cocinar en la mansión.

De los jardines se encargaban Tommy y Jano. Dado que los jardines eran enormes y también había invernaderos, tenían que turnarse las horas que estaban trabajando. Ahora que Dobby estaba unido a la familia, podría ayudar de vez en cuando.

Titán era el único elfo domestico que se encargaba de la limpieza de la mansión y a veces se tenía que castigar así mismo, dado que no acababa las labores en el día.

Él mismo, Cronos, era el encargado de que a Harry, que ahora era Señor Potter, no le faltara de nada, es decir, que si quería un refrigerio, se lo tenía que pedir a él. Si quería comer, desayunar o cualquier cosa, seria pedirle a Cronos. En fin lo que necesitara Harry, Cronos no dudaría en dárselo.

Luego le explico sobre los castigos físicos que se daban ellos mismos si hacían algo mal, Harry con el ceño fruncido, les prohibió rotundamente castigarse a sí mismos. Si hacían algo mal, entonces él se encargaría de dar castigos, según se fuera informando de lo que no les gustaba a los elfos, pero que jamás les daría un castigo físico, ni ellos a sí mismos tampoco.

Una vez discutido todo el asunto, Harry pidió algo para cenar e invitó a sus elfos a unirse a él si querían, pero fue un grave error, dado que todos los elfos sin excepción se pusieron a llorar a volúmenes insospechados y demasiado altos para que el oído humano pudiera soportar. Cuando se calmaron, le explicaron que los elfos no podían considerar sentarse a la mesa con los maestros, ellos debían comer en las cocinas o en su respectivo cuarto. Cuando Harry pregunto dónde Vivian, le dijeron que en la alacena, eso fue un error de su parte, ya que Harry les prohibió también vivir ahí y les dijo que buscaran una habitación lo suficientemente grande y ventilada para que vivieran todos juntos si querían.

Los días que pasó viviendo en la mansión Potter los pasó conociendo a sus elfos y lo que les gustaba y disgustaba. También pasó explorando la casa y los jardines, se pudo dar cuenta de que era enorme y que si no llevaba un elfo con él, era posible que se perdiera. También pidió ver las defensas y en qué consistían, el elfo jefe le llevó al sótano, donde una enorme piedra, que parecía un menir, estaba tallada en numerosas runas de todo tipo. Ahí fue donde le dijo que las protecciones eran de todo tipo: anti aparición, anti traslador, anti criaturas oscuras, (si no estaban dentro de las salas) el encantamiento Fidelius, Golems de piedra que se activarían si las salas eran atacadas, una bóveda de magia pura para defenderse de los atacantes, hechizos, encantamientos, transfiguraciones, maldiciones y muchas cosas más si había un atacante. También había protección en contra del ministerio de magia, por si llevaba la traza en la varita, que no pudieran rastrear si hacia magia menor de edad (aunque eso a Harry no le preocupaba, dado que él la podía hacer sin varita), también había salas que ocultaba si hacía magia oscura y rituales del ministerio de magia, eso era un muy buen bono que estaría encantado de explotar una vez aprendiera sobre el tema.

Después de ver las salas fueron a ver el salón donde estaban todos los retratos de la familia Potter, incluyendo sus padres, algo que él quería ver con bastantes ganas, debido a que al haber crecido, creyendo que eran unos borrachos sin trabajo, pues era de esperar querer conocerlos. También quería conocer a su muy grande familia y la historia que llevaban.

Su baúl con sus cosas fueron dejadas en su habitación, sobre todo los libros de primer, segundo y tercer año, más el libro sobre alquimia. El resto de libros fueron a una estantería vacía de la biblioteca Potter y según fuera terminando de estudiar y practicar lo que aprendía, iría cogiendo nuevos libros.

Dobby fue el encargado de llevar el correo desde su buzón todos los días a la mansión Potter. El único correo que le llegaba era las actualizaciones que su gerente de cuentas le daba de sus inversiones, de cómo iba el caso de las denuncias a los editores que hacían mal uso de su nombre y las mentiras que eran imprimidas en el Diario el Profeta. También sobre cómo iba el caso de la emancipación y la denuncia a Albus Dumbledore, Minerva McGonagall y Rubeus Hagrid, por los cargos de secuestro y posterior abandono.

El tema de su padrino Sirius Black, no iba avanzando debido a que el ministro de magia, con el respaldo de un tal Señor Malfoy, no dejaba que avanzara.

En definitiva, salvo algunos detalles, la vida de Harry era bastante buena en comparación con la vida que llevaba en Privet Drive, es cierto que allí, cuando descubrió sus poderes o la magia, como realmente era, no era mala la vida, fue mejorando hasta el punto de que no era maltratado. Pero siempre tenía que estar vigilando las espaldas por si algún día sus familiares se sublevaban contra él. Ni que fuera un tirano que les torturaba a diario. No lo hacía cada dos días y cuando no se daban cuenta, para diversión de Harry. ¿Para eso estaban los muggles, no? Al menos Harry pensaba así, todavía no podía perdonar el abandono sufrido a causa de esos sucios muggles, aunque estuvieran influidos por un hechizo, culpa de Albus Dumbledore, no podía dejar de pensar en su estudio reciente de la persecución de los seres mágicos y su eventual escondite de los muggles.

Anteriormente le hubiera gustado recibir sus focos en su cumpleaños, pero sus elfos le hicieron una fiesta impresionante con el regalo, no tan regalo, de traerle de vuelta todas las pertenencias que tenía en Privet Drive, dando un susto, casi de muerte a Vernon y Petunia. En definitiva, fue un buen cumpleaños con los elfos, que hicieron la excepción de sentarse a la mesa con él y con sus tres invitados. El sanador gobblin que lo sanó, su gerente de cuentas, Gornuk, y el rey gobblin Ragnok.

Para éstos tres últimos era chocante que alguien humano les invitara a un día de fiesta y llevaron sus propios regalos.

Cada gobblin le regaló un arma hecha por la nación o armadura, la cual aceptó de muy buena gana y prometió que cuando el falleciera, les sería devuelto, aunque fuera un regalo. Eso último les tocó a los gobblin aunque no lo demostraron.

Cuando por fin pasaron las dos semanas de la fabricación de la varita y el báculo se volvió a dirigir al Callejón Knockturn.

Echando polvos Flú a la chimenea, dijo claramente el nombre del Caldero Chorreante para pasar a través de la pared de ladrillo. Recordaba claramente como tenía que hacerlo, gracias a los ejercicios de Oclumancia que fue practicando.

Cuando llegó al Caldero Chorreante, salió del Flú con gracia, como si hubiera viajado por allí siempre. Caminando rápidamente y sin demora fue hacia la puerta trasera del pub y abrió rápidamente la pared de ladrillo.

Dirigiéndose directamente hacia la tienda del fabricante de varitas, esta vez sin detenerse a mirar las tiendas que había por los alrededores, llegó a su destino y abrió la puerta, haciendo sonar la campana que había allí.

- ¡Señor Potter! ¡Me alegro de verle nuevamente!- Saludó Titus Ollivander alegremente a Harry.

- Igualmente, señor Ollivander. He recibido su lechuza, de que necesitaba un último ingrediente para finalizar… su creación.- Devolvió el saludo y dijo Harry en un tono curioso. - ¿Qué necesita de mí, exactamente?

- Su sangre, señor Potter.

- ¿Mi sangre? ¿Para qué?

- No se alarme, señor Potter. Su sangre es necesaria para un pequeño ritual sobre el báculo. El ritual consta que solo la persona de su sangre, séase usted y solo usted, podrá utilizarlo. Si otro intenta utilizarlo, digamos que sufrirá una suerte que pocos desearían. O mejor dicho ninguno, ya que será la muerte.- Dijo el señor Ollivander para saciar la curiosidad del joven hechicero.

- Abra el camino, entonces.- Dijo Harry en un tono expectante y con una sonrisa maliciosa.

Caminando ambos hacia dentro de la tienda, más específicos, dentro de la trastienda, llegaron al lugar de trabajo de Titus.

Sobre una mesa había lo que parecía un palo de unos 12 cm de largo y 4 de ancho y otro de un metro de largo por 5 cm de ancho.

- He ahí, señor Potter, su báculo. ¿No es hermoso?- Presentó Titus Ollivander con orgullo por su creación.

Dicha creación contaba con un color interesante, era negro con rayas o lo que se podía ver, los siete distintos tipos de madera, unidos entre sí haciendo dibujos y curvaturas únicas. Las runas que adornaban el báculo eran extrañas para Harry, pero lo más curioso, era como si el báculo estuviera vivo y lo estuviera llamando para que lo recogiese.

La varita era parecida, pero menos colorida y con igual de runas. El mango de la varita seguía siendo de madera, pero en la parte alta del mango estaba situado el diamante rojo que su magia eligió.

En el báculo estaban las dos piedras, la de Adamantium y la de Vibranium en la parte superior. Justo en el centro como si se mantuvieran flotando y estuvieran encerradas por una jaula de metales y madera. Le daba un toque sofisticado y a la vez potente.

- ¿Cómo se usa el báculo, señor Ollivander?

- No se preocupe, señor Potter. Hay libros especializados en magia a través de báculos que tengo aquí. También puede encontrar una pequeña librería en el fondo del Callejón Aurum, el cual es llevado por un Druida que te puede recomendar ciertos tomos de cómo usar ese tipo de foco.

- Gracias, pero ¿Cómo lo llevo? ¿Se puede mantener en una de esas fundas de varita que vende?

- No, señor Potter, no se puede. Lo debe llevar consigo mismo siempre. Caminando con él, como si fuera un bastón, pero a la vez no lo es.

- Entiendo, ¿Me traerá problemas en Hogwarts?

- No tiene porque, pero con Albus Dumbledore como director, nadie puede estar seguro… me parece que en la Carta de Hogwarts y el consejo de gobernadores, especifica que cualquier ser mágico con poder de poseer un foco mágico tiene derecho a su educación y nadie, ni siquiera el director ni los gobernadores tienen la potestad para no permitir la entrada de dicho ser mágico. De todas formas, en Flourish y Blotts tienes copias de la Carta de Hogwarts y de las normas de los gobernadores. Si eso es todo, señor Potter, los libros de magia con báculo, más la varita, más el báculo y una funda de varita que viene de regalo, serán 1900 galeones en total. 350 por la varita, 1400 por el báculo y 150 por los libros.- Explicó el señor Ollivander con una enorme sonrisa.

Harry pagó por sus compras sin dudarlo un momento y se cortó la mano con la misma daga ceremonial con la que hicieron la prueba de poder.

Rociando su sangre en el pináculo del báculo, vio que brilló por un breve momento y la luz plateada rojiza se apagó.

Con un asentimiento de Ollivander, recogió primero la funda de la varita y se la colocó en el brazo derecho. Después recogió la varita y una oleada de chispas verdes oscuras, plateadas y negras, con un fuerte viento salieron de la punta, reconociendo a su maestro.

Con una inhalación la colocó con sumo cuidado en la funda de su brazo derecho. Seguidamente recogió el báculo con ambas manos y lo puso de pie delante de él.

La energía multicolor que le recibió como reconocimiento fue increíble, la sala entera se iluminó de magia y parecía que el báculo le cantara en el oído o la mente, de alegría y anticipación en su futuro uso.

Con una inclinación de cabeza y una sonrisa de complicidad, Harry se despidió del fabricante de varitas Ollivander y Salió por la puerta hacia Gringotts, donde su gerente de cuentas le informaría personalmente sobre los negocios y asuntos legales que empezaron hace no más de dos semanas.