CAPITULO 4
- Gracias por su ayuda, maestro Druida.
- De nada, joven hechicero, espero verte pronto a recoger nuevos temas e incluso temas más avanzados de los que te has llevado.- Se despidió con un apretón de manos. Harry inclinó la cabeza en señal de reconocimiento y despido y salió de la tienda para dirigirse hacia el Callejón Knockturn.
Con un rápido encantamiento Tempus sin varita que aprendió de sus libros de texto de Hogwarts, vio que eran más de las 17:30 de la tarde. Genial, otro día que llegaría tarde a casa, sus elfos no estarían contentos con él por perderse una de sus fabulosas comidas, pero no podía hacer nada al respecto. Tendría que disculparse con ellos, aunque no sabía cómo. De todas formas, decidió que lo mejor sería ir al Callejón Knockturn y terminar de hacer sus compras del día.
Iría a la tienda de Twilfitt y Tatting para ver la ropa que vendían allí. Estaba interesado sobre todo en las túnicas de gala y de vestir más elegantes.
Había oído a Marius decir que en Twilfitt y Tatting,vendían túnicas de seda de acromantula, con encantamientos enfriadores para verano y calentadores para invierno. Encantamientos auto ajustables, lo que sería muy conveniente, dado que estaba en continuo crecimiento.
Pero el destino tenía otros planes para Harry hoy, más que ir a la tienda de ropa, escuchó sonidos de voces gritando por auxilio. Un auxilio que jamás vendría en Knockturn, dado el tipo de personas que lo habitaban. Cada persona tenía su reputación que mantener y su negocio allí.
Con un suspiro de resignación y más por curiosidad que otra cosa, se dirigió hacia las voces que pedían ayuda. Tal vez lo meterían en problemas esas voces, tal vez fuera una trampa de algún desalmado que tuviera malas intenciones, pero tal vez era alguien que necesitaba ayuda desesperadamente o por como vislumbró, dos niños que estaban siendo acorralados por un hombre vistiendo harapos y con una mirada sedienta de sangre.
Mezclándose con las sombras del Callejón, decidió espiar la conversación entre los niños y el hombre.
No sería muy inteligente actuar sin pensar en un plan de acción, aunque si veía que el hombre no era disuadido por las amenazas de los niños, intervendría y posiblemente mataría al hombre despellejándolo vivo.
Cuando se dice despellejándolo vivo, había visto en una serie de televisión una vez, que su primo Dudley puso y pasó a estar cerca Harry, por casualidad, por supuesto, vio que una bruja oscura despellejaba a un hombre, dejándolo solo con los músculos al descubierto. Por supuesto el hombre había muerto en cuestión de minutos o segundos. Tendría que probarlo, como había averiguado en numerosas ocasiones, la magia se trataba principalmente de la emoción que ponías al lanzarla, el deseo que querías que hiciera y la fuerza de voluntad, para hacer que sucediera y esas tres cosas, Harry las poseía.
Acercándose un poco más para poder escuchar mejor, empezó a coger retazos de la conversación. Parecía que los niños, eran hijos de un Señor del Wizengamot, y que estaría muy pero que muy disgustado con el hombre o con su Jefe, por lo que parecía.
El hombre no paraba de decir que a Grayback le encantaban los niños y más si eran mordidos de una familia prominente como los Black.
Interesante, al parecer el hombre era o bien un licántropo o un vampiro. Y los niños, ahora identificados como Black, debían ser familia de Sirius Black, su padrino. Pues bien, no podía dejar que ese hombre les hiciera nada, después de todo, él también estaba emparentado con los Black.
Su abuela Dorea Potter, era una Black antes de casarse. Tendría que investigar qué grado familiar tenían en común, pero sería mejor pasar a la acción.
Con un plan rápido, formándose en su mente, salió de las sombras con báculo en mano e interrumpió al hombre en harapos, lo que sería una amenaza muy imaginativa de tortura.
- Creo que los estas asustando, viejo.- Comenzó conversacional Harry.
Los niños rápidamente se dirigieron su mirada hacia donde vino la voz, esperanzados de encontrar a un adulto, sus padres o incluso los aurores, viniendo a su llamado de socorro. Pero se decepcionaron al encontrar otro niño, un niño druida o hechicero, pero un niño no obstante.
Ambos niños Black saltaron repentinamente al notar que el licántropo dirigía ahora su atención a la nueva víctima.
- Vaya, vaya, otro niño que llevar a la manada.
- Así que eres un licántropo, ¿Eh? Tanto mejor. Tengo ciertas dudas, que tu probablemente serias tan amable de responder.- Dijo Harry tranquilamente y con un tinte frio que irritó al lobo.
- No creo que tus "dudas" vayan a ser respondidas, niño. Ahora ven aquí para que pueda atarte junto a estos dos cachorros…
- Creo que no me has entendido. Te lo explico. Quiero saber si lo que dicen las leyendas sobre los licántropos son ciertas, es decir, ¿Verdad que os regeneráis rápidamente? ¿Qué sois alérgicos a la plata? Esas cuestiones me tienen… digamos en la incógnita y soy demasiado curioso, también.
- Y también hablas mucho, cachorro.- Dijo el hombre dando pasos seguros hacia Harry.
Levantando una mano para darle un revés y silenciarlo, el licántropo se encontró sorprendido de que el niño se defendiera con su bastón.
Cogiendo rápidamente el báculo, le dio un golpe en el bajo vientre con la punta baja del mismo. Después giró el báculo, dando así otro golpe en la cabeza del hombre y haciéndole dar un traspié. Por ultimo levantando la mano izquierda, le mandó volar por medio callejón, hasta caer en el suelo con un ruido sordo, claro indicamiento de alguna fractura de hueso.
Volviéndose a los niños, les dijo que apartaran la mirada, puesto que no iba a ser agradable lo que vendría a continuación.
Ambos niños Black que estaban acostumbrados o medio acostumbrados a ver algo de gore, rechazaron la oferta y miraron con asombro, como el otro niño se encogió de hombros y volvió la atención al licántropo que se levantaba enfurecido.
- ¡Maldito mocoso! ¡¿Sabes quién soy!?
- No, ni me importa licántropo.
- ¡Soy el beta de Grayback!- Gritó más que furioso. Acto seguido se lanzó hacia su oponente, ciego de furia y rabia sin contener. Ojos brillando malévolamente de un dorado que hacia resaltar su lobo interno.
Por otra parte, Harry con una sonrisa, preparó su báculo para darle un fuerte revés con la aleación de Vibranium y Adamantium al hombre enfurecido.
Un chasquido seco después, el hombre cayó nuevamente al suelo, pero esta vez a los pies de Harry, sangrando profusamente por la nariz.
- Ahora, dejémonos de hacer ejercicio de calentamiento y pasemos a la investigación. Primer punto, se dice que tenéis recuperación casi instantánea. Veamos si es cierto.- Alzándolo con magia en el aire, delante suya, le hizo un corte superficial en la mejilla, de la cual empezó a manar sangre.
Alrededor del callejón, empezaron a venir gente de los negocios cercanos, gente de indudable reputación. Lo cual empezaron a subir salas de silenciamiento para que no interrumpieran al niño y al licántropo. Estaban curiosos sobre como terminaría la historia.
Harry que no había perdido noción de su entorno, noto claramente como un par de brujas o lo que parecían las brujas estereotipadas, con verrugas y todo, aparecieron haciendo un corrillo interesante.
Bueno, que vieran el espectáculo, de todas formas le vendría bien para dejar en claro un mensaje.
- Si, veo que vas curando poco a poco. Me pregunto si la herida es mayor, sanarás antes o más tarde.- Habló en un tono de estudioso, observando atentamente las reacciones del hombre.
- ¡Te mataré! ¡En cuanto baje de aquí, morirás lentamente! ¡Te despellejaré vivo! ¡Te comeré, vivo!- Gritos enfurecidos no servían de nada en el temple de Harry, puesto que lo que solo le devolvió fue una sonrisa maniaca y malévola, que hizo correr escalofríos por las personas que estaban viendo la reacción del niño.
Dicho niño pasó a mirar en los ojos del licántropo, para poner a prueba su Legeremancia.
Lo que encontró en su mente, le sorprendió a más no poder. El hombre tenía barreras mentales que eran fuertes. Bueno un poco más de persuasión mental no haría daño, ¿Verdad?
Empujando con su mente, trató de entrar en la del licántropo, para descubrir que le estaba haciendo daño mental, puesto sus alaridos de dolor, lo decían todo. Persistiendo en entrar en la mente, apuntó con su báculo a la cabeza del hombre y dijo el hechizo en voz alta, tan alta que todos los que estaban haciendo corrillo, lo pudieron escuchar. – Legeremens.- entonó Harry.
Con un fuerte grito de angustia mental proveniente del hombre, Harry logró entrar en su mente sin más dificultad y lo que vio, le repugnó y enfureció a niveles más altos.
El hombre, que se llamaba Doyle, tenía planeado morder a los niños Black sin transformarse, solo para ver el dolor y la angustia y regodearse en ellos. También vio su pasado y presente. Sus acciones a las órdenes de ese Fenrir Grayback. Vio como Voldemort lo marcaba como mortífago y como amputaba y mutilaba a jóvenes niños por diversión.
Si una cosa enfurecía mas a Harry, era que dañaran a los niños, pues él había sufrido como uno y no lo podía permitir.
Saliendo de esa sucia mente, la mirada de Harry cambio drásticamente y los que lo observaban retrocedieron un par de pasos, sabiendo o prediciendo lo que iba a suceder.
Regulus y su esposa decidieron ir al Callejón Diagon por la mañana junto con sus hijos, para que ellos salieran un poco de la tenue casa de los Black, en Grimuald Place, Londres. Últimamente no salían mucho de casa debido a que no lo necesitaban, puesto que los elfos domésticos se encargaban de todas las tareas importantes, pero con la novedad de que sus dos hijos iban este año a Hogwarts, ahora los niños estaban ansiosos por ir a comprar más cosas.
En el caso de Cassiopeia, la cual fue nombrada en honor a una tía que tuvo en su infancia, ella estaba más que ansiosa de ir de compras, compras que solo las mujeres harían, ropa, ingredientes de pociones y algún que otro libro.
Por el contrario Alphard no tenía esos problemas de compras. Era un chico un poco retraído y estudioso, lo podías encontrar casi siempre en la biblioteca de los Black, entablando conversaciones sobre la teoría de la magia, la supremacía de la sangre pura, la cual su abuela Walburga le encantaba hablar, algo de etiqueta con el ex director de Hogwarts, Phineas Nigellus Black. Este último su padre, Regulus, advirtió a los chicos a tener bastante cuidado, ya que los retratos de los directores tenían cierto interés en la casa y sus contenidos, por ello ese retrato en particular, fue movido a una habitación, la cual no se usaba.
En fin, Regulus, Miranda, Cassiopeia y Alphard se les vio salir de la chimenea del Caldero Chorreante y tomar la dirección del pasaje de ladrillo. Si bien podrían haber hecho aparición conjunta, era un poco de dolor de estómago Miranda y no querían el desayuno esparcido por el suelo. Ya bastante algunos sangre sucia hacían eso y no era agradable a la vista.
Los chicos de Regulus pidieron a sus padres el ir a explorar un poco de los callejones que había, salvo el Callejón Knockturn, que a él irían los cuatro juntos.
Después de unas horas correteando los niños por ahí, se encontraron todos juntos en las puertas de Gringotts, para ir juntos a almorzar al Caballero Blanco, en el Callejón Diamond.
Después de comer se fueron al otro Callejón a explorarlo nuevamente y a comprar suministros para pociones y para Regulus. Después de todo, aún se sentía débil de la poción que tomó hace ya tantos años, en la cueva en la que Voldemort escondió un Horrocrux. Con suerte pudo guardarlo con fuertes encantamientos estasis, para que la cosa malevolente no hiciera daño a nadie en la casa.
Cuando por fin salieron del Callejón Aurum, solo les quedaba una parada, Twilfitt y Tatting. Dirigiéndose hacia allí, los niños Black, rogaron y rogaron a sus padres si podían ir por delante y esperarlos en la tienda de ropa.
Los padres con un suspiro de cansancio, accedieron, pero con la condición de que si se metían en problemas, solo tenían que mencionar la posición de Regulus en el Wizengamot y que rezaran para que con eso lo solucionaran, sino que utilizaran su astucia Slytherin para salir del problema.
Los niños con una enorme sonrisa, accedieron rápidamente y se echaron a correr, olvidando todo protocolo sangre pura, cual sonrisa de los padres subió a la cara.
Momentos más tarde, Regulus se arrepentiría de haberlos dejado ir, por supuesto que cuando llegaron a Twilfitt y Tatting, pudieron oír unos gritos de un callejón lateral.
Mirándose ambos padres preocupados, Regulus cogió su varita fuertemente y salió disparado junto a su esposa siguiéndole los pasos.
Cuando Regulus llegó a la escena, lo que encontró le hizo perder la comida rápidamente. El olor a descomposición, sangre y vísceras era tal que no lo podía soportar. Peor fue la escena que veía ante sus ojos, lo que parecía un hombre, estaba temblando violentamente en el aire, delante de un niño con un bastón.
Las Hags que había alrededor, dieron un paso para advertir al recién llegado que no se molestara en ayudar al licántropo que estaba siendo sostenido en el aire, al parecer había intentado llevarse a esos dos niños, que afirmaban ser los hijos de un Señor del Wizengamot.
A Regulus le explicaron la situación por una Hag que lo vio todo. Al parecer el muchacho del báculo oyó los gritos de auxilio de los niños y acudió en su ayuda.
El muchacho tenía valor y mucho poder para hacer lo que estaba haciendo al licántropo, le estaba torturando, tanto físicamente como mentalmente. Para Regulus fue un alivio que sus hijos estuvieran sanos y salvos. Después de que se hiciera cargo el niño de la bestia, le agradecería formalmente por lo que había hecho.
Harry, finalmente se cansó del licántropo y con ira planeó poner fin a la desdichada vida. Lo primero que se le ocurrió fue el de seguir torturándolo, mientras estaba en el aire. Un poco de dolor inducido, como lo había hecho de vuelta en Privet Drive, tal vez no le vendría mal, pero los gritos podrían llamar la atención no deseada. Por ello levantó la mano izquierda, la que no estaba usando el báculo y con una oleada de poder, hizo que la ropa y piel del hombre saliera disparada hacia atrás, quedando solamente en los músculos, ahora visibles para todos los que miraban.
Los dos niños que tenía detrás, rápidamente se dieron la vuelta sufriendo de arcadas. No fueron los únicos, el público que tenía, algunos de ellos, tuvieron que evocar cubos para vaciar el estómago en ellos.
El rugido de dolor y furia que soltó el licántropo Dylan, fue ensordecedor. Más aún estaba vivo el desdichado. Harry frunció el ceño momentáneamente al darse cuenta de que la piel, volvía a regenerarse.
Suponía que si volvía a hacer lo mismo, pero esta vez con la intención puesta hacia los músculos, el hombre perecería al final.
Con otra oleada de su mano, los músculos del hombre salieron volando y cayendo, donde anteriormente estaba la piel y la ropa ensangrentada.
Esta vez el hombre no rugió de dolor, ni de furia, ni de rabia. Esta vez el hombre dio un respingo en el aire y paró todo movimiento.
Poco a poco los órganos internos del licántropo, junto con toda la sangre, fue cayendo al suelo debajo de él. Harry se apartó con una mueca de asco y todavía furioso por lo que vio en la mente del hombre.
La muerte que le había dado no era comparada con lo que esperaba a hacerle al Alfa de Grayback. A él lo mataría más lentamente, lo torturaría hasta que la mente de ese perro estallara en mil pedazos y no hubiera forma de regenerarse.
Lo que no se dio cuenta Harry, fue que su aura verde oscuro, fue deslizándose poco a poco y haciéndose visible a todos los presentes del Callejón Knockturn.
Por ello cuando de repente sintió sobre su hombro izquierdo la mano de un adulto, se dio la vuelta tan rápido y bruscamente, que se pudo escuchar un suave chasquido.
Haciendo una mueca de dolor por haber hecho ese movimiento brusco, Harry miró con aire culpable al niño delante de él.
- Perdona, estaba pensando en otras cosas. ¿Habías dicho algo?- Preguntó Harry, sintiéndose culpable de haber asustado o incomodado al niño.
- Sí. Queríamos darte mi hermana y yo las gracias por salvar nuestras vidas.- Dijo el chico un poco todavía tocado por la imagen del callejón.
- No os preocupéis. ¿Puedo preguntar vuestro nombre y que es lo que hacíais en un sitio tan peligroso?
- ¿Cómo no preocuparnos?- Saltó la niña automáticamente. – Has salvado a mi hermano y a mí, de lo que seguramente habría sido una muerte horrible y lenta, sino que seguro nos hubiera convertido en hombres lobo, cosa que es peor.
- Puede ser…- Contestó Harry mirando especulativamente a la niña que se había puesto en pie de guerra tan rápido.
- Perdona a mi hermana, es un poco molesta y ciertamente no la culpo de que esté un poco asustada también. No todos los días se ve algo tan impresionante como lo que has hecho tú.
- Gracias, señor…
- Black, Alphard Black. Y ella es Cassiopeia Black.
- Gracias señor Black. Ahora, espero que no os importe que os acompañe a donde vuestros padres estén…
- Oh no te preocupes por eso, están ahí mismo. Estoy segura que han visto todo.
- Lo que me faltaba, problemas.
- ¿Eh? ¡No! Nuestros padres seguramente te agradecerán lo que has hecho. Jamás te meterían en problemas por salvarnos la vida.
- Ciertamente, mis hijos tienen razón. Soy Regulus Black, y te doy las gracias de corazón por lo que has hecho.- Dijo Regulus calmando las dudas de futuros problemas que le podría acarrear a Harry.
- De nada, señor Black. ¿Por casualidad no estará emparentado con Sirius Black?
- De hecho, señor…
- Oh, disculpe mis modales. Soy Harry James Potter. Es un placer conocerlos a todos.- Dijo Harry dando una inclinación de cabeza y estrechando la mano cortésmente con el Black más antiguo.
Para Regulus y sus hijos que fueron los que lo oyeron, dado que los demás se estaban peleando por los desechos del licántropo, arquearon las cejas en clara señal de sorpresa al enterarse de que Harry Potter, había salvado la vida de dos Black. Más curiosamente le había preguntado si estaba relacionado con su hermano.
Si le decía la verdad, lo mismo pensaba como todo el mundo, de que Sirius era un traidor, pero había algo raro en este chico.
Con un largo suspiro e inclinando la cabeza ligeramente, le susurró Regulus a Harry que este lugar, tal vez no era el apropiado.
- Tiene razón señor Black, tal vez deberíamos terminar la conversación otro día.
- O puede venir con nosotros a cenar, si no tiene nada planeado, señor Potter.- Invitó la esposa de Regulus casualmente.
Dando una sonrisa tímida, le dijo a la hermosa mujer que no quería ser una molestia, a lo cual rápidamente le dijeron que en absoluto, que estarían encantados de ser sus anfitriones.
Viéndose superado en número, Harry llamó a su elfo personal, Cronos y le dijo que esa noche, lo más probable es que llegara tarde a casa, que no cenaría.
El elfo con una inclinación profunda, sonrío para sus adentros, contento de que el maestro por fin socializara con gente.
Con un chasquido audible, el elfo domestico desapareció rumbo a la mansión Potter, dejando a Harry junto con los Black.
- Iremos por vía Flú a la mansión Black, señor Potter. ¿Ha viajado por ese método antes?- Preguntó Miranda con una sonrisa encantadora.
- Por supuesto, Madame. Viajo cada vez que quiero venir al Callejón Diagon, desde mi casa. Lo cogemos desde una de las tiendas o desde el Caldero Chorreante.
- Desde el Caldero, estará bien.- Intervino Regulus.
Con esa declaración los cinco se pusieron en marcha, con Harry y Regulus a la delantera y la esposa e hijos flanqueando los lados de ambos.
Cassiopeia iba firmemente al lado de Harry, pero tenía el problema de que el báculo lo llevaba en esa mano, por lo cual no pudo cogerle del brazo como tenía previsto.
Para Harry si lo hizo a propósito o no, era otra cuestión. De momento estaba un poco nervioso, porque iba a cenar con una familia un tanto desconocida. Si estaban emparentados o familiarizados con Sirius, no creía que le hicieran daño, pero había algo en Regulus que le incordiaba. No podía poner el dedo en lo que era y eso era un poco molesto, por decir lo menos.
Cuando llegaron al Caldero Chorreante, cada cual fue dejando un sickle de plata en el mostrador para utilizar los polvos Flú.
Miranda fue la primera en entrar en la chimenea y decir claramente el nombre de la casa, por desgracia en ese momento Alphard, estaba hablando a Harry y no se enteró del nombre a utilizar.
- Alphard, Cassie, os toca.- Intervino el monologo de su hijo, para con el señor Potter.
Alphard echó los polvos en las llamas y dijo el nombre del hogar, el cual Harry por fin se enteró. Al parecer tenía que decir número 12 de Grimuald Place. Cosa fácil, no había problema.
Para cuando le iba a tocar, Regulus le cogió del hombro un momento y le miró con el ceño fruncido.
- Señor Potter, mi familia le debe una deuda de vida, ¿Está al tanto de ese hecho?
- Creo Señor Black, que sí, estoy al tanto de ese hecho en particular. Aunque, también creo como su familia puede pagar esa deuda de vida.- Dijo Harry, pensando claramente en cobrársela astutamente.
- ¿Y cómo sería eso, señor Potter?
- Por supuesto, es fácil señor Black. Verá actualmente, estoy un poco falto de aliados y amigos. Me gustaría extender una solicitud de alianza y amistad entre nuestras familias. Estoy seguro que nos llevaremos muy bien.
- ¿Solamente pide una alianza de amistad entre las dos familias, por qué?
- Como he dicho, estoy falto de aliados y amigos. Aparte, este no es un buen lugar para discutir este tema, como bien ha dicho antes, señor Black.
- Cierto, señor Potter. No es un buen lugar. Acepte mis disculpas, pero tenía curiosidad por saber si usted sabia acerca de las deudas de vida y lo que significaban. Ahora solo tiene que dar un paso en el fuego y decir claramente número 12 de Grimuald Place, que es donde se encuentra la mansión Black.
- Por supuesto, señor Black. Nos veremos en su casa.- Con eso dicho, Harry se acercó al fuego y lanzó los polvos diciendo claramente la dirección del lugar, acto seguido se metió en las llamas verde esmeralda y después de un sinfín de chimeneas, salió por la correcta, la que dio lugar a una sala de recepción con un elfo domestico a la espera.
El elfo estaba encorvado y tenía una cara de malas pulgas, para Harry no era difícil ver, que ese elfo estaba siempre o casi siempre de mal humor. Esperaba que no le causara problemas mientras estaba en la casa de los Black, todavía no se sentía cómodo castigando a los elfos.
A los de su casa cuando los castigaba, les decía claramente que no podían trabajar en un día o dos, lo cual era un peor castigo que el físico.
La casa de los Black era lúgubre y oscura, pero limpia para un elfo domestico solamente. Harry pensó que se debía a que la señora Black también ayudaba en la limpieza de la casa. La casa sobre todo era mágica, eso se podía sentir en el aire a simple vista. Por cómo le iban dando un tour, podía decir que tenía cuatro pisos, aparte del que estaban y el sótano.
Actualmente llegaron a una sala de estar a esperar a que la cena estuviera lista. El elfo doméstico, que se llamaba Kreacher, parecía aún más hosco cuando le dijeron que Harry se quedaría en la cena y debía ser tratado como un invitado de honor.
El retrato que había en la habitación no estaba muy de acuerdo, hasta que Harry intervino y le preguntó si era Walburga Black.
Decir que la vieja bruja del retrato estaba sorprendida era un eufemismo, pero en cuanto le explicó que él en su casa tenía retratos de Charlus y Dorea, ésta dejó la sorpresa y el descontento de lado. Después de todo eran familia, primos segundos, pero familia.
Una vez que Walburga Black aceptó el hecho de que Harry Potter estaba en Grimuald Place y de que éste no era nada parecido a las historias que se contaron de él, siendo un mago de la luz, más que nada porque Regulus le relató la historia del licántropo en el Callejón Knockturn.
- Y dime señor Potter…- Empezó el retrato de la vieja bruja, inclinándose en su asiento remilgadamente. - ¿Que hacia usted en el Callejón Knockturn?
- Pues tenía pensado ir a Twilfitt y Tatting a comparar túnicas de las de Madame Malkin.- Dijo Harry para toda la sala. Así no tenía que repetir por qué estaba en el callejón.
- Yo me alegro de que estuvieras ahí, sino solo sabe Morgana lo que hubiera pasado…- Dijo Miranda en un tono apesadumbrado.
- Por supuesto señora Black…
- Por favor, llámame Miranda.- Interrumpió Miranda Black.
- De acuerdo, Miranda.- Dijo Harry con una sonrisa de las suyas, entre encantadora y de las que daban un poco de miedo o inquietud. La cual no surtía efecto en ningún miembro de la familia, dado que estaban acostumbrados a ver y dar ese tipo de sonrisas. – Verá, mientras me acercaba oí lo que eran gritos de socorro, aunque no sabía si podría ser una trampa o no, dado en el sitio en el que estaba. Tampoco me preocupaba por que fuera una trampa, tengo recursos para salir airoso de ciertas situaciones. Lo que vi después, hizo que mi sangre hirviera. Debo confesar que no me gusta que a los niños se les lastime, sobre todo si son magos o brujas, independientemente. Así que decidí actuar e hice que el licántropo cambiara de objetivos, lo demás como se suele decir, es historia que conocemos.- Terminó Harry de explicar a una sala en silencio.
- Gracias, señor Potter, de nuevo. Por todo lo que has hecho por mis hijos. Como he dicho antes, te debemos una deuda de vida…
- No se preocupe, señor Black. Tan solo con la amistad y alianza de nuestras dos familias me conformo, después de todo somos familia también. Y por favor llámame Harry, creo que podemos tutearnos, dadas las circunstancias.- Dijo Harry en un tono que no admitía replicas.
Walburga y Regulus, aún estaban un poco sorprendidos de que Harry solo quisiera la amistad y alianza de la Casa Black.
Muchos magos y brujas hubieran pedido oro o favores en el Wizengamot, pero el chico, solo pidió amistad. Es cierto que con la amistad vendrían los favores, pero de momento ninguno de los Black cayó en la cuenta. El resto si lo hizo, no dijeron nada.
Unos momentos más tarde, la cena fue servida y las conversaciones cambiaron a un tinte más alegre.
Los niños Black hicieron una batería de preguntas a Harry acerca de su vida en el hogar, preguntas que eran similares a las que le hizo Rita.
Con una ceja alzada, les preguntó si habían estado en contacto con Rita Skeeter, los niños para su vergüenza, dijeron que no, que lo que pasaba era que esas preguntas se las hicieron a menudo mucha gente. Para colmo de males, Miranda y Regulus estaban de acuerdo con sus hijos.
Por otra parte Harry, consideró contar la historia nuevamente o esperar a que saliera en el Diario el Profeta. Viendo que le valdrían más puntos con la familia, como decían los muggles, decidió que mejor contar la historia de su vida nuevamente, pero después de la cena. Algo que acordaron todos.
La conversación siguió por otros temas, como las casas de Hogwarts en las que pensaban entrar. Harry todavía dudaba de entrar en Ravenclaw o Slytherin. Poseía ambas cualidades de ambas casas, se lo dejaría a elección del sombrero seleccionador.
Cuando la cena acabó, Regulus preguntó por los negocios en los que estaba la familia Potter, había oído rumores, por supuesto, pero eran solo eso, rumores.
- La familia Potter está involucrada en el mundo mágico y el mundo muggle en muchos negocios.- Empezó Harry, para verse interrumpido rápidamente por Alphard al decir que el mundo muggle no valía para nada.
Harry le dio la razón y le dijo que solo había invertido en ciertos negocios, para pasar todo el dinero que consiguiera de ahí en oro. Era como robarles algo a los muggles y ver con cierta diversión que no podían hacer nada para evitarlo.
Aunque su observación no valiera de mucho, Harry se puso serio y le dijo claramente a Alphard, que haría lo que fuera para que la casa Potter no le faltara de nada e hiciera su oro, de dónde provenía ese oro, no incumbía a nadie salvo, él. Claro que cuando se enteraron que casi hacia un millón de galeones a la semana, la cosa cambió, aunque el ambiente estaba todavía caldeado por Alphard, pensando que Harry era un amante de muggles.
Al terminar los postres fueron al salón a tomar unos refrigerios o té. Para los adultos una copa, para los niños, o bien té o cerveza de mantequilla.
Harry contó la historia viéndose interrumpido de vez en cuando en algún punto, pero la contó entera y con la verdad nada más.
Cuando dijo que el mismo había devuelto un poco de tortura a sus "parientes" a Alphard se le pasó el cabreo y sonrió nuevamente a Harry.
Poco después le llevó aparte y le pidió disculpas por llamarle amante de muggles, ahora veía la astucia en robar o tomar el dinero de los muggles y convertirlo en oro, un buen negocio, si le preguntaban.
Con una sonrisa Harry se despidió de la familia Black prometiendo volverse a ver antes de que las clases comenzaran.
Antes de que Harry se marchara, Regulus le pidió un momento para hablar en privado, en el despacho del Señor.
- Veras Harry, te he traído aquí, por un par de cuestiones antes de que te vayas.- Dijo Regulus, esperando no ofender a su invitado.
Con un asentimiento de cabeza, le instó a que continuara.
- Bueno, la primera de las razones es que debido a nuestra alianza, me gustaría ser el primero en romper el hielo, pidiendo un favor.- Dijo tentativamente.
- ¿Qué clase de favor?
- Como sabrás, soy proxy para la casa Black, en cuanto mi hermano esté en Azkaban. Él está ilegalmente, dado que nunca recibió un juicio justo y se dé buena tinta, que nunca fue un mortífago. Me preguntaba si harías que le dieran un juicio bajo veritaserum, tú tienes el poder político para pedirlo, no solo eso, sino que tienes cinco votos, junto al asiento Potter.
- Entiendo. Esa cuestión no debe preocuparle. Tanto en Gringotts, como mi abogado el señor Greengrass, estamos haciendo lo posible para sacarle de allí. En lo referente al asiento, en la próxima reunión del Wizengamot, que cae en septiembre, Marius va a reclamar el asiento en mi nombre.
- ¿En serio? Si quieres puedo hacer que sea más fácil de reclamar, dado que tiene que haber un Señor que lo respalde. Imagino que su hermano Alexander lo hará, pero si la casa Black también lo respalda, muchas de las otras casas no se opondrán.
- Eso sería genial, Regulus. Zanjada esa cuestión, se me presenta algo que le encantará.
- ¿Y qué seria eso?
- Verá, Dumbledore en su calidad de Guardián Mágico, hacia mi persona, decidió que también se sentaría como proxy ilegal en mi asiento. Tengo la intención de derogar cualquier ley sacada por él, desde 1981 hasta la actualidad y me vendría muy bien que una casa como la Black, secundara la propuesta.
- Para hacer algo así, me temo que tendrá que tener por lo menos quince asientos a su favor. Pero veré lo que pudo hacer.
Mientras tanto, pienso sacar unas leyes, leyes que puedo asegurarte no irán en contra tuya. Y me gustaría que el asiento Potter me apoyara. Una de esas leyes es acerca de la caza muggle, volverla a legalizar.
- Estaría encantado, Regulus.
- Bien, pues eso sería todo lo que tenía que proponerte. Brindemos con un poco de Whisky de fuego, pero no se lo digas a Miranda ni a los niños, que si no estarán encima mía constantemente.- Hizo una pequeña broma en cuanto a dar alcohol a un menor.
Con una sonrisa de complicidad, Harry le aseguró que no diría nada y dio a entender que estaba familiarizado con la bebida.
Después del brindis, Harry le preguntó acerca de la biblioteca Black y sus libros.
- ¿Estas interesado en alguno? Te lo puedo prestar, si así lo deseas, pero me temo que tendrá que estar de vuelta. Al fin y al cabo es propiedad Black.
- Más que interesado en alguno, Regulus, estoy interesado en el contenido en sí. Me preguntaba si habría algún hechizo para aprender de un libro sin tener que pasar las horas tediosas, de leerlo primeramente.
- Si, Harry. Hay un ritual y un encantamiento. El ritual consta de varias partes, tanto positivas como negativas. Sin embargo el encantamiento, que te voy a dar gustosamente, trata de aprender únicamente la teoría, la práctica deberás aprenderla por tu cuenta.
- ¿Y el ritual, de que consta?
- El ritual, es un poco complicado de realizar, sobre todo por la compra de los ingredientes, algo que se tiene que o bien pedir a Gringotts o comprarlas en el extranjero. Pero la teoría nos asegura que una vez hecho, el individuo podrá aprender cualquier cosa de cualquier objeto que toque. Lo malo es que no solo aprenderá lo que hay en ese objeto, sino también su historia. El lado positivo es que en los libros, aprenderías tanto la teoría como la práctica.
Pero me temo que debo advertirte sobre el ritual, es mejor que esperes a que tu núcleo mágico llegue a la madurez, pues puede ser peligroso en caso contrario. También debes tener para ambos, ritual y encantamiento, buenos escudos de Oclumancia. ¿Sabes lo que es?
- Por supuesto, los tengo. Si quieres puedes probarlos, hoy he ido poniendo algunas defensas que he ido viendo por los callejones.
- De momento esperaré hasta que lo tengas dominado. Cuando tengas buenos escudos, con paisaje mental incluido, haremos la prueba. Mis hijos poseen buenos escudos, al menos para darse cuenta de si un legeramántico entra en sus mentes.- Explicó Regulus, mientras que apuntaba en un pedazo de pergamino el encantamiento, cosa que Harry se dio cuenta era un hechizo de la antigua religión y no encantamiento de la "nueva" magia. Curioso a cómo Regulus tenía algo por el estilo. Tendría que investigar al respecto si la familia Black, dieron algún hechicero o druida en el pasado.
El resto del verano, Harry lo pasó aprendiendo más rápido gracias al hechizo de la antigua religión que Regulus, tan amablemente le dio, pensando erróneamente que era un encantamiento.
Por suerte para Harry, pudo aprender casi la totalidad de los libros que se daban en los años escolares, al menos la teoría. La práctica iba por el quinto año en todos los temas que le interesaban, que eran: Transfiguración, Encantamientos, Artes Oscuras (la defensa era cosa de broma, coincidiendo con el tendero de Flourish y Blotts), Runas antiguas, Pociones, Alquimia (no es que se dará en Hogwarts, pero le interesaba profundamente, al menos en lo que los elixires respecta), Magia de Pársel y la Magia de la Antigua Religión, que estaba por la mitad de sus libros de aprendizaje.
En lo que respecta a sus escudos de Oclumancia, logró en poco tiempo terminarlos. Su paisaje mental era una copia exacta de la Mansión Potter. Junto con sus jardines y bosques, para defensas obtuvo copias reales o imaginarias, pero reales en su mente, de poderosas criaturas, como un basilisco gigante, Grifos, Dementores, Licántropos en su forma lupina, un sinfín de criaturas que daría problemas al más experimentado de los Legeremánticos.
Dentro de la mansión Potter puso otro tipo de defensas como recuerdos falsos o pensamientos primarios, donde se podría encontrar fácilmente.
En la biblioteca puso todo su conocimiento teórico y practico, lo cual le llevó una gran cantidad de tiempo en las mañanas y noches.
Otra parte del resto del verano, cada semana iba al Callejón Diagon, para ir a las reuniones semanales con Gornuk, cosa que se le acabaría una vez empezado en Hogwarts.
Sus planes de emancipación iban bien, en cuanto salió el artículo del profeta, articulo que causo gran controversia en el mundo mágico, puesto que todos los padres de los niños que asistían a Hogwarts acusaron a Dumbledore de múltiples delitos y muchos perdieron la confianza del director.
Unos cuantos llegaron hasta el punto de mandar a los tres mencionados, algo que se llamaba Howler o aullador. Era una carta encantada para que gritara su contenido a todo pulmón en público. Por desgracia cuando, Dumbledore, Hagrid y McGonagall lo recibieron, estaban solos o en compañía de otros profesores. Pero el mensaje era claro.
En cuanto a sus herencias, tuvieron que ser devueltas inmediatamente, si no querían causarle más problemas a Dumbledore.
Se llevó a un gobblin para que verificase que fueran reales y no una falsificación y fue ahí cuando Harry conoció en persona al viejo.
A Harry no le hizo gracia que le llamara por su nombre de pila, cuando en realidad era primera vez que se reunían.
Cuando se lo mencionó, el anciano expertamente, hizo caso omiso de Harry y le dijo, cuan decepcionado estaba con él y como sus padres pensarían de Harry.
Fríamente, Harry le respondió.
- Eso es algo que jamás podremos saber Albus, dado que mis padres están muertos.- Cuando Harry mencionó su nombre de pila en un arrebato de rebeldía, los presentes se taparon la boca, evitando que se le escapara alguna risa.
Al tener sus reliquias con él y quitando los encantamientos que se pusieron encima de ellas, para espiar al joven Harry, la capa de invisibilidad la guardó bien resguardada bajo poderosas salas, en su baúl. El Grimorio Potter lo abrió para aprender que tipo de magia había en él.
Le gusto saber que la magia era de todo tipo, desde las Pociones, a las artes oscuras. Pasando por las más raras como la alquímica y la elemental.
Pero no solo pasó su verano aprendiendo y ejercitándose. También fue visto últimamente en la casa de los Black y los Black en la casa Potter. A Harry le encantaba socializar con niños de su edad, aunque jamás lo admitiría en público.
También estuvo planeando a largo alcance junto a Regulus, sobre su situación política y la de su hermano, que todavía, tanto Lucius, por alguna razón extraña, negaba que se le diera un juicio al hombre.
Para cuando el primero de septiembre llegó, Harry se despidió de sus elfos domésticos y de los retratos que habitaban la mansión, prometiendo que iría a pasar las vacaciones de Yule allí.
Todos los elfos dieron una gran fiesta de despedida a su maestro, en la que fueron invitados los Black, Griphook, Gornuk y Ragnok. El sanador gobblin no pudo asistir a ese evento, al igual que Marius y Andrómeda Tonks.
Para ir a la estación de Kings Cross se decidió ir todos juntos. Los Black habían quedado con Harry en la entrada del mundo muggle, para consternación de los niños, pero como había dicho Regulus y Miranda era una tradición mágica que había que seguir, como un rito de paso entre ambos mundos.
Harry llegó puntual a la estación de trenes en el mundo muggle. Su baúl iba bien guardado en su bolsillo del pantalón vaquero, azul oscuro.
Llevaba botas de piel de dragón de las Hébridas, por alguna razón extraña le gustaba ese dragón en particular.
En la parte de arriba llevaba una camiseta de manga corta y cubriendo esa camiseta una camisa sin abotonar de color verde oscuro, haciendo juego con sus ojos verde bosque.
Pasando por la barrera del andén nueve y tres cuartos, a Harry, Alphard y Cassiopeia, les recibió el humo del tren escarlata. Un tren que en su costado estaba escrito en letras doradas "Expreso De Hogwarts".
