Nota de autor:

En este capítulo habrá descripciones que son de los libros de Harry Potter. En los capítulos siguientes, los cuales sean parte del primer año de Harry, puede que haya también algo de lo mismo. Me parece que el nombre que recibe es Canon pero como no estoy seguro de si recibe o no ese nombre, se queda como está.

Otra cosa, he decidido que puede que coja algunos de los nombres de familias que hay en el otro fic que tengo escrito, pensar en nombres nuevos son un poco tediosos. Si bien escogeré los nombres, las personalidades son totalmente distintas.

Las familias de sangre pura que tienen asiento en el Wizengamot, para este fic, son 24 de momento. Se verán en primer y segundo año. He pensado que después de una guerra, lo más lógico es que haya un baby boom para celebrarlo o al menos lo más lógico en el mundo mágico. De ahí que haya tantas familias.

La familia Gaunt es otro tema que me gustaría explicar, si bien no pensaba en un momento editarla, pensé que estaría bien como personajes secundarios y que tuvieran una historia aparte a la de Voldemort.

Todos sabemos que Voldemort era hijo de Mérope Gaunt y nieto se Marvolo o Sorvolo, según que fics sean. Salazar II Gaunt estaba escondido en la guerra de Voldemort o del mismo Voldemort.

Voldemort decidió no buscarlo, ya sea porque se olvidó de esa rama de la familia o porque era tan arrogante para pensar que Marvolo y Morfin eran los últimos Gaunt con vida. Posteriormente sacaré más conversaciones de Salazar y Harry en el tema relacionado con los hermanos Peverell.

El anillo que contiene la piedra de resurrección se da por perdido, al haber desaparecido ySalazar solo tiene la prueba de la herencia completa de Gringotts.

Lo que está en cursiva y subrayado es del primer libro sacado de Harry Potter, me daba un poco de pereza las descripciones. He editado un poco más o menos, concorde a la historia. Espero que no haya muchas fallas en lo editado.

Si alguien encuentra alguna discordancia, pido disculpas, no estoy seguro si es en éste o en el próximo capitulo que pueda haber alguna discrepancia o discordancia misma. Mucho de lo escrito es cuando es tarde y entrada la madrugada. Pido disculpas de antemano y si las hubiere, en los comentarios se apreciará enormemente. Ahora dejo con el capítulo.

Un cordial saludo.

CAPITULO 5

En la parte de arriba llevaba una camiseta de manga corta y cubriendo esa camiseta una camisa sin abotonar de color verde oscuro, haciendo juego con sus ojos verde bosque.

Pasando por la barrera del andén nueve y tres cuartos, a Harry, Alphard y Cassiopeia, les recibió el humo del tren escarlata. Un tren que en su costado estaba escrito en letras doradas "Expreso De Hogwarts".

Una locomotora de vapor, de color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía: «Expreso de Hog warts, 11 h». Harry miró hacia atrás y vio una arcada de hie rro donde debía estar la taquilla, con las palabras «Andén Nueve y Tres Cuartos».

El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un malhumorado ulular, por en cima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.

Los primeros vagones ya estaban repletos de estudian tes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. Dejando de observar la estación de tren, dirigió nuevamente su atención a sus acompañantes.

Despidiéndose de los padres de los niños Black y dándoles su espacio para que éstos últimos se despidieran fue a saludar a Marius Greengrass, el cual vio que estaba junto a su hermano y hermana en ley, despidiéndose de dos niñas muy bonitas.

Una de las cuales, era obvio que todavía no podía asistir a Hogwarts, dado que parecía que tenía unos ocho o nueve años.

La otra niña, rubia de ojos azules, se quedó mirando al niño extraño que iba caminando con un bastón en la mano izquierda y que con la derecha, saludó afablemente a su tío como si lo conociera de toda la vida.

Notando que subían barreras de privacidad, debido a los encantamientos que eran lanzados por el chico, que hablaba con su tío, Marius tomó nuevamente las riendas de la conversación y los presentó a Harry Potter.

- Alexander, Mary, Astoria, Daphne, permitidme que os presente al Señor Harry Potter, mi cliente, del que tanto os he hablado.- Presentó Marius a su familia.

- Señor Potter, esta es mi familia. Mi hermano Alexander y el que se encarga del asiento del Wizengamot, su esposa Mary y mis dos preciosas sobrinas, Astoria y Daphne.- Dijo Marius causando un leve rubor sobre las chicas más jóvenes.

Para las niñas Greengrass, la apariencia del joven Potter era bastante agradable, más que agradable le veían bien parecido o guapo, como diría Astoria.

- Un placer, señor y señora Greengrass. Marius me ha hablado muy bien de ustedes. Tengo entendido que compartimos acciones en varias empresas mágicas, señor y señora Greengrass.- Dijo Harry dando una inclinación de cabeza respetuosa a los padres Greengrass.

En cuanto a las chicas Greengrass, las tomó de la mano y dio un suave beso sobre los nudillos, causando más sonrojos por parte de Astoria y Daphne. A su madre, solo le causo una sonrisa divertida, pensando en que en un futuro el señor Potter sería un rompe corazones y que muchas chicas estarían decepcionadas, sobre quien elegiría para casarse.

- En efecto señor Potter, o al menos es de eso lo que me informa mi gerente de cuentas, en Gringotts. Debo decir que mi esposa es la que se encarga más de los negocios de la familia. Yo solo me encargo de firmar y del asiento en el Wizengamot.- Dijo Alexander con una mirada divertida, dibujada en su rostro.

Hablaron un rato más de diversos temas, como las casas de Hogwarts, alegando Harry que daría una sorpresa inesperada, sobre qué casa estaría.

Marius estaba sonriendo por momentos y preocupado por las repercusiones que podría causar, dado que el artículo del profeta que salió en agosto, causó controversia a su cliente y casi se vio obligado a asistir a un juicio en el Wizengamot, por decir mentiras, según Fudge y Umbridge. Un juicio que astutamente se libró, sacando a relucir en otro artículo del profeta, la voluntad de los Potter y los informes de salud medica del señor Potter, hechos por una medibruja de San Mungo.

El ministro y su subsecretaria, tuvieron que pedir perdón al señor Potter oficialmente y en público, el cual Harry se encontraba con una sonrisa siniestra, preocupando a muchos de los políticos.

- Espero que no cause mucha controversia, Harry. Últimamente contigo es sorpresa y controversia política.- Dijo Marius medio en broma, medio en serio.

- No te preocupes Marius, estoy seguro que sabrás solucionarlo, una vez reclames en mi nombre mi asiento del Wizengamot.

- ¿Es cierto, entonces? ¿Haces a mi hermano tu proxy?

- En efecto señor Greengrass. Que mejor persona, que mi abogado, en el cual confió plenamente, para que sea mi proxy y mi voz y voto en el Wizengamot.- Terminó Harry con su sonrisa y un despido de hasta luego a las niñas, o mejor dicho a la niña que asistirá a Hogwarts y se subió al tren.

Harry estaba interesado en entablar conversación y que le conociera la familia Greengrass por planes de futuro. Según Regulus, la familia Greengrass era neutral en cuanto a políticas un tanto más oscuras o como algunos todavía las llamaban, tradicionales.

Las políticas que eran de luz, eran llamadas progresistas y las neutrales, pues como su mismo nombre indica, neutrales.

De momento Harry se decantaba por políticas tradicional-neutral, cosa que le venía bien. Otra de las cosas que esperaba con ansiedad, era reunirse con Corvinus Gaunt y su hermana Celeste Gaunt.

Conoció a la familia Gaunt en uno de sus viajes a Gringotts y al Callejón Aurum. Allí los Gaunt tenían una tienda que se dedicaba a vender diversos textos antiguos, ingredientes de pociones, ingredientes de alquimia, etc…

En un momento dado de una conversación con Salazar II Gaunt, Harry se enteró que eran descendientes de Cadmus Peverell, lo cual le llevó a decir a Harry que los Potter en efecto eran descendientes del tercer hermano Peverell, Ignotus. A partir de ahí, se enteraron de que eran una especie de primos lejanos y que los hijos de éste no asistirían a Hogwarts, no por falta de dinero, sino porque Dumbledore no los dejaría.

Harry en su infinita sabiduría por ayudar a más partes de la familia emergentes, y porque les caía muy bien los Gaunt, le ofreció una alianza a la familia de Salazar, con el fin de que éste reclamara sus asientos en el Wizengamot y en la junta de gobernadores de Hogwarts.

Si hacia eso, Harry se aseguraría de proteger a sus hijos en el colegio y de empezar una nueva oleada de desprestigio contra Dumbledore, por prohibir la entrada a niños mágicos, sobre todo niños descendientes de un fundador de la escuela, y prohibirles una educación. Eso sería traer mucho apoyo de familias como los Black y los Greengrass.

Por supuesto Regulus estaba al tanto y había empezado a mover los hilos en el Wizengamot y a investigar que más familias se encontraban en una posición similar.

Decir que encontraron otras diez familias de sangre pura, con un asiento en el Wizengamot que se les prohibió, fue increíblemente sorprendente.

Al final, al día siguiente de los niños entrar en Hogwarts, un artículo saldría en el profeta, denunciando nuevamente las políticas clasicistas de Albus Dumbledore, acusándolo de no querer educar a posibles magos y brujas más poderosos que él.

Eso sería cambiar la dirección del director de la escuela hacia Harry, en vez de la familia Gaunt.

Harry también se enteró posteriormente, que Voldemort era un pariente cercano de los Gaunt. El hermano del padre de Salazar, Marvolo, era el abuelo de Voldemort, como se le conocía como Tom.

También es cierto que Marvolo estaba un poco tocado de la cabeza, al perder a su esposa en un enfrentamiento muggle, por ello la opinión que tenían sobre los muggles era tan radical. Salazar por el contrario, no pensaba que los hijos de muggles debían ser erradicados, sino que debían aprender su lugar en el mundo mágico y dejar atrás sus costumbres mundanas y adoptar las mágicas.

La misma esposa de Salazar era mestiza, y eso al hombre no le importaba, porque amaba con locura insana a su esposa y a sus hijos.

Con la promesa de que ayudaría a la familia en todo lo que pudiera, Harry le llevó a Gringotts y pidió a Griphook como favor personal, que fuera el gestor de las cuentas Gaunt.

Donando doscientos mil galeones, para que pudieran pagar deudas e invertir en negocios similares a los de Harry, Salazar le agradeció profundamente lo que hacía por él, y le invitó a pasar las fiestas de fin de año en su casa. Una invitación que Harry no rechazó y aceptó agradecidamente.

Por ello, semanas más tarde, los hermanos Gaunt se encontraban en el expreso de Hogwarts, esperando pacientemente a encontrarse con Harry.

Harry los encontró en el último compartimento del tren, esperando un poco inquietos. Entrando y saludándolos, para tranquilizarlos, les dijo que vinieran con él a otro compartimento para presentarles a los niños Black, que también asistirían a Hogwarts y serian compañeros, seguramente en la misma casa.

Les aseguró que los Black eran aliados suyos y que también estaban emparentados. Al fin y al cabo, casi todas las familias de sangre pura, estaban emparentadas en algún grado, cercano o lejano.

Gracias a la magia, la endogamia no existía en el mundo mágico o por lo menos la palabra endogamia.

Dado que casarse entre primos hermanos no estaba mal visto y los niños salían normales, debido a la magia de los padres y los niños también. A veces daba el caso de que la magia era débil y se les consideraba un Squib, lo que resultaría en la expulsión del niño de la familia o en algunas familias, educarlo en ciertos aspectos que no se necesitarían una varita, como Pociones, Derecho, Historia de la magia, etc.

Llegando al compartimento en el que estaban Alphard y Cassiopeia, Harry introdujo a Corvinus y Celeste a ambos hermanos.

Casualmente las preocupaciones que tenían los hermanos Gaunt, se disolvieron rápidamente al darse cuenta que los hermanos Black eran gente interesante con la que entablar una conversación.

Harry estaba contento por esa parte, había cumplido una parte de su propósito al reentrar en una parte muy importante de la vida de los magos, Hogwarts.

Aunque el colegio apestara en ciertos aspectos de la magia que se enseñaba allí, Hogwarts también servía para socializar y como auto estudio.

Socializar para hacer poderosos aliados y amigos. También para que los chicos conocieran chicas y en un futuro empezar los tramites de los contratos de compromiso.

En la parte de auto estudio, era importante porque Hogwarts tenía la mayor biblioteca de magia de Bretaña, solo rivalizaba con la de Durmstrang y Harry tenía planes de estudiar esa biblioteca.

Había encontrado en el Grimorio Potter, devuelto a él por un Dumbledore obligado por las circunstancias, un encantamiento que copiaba cualquier libro que quisieras. Si el libro estaba protegido con encantamientos anti copia o anti lectura, como pasaba con los de la sección prohibida de Hogwarts, no pasaba nada, porque el encantamiento se dedicaba a saltarse las medidas de seguridad que tuviera el libro y lo copiaba. Luego de ti dependía de que no te pillaran haciéndolo, porque estaba prohibido copiar ciertos libros que pertenecían a ciertas instituciones.

Por ello el Grimorio Potter era muy codiciado, tenía en sus páginas encantamientos, hechizos, rituales, maldiciones, magia curativa, magia Pársel, magia elemental y muchas más magias decorando esas valiosas páginas. Por ello sabiamente, Harry lo dejó en la mansión Potter, por si acaso se lo robaba Dumbledore a través de algún elfo doméstico.

Más tarde en el mismo compartimento, se unieron dos chicas con el nombre de Daphne Greengrass y Tracy Davis. Las cuales fueron presentadas a los demás y estuvieron hablando un buen rato, hasta que de pronto la puerta se abrió bruscamente, revelando un pelirrojo pecoso y de mirada turbia, lo cual llevaba a creer que habría problemas en un momento cercano.

- He oído que Harry Potter está aquí.

- Eso es obvio.- Contestó una divertida Celeste. – Hemos estado diciendo su nombre por un buen rato.- Soltó una risa cantarina y alegre.

- ¿Y tú quién eres? Seguro una puta mortifaga en formación.- Insultó no muy sabiamente el pelirrojo. Volviéndose a ver al niño de ojos verdes y pelo negro, que le llegaba sobre los hombros, decidió que él debía de ser Harry Potter. –¿Harry por que no te vienes conmigo a otro compartimento que no esté atestados de magos oscuros?- Habló el pelirrojo estúpidamente.

Corvinus fue a sacar su varita, hecha también en el Callejón Knockturn, por Titus Ollivander, pero Harry le paró justo a tiempo para que no maldijera al niño tonto.

- Verás…

- Oh, Weasley, Ron Weasley.- Se presentó estúpidamente.

- Verás Weasley…

- Puedes llamarme Ron, Harry- Con un suspiro de resignación para que no le sacara de sus casillas, Harry cerró los ojos y contó hasta diez, una vez hecho eso los abrió nuevamente, para averiguar que en el proceso el niño se había sentado enfrente suya y miraba con asco a sus amigos.

- Weasley, estas acabando mi paciencia. Y no deberías, porque no te gustara lo que encuentres, así que te sugiero que te disculpes con Celeste en este momento, o si no sufrirás de las consecuencias.- Dijo fríamente, pero el niño parecía no entender. Bueno un poco de dolor, le haría llegar al punto.

Con la mano izquierda, que no estaba sujetando el báculo en ese momento, la apuntó al niñoWeasley y dijo la palabra "dolor" en voz alta, instantes después el niño empezó a chillar deagonía, como si miles de cuchillos candentes se le estuvieran clavando, prácticamente era una copia sin varita y sin palabras de la maldición Cruciatus, algo que le venía bastante favorecedor, dado que no le metería en problemas.

Dejo al niño en el dolor sobre unos minutos y después disipó la maldición.

- No me gusta tener que repetirme Weasley, así que te lo diré una sola vez. No vuelvas a molestarme ni a mis amigos, si no, te las verás conmigo y lo que es peor, con ellos mismos. ¿Has entendido?- Preguntó Harry a un aterrado pelirrojo, tan aterrado que se orinó encima del propio miedo y dolor.

- Sssí, he… he entendí… entendido…- Tartamudeó el niño.

- Bien, porque no me gusta tener que recurrir a éstos… métodos por así decirlo. Ahora voy a pedir que te marches, y que en el futuro te lo pienses dos veces antes de actuar y pretender que somos amigos, porque ni lo somos, ni lo seremos. Ahora discúlpate antes de irte.

- Lo… lo siento señorita…

- Gaunt, Celeste Gaunt.- Dijo con orgullo y una mueca de desagrado ante el niño.

Con un asentimiento de puro nerviosismo, lo intentó de nuevo, pero esta vez sin tartamudear.

- Lo siento, señorita Gaunt, no quise ofenderla al llamarla puta mortifaga…

- Vete Weasley y no vuelvas.- Ordenó Celeste, viendo que el niño se jugaba su propia vida, al notar la mirada asesina que Harry le estaba mandando.

Antes de que el chico Weasley se fuera del compartimento, Harry dijo unas palabras en voz baja y sus ojos brillaron por un momento, dorados, haciendo que el pelirrojo tuviera la mirada perdida durante unos momentos. Después se marchó sin decir palabra y cerró el compartimento.

Unos minutos más tarde volvieron a llamar a la puerta, pero esta vez parecía un toque educado. Harry pensó por un instante que el niño no tenía cerebro para volver a por más, pero se vio equivocado al ser revelado una chica con el pelo espeso y dientes delanteros que la hacía similar a un conejo. Al lado de ella iba un niño rechoncho y un poco nervioso, lo cual parecía extraño.

- Adelante, en que podemos ayudaros.- Vino la voz culta de Alphard, invitándolos a entrar, dado que se habían quedado allí, plantados sin decir nada.

- ¡Neville! ¡Cuánto tiempo!- Vino la voz sobresaltada de Cassiopeia, haciendo que todos giraran a mirar a la chica Black, la cual se sonrojó por un breve momento. – Oh vamos, Alphard, es Neville Longbottom, jugábamos todos juntos cuando éramos más pequeños. No puedo creer que no lo recuerdes.- Dijo un poco decepcionada de su hermano.

Alphard frunció el ceño, intentando recordar al niño, pero por más que intentaba no se acordaba de él, tal vez, si le echara imaginación y lo convirtiera en su mente en alguien más pequeño… si, ¡Sí! Ahora se acordaba.

- ¡Pues claro, el pequeño Nev! Lo siento que te haya olvidado, pero ha pasado demasiado tiempo Neville.

- No te preocupes Alphard, es normal. Desde esa discusión que tuvo la abuela con tus padres, no me ha dejado ni escribiros ni nada. ¿Cómo estas, Cassie?- Pregunto Neville, haciendo sonrojar a la mencionada.

Cassiopeia miró a Neville con un puchero por utilizar el antiguo apodo, un apodo que utilizaban cariñosamente de niños.

Neville, al parecer también era un primo de los Black, lo que lo hacía primo de Harry y primo muy lejano de los Gaunt. Una bonita reunión familiar, por así decirlo.

- Y entonces Neville, ¿Qué pasa?

- Oh, sí, se me olvidaba. He perdido mi sapo Trevor. ¿Me ayudáis a buscarlo?- Preguntó esperanzado de que harían entre todos una partida de búsqueda, como muchas veces hicieron en el pasado en la mansión Longbottom.

- Y ¿Por qué no lo convocas, señor Longbottom?- Cuestionó Harry con una ceja alzada.

Neville por el contrario lo miró con el ceño fruncido, no sabía quién era el chico que estaba sentado junto a sus primos y amigos de la infancia, más los otros dos niños que había junto a él.

- Oh, perdone mis modales, señor Longbottom. Viendo que ni Cassie ni Alphard nos van a presentar, quizás debería presentarme yo mismo.- Dijo Harry burlándose un poco de Cassiopeia, la cual olió en su dirección mirando indignada.

- Harry, Neville Longbottom. Neville, él es Harry Potter.- Introdujo Alphard riendo por lo bajo. Obviamente tanto el nombrado Neville, como la niña de pelo espeso dieron una profunda exhalación en cuanto oyeron el nombre.

Neville se moría de ganas de preguntar si era cierto lo del artículo del profeta, pero se contuvo por respeto, algo que el propio Harry estuvo agradecido en silencio. Pero la niña no tenía esos modales y le dio una reprimenda sobre cuestionar y decir claramente mentiras sobre el mago más grande de todos los tiempos, desde Merlín.

Ésta vez fue Celeste la que intervino en el nombre de Harry diciendo que era de mala educación dar una reprimenda a alguien que ni siquiera conocías, más aún hablar de un tema que no tenía conocimiento sobre él.

Con una cara roja se volvió hacia Daphne y Tracy, las cuales estaban riendo por lo bajo. Corvinus empezó a reír a carcajada limpia por la defensa de Harry y Cassiopeia se unió un rato más tarde.

Sin embargo Harry y Alphard se miraron sin comprender el porqué de la situación. Con un encogimiento de hombros de ambos, Harry se volvió hacia la chica de pelo espeso, la cual empezaba a tener lagrimas contenidas en los ojos.

- Verá señorita, ni la conozco ni creo que me interese de momento, pero le voy a dar un consejo para el futuro. Intente ser menos dependiente de las figuras de autoridad, porque no son infalibles y siempre se equivocan, pues todos somos humanos y cometemos errores.

En cuanto a Dumbledore, ser el mago más poderoso desde Merlín, lo pongo en duda, ya que el mismo Merlín ni siquiera era un mago, sino un hechicero bendecido por los druidas. Un alto honor para alguien de nuestra especie.- Dio una conferencia al compartimento lleno de niños escuchando entusiastamente.

Cada vez que Harry hablaba, lo hacía con el conocimiento propio de haber estudiado anteriormente, pero con el hecho de que él daba su propia opinión de todo y como era normal a esa edad, cuestionaba todo lo que leía.

La chica, que más tarde descubrirían que se llamaba Hermione Granger, se excusó de Neville, diciendo que iba a ir a otro compartimento, ya que ese estaba atestado de gente. Pidió disculpas a Harry por su desliz y se marchó rápidamente.

- Bueno, eso ha sido raro. Pero gracias Celeste.- Dijo Harry sonriendo a la mencionada. Ella sonrojándose profundamente le dijo que no había de qué.

En el compartimento en el que estaban los ocho juntos, no fueron molestados más veces, sin contar la vez que Draco Malfoy se pasó a saludar a sus primos, Alphard y Cassiopeia. También se introdujo formalmente a Harry, el cual agradeció su ofrecimiento de amistad con una sonrisa sincera y un apretón de manos.

Harry pensaba que no era nada bueno declinar a gente como Malfoy una oportunidad de amistad, sobre todo si acabaría lo más seguro en la misma casa.

Luego hubo otro momento en el que la señora del carrito de golosinas pasó y Harry compró para todo el compartimento, incluyendo Malfoy y sus dos amigos, que parecían gorilas.

Cogiendo el báculo un momento, dijo unas palabras que la mayoría no entendió y momentos después, el compartimento se extendió para dar cabida a las tres personas invitadas.

Mientras que el viaje seguía, el tema de conversación pasó al de las familias. Era un tema que a Neville le incomodaba un poco, debido a la condición de sus padres a manos de Rodolphus, Rabastan Lestrange y Bartemius Crouch jr.

Por ello excusándose diciendo que iba a buscar a Hermione, la chica de pelo espeso, y a cambiarse a las túnicas del colegio, dado que estarían llegando pronto, salió del compartimento dejando a los demás poniéndose al día.

Para Harry no era una molestia, dado que había encontrado la paz interior acerca de las muertes de sus padres, hace mucho tiempo, cuando supo que estaba solo en un mundo cruel y despiadado.

Por supuesto eso no excluyó que interactuara con los demás y pusiera su granito de arena informando acerca de la extendidísima familia Potter y con quienes estaban emparentados.

Decir que muchos de los sangre pura que estaban en ambos lados de la guerra, estaban directamente e indirectamente emparentados con Harry Potter, era una subestimación. También fue una sorpresa cuando se contó la verdadera historia de la familia Gaunt y de quienes eran descendientes. Draco estaba en el séptimo cielo al haber hecho migas con la gente de éste compartimento.

Media hora antes de llegar al destino, Harry se levantó y les dijo a los chicos que hicieran lo mismo, para que las chicas pudieran cambiarse de ropa.

Saliendo uno por uno, muchas de las chicas se quejaban de que no les importaba que Harry se cambiara con ellas, el mencionado, sonrojándose profundamente, declaraba que no era propicio ni cortés verlas en ropa interior.

Internamente pensaba que cuando fueran adolescentes, él mismo no se quejaría ante una oportunidad de pasar tiempo en ropa interior con todas las chicas juntas, claro que eso jamás lo admitiría en público, sobre todo habiendo dos hermanos que eran amigos suyos.

Cuando todos estuvieron cambiados en las túnicas del colegio, se pudo escuchar una voz por los pasillos del expreso decir, que en cinco minutos se llegaría a la estación de Hogsmeade y que por favor el equipaje se dejara en el tren.

Por supuesto, los que eran como Harry y no se fiaban de la gente de Dumbledore, llevaban baúles que se encogían y cabían en los bolsillos de las túnicas, por ello no hicieron mucho caso de la advertencia y fueron saliendo uno a uno, hasta que Harry quedó solo en el compartimento y lo devolvió a su forma original con una pasada de su báculo.

Saliendo al frio de la noche, Harry puso encantamientos de calentamiento sobre todo el grupo reunido, recibiendo agradecimientos sonoros de las chicas y cabezadas de los chicos. Tendría que enseñarles el encantamiento en algún momento del año, sino se vería que sería el más utilizado en Hogwarts, sobre todo en invierno.

De repente apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y una voz profunda como una caverna, sonó llamando a la multitud de primeros años.

¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry?

Saludó un hombre gigante a Harry y su grupo, el cual se miraban atónitos de que le conocieran. Antes de que pudiera contestar siquiera, el hombre siguió hablando haciendo caso omiso de los niños.

Venid, seguidme... ¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis. ¡Los de primer año, seguidme!

Resbalando y a tientas, siguieron al semi gigante por lo que pa recía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Harry pen só que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho, incluso Neville, que su sapo todavía estaba perdido, estaba callado como una tumba.

En un segundo, tendréis la primera visión de Hog warts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.

Se produjo un fuerte ¡ooooooh!

El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.

¡No más de cuatro por bote! —gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la ori lla. Harry, Alphard, Corvinus y Dracosubieron a uno, seguidos por Daphne, Celeste, Tracy y Cassiopeia. Neville y la chica de pelo tupido, subieron a otro, junto a dos niñas más.

¿Todos habéis subido? —continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE!

Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. To dos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.

¡Bajad las cabezas! —exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delante ra del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía con ducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.

¡Eh, tú, el de allí! ¿Es éste tu sapo? —dijo Hagrid, mientras vigilaba los botes y la gente que bajaba de ellos.

¡Trevor! —gritó Neville, muy contento, extendiendo las manos. Luego subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.

Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.

¿Estáis todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo?

Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.

La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un ros tro muy severo, y el primer pensamiento de Harry fue que se trataba de alguien con quien era mejor no tener problemas.

Los de primer año, profesora McGonagall —dijo Hagrid.

Acto seguido, el aura de Harry se manifestó momentáneamente y la mirada que dirigió a la profesora McGonagall, prometía dolor y penurias. Se logró controlar, por el bien de los que tenía que cuidar, no querían llamar la atención antes de tiempo, después de todo, ya pagaría.

Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.

Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la casa de los Durs ley en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con res plandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.

Siguieron a la profesora McGonagall a través de un ca mino señalado en el suelo de piedra. Harry podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la dere cha (el resto del colegio debía de estar allí), pero la profesora McGonagall llevó a los de primer año a una pequeña habita ción vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.

Bienvenidos a Hogwarts —dijo la profesora McGona gall—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestros lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mien tras estéis aquí, vuestras casas serán como vuestra familia en Hogwarts. Tendréis clases con el resto de la casa que os to que, dormiréis en los dormitorios de vuestras casas y pasa réis el tiempo libre en la sala común de la casa.

»Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ra venclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble histo ria y cada una ha producido notables brujas y magos. Mien tras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos vosotros seáis un orgullo para la casa que os toque.

»La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de po cos minutos, frente al resto del colegio. Os sugiero que, mien tras esperáis, os arregléis lo mejor posible.

Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Neville, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y en la nariz manchada de Ron. Con nerviosismo, Harry tra tó de aplastar su cabello.

Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremo nia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperad tranquilos.

Salió de la habitación.

Harry miró alrededor de la habitación para ver las caras de la gente, hablar unos con otros tranquilamente. La niña hija de muggles, preguntó al pelirrojo, que parecía haber olvidado su confrontación con Harry, como serían clasificados.

El niño dijo algo, pero no llego a prestarle mucha más atención. Al final del pasillo se veía lo que parecían ser fantasmas, cuales interesantes formas de vida más allá de ésta vida.

Tendría que averiguar cómo se sentían, al respecto de no estar vivos.

Cuando ellos llegaron, muchos de los estudiantes, hijos de muggles dieron un salto asustados por la presencia. Seguro tuvieron educaciones católicas en sus vidas, por eso se asustaban.

Resopló. Lo mismo hicieron los que estaban alrededor. Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pa red de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transpa rentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo. El que parecía un monje gordo y pequeño, decía:

Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad...

Mi querido Fraile, ¿no le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece? Nos ha dado mala fama a to dos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad... ¿Y qué estáis haciendo todos vosotros aquí?

El fantasma, con gorguera y medias, se había dado cuen ta de pronto de la presencia de los de primer año.

Nadie respondió.

¡Alumnos nuevos! —dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos—. Estáis esperando la selección, ¿no?

Algunos asintieron.

¡Espero veros en Hufflepuff—continuó el Fraile—. Mi antigua casa, ya sabéis.

En marcha —dijo una voz aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.

La profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.

Ahora formad una hilera —dijo la profesora a los de primer año— y seguidme.

Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestí bulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.

Harry nunca habría imaginado un lugar tan bello y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabece ra del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores. La profesora McGonagall condujo allí a los alum nos de primer año y los hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los estudian tes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Era difícil creer que allí hubiera techo y que el Gran Co medor no se abriera directamente a los cielos, pero según se había informado de su propio libro de "Hogwarts, una historia" fue un encantamiento que realizó Rowena Ravenclaw, con la ayuda de la antigua religión.

Harry bajó la vista rápidamente, mientras la profesora McGonagall ponía en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso un som brero puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy sucio.

Durante unos pocos se gundos, se hizo un silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:

Oh, podrás pensar que no soy bonito,

pero no juzgues por lo que ves.

Me comeré a mí mismo si puedes encontrar

un sombrero más inteligente que yo.

Puedes tener bombines negros,

sombreros altos y elegantes.

Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts

y puedo superar a todos.

No hay nada escondido en tu cabeza

que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.

Así que pruébame y te diré

dónde debes estar.

Puedes pertenecer a Gryffindor,

donde habitan los valientes.

Su osadía, temple y caballerosidad

ponen aparte a los de Gryffindor.

Puedes pertenecer a Hufflepuff

donde son justos y leales.

Esos perseverantes Hufflepuff

de verdad no temen el trabajo pesado.

O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,

Si tienes una mente dispuesta,

porque los de inteligencia y erudición

siempre encontrarán allí a sus semejantes.

O tal vez en Slytherin

harás tus verdaderos amigos.

Esa gente astuta utiliza cualquier medio

para lograr sus fines.

¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!

¡Y no recibirás una bofetada!

Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).

Porque soy el Sombrero Pensante.

Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.

La profesora McGonagall se adelantaba con un gran ro llo de pergamino.

Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sen taros en el taburete para que os seleccionen —dijo—. ¡Ab bott, Hannah!

Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa. — ¡HUFFLEPUFF! gritó el sombrero.

El siguiente nombre en ser llamado, fue el de una chica con el pelo largo y moreno. La chica era más alta que las otras que había en la fila esperando a ser llamadas.

- Bulstrode, Milicent.- Llamó la profesora McGonagall con su acento escocés mostrándose al público.

El sombrero seleccionador tardó unos momentos en ordenar a la niña, pero al final, fue la primera en convertirse en Slytherin. La casa de verde y plata, estalló en aplausos animando a la chica a sentarse con ellos.

La clasificación continuó con Bones, Susan siendo la segunda en Hufflepuff. Los hermanos Black, obviamente ambos terminaron en Slytherin, aunque Cassiopeia tenía ciertas dudas de que su hermano Alphard acabara en esa casa y no en la casa de las águilas, puesto que se pasaba el día entre libros.

Hubo una sorpresa inesperada para muchos como el siguiente apellido fue llamado.

- Blue, Henry.- Dijo McGonagall dando una mirada de asombro a Dumbledore. La familia Blue se creía extinta. El niño fue clasificado en Ravenclaw al instante el sombrero tocó su cabeza.

Boot, Terry, también fue sorteado en Ravenclaw, cual mesa volvió a estallar en aplausos.

La mesa de Griffindor recibió el primero de sus leones, momentos después, o mejor dicho, leonas, con Brown, Lavander uniéndose a sus filas.

Finch-Fletchley, Justin, fue a parar a Huflepuff, la mesa de amarillo y negro, le dio una cálida bienvenida.

Por fin fue llamado el nombre que a Harry más le interesaba, sobre todo para ver la reacción del viejo director, por una parte estaba divertido sobre si saltaría del banco y gritaría a toda la sala que no podían clasificarse en ninguna casa, sería digno de ver, sobre todo porque Harry intervendría citando la famosa Carta de Hogwarts y si podía hacer caer la opinión del personal de su famoso director, mejor. También estaba preocupado por los hermanos Gaunt, debido al hecho de que eran buenos chicos y utilizarlos para hacer caer a Dumbledore, le sentaba un poco mal, pero era necesario para las demás familias que no se atrevían ir a Hogwarts por el viejo y al menos, ellos lo sabían y aceptaban.

- Gaunt, Celeste.- Gritó McGonagall al gran salón. Silencio absoluto le siguió, dado que muchas de las familias, reconocieron el apellido por lo que era, una descendiente de Slytherin en Hogwarts de nuevo. Y además una descendiente real, que podían rastrear su linaje, no como ese Riddle.

El sombrero estuvo en la cabeza de Celeste durante dos minutos enteros, hasta que la mandó a Slytherin. Obviamente estuvo hablando con ella de lo que fuera. Dumbledore no se veía contento con la clasificación. Muchas personas en Hogwarts que iban a ser muy poderosas, tanto políticamente como mágicamente. Y encima él, Albus Dumbledore, no tendría poder ni influencia, sobre las mentes de aquellos jóvenes.

Corvinus Gaunt, fue llamado el siguiente y acabó también en Slytherin, él no tardó tanto como Celeste, debe ser que el sombrero no tenía mucho que decir al respecto.

La clasificación continuó y Harry pudo respirar tranquilo un poco, al menos hasta que fuera el turno de Daphne, estaba interesado en que casa terminaría.

Finnigan, Seamus. El muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado de Harry en la fila, estuvo sentado un mi nuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.

Granger, Hermione, la chica de pelo espeso del tren, cual había echado una buena bronca a Harry por desacreditar y denunciar a su querido director Dumbledore, terminó en Griffindor. Pobre, pensó Harry, lo llevaría crudo en esa casa con su personalidad.

Cuando Neville Longbottom, el chico que perdía su sapo, fue llamado y era amigo y primo de la infancia de Cassiopeia y Alphard, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó: ¡GRYFFIN DOR!, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos, a McDougal, Morag. La cual también terminó en la misma casa que Neville.

Por supuesto Harry pensó que Neville debía de ser muy valiente para hacer migas con la hija de muggles, o lo que suponía que era la hija de muggles, Granger.

El siguiente en ser llamado fue Draco, el cual se adelantó de inmediato con un porte regio y la cabeza bien alta. Si lo que decía en el tren era cierto, él terminaría en la casa verde y plata, no sería un misterio.

El sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN!

Draco fue a reunirse con sus amigos Crabbe y Goyle, con aire de satisfacción.

Ya no quedaba mucha gente.

McMillan, cual terminó en Huflepuff, McKinon, otra sorpresa inesperada, pues se pensaba que el Lord Oscuro Voldemort acabó con toda la familia, Moon, que terminó en Slytherin también, lo cual Harry vio con interés que la chica saludaba a otra chica de aspecto más mayor, seguramente una hermana o prima.

Nott y Parkinson terminaron en la misma casa y luego, después de muchos nombres, por fin le tocó a él.

- Potter, Harry.- Dijo McGonagall en lo que sería la última vez para un Potter, porque si de una cosa estaba segura Harry, era que si la política de magias no cambiaba, cuando tuviera hijos, no los mandaría a Hogwarts.

Harry fue caminando con paso lento y seguro, llevando el báculo en su mano izquierda, dando golpecitos en el suelo dramáticamente, hasta que llegó al banco. Como muchas de las familias anteriores que sorprendió al Gran Salón, cuando Harry se puso el sombrero había murmullos de expectación. Muchos decían audiblemente que terminaría en Gryffindor como sus padres. Otros pensaron que iría a Ravenclaw o Slytherin, pero Harry sabía mejor.

- Mmm… que tenemos aquí, poderosos escudos de Oclumancia veo, señor Potter, pero eso no me detiene para clasificarle.- Dijo el sombrero seleccionador con su voz aguda – Valor, oh si, te veo lleno de él. También inteligencia y astucia. Mmm, donde ponerte, lo veo muy difícil, señor Potter, eres todo un reto, como su madre y padre antes que usted.

- No soy mis padres sombrero. Y si planeas ponerme en alguna casa que te ha dicho el director, me llevaré a mis aliados de Hogwarts conmigo a otra escuela.- Amenazó Harry al sombrero seleccionador.

- Ya veo, no hay por qué ser así, de todas formas los fundadores me crearon con la intención de clasificar según sus criterios, señor Potter, no los de los directores de Hogwarts. Creo que ya sé dónde ponerte y será…