Nota de autor:
En uno de los comentarios dejados, se me ha informado de que el capítulo anterior no había avisado de su actualización, pido disculpas por ello. La verdad es que no sé cómo avisar en caso de que la página no lo haga.
Por otra parte, como siempre el aviso de que no soy dueño de Harry Potter y demás. Lo pongo en la nota debido a que en muchos fics, aparece continuamente en todos o casi todos los capítulos.
Espero que guste este capítulo, tanto como me gustó escribirlo, es un poco más de narración que de dialogo en una parte, que no diré cual, para no fastidiar la intriga.
Bueno sin más demora, les dejo el capítulo ahí abajo y si hay alguna falla o algo que no cuadre, la información de los errores, siempre es bienvenida, para aprender de ellos en el futuro.
Un cordial saludo.
CAPITULO 6
- Ya veo, no hay por qué ser así, de todas formas los fundadores me crearon con la intención de clasificar según sus criterios, señor Potter, no los de los directores de Hogwarts. Creo que ya sé dónde ponerte y será…
-¡SLYTHERIN!- Gritó el sombrero seleccionador a todo el Gran Salón, mudo del asombro. Para ellos era impensable que Potter, un supuesto mago de luz acabara en esa casa de serpientes. Claro que ellos pensaban eso, dado que no habían leído el Diario el Profeta, pero aquellos que sí que lo hicieron, vieron claramente que Harry Potter era más astuto y ambicioso de lo que dejaba ver.
Con una sonrisa de suficiencia y un poco de arrogancia, caminó hacia la mesa de Slytherin sin que nadie le dijera nada y se sentó entre Corvinus y Alphard, para seguir viendo la clasificación. Era claro para Harry, que Dumbledore estaba muy molesto. Tan molesto que parecía que se había tragado algo muy acido, un pomelo o un limón.
Arriesgó a mirar por la mesa de los profesores para ver las reacciones y se sorprendió al notar una sonda de Legeremancia suave.
Como tan rápido como llegó, la sonda se fue, ni siquiera le dio tiempo para averiguar a quien pertenecía. De todas formas, daba igual, él tenía fuertes escudos de Oclumancia y pensaba que podía dar una buena batalla a quien intentase entrar.
Saliendo de sus pensamientos, volvió la atención a la clasificación que estaba por terminar. Se había perdido las reacciones de unas pocas familias que se apuntaron a las sorpresas de Hogwarts, como la prensa más tarde lo llamó.
Dado que los niños Turner y White habían sido sorteados en Ravenclaw y Gryffindor respectivamente, solo quedaban dos niños. El pelirrojo del tren que tenía las agallas de insultar a la gente a diestro y siniestro y otro niño de tez morena y aceitunada. Seguramente era italiano o de ascendencia mediterránea.
Weasley fue sorteado en Gryffindor, como era de esperar y el niño italiano terminó en Slytherin.
Cuando Zabini se sentó al lado de Cassiopeia y Celeste, el director se levantó y Harry nuevamente se tensó.
— ¡Bienvenidos! —dijo Dumbledore cambiando su cara a una alegre. Al parecer el hombre sabía algo de Oclumancia.
— ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llo rones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!- después de esas tontas palabras, la comida apareció en la mesa.
La comida que apareció en la mesa parecía muy apetitosa y sabrosa, era fácilmente de las comidas tradicionales de Inglaterra, Gales e Irlanda.
Antes de que los amigos de Harry empezaran a comer, éste les hizo una seña para que esperaran un momento. Acto seguido sacó su varita de su funda varita del brazo derecho y empezó a lanzar encantamientos de diagnóstico en la comida y bebida.
Muchos de los otros Slytherin se quedaron mirando con asombro al ver que lo hacía sin palabras y uno de ellos tuvo la audacia de interrumpirle con una pregunta estúpida.
- ¿Qué buscas, Potter? ¿Venenos?- Dijo Parkinson, una chica morena a Harry.
- No, señorita Parkinson.- Dijo volviéndose hacia ella e interrumpiendo su inspección. – Estoy buscando pociones, encantamientos o maldiciones que entren en vigor una vez los alimentos sean consumidos. No se pude ser más cauto en estos días, ¿Verdad? Después de todo, Dumbledore ya intentó algo en el pasado, si ha leído el Profeta.
- ¿Entonces es verdad? ¿Dumbledore hizo todo eso que dijiste a Skeeter?- Preguntó otro Slytherin.
Pero en vez de contestar Harry, lo hizo Cassiopeia, haciendo que Harry volviera a sus encantamientos y hechizos de diagnóstico en la comida de todos ellos.
- Si, Flint. Es cierto. ¿Acaso insinúas que los Gobblins y Marius Greengrass mienten? Pocas personas han dicho que los gobblins mienten y han vivido para contarlo.- Citó a Flitwick sin saberlo, dado que fue lo mismo que le dijo a Minerva cuando el artículo salió en el Diario.
- Bien, está todo limpio, menos el pollo con patatas, que está atada a una poción de seguimiento y fidelidad. También recomendaría no probar el zumo de calabaza, tiene una fuerte poción, de lo que creo que es… ira.- Dijo Harry, haciendo que toda la mesa de Slytherin dejara de comer inmediatamente los alimentos citados.
Los amigos de Harry escogieron otras carnes que estaban limpias de pociones y hechizos. La bebida que bebieron fue agua, dado que ninguna poción podría mezclarse sin cambiar el sabor y color de dicho líquido.
Los demás miraban con asombro como los primeros años hicieron caso de Potter. Tal vez fuera la poción de ira hablando por ellos, o tal vez fuera que Potter, fue el que hizo que el Lord Oscuro cayera, pero no obstante no hicieron caso de la advertencia dada por éste. Peor para ellos.
Harry estaba seguro de que Dumbledore por éste momento estaba rechinando los dientes de frustración e ira, por los planes que habían ido mal. Estaba muy tentado de echar una sonda de Legeremancia sobre el viejo Director o sobre la subdirectora, pero se contuvo, no sea que le pillaran haciéndolo.
Una vez terminados todos de comer, Dumbledore se volvió a levantar de su asiento, que se asemejaba a un trono.
Harry tendría que contactar con Skeeter nuevamente, para hacer una entrevista acerca del asiento predilecto de Dumbledore y hacerle mirar como si fuera un dictador o un rey muggle de la edad media. Seguro que acabaría con más influencia del viejo en el mundo mágico.
- Ahora que todos nos hemos llenado con la deliciosa comida, ¡Bienvenidos los nuevos estudiantes a Hogwarts y a los antiguos, bienvenidos de nuevo!- Dijo Dumbledore haciendo brillar sus ojos. – Debo decir unas advertencias de todos los años. El bosque prohibido, como su nombre indica está prohibido para todos los estudiantes. El señor Filch me informa de que en su puerta hay una lista de artículos prohibidos. La magia en los pasillos no está permitida, así como el tercer pasillo del tercer piso, queda totalmente prohibido para los que no deseen una muerte horrible. Con esas palabras, os despido a vuestras salas comunes. Hop, Hop.- Dijo Dumbledore sus avisos y después se dio media vuelta, para ir a donde fuera menester, no sin antes decir unas pocas palabras a un hombre de pelo grasiento y nariz aguileña.
Muchos en la mesa de Slytherin estaban un poco indignados en cuanto al despido, ni que fueran caballos para tal cosa. Los alumnos más mayores vieron con interés como el profesor Snape se acercaba a Potter con aire taciturno.
- Potter, el director quiere verte en su despacho. Sígueme.- Ordenó dando media vuelta en el acto.
Harry por el contrario no se movió de donde estaba y el profesor lo vio por el rabillo del ojo.
- Que pasa Potter, acaso eres sordo.- Burló Snape con una mueca despectiva.
- No, no lo soy, profesor. Pero el profesor Dumbledore debe saber mejor que no podemos estar en la misma habitación a solas, sin mí abogado.- Declaró Harry, yendo a colocarse en la fila de primeros años, para ir a la sala común de Slytherin.
- Me da exactamente igual, lo que su abogado y tú queráis, si el director pide verte, vas y no hay vuelta de hoja.
- Parece ser, profesor, que estamos en un desacuerdo legal aquí. Cualquiera pensaría que está desafiando una ley impuesta por el Wizengamot en su mayoría.
- Me da exactamente igual lo que esa panda de viejos inútiles digan, Potter…
- Está llamando, a mi padre viejo inútil, profesor.- Dijeron un coro de voces de todos los años de la mesa de Slytherin.
- Por supuesto profesor, estoy curioso a como muchos de esos Señores, reaccionaran a ser llamados "viejos inútiles".- Dijo Harry con una sonrisa en su rostro. – Si el profesor Dumbledore desea verme por razones académicas y solo académicas, está en todo su derecho, como Director, pero de momento no tiene ese derecho a reunirse conmigo.- Declaró dando por zanjado el tema, indicando que tal vez sería bueno dirigirse a la sala común. Pero nadie se movió, toda la sala estaba expectante a como hacia frente a Snape.
Severus tuvo que dar la razón a Harry, en el pergamino ponía claramente que el director no podía reunirse con Potter sin estar presente su abogado y otro miembro de elección personal del chico. Por supuesto las normas establecidas para Dumbledore, se las pasaba por alto, porque podía o eso pensaba.
Cuando se iba a dar por vencido, fue el momento en el que el director hizo acto de presencia y no parecía muy feliz.
- Se te ha dicho Harry, que vayas a mi despacho e irás.
- Me parece Albus que no lo entiendes, déjame que te lo explique. Si no es por asuntos escolares, que sean para las clases, no hay reunión posible.
- Crees que puedes faltarme el respeto en mi escuela, mi dominio personal y salirte con la tuya, Harry. Estas muy equivocado, muchacho. Tengo más años y experiencia en duelos que tú.
- ¿Me está amenazando, Director? Delante de tantos testigos, por lo que veo. ¿Es normal que un adulto, amenace la vida de un estudiante en este colegio, sobre todo un adulto que es un profesor?- Ante las palabras dichas en voz alta, el alumnado y los profesores que no eran perros falderos de Albus Dumbledore, estaban murmurando furiosamente acerca de la confrontación.
Albus Dumbledore se estaba poniendo rojo de furia, al parecer los escudos de Oclumancia eran pobres cuando se trataba de intentar manipular al joven Harry y fallaba estrepitosamente.
Con unas respiraciones profundas, Albus se obligó a sí mismo a calmarse. Lo volvió a intentar poniendo esa cara estúpida de abuelo decepcionado.
- Estoy muy decepcionado de ti, mi chico…
- En primer lugar, abuelo, me da igual si estas decepcionado o si no lo estás y en segundo lugar, no soy tu chico, para ti soy el señor Potter. Espero que lo entiendas, porque estoy pensando de que tiene usted, algún problema de entendederas.- Dijo Harry burlándose del director no tan sutilmente.
Al parecer Dumbledore si tenía un problema de entendederas, porque hizo caso omiso de su interrupción y continuó con la diatriba.
- Muchacho, las compañías que frecuentas no son buenas para ti, la casa en la que estás tampoco lo es. Estoy seguro que en Gryffindor estarás mejor y con el señor Weasley, ni te cuento.- Continuó con una sonrisa de abuelo.
Harry lo miró como si se hubiera vuelto loco el viejo y dio un vistazo a la casa de rojo y oro.
- ¿Estas completamente seguro?
- Por supuesto, mi chico.- Contestó Dumbledore, un poco más alegre de que por fin surtiera efecto la discusión. Seguro era por las opciones en la comida. Lo que no vio Dumbledore fue el brillo de su aura, desprendiéndose poco a poco de Harry.
Ahora Harry estaba empezando a enfadarse de verdad con el director. Estaba tratando delante de todo el mundo, de que él, se fuera de la casa en la que estaba, para ir a Gryffindor. No tenía nada en contra de la casa de oro y rojo, de momento, pero no le gustaba que le dictasen su vida.
- Si es así, supongo que no tendré más remedio…- En ese punto Dumbledore dio una sonrisa de triunfo. – Que irme de Hogwarts a otra escuela. Estoy seguro de que Durmstrang me aceptaría encantado. No solo a mí, sino que a todas las familias que han sido una sorpresa para Hogwarts.- Con eso dicho, la mayoría de los que escucharon abrieron los ojos en clara sorpresa.
Si Potter se iba sería un golpe tremendo para la opinión pública de Hogwarts y seguramente muchos padres sacarían a sus hijos de la escuela. Lo cual era muy perjudicial, porque la escuela dependía de que los padres mandaran a sus hijos, sino se quedaría sin fondos.
- Veo, señor Potter. No hay necesidad de ir tan lejos. Espero que esté bien en Slytherin.
- Seguro, que sí, Director. De hecho, ya tengo muy buenos amigos en esta casa. Y los colores, creo que me favorecen, ¿Verdad Cassiopeia?
- Por supuesto, Harry. Te hacen muy guapo.- Muchos rieron después de esa declaración, que iba medio burlándose del posible hecho de que tuviera que vestir de rojo y dorado.
Acto seguido Dumbledore dio media vuelta y Harry juró haber oído algo del director, pero podía ser su imaginación.
Más tarde, los que estaban más delante de la fila, le dijeron que esa batalla la había ganado él, pero que la guerra estaba por verse.
Caminando por los pasillos de Hogwarts hacia la sala común de Slytherin, Severus Snape iba el último de la fila, haciendo caso omiso de lo que sus prefectos iban diciendo a los de primer año. Él estaba pensando furiosamente en sus opciones. Al parecer se había presentado un nuevo jugador en el tablero. Ya no era solo Dumbledore y el Lord Oscuro, ahora estaba Potter jugando también. Un juego peligroso, sí, pero no obstante un nuevo jugador que era. Tendría que esperar y ver como sucedían las cosas este año. Si Potter daba golpes justos y concisos en el director, elegiría bando nuevamente, después de todo Dumbledore nunca le pidió un juramento en su magia, solo le dijo que tendría que espiar para él y encima de todo eso, no cumplió con su palabra de proteger a los Potter, más de los Potter, estaba interesado en que protegiera a Lily, el resto era… un paquete de carga.
La Sala Común de Slytherin estaba ubicada detrás de la entrada escondida en las mazmorras, sus ventanas proporcionaban una luz verde, pues daba a las profundidades del lago de Hogwarts, el lago negro.
Los alumnos de Slytherin, a menudo veían al calamar gigante nadando rápidamente y, a veces, criaturas aún más interesantes. Esa noche sin embargo no vieron nada por el estilo, parecía que los habitantes del lago negro, no querían asustar a los primeros años.
Una clave es necesaria para poder ingresar. Si ésta era correcta se mostraba un pasaje que dirigía a la sala común. Si no lo era, bueno la puerta permanecía cerrada y tenías que esperar a un prefecto o al mismo profesor Snape. La clave de ese año, era Sangre Pura, aunque como dijeron los prefectos de quinto año, las claves se cambiaban periódicamente y se dejaban en el tablón de anuncios.
Harry notó que había serpientes alrededor de la entrada, serpientes talladas que de vez en cuando iban susurrando a los nuevos estudiantes una bienvenida. Tal vez las serpientes te dejaban entrar si les pedias amablemente.
Cuando Harry escuchó la contraseña de la sala común, alzó una ceja divertidamente. Si pensaban que le molestaría la contraseña, estaban muy equivocados, había cosas peores que le molestaban y pronto lo descubrirían los años superiores, que iban planeando no tan sutilmente, darle una lección de modales al mestizo arrogante, como lo llamaban. Bueno, vería si la casa de Slytherin aprendía de sus errores y veía la razón cuando se la presentaba.
Un techo bajo parecido a una mazmorra, iluminado con lámparas verdes y muebles del mismo tono, con vidrios que permitían que la luz se filtrara por las ventanas, formando diversas formas en la sala, ya que se encontraba debajo del Lago Negro, reflejando el agua. Los muebles de la sala común son grandes sofás de cuero en color negro con botones plateados, además de copas de madera oscura. Los chicos de Slytherin ven al calamar gigante en el lago.
Cuando todos hubieron pasado a la sala común y los prefectos les dijeron que del primer al segundo año, las habitaciones eran compartidas entre cuatro personas, las reglas de la casa, si había un problema, se solucionaba dentro de Slytherin y que fuera de la casa tenían que dar ejemplo de unidad. Entonces fue cuando Severus entró y dijo algo similar a lo que habían escuchado, después se marchó de la sala dejando a los primeros años indefensos. O eso es lo que pensó que los dejó, pero estaría muy equivocado, cuando los retratos ocultos de alumnos antiguos de Slytherin le dijeran lo que vieron.
Albus Wulfric Percival Brian Dumbledore, era un hombre extremadamente feliz esa noche. Era el 31 de octubre de 1981 y la casa de los Potter en el Valle de Godric, fue allanada por el mismo Voldemort. Al parecer el joven Tom, se sentía identificado con el joven Potter, al tener un linaje similar. Eran ambos mestizos.
Para Dumbledore eso no importaba, a él le daba igual si eras nacido de muggles, nacido de Squibs, mestizo o sangre pura. No, para Dumbledore lo que importaba era el poder mágico y político que una persona pudiera tener.
Si el mago o bruja era demasiado poderoso, sería malo para sus propios planes acerca del mundo mágico. El mundo de los magos debía ser controlado por alguien como él, sino él mismo.
Por ello cuando recibió la noticia de que Voldemort había sido visto en el Valle de Godric, llamó inmediatamente a Hagrid y le instó a ir a la casa, que ya estaría en ruinas y traerle la persona o personas que hayan sobrevivido. Esperaba que ninguno lo hubiera hecho, pero había una profecía en juego y claramente, alguien había sobrevivido al ataque.
Seguramente Voldemort había atacado con su maldición favorita, la maldición asesina. Una maldición prohibida por el ministerio de magia, que si era echada a una persona, ésta iría a parar en Azkaban de por vida.
Cuando recibió noticias de que el joven Potter, aún estaba con vida, no se lo podía creer. Al parecer la profecía era correcta, pues bien tendría que actuar rápidamente y con cuidado para que otros no se enteraran.
En un primer momento, pensó mandar al niño a un orfanato muggle, pero recordó brevemente que Lily tenía una hermana. Bueno, mandaría a Minerva a espiar a los muggles. Si eran una buena familia, el niño iría a un orfanato pobre, para que fuera maltratado y odiado. Albus quería un niño roto, para que cuando entrara en el mundo mágico, estuviera agradecido con él, por haberle permitido asistir a Hogwarts.
Otra de las razones que quería al niño roto, era porque sería más fácil de manejar, que un niño contento con su familia y feliz.
Cuando Hagrid llegó con el niño en un bolsillo, sonrío para sí mismo, el medio gigante no se daba cuenta de que el niño no era indestructible, tanto mejor, cuanto antes aprendiera el significado de dolor, mejor para sus planes.
Antes de que Poppy Pomfrey entrara a su despacho, para llevarse al niño al ala medica de Hogwarts, Albus empezó a lanzar encantamientos de diagnóstico un tanto oscuros, sobre el chico, para ver que tenía y como sobrevivió a la maldición asesina.
Al parecer el niño era un receptáculo de una parte parcial del alma de Tom, por eso no murió. Bueno, no sería un problema, una parte parcial de un alma no tendría la fuerza necesaria para poseer el cuerpo. De todas formas echaría algunas maldiciones, compulsiones, hechizos y encantamientos sobre el niño para hacerlo menos poderoso.
Agitando levemente la varita, hizo que el niño entrara en un sueño profundo e iba a hacer más pero en ese momento, entró la sanadora residente de Hogwarts y pidió llevárselo a la enfermería, hasta que Albus le encontrara un lugar adecuado.
Albus encontró que el hogar de los Dursley era lo suficientemente adecuado para el niño vivir, salvo que con unos cuantos hechizos y compulsiones más, sobre la casa, no vendría mal. Más valía prevenir que curar.
A Minerva le aseguró que el niño sería crecer sin el conocimiento de su fama, eso era importante, no quería que el chico se supiera defender y no fuera dependiente del gran Albus Dumbledore. Tampoco quería que tuviera un pensamiento independiente. No sería bueno para sus planes.
Lástima que no pudiera entrar en la bóveda familiar de los Potter, pero en la de confianza sí que entraría, una vez que le quitara la llave a Sirius Black, padrino de Harry. Eso lo haría más fácil, es cierto que no podría sacar dinero, pero si ciertos artículos que serían vitales para la manipulación del chico.
Como el Grimorio de los Potter, las varitas de sus padres y la capa de Invisibilidad de James, la cual era una de las reliquias de la muerte, de eso estaba seguro.
Cuando Minerva y Hagrid, se marcharon, Albus actuó y puso en marcha su plan.
Después de echar todo lo que tenía que echar, se marchó dejando al niño en la fría y gélida noche de noviembre.
Un año había pasado ya y Minerva le estaba dando problemas, preguntándose constantemente sobre como estaría el joven Harry, como sería, etc.
Por más que le aseguraba que estaba bien, ella no se lo creía. Le tendría que pedir a Severus que hiciera pociones de lealtad para suministrárselas o ponerla bajo la imperius.
Antes de que pasara el año, Albus jugó sus cartas mandando a Sirius Black a Azkaban, el pobre hombre, estaba tan deprimido por la muerte de sus amigos, que no opuso resistencia.
Lo malo fueron los juicios de los mortífagos, nadie sabía quiénes eran los encapuchados, solo había ciertas dudas y rumores.
Con la incapacitación de los padres de Neville, se arrestaron a los Lestrange y Crouch jr. Tanto mejor, un enemigo político menos, dadas las fechorías de su hijo.
Gracias al juicio de los Lestrange, se pudieron desvelar más mortífagos, pero todos escaparon de la ley, alegando estar bajo la maldición Imperius. Bueno, no era muy importante, de momento tenía que poner las manos en el testamento de los Potter y sacar ciertas reliquias de una bóveda, dado que el dinero era intocable, de momento.
Al haber pasado un año desde que selló la voluntad de los Potter, a Albus le concedieron la custodia mágica del joven Potter y con eso, podía sacar todo el oro que quisiera, pero los gobblins al parecer se le habían adelantado y pusieron encantamientos de estasis para que no pudiera sacar nada, solo el dueño legitimo podría.
Al cabo de los años iban pasando, Albus se iba haciendo más contento de que el joven Potter fuera torturado y odiado por los muggles, al parecer la elección de Arabella Figg como controladora del niño, era buena. Ella tenía problemas personales con todos los magos, dado que fue de una familia y fue expulsada de ella por ser Squib.
A Albus no le importaba, ya que era fácil de manipular la vieja resentida, al igual que el celador de Hogwarts.
Albus Dumbledore no se quedó mirando como crecía el joven Potter, no, tenía mucho trabajo por delante en llevar un país desde las sombras.
Aparte de llevar a su nación en la ICW, era jefe de magos también y ahora "proxy" temporal del asiento Wizengamot de los Potter. Sin contar por supuesto, como director del colegio Hogwarts de magia y hechicería, un colegio que daba mucho trabajo que hacer. Contratar cada año un profesor de defensa contra las artes oscuras, un profesor que fuera a arriesgarse a la supuesta maldición del puesto, una maldición que le vino bien a él, puesto que a sus estudiantes, al menos no estarían muy bien formados.
Tenía mucho poder y muchas responsabilidades para quedarse pendiente del chico, por ello mandó hacer varios aparatos que monitoreaban la salud, bienestar y otras cosas del niño.
También delegaba asuntos sin tanta importancia a segundones que querían triunfar, o bien en el ministerio de magia, o en Hogwarts.
En Hogwarts se encargaba de las cosas cotidianas y tediosas, Minerva. En el ministerio, delegaba a ciertos miembros del Wizengamot, leyes que quería que se pasaran, o leyes que infringía cada día y no quería que le procesaran. A cambio, Dumbledore daría una opinión aquí, otra allí, y su voz sería escuchada.
Cuando pasó cinco años desde que lo dejó en Privet Drive, Albus no estaba en su despacho, para no darse cuenta de que uno de los aparatos dejó de funcionar. Tampoco se daría cuenta de que los informes anuales de Arabella Figg, también faltaban.
Asumió que la vieja Squib estaba perdiendo facultades y no le dio mucha importancia. A Minerva, que la tenía controlada, gracias a Severus, le daba igual el bienestar del chico y solo miraba para que los planes de Albus salieran bien.
A veces se preguntaba si era lo correcto a hacer, otras veces se preguntaba cómo sería la vida, si su querido amante, Gellert, estuviera con él. Seguramente estarían gobernando juntos con mano de hierro y sus opositores, estarían o bien muertos o encarcelados en la cárcel.
Cuando finalmente se dio cuenta de que algo andaba mal con Harry Potter, pero no podía decir qué, fue cuando recibieron la contestación del señor Potter vía lechuza.
Ahí es cuando algo andaba mal, pero como no sabía el qué, lo dejó pasar.
Al parecer la carta encantada por los gobblins funcionaba perfectamente, si el gran Albus Dumbledore no se daba cuenta, ni mandaba a su gente a investigar el caso.
Craso error de Dumbledore, puesto que más tarde en el mes de agosto, saldría lo que sería el primer artículo de muchos, que irían acabando con su reputación e influencia en el mundo mágico.
La mañana era muy normal en el mes de agosto, hacía calor, pero no un calor sofocante, sino un calor que para los viejos huesos de los profesores más antiguos, le venían bien. Albus se encontraba actualmente en el gran comedor, desayunando junto a sus maestros, los cuales hablaban entre ellos alegremente y ajenos a la vida en el exterior. Ajenos hasta que el periódico de la mañana llegó.
En la portada se podía leer claramente, un título que se metía con el director Dumbledore. No era la primera vez que esa reportera hablaba mal de él, es más, si por el fuera, se estaría pudriendo en Azkaban, pero tenía que tener cierta protección la maldita bruja.
Albus Dumbledore, ¿Mago de Luz o Mago Oscuro?
Por Rita Skeeter.
El titulo era claramente una sorpresa para muchos de los maestros e ingleses que estuvieron leyendo ese día el periódico. Al parecer, Harry Potter había salido a la luz pública nuevamente, dando una entrevista detallada de su vida en Privet Drive.
Cuando decía detalladamente, decía todo, desde los hechizos, encantamientos, maldiciones, etc… que estaban colocados por Dumbledore, hasta los abusos sufridos. Incluso había imágenes de esos abusos.
Pero ahí no acababa la cosa, tanto Rita como Potter, acusaba no solo a Dumbledore, sino a McGonagall y Hagrid, de secuestro con agravantes.
Estaban en problemas, sus subordinados al menos, mientras que no se citara el robo de herencias…
¡Mierda! El niño se dio cuenta de que faltaban pertenencias de los Potter en Gringotts, ¡malditos gobblins y sus pruebas de herencia! Todo se echaría a perder.
Levantando la vista tentativamente, Albus se dio cuenta de las miradas de incredulidad de su personal, incluso Minerva estaba sorprendida. Tal vez era hora de una nueva poción, salvo que Severus se veía indignado. No sabía porque, si por el hecho de lo que había hecho al hijo de Lily o porque Potter había hecho lo que había hecho.
Levantando aún más la vista hacia el fuerte estruendo que se podía escuchar a lo lejos, vio con horror una horda de lechuzas que se dirigían directamente a él.
Otra más pequeña iba para Hagrid y Minerva, que se las arreglaran ellos como pudieran. Él tenía que salir de la gran sala y hacer control de daños.
Cuando salió del gran salón, para su consternación los sobres rojos y no rojos lo seguían constantemente. Parecía que habían encantado las cartas para que no se alejara de ellas y lo siguieran a donde fuera. Nada más de la realidad, el profesor de encantamientos, Filius Flitwick, encantó las cartas del director para que éstas le siguieran y como broma adicional, las hizo irrompibles, a no ser que las quemara con algún encantamiento de fuego, entonces sí, se destruirían, pero a un precio de Dumbledore, su barba.
Lo mismo ocurrió con Minerva, para Hagrid no hizo nada, no sea que fuera a quemar su cabaña intentando hacer magia.
Una vez Albus en su despacho, los sobres rojos, a ser Howlers, estallaron en una cacofonía de voces indistintas, todas acusándolo de algún delito contra el pobre niño, otras llamándolo mentiroso y ladrón.
Las que más le molestaban eran las de los mortífagos, que tuvieron la osadía de llamarlo Lord Oscuro y traidor a la sangre.
Hace mucho tiempo no le llamaba nadie, traidor a la sangre, con un movimiento de su varita, sin pensarlo evocó una llamarada de fuego que destruyó todas las cartas que gritaban, en el proceso, llevándose su preciada barba, que tanto le costó que creciera.
Solo se dio cuenta de que su barba le faltaba, cuando algunos de los retratos más… valientes por así decirlo, se empezaron a reír a carcajada limpia de él.
Evocando un espejo, se vio con horror que toda la barba fue quemada. Con otro movimiento de su varita, se la hizo crecer nuevamente hasta la cintura. Por suerte la magia podía arreglar este tipo de desastres.
Pero para arreglar el más gordo de los desastres, necesitaría la ayuda del ministro. Si Cornelius era fácil de manipular, haría que en un comunicado de prensa, atacara al chico por mentiroso y un buscador de atención. Eso le enseñaría a no jugar a juegos peligrosos.
Al día siguiente en la mañana, salió el comunicado de Fudge a todo el pueblo británico, por la radio mágica y por el Diario el Profeta, diciendo claramente que el niño era un desequilibrado, un buscador de fama y gloria y un gran mentiroso.
Defendió con uñas y dientes a Dumbledore, alegando que lo que hizo, lo hizo por el bien del niño y que si éste último era un desagradecido, no era problema del director.
Cuando salió a relucir las cicatrices del chico, claramente Fudge alegó que eran falsas, meras ilusiones puestas ahí por la nación gobblin, que lo único que querían era que magos respetables como Albus Dumbledore, cayeran a la opinión pública.
Ahora Albus estaba sentado, tranquilamente en la silla de su despacho, esperando pacientemente a la retractación del niño. Y esperaría tranquilamente mucho, tiempo pues esa retractación nunca le llegaría. Lo que sí que llegó, fue a los dos días en el Diario el Profeta, otros dos artículos y una denuncia al ministro de magia, por incitar una guerra gobblin.
Los títulos de los artículos, hicieron palidecer a Dumbledore y por primera vez, Severus se preguntó, porque servía a este viejo tonto.
Leído Testamento de los Potter en Gringotts.
Por Rita Skeeter.
Cicatrices de Harry Potter verificadas por Sanadora Tonks del Hospital San Mungo de Heridas Mágicas.
Por Rita Skeeter.
Albus Dumbledore ¿Conspirador contra la familia Potter?
Por Rita Skeeter
Harry Potter rechaza a algunos de los citados en la voluntad de sus padres ¿Venganza o Justicia?
Por Oliver Duncan
Esos tres títulos eran malos, no malos no, pésimos, para la reputación de Dumbledore. Ahora el ministro sí que tuvo que retractarse y encima le echarían la culpa a él. Eso era lo peor que le podía pasar. Todavía estaba equivocado, porque una carta del ministerio de magia le llegó, pero no una carta cualquiera, sino una citación de emergencia del Wizengamot.
Pero él, Albus Dumbledore, no estaba citado como Jefe de Magos, no, estaba citado como acusado, por el abogado de Harry Potter, el señor Marius Greengrass, un excelente abogado que trabajaba para Gringotts. Ahora pedirían su cabeza en bandeja de plata, tendría que pedir muchos favores para salirse de ésta, junto a Minerva y Hagrid. levantándose del asiento, vio que Hagrid y Minerva iban juntos hacia él, supuso correctamente que también habían recibido carta de citación del Wizengamot y cuando se la mostraron, suspiró cansadamente, tal vez se estaba haciendo viejo y él no lo sabía, no, no era eso, era que los magos de Bretaña no sabían apreciar sus planes a largo plazo.
En el Wizengamot las cosas no salieron tan bien como las planeó Albus en su oficina. Primero sus aliados estaban furiosos con él, no debido a que haya quitado un par de herencias sin importancia, ni haber puesto bloqueos en un niño y haber amenazado su vida, no, estaban furiosos con él, por no haberles informado de las posibles repercusiones de sus actos silenciosos. No sólo eso, sino que también salió a relucir el caso Sirius Black nuevamente. Al parecer se indicaba en el testamento de los Potter, que Sirius era el padrino mágico del chico y todo el mundo sabía lo que pasaba si un padrino mágico fallaba a su palabra de cuidar de un ahijado.
Así pues muchos miembros del Wizengamot, estaban pidiendo a voces un juicio nuevo para el acusado.
Antes ya había sido pedido por los gobblins y por el abogado Greengrass, pero tanto el ministro como el Señor Malfoy, por las razones que fueran, puesto que el asiento del Wizengamot lo estaba ocupando Regulus Black y éste tenía herederos, fueron negando el juicio de Sirius, alegando que sí que era culpable, pero con todo el tema del testamento, un testamento que él pensó que selló en el Wizengamot, no se lo esperaba.
El juicio, que en realidad no fue un juicio, debido a que de momento no se les imputaba de nada. A McGonagall por sus años de servicio a la escuela y sus esfuerzos en la guerra, a Dumbledore por ser quien era y a Hagrid, por los favores pedidos de Dumbledore a algunos de sus aliados menos furiosos con él.
Solo se les exigía a los tres que dieran una explicación al Wizengamot al completo por las acciones tomadas esa fatídica noche y el día posterior.
Dumbledore alegó que lo hizo solo pensando en el bien del muchacho, ya que al vivir con sus únicos parientes de sangre, y que éstos eran muggles, debía ponerse esos encantamientos de restricción en su magia. Los de la mente y las compulsiones alegó que no recordaba haberlos puesto, seguramente la sanadora se equivocaba.
En ese punto, el abogado del señor Potter intervino, entregando a los miembros del Wizengamot copias de los gobblins, de San Mungo y del propio señor Potter. Tres veces se hizo el encantamiento de diagnóstico para estar seguros, cosa que a Albus le sentó mal, puesto que si alegaba que no se acordaba se saldría con la suya, ahora lo tenía crudo.
Podría alegar que con toda la confusión y sus tres trabajos, se equivocó de hechizos, sí eso haría la jugada.
- Temo, Señores y Señoras de éste magnífico cuerpo, que debido a mis otras responsabilidades y a que no quería ser visto por los muggles, me equivoqué de hechizos y encantamientos…
- Pero señor Dumbledore, si era medianoche cuando dejaron al señor Potter en la puerta de la casa de los muggles, como si fuera un animal abandonado.- Citó el abogado, haciendo que muchos miembros murmullasen en acuerdo. – Tal vez es hora, de que vaya dejando unas cuantas posiciones.- Propuso amablemente Greengrass.
No, lo que más temía pasaría, le quitarían sus preciadas posesiones de poder por culpa de los cuentos del niño, cuentos que eran ciertos, pero cuentos para su mente no obstante.
Al final de la sesión, se acordó que Dumbledore sería renunciar a su puesto como Jefe supremo de la ICW y al asiento Potter, el cual llevaba ilegalmente y el cual, el mismo abogado del niño tomó como su proxy, con una carta firmada en la sangre del niño. Tras esos acontecimientos se le dijo claramente que no era quien para meterse con la educación de nadie, sea mago, brujo, hechicero o druida. Eso era otro asunto, al parecer ahora las familias por las que tanto luchó, en que no vinieran a Hogwarts para recibir una educación, ahora se habían sublevado y unido a la cruzada de Potter para acabar con él.
Estaba más que molesto con el niño, lo pagaría caro una vez estuviera en Hogwarts y en la casa Gryffindor.
No reconocería los signos de que Harry Potter no estaría en esa casa, no porque no los quisiera ver, sino porque era obtuso en verlos, prácticamente.
McGonagall se libró por poco de una multa de 2000 galeones al señor Potter, pero Hagrid se le dijo claramente que no podía estar cerca de un niño, mientras que éste estuviera en el colegio. Eso era como despedirlo de sus funciones de guardabosques. Bueno, seguro que encontrarían un vacío legal, para que Hagrid no fuera despedido.
Hoy era el día en que los nuevos alumnos vendrían al colegio. Tendría que ser un día alegre, dado la manipulación que había cometido al mandar a los Weasley a Kings Cross, por la forma muggle de entrada.
Más tarde en el día, el informe de Molly llegaría diciendo que no habían visto a Potter. Bueno, no pasaba nada, el hijo menor de los Weasley se encargaría de hacer migas con Potter, por el bien del mundo, por supuesto.
Ronald estaba bien entrenado para odiar a algunas de las casas de Hogwarts como Slytherin, porque eran unas serpientes viscosas del mal y Ravenclaw, porque eran unos ratones de biblioteca sabelotodo, según el criterio del niño. Se le daría la concesión, si encaminaba al señor Potter por el mismo camino y lo tenían controlado.
La clasificación comenzó bien, no había problemas en absoluto, solo que Minerva encontró raro en el señor Potter, por como la miraba con odio no disimulado.
Albus le despidió de sus preocupaciones con un movimiento de su mano y la mandó a por los primeros años, para que entraran en el comedor a ser clasificados.
Las familias más débiles por así decirlo, no fue una sorpresa, la sorpresa llegó con los Blue, los Gaunt, los McKinon, los Turner y los White. Esas familias se suponían que no debían asistir a Hogwarts por miedo a él. Al parecer ya no era así.
Sobre todo los Gaunt, no los podría atacar, debido a que estaban bajo la protección de la familia Potter y atacar a ellos sería atacar a Potter.
Estaba rechinando los dientes de rabia y para colmo de males no podía entrar en la mente de Potter. Al parecer había aprendido a ocluir su mente y recuerdos, con la técnica mental de Oclumancia.
Observó cómo acababa la ceremonia de ordenación con paciencia y después de decir su discurso de apertura, con una cara de abuelo que le estaba costando mantener, se sentó a esperar lo inevitable.
Vio como Potter dejaba a un lado el báculo y sacaba la varita, haciendo movimientos sobre su comida y la de sus allegados. Seguramente el no sabría los encantamientos de diagnóstico, no podía ser tan paranoico.
Aunque Alastor ya le dijo que podría darse el caso, si fuera así, tendría que pensar en maneras alternativas de controlarlo.
Una vez acabada la comida, pidió a Severus que llevara a Harry a su despacho, para hablar con él y convencerlo de volver, una vez terminado el primer año, a Privet Drive, junto a sus familiares.
Pero el niño tuvo que negarse y recordar a Severus, delante de todo el mundo, para colmo de males, que no se le permitía estar en la misma habitación, sin su abogado.
Perdiendo la paciencia y los estribos, fue directamente a hablar con Harry. Pensaba obligarlo de muchas maneras, haciéndolo quedar mal delante de sus compañeros de casa y de otras casas, pero el niño era un descarado, tuvo la osadía de llamarlo por su nombre de pila, utilizando trucos similares a los que hacia Dumbledore.
Maldito niño, encima se atrevía a amenazarlo a él, a Albus Dumbledore, sobre irse de Hogwarts y llevarse las familias más influyentes con él. No podía permitir que eso pasara. Le daría esta victoria, pero si se ofuscaba en tener una guerra política, bueno él era más viejo y más sabio.
Llegando a su despacho hecho una furia, no se dio cuenta de que las pociones que metió en los alimentos del niño no funcionaban. Tampoco se dio cuenta del aura poderosa que venía de él. Lo único que hizo cuando llegó a su despacho fue destrozarlo todo con su magia y rabia.
Destrozó todos los aparatos que tanto le costaron, los que monitoreaban al joven Harry.
Rompió libros que eran irremplazables, sobre alquimia y otras cosas, rompió revistas importantes, cartas recibidas de sus aliados. En fin debido a la ceguera provocada por su rabieta, terminó sentándose en una silla convocada, debido a que su segundo trono, había sido destruido.
Con un suspiro, decidió que seguiría con los planes de la piedra filosofal y que enviaría sutiles manipulaciones al chico, para que enfrentara al espectro de Tom, que estaba en la parte trasera de la cabeza de su profesor de defensa contra las artes oscuras, profesor que antes fue de estudios muggles, asignatura que en su opinión no servía de nada, pero necesaria para sus planes.
Al día siguiente se lamentaría de dicha acción, de destruir su despacho, pero por el momento despotricaba contra todo y todos en un silencio opresivo, un silencio que vino después de una hora y media de destrucción.
La reunión de esa noche, sería aplazarse hasta el día siguiente, sábado, por el mal humor del director Dumbledore.
La sala común de Slytherin era hermosa, hermosa en un sentido tradicional. Estaba decorada de verde, negro y plata. Colores que a Harry le gustaban. Los muebles del mismo color, chimeneas luciendo fuegos que calentaban constantemente la sala común, retirando el frío de las piedras.
Harry estuvo observando todo el rato que estuvieron allí parados, escuchando a los prefectos hablar sobre las normas, lo que sería tolerado, lo que no, etc.
Cuando el profesor que lo confrontó en el Gran Salón, habló, volvió su atención a lo que estaba diciendo. No quería dar la impresión equivocada a ese hombre, un hombre que tenía el porte y un aire regio, que indicaba no antagonizarle.
- Las normas de la Casa Slytherin, están en el tablón de anuncios.- Continuó diciendo con una voz calmada, baja y sedosa. – En público os presentareis todos juntos, para dar una visión de unidad. Si hay algún problema con vuestros compañeros, se solucionará en la intimidad de la sala común. No fuera, donde los demás pueden ver nuestras debilidades. Tenemos que presentar un frente fuerte y unido, para que los enemigos de otras casas, como Gryffindor, teman hacernos frente. La magia, al contrario que en los pasillos, está permitida dentro de estas paredes. Yo soy el profesor de pociones, aparte de vuestro jefe de casa, os animo a que vayáis preparados a clase, espero solo lo mejor de lo mejor y… los que no prestéis atención, lo llevareis mal.- Terminó arrastrando las palabras, mirando en dirección de Harry, el cual estaba pensando fuertemente en cada palabra dicha.
Al parecer les había dado permiso para hacer frente a sus problemas de la manera que quisieran. Bien eso iba muy bien con él y su personalidad de hacer frente a dichos problemas. Si había alguien tan estúpido, como para antagonizar a él, o los que consideraba amigos, como los Black, los Gaunt y la chica Greengrass, estaría dispuesto a enseñar una lección o dos.
- Ahora os dejo con los prefectos de quinto año, ellos os explicaran donde están vuestros dormitorios y como están dispuestos. Mañana es sábado, por lo cual no hay clases, espero que para el lunes, todos estéis dispuestos.- Terminó marchándose, haciendo que su capa ondeara de forma dramática. Seguro era un encantamiento que daba ese aspecto.
- Como ha dicho el profesor Snape, en la casa de Slytherin no se tolera el mal comportamiento, fuera de estas paredes. Es decir, que si tenéis malas notas, puntos deducidos y castigos infringidos por los profesores, estaréis en problemas con la totalidad de la casa. Los problemas se solucionan dentro de Slytherin.- Remarcó la chica, que se presentó como Farley o algo así, el chico, que claramente Alphard, Cassiopeia, Draco y el chico Nott, parecían conocerlo, se presentó luego como Marcus Flint.
Los dormitorios de los chicos estaban subiendo las escaleras a la izquierda, el de las chicas a la derecha. Las escaleras de las chicas tenían un encantamiento que prevenía que los chicos fueran a sus dormitorios.
Los cuartos serían compartidos entre cuatro personas hasta tercer año. A partir de tercero se compartiría entre dos y para sexto y séptimo año, los cuartos eran individuales.
En el caso de que alguien estuviera comprometido, se podría usar los cuartos de matrimonio, pero esos estaban en desuso desde hace más de 50 años.
Cuando los prefectos terminaron de hablar, Harry siguió con la vista, memorizando cada rincón de la sala. Acto seguido se dirigió hacia el tablón de anuncios para hacer copias de las normas y entregarlas a sus aliados y amigos, no sería bueno que les pillaran infringiendo alguna norma que no supieran.
Mientras que iba al tablón de anuncios, un séptimo año o sexto, hizo lo que estaba esperando él y muchos otros.
- ¡Eh, Potter! ¡Vete de aquí, sucio mestizo! ¡No perteneces a la noble casa de Slytherin!- Gritó un chico desdichado, el cual no comprendió el error que cometió.
Harry ya estaba cansado y cabreado de su pelea verbal anterior con el director y este chico quería empujar más, bueno, que así sea.
- Hazme.- Declaró Harry sin volverse hacia el chico que le amenazó.
El otro sacó la varita para maldecirle, pero Harry fue más rápido y volviéndose con su báculo dirigido hacia él, puso en uso la magia de la antigua religión, que tanto había estudiado y practicado en el corto verano.
- Àirde na gaoithe putadh.- Susurró las palabras rápidamente y sus ojos cogieron un tinte dorado brillante, el cual hizo que muchos dieran un paso hacia atrás asustados. De pronto un viento que se podía observar, rodeó al Slytherin dando vueltas a su alrededor y empujándolo suavemente primero hacia los lados. Después el ritmo fue subiendo más rápido a medida que los dedos de Harry iban bailando al son de la magia infundida.
El báculo iba brillando de un color plateado oscuro, hasta que de pronto Harry paró la magia y con el báculo señaló una dirección opuesta.
El chico fue lanzado hacia esa dirección, pero ahí no acabo la cosa, para desquitarse un poco más y hacerle sufrir de dolor, le lanzó una maldición de la antigua religión.
- Teth losgadh fèithean.- Dijo Harry provocando que el chico diera fuertes gritos de dolor y se retorciera en el suelo.
Los alumnos más mayores pensaron que era una variante de la cruciatus e intentaron pararlo por todos los medios, pero mientras que más lo intentaban, más dolor sufriría el pobre muchacho.
Celeste, que se cansó de la tortura dada al chico, que previamente atacó a Harry, decidió intervenir y fue directamente a Harry, el cual veía con asombro, que parecía disfrutar de la tortura.
- ¡Harry! ¡Para, por favor! Ya ha aprendido la lección.- Dijo Celeste apoyando una mano en su hombro.
Harry se volvió todavía con los ojos dorados hacia Celeste y habló en Pársel en público por primera vez, cosa que hizo que les dieran más miedo, que la tortura vista hace unos momentos.
- ¿Por qué Celeste, dime porque debería parar, cuando él claramente quería hacerme daño?
- Porque lo vas a matar, como continúes. Y porque te necesitamos aquí y no en Azkaban. Lo prometiste a padre y madre, de que cuidarías de nosotros…
- Y cuidaré de vosotros Celeste, no tienes por qué preocuparte. - Con eso paró la tortura al chico en el suelo, gimoteando lastimeramente y llorando como un bebé.
- ¡Espero que esto sirva de lección a aquellos que quieran agravarme y a los míos! ¡El que tenga un problema conmigo, estaré encantado de luchar contra él!- Finalizó Harry, yendo hacia el dormitorio de los chicos, los cuales rápido se hizo la elección de con quienes lo compartirían.
Corvinus, Alphard, Draco y Harry compartirían un dormitorio, mientras que Theo, Blaise, Gregory y Vincent, compartirían el otro.
Las niñas serian: Celeste, Cassiopeia, Daphne y Tracy. El resto irían juntas.
En los dormitorios de los niños, Harry rápidamente empezó lo que era un cantico y dibujando unas runas en el suelo, las paredes, alrededor de las camas y lo que sería el marco de la puerta interno.
Una vez acabado, llamó a su elfo doméstico, Cronos y le pidió que lanzara una sala anti elfos de Hogwarts, que él y otros elfos de la mansión se encargaran de la limpieza de la habitación, salvo de las cosas de Draco.
Una vez hecho eso, se dirigió hacia la puerta nuevamente, disponiéndose a salir a la sala común.
- ¿Dónde vas Harry? ¿No volverás a la sala, verdad? Creo que has dejado en claro, que no hay que meterse contigo.- Dijo Alphard seriamente.
- No Alphard, voy a la habitación de las chicas a salvaguardar y cuidar de ellas, como prometí. Mientras tanto, necesito que os hagáis un corte en vuestras palmas y rociéis con sangre las camas, paredes y puerta, para que entréis en la sala de protección.- Dijo Harry cansado y un poco agotado de tanta magia y problemas por los que había pasado.
Con un pensamiento cansado, Harry salió del cuarto de los chicos para aparecer brevemente en la sala común, la cual estaba en silencio absoluto todavía.
Con una gran muestra de magia elemental del aire, se puso a flotar delante de las escaleras de las niñas y subió hacia dichos dormitorios.
Cuando vio los nombres de las chicas, llamó con los nudillos suavemente a la puerta y se apoyó en su báculo a recoger algo de aliento.
La puerta se abrió lentamente para dar a conocer la cara de Daphne Greengrass.
- ¿Harry, que haces aquí?- Preguntó algo preocupada, de que hubiera pasado algo, o peor, se hubiera metido en problemas.
- He venido a resguardar vuestra habitación, como prometí a la mayoría de los padres. Me dejas pasar, por favor. Estoy algo cansado.
- Claro pasa.- Se quitó de en medio para dejarle pasar.
Inmediatamente hizo lo mismo que en la habitación de los chicos y resguardó con la sangre de las chicas y explicándolas que solo Dobby, su elfo doméstico se encargaría de la limpieza de la habitación.
El cual el elfo encantado aceptó el trabajo dado por su maestro.
A las chicas se les dijo por Harry, que solo a aquellos o aquellas, que ellas invitaran temporalmente, las salas no las dañarían. Pero que si había alguien que quería entrar con intenciones malévolas, bueno, no sería agradable para esa persona. También les dijo que ellas estaban invitadas permanentemente a la habitación de los chicos en caso de que quisieran ir y que la sala de protección que echó, se la enseñaría a todos en las fiestas de navidad, para que la pudieran echar en caso de que él no pudiera por cualquier causa.
Despidiéndose de ellas, echó un tempus para ver la hora y maldijo internamente. Eran las doce y cuarto de la noche, ahora tendría menos horas de sueño. Tendría que echarse una siestecita el sábado, para poder descansar o irse más temprano el domingo.
Volviendo a su habitación, con un hechizo se cambió de ropa y con otro, desencogió su baúl y lo dejó al lado de su cama.
Dejando el báculo cerca, en caso de que alguien pasara las protecciones en la habitación, abrió el dosel de la cama y se metió en ella, quedándose dormido antes de que su cabeza tocara la almohada.
