Nota de autor:

Me disculpo por tardar un poco más de lo que estoy acostumbrado con este fic a publicar. Mi deseo era hacer de éste capítulo el año completo de Harry en Hogwarts y me temo que no ha sido posible, debido a que me he dado cuenta de que era demasiado largo. Por ello lo voy a dividir en dos partes o más.

El siguiente capítulo lo empezaré entre hoy y mañana, así que no sé cuando más o menos lo terminaré, pero no creo que me dure más de dos días o tres. Pido disculpas nuevamente. Cuando llegue el verano de Harry, volveré a escribirlo por partes, lo más seguro.

Habrá ciertas cosas a lo largo del capítulo que no aparecerán como la clase de vuelo de Harry, que los fans de Quidditch o vuelo no se preocupen, saldrá en modo flashback en próximos capítulos.

No tengo mucho más que decir al principio de ésta nota de autor, así pues espero que guste el capítulo y lo disfruten.

Un cordial saludo.

CAPITULO 8

Esa noche fue una noche de celebración en la mayoría de las salas comunes de Hogwarts, habiendo elfos domésticos de las familias, llevando cartas de ida y vuelta con las felicitaciones en curso.

Al día siguiente saldría un artículo en el profeta que revolucionaría todas las casas de Hogwarts. Menos mal que cayó en Domingo, y no había clases a las que asistir.

El domingo, 3 de septiembre de1991 amaneció interesante para los alumnos de Hogwarts y la gente en general del mundo mágico. Apareció una nueva publicación del Diario el Profeta hablando de lo que sucedió en la reunión del Wizengamot del sábado. Citaba los eventos principales, como la toma de posesión del proxy Potter, ahora formalmente, siendo el infame abogado, Marius Greengrass, hermano del Señor Alexander Greengrass. También contó que todo lo que hizo Dumbledore con el asiento Potter ilegalmente, se retiró, dando así la des prohibición de varias magias, que el señor Dumbledore fue prohibiendo a lo largo de los años. Leyes anti criatura, leyes anti caza de muggles, leyes para un trato mejor con los muggles, etc.

Contó también la multa impuesta, tanto a Dumbledore como a Fudge, de un millón de galeones a cada uno, por la usurpación del asiento. Luego vinieron las bombas, los asientos liberados para que familias que se creían extintas los retomaran sin temer a repercusiones de Dumbledore, como alguno dijo al periódico. "Estábamos muy nerviosos y un poco asustados, la verdad sea dicha, pero gracias al Señor Potter, que nos logró convencer, de tomar lo que por derecho era nuestro, logramos recuperar algo que creíamos perdido para siempre". Contó al periódico el Señor Gaunt, afirmando su declaración.

También contó el periódico como el gran Albus Dumbledore cayó del pedestal con un voto unánime, de no confianza y fue remplazado como Jefe de Magos, por el hechicero Titus Ollivander.

Rita Skeeter puso en buena lid al nuevo Jefe de Magos, diciendo que sus varitas eran mucho mejores que las de su hermano, Garrick, en lo referente a que no eran prefabricadas, sino que el portador de la varita o la magia del portador, mejor dicho, elegirían las maderas y núcleos pertinentes.

Se dijo que Harry Potter, salvador del mundo mágico, también era un hechicero y por ello no se debía tener los prejuicios en contra de ellos y los Druidas, los cuales oficiaban bodas, bautizos y funerales del mundo mágico y dejar de lado los prejuicios enseñados en Hogwarts y fuera de él, por Albus Dumbledore.

En fin, a Dumbledore se le retrató como el mago que iba a llevar a Bretaña Mágica al declive político y a la alianza Albion, se la puso, como la salvadora de los desastres causados por el ministerio de magia en los últimos diez años y por supuesto, por Albus Dumbledore.

El diario El Profeta, terminó la publicación, con una llamada a todo el mundo mágico para reflexionar, si era buena idea tener a un director como Dumbledore en Hogwarts, que claramente no se preocupaba por la educación de los niños y que llevaba el colegio, como si fuera un feudo personal.

Se alegó que Dumbledore no contrataba personal adecuado para los puestos de defensa contra las artes oscuras, historia de la magia y adivinación.

También se dijo que en un colegio, que en el pasado fue el mejor del mundo, le faltaban clases como la alquimia, quitada por Dumbledore cuando se hizo director, duelo, también quitada por el mismo hombre, Artes Oscuras, una materia mucho mejor que la defensa, que solo trataba de dar prejuicios sobre algunos encantamientos, maldiciones y hechizos que se prohibieron injustamente, etc…

En definitiva, para los aliados de Harry en Hogwarts no fue una sorpresa que al director no se le viera el pelo, durante unos cuantos días, sino era unas semanas enteras.

Después de su caída, era normal que estuviera lamiendo sus heridas, cual gato después de una pelea.

Para ciertas personas del personal de Hogwarts, que las leyes que Harry Potter mandó quitar, era como volver atrás en el tiempo, en vez de progresar. Sobre todo la profesora de estudios muggles, que en un arrebato de furia, al ver al señor Potter hablar y reír con sus compañeros de casa, le quitó cincuenta puntos por molestar en público.

La contestación que le dio Harry con el ceño fruncido, fue épica y se haría muy popular en los próximos meses.

- Va a tener que disculparme profesora, pero claramente, en la Carta de Hogwarts, se estipula que los profesores no pueden buscar una excusa para castigar a los alumnos, de lo que pase en el exterior de éstas puertas. Además, si tan preocupada está de perder su puesto de trabajo, tal vez se tendría que replantear, si lo que enseña es adecuado. Le voy a dar una clase gratuita acerca de muggles. Los muggles son unas criaturas que no tienen respeto por la vida ajena, ni por la naturaleza. Están en este mundo para matarlo lentamente, al igual que con sus estúpidas guerras, se matan entre ellos. Son brutos y poco inteligentes y los que son inteligentes, se les considera parias en su propio mundo, debido a que su felicidad es la propia ignorancia. En definitiva profesora, Burbage, los muggles de hoy en día, son maleables en el mejor e impredecibles en el peor de los casos.- Declaró Harry claramente en contra del mundo muggle y todo lo que lo representaba.

Había unas concesiones por supuesto, se lo tenía que conceder. Como el tren y el ascensor, había mejorado enormemente la comodidad de ellos. Y algunos de los libros de fantasía que escribían, se asemejaban a veces al mundo mágico, pero eso no era los propios muggles, los que lo sacaban, sino los Squibs que salían del mundo mágico al ser expulsados y querían exponerlos ante todo el mundo. Eso tendría que cambiar pronto.

Para bien o para mal, Harry no le gustaba los muggles, eso era claro, los hijos de muggles en el mundo mágico era otra historia, no tenía ningún problema con ellos, siempre y cuando aceptaran el mundo mágico tal como era, y no intentaran cambiar ciertas costumbres, como Samhain, celebrado el 31 de octubre, un día de respeto por los muertos y de rituales. O el día de Yule, que su contraparte muggle indica la Navidad.

En definitiva la profesora de estudios muggles, tuvo que morderse la lengua y salir del gran salón, al ser restaurados los puntos quitados por ella, y restaurados por el profesor Snape.

Muchos de los estudiantes que estaban presentes y familiarizados con los movimientos anti muggle, se horrorizaron ante la idea de que Harry Potter, fuera anti muggle. La mesa de Slytherin comprendía perfectamente su sentimiento hacia los muggles.

Sin saberlo Harry, Severus pensó que su pequeño discurso se parecía mucho a los que daba el Lord Oscuro y dio gracias a que Dumbledore y McGonagall no estaban presentes.

El resto del domingo pasó sin percances, los chicos y Harry pasaron el resto del día estudiando y repasando para sus respectivas clases del día siguiente.

Lunes amaneció más temprano de lo habitual, dado que Harry como siempre, se levantó el primero y fue él quien despertó a sus compañeros de habitación sin muchas complicaciones, salvo por Draco, que le confundió con su madre y le pidió cinco minutos más.

- Si vuelves a llamarme Madre, te echaré tal maldición que te tendrán que recoger con cepillo y recogedor, Draco. Es hora de que te levantes, no lo repetiré más.- Dijo Harry ya vestido con las túnicas del colegio y evocando una mochila para guardar sus libros de primer año. Evocó también, un estuche profundo para meter sus plumas y tinteros. El pergamino lo mantenía en sus rollos y en otro compartimento de la mochila.

Pasando el báculo por encima de la mochila, le echó hechizos de ligereza como una pluma, anti convocatoria, anti robo, anti destrucción e impermeable a la lluvia y el agua, por si acaso había un graciosillo que quería mojarle los libros.

Estuvo esperando en la sala común por sus compañeros de cuarto, los cuales bajaban riendo a costa de Draco, que parecía enfurruñado por alguna razón.

- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué Draco parece tan cabreado?- Preguntó una curiosa Celeste. Su hermano iba a contestar, justo cuando Draco le dio un codazo en las costillas para que callara.

- No hay que ser así, Draco. Es normal lo que te ha pasado.- Dijo Alphard riendo todavía.

- Al parecer, Draco me ha confundido con un familiar suyo, al despertarlo por la mañana.- Contestó Harry por Corvinus, que al recordar el pequeño incidente, volvió a reír. – Yo que vosotros no reiría tanto, si no despertáis más temprano, la próxima vez, os llamo echando un jarrón de agua helada.- Amenazó Harry, haciendo que los chicos tragaran en seco.

Las chicas solo movieron la cabeza en señal de negación, como diciendo "chicos" y todos ellos salieron juntos hacia el Gran Comedor a desayunar y recibir sus horarios.

Cuando llegaron, se dieron cuenta que ni McGonagall, ni el director, estaban presentes. Eso era raro, seguramente tendrían clase con la vieja bruja.

Encogiéndose de hombros la mayoría, miraron en su desayuno por que no hubiera nada desagradable, en el caso de Harry, tuvo que echar varios contadores de maldiciones sobre cubiertos y demás, para no caer en bromas pesadas.

Si pillaba al que lo había hecho, se arrepentiría de haberle cruzado. A Harry no le gustaban las bromas de ese tipo, pensaba que se trataba de matones y ya tuvo suficiente de ellos, cuando vivía en Surrey.

El profesor Snape pasó por la mesa de Slytherin dejando los horarios de las clases, mientras los estudiantes iban terminando de desayunar.

- ¿Algún problema, señor Potter?- Preguntó Severus con una ceja alzada.

- Ninguno señor, todo en orden.- Contestó Harry, recibiendo su horario alegremente.

Al parecer ahora tenían encantamientos con los de Ravenclaw, dos horas. Después tendrían transfiguraciones con los Gryffindor, otras dos horas. A la tarde, después de la hora del almuerzo, tendría Defensa contra las Artes Oscuras, nuevamente con Gryffindor y por último Herbología con Hufflepuff.

Preparándose Harry, mentalmente para la tortura de escuchar a los Gryffindor sobre como Harry se había vuelto oscuro y el mal, recogió su mochila y su horario de clases, guardándoselo en un bolsillo de la túnica. Recogió también su báculo, siempre presente con él y salió de la sala, para esperar a sus compañeros de clase.

El primer día de clases de Harry en Hogwarts, no fue tan mal como pensaba que iría. La clase de Transfiguración fue cancelada, debido a la falta de la profesora en Hogwarts, parecía ser que tardaría en llegar, porque en el almuerzo, el profesor Flitwick se subió al podio y dijo que oficiaría como subdirector en funciones, y que se encontraría en los próximos días un sustituto para Minerva.

La clase de encantamientos fue bastante divertida, sobre todo cuando el profesor mitad gobblin, pasó lista y de repente en el nombre de Harry, cayó hacia atrás de la pila de libros, por la impresión, al menos eso es lo que pensó Harry.

La misma clase, luego fue un tanto aburrida aprendiendo solamente la teoría de los encantamientos y cómo funcionaban.

Como Harry se aburría tanto, decidió sacar uno de sus libros de magia de la antigua religión y estudiarlo un rato, mientras que el profesor iba explicando porque se tenían que hacer los movimientos de varita y hasta cuándo.

Harry no era el único que se aburría, gente criada en el mundo mágico era por lo general aburrida de que la clase fuera así y no se les diera la oportunidad de aprender algo interesante.

La clase de defensa contra las artes oscuras (DCAO) era una broma, sobre todo con el profesor que tartamudeaba sin parar y no se le entendía nada.

Harry volvió a decidir que lo mejor sería el auto estudio en esa clase y sacó otro libro distinto al de encantamientos, esta vez teniendo algo que ver con las artes oscuras.

Como Transfiguraciones no tenían, fueron a hacer los trabajos que les pidieron sus dos profesores, en las dos horas libres que poseían.

Antes de que terminara el periodo libre, Harry había acabado su tarea y se disponía a ofrecer ayuda a sus compañeros, cuando de repente, varios Gryffindor de más edad, entraron en la biblioteca llevando una apariencia de querer buscar problemas.

Agarrando rápidamente el báculo, Harry se preparó para la confrontación inevitable con los zoquetes de la casa de rojo y oro.

Daphne y las chicas que lo vieron, sacaron sus varitas como apoyo a Harry por si necesitaba ayuda, aunque los chicos movieron la cabeza, en la dirección de las chicas en negación.

- Alphard, Corvinus, rápido erigid salas de privacidad y encantamientos Pársel.- Ordenó Harry a los dos que tenía más cerca. Los demás observaron con discreción a Harry y los Gryffindor.

- Vaya, vaya, mirad lo que tenemos aquí. Si no son más que pequeñas serpientes de primer año, sin protección.- Dijo uno de los chicos, que llevaba el pelo a lo rasta.

- Tienes razón Lee, y sabes lo que le hacemos a los novatos, ¿Verdad?- Dijo otro, que por las pecas y el susurro de Draco, era claramente un Weasley.

- Dime, oh, hermano mío. ¿Qué debemos hacer con éstos? Sobre todo con Potter, el traidor a la luz.

- ¿Quién dice que soy un traidor, Weasley? Que yo sepa, no sois nada mío, ni me conocéis para llamarme traidor.- Contestó Harry tranquilamente, notando que las salas de privacidad y los encantamientos Pársel, estaban arriba.

Levantándose del asiento y dirigiéndose hacia ellos lentamente, volvió a hablar.

- Os recomendaría que nos dejarais solos, si no…

- Si no que, Potter. ¿Nos estas amenazando? ¿Tu? Que ni siquiera sabe utilizar la magia correctamente.- Burló uno de los gemelos despectivamente.

- Pruébame y te mostrare lo que se hacer. Eso si tienes las agallas para hacerlo, Weasley o ¿Debería llamarte, traidor a la sangre? Dime algo, ¿Cómo le va a tu padre, sin el asiento del Wizengamot?- Incitó y provocó, haciendo que sus amigos exhalaran de sorpresa ante el repentino ataque de Harry, un ataque verbal, que pronto dio sus frutos, como los tres chicos sacaron sus varitas, preparados para disparar una maldición. – ¿En serio? ¿Tres contra uno? Que valientes.

- ¡Stupeffy! ¡Diffindo! ¡Furunculus!- Gritaron los tres al unísono, haciendo que Harry rápidamente levantara su báculo y gritara un hechizo de protección, haciendo que delante suya, apareciera una pared de agua cristalina, que fue congelándose por cada maldición que choco contra ella.

Los chicos que rápidamente le atacaron sin previo aviso, abrieron la boca en consternación de que sus maldiciones no funcionaran, y decidieron probar otro tipo de maldiciones, no tan de luz, que les había enseñado su hermano Charlie y William, Bill para la familia y los amigos.

Pero antes de que pudieran cantar ningún hechizo o maldición más, Harry atacó contra los tres al mismo tiempo, hablando tan rápido sus hechizos que nadie le entendió lo que decía.

El chico negro, Lee, que fue llamado antes, salió disparado de donde estaba y chocó contra una estantería, haciéndola derribar.

Los gemelos, que se volvieron para ver cómo estaba su amigo, cayeron por los hechizos que iban dirigidos a ellos y que salió conjuntamente con el primero.

El primer gemelo gritó de dolor profundo y no era para menos, de su cara le estaban saliendo raíces de plantas y encima de la cabeza, una especie de flor que soltaba un polen extraño.

Haría falta una semana para que volviera a la normalidad y que fuera acosado constantemente por la profesora Sprout para hacerle pruebas al niño.

El otro gemelo tuvo más suerte, solo cayó inconsciente en el piso. Harry, disipando los encantamientos y sala de privacidad, volvió a sentarse tan rápido en su asiento, que cuando los demás quisieron darse cuenta, Harry les preguntó si iban a Herbología.

En la clase de Herbología, Harry no se aburrió, dado que estaban aprendiendo de las diferentes plantas que había, pero un prefecto con el profesor Snape, vino a preguntar si Harry sabía porque le acusaban algunos de Gryffindor de haberlos maldecido con magia oscura. Harry por supuesto, molesto de que le hayan sacado de una clase interesante, dijo que no sabía nada, que solo estuvo en la biblioteca con sus compañeros de clase y se marcharon de allí sin ningún problema causado a ellos o ellos a la biblioteca.

Severus corroboró con Madame Pince, la bibliotecaria de Hogwarts y ella les dio la razón, estaban tranquilos y en silencio haciendo su tarea.

Por supuesto cuando Harry quiso pasar de nuevo a la clase, el profesor Snape le dijo que fuera con él y por ello recogió sus pertenencias.

Severus Snape llevaba a un Harry Potter demasiado tranquilo para su gusto. Iban caminando lado a lado, manteniéndose al mismo nivel de velocidad que él y mirando al frente sin decir palabra.

En varias ocasiones, Severus quiso decir algo, pero se lo pensó mejor y mantuvo la boca cerrada. Él sabía que Potter no era tan inocente como se quería hacer pasar, pero tenía que reconocer que era bueno en fingir la inocencia. El niño era astuto, si para que no le pillaran de la manera en la que ese duelo fue, no sabía cómo lo había hecho. Ya quisiera él que en sus días de escuela no le hubieran pillado en un duelo a tres bandas.

Le había advertido severamente de que la magia antigua, no debía de usarse en ningún compañero de estudios. No sabía qué hacer, estaba prácticamente en una perdida para tomar una acción, pero no por ello iban al despacho del director, dado que no se encontraba en la actualidad en Hogwarts.

No, iban a ver a Filius, él se encargaría de disciplinar al muchacho. El medio gobblin tenía sus métodos para que los alumnos confesaran los mayores pecados, sin que ellos mismos se dieran cuenta. Estaba impresionado, ya le gustaría a él hacer lo mismo con los de su casa. Tal vez fuera magia gobblin.

Como si fuera cuestión de que Potter le leyera la mente, se decidió a hablar en ese preciso momento.

- Imagino que me llevara al Profesor Flitwick. No puedo ver como eso va a ayudar al chico de tercer año en la enfermería.

- ¿Y quién ha dicho que esté en la enfermería, señor Potter?- Ya está, lo tenía, una confesión por un desliz. No pasaba nada, hasta los mejores de vez en cuando les pasaba eso.

- Me parece raro que no se diera cuenta, profesor. Era bastante obvio cuando Madame Pince dijo, que al chico le cayó una estantería encima.- Dijo con fingida inocencia.

Claro, estaba tan obcecado en atrapar a Potter, que había olvidado que la bibliotecaria lo menciono.

- No, señor Potter, a él no le ayudara, sin embargo, creo que el profesor Flitwick está más interesado en porque no prestó atención en sus clases. Yo también, debido a que no era solo la suya, sino que la del profesor Quirrel, también.- Cuestionó con su habitual voz sedosa y una ceja alzada.

Parecía que lo de alzar las cejas, no solo era cosa suya, sino que también de muchos magos. Con un suspiro se lo confesó.

- Verá profesor, he de confesarle que tanto yo como mis compañeros nos aburríamos en sus clases de teoría sola. Y con el profesor Quirrel, no es de extrañar que no hiciéramos nada, el hombre se pasa la clase entera tartamudeando. Parece que tiene miedo de su propia sombra, no es que me esté quejando de sus enseñanzas, por supuesto, el que sepa el noble idioma de los tartamudos, puede iluminarnos cuando acaben sus clases.- Dijo sarcásticamente o lo que pudo, para hacerlo sarcástico.

El profesor Snape, solamente dio un asentimiento de cabeza en señal de que había comprendido.

Siguieron caminando en dirección a la torre de Ravenclaw, pero en vez de entrar en la sala común de Ravenclaw, la cual tenía una aldaba en vez de un retrato, siguieron por un pasillo un poco más adelante y llamaron a una puerta, la cual llevaba el nombre del profesor Flitwick escrito en una placa.

Cuando entraron, el profesor Snape se excusó que tenía que preparar Pociones para la enfermera de la escuela, lo cual el pequeño profesor solo asintió.

Hubo un breve momento de silencio, mientras que ambos, medio gobblin y hechicero se medían en silencio.

El silencio fue roto estratégicamente por Harry, el cual se preguntaba exactamente porque que estaba aquí.

- Verá profesor, ¿Porque estoy exactamente aquí? No creo que haya hecho nada malo. Si se trata de que estuve leyendo otro tema en su clase, debo disculparme, pero la teoría mágica de cómo se hacen los movimientos de varita y porque, ya me los sé.- Dijo Harry sorprendiendo al pequeño hombre, que estaba pensando claramente en todo lo contrario.

- No señor Potter, no está aquí por eso. La verdad es que no me extraña que se aburriera en la primera clase, espero que para las próximas pueda hacerle un cuestionario, tanto a usted como a sus compañeros que he visto, también se aburrían enormemente. La verdad es que aquí en Hogwarts, nos obligan a enseñar desde lo básico y principal de la teoría mágica, para darles la oportunidad a los hijos de muggles de ponerse al día. Por supuesto en dos horas es imposible y temo que por lo menos las tres primeras semanas, las clases serán similares.

Pero no le he mandado llamar por eso, no, lo que estoy más intrigado es, en cómo sus compañeros de clases, el señor Black y el señor Gaunt, fueron capaces de fundir esos encantamientos y salas de privacidad en la biblioteca.- Harry se quedó pensativo durante unos momentos, bien podría ser una trampa que el profesor Snape, pidió a un tercero para que le descubrieran, o tal vez es que el profesor de encantamientos estaba oculto bajo algún tipo de encantamiento de invisibilidad o realmente no prestó la debida atención a su entorno, cosa que dudaba enormemente debido a que siempre estaba pendiente de lo que pasaba alrededor.

Estuvo dándole vueltas sobre que decir al hombre, que pacientemente estaba esperando una contestación.

- Por desgracia profesor, eso es algo que no le puedo contestar. No es que no quiera, ni nada, es simplemente que la magia realizada por mis compañeros, puede que sea magia familiar y por eso la pudieran realizar tan bien.- Ni afirmó ni negó nada Harry, solo dijo otra cosa para salvarse a él, a Alphard y a Corvinus. La verdad es que ambos sí que sabían ciertos tipos de magia y salas de privacidad. No era común, pero según Salazar, la magia que más sabían los Gaunt, era la magia de Pársel y eso venía bien de vez en cuando.

Harry sabía algo de esa magia del autoestudio nada más, si quería saber más, tendría que pedir ayuda a Salazar o a Corvinus y Celeste, que ambos eran los que sabían, no del todo, dado que el aprendizaje de ese tipo de magia duraba años, pero haría el punto.

- Entiendo señor Potter, ¿Entonces tampoco sabrá qué tipo de magia utilizó en el duelo, verdad? Y no me mienta, se perfectamente que se batió en duelo con esos tres chicos de Gryffindor, lo vi todo.- Declaró el profesor en un tono neutral.

- Si lo vio, señor, entonces ¿Para qué decirle lo contrario? La magia que utilicé es magia de la antigua religión. No era nada dañino permanentemente. Algo que solo pudiera… digamos asemejarse a lo que me lanzaron. Si ellos hubieran lanzado algo más avanzado que un simple encantamiento de corte, una maldición para desmayar y una maldición que crezca furúnculos en la cara, entonces tal vez, no estaríamos hablando sobre si estaban en la enfermería o vivos todavía para contarlo.

- Lo dice señor Potter de una manera poco ética.

- Si vive una vida como la mía, la ética se la deja en casa. No creo que haya que ser éticos para sobrevivir a este mundo. Eso es de profesores que están encerrados en sus clases y deciden educar a los niños. Yo tengo a dos magos adultos y con experiencia en la batalla y la guerra detrás de mí. Señor, con el debido respeto, pero la ética y la moral, no vienen a ser compatibles conmigo en ocasiones.

- Entiendo lo que quiere decir señor Potter, pero ha de entender usted, que la magia que realiza, es considerada oscura por el ministerio.

- No ya no.- Dijo con una sonrisa.

- Ilumíneme, por favor.- Pidió el profesor con una mirada interrogativa.

- Ha leído últimamente el profeta.- Informó, más que preguntó.

- Si, así es, pero ¿Qué tiene que ver con lo que estamos hablando?- Preguntó el diminuto profesor, aun mas intrigado que antes.

Harry sonriendo misteriosamente a su profesor, se levantó del asiento ofrecido por él y dio una vuelta y mirada al despacho del hombre.

Como buen jefe de casa de Ravenclaw, la casa de los intelectuales, estaba repleto de libros, el despacho. Tenía enormes estanterías y una escalera para que pudiera acceder a ellas. También había retratos y lienzos de batallas gobblin, en las que seguramente el clan del padre del profesor, hacia acto de presencia.

Una enorme hacha de guerra con un escudo gobblin, podía verse colgado en la pared, detrás de él.

- Verá, profesor. Muchas de las cosas que hizo el director.- Dijo la palabra como un insulto o una mala palabra. – Fue prohibir ciertos tipos de magia que eran más poderosa, de lo que los hechiceros, al parecer llamamos, magia nueva. La magia nueva, para que lo entienda es la magia común que los magos y brujas aprenden en las escuelas o en las casas. Digo llamamos, porque como usted sabrá y sé que sabe, porque aparece en el profeta, soy un hechicero y creo que he elegido la magia que quiero aprender y hacer en mi vida. Todavía tengo tiempo, sin embargo de elegir correctamente, pero eso es otra historia.

Volviendo a lo que iba, la magia que prohibió el director, ilegalmente, es la magia de la antigua religión y él pensó que si prohibía esa magia o hacia un proyecto de ley, para que se dejara de enseñar en otras partes, como las propias escuelas que tienen los druidas, dejaría de existir o se perdería. Por ello la llamó magia oscura o la nombró como tal. Y es todo lo contrario profesor. Es similar a la magia gobblin, casi no se necesita un receptáculo o foco mágico para llamar a la magia. Merlín mismo, según historias que he leído sobre él y el concilio druida, no necesitaban de un báculo para hacerla. Solo lo tenían como punto de apoyo para las batallas más duras y como arma en contra de los enemigos. Más adelante se empezó a usar como catalizador de la misma magia.- Explicó al profesor entrando en fase Maestro, como algunos de sus amigos le decían en broma, cuando explicaba algo que le interesaba enormemente.

El profesor se veía claramente interesado en el tema, puesto que prestaba atención máxima a él y sus movimientos.

- La desgracia es, profesor, que por culpa del director actual, la sociedad mágica o al menos parte de ella, nos ve como gente mala o incluso, nos llaman Lores Oscuros. Nada más de la verdad. Como en todas partes, hay gente buena y gente mala. Y con la magia pasa lo mismo, en la magia nueva, la hay oscura, lo que ellos no saben, es que la magia no es de colores, lo es solo la intención del lanzador. Me parece repugnante que Dumbledore haya conseguido tal poder de influencia y manipulación. Antes de que el fuera director de Hogwarts, en la escuela se enseñaban las Artes Oscuras, para conocerlas y poder combatirlas si querías. Por culpa del director, ha habido más magos oscuros en los últimos tiempos, magos que se han perdido en ese tipo de magia, al no saber o conocer cómo controlarla. Pero como iba diciendo, si, lo que utilice es magia de la antigua religión y eso, profesor, es algo que no pienso parar de utilizar, debido a que es una parte de mí, como la magia gobblin, lo es de usted.- Terminó su diatriba Harry, extendiéndose y opinando sobre algo que quería mantener oculto la mayor parte del tiempo y por desgracia, al tercer día de su estancia en Hogwarts, se lo había soltado al profesor Flitwick sin querer.

El profesor medito varios minutos las palabras de su estudiante, un estudiante que al parecer veía más importante aprender sobre otro tipo de magia mucho más avanzado que la magia que se enseñaba en Hogwarts.

Por una parte estaba triste de que Harry, el hijo de Lily, rechazara su herencia de mago y aprobara y aceptara su herencia de Hechicero, pero recordó, que nació como hechicero, no era un título que había ganado de los magos.

Dando un asentimiento de cabeza, indicando la compresión de las palabras dichas por Harry, pasó a otro tema que le interesaba y era el de sus clases.

- Me gustaría que me dijera señor Potter, como de avanzado se encuentra en la teoría y la practica en mis clases.

- Bastante, al menos la teoría. En la práctica por otro lado, me encuentro en el material que se da a mitad del sexto año.- El profesor se sorprendió de que pareciera el señor Potter tan incómodo en decirle que se encontraba tan avanzado en la práctica. No pudo evitar preguntar en qué nivel de la teoría se encontraba.

- En los libros, me encuentro en el nivel de maestría de encantamientos y aprendizaje de encantador, profesor. Por desgracia una de las cosas que no tiene la antigua religión, es encantamientos y encuentro fascinante que se pueda encantar ciertos objetos y hacerlos mágicos.

- Me sorprende señor Potter que en tan poco tiempo, haya podido avanzar tanto. Imagino que en los demás temas que se enseñan aquí es igual.

- En efecto señor, salvo en Herbología y adivinación, los demás temas más o menos estoy en el mismo nivel teórico y practico entre quinto, sexto y séptimo año. Sin embargo en duelo, creo que estoy estancado, señor.- Dijo Harry relajándose un poco más y bajando un poco la guardia, en cuanto se dio cuenta de que podía tener la confianza de Filius Flitwick, al parecer había reconocido el clan del padre del maestro de encantamientos y duelo.

Filius estaba impresionado, el joven era un prodigio en la magia, además había incurrido en las artes de adivinación, cosa que creía absolutamente innecesaria, dado que si no se tenía el talento, no servía de nada. Supuso correctamente que estaba intrigado por el tema. Qué pena que no hubiera sido seleccionado en Ravenclaw, tal estudiante hubiera sido una buena adición a su casa.

- Entiendo señor Potter, pero debo preguntar, ¿Por qué Herbología y adivinación? Y ¿Duelo? ¿Es en serio? El duelo no se enseña en Hogwarts, me temo, pero si le interesa hay campeonatos de duelo en el verano. Se podría apuntar si lo desea.

- Vera profesor, el caso es que para Herbología se necesita mucha práctica y con toda la reconstrucción de los negocios de la familia Potter, el enterarme de mi verdadera herencia y tener que estudiar tanto, no tuve demasiado tiempo para la asignatura, aunque debo admitir, como es enseñada por la profesora Sprout, es fascinante. Ha sido una pena que el profesor Snape me sacara del invernadero y no pudiera terminar la clase. Adivinación por el contrario, solo la vi por encima ya que me interesó el tema, imagínese que pudiera predecir el futuro o los posibles futuros, ya que soy un firme creyente, de que un futuro único no existe. Es decir, pienso que el futuro está en constante cambio debido a las decisiones que tomamos continuamente. Y duelo, porque como le he dicho antes, tengo dos magos adultos y entrenados en distintos tipos de magia, magia nueva, sí, pero no obstante magia y utilizaran cualquier medio para intentar matarme. Uno para acabar con lo que empezó, hace esos diez años ya y el otro para que me enfrente sin conocimiento ni entrenamiento al primero.

- Veo señor Potter, que no tiene en gran estima a Albus y lo entiendo claramente. Respeto su decisión de tomar el mayor conocimiento posible y practicarlo, pero debo advertirle, que el conocimiento en exceso, puede resultar malo.

Veré lo que puedo hacer en cuanto a los temas en las clases. En cuanto a lo del duelo, me gustaría probarle, señor Potter, para ver en qué nivel está. Venga a esta misma oficina el sábado que viene y veremos cómo va.- Dijo el profesor Flitwick prometiendo hacerle una prueba de sus habilidades en duelo.

Hablaron durante un rato más, haciendo hincapié en los peligros de defenderse con la magia antigua de posibles ataques en el castillo, pero como ahora no estaba prohibida, ni catalogada como magia oscura, tenía un vacío legal en la que la podía utilizar.

Cuando Harry salió del despacho del profesor de encantamientos, salió un poco más contento de lo que entro. También salió con esperanza renovada, al darse cuenta de su elección enfrente del profesor. Tendría que ponerse en contacto con Titus para hablar sobre el ritual de iniciación que les daban a los jóvenes hechiceros. También tenía que investigar el porqué de su fatiga el sábado que llegó a Hogwarts. Tenía una teoría acerca de ello, pero necesitaba hablar con otro hechicero o druida para corroborarla.

Cuando encontró a sus amigos y amigas, las chicas se abalanzaron sobre el exigiendo preguntas y respuestas simultáneamente. Divertido en cuanto a la cuestión de su preocupación por él, les contó todo, desde las sospechas de que él había atacado, defendido era una mejor palabra, de los Weasley y ese tal Lee, a la proposición de probarle en duelo por el profesor Flitwick. También avisó a Alphard y Corvinus, cuando Draco no estaba prestando atención, de que probablemente Flitwick les preguntara por su conocimiento de las salas y los encantamientos usados.

El resto de la semana pasó sin más incidentes, al parecer los rumores en Hogwarts de que Harry era intocable y sabía más magia de la que dejaba ver, volaban. Si era verdad o mentira, Harry nunca dijo lo contrario a nadie que le preguntara. En cuanto a Pucey, se volvió más manso con respecto a Harry y cada vez que se mencionaba su don con la magia, un escalofrió involuntario le recorría la espina dorsal.

El día que tuvieron Pociones con los Gryffindor, el profesor Snape cuestionó a la clase entera para saber que conocimientos tenían sobre los ingredientes. Como era natural, a Harry le tocó los más complicados y raros, lo cual Harry contestó lo mejor que pudo, dando detalladamente su uso en Pociones y Alquimia.

Ese día se ganó para la casa la cantidad de veinte puntos. Diez por las respuestas y otros diez por la Poción bien hecha.

Cuando el sábado por la mañana llegó, se dirigió a la mesa de los profesores para preguntarle al pequeño profesor, sobre qué hora le venía bien que fuera a su oficina.

Flitwick le dijo que fuera después del almuerzo, dado que tenía mucho trabajo que hacer, mientras que Minerva y Albus estuvieran desaparecidos, haciendo lo que estuvieran haciendo.

Esa era otra cuestión que a Harry le preocupaba. Se puso en contacto con su abogado para intentar hacer control de daños en el caso de que los hubiese, pero como no sabían que estaban planeando, podían dar palos de ciego, prácticamente.

Dejando de lado ese tema, Harry dijo a Marius por una carta, la cual escribió esa misma mañana, sobre su primera semana en Hogwarts.

También preguntó cómo iba el caso de Sirius, ahora que tenían más poder político podían hacer más ruido, tratando de que le dieran un juicio justo. Al parecer Lucius, en un principio pensaba que si Sirius se quedaba dónde estaba, él estaba seguro que la jefatura de la familia Black recaería sobre su hijo, pero al parecer estaba equivocado, dado que Arcturus en su sabiduría, nombró a Sirius, antes de morir, como Jefe de la familia Black, pensando que si tomaba el asiento en el Wizengamot, cambiaria un poco las tornas y volverían a ser una familia respetada. No es que no lo fueran, pero Arcturus en su estado moribundo, cometió varios errores que le resultaron fatal. Entre ellos pensar que si cambiaban las formas y se adaptaban al progreso, los negocios de la familia, crecerían.

Por otra parte Lucius jamás preguntó a Narcissa de qué lado de la familia venía. Para ella estaba claro que Draco jamás conseguiría la jefatura de la familia Black, no cuando Regulus estaba vivo y con descendencia.

Definitivamente, para cuando Harry fuera a casa para las vacaciones de Yule, seguramente a Sirius se le concedería un juicio, dado que estaban "convenciendo" al ministro Fudge de hacerlo.

En cuanto a la cuestión de la emancipación, ahora que tenía a la facción de Albion de su lado, iría mucho más rápido.

Seguramente para año nuevo, Harry sería llamado a un juicio donde los Dursley en su totalidad irían también.

Ahora mismo, para la alianza, las cosas en el Wizengamot y las leyes que querían sacar, iban viento en popa. Los druidas, hechiceros y brujos, eran vistos por los cuatro callejones sin tener que esconderse de la gente. La gente normal, ya no los señalaban con el dedo, ni los acusaban de ser oscuros cuando los veían. Al fin y al cabo la igualdad entre las razas mágicas, era lo que quería el primer Emrys.

Esa misma tarde del sábado, Harry fue nuevamente al despacho del profesor Flitwick para su prueba en duelo. Al llegar a la puerta, llamó suavemente y esperó a recibir el permiso del profesor, para entrar.

El permiso no se hizo esperar y con la voz chillona del pequeño profesor, Harry entró en el despacho y acto seguido se tuvo que echar a un lado, para esquivar una maldición.

Primero, Harry se preguntó qué es lo que había sucedido, luego, después del segundo hechizo dirigido a él, su mente y cuerpo entraron en modo batalla y olvidó porque estaba allí.

Se lanzó en la otra dirección, donde pudo ver un pupitre y se escondió allí para tener un poco de cobertura.

Susurrando unas pocas palabras y moviendo el báculo en dirección general, las mesas, sillas y estanterías hicieron un pequeño pero poderoso fuerte, que le permitiría moverse con libertad para defenderse de su atacante.

Saliendo de su escondite para ver mejor, vio que Flitwick no estaba por ningún lado, y que había otro fuerte justo enfrente suya.

Estaba impresionado, Harry, al parecer los encantamientos también servían para expandir una habitación. Bueno tanto mejor para él.

- ¡Bombarda Máxima!- Gritó y lanzó el hechizo contra el fuerte enemigo. Una fuerte explosión se hizo eco y varias piezas de mampostería fueron lanzadas como si de metralla se tratara. Sin perder el tiempo, Harry empezó a lanzar de todo tipo de maldiciones, de las más comunes a las más oscuras, salvo la maldición asesina, por supuesto, no quería que por error, matara a su profesor.

Flitwick por el contrario estaba contento y expectante. De momento el señor Potter estaba reaccionando normal ante un ataque impredecible. Se había hecho un pequeño muro de muebles que había esparcidos por la habitación, para poder procesar y defenderse mejor.

Después observó con cierto interés como parte de su fuerte explotaba, mandando volar montones de fragmentos de madera por doquier.

Para que acto seguido, por el agujero que se había creado, entraran maldiciones de todo tipo, suerte que no estaba en esa parte del fuerte.

Mala suerte que después, Harry se diera cuenta de eso y con un idioma que no entendía, un fuego negro apareció para consumir todo el fuerte y dejarle a la intemperie y visible.

Moviéndose rápidamente, trato de extinguir el fuego, pero le fue imposible, cada intento que hacía, el fuego era más fuerte y el calor en la habitación se hacía insoportable.

Harry se dio cuenta de que había cometido un error al invocar Hellfyre por ello, mandó apagar el fuego mágico con poca resistencia y salió de su fuerte para dar cara al maestro de duelo.

Con movimientos rápidos y agiles, ambos contendientes esquivaban y mandaban maldiciones, encantamientos, transfiguraciones, runas talladas en el suelo para hacer salas repentinas de defensa, magia elemental, por parte de Harry, que Filius tuvo problemas para defenderse de ella. En fin el despacho del medio gobblin era un campo de batalla completo.

El profesor en un momento dado para tomar un respiro, transfiguró la madera suelta que había por la habitación y la transformó en piedra, justo después la encantó en Golems para que entretuvieran a Harry, mientras el lanzaba sus famosas cadenas de hechizos, maldiciones y encantamientos.

Harry vio lo que iba a hacer, Golems, no le dejaría, sino pudiera detenerle, el mismo crearía su propio Golem de piedra. Un Golem que pondría a la vergüenza los que estaban avanzando lentamente hacia él.

Transfigurando en metal varios restos de madera, corriendo para esquivar varios encantamientos a la vez que el profesor mandó en su dirección, Harry gritó fuertemente hacia el metal.

- Golem Basilisk.- Con ese grito, un gigante basilisco de metal apareció.

Con el calor de la batalla, Harry no se dio cuenta de que su báculo y sus ojos brillaban constantemente de color dorado y su aura se removía con anticipación expectante. Filius por el contrario estaba preocupado de que el joven, se dejara llevar y destruyera por completo el castillo.

Intentando erróneamente pararle, entrando en modo duelo profesional, pasó a mayores maldiciones y hechizos, haciendo que Harry por primera vez desde que entró en el mundo mágico, se dejara llevar por su magia e instintos.

Para poder defenderse correctamente, olvidó completamente los Golems que estaban luchando alrededor y dirigiendo su báculo hacia el suelo, invocó un hechizo que hizo temblar el castillo entero desde sus cimientos, esperando que el profesor se desestabilizara y le diera la oportunidad perfecta para atacarle y ganar el duelo, pero el profesor, que era un profesional, se tiró al suelo a propósito y desde allí siguió con su cadena de hechizos, mezclando la magia gobblin.

Al haber magia más poderosa en juego, Harry dejó de lado la magia nueva y se metió de lleno en la magia de la antigua religión.

Haciendo que vientos de la nada aparecieran, el terremoto olvidado, pero todavía sacudiendo el suelo del despacho únicamente, dado que el castillo reaccionó a la magia que se estaba echando, por primera vez en centenas de años.

El propio castillo hizo que solo la batalla que se llevaba en el interior del despacho del medio gobblin, afectara de hecho, al despacho únicamente.

Volviendo a la batalla, Harry empezó a evocar un cantico seguido, haciendo estallar su aura a la vida y moviendo su báculo en movimientos rápidos y feroces, en todas direcciones, esquivando y mandando maldiciones.

Era como un baile sincronizado. El profesor se movía a velocidad anormal, velocidad que era más rápida que la humana, debido seguramente a su mitad gobblin, pero eso no era suficiente para cansar al joven Potter. De hecho en una ocasión consiguió herirle en el brazo izquierdo, pero pasó el báculo de mano y continuó con furia renovada.

El mismo Filius estaba sangrando por algunas partes del cuerpo, debido a la feroz batalla, ya no duelo amistoso. No le quedaba más remedio que utilizar una maldición que inducia el sueño para desarmar al joven, pero como la utilizaría. Esa era una buena cuestión, ya que esquivaba demasiado bien los hechizos y maldiciones que eran enviados a él.

Tendría que pensar en algo rápido y actuar, sino su pobre despacho quedaría irreparable y cómo explicaría luego el temblor que sintió el castillo entero.

Escondiéndose detrás del gigante basilisco de metal, basilisco que estaba destrozado junto a sus propios Golems, fue increíble y con una enorme sonrisa de satisfacción, sintiéndose vivo por primera vez en décadas, mandó una fuerte maldición del sueño para que cubriera toda la habitación salvo él.

- ¡somnium!- Gritó el profesor con su varita apuntada hacia el techo. Espero y espero durante un buen rato a poder salir de su escondite seguro.

Armándose de valor, decidió dejar salir la cabeza un poco, para ver claramente que Harry yacía tirado en el suelo durmiendo plácidamente, el báculo caído a un lado y sangrando por numerosos cortes. Lo malo, es que su propia aura, ahora le cubría formando una cúpula protectora a su alrededor.

Gimiendo lastimosamente, de que en el propio sueño Harry fuera capaz de defenderse, se fue acercando tentativamente, con la varita guardada en su propia funda de varita.

Cojeando todavía y con mucho dolor, se acercó al cuerpo tendido e inerte de Harry y acercó su mano al aura, para darse cuenta con sorpresa, que le podía tocar y no pasaría nada.

Mirando alrededor de la habitación, dio un suspiro y fue a su chimenea para llamar a un sanador gobblin y le aconsejara que hacer con el señor Potter.

Él no se atrevería a salir y pedir la ayuda de Poppy, si, era buena persona la medibruja, pero temible también.

Muchas veces pensó e imaginó que la vieja bruja tenía sangre gobblin corriendo por sus venas, por lo temible y protectora que era con sus pacientes.

Cuando Harry por fin despertó de su sueño, lo hizo en una cama que no reconoció al instante, pero después de mirar y observar a su alrededor, reconoció donde estaba. El despacho del profesor Flitwick o al menos lo que quedaba de él.

Se había pasado un poco con el duelo amistoso, pero algo dentro de él le exigía que diera lo mejor e improvisara a medida que se avanzaba con la batalla.

Dejó de ser un duelo en cuanto los Golems aparecieron y Harry se dejó llevar por la magia antigua. Algo que se prometió no volver a hacer, era muy peligroso y el castillo pudo resultar dañado, incluso peor, destruido y los estudiantes que habitaban dentro, muertos.

Recriminándose su falta de control, se movió un poco en la cama que, claramente era conjurada y vio que el profesor entraba en su visión periférica con una enorme sonrisa de satisfacción.

- Veo que por fin ha despertado, señor Potter. Nos tenía muy preocupados al profesor Snape y a mí.

- Cuanto llevo dormido, profesor.

- Dos días y sus respectivas noches, señor Potter, contando desde que finalizó el duelo, cosa que duró aproximadamente entre media hora y cuarenta y cinco minutos. Debo decir que me impresionó bastante y es algo difícil de lograr.

- Supongo profesor, pero lo que hice fue extremadamente peligroso y me disculpo por ello.

- ¿Por qué señor Potter? La magia mostrada fue impresionante, digna de un mural gobblin para que perdure por la eternidad y futuras generaciones aprendan de lo sucedido.

- ¿Por qué, profesor? Podría haber destruido el colegio y matado a todo el mundo en su interior. Recuerda el terremoto que provoque, eso era magia elemental de la tierra. El epicentro se dio en esta misma habitación, extendiéndose por todo el castillo en el proceso. Supongo que el castillo es una especie de consciente, por la magia ambiental, y anuló el hechizo elemental, haciendo que solo se diera en esta habitación.- No pudo evitar el tono apesadumbrado y de culpa que sintió por los destrozos a la habitación. Suponía correctamente que el profesor había hecho lo que pudiera para solucionar el desastre.

Llamando a su báculo en su mano izquierda, completamente recuperada de la batalla, dio un golpecito en el suelo con él y la habitación, para asombro de los profesores presentes, se auto arregló sin mucho esfuerzo.

- Increíble…- Mencionó el profesor Snape con la boca ligeramente abierta.

- Si… tengo preguntas de todas maneras señor Potter.- Comentaron ambos profesores al unísono, dando una ligera risa Filius en la cuestión de que lo habían hecho como los gemelos Weasley, algo que no iba a decir nunca a Severus.

- Por supuesto profesores.

- En primer lugar, señor Potter, cuando quedó desmayado por el hechizo que lancé para terminar la batalla, tenía un aura dorada a su alrededor, junto con un aura verdosa oscura. ¿Es consciente de ello? De ser así, ¿Sabe cómo controlarlo o le controla ella a usted?- Harry dio un suspiro y se recostó en la cama para estar más a gusto.

- Profesor Flitwick, lo que voy a contar, no puede salir de esta habitación, es más mis amigos, los llamados ocho, ni siquiera saben la historia completa. Al ser larga, la historia, me refiero, voy a detallar lo máximo que pueda.

Para empezar el aura que vio, todos los seres mágicos tenemos una, el caso es aprender a sacarla de nuestro interior y a mantenerla cuando estamos enfadados o asustados. Es lo que algunos dirían magia accidental.

Por el contrario, el aura dorada pertenece a la magia de la antigua religión, no sé si se habrá dado cuenta, pero cada vez que la utilizo, mis ojos brillan momentáneamente de dorado. Bueno el aura dorada aparece solo en casos de extrema necesidad como la batalla y los ojos mantienen un tinte dorado, debido al continuo uso de dicha magia.- Explicó Harry, haciendo un paro, para pedir un vaso de agua y algo de comer, se moría de hambre, después de todo estar dos días inconsciente, pasaba factura.

Cuando el agua y la comida aparecieron, siguió hablando lentamente, mientras devoraba su plato.

- La verdad es que cuando un hechicero o druida está en su apogeo mágico, en una batalla o duelo, en el que su vida depende, tiene una opción de supervivencia y es la de entregarse al completo a la magia de la antigua religión, para que ésta guie al portador hacia la victoria. Es peligroso porque las bajas o daños colaterales pueden ser desastrosos.- Terminó de explicar.

- Comprendo.- Dijo Filius, mientras que Severus, solo pudo asentir con la cabeza, temiendo una batalla de tal envergadura entre el Lord Oscuro y Harry, o que Merlín y Morgana no lo quieran, entre Dumbledore y Harry.

Titanes, pudo pensar únicamente Severus, todos ellos titanes. No solo en la magia, sino que en la política también lo era.

Severus informó que sus amigos estaban un poco preocupados por su repentina desaparición y se les informo después de un rato de pensamiento por Harry, de la situación del joven Potter. Solo informaron a los que más confiaba de la totalidad del asunto, a Draco y Theodore, todavía no se les dijo todo.

Harry finalmente quedó con ambos profesores, en que una vez cada dos semanas o así practicarían duelo mágico y auto control con Oclumancia.

Es cierto que Harry sabía Oclumancia, pero todavía no era un experto en ella, si, tenía su imagen mental completamente construida y terminada, protecciones igual de fuertes que las del mejor oclumántico, pero aun así, había una parte de la Oclumancia que no era muy conocida y que solo los maestros en el arte, transmitían a sus aprendices y era el control de la magia y el auto control total de las emociones, haciendo parecer a veces que la persona que practicaba dicha magia, perdía toda emoción, pero no era correcto, debido a que no las perdía, las controlaba.

Después de toda explicación a sus compañeros, Harry se comprometió con ellos a enseñarles lo que aprendía y también les aconsejó que utilizaran el encantamiento que el padre de Alphard y Cassiopeia le dio a Harry y aprendieran lo más que pudieran, empezando por Oclumancia en primer lugar. De todas formas, en las siguientes semanas y meses, se volcaron por completo en las clases y se olvidaron momentáneamente de la política del mundo exterior, teniendo Harry, más tiempo de socializar y conocer a Draco y Theodore, el cual éste último pidió ser llamado Theo, puesto su padre utilizaba el mismo nombre y le hacía sentirse viejo.

No hubo problemas cuando Dumbledore y McGonagall aparecieron en Hogwarts, justo a la vez que le llegó una carta de Gringotts diciendo que el pago del ministerio y de Dumbledore había sido realizado en 20 toneladas de oro puro, lo cual hacia un poco más de dos millones de galeones. Justo para comprar los dos asientos de los fundadores de Ravenclaw y Gryffindor del Wizengamot. Gracias a un tecnicismo de cuando Dumbledore ocupó ilegalmente su asiento, ahora tenía más votos que nadie en dicho órgano de gobierno.

Para cuando Harry tuvo su primera clase con la profesora McGonagall, pensó que ésta no iba a ser parcial con los estudiantes de Slytherin, sobre todo con Harry y los ocho. Pero se equivocó, la profesora era profesional en cuanto al trato de los estudiantes, se sorprendió tanto, que debió de mostrarse en su rostro, pues la profesora le pidió que se quedara después de clases un momento.

Las clases fueron bien ese día y los siguientes en la transfiguración. Un poco aburridos para Harry, dado el nivel en el que se encontraba, pero pudo llegar a un acuerdo tácito con su profesora.

Después de la clase se quedó atrás para hablar con Minerva, sobre la sorpresa inicial de éste.

- Imagino señor Potter, que sabe porque está aquí.- Comenzó la profesora, cayendo todo rasgo de cortesía. – Así que no me voy a andar por las ramas y voy a ir directamente al grano, tengo demasiado trabajo por hacer.

- De acuerdo, profesora.

- Como sabrá soy maestra en el tema de transfiguración y llevo muchos años enseñando. Me gustaría que siguiera siendo así, puesto que me gusta como mis estudiantes aprenden y algunos de ellos, llevan lo aprendido a nuevos niveles en el tema. Soy imparcial en las clases señor Potter, independientemente de lo que ocurra fuera de este castillo, siempre que estemos en clases, le voy a conceder puntos, cuando sea necesario, quitarlos, cuando la situación lo requiera, es decir, soy una profesional en la enseñanza y eso no cambiara por las guerrillas políticas que se traiga entre manos con el director.

- Eso es loable, profesora McGonagall, gracias por tomar su tiempo explicándolo. Nos deja a muchos más tranquilos en cuanto a la cuestión que se nos presentaba.

- ¿Y qué cuestión seria esa, señor Potter?

- Oh, auto estudio, por supuesto, profesora.

- Entiendo, bueno no tienen por qué preocuparse por eso, el auto estudio si en verdad es bueno, la parte práctica suele ser más complicada y puede resultar peligrosa, si no se sabe con certeza la teoría.

- Completamente de acuerdo profesora, en todas las ramas de la magia existente, si no se sabe la teoría de cómo funciona y para qué fin fue creada, en la práctica luego, puede llegar a ser letal, en algunas ocasiones.

- Me complace ver que estamos de acuerdo en algún punto. Ahora señor Potter, si me disculpa, tengo asuntos urgentes que tratar. Puede marcharse.- Dijo con su aire habitual popa y un poco disgustada que en realidad estuvieran de acuerdo en algún punto de discusión.

El resto del mes de septiembre y el de octubre fue bastante bien. Dumbledore hizo un par de intentos más de hablar con Harry a solas en su despacho, intentos que fracasaron estrepitosamente al recordar al director sobre el aviso de su abogado, el señor Greengrass. Parecía que Dumbledore olvidaba cuando le convenía ciertas cosas. Cosas que ha Harry no le importaba recordarle.

No le importaba hasta cierto punto, pero ya estaba comenzando a cansarse de tener que repetir las cosas. Se preguntaba qué pasaría si accedía a reunirse con el viejo director a solas o al menos con el profesor Snape presente. Aún no confiaba en el hombre, había muchas inconsistencias en su comportamiento para con Harry. No era uno de los alumnos favoritos del profesor de pelo grasiento, pero tampoco le trataba mal, solo una fría indiferencia en clase y un respeto neutro.

Claro, eso era en público, en privado el profesor Snape le trataba mucho mejor de lo que empezó cuando entró en la casa de Slytherin, allá por el primero de septiembre.

Pero no todo podía ser tan tranquilo en Hogwarts. En el día 31 de octubre, el día de Samhain, algo sucedió que hizo que Harry se excusara de ir a la fiesta que se celebraba esa noche. Para contar la historia completa, es menester ir al principio, por ello por la mañana del 31, Harry recibió una carta de Titus Ollivander, que hizo que Harry frunciera el ceño por momentos.

Levantándose de su asiento, se excusó por el resto del día con sus compañeros, alegando que necesitaba estar solo para meditar.

Sus compañeros, los ocho, asintieron comprendiendo el dilema de Harry, comprendiendo erróneamente, porque se pensaban que quería estar solo por el luto de sus padres y hacer los rituales correspondientes.

Se equivocaban, todos ellos. En la carta que recibió de Titus, le informaba de que el concilio de Druidas-Hechiceros, le daban la oportunidad de unirse a ellos en lo que respecta a un aprendizaje mucho más avanzado de la vieja magia. Pero solo podía pasar, si salía de Hogwarts, ya que requería constancia en el aprendizaje.

Eso era un golpe contra sus planes, debido a que para hacer que las razas mágicas tuvieran la igualdad, se requería su presencia en el colegio.

Estuvo pensando y meditando durante horas, hasta conseguir un plan en formación en su mente. La Carta de Hogwarts explicaba que si un estudiante contrataba un tutor para que le enseñara un cierto tipo de magia, el tutor podía vivir en el colegio, hasta que el aprendizaje surtiera efecto.

El único defecto de su plan, era Dumbledore que seguramente se negaría, pero si daba una generosa oferta o donación al colegio, a través de la junta, tal vez y solo tal vez funcionaria.

Saliendo de su baúl, lanzó un tempus rápido, viendo que eran las diez y media pasadas. Había pasado la hora de la cena en su habitación.

Llamando a Cronos, le pidió que le trajera de mansión Potter algo para cenar y pidió a otro elfo, Dobby esta vez, que llevara una carta urgentemente a Titus, informándole que en el mes de las vacaciones de Yule, se reuniría con el consejo al completo para informarles sobre su decisión.

Todavía tenía un par de meses para mejorar su plan de acción. Pediría ayuda a sus compañeros, para que no se sintieran excluidos.

Cuando estaba a punto de terminar la cena, la puerta de la habitación se abrió revelando la cara preocupada de Daphne.

- Harry, el profesor Snape pide que bajes a la sala común, algo terrible ha sucedido en tu ausencia.- Acto seguido salió, casi con lágrimas en los ojos.

Frunciendo el ceño en preocupación por que algo les hubiera pasado a sus compañeros, bajó rápidamente las escaleras de su cuarto a la sala común, olvidando completamente la cena y el hambre ido.

Cuando llegó a la sala común toda la casa estaba presente, por suerte a sus amigos no les había pasado nada malo, por lo cual relajó el ceño fruncido unos momentos.

- Parece que el señor Potter nos honra, por fin con su presencia.- Burló el profesor Snape sin mucho entusiasmo. – La casa se ha reunido para informarles, que el troll que ha entrado en el castillo, de hecho, ha sido encontrado en el lavabo de las chicas del segundo piso. Lamentablemente se ha llevado una víctima que se encuentra actualmente en la enfermería.- Hizo una parada para el efecto dramático y para que los estudiantes deliberaran por unos segundos, quien podría haber sido.

Las chicas tenían los ojos llorosos, Harry todavía se preguntaba el porqué, pronto lo descubriría, aunque sería indiferente para él.

- La victima del troll, ha sido de hecho, la señorita Granger de la casa de Gryffindor. En el momento de la fiesta de Halloween, al parecer se encontraba en los aseos de ese piso y no pudo escuchar la advertencia, del profesor Quirrel.- Terminó de informar a la casa que hablaba animadamente, al descubrir que no era nadie que conocieran de otras casas como Ravenclaw o Hufflepuff.

Harry iba a hablar con sus amigas, de porque estaban en ese estado, cuando ellas sabían perfectamente que estaría en su habitación meditando sobre una cuestión, cuando de repente el profesor Snape, intervino en su camino.

- Señor Potter, aun no se ha terminado con usted, el director requiere su presencia en su oficina y esta vez está obligado a asistir, debido que se trata de un asunto escolar.- Dijo el profesor, haciendo un ademán con la mano para que lo siguiera de la sala común.

Intrigado por lo que pudiera ser, pero no por ello, menos paranoico, llamó mágicamente a su báculo en su mano y se dispuso a seguir al profesor de Pociones.

Cuando salieron de la sala común, Harry echo encantamientos de privacidad a su alrededor y le preguntó si sabía de qué se trataba esa reunión.

- Me temo señor Potter, que se trata sobre su paradero a la hora de que el troll entró en Hogwarts. Creo que el director sospecha que usted, al no estar presente, lo dejó entrar.

- Eso es absurdo, profesor. Seguramente hubo más estudiantes que faltaban en la fiesta, sobre todo de todas las casas. ¿A ellos también se les cuestiona o solo a mí?- Preguntó empezando a irritarse por la estupidez del viejo director.

- Parece ser, que solo a usted, de momento. Por desgracia, los padres de Granger estarán presentes también. Así como la Jefa de la DMLE.

- Amelia Bones, también aliada de Albion.- Acertó con su constante y creciente ceño fruncido.- Temo profesor, que probablemente haya una confrontación en el despacho de Dumbledore.

- Espero que por el bien de todos, se equivoque, señor Potter. El director, si su influencia ha disminuido, todavía tiene alguna influencia, sobre todo ahora en el ministerio, dado que le ha pagado por ellos a usted, la multa.

- Si, me pregunto cómo lo habrá hecho, pero seguramente me enteraré en el futuro.

- Puede ser, será mejor que disipe los encantamientos de privacidad, ya casi estamos enfrente de la gárgola que da a su despacho.- Ordenó el profesor, volviendo a su tono normal de voz y cuidadosamente ensayado para dirigirse hacia Harry.

Antes de que los encantamientos se disiparan, avisó Harry al profesor, de que pasara lo que pasara en el despacho, no interviniera, ni hablara nada que pudiera desatar una tormenta, literalmente hablando.

Severus Snape, dio la contraseña a la gárgola, la cual por una vez en lo que llevaba enseñando en Hogwarts, era una contraseña normal.

- Esperanza del bien común.- La gárgola se movió hacia un lado para dejar entrar a los dos involucrados. Subiendo las escaleras, el profesor Snape se dispuso a llamar, pero un "adelante" desde dentro, le detuvo de golpear.

A primera vista que recibió Harry, fue de varias personas hablando con un tono de voz bastante alto. Se podía escuchar a Dumbledore claramente, intentando defender sin mucho entusiasmo, a Harry.

Un par de personas que vestían ropas muggle, claramente los padres de Granger, estaban gritando improperios contra su persona. El ceño en la frente de Harry desapareció para dar lugar a una mirada fría de indiferencia por los muggles.

- Espero, que tengan un buen motivo para acusarme falsamente, sino, descubrirán lo que les hacemos a los sucios muggles como vosotros a los que nos acusan de algo que, claramente no hemos cometido.- Intervino Harry duramente, haciendo callar a los padres de Granger y hacer fruncir el ceño a varias personas, entre ellas a Madame Bones.

- ¡Señor Potter! ¡Tenga decoro y respeto por sus mayores!- Dijo Minerva McGonagall, la cual estaba presente en la discusión, al ser uno de sus leones el que fue herido.

- ¡Respeto! ¡Me hablas de respeto tú! Que no entiende lo que es secuestrar a niños de sus casas…

- ¡Basta!- Tronó Dumbledore, haciendo temblar brevemente los cristales de la oficina. Al parecer el viejo era fuerte y lo ocultaba bastante bien.

Severus por el contrario empezó a rezar a todos los dioses habidos y por haber, para que no hubiera enfrentamiento mágico.

Harry por el contrario se vio que cada vez, estaba más furioso y cabreado. Dándose cuenta de que podría cometer errores, tomó una respiración profunda y reforzó sus escudos de Oclumancia al máximo. Al día siguiente estaría cansado, pero merecería la pena.

- Siento lo del arrebato, director, pero comprenderá que cuando se le acusa a uno de haber cometido un delito, y encima uno falso, se pueda perder los estribos un poco.- Dijo de forma educada, sorprendiendo ligeramente a Dumbledore por el cambio en el tono de voz. – Ahora me gustaría saber, porque he sido llamado aquí.

- Señor Potter, se le acusa de haber dejado entrar un troll en el castillo.- Intervino Madame Bones. – También se le acusa de dirigirlo hacia el baño, donde la señorita Granger estaba.

- Ah, sí nos gustaría saber dónde estaba y porque no estaba en la fiesta con los demás, celebrando Halloween, felizmente.- Harry alzó la ceja ante el cuestionamiento estúpido de Dumbledore. Pero le contestaría fríamente.

- He estado, director, guardando luto y haciendo los rituales respectivos, que se necesitan para dar respeto a mis muertos. No sé si usted lo hace o no, pero veo una falta total de respeto no hacerlo, por aquellas personas que dieron su vida, para que la mía fuese mejor. Algo que usted, se empeña en destruir.- Añadió maliciosamente.

El padre de Granger no se tragaba, tal mentira, cosa que parcialmente era mentira, puesto que no estaba haciendo precisamente eso, pero ellos no lo sabían.

- ¡Mentira! ¡Maldito hijo de puta! ¡Has intentado matar a mi hija, y yo te mataré a ti!- Chilló el señor Granger, sacando un arma de fuego de una parte de su chaqueta. Harry que lo reconoció enseguida por lo que era, actuó sin pensar, defendiéndose y lanzando la primera maldición que le vino a la mente, dando un caos total a la oficina, cuando McGonagall, Bones y Dumbledore sacaron sus varitas, una para defender a Harry y los otros para atacar. Severus por el contrario erigió salas poderosas de silenciamiento y protección para que no le dañaran los hechizos.

- ¡Defodio!- Lanzó Harry contra el señor Granger, haciendo que éste esquivara por poco la maldición y diera en el sitio en el que estaba sentado momentos antes, haciendo que su silla estallara en pedazos y éstos se esparcieran por el despacho, dañando a su esposa que ahora yacía en el suelo sangrante de múltiples heridas.

A partir de ahí, lo que siguió fue al más puro estilo caótico. Dumbledore lanzo su maldición a Harry, junto con McGonagall y Bones, aunque esta última era para evitar que diera la maldición de Dumbledore a Harry. El señor Granger por el contrario disparó su arma contra Harry, con la clara intención de matar.

Harry se adelantó a todos a la vez que los hechizos, maldiciones y balas, volaban por la habitación y creó de la nada, metiéndose de lleno en la magia de la antigua religión, una pared de grueso hielo.

Todo lo que le lanzaban era detenido por el hielo que el señor Potter erigió, pero no quedó la cosa tan tranquila, diciendo palabras que Severus temía, se utilizaran en un espacio tan cerrado, picas de hielo bien afiladas surgieron y se lanzaron contra el padre Granger, McGonagall y Dumbledore.

Los últimos pudieron defenderse de las picas asesinas, el señor Granger no tuvo esa suerte y fue empalado en el hombro y la pierna, hasta que Bones, le pudo dar resguardo mágico y lo desmayó y desarmó con ambos hechizos.

Rápidamente buscó un sitio en el que esconderse de la furia desatada de la próxima batalla que se iba a librar.

Severus le hizo un gesto para que se pusiera con él, y nuevamente reforzaron sus puestos de defensa e hicieron una barricada en caso de que más metralla surtiera efecto.

Dumbledore y McGonagall no esperaban que esta situación se diera, solo esperaban que al señor Potter le metiera en unos pocos problemas, Dumbledore mismo sabía que Harry no había metido el troll dentro del castillo, que había sido de hecho, Quirrel.

Ahora se maldecía internamente cuando sentía toda la magia inundar su despacho y rápidamente hizo transfiguraciones de las astillas, mesas y trozos de hielo, para detener, pero sin dañar a Potter.

McGonagall se le unió rápidamente, horrorizada por el atrevimiento del muggle. Ahora los movimientos para la caza de muggles y los anti muggles en el mundo mágico, se acelerarían hasta el punto máximo, si los padres de Granger sobrevivían, por supuesto. En el caso de que fallecieran, la venganza de Potter sería apaciguada. Estaba en todo su derecho, después de todo a matar al muggle que se había atrevido a atacarle, disparando a matar.

Albus, temblaba de anticipación ante la batalla presentada. Ahora entendía porque el señor Potter era reacio a venir sin otra persona que le pudiera calmar, en caso de que se enfadara. Pero Dumbledore, todavía no había visto enfadado al señor Potter, no, lo que estaba haciendo Harry era defenderse únicamente.

Harry vio como las transfiguraciones tomaban forma de Golems para detenerle de destruir la oficina, o lo que quedaba de ella de todas formas. Su magia le pedía exactamente lo mismo que con el duelo amistoso, que no fue amistoso al final, con el profesor Flitwick.

Intentó por todos los medios detenerse, pero su odio profundo por los muggles y por Dumbledore, estaba tomando el control e iba a poner en práctica todo aquello que aprendió desde que entró a Hogwarts y se enteró del mundo mágico.

Por desgracia para sus oponentes, se había introducido en la magia antigua avanzada, viendo un poco de la magia de la antigua religión, que era más oscura.

Dando un paso atrás y poniéndose en una pose de ataque, con su báculo mirando hacia sus oponentes, empezó una cadena de hechizos y maldiciones en ambas magias.

Cambiaba intermitentemente entre la antigua y la nueva, pasando por el Pársel de vez en cuando.

Los colores que salían despedidos por su báculo y el calor que aumentó en la oficina fueron tremendos. Tanto Dumbledore como McGonagall pasaron rápidamente a la defensiva y la ofensiva respectivamente.

McGonagall blindaba, mientras que Dumbledore atacaba sin éxito, al ver y notar que sus ataques eran ineficientes en el mejor.

El báculo del niño se movía a velocidades increíbles, evitando, esquivando y lanzando todo al mismo tiempo. Los ojos de Harry perdieron su color verde bosque, para adoptar un dorado permanente, algo que Dumbledore no comprendía.

Fawkes, repentinamente apareció para apaciguar los ánimos, pero como apareció una bola de fuego negro se estrelló en él y le hizo hacer su quema un año de antelación. Aun así, el fénix dio un trino alegre, intentando que los ánimos se calmaran, fallando estrepitosamente.

Harry viendo que el fénix tenía buenas intenciones, pero que claramente estaba a favor de Dumbledore, siguió atacando a ambos profesores, subiendo el nivel de ataque, hasta que se cansó y con el báculo entre él y los maestros, los transportó fuera del despacho y justo enfrente de la cabaña de Hagrid, el guardabosques, haciendo confundir a ambos maestros de la transfiguración. Momentos que Harry aprovechó claramente incapacitando a McGonagall con un aturdidor, tan fuerte que la mandó estrellarse en la puerta de Hagrid, haciendo que ésta venciera por la fuerza del choque.

Las ventanas del castillo estaban todas abiertas, observando con interés mórbido la próxima batalla que se iba a librar entre Dumbledore y Harry.

Albus vio con horror, como sin esfuerzo aparente, Harry los transportó a los jardines para tener más espacio. No sabía lo que pasaría si comenzaba la verdadera batalla, pero no tenía ganas de averiguarlo, por ello Albus decidió hacer lo más razonable y se rindió.

Se puso su varita dentro de su manga, en lo que se suponía una funda varita y levantó las manos en el aire, en señal de completa rendición.

- Me rindo, señor Potter. Pare por favor.- Dijo Albus, aun con las manos levantadas.

Harry miró y observó con el ceño fruncido, en busca de tretas para que bajara la guardia, más le miró a los ojos en busca de mentiras que salieran a través de ellos, pero lo único que vio, fue preocupación genuina por su asistente, la profesora McGonagall. No era de extrañar, ella había sido lanzada un par de metros hacia una puerta de madera sólida.

Asintiendo lentamente con la cabeza, dio un par de respiraciones profundas, logrando gobernar en su magia y furia.

Dumbledore vio con cierto asombro como los ojos de Harry se iban desvaneciendo de su color dorado para volver lentamente al verde bosque.

Una vez bajo control nuevamente, Harry habló claramente a Dumbledore.

- Me disculpo por destruir parcialmente su oficina, director. Debería haber gobernado sobre el estúpido muggle.- Escupió la palabra con asco.

- Disculpas aceptadas, señor Potter. Debo reconocer, que por un momento pensé, que nos íbamos a batir en un duelo épico…

- Me temo director, que tendrá que esperar unos años nuestro duelo épico. A no ser que quiera acabar lo que hemos estado a punto de empezar.- Dijo Harry con una sonrisa de anticipación.

- No, señor Potter, creo que puedo decir, que concuerdo con usted, de que lo mejor sería aplazarlo, unos años más. No sería justo para usted, enfrentarse a mí, un mago en todo su derecho.

- Claro, justicia, se habla de justicia, cuando fue usted quien envió a Sirius a Azkaban, condenándolo durante diez largos años, por un crimen que no cometió. Justicia, cuando hizo algo similar a mí, condenándome a una prisión peor que los dementores.

- Tenga cuidado, señor Potter…- Dejó en el aire una amenaza tacita, la cual se podía ver venir.

- Solo espero que por su bien, el señor Granger, no haya sobrevivido al desastre…- Comentó de manera casual Harry.

- Bueno, profesor, creo que sería mejor si regresáramos a su despacho.- Con un movimiento de su mano, levitó el cuerpo de la profesora McGonagall hacia el centro, de donde estaban situados. Haciendo que Dumbledore se moviera incomodo, tocando levemente, pero no impredeciblemente la manga donde había guardado su varita.

Con un movimiento rápido y seco de su báculo, Harry los transportó nuevamente al despacho del director y con un golpe seco en el suelo, como hizo con la oficina de Flitwick, el despacho de Dumbledore se reorganizó y reparó de todo daño sufrido.

Albus estaba en una pérdida total, se suponía que las salas del castillo, evitaban aparecerse en sus terrenos. Al parecer no se lo impedían al señor Potter, eso era un grave problema de seguridad. Tendría que poner remedio lo más pronto posible.

- Creo que Madame Bones, Severus, ya podéis salir.- Dijo Albus mirando compresiblemente a donde había un pequeño fuerte para su propia protección.

Al parecer ambos, Severus y Amelia, fueron los más inteligentes. Mirando en la dirección que estaban los muggles, padres de la señorita Granger, pudo observar con consternación, que al menos el señor Granger, estaba muerto.

La venganza por defensa propia del señor Potter se había cumplido y no había manera de que pudiera culparlo, la propia ley mágica le protegía. Solo esperaba que esto no se difundiera en el diario el profeta, no vendría bien una posible guerra a ambas partes del mundo. Tanto los muggles como los magos, no estaban preparados, sobre todo si había ahí fuera más personas como el señor Potter, con poderes similares o incluso más poderosos. Lástima que ya no tuviera influencia en el Wizengamot.

- Creo, Madame Bones, que es necesario llamar a sus aurores y yo a Poppy. Severus, acompañe al señor Potter de nuevo a su sala común. Antes de irse, señor Potter…- Pero se quedó congelado cuando descubrió a Harry, mirando y acariciando el polluelo que era su ave Fénix.

- Veo que ha conocido a Fawkes.

- Si, me estaba disculpando con él, por haberle inducido el día de quema.- Dijo haciendo un movimiento de su mano, haciendo aparecer un fuego conjurado, que no se apagaría en unas pocas semanas más tarde.

Volviéndose al profesor Snape, le indicó que abriera el camino, fuera de la oficina. Severus, sabiamente no comentó nada sarcástico ni por el estilo, todavía estaba un poco tocado, por toda la magia vista y sentida.

Lo que no entendía Severus, era como podría ser posible estar en ese estado de shock, cuando el mismo había vito horrores hechos con la magia. Horrores que el mismo había hecho. Tendría que tener inmunidad o al menos parte de ella, por el momento.

Caminaron en silencio durante unos momentos, hasta que fue roto por el profesor de Pociones, haciendo subir una sala de privacidad y conduciendo al señor Potter a su despacho. Necesitaba una copa y hablar con él. Había tomado la elección de ponerse de su lado, quería indiscutiblemente entrar en la alianza Albion, seguramente Harry le podría dar protección, mejor que el viejo y Voldemort.

- Tome asiento señor Potter. ¿Una bebida?- Ofreció amablemente Severus, cayendo el velo de indiferencia fingida que tenían en público.

- Por supuesto profesor. Un té rojo estaría bien, pero si me ofrece lo mismo que usted va a tomar, digamos Whisky de fuego, no se lo rechazaría por completo, tampoco.- Dijo Harry, haciendo que Severus sonriera para sus adentros.

- Me temo que no puedo dar alcohol a un menor, con mi consentimiento. Perdería mi puesto de trabajo, antes de que pudiera decir magia.

- Una pena, profesor. Té estará bien. Dos terrones de azúcar, por favor.- Dijo, mientras que el maestro de Pociones mandaba buscar un elfo domestico de mirada hosca, al aparecer, dio un escalofrió involuntario al ver al señor Potter, Severus lo dejó a las cuestiones menos importantes.

Una vez que la orden de las bebidas fue lista y pedida, Severus dio un largo suspiro y se masajeó las sienes, en busca de aliviar un poco el dolor de cabeza que se avecinaba.

- Es usted consciente, señor Potter, de que esta… situación por llamarla de alguna manera, no quedará impune ni libre de castigo, verdad.- Afirmó, más que preguntó el profesor.

Harry solo se dignó a asentir con la cabeza y a echar fuertes salas de privacidad con su báculo, haciendo brillar sus ojos de color dorado nuevamente.

- Si profesor, he herido a una profesora de Hogwarts en el duelo.

- ¿Duelo? ¡Eso era una batalla!- Exclamó sorprendido el profesor.

- Tal vez, o tal vez no. Para mí era más un duelo que una batalla. Si le preguntáramos al profesor Flitwick, tal vez este en acuerdo con usted.

- Vale, siguiente punto. Dígame, como cree que va a reaccionar la señorita Granger a la prematura muerte de su padre y el ingreso de su madre en la enfermería. Podría ser un problema para usted en un futuro.

- No lo creo, profesor. Si lo que ha insinuado en la sala común, hace un tiempo es cierto, sobrevivir a un troll de montaña debe ser… duro y ha de dejar secuelas. Así que, bien podría reaccionar mal y acusarme de ser un asesino, cosa que me da exactamente igual su opinión del asunto. Si busca venganza en un futuro, le daré lo que ella quiera, si quiere una muerte segura y rápida, que así sea.

- No parece asustado ni afectado, es más parece muy seguro de sí mismo.

- No es arrogancia, profesor si es a lo que se refiere. Puede que la señorita Granger, sea muy inteligente para su edad, pero la inteligencia no hace la fuerza, ni el poder mágico.

- Entiendo, lo que usted tiene, es un poder que muchos de los magos soñaríamos…

- Sí, es cierto.

- Quería preguntarle… si podría unirme a su facción. No es que tenga poder político ni nada, pero puedo oficiar de espía para usted, en los lados de Dumbledore y Voldemort cuando vuelva.

- Que te motiva, Severus, ¿Puedo llamarte Severus?- Cuestiono Harry con una sonrisa.

- Por supuesto, Harry, ¿Puedo llamarte Harry?- Devolvió Severus la sonrisa, de igual forma, cayendo en su juego.

- Claro, ¿Por qué no?

- Verás Harry, he cometido errores en el pasado y estoy marcado por ello, literalmente. Ahora me doy cuenta, de que hay poderes y potencias más grandes de las que había imaginado en un primer momento.

- Seguro… ¿No será que temes que si estalla una guerra a tres bandas, temas perder la vida en el proceso de ella?- Severus se quedó pensativo ante la pregunta. Hace tiempo dejó de temer a morir, pero cuando vio a Harry por sí mismo luchar contra Dumbledore, McGonagall y un muggle, todo manteniéndolos él mismo a raya, incluso incapacitando a una bruja totalmente capacitada en el uso de la magia, empezó a temer por su seguridad en el bando de Dumbledore.

- Si, Harry, temo perder más que mi vida. Temo perder la dignidad de cómo vivirla y convertirme en un esclavo de dos bandos, que se quieren destruir por el control del mundo mágico.

- Está bien, comprendo. Pero a cambio de tu lealtad, tendrás que abrir tu mente a mí. No es algo que pida a la ligera, pero tengo mis dudas de que me escondas algo. Si tratas de ocluir cualquier cosa, te mato en el momento.- Dijo sin vacilar, haciendo que Severus se preguntara si no lo mataría después de descubrir que fue él quien le dijo la profecía a Voldemort e hizo que fuera tras su familia.

Con un suspiro, Severus dejó caer sus escudos de Oclumancia y bajó la vista para que estuviera al mismo nivel que la de Harry, pero se dio cuenta que no hacía falta, Harry ya había comenzado a hurgar en su mente desde el principio. Lo vio todo, desde su más tierna infancia, hasta los últimos días. Su vida entera pasó por sus ojos en un abrir y cerrar de ojos.

Harry suspiró profundamente y cerró los ojos en profunda reflexión. Haciendo que Severus, por primera vez en mucho tiempo temblara ante lo que podría pasarle.

- No te preocupes, Severus, te creo y no te voy a matar. Has hecho, como has dicho malas elecciones en tu vida, pero por ello no te voy a matar. No, te perdono por hacer lo que creías correcto.- Dijo abriendo los ojos y mirando hacia Severus. – No somos tan distintos en el fondo, creo que una bienvenida a la alianza Albion está en curso.- Dijo haciendo sonreír ligeramente al profesor de pociones.

- Bienvenido, Severus Tobías Snape, a la alianza Albion y a un nuevo mundo. Tu primera misión para la alianza, será dar toda la información útil que puedas recoger de Dumbledore y Voldemort a Marius Greengrass.

- Gracias, mi Lord…

- No te equivoques, no soy un falso Lord, como Voldemort. Si quieres agradecerme, llámame por mi nombre. En público, seguiremos con el acto, es divertido de todas formas.- Con una risa divertida, pasaron a hablar de otros temas, hasta que se dieron cuenta de que era muy tarde en la noche y tenían que ver, uno a sus amigos y amigas, para tranquilizarlos, el otro la sala común para ver si había alguien fuera de las camas.

Para sorpresa de ambos cuando llegaron, nadie había fuera de las camas, pero en la habitación de Harry, estaban las chicas, durmiendo en sofás transfigurados, que iban perdiendo poco a poco las formas, haciéndolos parecer incomodos por momento.

Con unas palabras suaves, la habitación se amplió mágicamente y los sofás se convirtieron en camas cálidas, con cálidas mantas y doseles para dar privacidad a las niñas. Dirigiéndose hacia su escritorio, preparó una carta para mandar al día siguiente a Marius y a Titus, para hacer posibles controles de daños.

Pensándolo mejor, llamó a Cronos y le pidió que en cuanto despuntara el alba, llevara las cartas, ahora duplicadas a sus destinatarios. Disculpándose por haberle molestado, se dirigió hacia su cama y se cambió rápidamente de ropa, metiéndose en ella y durmiéndose antes de tocar la almohada.

El mes de octubre acabó convirtiéndose prácticamente en tragedia, tanto para la casa de Gryffindor como para la madre de Granger.

Al día después del fatídico percance en la oficina del director, el propio Dumbledore subió al podio anunciando que las clases del día serían canceladas.

- Hoy me entristece ser dueño de malas noticias.- Empezó declarando con aire solemne. – Al parecer debido al troll entrar en la escuela y ser encontrado junto al cuerpo inconsciente de la señorita Granger, la propia señorita Granger ha fallecido esta misma mañana, debido a las heridas gravemente sufridas anoche. Guardemos un minuto de silencio, por una bruja tan inteligente.- Terminó, guardando luto por la muerte de una de sus estudiantes.

Por suerte nadie fue tan estúpido de decir nada en contra de la hija de muggles, la casa de Slytherin, al parecer guardaba un silencio tenso.

La mesa de Gryffindor, se podía ver un poco triste al perder a uno de los suyos, salvo, por supuesto un cierto pelirrojo que comía su desayuno indiferente al comunicado de Dumbledore.

La mesa Hufflepuff guardaba respetuosamente el minuto de silencio, como su lema indicaba, eran leales.

Los Ravenclaw sin embargo, guardaban el minuto de silencio en asombrosa preocupación, si una alumna había muerto delante de las narices del director y éste no pudo hacer nada, para detenerlo, los demás claramente no estaban a salvo.

Harry, por desgracia, escogió ese mismo instante para aparecer en el gran salón, e ir directamente a la mesa de Slytherin sin prestar atención a su alrededor. Estaba todavía algo cansado y medio dormido del día anterior.

- ¿Qué me he perdido?- Dijo rompiendo el minuto de silencio, haciendo que sus compañeros, los ocho arquearan las cejas, ante la evidente falta de respeto. Alphard, dándose cuenta de que no había estado en el anuncio, le susurró, lo más bajo posible, que guardara silencio un momento.

Harry lo miró, arqueando una ceja y observando el resto del gran salón. Al parecer, todavía no entendía lo que pasaba, hasta que las lechuzas y el mismo Dumbledore, se volvió a levantar para hacer su siguiente anuncio.

- Como ya sabéis, la señorita Granger no se encuentra entre nosotros, aunque no es la única, su padre, ayer en una confrontación, que de momento se mantendrá en el anonimato.- Dijo mirando en dirección de Harry no tan sutilmente. – También falleció. El ministerio de magia, más exactamente el ministro de magia ha enviado aurores para investigar el asunto de los fallecimientos. Demos una cálida bienvenida a Alastor Moody y a Kingsley Shacklebolt.- Terminó de contar Dumbledore.

Harry por una parte comprendió su falta de tacto y se disculpó con sus compañeros, explicando que él no estaba en la sala cuando se hicieron los anuncios.

Como las clases se habían cancelado, Harry decidió contarles lo que sucedió, antes de que rumores se hicieran eco por el castillo.

Decir que las chicas no estaban contentas, era un eufemismo. Sobre todo Daphne y Tracy, ambas se enfadaron con Harry por haber matado, aunque sea accidentalmente al padre de Granger.

Harry no entendía porque se ponían así por un muggle. El hombre había tratado de matarle y el solo se defendió. Pero lo que Harry no se daba cuenta, era que no fue el hecho de que el hombre, lo tratara de matar, fue el hecho de que se batió en duelo con Albus Dumbledore y McGonagall.

Encogiéndose de hombros con un poco de indiferencia, pensando que ya se les pasaría el cabreo a esas dos, se volvió al resto de sus amigos, para ver sus reacciones.

Alphard estaba bastante contento y felicitaba cada pocos segundos a Harry por el buen uso de la fría lógica y el duelo que tuvo lugar. Draco estaba en un estado similar al de Alphard. A Harry le daba igual lo que pensaran o que le felicitaran por haber acabado la vida de ese patético muggle. Lo que le molestaba eran las tonterías que decían, de si tenían un muggle delante de él, lo que le harían. Ellos no sabían lo que era torturar a una persona, por muy muggle que fuera, al final terminaba por dejar una marca en el alma.

Corvinus solo asentía intentando comprender las acciones de Harry, él nunca había estado en tal peligro antes, tendría que hablar con su padre para ver cómo podía ayudar a su amigo, de momento le brindaría apoyo moral, estando a su lado, no importa qué. Lo mismo sucedía con su hermana, no sabía por lo que pasó Harry y las decisiones precipitadas que se debían tomar, pero no obstante, le brindaría su apoyo.

Theo, que pasó a estar presente también, decidió permanecer callado y llevar una política neutral, de esperar y ver.

Cassiopeia no estaba tan frenética como su hermano, sino más bien pensativa como Celeste y Corvinus. Hablaría con sus padres también en las vacaciones de navidad que se avecinaban y estaría para apoyar en lo que fuera a Harry, después de todo, le debía su vida.

El resto del mes de noviembre, pasó entre sus más y sus menos, con la profesora McGonagall, tratándolo con fría indiferencia por su experiencia vivida, cercana a la muerte.

Lo malo que pasó un día de noviembre, fue que la madre de Granger, irrumpió en el gran salón, llamando asesino a Harry, insultándolo y acusándolo de quitarle tanto a su hija como a su marido.

Harry por el contrario, se levantó de su asiento y se dirigió hacia la salida, flanqueándolo por supuesto sus amigos, salvo Daphne y Tracy.

- Señora Granger, me da exactamente igual lo que piense un muggle como usted, si comete el error de pensar que puede atacarme e irse de rositas, está muy equivocada. La ley mágica deja muy claro lo que les pasa a los muggles como los que están en su situación.

- ¿Y qué es lo que nos pasa? ¿Me vas a matar como a mi marido y mi hija?- Volvió a acusar la mujer, que claramente estaba tocada por la perdida.

Harry respiró hondo en varias ocasiones, para no tener que levantar su magia en contra de esta patética mujer.

- No, pero el ministerio de magia le borrara todo recuerdo que ha tenido o tiene del mundo mágico. Para usted, su hija y marido habrán muerto en un accidente de coche o una explosión de gas.- Terminó fríamente y salió de la sala con indiferencia.

La mujer angustiada, intentó ir detrás de Harry, recogiendo un cuchillo de la primera mesa que vio, que para su desgracia fue de Slytherin.

Como mandaba claramente las normas de la casa, dicha casa estaba obligada en público a mostrar unidad, pero más bien por temor, uno de los de sexto año, se levantó con la clara intención de impedir que la mujer cometiera un error garrafal, pero las puertas del salón se cerraron al instante que Harry y sus amigos salieron del salón, haciendo que la señora Granger, chocara contra las puertas y se derrumbara en llanto.

Harry tuvo razón y un equipo de obliviatores fue llamado a Hogwarts para borrarle la memoria a la madre de Hermione, la cual salió a los dos días de la escuela, pensando que había ido a reconocer los cuerpos de su familia.

El mes terminó pasando en relativa tranquilidad, dando lugar al comienzo de diciembre, el cual con las pruebas o los exámenes, de antes que terminara el plazo y comenzaran las vacaciones de navidad o Yule.

Para Harry y los ocho, fue fácil de pasar los exámenes, no obtuvieron ninguna complicación. En el mismo mes, se corrió el rumor en Hogwarts, que Ronald Weasley era culpable, parcialmente de que Hermione se encontrara en los aseos de las niñas, cuando el ataque del troll en Samhain.

Poco caso se le hizo al rumor, para Harry, probablemente podría ser un ataque en contra de Dumbledore y decidió echar un vistazo en la mente del chico. Para su sorpresa fue cierto que el niño había herido los sentimientos de Hermione y por eso no fue a la cena. Una pena.

Los carros que eran tirados por una especie de caballos negros alados, más tarde se daría cuenta Harry en el tren, de que no eran caballos, sino Thestralls, se subieron en ellos para dirigirse a la estación de Hogsmeade, puesto que las vacaciones de navidad o Yule, comenzaban.

Una vez que todos llegaron al tren y éste partió hacia Kings Cross, se sentaron todos juntos en un compartimento, que en silencio Harry agrandó.

Las conversaciones eran más o menos alegres, puesto que las dos chicas, Tracy y Daphne, no hablaban a Harry todavía.

La conversación derivó sobre todo en lo que se haría en las vacaciones de Yule. Harry dijo que tenía múltiples asuntos importantes de los cuales ocuparse, entre ellos una reunión con la alianza en mansión Potter y que ciertamente todos estaban invitados también a asistir a dicha mansión.

Cuando se bajaron en la estación de Kings Cross y Daphne no se despidió de Harry, sintió un profundo pesar en el estómago, que ignoró suprimiendo el sentimiento, gracias al truco de Oclumancia que Severus le enseñó.

Despidiéndose de sus demás compañeros y sus padres, Harry llamó a Cronos y le pidió que le llevara a la mansión, vía aparición conjunta.

Con un suspiro profundo, se volvió hacia Cronos.

-Gracias Cronos, por todo este año. Por fin he llegado nuevamente a casa. Prepara el baño y una comida caliente, luego avisa a Titus, que me reuniré con el hoy en su tienda o su casa.- Con ello se dirigió su camino hacia los retratos de sus antepasados, a pedir consejo.

Titus Ollivander estaba esperando pacientemente a que Harry llegara a su tienda, junto a Cronos, que le traería vía aparición.

Según Cronos, su maestro estaba un poco raro a la vuelta de Hogwarts, parecía más… deprimido, que contento. Sus ojos eran un tono más oscuros y había franjas doradas en ellos.

Titus sabía lo que significaba, él recibió una carta, algo similar a Regulus, aparte Amelia les contó lo que pasó en Hogwarts con la chica Granger.

Tantas emociones en un día, terminaban pasando factura, sobre todo si te defendías y salvabas tu vida, a costa de la de otro. Algo que Harry hizo bien, dado que ninguno de los mundos, ni las facciones, estaban preparados por el momento. Intentaría hablar con Harry sobre el asunto, pero sin presionarlo, si Harry quería buscar consejo en él, bien pues, Titus haría lo posible para aliviar la preocupación del chico.

Sintió rápidamente la presencia de aparición en la entrada de su tienda y con un rápido hechizo de la antigua religión, algo que le vino a él tan rápido como el habla, algo que no se podía olvidar, notó que el hechizo le decía que era Harry y su elfo, un elfo que desapareció poco después.

Yendo en su busca, Titus comprobó por sí mismo que Cronos tenía toda la razón, Harry parecía más deprimido que cuando fue en el tren.

- Buenas tardes Titus, me alegra volver a verte.- Saludó Harry suprimiendo considerablemente la emoción.

Titus lo vio con buenos ojos durante un momento, apreciaba el esfuerzo que tomaba Harry por aprender las artes mentales al completo. Pero después se dio cuenta, de que esa parte de las artes mentales, estaba consumiendo a Harry poco a poco.

- Buenas tardes, Harry. A mí también me alegra volver a verte. Ven, subamos un momento arriba, al piso.- Dijo dando media vuelta e indicando con una mano que le siguiera por las escaleras, unas escaleras que estaban ocultas a simple vista, pero con un movimiento de la varita de Titus, reaparecieron.

Harry intentó en varias ocasiones, mientras subían intentar hablar de lo que pasó y pedir consejo a Titus. Lo había hecho con los retratos de sus antepasados, pero éstos, los consejos que le daban, parecían vacíos en el mejor. Necesitaba la opinión de una persona que estuviera viva y consciente.

Sentándose ambos en sillones respectivamente, Harry puso su báculo a descansar a su lado, algo que Titus con una sonrisa observó.

- ¿Cómo te funciona el báculo, Harry?

- Perfectamente Titus, es una pieza de artesanía pura. Me encanta.

- Perfecto. Ahora Harry, cuéntame. ¿Qué te pasa?

- ¿A mí? Nada, que me iba a pasar.- Dijo Harry intentando eludir el tema, no muy bien, dado que era el primero en querer desahogarse.

Titus se dedicó a mirarlo con la ceja alzada nada más, hasta que Harry se dio por vencido y soltó un suspiro en derrota.

- Supongo que Cronos te ha hablado de mi estado…

- Si, pero no lo culpes, se preocupa por ti. Aparte se te nota a la legua, que te pasa algo.

- Es cierto, para que ocultarlo. Estoy inquieto desde que llegué de Hogwarts.

- Cuéntamelo todo, Harry, tal vez, pueda ayudarte en algo.- Y Harry así lo hizo. Le contó todo lo que le había sucedido en Hogwarts, desde su estado de cansancio por usar magia de la antigua religión y Oclumancia al mismo tiempo, sus "aventuras" y "desventuras" y sus dos batallas que tuvo en Hogwarts.

La primera, amistosa con el jefe de la casa de Ravenclaw y la segunda, no tan amistosa, con el muggle Granger, la subdirectora y Dumbledore.

- Cuando lanzó el primer hechizo, lo primero que pensé es que lo esquivé correctamente, pero ahora estoy en la duda y creo que ha hecho algo a mi mente. Puedo sentirme más cansado que otras veces… incierto en ciertos temas políticos y de negocios con Gringotts. ¿Puedes ayudarme, Titus?- Preguntó Harry un poco abatido tras sincerarse con Titus.

No se dejó tampoco atrás, lo que creía que sentía por Daphne, el cabreo de Tracy le daba exactamente igual, pero Daphne… ¿Podría sentir algo por ella? ¿Amor? ¿Cariño, tal vez? No lo sabía y eso le carcomía por dentro. Daphne no era como un libro que pudiera leer y descifrar o aprender a cómo manejarla. Era una persona y una un poco complicada para el nivel intelectual de Harry.

Titus cabeceaba de vez en cuando al relato de Harry, cuando llegó a la parte del hechizo, que creyó haber esquivado, tenía claro ahora en no llevarlo al concilio, hasta que se aseguraran de que estaba limpio. Tal vez fuera un hechizo de seguimiento, o una maldición para jugar con la mente del niño, haciéndolo creer que estaba inseguro a todas horas.

Gracias a la Oclumancia avanzada de Harry, era posible contrarrestar, ciertos hechizos mentales, pero no siempre.

Todavía estaba un poco meditativo en cuanto a la parte del cansancio físico y mental. Tal vez su magia no se había adaptado todavía o era el castillo, que al ser como todas las cosas mágicas se nutre de la magia ambiental, pero no era posible que fuera solo eso, dado que en mansión Potter, también se nutría de la magia ambiental y Harry nunca se quejó de cansancio. Tendría que hablarlo con el concilio, cuando llevara a Harry.

En la cuestión referente a las chicas, Titus calmó los nervios de Harry, diciéndole que ellas nunca tuvieron que pasar por las dificultades que Harry pasó en su infancia, por ello no entendían los motivos que le llevaron a tomar ciertas decisiones, en definitiva, que Harry era mucho más maduro que ellas en cuestión de cómo se ve la vida.

Por otra parte, tal vez tuvieran un enamoramiento de él y por eso se enfadaron con Harry. Por desgracia, ese tema tendría que descubrirlo por el mismo.

- Harry, primero que nada, antes de llevarte al concilio, para tu reunión con los ancianos, voy a llevarte a Gringotts a que te examinen los sanadores Gobblin.

- ¿Crees que es necesario? Creo que me encuentro mejor que antes.- Dijo Harry completamente veraz, o al menos él pensaba que era veraz.

Moviendo la cabeza negativamente, Titus pidió disculpas a Harry por lo que iba a hacer, él mismo Harry sin comprender, cayó dormido repentinamente ante un movimiento de mano de Titus.

Estaba claro ahora para él, que Harry no estaba bien. Desde que conocía a Harry, nunca había bajado la guardia, ni siquiera con los que más confiaba, algo había sucedido.

Echando mano de un traslador que le dieron en Gringotts en caso de emergencia, lo activo diciendo la clave para ello.

Apareciendo en el despacho del director Ragnok, este saltó de su asiento cogiendo rápidamente su hacha de guerra y dirigiéndose hacia Titus y Harry, listo para atacar a quien hubiera cogido desprevenido al chico en brazos de Titus o el que hubiera tenido la habilidad para vencerle.

- Tranquilo, majestad Ragnok. Estamos aquí debido a que creo que Harry ha sido maldecido en Hogwarts y me gustaría que sus sanadores lo vieran. Tuve que hacerle dormir, sino, no vendría voluntariamente.

- ¿Sabes que maldición ha sido utilizada?- Gruñó el gobblin, dejando su hacha de guerra, sobre una funda que estaba sobre su espalda, pero hace un momento no. Magia Gobblin tenía sus ventajas a veces.

- Me temo que no, pero tengo sospechas que uno mental, y poderoso también.

- Llevémosle rápido, puede que nos quedemos sin tiempo.- Indicó el rey, abriendo el camino él personalmente. Habían atacado a un amigo de la nación gobblin, quien lo hubiera hecho, recurriría a la furia e ira de toda la nación. Pobre diablo de quien fuera, su oro peligraba en Gringotts y su economía, mejor ni hablar.

Cuando llegaron al ala medica de la nación, Harry fue depositado rápidamente sobre una de las camas y un sanador gobblin fue informado por Ragnok en duendigozna de lo que había sucedido.

El sanador gruñendo improperios, alzó las manos para analizar al chico sobre la base de hechizos, Pociones, encantamientos y maldiciones. Todo en ese orden.

Hechizos y encantamientos no encontró, pero sí que encontró una Poción en su sistema y una maldición en su mente, maldición echada por Albus Dumbledore.

La maldición era una poderosa maldición confundus, algo que confundía a la mente de la persona que le era lanzada. Debido a los fuertes escudos de Oclumancia de Harry, pudo contrarrestarla el tiempo suficiente para llegar a su casa. Menos mal que decidió venir aquí antes que ir al concilio Druida-Hechicero.

La Poción, sin embargo, los sanadores que después fueron llamados, no pudieron detectar lo que hacía, ni por quien fue suministrada. Cuando se despertara Harry, le pedirían si sabía algo.

El confundus, fue fácil de quitar y una vez quitado, le dieron a Harry una poción de lavado de pociones, que le quitaría esa de su sistema.

Cuando por fin Harry despertó, observó cuidadosamente a su alrededor, para saber dónde estaba exactamente.

Se dio cuenta que no estaba en la mansión, eso era obvio, había muchas camas blancas alrededor suyo. También pudo oler algo peculiar en el aire, pociones desinfectantes de la nación gobblin, estaba en su enfermería en el banco de Gringotts. La pregunta ahora, era como había llegado hasta allí. Adentrándose en sus escudos oclumánticos, recordó todo. Recordó dirigirse a pedir consejo desesperadamente a los retratos, algo que evitaba hacer si era posible. Recordó haberle pedido a Cronos contactar a Titus, cuando le dolía tremendamente la cabeza, algo que no había pasado desde que se deshizo de la cicatriz. Recordó la conversación, parcialmente con Titus y luego negrura por un tiempo, hasta despertar.

Ahora que estaba despierto y consciente se sentía mucho mejor, más ligero de lo que esperaba estar. Levantándose tentativamente, para recostarse contra la pared de la cama, miró por si había alguien más con él. Al no encontrar a nadie, se preguntó brevemente si era por la noche.

Si echaba el encantamiento Tempus, le diría la hora nada más, no había nada parecido para detectar el día y mes en el que estaba, o si era de día o noche. Tendría que mirar más en ello, por si acaso se equivocaba. Seguramente habría algo por el estilo, si se creó un hechizo para decir la hora, ¿Por qué no uno para decir el día, la noche, el día de la semana, el mes y el año? Sería estúpido si no se indagó en ello. Pero volviendo al tema, llamó tentativamente a algún sanador gobblin y como si fuera convocado en el acto o teleransportado por algún artilugio, el sanador que estaba acostumbrado a tratarle, apareció.

- Veo señor Potter que ha despertado, dígame ¿Cómo se siente?- Pregunto el gobblin moviendo sus manos alrededor de él.

- Bastante mejor, Maestro Sanador. Me siento más ligero, como si algo pesado se hubiera sacado de mi mente.

- Es normal, cuando intentan manipular su mente con hechizos mentales.

- Entiendo, ¿Puedo aventurar que fue Dumbledore?

- En efecto, señor Potter. ¿Cómo supiste?

- Es fácil. Es mi enemigo número uno de momento. Se convertirá en número dos, una vez que Voldemort esté de vuelta.- Dijo Harry, haciendo que el gobblin soltara una carcajada alegre o al menos le pareció eso.

- Bueno señor Potter, creo que se puede marchar de aquí. Procure no volver a pisar la enfermería en un tiempo, al menos procure que sea después de una gloriosa batalla, en la que sus enemigos caigan bajo su poder.- Despidió el sanador con una sonrisa maliciosa.

Harry devolvió el saludo igualmente, pero esta vez añadiendo que sus enemigos no podrían pisar la enfermería, debido a que los borraría del mapa.

Algo que internamente se juró a sí mismo hacer, si algo como esto volvía a suceder.

Encontró a Titus fuera de las puertas de la enfermería, con su báculo en la mano. Antes de tendérselo, lo miró especulativamente a lo que Harry contestó que no tenía por qué preocuparse, que era él nuevamente y que investigaría la forma de no volver a ser controlado mentalmente.

Cuando se despidieron del Rey Ragnok, este le prometió que buscaría en los archivos gobblin y en amuletos hechos por la nación, en busca de algo que le permitiera comer y beber cualquier cosa, sin tener que preocuparse por pociones, al menos. En el tema control mental, debía hacerse más fuerte, pero con el ritual de iniciación cerca, sabía que con ese, por cualquier mago que intentara controlarle mentalmente, no funcionaria, incluso Dumbledore, fallaría estrepitosamente.

- Ahora Harry que éstas mejor, me gustaría que esta noche te quedaras en mi casa. Considérate un invitado de honor.- Comentó casualmente Titus, cuando salieron del banco. Harry solo asintió casualmente, vagando su mirada hacia el Callejón Aurum.

- Dime Titus, se me permite por el concilio, comprar material más avanzado.

- Si, ellos ya saben que has hecho tu elección. Se te permite el auto estudio de todo lo que quieras, además están interesados en la reunión que se avecina. He explicado que por motivos de salud, no podías ir hoy como se planeaba. ¿En que estas interesado?

- En rituales. Pero también en las artes de la mente y como mejorarlas.

- Bueno, vayamos al rincón del Druida, entonces. No te cubras con la capucha, no lo necesitas, después de todo, es gracias a tu apoyo que ahora podemos salir a la luz pública.- Dijo haciendo que ambos sonrieran, ante las últimas palabras de Titus.

Era por costumbre que Harry se cubriera para que no lo reconocieran, pero era cierto, su condición de Hechicero salió a la luz pública hace tiempo, algo que aplaudió en su día.

Mientras se dirigían hacia el rincón del Druida, Harry pensó en la reunión que tendría con el concilio.

Tendría que convencerlos de darle tiempo para que sus planes surtieran efecto y poder llevar la igualdad de todos hacia un punto más alto. Ahora con los asientos que compraría de los dos fundadores, la alianza tenía un voto mayoritario, por muy poco, pero podrían pasar las leyes que quisieran, podrían vetar al mismísimo ministro de magia, si lo querían echar, en definitiva, eran una fuerza emergente y eran llevados de las riendas por Harry, o al menos por el proxy Potter. Algo que para el año que viene, quizás no fuera posible, pero para cuando estuviera en su tercer año, llevaría a sus ocho amigos juntos a sacarse los TIMOS, para el cuarto año, se sacarían los EXTASIS y en lo que sería el quinto, Harry estaría metido de pleno en la política y estudiando para sus maestrías o al menos, estudiando con los druidas y hechiceros.

Cuando llegaron al rincón del Druida, Titus se ofreció a abrir la puerta para Harry, burlonamente, haciendo que pasara primero, éste con una sonrisa pícara, ofreció al Jefe de Magos que entrara él.

- Insisto Señor Potter.- Dijo Titus, dejando el título emérito de Emrys al concilio, así le darían la sorpresa.

- Insisto más, Jefe de Magos, por favor entre.- Devolvió Harry con su sonrisa, una sonrisa que planeaba algo, bueno o malo, ya se vería.

Era bueno ver que Harry volvía a ser el mismo, era una pena que tuviera que volver a Hogwarts para el resto del año, tendría que tener exceso de cuidado en lo que hacía.

Una vez dentro de la tienda los recibió el tendero, que amablemente informó Titus a Harry de que su nombre era Erik, no podía ir por ahí llamando señor Druida a los druidas, por muy divertido que fuera para el mismo nombrado o para Titus, se debería empezar a llamarlos por su nombre.

- Veo que ha hecho su elección señor Potter.- Comentó Erik en un tono neutro. - ¿Dígame, que siente?

- Bien, me siento genial cuando utilizo la magia de la antigua religión, pero tengo un problema cuando entro en modo duelo, aunque sea amistoso.- Dijo Harry, haciendo levantar las cejas de Titus y Erik.

- ¿Y cuál sería el problema, señor Potter?

- Verá, Erik, cuando entro en modo duelo y empiezo a usar la magia antigua…- Dio un suspiro y empezó a moverse entre los estantes para relatar lo que sentía. – Empiezo a sentir una especie de trance, que se apodera de mí. Siento como si me uniera a la magia de la antigua religión en uno solo y como ésta me va guiando a través de la batalla. Batalla que se convierte del duelo, me guía y me aconseja sobre cómo es la mejor manera de acabar con el enemigo. Si es un duelo amistoso, me aconseja que lo incapacite, si es un duelo para salvar la vida, toma el control brevemente de mi mente y empiezo a lanzar hechizos y todo tipo de magia, mezclando la nueva y la vieja. Me siento liberado, cuando la utilizo, pero temo que tome el control total de mis actos y que por ello, dañe a quien quiero o destruya… bueno ya me entiende, ¿Verdad?- Terminó de contar Harry, haciendo que ambos, Hechicero y Druida miraran preocupados entre sí.

- Si, lo entiendo señor Potter. ¿Cuándo se reúne con el concilio, exactamente?

- Mañana, imagino que por la mañana. ¿Por qué?

- Porque deberá hacer el ritual de iniciación en cuanto antes, señor Potter. Me temo que su magia está llamando a usted y tratando de protegerle lo mejor de su capacidad. También creo que eso de unirse con la magia en uno solo, no solo le ha pasado a usted. A MyrddinEmrys también le pasó. Una vez hecho el ritual, su magia se apaciguará por así decirlo y la controlará mucho mejor. Lo de dejar de unirse a usted para las batallas, temo que le seguirá toda la vida, pero solo es cuestión de acostumbrarse a la incrementación de poder. Por suerte para usted, tengo libros, más que libros papiros en los que le ayudarán en esos tramos.- Dijo Erik, calmando brevemente a Harry y dándole más ganas de asistir a la reunión del concilio y contar lo mismo que a Erik.

Puede ser que al haber más disensión de opinión, pudieran ayudar mejor que un par de papiros con conocimiento de cómo actuar con… ¿Unión de magia y usuario? Más que una unión, era como una fusión de tiempo prolongado. Bueno quien era él para discutir lo que el papiro decía.

Pidiendo los libros que quería sobre las artes mentales, cosa que descubrió, se utilizaban igual que ahora, hace tanto tiempo por los hechiceros y druidas.

Con el ceño fruncido se volvió a Erik y le cuestionó al respecto.

- Disculpe Erik, las artes mentales de ahora, es decir, algunos de los libros que dictan como practicar Oclumancia, ¿No chocan con la magia de la antigua religión, haciendo que esté más cansado?- Preguntó Harry, realmente interesado.

- No tiene porque, ¿Te ha sucedido mucho últimamente?- Devolvió el ceño fruncido Erik.

- Si, en Hogwarts. Sobre todo cuando utilizo Oclumancia y la magia antigua, continuamente. No creerás que sea por Dumbledore…

- No, no tiene nada que ver. Tengo una conjetura, pero me gustaría que antes visitaras el concilio y les contaras todo lo que me has contado. Ellos pueden ayudarte mejor que yo. Por supuesto, cuando vayas mañana, estaré allí también.- Dijo con una sonrisa, apilando la enorme cantidad de libros que Harry iba recogiendo.

Algunos de ellos tenían títulos como historia del primer concilio Druida. O historia de los druidas, ¿Cualquiera puede realizar magia druida? Era interesante ver como se preocupaba por no meter la pata, bueno seguro que le iría bien al joven Emrys.

Harry pagó por toda la cantidad de libros, el precio de 900 galeones y llamó a Cronos, para que se llevara los libros, salvo un par de ellos a la mansión.

Cronos felizmente de que su maestro estuviera recuperado, se llevó los libros en un ligero "pop".

- Parece señor Potter, que su elfo es bastante feliz de servirle.

- Si yo le contara Erik… tengo otro que es… digamos… bastante hiperactivo cuando le llamo para pedirle cualquier cosa. Tampoco me gusta el pensamiento de que se auto castiguen físicamente, si cometen ellos mismos algún error, hago que se tomen uno o dos días libres. Su naturaleza les exige trabajar para estar contentos, cuanto más trabajo tengan, mejor para ellos, sin embargo si les das un día libre, digamos que es peor que una tortura de una hora.- Dijo con una ligera risa. – Ya les castigué una vez por auto infringirse daño. Les di dos días de descanso y a las dos horas me rogaban llorando que volvieran al trabajo. Por supuesto me mantuve firme y cuando las comidas eran servidas, les obligaba a sentarse a la mesa conmigo a comer, eso tampoco les gustaba mucho, pero al final cedían.- En ese punto, Harry estaba más que sonriente.

- Veo, señor Potter, usted es un hechicero de lo más… raro, por así decirlo. Creo que esperaremos grandes hazañas de usted, con la magia y la política.

- Ciertamente, al menos pienso dejar mi granito de arena en la comunidad Hechicero-Druida. Como dirían en la antigüedad, ¡Por Albion!- Llamó Harry, levantando el báculo en el aire. Recibiendo una sonrisa de ambos hombres que estaban con él en la tienda, ellos levantaron sus respectivos focos y gritaron, por la libertad.

Cuando Harry y Titus volvieron al piso de éste último, estaban en una discusión en cuanto a las runas que se utilizaban para los rituales.

- Harry, no solo se utilizan las runas antiguas de los celtas, también utilizamos de otros países, mejorando la capacidad de la magia rúnica. Es bueno que quieras aprender sobre ellas, de los libros que compras en Diagon, pero esos libros están, digamos, mal informados. Si quieres saber sobre el propio poder de las runas, y como se utilizan en la magia de la antigua religión, te recomiendo que pidas un aprendizaje sobre las mismas al concilio. Libros, me temo que no hay muchos y están bastante regulados, por el peligro que representan.

- No lo entiendo, que peligro pueden representar las runas.

- Bastante, si se utilizan mal. Rituales, hechizos de la magia nueva, salas defensivas y ofensivas, magia de curación antigua, son unos pocos ejemplos en los que se utilizan las runas. También pueden servir como en las artes más oscuras o negras. Como la Nigromancia y la invocación. Si aprendes de esas dos artes, te pido solamente que tengas exceso de cuidado. No te voy a prohibir nada, pero si pido que cuides de ti mismo y no dejes de lado la precaución. Antes de decidir aprender nada, habla con los druidas o hechiceros del concilio, ellos te pueden presentar maestros que son, obviamente como la palabra indica, maestros en sus campos, profesionales, por así decirlo.

- Entiendo, hablando de otros temas, el concilio de los Druidas, ¿Dónde se encuentra?

- Eso depende Harry. A veces es en Stonehenge, otras veces en otros países como España, Francia, Alemania, Egipto, Roma, etc…- Comenzó Titus a contar. – Mañana, creo que iremos a Stonehenge, no lo sé a ciencia cierta, dado que vamos por traslador especial. Lo que si te puedo decir, es que no lleves la varita que te hice, mejor déjala aquí, para el concilio, alguien que lleva dos focos, o es muy paranoico o es que todavía está indeciso.

- Pero no estoy indeciso, Titus, he tomado mi decisión, a principios de la escuela. Lo que si me pregunto, es, ¿Podré seguir utilizando la magia nueva?

- Si Harry, podrás seguir utilizándola.- Dijo con una suave risa. – Pero, lo único que pasará es que una varita no la podrás utilizar, o al menos no muy a menudo. La magia nueva que utilices, saldrá más poderosa que antes y mucho más que tus compañeros magos. Solo que necesitaras de la intención para echarla. Las palabras, serán insuficientes en el mejor. Sin embargo, cuando realices el ritual de iniciación, bueno la magia antigua te saldrá mucho mejor, debido a que tu propia magia se habrá asentado y fusionado a la antigua. Habrás notado, alguna vez, que tu aura brilla también de dorado. Pues eso es por la magia antigua que te reconoce como un usuario y te invita y protege, hasta que realices el ritual.- Explicó Titus a un Harry bastante curioso en cuanto al ritual y lo que pasaría después de realizarlo. ¿Cambiaría físicamente? ¿Psicológicamente? ¿Sería más poderoso en la magia antigua y nueva? Tantas preguntas sin respuesta y tan solo tenía que esperar un día para ello. Cuan injusta era la vida, él quería sus respuestas ahora, pero según Titus, debía ser paciente para que fueran respondidas en su momento.

Ese término de día, comieron y cenaron para tener fuerzas al día siguiente, puesto sería importante para Harry.

De los libros que compró, leyó con el encantamiento del conocimiento que sacó de la biblioteca Black, o mejor dicho, que le dio Regulus a Harry, el libro sobre la historia Druida. Suponía que le contaría un poco sobre ellos, pero no esperaba que le contaran toda la historia, desde que aparecieron por primera vez, hasta los días de hoy. Se contaba que los druidas eran capaces de dar una bendición a los que traerían Albion o los que eran capaces de hacerlo. Myrddin fue uno de ellos.

En realidad solo hubo tres posibles candidatos, pero ninguno fue capaz de tal hazaña, aunque eso no quita el hecho de que si hicieron grandes hazañas con la magia de la antigua religión.

El tercer día de vacaciones, 23 de diciembre de 1991, amaneció cayendo copos de nieve intermitentemente y con bastante frío. Harry y Titus se abrigaron con sus capas de invierno y echaron encantamientos de calentamiento, usando la magia nueva.

Harry se prometió a sí mismo investigar la forma en que la magia antigua funcionaba, sobre todo para la creación de hechizos.

Harry quería investigar demasiadas cosas en tan poco tiempo, preguntaría al concilio si había alguna manera de aprender o tener más tiempo para sus investigaciones, planes y demás cosas en las que, por desgracia, tenía que ir aplazando poco a poco.

Al menos en Hogwarts, podía ir estudiando por delante en ciertos temas de magia que no se enseñaban en el castillo.

Como le dijo a Flitwick en su momento, para el primer año, segundo, tercero, cuarto y quinto, estaba sobrado de material en la práctica. En la teoría se sabía todos los años que se daban en Hogwarts, debido gracias a su Oclumancia y al encantamiento de la biblioteca de los Black.

También tenía que ver, que había asaltado en un par de ocasiones la biblioteca de Hogwarts, recitando el encantamiento sobre los libros que le interesaban, mirando antes y asegurándose de que nadie le veía hacerlo. No quería que le pillaran en ese tema peculiar.

Viendo que faltaba poco tiempo para que el traslador se activara, llamó a Cronos nuevamente, haciendo que el elfo apareciera y le dio su varita, que llevaba fielmente guardada en su funda varita.

- Cronos, llévala a mi despacho en la mansión y pon fuertes salas élficas de protección, por favor.

- Por supuesto maestro Potter. ¿Necesita algo más?

- No, gracias.- Con eso el elfo desapareció con un suave "pop" dejando a Harry pensativo.

Titus avisó a Harry de que se fuera preparando y cogiendo el báculo. Faltaban escasos minutos para que el traslador se activara y los llevaran ante el concilio.

Dirigiéndose un poco expectante, impaciente y nervioso a donde estaba Titus, Harry dio un par de respiraciones profundas y reforzó sus escudos de Oclumancia al máximo, empezando a notar los efectos que le hacían cada vez, que utilizaba la magia antigua y la Oclumancia al máximo al mismo tiempo.

Con un suspiro, relajó un poco los escudos, reforzándose en la energía, para poder llevar bien la reunión.

Agarrando una parte de la cuerda que le ofrecía Titus con una sonrisa, el traslador se activó, llevándolos en un remolino de colores y giros con demasiadas vueltas, para el estómago medio lleno de Harry.

Cuando iban a aterrizar, Harry se preparó para caer al suelo, hecho un ovillo, después de todo era su primera vez en un traslador, pero mirando como Titus movía sus piernas, copio el acto y aterrizaron sin problemas en un suelo de verdes pastos, en el cual al frente de ellos, pudieron ver unas enormes piedras colocadas en un círculo. Cada una de las piedras estaba tallada con múltiples runas, runas que Harry no reconoció.

- Bienvenido a Stonehenge y al concilio Druida-Hechicero, Harry Potter Emrys.- Dijo un hombre vestido con una túnica negra, esperando la llegada de amos hechiceros.

Nota de autor final:

Siento si ha habido algún fallo gramatical en cuanto a algún nombre de personaje. Solo aclarar que de momento Hermione Granger no tiene un papel muy importante aquí y que puede reaparecer en próximos capítulos. No voy a decir más sobre el tema.

En cuestión a la guerra que se menciona y no viene bien a ninguno de los mundos, me refiero por supuesto a los druidas-hechiceros. Como por más de cincuenta años de ostracismo y pseuda persecución, ellos mismos han formado su propio gobierno, con un Wizengamot parecido, algo que llamo concilio. Es básicamente lo mismo, pero con los maestros y ancianos.

La lealtad de Severus hacia Harry será cuestionada. Si hay alguna duda, no duden preguntar en los comentarios e intentaré responder en la nota de autor del siguiente capítulo.

Espero que les haya gustado y un cordial saludo.