Nota de autor:

Gracias por la espera pacientemente, aquí dejo el primer capítulo de muchos, de las vacaciones de Harry.

Éste es el primer día, de sus vacaciones, así que espero que les guste.

Si hubiera alguna falta de ortografía, pido disculpas, al igual que si hubiera algún fallo con la historia.

Un cordial saludo.

CAPITULO 11

Cuando el moreno se dio la vuelta, un susurro colectivo surgió, dado que lo reconocieron como Harry Potter, pero Harry había cambiado en las dos semanas que habían pasado.

Ahora estaba más alto y un poco más musculoso. El pelo lo tenía más largo que antes, haciendo que cayera sobre sus hombros.

Los ojos le brillaban como si fueran dos luceros, iluminando la noche. Llevaba unos pantalones negros, botas negras y una camiseta de manga corta, revelando tatuajes druídicos, adornando su piel.

La primera en hablar y saludar a Harry fue una Cassiopeia con la boca abierta de la impresión.

- Harry… ¿Eres tú? Te ves muy… cambiado.- Dijo una aturdida Cassiopeia.

Harry y Titus salieron de la estación de Kings Cross, una vez que Harry se había despedido de sus amigos. Titus pacientemente esperó a que Harry se despidiera de cada uno de ellos y prometiera que estaría presente en la semana que le invitó Alexander Greengrass en su mansión.

Tal vez Harry se había precipitado al aceptar tal cosa, pero cuando se enteró por Marius, que había sido éste último en pedirle a su hermano, que le invitara, pues tenían asuntos, abogado-cliente que resolver.

Entonces Titus comprendió que Harry no iba por asuntos de placer, es decir, para festejar vacaciones o divertirse. Pobre chico, lo tenía todo.

Una vez que estaba todo hecho y dicho, Titus llevó a Harry aparte para informarle.

- Harry, hoy no creo que regresarás a la mansión. Tienes que venir conmigo, el Concilio se reúne nuevamente.- Dijo Titus con la cara más seria que tenía. La reunión del Concilio no era cosa de risa, pero tampoco era para preocupar en exceso al muchacho. Pero debía hacerlo porque el Concilio quería dar una sorpresa al joven Emrys. Habían aceptado su solicitud y le concederían un Maestro para que le orientara en todas las dudas que tenía sobre la antigua religión y sus rituales.

- Entiendo, Titus. Déjame al menos llamar a Cronos para que se lleve el baúl…

- Maestro Potter, llama a Cronos y Cronos aparece.- Dijo el elfo dando una inclinación de cabeza, casi rozando el suelo. Al levantarla vio una sonrisa adornando su rostro, al parecer el elfo le había echado de menos. Bueno, el sentimiento era mutuo, él también había echado en falta sus elfos domésticos. - ¿Qué desea Maestro Potter?

- Verás Cronos, el Concilio se reúne nuevamente y temo que no voy a poder ir a casa durante unos días, ¿Podrías llevarte mi baúl e informar al resto de los elfos?- Pidió Harry entregándole una cajita del tipo de cerillas, aunque esa cajita era su baúl encogido.

- Por supuesto, Maestro Potter. Que tenga un buen viaje.- Se despidió el elfo, chasqueando los dedos y desapareciendo con un suave pop.

- Bueno, eso ha sido rápido, ahora vamos Harry, tenemos que prepararnos, el traslador sale en dos horas.- Dijo Titus metiendo prisa a Harry por salir de la estación de tren.

Parecía que Titus era tan paranoico como Harry, pero tenía sus razones. La gente de Dumbledore podría estar espiando y podrían perseguirlo para intentar raptarlo. Algo que le informaría después, obviamente cuando estuvieran con el Concilio, para más seguridad.

Al salir de la estación, decidieron viajar por vía aparición conjunta, para ir al Callejón Knockturn directamente, al piso de Titus, una vez allí, éste le pondría al tanto de la situación con el Concilio y de porque de momento, no podía ir a su casa.

Titus le contó que oyó conversaciones de los Señores del Wizengamot que eran leales a Dumbledore o que eran aliados suyos, que éste estaba muy interesado en saber dónde vivía Harry actualmente y que en el juicio que saldría, conjuntamente, la emancipación y la condena de los Dursley, para que contara para el registro por supuesto, el Señor Dodge le preguntaría a Harry donde vivía, para saber dónde encontrarlo.

Titus, obviamente también le contó sus sospechas de que podrían ser seguidos por éstos hombres de Dumbledore y que sus aliados y amigos, también podrían pasar por lo mismo.

De momento, con Titus estaría a salvo, cosa que Harry no se tomó a bien.

- Perdona, Maestro Ollivander, pero sé cómo defenderme a la perfección. Puedes pensar en lo que quieras sobre si necesito protección de magos como ellos, pero ya me he enfrentado a tres y he salido victorioso.

- Te recuerdo, que Maestro Flitwick te ganó con un encantamiento de dormir. Dumbledore se rindió a propósito para no luchar contigo y… ¿El tercer mago? ¿Quién?- Preguntó Titus alzando la ceja en cuestionamiento. McGonagall no contaba, ella era una bruja, pero estaba conjuntamente con Dumbledore y no podía contarse como victoria.

- Quirrel-mort.

- ¿Quién?

- Quirrel poseído por el espectro de Voldemort, me enfrenté a él para acusarle falsamente del robo de la piedra filosofal. Algo que me salió a medias, porque no tenía intención que Dumbledore, McGonagall y Snape, me pillaran.

- ¿Venciste?- Preguntó con un tono preocupado. Si venció, seguramente Quirrel estaría criando malvas. No creía que Harry fuera capaz de dejarle con vida, no después de lo que le hizo a ese pobre licántropo, cuando salvó a los niños Black.

Titus también tenía algo que se llevó del licántropo caído. Un poco de su sangre, un colmillo y un hueso. Haría buenos focos con esos ingredientes, raros, pero buenos no obstante.

- Por supuesto, ¿Por quién me tomas? ¿Crees que le dejaría con vida? No, le lancé una maldición explota huesos, y murió, al salir el espectro del cuerpo de Quirrel. Ya sabes lo que significa para el cuerpo.

- Sí, claro. Lo dejó entrar voluntariamente, sin saber que su alma sería expulsada paulatinamente y que moriría sin remedio. Hiciste bien.- Dio por terminada la discusión Titus con un movimiento de su mano, indicando que el traslador estaba a punto de marchar. Ésta vez Harry no preguntó a dónde irían. Se aguantaría la curiosidad.

Ambos hechiceros cogieron lo que era las asas de una copa, una cada uno y con un estruendo, el traslador se activó llevándolos en un sinfín multicolor.

Cuando aterrizaron, lo hicieron en una pradera de verdes pastos, con un cielo sin nubes y con un poco de calor. Era obvio que habían dejado Bretaña, pero lo que Harry no sabía era donde estaban, hasta que se acercó un hombre, tendiéndoles otro traslador, cosa que Titus aceptó con una inclinación de cabeza.

- Por si las moscas, Harry. Esto nos llevará a otra ubicación, donde cogeremos otro hasta nuestro destino.- Dijo Titus, haciendo que Harry asintiera con la cabeza en señal de acuerdo y cogiera nuevamente el traslador. – Por cierto, ahora puedes decir que has visto Francia, estamos en Lyon.- Dio una breve explicación, con una ligera risa, antes de que el traslador se activara nuevamente.

Cuando aterrizaron, lo hicieron en unas ruinas, habiendo otro hombre esperando. El hombre tenía una tez del mediterráneo, aceitunada. Era moreno y un poco alto. Les tendió otro traslador y le dijo algo a Titus, en un idioma que Harry no entendió.

- Bien Harry, este se activara en unos cinco minutos.- Dijo nuevamente Titus en inglés. – Por cierto, ahora puedes decir que has visto, Sicilia, bienvenido a Siracusa, Harry.

- Si seguimos por este camino, voy a visitar el mundo entero, brevemente.- Rio Harry, viendo como la sonrisa de Titus crecía.

Cuando pasaron los cinco minutos y ambos tenían agarrada la cuerda que los llevaría a su destino, Egipto, donde el Concilio esperaba reunido.

Cuando el traslador por fin tocó suelo egipcio, Harry soltó un suspiro largo de agradecimiento de que hubieran terminado de viajar por este estilo, dado que estaba un poco revuelto del estómago de tanto giro multicolor.

Aferrándose a su báculo dio un vistazo a sus alrededores para escanear el ambiente de posibles peligros.

- Parece Titus, que el Concilio tiene una extraña predilección por los lugares históricos. No hace falta decir, que estamos en Egipto. Veo claramente las pirámides.

- Cierto Harry, bienvenido a Egipto, donde el Concilio se reúne nuevamente.- Dio la bienvenida un Titus ligeramente divertido.

Harry y Titus habían llegado al Valle de los Reyes, algo que Harry no sabía que estaban. Él sabía que estaban en el país de los antiguos faraones, pero no en dicho valle.

El Valle de los Reyes. es una necrópolis del antiguo Egipto, en las cercanías de Luxor, donde se encuentran las tumbas de la mayoría de faraones del Imperio Nuevo, así como de varias reinas, príncipes, nobles e incluso de algunos animales. Popularmente era conocido por los egipcios como Ta-sekhet-ma'at (Gran Campo). Forma parte del conjunto denominado Antigua Tebas con sus necrópolis.

Se encuentra situado en la orilla oeste del Nilo, frente a Tebas (moderna Luxor), en el corazón de la Necrópolis. El valle se compone de dos valles, el Valle Este, donde se encuentran las tumbas enumeradas con la clave KV (Kings Valley), y el Valle Oeste o Valle de los monos, con las llamadas WV (West Valley).

El Valle de los Reyes está dominado por la colina Tebana conocida como Meretseger, o "La que ama el silencio" y que está rematada por una cima en forma de pirámide natural.

Que es la que vio Harry y le dijo donde se encontraban. Fueron caminando en silencio por el valle arenoso y en ruinas, hasta llegar a un claro donde se podía ver un tipo de entrada, de lo que parecía ser un templo construido desde la montaña.

Realmente era un templo, en el cual dentro de él, el Concilio estaba reunido a la espera de Harry y Titus, el cual Harry se dio cuenta nuevamente que faltaba, al no estar a su lado.

- Si esto sigue así, será como una tradición dejarme a mi suerte. Al menos en Stonehenge, estaba en un sitio conocido y dentro de Bretaña.- Dijo en alto Harry, no esperando que nadie le contestara, pero una voz, se escuchó, riéndose de la mala suerte de Harry.

Poniéndose en posición defensiva y agarrando su báculo con ambas manos, empezó a dirigir su mirada en todas direcciones sin encontrar nada, hasta que recordó el nombre del hechizo que le revelaría el origen de dicha voz.

Recriminándose en silencio por no haberlo pensado antes, echó un Homenium Revelio, en completo silencio, haciendo un lavado mágico de la zona para revelar la presencia humana.

Reveló ciertamente presencia, dentro de lo que parecía el templo, había varias personas reunidas en un círculo o semicírculo, como en Stonehenge.

Pero su persona esquiva, la que había reído en un principio no fue revelada. Pensó que tal vez se escondía con la antigua magia.

Volvió a repetir el hechizo, pero esta vez orientado a la antigua religión, a ver si así era capaz de descubrir quien estaba invisible.

Y funcionó, se descubrió a una mujer a pocos pasos de Harry, acercándosele lentamente. Fue obvio para ella que su hechizo de invisibilidad había desaparecido, al quedarse mirando Harry en ella directamente.

- No eres muy sutil, que digamos Emrys.- Y con esas palabras, le atacó.

El duelo empezó con algo sencillo, para probar al chico que los druidas y hechiceros del Concilio querían que guiara y aconsejara como su Maestra en la magia de la antigua religión. Le habían dicho que se había ganado el título de Emrys en un día, al haber conseguido que un Hechicero volviera a tener un cargo gubernamental y por supuesto, que los hechiceros y druidas volvieran a salir a la calle, sin temor a ser aprehendidos por la ley.

Bueno vería de qué pasta estaba hecho el chico al que llamaban Emrys.

Le fue lanzando de momento, maldiciones y hechizos de la magia nueva, dado que había escuchado que asistía a Hogwarts. De momento vio con asombro como se movía utilizando su báculo para esquivar los hechizos y maldiciones, algunos de ellos de vuelta a ella con más rapidez de la que dejaron su báculo.

Esquivando algo que no reconoció en el momento, se fue alejando paulatinamente de Harry, haciendo que entre los dos hubiera una distancia respetable.

Harry por el contrario estaba midiendo a su oponente. Estaba seguro que la mujer podría hacerlo mejor, aunque pensaba que tal vez ella también lo midiera a él, para ver que era capaz. Bueno, la decepcionaría un poco, Harry estaba más interesado en ver sus movimientos y descubrir si era hechicera o druida. También si era aliada o enemiga, no podía dejar eso de lado.

Con un rápido Defodio, echado en silencio, el suelo delante de la mujer, estalló haciendo que saltaran fragmentos de roca, los cuales para asombro de Harry la mujer decidió pasar a una ofensiva, con la magia nueva todavía y las transfiguró en lanzas enormes, las cuales las lanzó hacia donde estaba Harry.

Ahora se trataba de transfiguración, ya no quería ver hasta qué punto llegaba el duelo, había pasado de amistoso, de lanzarse unas maldiciones leves, que dañarían pero no matarían, a transfigurar lanzas y lanzarlas a matar.

Creando una barrera de hierro de la nada, paró sin esfuerzo las lanzas de piedra transfiguradas por la mujer y devolvió una cadena de hechizos, maldiciones, encantamientos de limpieza y por supuesto, maldiciones de la magia nueva, usando las artes oscuras.

Impedimenta, Bombarda Máxima, Fregotego, Crucio, Avada Kedavra. Lanzó en silencio hacia la mujer que rápidamente evocó escudos de piedra para parar las ultimas maldiciones imperdonables, algo que con asombro vio al niño lanzar, pero no se quedó ahí la cosa, Harry no esperó a que ella estuviera lista, apuntando su báculo hacia ella, siguió con las maldiciones letales, pero no mortales como la asesina.

Esta vez lanzó una quebranta huesos, la cual haría algo similar que la de la vieja religión, pero solamente rompiendo los huesos de una parte del cuerpo. Lanzó también una que expulsaba las entrañas por la boca del enemigo, algo feo de ver, pero eficaz. Una hervidora de la sangre, otra que quemaba la piel, otra para que órganos vitales, como los riñones, hígado o corazón, dejaran de funcionar.

La mujer se veía en problemas al esquivar con mucho cuidado las maldiciones oscuras que le lanzaba Harry, estaba impresionada por el conocimiento del niño en las artes oscuras de la magia nueva, vio con horror, como creaba de las piedras, Golems que iban a atacarla, irguiéndose en toda su estatura y yendo hacia ella con la intención de incapacitar. Y todavía no le había probado en la magia antigua. ¿Qué clase de aprendizaje necesitaría un muchacho como él? Se preguntó mientras que esquivaba y creaba sus propios Golems de piedra, para enfrentar los de Harry, no Emrys, un nombre que le venía al dedo de momento.

Los Golems de ambos contendientes se enfrentaron en una batalla sanguinaria, se diría sanguinaria si tuvieran sangre para derramar, pero era solo piedra lo que saltaba de ellos. No se sabía que creaciones ganarían a las otras, pero los contendientes no esperaron a averiguarlo, siguieron lanzándose maldiciones y hechizos de ida y vuelta, esperando que alguno diera en el blanco, pero ninguno parecía dar.

Era cierto que ambos no estaban luchando a matar directamente, Sarah, que así se llamaba la mujer, Maestra Druida desde hacía unos pocos años, pero muy buena en combate, tanto mágico como cuerpo a cuerpo, solo lanzaba magia a su oponente para probarlo, incapacitarlo en algún momento y jactarse que todavía tenía que aprender.

Harry por el contrario, lanzaba a incapacitar y si mataba, pues mala suerte, pero lo primordial era incapacitar, para enterarse si realmente la mujer era enemiga.

- Me tienes en desventaja, mujer. Tu sabes cómo me llaman los druidas y hechiceros, pero yo no sé tu nombre.- Dijo Harry esquivando más lanzas de piedra, algo que se estaba cansando de la magia nueva, decidiendo pasar a la ofensiva con la antigua religión. Empezó evocando su famoso viento que empujaba sin causar demasiado daño al oponente. Algo que no se podía esquivar.

Justo en ese momento que Sarah iba a contestarle, fue arroyada por un fuerte viento que salió de Harry, un viento conjurado con la magia antigua.

Los ojos de Harry empezaron a brillar con un tenue toque de dorado, para ir aumentando a medida que iba el duelo de exhibición, como el Concilio quería.

El Concilio en su totalidad, habían escuchado de segunda y primera mano, como fue el duelo amistoso no tan amistoso después, de Filius Flitwick, del Clan de los Flitwick en la nación Gobblin y Harry, cuando estaban en el aula del maestro de encantamientos.

Pero este… duelo o… batalla mejor dicho, como se iba viendo por momentos, se estaba saliendo de control.

Algunos de los Maestros del Concilio querían pararlo, pero el sumo sacerdote, todavía quería ver más, solamente se había utilizado magia nueva, nada de la antigua religión, hasta que vieron todos y cada uno de ellos, el fuerte viento que Harry mandó a Sarah.

- Al fin comienza.- Dijo el sumo sacerdote a nadie en particular.

Harry después de mandar su viento, mandó picas de hielo conjuradas por la magia antigua, picas que fueron lanzadas, con el fin de empalar y matar a su oponente, alguien digno, dado que conjuró fuego negro o Hellfyre.

Las picas rápidamente se derritieron y Harry intentó apagar el fuego que iba directo hacia él. No logró apagarlo, pero si esquivarlo, haciendo que se desvaneciera poco a poco.

Lanzó un látigo de las mismas llamas negras en dirección a la mujer, se estaba cabreando que no pudiera alcanzarla y su aura empezaba a resplandecer con el color predilecto de la magia de Harry, verde oscuro con vetas doradas.

El látigo fue esquivado nuevamente, por poco, haciendo que la túnica se chamuscara en varios sitios, saltando la mujer para apagar el fuego, se quitó la túnica con magia, arrancándosela y tirándosela a Harry a la cara para cegarle brevemente. Algo que no sucedió, no la esquivó pero sí que la desvaneció.

Sarah, se había quedado con los pantalones negros ajustados que llevaba debajo de la túnica y una camiseta sin tirantes, que mostraba unos buenos pechos.

Para desgracia de Sarah, Harry todavía no tenía la edad para fijarse en los atributos femeninos, o al menos eso pensaba ella.

- ¡Vaya! Si tuviera un par de años más, seguramente me… me desconcentraría observando tus hermosos atributos.- Dijo Harry con una sonrisa descarada.

- ¿Cómo te atreves? Tu descarado…- Se cortó ahí, teniendo que esquivar uno de los Golems olvidados de Harry.

Esquivarlo por poco, dado que Harry en ese momento decidió destruirlo, con la intención de que la metralla de piedra la dañara. Algo que por fin sucedió, Sarah fue alcanzada por una piedra que le golpeo en la pierna derecha, haciéndola soltar un grito de dolor.

Enfadada como estaba por el descaro del niño, no se dio cuenta del Golem que venía hacia ella, hasta que era tarde. Maldita sea, Emrys era bueno en las distracciones. Para colmo de males, el Golem fue destruido con la clara intención de que las piedras soltadas en todas direcciones, le dieran a ella y así fue.

Con un grito de dolor, hizo que una gran masa de arena se alzara por detrás de Harry, haciendo la cara humanoide más fea que éste viera en su vida.

La cara que estaba detrás de Harry abrió la boca soltando un enorme rugido de furia contenida, con la clara intención de comerse a Harry entero, o eso fue lo que primero le vino a la mente.

Con su báculo brillando fuertemente, la tierra alrededor de Harry empezó a temblar violentamente.

- ¡No lograrás parar esto, Emrys!- Gritó Sarah, para advertir al muchacho de que se desapareciera o algo.

Pero Harry no quería pararlo, no lo que quería Harry era protegerse y con un rápido movimiento en círculo, empezó a cantar en gaélico antiguo, alzando poco a poco un círculo de piedra negra, que le iba rodeando lentamente.

La cara humanoide, llegó a un punto máximo de su rugido y abrió la boca tan grande como pudo, para dejarse caer en picada sobre un Harry que estaba cantando su protección rúnica.

Sarah vio con horror que su creación de arena iba a matar a Emrys, pero no había vuelta atrás, se lo comería vivo y a ella se la comerían los demás Maestros del Concilio.

Tal vez debería haber advertido al chico del duelo de exhibición, así no hubieran llegado hasta donde se encontraban.

Con un suspiro cansado y de derrota, se dejó caer en el suelo, pensando en el inminente final de Harry.

Harry por su parte había terminado las runas del círculo de piedra negra, justo para levantar la mirada a tiempo y hacer golpear el báculo con prisa en el suelo, en el centro del círculo, para levantar su protección de metal y acero.

Justo cuando se cerraba, la boca se cernía y la cara humanoide chocaba contra la cúpula de Harry, haciendo sonar fuertemente el metal y acero, creyendo Harry que no resistiría, le dio más potencia a su protección.

Pasaron los segundos sin saber qué hacer, si dejaba caer un poco el escudo de metal, tal vez todavía no había acabado la boca de tragar, y moriría.

Solo tenía una opción, y era debilitar una parte, para hacerla invisible de su lado, algo como los espejos que había en las series policiacas que el muggle de su primo veía.

Con un movimiento de su mano, sin molestarse en usar el báculo, lo hizo, hizo visible desde su parte para ver mejor.

Lo que vio, fue tierra rodeándole, tierra calmada, pero tierra no obstante. Pensó duramente que hacer a continuación, si se quedaba dónde estaba, el oxígeno acabaría por faltar y no era una opción hacer eso.

Con una terrible idea asolándole la mente, Harry decidió impresionar hacia arriba la cúpula, protegiéndose con magia antigua y rezando que el plan funcionara, haciendo que la tierra alrededor suyo, explotara hacia arriba.

Con una gran concentración de magia rodeándole, Harry habló nuevamente en gaélico antiguo, hechizo que aprendió hace bien poco de los libros un poco más avanzados. Era parecido al hechizo Defodio, que servía para explotar cantidades significativas de rocas.

Pero éste era un poco más complicado que eso, servía para la roca, metal, o cualquier otra cosa que estorbara, como las toneladas de tierra que cubrían a Harry en estos momentos.

Sarah, fue sacada de su estupor al ver con horror como la tierra había tragado de hecho al joven Emrys. Lo había matado. A veces le sucedía, que se podía exceder en un duelo y hacer daño cuando no quería hacerlo en realidad.

Levantándose lentamente, apoyándose en su báculo, empezó a notar como la tierra alrededor suyo se movía, temblaba ligeramente, clara indicación que algo estaba mal.

Frunciendo el ceño un momento, pensando en acercarse, tuvo que echar un escudo fuerte y potente rápidamente para que la explosión circundante de tierra y metal no cayera encima de ella y la matara.

Cuando Harry vio que estaba listo, soltó la magia que se había acumulado en una única dirección. Arriba, y con fuerza.

La explosión que siguió, hizo que la tierra que cubría la cúpula de Harry o la falta de ella, ya que también estalló, fuera a todas y ninguna dirección en particular, tanto fue así que menos mal que se cubrió su propio cuerpo, sino podría haberse dañado él, en su intento de liberación.

Sarah vio con asombro incrédulo como trozos de metal fundido con arena, llovían del cielo, cayendo en todas direcciones y alrededor del chico que estaba de pie, con un escudo invisible rodeándolo y protegiéndolo.

Con un rápido movimiento de su báculo, la arena y metralla que caía se convirtió en agua, haciendo que lloviera.

La lluvia golpeo el escudo de Sarah, haciendo que su boca cayera, abriéndose completamente en pura incredulidad.

El escudo de ambos olvidado, tanto Sarah, como Harry se mojaron empapándose sus ropas, y mirándose fijamente. Una con incredulidad de que estuviera aún con vida y el otro, pensando cómo acabar con esto rápidamente.

Harry fue a levantar nuevamente el báculo, poniéndose una vez más serio para devolver el golpe, cuando de repente la mujer, levantó ambas manos en señal de que parara.

-¡Espera!- Gritó antes de que lanzara el siguiente hechizo. -¡Esto solo era un duelo de exhibición, que el Concilio me pidió! ¡Por favor, para!- Dijo la mujer en un tono desesperado de voz, tal vez creyó que le había matado cuando lanzó la cara deforme y fea contra él.

- Está bien.- Contestó Harry, parando y devolviendo poco a poco su aura dentro de él.

- ¡Te juro Emrys, pensé que te maté!- Recriminó en un tono que hacía pensar en protegerse nuevamente. No sabía porque, pero le daban ganas de erigir otra cúpula.

- No soy tan fácil de matar, Maestra Druida.- Intentó Harry, adivinar sin mucho éxito.

- No soy un druida, Emrys. Soy hechicera, tal vez la adivinación no es lo tuyo.- Burló un poco para calmar sus nervios crecientes.

Ambos hechiceros se iban acercando lentamente, con pasos seguros, pero Harry mirando un poco desconfiado.

- No tienes por qué desconfiar…

- Sobre todo cuando no se tu nombre, Maestra Hechicera.

- ¿Cómo sabes que soy Maestra y no una aprendiz?

- Si fueras una aprendiz, debo reconocer que eres fuerte en la magia. En los dos tipos de magia. Aunque creo que te has contenido mucho.

- Cierto, me he contenido. El propósito de esto era solo una exhibición, mostrar lo que sabias y como reaccionarias ante un ataque sorpresa.

- Ya lo has visto y creo que el Concilio también. ¿He pasado la prueba?

- Creo que sí, pero eso es para que lo decidan el resto de Maestros y Maestras.- Dijo Sarah con el rostro serio por un momento, antes de que sonriera abiertamente a Harry. – Debo reconocer, que ha estado bien el duelo, pero como dije antes, te falta sutileza y movimientos para esquivar. Dependes mucho de la magia y los escudos.

- Si, me he dado cuenta de que he cometido varios errores. Algo que pienso cambiar cuando regrese a casa.

- Si bueno, el ejercicio físico está bien, pero también tienes que seguir practicando el esquivar.

- Para eso necesitaría ayuda…

- Si, ayuda que creo que…- Pero se vio interrumpida, cuando el Concilio en su totalidad salió aplaudiendo del templo del Valle de los reyes.

- ¡Bravo! ¡Excelente! ¡Fenomenal! ¡Una buena exhibición de la magia, te lo digo yo, nunca he visto algo como eso!- Fueron algunas de las exclamaciones que vinieron de los miembros del Concilio.

Todos y todas aplaudían a los contendientes, felicitándolos en un mar de voces que eran casi inentendibles. Titus se veía un poco pálido para Harry, algo que notó rápidamente Sarah.

- Lo siento Maestro Ollivander, creo que me dejé llevar un poco.- Dijo Sarah un poco avergonzada.

- ¿Un poco nada más dices? Casi me da un infarto, al ver la cara de arena tragar a Harry…

- Si hablando de eso.- Interrumpió Emeric Powell, el sumo sacerdote Druida. - ¿Cómo te has salvado de eso Emrys?- Preguntó curioso, algo que muchos también tenían curiosidad, incluida Sarah.

- Si lo único que vi, fue que intentabas parar la magia elemental de tierra…

- No, lo que estaba haciendo fue sacar la piedra que había debajo de toda esta arena, por ello los temblores leves de tierra. Una vez hecho eso, me dispuse a tallar runas mágicamente en el círculo de piedra y cuando la cara fea estaba encima de mí con la ayuda del cantico y la magia antigua, cree una cúpula de metal y acero, para protegerme.

- ¿Transmutaste la piedra en metal y acero? ¿Cómo?- Preguntaron varios, incrédulos.

- Es un hechizo de la antigua religión, un poco avanzado creo, aunque nunca me dejaras de sorprender Harry.- Dijo Titus, claramente sorprendido por la cantidad de magia que tuvo que verter rápidamente. - ¿Pero, como saliste después?- Preguntó oliéndose la respuesta de Harry.

- ¿Si como saliste? Sentimos un seísmo en todo el lugar. Por un momento creí que se nos venía encima el templo.- Dijo uno de los druidas del Concilio, haciendo asentir a los demás con la cabeza o murmurando teorías descabelladas de magia.

- Bueno, sobre eso, creo que tengo que disculparme. No era mi intención, pero me quedaba sin tiempo y oxigeno.- Dijo Harry empezando por una disculpa sincera. Lo que había hecho era muy peligroso, tanto para él como para el resto. Lo bueno de la situación es que había salido controlado y bien. Si se le hubiera ido de las manos, tal vez habría destruido el templo o matado a la mujer sin nombre. – Veréis, el hechizo lo aprendí hace poco y me parece que es el original del Defodio, hechizo de la magia nueva para destruir rocas y cosas similares. Éste se utiliza de forma similar, pero es más potente. Salió bien, y menos mal, porque fue lo único que se me ocurrió en el momento.

- Pero… ¿Te protegiste, verdad? De lo contrario no estarías contándolo.- Dijo Emeric.

- Por supuesto, un escudo de magia, para la posible protección de escombros ante la implosión. Después de eso, bueno visteis lo que paso. Una lluvia de metal, acero y tierra candente, que transmute nuevamente en agua.

- ¡Bravo! ¡Una muestra excelente de magia, Emrys!- Empezaron nuevamente las felicitaciones por parte de los miembros del Concilio.

- Creo que es mejor que pasemos dentro, para poder discutir algunos asuntos. Sarah, es mejor que miremos esa herida de la pierna.- Instruyó Emeric, volviendo a una seriedad controlada, dado la excitación de todos al ver tal batalla de exhibición.

Los sanadores se aglomeraron en torno a los duelistas para ver si estaban magullados o heridos de algo más, aparte de la pierna de Sarah.

- ¿Así que te llamas Sarah?- Preguntó Harry.

- Oh, lo siento Emrys, creo que las presentaciones están en orden. Después de todo, será tu maestra.- Dijo uno de los hechiceros que estaban al lado de Emeric, el cual le dio un codazo en las costillas, por escapársele la información.

- Aquí no, dentro.- Ordeno el sumo sacerdote.

Todos los involucrados asintieron con la cabeza en señal de reconocimiento y recordando porque estaban en Egipto. El Concilio debía comenzar.

Evocándose una túnica para cubrirse los "atributos" como Harry bien los había llamado en el duelo, se la puso y siguió a todos los Maestros y Maestras.

Cuando pasaron al templo del Valle de los Reyes, Harry no pudo evitar observa con interés su alrededor.

El templo estaba ubicado en plena montaña, se veía que fue construido para que diera el aspecto que salía de la mismísima montaña. Harry se preguntaba qué clase de gobernante mandaría construir tal monumento.

Sarah, que caminaba a su lado, como si le leyera la mente ante su pregunta silenciosa, le contó donde estaban exactamente.

- Harry, estamos en el templo funerario de Nebhepetre Mentuhotep II, en Luxor, lo que es la antigua Tebas. Nebhepetre Mentuhotep II, fue uno de los faraones de la Dinastía XI en el comienzo del Imperio Medio de Egipto y construyó un complejo funerario insólito. Su templo funerario fue construido sobre varios niveles en la amplia ribera de Deir el-Bahari. Consiste en un patio, cerrado por muros en tres lados y una terraza posterior sobre la cual hay un gran edificio de planta cuadrada que puede representar las aguas primordiales del caos de la mitología egipcia. Como el templo está orientado hacia el Este probablemente fuese construido para culto al dios solar Ra y la resurrección del faraón.

En la parte este del patio delantero hay una apertura llamada Bab el-Hosan (La Puerta del Jinete) que conduce a un pasaje subterráneo y a una tumba inacabada o cenotafio que alberga una estatua sedente del rey. En la parte oeste fueron plantados tamariscos y árboles de sicómoro, al lado de la rampa que conduce hasta la terraza. La parte trasera del patio y la terraza contienen columnas decoradas con bajorrelieves de procesiones, barcos, temas de caza, y escenas mostrando los logros militares del rey. Fueron encontradas aquí también las estatuas del rey de la duodécima dinastía Sesostris III.

La parte posterior del templo fue perforada en la roca y consiste en una tribuna con peristilo, una sala hipóstila y otro subterráneo que conduce hacia de la tumba real. La estructura, parecida a una mastaba sobre una terraza, está rodeada por un ambulatorio a lo largo del muro oeste, donde se encontraron la estatua y las tumbas de varias damas e hijas del rey. Estas princesas reales eran las sacerdotisas de Hathor, una de las deidades principales funerarias del Antiguo Egipto. Aunque poco queda del propio enterramiento del rey, fueron recuperados seis sarcófagos de las tumbas de las damas reales. El sarcófago de la reina Kawit, ahora en el Museo de El Cairo, es muy especial.

El centro de la zona de enterramiento y el túnel posterior descienden 150 metros y acaban en una cámara 45 metros debajo de la tribuna. La cámara era un lugar santo, que contuvo el ataúd de madera de Mentuhotep. Bajo la tribuna hay un profundo pasaje perforado que conduce a estancias inacabadas que podrían haber sido pensadas al principio como la tumba del rey.- Dijo Sarah en modo Maestra, no pudiendo evitar la sonrisa ante el rostro embelesado y atento de Harry.

- Veo, gracias por contármelo Maestra Sarah.- Dijo Harry sin saberse el apellido de la mujer.

- Ó Conaill, es mi apellido.- Instruyó Sarah a Harry, quien solo asintió con la cabeza, subiendo las escaleras y caminando junto a todos para entrar en el templo funerario del gobernante.

Al pasar dentro del templo, fueron directamente al patio oeste, donde había muchos árboles plantados y bien crecidos, los cuales debieron de ver milenios pasar.

Tanta historia y tan fascinante, como era, Harry se colocó en medio del circulo que el Concilio formó.

Harry observó como todos los Maestros y Maestras formaban un circulo a su alrededor y fueron evocando asientos para sentarse. No sabía muy bien si debía hacer lo mismo o no, pero poco importaba, porque dentro de su mente, empezó a escuchar el canto de un ave fénix y su báculo, se empezó a calentar, brillando intensamente, haciendo que quemara un poco, retirando la mano con cuidado, vio fascinado como el báculo se quedaba en pie por sí solo.

Decidiendo que lo más sensato sería preguntar a Titus, que pasaba, escuchó la voz de éste antes de que hablara.

- ¡Harry, escúchame! ¡Debes coger el báculo y no soltarlo! Por lo que sea, está reaccionando a la magia ambiental del templo. Debe de ser uno de sus siete núcleos o las maderas. ¡Cógelo Harry!- Instruyó un frenético Titus, cada vez más nervioso por el extraño comportamiento.

Harry como si estuviera entrando en un trance, agarró el báculo lentamente con la mano izquierda, cual estaba acostumbrado a llevar, debido a que aún no se había acostumbrado a la falta de la varita.

Los ojos de Harry se perdieron en el horizonte, viendo pero sin ver nada realmente. Dentro de la mente de Harry era puro caos, sus escudos de Oclumancia cayeron, pero quedando intactos, no se lo explicaba.

En vez de estar en su paisaje mental, Harry se encontraba en el mismo sitio en el que estaba, pero sin los maestros del Concilio rodeándole.

Las palmeras y sicomoros le daban una tranquila sombra, dándole el placer de ver un lago hermoso y unas vistas impresionantes.

El canto del ave fénix volvió con fuerza a sus oídos, mirando en derredor para ver cualquier signo de presencia del ave, Harry se encontró con algo que no esperaba.

Titus quedó impresionado, no, más que impresionado estupefacto. Harry estaba en medio del patio, de pie, mirando a la nada y murmurando cosas inteligibles. Su báculo seguía brillando con ese brillo extraño, que ponía los pelos de punta a Titus.

Mirando en derredor, los distintos Maestros y Maestras, estaban murmurando furiosamente acerca de qué hacer. Algunos pensaban en acercársele y sacarle del trance. Veían preocupados, indignados, incluso con indiferencia en el caso de algunos, que un chico de once años, casi doce en poco menos de un mes, estuviera en un trance inducido.

- Maestro Ollivander. ¿Qué hacemos con Emrys?- Preguntó el sumo sacerdote con genuina curiosidad. Esto no lo había visto venir.

- No lo sé, Sumo Sacerdote. Lo mejor es dejarle que salga del trance inducido. Quien haya echo eso, es poderoso en extremo y su báculo reacciona a lo que sea o quien sea.- Dijo Titus meditativo.

- Antes ha dicho, que uno de sus Nucleos está reaccionando a la magia ambiental del lugar, ¿Es posible? Más importante aún, ¿De que esta hecho su báculo, Maestro Ollivander?- Preguntó otro miembro del Concilio.

- No podría decirlo, Maestro Flamel.- Dijo Titus dándole una mirada significativa.

- Si crees que voy a ir a Dumbledore con ese cuento, estás equivocado, Maestro Ollivander. Dumbledore y yo, ya no tenemos nada que hablar, no después del fiasco de mi piedra filosofal.

- Entonces, ¿Es cierto? Su piedra ha sido destruida.- Cuestionó Sarah con una ceja alzada. – Me cuesta creer eso, Maestro Flamel.

- Cuidado con tus palabras, chica. Que seas buena en la magia mixta, no quiere decir que yo sea menos.

- ¡Caballeros, damas! Por favor, mantengan las disputas. Maestro Ollivander, aunque las amistades del Maestro Flamel sean cuestionables, hablo por todos aquí, al preguntar que está hecho el báculo de Emrys. Soy curioso en extremo, también.- Intervino Emeric, calmando la situación y pidiendo la pregunta de Nicholas Flamel, alquimista y hechicero, parte del Concilio desde hacer trescientos cincuenta años.

La amistad que tenían Nicholas y Albus, se debía puramente a lo académico y los descubrimientos de los doce usos de la sangre del dragón.

Para Nicholas la mente analítica de Albus, era un factor positivo en sus días, pues le ayudaba a pensar en nuevos usos para la piedra filosofal, no solo dar el elixir de la vida y curar enfermedades extremadamente raras e incurables.

Ahora que su preciada piedra, irremplazable por otra, dado que tomaría décadas construir una nueva, Nicholas había terminado esa amistad y estaba buscando un heredero para que heredara todo su material alquímico y su puesto en varios órganos de gobierno, así como el Concilio Druida-Hechicero.

Titus se puso en pie, de su asiento conjurado y dio un suspiro de derrota. Mirando a Harry en el centro, todavía ocupado, con solo sabe Merlín qué, fue a pararse a su lado, pero un poco más alejado de él.

Mirando a todos y todas, decidió contarles de que estaba hecho su báculo, no solo los núcleos, sino las maderas, las piedras foco y las runas talladas en él. Junto con la sangre de Harry, para hacerlo anti robo.

- Como muchos saben, un báculo puede llegar a llevar múltiples maderas y múltiples núcleos, como también…

- Sí, sí, todos o casi todos sabemos cómo es un báculo, vaya al grano, Maestro Ollivander.- Interrumpió un druida de mal humor.

- Si, bueno, pido disculpas. Como todo fabricante de focos, a veces me explayo un poco. En definitiva, el báculo del señor Potter, lleva las siguientes maderas: Tejo, Sauco, Acebo, Yggdrásill, Olmo, Nogal y Pino. Con los siguientes núcleos: Pluma de fénix negro, Colmillo de basilisco, Hueso de dementor, Veneno de acromantula, Fibra de corazón de dragón, uno de las Hébridas negro, Sangre de unicornio, voluntariamente dada, por supuesto.- Se apresuró a añadir ante las miradas incrédulas. – Y por último Sangre de Hidra. Un báculo de lo más singular, como le dije al señor Potter cuando los materiales le eligieron. Eso es de lo que está hecho principalmente, luego viene las piedras de foco, que canalizan toda la magia y ayuda al usuario, que son dos piedras de lo más singulares…

- Maestro Ollivander…- Volvieron a interrumpir, esta vez con una sonrisa en muchas caras y con varios suspiros de exasperación.

- Si, cierto, cierto. Las piedras son de Adamantium y Vibranium, las cuales se complementan a la perfección. Las runas talladas en la madera, que rodea a todo el báculo, son para proteger y unificar los núcleos y las maderas mismas. También tiene runas de limpieza, anti robo, etc… lo que todo báculo de hechicero o druida precisa. El ultimo ingrediente, realizado por un ritual de Harry, fue con mi sugerencia, de que lo bañara en su sangre, para que solo lo pudiera utilizar él y si se lo robaran… ya imagináis lo que pasaría.- Terminó de explicar lo que llevaba el báculo de Harry, haciendo que algunos se estremecieran ante los Nucleos mencionados.

- Vale, entiendo que el báculo de Emrys es poderoso, igual que él, nos guste o no, admitirlo. Pero ¿Qué tiene que ver con lo que sucede ahora?- Preguntó otro hechicero del Concilio.

- No lo sé con exactitud, solo sé que cuando todo termine, Harry nos explicará lo sucedido. Solo podemos ver y esperar, también especular sobre que núcleo es el que está dando este espectáculo.- Dijo Titus, con una enorme sonrisa que exasperaba a algunos de los asistentes.

Harry mientras que se especulaba lo que estaba sucediendo con él, estaba mirando atónito lo que parecía un enorme pájaro alado negro delante de él. No sabía muy bien lo que era, su plumaje brillaba con intensidad negra, como comiéndose la luz que le rodeaba. Los ojos del pájaro eran dorados, extraño para un ave de ese color. Al principio podría decir que era un enorme y gigantesco cuervo, pero al parecer el ave podía leer los pensamientos de Harry y dio un trino en indignación ante la comparación.

Un trino que sonaba muy parecido al de un fénix, pero los fénix eran rojo fuego, azules y… negros, si ahora lo recordaba, su báculo llevaba una pluma de un fénix negro, tal vez, éste también lo fuera.

- Veo que eres perspicaz, humano. Aunque un poco lento y poco sutil… ¿Qué haces en mi territorio con una de mis plumas, humano?- Cuestionó con una voz profunda, que indicaba que el fénix era muy, pero que muy viejo y sabio.

Harry lo miró con cautela, los únicos libros que explicaban algo de estos aves, era que eran oscuros y el mal, debido a que la arrogancia y el mismo mal, los había tocado, haciéndolos como eran.

Harry por supuesto no lo creyó, pues el mundo mágico tenía la mala costumbre de marginar las cosas que no entendían. Al igual que los Thestralls, que decían que era un signo de mal augurio, por haber visto la muerte, o el mismo Grimm, un perro negro que habita en los cementerios, se dice que el que lo ve, muere al poco rato.

No podía ser cierto, tales criaturas sensibles e inteligentes no podían ser así, tal vez fuera la incomprensión del mundo mágico, o tal vez, algunos de los actos de dichos animales, que no fueran comprendidos o aceptados por dicho mundo.

- Estoy en este templo, para asistir a la reunión del Concilio. Soy un hechicero, mi nombre es…

- Si, sé cómo te llamas, Harry James Potter, bendecido por los druidas, como Emrys…

- Correcto. ¿Cómo te llamas tú?

- Tengo muchos nombres… nombres que me han dado humanos muy poderosos a lo largo de los milenios de historia de este país… pero el original, con el que nací, es Bennu…- Susurró el fénix negro. – Dime Harry Potter Emrys, ¿Qué haces con una de mis plumas?- Repitió la pregunta, un poco más alto, por si no lo había entendido el humano.

- Me eligió…

- ¿Te eligió? ¿Para qué, humano? Mis plumas no se deben utilizar en vano…

- Para formar parte de los núcleos mágicos de mi báculo.- Dijo Harry, tanteando el terreno, para ver como reaccionaria al saber para que lo eligió.

- Veo… déjame ver… en tu mente y alma… si eres digno… de mi pluma.- Pidió, ordenando a Harry a mirarle a los ojos dorados. Ojos que eran hipnotizantes, una vez te atrapaban.

La vida de Harry pasó en cuestión de minutos a través de… una especie de Legeremancia que también afectaba el alma del chico.

Bennu, el fénix negro, le estaba leyendo como un libro, algunas veces gruñía en desaprobación, otras aprobando claramente algo de lo que veía.

Al cabo de un rato, el escrutinio mental y del alma, terminó y Bennu, volvió a hablar.

- He visto dentro de tu mente y alma lo que pretendes, joven humano. Pretendes una forma de utopía, casi imposible de lograr, pero veo que eres persistente en tus metas, perspicaz con el mundo que te rodea y sabes diferenciar, la hora de elegir en dar muerte a tus enemigos y otras personas. Creo… Emrys, que puedes ser digno de mi bendición.- Terminó de hablar Bennu.

- ¿Bendición? ¿Qué quieres decir con bendición?- Preguntó un atónito Harry. Algo que no esperaba conseguir del ave, sino una buena charla, tal vez pidiéndole que cuidara bien de su pluma o algo así y dejándole marchar, con tal vez algún consejo para cumplir su meta y sueño de Albion.

- Quiere decir joven humano, que te doy la bendición de llevar mi pluma contigo, aparte te ofrezco la oportunidad de enlazarnos en el ritual familiar-maestro, en el cual yo bebo de tu sangre y formamos un enlace mágico y de bonificación.- Tomó unos momentos para que el humano entendiera lo que quería decir. – Todo tiene sus consecuencias, humano… ahora pido que te unas a mí, con esta unión ambos ganaremos unos bonos especiales. Tu… ganaras el poder del fuego negro, la compresión de la magia antigua de los faraones, magia que en tu tiempo, considerarían negra, algo que yo te puedo enseñar… yo por el contrario, ganaré un amigo, aliado y maestro al cual cuidar… también ganaré un enlace a tu magia, magia que veo que es antigua… y que me gusta y me llama… ¿Qué dices humano? ¿Te unirás utilizando el ritual?- Dijo Bennu, explicando de qué forma tomaría dicha unión. Harry lo estuvo pensando durante un rato, los pros y los contras de tener un familiar como él.

Seguramente se ganaría la envidia de muchos y la enemistad de otros tantos, pero si podía quitar el ostracismo de los fénix negros, lo haría, después de todo, se comprometió a llevar a Albion a todo aquel que lo pidiera y Bennu, como había indicado, le enseñaría magia que, incluso los druidas no podrían ni soñar.

Pero había algo que se le escapaba, algo que Bennu, el ave fénix negro, no le contaba, pero no podía decir el qué.

- Antes de aceptar, hay algo que no me cuentas, lo sé.

- Si… es cierto joven humano, pero te lo contaré cuando nos unamos, si lo deseas.

- Está bien, pero una última pregunta, si no es mucho pedir…

- Adelante, sacia tu curiosidad.

- En los libros que he leído sobre los de tu especie, cuentan que sois de naturaleza oscura, yo no lo creo, pero ¿En que fallan los libros?- Preguntó Harry, haciendo que Bennu diera un trino que era como una risa seca.

- Esos libros que tu lees, están todos equivocados… nosotros no somos el mal, ni tocados por la arrogancia… solo somos distintos a los otros fénix de fuego y de agua, debido a que vemos el mundo, como es, oscuro y malvado, pero también bueno y de luz. No hay oscuridad sin luz y no hay luz sin oscuridad, tenlo muy presente… joven humano.

- Gracias… Bennu, ¿Qué tengo que hacer para unirme a ti?

- Primero debes aceptar mi bendición. Yo Bennu, uno de los más antiguos te bendigo con mi pluma, como presente para que puedas cumplir con tus propósitos y metas. También te bendigo con mi marca, la marca del fénix negro.- Dijo haciendo brillar la magia del fénix por un momento, cual magia de Harry aceptó la bendición, haciendo que su hombro izquierdo brillara brevemente de un destello dorado y negro.

Quitándose la túnica y revelando el hombro, vio con fascinación como un tatuaje de un fénix negro parecía moverse y acicalarse, antes de posarse y encontrar un sitio cómodo, para echar una siesta.

- Ahora, para el ritual de unión, es necesario que te cortes el dedo o la palma de la mano, pero en el mundo físico. Apareceré delante de ti, y beberé de tu sangre, haciendo de ti mi maestro. Tú, a continuación beberás de la mía, haciéndote mi familiar. Con la unión, ambos tendremos contacto mental con el otro. Con un solo pensamiento apareceré a tu llamada, para ayudarte, socorrerte, etc. Y con un pensamiento mío, podré ponerme en contacto contigo en todo momento que quiera, incluso cuando estés dormido y soñando.- Dijo Bennu, haciendo que Harry saliera del trance inmediatamente, con su báculo todavía brillando intensamente con el poder de la pluma de fénix negro.

Cuando Harry parpadeo varias veces, los asistentes del concilio lo miraron con curiosidad.

Sacando rápidamente la daga ceremonial que Ragnok, rey de la nación Gobblin, le regaló por su undécimo cumpleaños, se cortó la palma de su mano, haciendo brotar sangre.

Con un estallido de llamas negras, un hermoso fénix negro, más grande que el normal, apareció delante de Harry para tomar su sangre.

Un brillo verde oscuro y dorado rodeó el fénix, aceptando la magia de Harry como su familiar y la magia del fénix, aceptándolo como maestro.

Los Maestros y Maestras pensaron que el ritual de unión acabó y Harry se llevó un familiar de lo más curioso y poco común, llamando la atención de todos y cada uno de ellos y ellas. Haciendo cambiar la opinión generalizada, de que perderían el tiempo con Harry, para algunos que todavía le llamaban Potter.

Pero no acabó, el fénix le dio un asentimiento de cabeza a Harry y este le hizo un corte en uno de sus muslos, haciendo que de la herida, brotara un líquido rojo muy oscuro, confundiéndolo con el mismo color que el ave.

El fénix dio un salto y se colocó justo para que Harry bebiera de su herida, que cuando el chico lo hizo, ésta se cerró y sanó automáticamente.

Harry hizo algo similar que el fénix, brilló intensamente con la magia de ambos, aceptándolo como maestro del ave y como familiar suyo.

Minutos de silencio pasaron, mientras que mentalmente se comunicaban, maestro y familiar. Con un trino de aceptación, el magnífico fénix negro, se posó en el hombro de Harry, el mismo en el que apareció el tatuaje y desapareció con un estallido de llamas negras.

El fénix no se había ido a la casa de Harry, como muchos pensaron, sino que por arte de magia muy antigua y ancestral, se metió dentro del cuerpo del chico, compartiendo mente y alma. Para ello servía el tatuaje que llevaba Harry, para cuando Bennu, no quisiera dejar solo a Harry, pudiera esconderse allí.

Silencio absoluto reinaba en el patio, el atardecer que venía después de cada comida, brillaba intensamente en el cielo egipcio despejado. Harry se quedó mirando al maestro sumo sacerdote, hasta que éste decidió hablar.

- Supongo que ahora tienes un familiar, Emrys. Único en su especie, solo decirte que tengas cuidado con él.

- Gracias Maestro Sumo Sacerdote. Me disculpo por la tardanza, pero hemos estado hablando de varios asuntos. Asuntos que se consideran también importantes.

- ¿Podrías decirnos…?

- No, son asuntos que nos conciernen a Bennu y a mí.- Dijo Harry cortando ese tema en particular, era personal.

- No me refería a eso, eso suele ser personal y es de entender que no quieras compartirlo, no, me refería a si podrías decirnos sobre el tema de tu báculo y la magia ambiental.- Explicó el Sumo Sacerdote Powell.

- Oh, lo siento, pensé precipitadamente. Sí, sobre el báculo brillar, la pluma de fénix negro que tiene, es de Bennu, mi familiar y al parecer, este templo era su sitio de reposo y se dio cuenta de que tenía una de sus plumas.

- Entiendo. Bueno será mejor pasar a los temas que nos han traído aquí a todos.- Dijo Emeric, zanjando de momento el tema, lo más seguro es que pediría a Titus que investigase el asunto y se lo retransmitiera, dado que Harry parecía un poco… ido.

- Como sabrás Harry James Potter Emrys, nos pediste en tu iniciación que consideráramos el que aprendieras en Hogwarts, debido a que tenías ciertos planes a largo plazo, allí. Nuestra consideración es la siguiente. Con la promesa de que te conviertas en un futuro maestro de este concilio, tenemos el honor, de nombrar a Sarah Ó Conaill como tu Maestra. Serás aprendiz de ella, ella te enseñará lo que crea conveniente enseñarte. Se pondrá en contacto con otros maestros que puedan enseñarte lo que quieras aprender y ella no pueda enseñar. Vivirá contigo, hasta tu iniciación como Maestro Hechicero.

Como Maestra en Hogwarts, es de suponer que el ministerio de magia o incluso el mismo colegio, exige un pago a ella.

Ella elegirá el precio conveniente de enseñarte, si considera oportuno no cobrar, se le respetará, si considera que se le debe pagar, así se hará. Por supuesto, eso corre de tu cuenta. Nos gustaría recibir informes anuales sobre tu aprendizaje. A partir de ahora, en este Concilio se te conocerá como Aprendiz Emrys y te sentarás con tu Maestra, a su derecha, la cual te enseñará los entresijos políticos del Concilio. ¿Alguna duda, aprendiz Emrys?- Preguntó severamente el Sumo Sacerdote, oficiando de tal cargo, pues el asunto lo requería.

- Ninguna, Maestro Sumo Sacerdote Powell. Está todo claro.

- Bien, el Concilio ahora se disuelve, aprende Aprendiz Emrys y lleva a este Concilio al esplendor de Albion.- Despidió Emeric con un toque de su báculo en el suelo, haciendo que todos los Maestros y Maestras hicieran lo mismo.

Harry como no estaba seguro si debía de hacer lo que ellos hacían, se quedó parado donde estaba, esperando a que Titus y Sarah se acercaran a él, pero no eran los únicos al parecer, varios Maestros y Maestras iban con ellos para hablar con Harry.

Dio un suspiro largo y tendido, puesto que se lo veía venir, seguramente alguno de ellos era un Maestro de Criaturas Mágicas, y querían hablar con Harry para advertirle sobre los pormenores de un ave fénix negro.

Al parecer Harry se equivocaba, al menos sobre las advertencias de su fénix, lo que querían era poder verlo atentamente y memorizarlo, para después estudiarlo en un pensadero y escribir sobre él.

Bennu estaba encantado con la idea de exonerar del ostracismo de su raza, así que no vio problema con ello.

Mientras que Bennu era observado atentamente por varios Maestros y Maestras, que le estaban haciendo arrullos, el cual el fénix disfrutaba alegremente, algo que a Harry le hacía fruncir el ceño, ocasionalmente.

Titus presentó al Maestro Flamel, conocido alquimista y ex amigo de un enemigo de Harry.

- Usted, ¿Es Nicholas Flamel? ¿Creador de la piedra Filosofal?- Preguntó Harry con cierta cautela de que el hombre quisiera conocerlo. A la vanguardia de su mente le vino el robo de la piedra filosofal, de debajo de las narices de Dumbledore. Tal vez, el hombre sabía o intuía algo.

- En efecto, Aprendiz Emrys, y debo decir que es un honor conocerlo.- Dijo estrechándole la mano fuertemente.

- Para ser un hombre de más de seiscientos años, tiene un buen agarre.- Dijo Harry provocando una risa colectiva entre los que le escucharon.

Nicholas frunció el ceño durante un momento, preguntándose porque no desconfiaba de él, como lo hacían algunos de sus compañeros.

- Me pregunto, Aprendiz…

- Por favor, el Concilio ha terminado, llámeme Harry o señor Potter, si no se ve con la familiaridad, Maestro Flamel.- Instruyó Harry con una sonrisa de medio lado. Estaba ponderando decirle sobre su interés en la alquimia. Pero, si no podía enseñarle, respecto a la pérdida del elixir, tal vez debería confesar, que la piedra no se perdió, sino que la robó él con el fin de devolvérsela a cambio de un favor.

Pero solo por como fuera dirigida la conversación, por supuesto.

- Gracias señor Potter, por la familiaridad. Me preguntaba ¿Por qué no desconfía de mí, como muchos de mis colegas en este concilio? Después de todo es bien conocido, que he tenido amistad con su enemigo, Albus Dumbledore.

- Cierto Maestro Flamel, pero hay algo que me dice, que ya no es así. Que esa amistad está rota e irrecuperable. También pienso que Dumbledore ha podido influir en su mente, como en la de muchos…

- Estas diciendo que Albus se metió con mi mente. Esa es una acusación muy fuerte y espero que tengas un buen motivo para decirla, chico.- Gruñó Nicholas, dando un par de pasos hacia delante, moviendo su mano hacia su varita.

Con un rostro serio, Harry decidió soltarle la bomba y el porqué de sus sospechas acerca de que Dumbledore se metió en la mente del anciano.

Por si acaso, tuvo un agarre más firme sobre su báculo y tensó los músculos en anticipación. Bennu, estaba al acecho en caso de conflicto. Los Maestros y Maestras, estaban expectantes en caso de otro duelo. En este tenían más curiosidad de como resultaría.

- Si, lo sé. Es una acusación fuerte, pero tengo fundamento para hacerla.

- ¿Y es?

- Su piedra filosofal.

- No sabes nada de la piedra, niño. No sabes nada acerca de lo que pasó con ella, así que no creas que voy a ser indulgente contigo…

- La piedra no fue destruida.

- ¡QUE! ¡Dumbledore dijo…!

- Dumbledore mintió, porque yo le mentí. Esa piedra que vio en el suelo, era una falsificación que cree con un hechizo de la antigua religión. La verdadera está a salvo.

- ¿La tienes tú? ¿Cómo? Él dijo que nadie sabría de ella, que estaría segura, con más seguridad que en donde estaba. Casi me meto en un conflicto con Ragnok por sacarla de Gringotts.

- Si la tengo yo. Está segura con un encantamiento fidelius. Tenía la esperanza de estudiarla, antes de mandársela con una carta de disculpas.

- ¿Y cómo ibas a mandármela, si no sabes dónde vivo?

- Los elfos domésticos pueden encontrar a cualquier persona que quieran, y Bennu me dice, que él también puede hacerlo, así que no veo el problema realmente.- Dijo Harry, viendo como el anciano tuvo que sentarse en una silla evocada por él.

No podía creérselo, el niño, no el joven hombre, tenía su amada piedra. Tal vez, después de todo podría vivir lo suficiente para ver Albion.

Claro está que no cometería los mismos errores de antaño, cuidaría de su piedra y haría como el niño, la pondría bajo un Fidelius, como guardián secreto, su esposa Perenelle.

Asintiendo alegremente en señal de que entendía la curiosidad del joven Emrys, decidió en el momento algo trascendental para Harry.

- ¿Me devolverías la piedra?- Preguntó esperanzado, de que pudiera alargar su vida.

- Por supuesto.- En este punto los ojos del hombre brillaron de alegría contenida. – Pero tendrás que hacer algo por mí y por el Concilio.- Pidió Harry seriamente.

- Lo que sea, lo que quieras, pero, por favor, devuélveme a mí y a Perenelle la piedra. No soportaría ver morir a mi esposa…- Rogó Nicholas, perdiendo la dignidad que le quedaba, aunque claro, según decían la gente y muchas personas, por amor hacías lo que fuera, incluso perder el orgullo y dignidad, si eso salvaba el amor de tu vida.

- Promete que no vas a cometer el mismo error de confiar algo tan valioso a cualquiera. A parte he oído que tuviste problemas con el Concilio al pedir que dieran audiencia a Dumbledore, discúlpate con el Concilio y la piedra es tuya nuevamente. Yo lo único que me interesaba era saber cómo era posible transmutar cualquier metal en oro y su durabilidad. También lo que se podía hacer con la piedra y los distintos tipos de magia. Pero es tuya.- Dijo llamando a Cronos y pidiéndole que fuera a por la dichosa piedra, que le costó un poco conseguirla. También le pidió dátiles para Bennu, al parecer era muy aficionado a ellos y no los comía desde hace siglos.

Cuando Cronos le trajo la caja en la que estaba la piedra filosofal, los planes de Harry tuvieron que cambiar drásticamente. Tan drásticamente que ya no podría convertir los metales que tenía previsto en oro con la piedra y hacerlos galeones. Bueno, no pasaba nada, Roma después de todo no se construyó en un solo día.

- Aquí tiene, Maestro Flamel, su piedra. Cuídela bien.- Dijo Harry con una sonrisa y volviéndose a Titus y Sarah.

- Maestro Ollivander, Maestra Ó Conaill, antes de irnos, ¿Podríamos ir a comer algo? Me muero de hambre y casi estoy por robarle los dátiles a Bennu.- El fénix dio un trino indignado de que Harry pensara que pudiera dejarse robar sus preciados y deliciosos dátiles.

- Por supuesto Harry, sabes que puedes llamarnos por nuestro nombre, ¿Verdad?

- No se Titus, a mí me gusta que me llame Maestra, me hace parecer una profesora.

- Claro Titus.- Dijo mirando inquisitivamente a Sarah. – Pues, creo que te llamaré por tu nombre para que no te acostumbres demasiado.- Dijo haciendo que la mencionada, hiciera un puchero alegre.

- Señor Potter, mi residencia actual está en Francia, en una villa oculta por un fidelius. Si le interesa realmente la alquimia, venga a verme, tanto mi esposa como yo estaremos encantados de darle textos y clases particulares. Estoy seguro que podremos ver grandes avances en el tema, gracias a usted.- Dijo el Maestro Flamel, entregándole un trozo de pergamino con una ubicación en él.

- Gracias, Maestro Flamel.- Dijo Harry, con una inclinación de cabeza.

- De nada, Aprendiz Emrys. Es bienvenido.- Devolvió Nicholas, despidiéndose del resto y quedando en un futuro, con los que se disculpó para discutir ciertos asuntos.

Tanto Titus, Sarah, Harry y Bennu, se despidieron de los demás Maestros y Maestras, para ir a comer en El Cairo, capital de Egipto.