CAPITULO 12
- Señor Potter, mi residencia actual está en Francia, en una villa oculta por un fidelius. Si le interesa realmente la alquimia, venga a verme, tanto mi esposa como yo estaremos encantados de darle textos y clases particulares. Estoy seguro que podremos ver grandes avances en el tema, gracias a usted.- Dijo el Maestro Flamel, entregándole un trozo de pergamino con una ubicación en él.
- Gracias, Maestro Flamel.- Dijo Harry, con una inclinación de cabeza.
- De nada, Aprendiz Emrys. Es bienvenido.- Devolvió Nicholas, despidiéndose del resto y quedando en un futuro, con los que se disculpó para discutir ciertos asuntos.
Tanto Titus, Sarah, Harry y Bennu, se despidieron de los demás Maestros y Maestras, para ir a comer en El Cairo, capital de Egipto.
El Cairo, Capital de Egipto desde el año 1922, era realmente hermosa con tanta gente caminando por sus calles.
Se podría observar como muggles y mágicos compraban y vendían conjuntamente sin que nadie se diera cuenta de quién era quien. Harry no le gustaba que eso pasara, los muggles, como él los veía, no merecían estar en presencia de los que eran mágicos, puesto que estaba seguro de que habría persecuciones de nuevo, asesinatos en masa, genocidios, etc. si se enteraban de que el mundo mágico, de hecho, seguía existiendo.
Puede que aquí, convivieran en perfecta armonía ignorándose mutuamente, pero en el resto del mundo eso no ocurría.
La zona a la que fueron a comer Titus, Harry, Sarah y Bennu, debía ser mágica para que el fénix volara libremente e incluso pudiera comer con ellos. A pesar de que le encantaban los dátiles al fénix, no era su única dieta, también se alimentaba como todas las aves de caza, de pequeños roedores y otros animales.
Titus conocía un sitio en Guiza, para ir a comer. Era un restaurante que estaba escondido en el mundo muggle al igual que el Caldero Chorreante, de vuelta en casa.
Para ir desde El Cairo a Guiza, fueron otra vez por medio de aparición conjunta. Algo que a Harry le desagradaba bastante. Cuando llegaron a la ciudad, empezaron a caminar entre los habitantes e ir en la dirección que les dijo Titus. Parecía que Sarah también sabía ir allí. Algo que Harry miró con cierto interés.
- Dime Sarah, todos los Maestros también han sido aprendices, ¿Quién fue tu Maestro?- Preguntó Harry mirando sospechosamente entre Titus y Sarah.
- Si piensas que fue Titus, estás equivocado. Mi Maestro murió hace unos cuantos años.
- Lo siento, no pretendía…
- No te preocupes Harry, es comprensible que tengas curiosidad, yo también la tenía a tu edad.
- A decir verdad, Sarah era muy curiosa e impetuosa a tu edad, Harry. Tú eres un poco más tranquilo que ella.
- ¡Oye! No digas eso a mí aprendiz.
- ¿Miedo de que salga mejor que tú, oh mi Maestra?
- ¿Miedo? Nah, se te puede domar fácilmente.
- Te sorprenderías.- Dijeron Titus y Harry al mismo tiempo, haciendo que la Maestra Ó Conaill los mirara con cierto interés.
Ya estaban llegando al Babuino Tuerto, un restaurante especializado en la carne de oca, algo que Titus le recomendó a Harry. Bennu por el contrario le recomendó que lo comiera asado y con cerveza caliente, le encantaría esa carne. En sus tiempos que servía a los faraones más poderosos e incluso a algún sacerdote de los templos de Anubis, Amón, Ra, Hathor, etc… había probado y visto comer ese tipo de carne y otras con aspecto delicioso.
Harry le agradeció mentalmente, mientras pasaban dentro del local y buscaban un asiento.
El local era parecido al Caldero Chorreante, pero más limpio y con un toque musulmán en su arquitectura.
Se sentaron los tres, en una mesa redonda para verse mejor y no tener que decidir quién se sentaba a la cabecera de la mesa. Ese punto a Harry le recordaba la tabla de la mesa redonda en Camelot, tendría que averiguar posteriormente si el lugar mítico donde sirvió Merlín, existía realmente y donde se encontraba.
Tras comer una deliciosa Oca para cuatro personas, la cuarta parte se la devoró Bennu, alegando que no había probado la oca en tanto tiempo como los dátiles, pagaron y se disponían a marcharse cuando un hombre pelirrojo se acercó con otros cuatro más.
El hombre llevaba el pelo largo, que le llegaba sobre los hombros, un estilo que Harry se estaba dejando para domar su cabello rebelde.
Pantalones vaqueros azules, con rotos sobre las rodillas. Una camiseta de manga corta con una calavera estampada en el centro de ella. Un pendiente de diente de dragón en una oreja y era bastante alto, pecoso y con los ojos color avellana.
Los otros que iban con él, iban tapados con capuchas de sus capas. El camarero, estaba en posición con los brazos cruzados, rezando a todos los dioses que no hubiera trifulca en su local. Tenía más miedo por los pobres hombres que osaran desafiar al chico que llevaba un fénix negro con él, que por el propio chico y sus compañeros.
Se notaba claramente que el trío eran sacerdotes, o druidas, hechiceros, como se llamaba en otras partes del mundo.
Para los egipcios siempre fueron sacerdotes los que tenían el don de usar báculos, cayados y bastones.
- ¿Podemos ayudarles en algo, caballeros?- Preguntó Titus mirando a los cuatro hombres detrás del pelirrojo, más que al hombre joven delante de ellos, con una sonrisa afable en su rostro.
Harry no podía entrar en las mentes de los que estaban detrás sin antes echar un vistazo a los ojos. Todavía dependía de mirar a los ojos para usar Legeremancia. Su don de leer la mente, no tan sutil, no dependía de ello, pero se darían cuenta y lo que necesitaban ahora era la sutilidad.
Cogiendo su báculo rápidamente se puso en pie, justo al lado de Sarah y en medio de la barra y su mesa. Algo le decía que ese hombre no estaba allí con buenas intenciones para con él. Además de que le resultaba algo familiar.
El pelirrojo estaba ponderando la situación, le habían advertido que Harry Potter podía resultar peligroso si se daba la situación de que viera su vida en peligro. También le advirtieron de que era paranoico, algo que Ojo Loco Moody, detrás de él, estaría viendo con interés. Vio con asombro la agilidad al moverse entre la salida al mundo mágico de Egipto y los magos que estaban entre él y la salida al mundo muggle.
También vio cómo su pájaro negro se puso en su hombro, listo para sacarlo volando de allí, como si tal cosa fuera posible.
Moody murmuró algo en su oído, haciendo que los tres delante se movieran en posiciones defensivas y haciendo que William, Bill para los amigos, levantara las manos en señal de paz.
- Paz, amigos. No hemos venido buscando problemas. Solo hemos venido a por el señor Potter.
- ¿Y eso no quiere decir problemas?
- ¿Qué te hace pensar que voy a ir contigo…?- Dejó la última parte en el aire, para tantear el nombre del hombre.
- Weasley, William Weasley es mi nombre. Pero puedes llamarme Bill, si lo deseas Harry.- Dijo el pelirrojo, haciendo que comprendiera inmediatamente. Se suponía que los Weasley no tenían defensas mentales, pues ahora lo comprobaría con éste. Mandando una sonda de Legeremancia, sutilmente, entró en su mente sin resistencia y vio que estaba allí con gente de Dumbledore para secuestrarlo, bajo la falsa impresión de que Dumbledore era todavía su guardián mágico, que por desgracia así era. Parecía que el viejo no le iba a dejar en paz nunca.
- Os advierto, señor Weasley, señor Moody, señor Podmore, señorita Vance y señor Shacklebolt que esto se llama secuestro en muchos países.- Dijo Harry haciendo saltar a los encapuchados detrás de William.
- ¡Como has sabido quienes somos!- Rugió un hombre con demasiadas cicatrices en su rostro y un ojo que daba vueltas en su zócalo, en todas direcciones.
Ese hombre podría ser un peligro para Harry, estaba seguro que si estallaba una batalla, él pondría más pelea que los demás. No podría andarse por las ramas con la magia nueva, tendrían que utilizar la de la antigua religión, para librarse o volver flameando con Bennu a la mansión Potter. Decisiones, decisiones. La verdad sea dicha, estaba todavía con ganas de pelea tras su duelo con Sarah.
Ladeando la cabeza ligeramente ante el tono atronador del hombre, sonrío ligeramente dejando que un poco de su aura saliera a relucir.
- No creo que los cinco de ustedes tengan mucha oportunidad contra nosotros. Dumbledore no es mi guardián mágico, os recomiendo que os marchéis por donde habéis venido.
- Si nos atacáis, estáis atacando al Jefe de Magos del Wizengamot y se considera un delito que se paga con Azkaban.- Intervino Titus, descubriendo que a Harry no le importaría una batalla de menor rango, sobre todo con Alastor Moody.
William y el resto lo estuvieron considerando lentamente, después de todo no tenían prisa, hasta que el posadero del local intervino.
- Si se hace duelo en territorio egipcio, todos estaréis en problemas. Iros de aquí, me importa un bledo si os matáis o no, pero no en territorio egipcio.- Dijo el posadero bastante nervioso y la verdad sea dicha, si había batalla, habría muertes, y si había muertes, seguramente un conflicto internacional con otro país surgiría y a ninguno de los involucrados le interesaba de momento.
Harry que todavía estaba tenso y preparado para disparar el primer hechizo, habló.
- Tiene razón posadero. Si queréis batalla, la tendréis, pero en territorio nacional.
- No Harry, no habrá batalla hoy.- Dijo Titus en serio ya. – Como Jefe de Magos del Wizengamot, Alastor Moody, Auror senior, te ordeno que escoltes a la embajada británica en El Cairo a estos caballeros, inmediatamente.- Dio la orden al viejo Auror, el cual solo se rio de Titus en su cara.
- ¡Que broma más divertida! Un hechicero ordenándome a mí, que me retire. ¡Tonto estoy retirado!- Se burló el viejo auror con una mueca en su rostro, deformándoselo aún más.
Titus se aferraba a un clavo ardiendo, solo le quedaba la baza del ataque contra el Jefe de Magos del Wizengamot, que eso en sí, era cierto que se condenaba a un periodo de cinco a diez años en Azkaban.
- Está bien Jefe de Magos, nos vamos. Pero esto no ha terminado Harry, volveremos a por ti.- Dijo Weasley muy confiado de sí mismo.
- Estaré esperando Weasley y procura traer más gente la próxima vez.- Advirtió Harry, haciendo saltar su aura y haciendo que los magos se tensasen.
Con un trino de advertencia de su fénix, Harry se relajó un poco, devolviendo su aura dentro de él.
Los magos liderados por Weasley se fueron, unos por la salida del mundo mágico, el cual Harry se fue volviendo lentamente para que no cometieran una estupidez al pasar por su lado y los otros por la entrada del mundo muggle. Si salían por alguno de los mundos, se podrían arriesgar a una emboscada.
Para volver a casa deberían flamear con Bennu desde la taberna, por ello Harry se dirigió al camarero.
- Señor, le importaría que flameáramos desde aquí a nuestra casa, le pagaremos una generosa propina si nos lo permite.- Dijo Harry, sacando su monedero mágico.
- Por supuesto que podéis marcharos desde aquí, no hace falta el dinero, mientras que no montéis problemas… Aquí respetamos a los druidas y hechiceros, no como en otras partes del mundo.- Dijo el posadero tranquilizándose un poco, ya que el peligro había pasado.
- Muy bien, Titus, Sarah, agarraos a mí. Bennu, llévanos a casa por favor.- Pidió Harry mientras que Sarah y Titus agarraban el hombro y una mano de Harry.
Bennu los flameó hacia la mansión Potter, donde Sarah se quedaría a vivir con Harry. Titus luego se fue por polvos Flú a su casa alegando que iría al ministerio a investigar oficialmente, con qué derecho Dumbledore mandó a su gente a Egipto.
Harry no se quedó sin hacer nada con respecto al intento de secuestro suyo, pero por desgracia la mayor parte de la alianza Albion, estaban de vacaciones y no podían hacer nada hasta llegar de ellas, lo cual tardarían dos semanas.
Mientras tanto se entrenaría duramente y estudiaría la base de los rituales primarios que se hacían, para posteriormente pasar a los más complicados.
En ese aspecto tanto la Maestra Ó Conaill, como Bennu, le enseñarían. De momento pidió a los elfos domésticos de la mansión que prepararan una zona lo bastante alejada de la casa, pero lo bastante cerca, en caso de ataque y tener que refugiarse, para poder entrenar con Sarah.
- Bien Harry, ésta semana la vas a tener ocupada entrenando conmigo. Tal vez te lleve a ver sitios interesantes también, para que puedas aprender más del mundo mágico que en la escuela estoy segura, no te enseñan.
Si tenemos suerte con el entrenamiento y no estás muy cansado.- Lo dijo con una sonrisa descarada y maliciosa, prometiendo dolor físico, en agujetas. – Iremos a visitar ciertos monumentos celtas que hay en Bretaña y otros países, ahora que Bennu nos puede flamear.
- De acuerdo, Maestra Ó Conaill.- Dijo Harry sin oponer resistencia, tenía que hacer ejercicio físico para que su magia aumentara y creciera fuerte con él, no sólo las comidas sanas importaban en la hora de hacer magia.
- Bien, hoy es demasiado tarde para comenzar, pero mañana te quiero despierto a las cinco en punto, antes de que el alba despunte. ¿Está claro?
- Como el agua.
- Bien, descansa hasta entonces, lee o haz lo que harías normalmente.- Instruyó Sarah a Harry quien solo se limitó a asentir, sonriendo por primera vez desde el encuentro con Weasley. Pidió a Cronos que llevara a Sarah a la habitación que ocuparía, una que estaba al lado de la que ponía señor Canuto en una placa de oro.
Quiso mantener las cosas de su padrino en esa habitación por si volvía de su estadía en Azkaban, pero estaba seguro que pasaría un tiempo hasta que eso sucediera.
Avisó a los elfos que tomaría la cena en su despacho, dado que tenía que revisar ciertos asuntos referentes al juicio que se aproximaba.
El juicio en sí era cosa fácil. Los muggles serían acusados de los delitos cometidos en su contra, y el abogado que los representara, que les costó mucho conseguir uno para ellos, puesto que nadie quería representarlos por si quedaban en libertad, aparte del hecho que ningún mago, brujo, hechicero o druida, les gustaba que abusaran de los niños. En el mundo mágico casi ninguna raza cometía tales actos, como se decía los niños eran el futuro del mañana y debía tratárseles bien.
Después del juicio de los muggles, llegaría su emancipación tan anhelada. Ahí era probable que tuviera más problemas y que no se la concedieran por motivos políticos.
Cierto, había conseguido más aliados, sobre todo los que se habían incluido nuevamente en el mundo mágico, pero las diferentes facciones e incluso las de su alianza, podrían poner pegas en que un preadolescente viviera solo.
Eso sería un grave problema, porque el juicio de Sirius vendría sobre el mes de mediados de julio, principios de agosto.
Si le denegaban la emancipación, temía con quien pudiera quedarse y volverse su guardián mágico temporal.
Dumbledore, se supone que es el suyo, ilegalmente, por supuesto, pero aun así le permitieron seguir con su tutela. Eso solo causaría problemas en el futuro, porque estaba seguro que si los Dursley eran condenados, Dumbledore le enviaría a vivir con una familia de las que eran tan leales a él, los Weasley.
Bueno, cuando llegara a ese puente, lo cruzaría, como se decía en ese dicho. Mientras tanto prepararía el caso para hablar en su nombre y los diferentes negocios en los que se quería meter fuera de Bretaña. Era hora de expandir sus inversiones a otros países y continentes.
La cena fue enviada por Dobby, quien alegremente y muy entusiasta se la sirvió, diciendo que la invitada de maestro Potter se encontraba en el comedor cenando, por si quería reunirse con ella más tarde, algo que Harry agradeció a Dobby con una sonrisa y un leve asentimiento de cabeza.
Esa noche Harry se fue tarde a la cama, justo después de hacer sus ejercicios de Oclumancia, algo que no había hecho desde unos días antes de dejar Hogwarts.
Estaba solo el primer día de vacaciones y ya se había vuelto un perezoso, con una sonrisa se fue a la cama, quedándose rápidamente dormido.
Harry como siempre era el primero en despertar, pero esta vez alguien le ganó de mano, despertándole lanzando una jarra de agua fría, por un momento pensó que estaba de vuelta en Privet Drive, antes de atacar al que lo había hecho, pero al parecer su magia reaccionó al despertar, elevando a Sarah, su maestra, en el aire.
- ¡Harry! ¡No es gracioso! ¡Bájame!- Mandó Sarah que estaba boca abajo, levitando a pocos pasos de Harry.
Con un movimiento de su mano, hizo que cayera de bruces en el suelo, y le pidió amablemente que en el futuro se abstuviera de despertarle de esa manera, si no quería que la maldijera.
Sarah estaba curiosa en cuanto al porqué de esa petición, pero Harry le dijo que le contaría más adelante.
- Bien, dúchate, tenemos trabajo que hacer.
- Bien, te veré en el vestíbulo, Maestra Ó Conaill.- Dijo Harry, quitándose la ropa delante de Sarah y metiéndose en el baño. Sarah se dio la vuelta rápidamente para darle privacidad, el niño lo pagaría caro por hacerla pasar por eso, no es que tuviera vergüenza de ver a un preadolescente desnudo, sino que cada cual merecía su intimidad y además por muy Maestra o muy Aprendiz que fuera, solo se acababan de conocer el día anterior.
- No te preocupes, no me he quitado todavía los pantalones.- Dijo Harry con una risa seca ante una Sarah que salía a toda prisa de la habitación del chico.
- ¡No tardes!- Mandó saliendo del cuarto y dirigiéndose al vestíbulo.
Pidió a los elfos domésticos que prepararan un desayuno ligero para poder ir a correr después. También harían ejercicios de calentamiento para que no diera tirones en los músculos y después enseñaría a Harry a esquivar sin magia. Ahí es donde pensaba tomarse su venganza por burlarse de ella esta mañana.
Después del desayuno ambos, Aprendiz y Maestra, salieron a la fría mañana de Gales a comenzar corriendo unas cuantas vueltas como calentamiento preliminar, después de eso, harían unas pocas abdominales y flexiones, unos saltitos y estiramientos de brazos y piernas. Así sería el entrenamiento de Harry por los próximos años, mientras durara su aprendizaje con Sarah.
Cuando terminaron de todo el calentamiento, Sarah le indicó a Harry que se alejara unos veinte pasos de ella, ya que comenzaría a lanzarle bolas de pintura conjuradas, él tendría que esquivarlas todas, sin que le dieran. En el caso de que las bolas le dieran, Sarah le dijo que daría una vuelta por bolas recibidas.
Para contarlas, pusieron un contador mágico en el aire, así no habría problemas para cuando Harry recibiera el castigo.
Al parecer Harry era bueno esquivando las bolas, tan bueno que Sarah se sorprendió al principio, pero que luego fue intensificando el lanzamiento.
Bola tras bola, Harry las intentaba esquivar todas, debido al recuerdo de años de abuso por parte de su primo matón y sus amigos. Amigos que se deshizo magistralmente, cuando descubrió sus poderes.
Ahora entendía lo que les había hecho Harry y no tenía ningún arrepentimiento por ello.
Algunas de las bolas le dieron en el blanco, pero al final de la lección, solo eran diez, por ello tuvo que dar diez vueltas a los terrenos de la mansión, vueltas que con un quejido interno las hizo sin rechistar en un principio.
Después se llevó unas buenas felicitaciones por parte de Sarah, que se quedó impresionada y le contó que ella tardó en esquivar bastante al principio con su Maestro. Al parecer había recogido un poco de la tiranía de este para entrenar.
- Ahora Harry, necesito que me digas en que punto de ambas magias estas. Para ello es mejor que me muestres la practica.- Dijo conjurando un par de Golems de piedra y mandándolos a unos metros de distancia.
Harry empezó con la magia nueva, lanzando hechizos, encantamientos, maldiciones y transfiguraciones sobre los Golems que su maestra había hecho.
Al final de lanzarles tanta magia, quedaron en tan mal estado que se tuvieron que volver a construir, dado que Harry aún no había comenzado con lo que sería las artes oscuras de la magia nueva.
Cuando empezó a lanzar maldiciones de todo tipo de artes oscuras, Sarah no pudo evitar dar una exhalación de asombro, si Harry hubiera utilizado eso en su duelo, estaría en graves problemas y no era para menos.
Harry utilizó cadenas de maldiciones y hechizos, quebranta huesos, hierve sangre, quema piel, imperdonables, como la Cruciatus, la maldición asesina, maldiciones de corte venenoso, maldiciones que hacía que la piel se derritiera como si hubiera sido rociada con ácido, etc. En fin el conocimiento en esa materia estaba medio completo, aun le faltaba mucho que aprender, después de todo, la magia era casi imposible aprenderla en su totalidad, por el motivo de que existía desde hace eones.
Cuando quiso pasar a la magia de Pársel, Sarah le ordenó que se detuviera para que fueran a almorzar, después de todo habían pasado entrenando desde las cinco y media de la mañana hasta las nueve y media. Habían pasado cuatro horas fuera.
Cuando almorzaron lo hicieron en abundancia y después volvieron a salir otra vez, para que Harry continuara mostrándole lo que sabía.
Harry le mostró la magia de Pársel que había aprendido de los hermanos Gaunt y de Salazar. También le mostró que no solo era destructiva, sino que constructiva también, pero las construcciones como Golems, solían tener una tendencia serpentina, algo que enviaba escalofríos por la espina dorsal de Sarah.
Ver humanoides con cara de serpiente y sus colmillos avanzar hacia ti y no detenerse ante nada, era un poco espeluznante.
Después se pasó a la magia de la antigua religión, utilizando la magia elemental como ejemplo. Ahí Sarah, estaba de acuerdo consigo misma, que si no hubiera parado el duelo de exhibición, Harry finalmente la hubiera doblegado.
Le parecía a Sarah que Harry, tenía una compresión innata sobre la magia entera y que casi no le hacía falta un maestro para entrenarle. Con solo leer los libros, como le dijo posteriormente, tenía suficiente, pero lo que no comprendía era el tema de los rituales y otras magias como la alquimia, magia del alma y magia de muerte, que estaba ligada a la magia del alma.
La magia de muerte constaba de la Nigromancia también, algo que estaba curioso en su forma de ser. Pero que se abstenía de estudiarla sin conocimientos previos en dicha materia.
- Veo Harry que no te va a hacer mucha falta mi ayuda, con tu compresión en los libros y la teoría, te bastaría para ponerlo en la práctica. También veo que eres inventivo a la hora de lanzar hechizos y maldiciones, eso está muy bien. Lo único que creo que te hace falta para ser un buen maestro, es la experiencia y control en los duelos. Veo que te dejas llevar por el éxtasis de la batalla, si bien es bueno a veces dejarse llevar, eso te puede llevar a cometer errores fatales. A partir de hoy en adelante, el entrenamiento será más físico que mágico. También te enseñaré a combatir cuerpo a cuerpo, por si acaso diera lugar a que te atan la magia con supresores.
Contactaré con el Maestro Alquimista Flamel, para que te enseñe sobre la alquimia, cuando estés preparado para ello o cuando yo lo decida. También hay otros temas muy importantes que debes conocer, como la sanación y la preparación de Pociones. A lo largo del tiempo que seas mi aprendiz, irás aprendiendo más y más. Eso no te quitara tiempo para llevar a cabo tus planes, te lo aseguro.
- Está bien, no tengo ninguna pega, pero podríamos discutir el resto mientras comemos, tengo bastante hambre.
- Por supuesto y luego date una ducha, hueles a sudor.- Dijo con una risa cantarina, haciendo que Harry encogiera los hombros en señal de poca importancia.
No le importaba realmente, dado que tanto ejercicio y lanzamiento de magia, tendía a hacer eso, pero en una cosa tenía razón ella, tenía que cuidar su imagen siempre y ahora por el pelo, se parecía mucho a su profesor de pociones, Severus Snape.
Después de una buena ducha de agua templada, Harry se vistió como siempre iba, con ropas oscuras y una túnica de color verde oscuro. Bajó al salón a comer junto con Sarah y discutir sobre temas que en un futuro aprendería.
- Me sorprendes Harry, pensé que comerías antes.
- Si, era una posibilidad, pero prefiero relajarme un poco antes, con una buena ducha. Por cierto Maestra Ó Conaill, ¿Cómo vamos a organizar el tiempo de estudios y entrenamiento? Veo que tiene planeado muchas cosas, pero poco tiempo para todo.- Preguntó Harry sirviéndose un muslo de pollo con patatas asadas y una guarnición de ensalada.
- Si, ese es un tema que quería discutir contigo. Existen múltiples dispositivos que controlan el tiempo, es decir, se puede volver en el tiempo por un par de días o unas horas, dependiendo del tipo de giratiempos. También, creo que los gobblins tienen un artefacto especial, en el que pasas a una sala durante un día fuera y dentro de ésta sala se cumple todo un año.- Comentó Sarah, viendo que había captado su atención inmediatamente.
- El artefacto de los gobblins serviría mucho mejor, pero no sé si nos lo prestaría o nos dejarían utilizarlo en su territorio.- Dijo haciendo que Harry juntara las manos en señal de meditación y pensamiento.
¿Sería posible aprender tanto en un día, si se utilizaba esa sala especial? Era una pregunta difícil y muy tentadora de preguntar a Ragnok sobre ella. Si fuera así, podría avanzar en los temas que se había propuesto. Incluso podría seguir entrenando duramente, para que los efectos se vieran en un día.
Harry se levantó de la silla inmediatamente, dejando su comida a medio comer, haciendo que un elfo domestico apareciera repentinamente.
- ¿No le gusta a maestro la comida?- Preguntó un tanto preocupado el elfo.
- ¿Eh?- Fue la elocuente respuesta de Harry a su elfo. – No, quiero decir, si, la comida es excelente, solo que se me ha ocurrido una idea en cuanto a lo que ha dicho Sarah.
- Maestra Ó Conaill, Harry o Maestra solamente. Recuérdalo, mientras que en tu casa y a solas me puedes llamar Sarah, en público sería mejor llamarme por el título que tengo para contigo.
- Si, si, lo sé. Pero en cuanto a lo que has dicho del artefacto, ¿Qué sabes?
- Poca cosa, se especula entre los miembros del Concilio que existe, pero nunca se ha visto.- Dijo haciendo que se desinflara un poco del entusiasmo repentino que le había asolado. No obstante se pondría en contacto con Gringotts inmediatamente.
- Creo, Sarah, que mañana podríamos hacer una visita al Callejón Diagon.- Dijo Harry volviendo a su comida.
El elfo apaciguado de que la comida estuviera bien y que se hubiera equivocado, dio un arco respetuoso y se marchó a hacer otras tareas.
Sarah miró a Harry inquisitivamente y un poco divertida en cuanto a la cuestión.
- ¿Dime Harry, ya te has cansado del entrenamiento?
- En absoluto, pero quiero ponerme en contacto con el Rey Ragnok de la nación Gobblin, para preguntarle sobre ese artefacto.
- ¿Y por qué crees que te dirá algo sobre él?
- Porque soy un amigo de la nación gobblin.- Dijo Harry con una sonrisa descarada en su rostro, algo a lo que Sarah respondió dándole una palmada en el brazo.
- ¿Hay algo más que debería saber sobre ti, Harry?- Preguntó dando un suspiro de exasperación resignada.
- Ahora que lo mencionas…
- ¿Qué?- Preguntó con cierto temor a que le salieran canas repentinas.
- Es probable que mañana, si vamos al Callejón, seamos atacados por ese tal Moody y Weasley.
- Si es así, entonces nos defenderemos. Estoy segura que no serán un problema para ti.
- No, no, lo serían, pero el problema radica en que estaríamos en un sitio concurrido por gente y esa gente puede salir herida. Si lo hicieran enfrente de territorio gobblin, entonces puede que tengamos la posibilidad de evitar la pelea. Pero eso no era más o menos lo que quería decir. También la semana que viene necesito ir a la mansión de los Greengrass, por negocios, por supuesto. Aunque es probable que pasemos la semana allí.- Dijo Harry, mirando pensativamente durante unos momentos.
Sarah no entendía al principio porque tenía que ir a la mansión de los Greengrass y perder el tiempo, pero Harry le explicó que debía ir para hablar y planear los planes que tenía para con Hogwarts este año.
Pensaba donar a la escuela un millón de galeones, para que fuera reparada, nuevos maestros contratados, viejos, como el profesor fantasma de Binns exorcizados. También se debía quedar y planear largo y tendido sobre el juicio de emancipación y el juicio de Sirius Black.
Si Sirius saliera libre antes, tal vez Harry estuviera más restringido que ahora, dado que Sirius fue en el pasado un hombre de Dumbledore, hasta la medula.
Por esa razón prefería Harry jugársela en un juicio de emancipación, donde los aliados votaran a favor de él, por ello tenían que planificar y hacer favores o cobrárselos de los más antiguos que se debían a la familia Potter.
La familia Longbottom por ejemplo, en el pasado pidió muchas veces ayuda en las guerras que solían salir y los Potter ayudaban sin pensarlo ni dudarlo. De ello salieron las deudas de favores.
También había otras familias que debían favores, pero Harry no quería recurrir a esos temas tan pronto.
La tarde después de comer Harry se encerró en su despacho mandando cartas junto a Dobby, Cronos estaba ocupado advirtiendo por órdenes de Harry a la alianza y sobre todo a Madame Bones, jefa del Departamento de Seguridad Mágica, sobre el posible ataque en contra de Harry y las repercusiones que Dumbledore pudiera llevar frente a la alianza. Era mejor prevenir que curar, en ciertos aspectos al menos.
Las cartas que mandaba Dobby de ida y vuelta eran para concertar citas en Gringotts, si bien podía ir cualquier día de la semana sin avisar, pensaba que era mejor avisar con antelación, aunque fuera un día, para que estuvieran preparados los gobblins.
Gornuk le respondió inmediatamente concertando su cita, una hora antes del almuerzo. Ragnok por su parte le citó a primera hora de la mañana, eso sería para Harry las cinco o seis de la mañana, pero Ragnok le indicó en otra carta, que a primera hora de la mañana, se refería a las nueve o diez de la mañana, una hora razonable para todo el mundo.
El resto del tiempo lo pasó estudiando los planes que tenía para con la piedra filosofal, planes que tuvieron que ser cambiados, respecto a su devolución a su legítimo dueño.
Harry no estaba contento con esa parte del día, salió mal, pero no sabía que Flamel era un hechicero. Si lo hubiera sabido con antelación, entonces habría planeado otro tipo de plan.
No pasaba nada, al final salió bien parado, ganándose una oportunidad de aprender al lado de uno de los mejores alquimistas de la historia. Más de 600 años de experiencia tenían que decir algo, sobre todo en el tema del conocimiento, algo que Harry todavía estaba aprendiendo de todo el conocimiento que había en la inmensa biblioteca Potter.
Solamente llevaba una cuarta parte de la biblioteca, ni siquiera la mitad, contando con los cuartos secretos, donde se guardaban los textos más antiguos y valiosos de su familia.
El grimorio todavía no le quería terminar del todo, debido a la magia que no comprendería o que le faltaba por comprender.
Mientras tanto, había veces que estudiaba a la antigua usanza, leyendo el libro o pergaminos sueltos.
Sus escudos de Oclumancia cada vez eran más fuertes y en ese tema, también ayudaba tener un familiar como Bennu.
Bennu le ayudaba a proteger su mente de ciertos tipos de control mental, tipos como pociones y encantamientos, en los que no había medios para protegerse, salvo un ritual para que la mayoría de venenos y pociones que fueran dañinas para el cuerpo no surtieran efecto, pero tenía un lado negativo, que las pociones curativas, funcionarían a medias y tendría que sanar despacio y, por desgracia, también a la antigua usanza, con mucho reposo.
Harry creía que era un precio razonable a pagar, si con ello podía evitar el control de Dumbledore y otras personas.
Bennu también le instruyó en hacer ciertos rituales para mejorar su físico y su magia. En lo que respecta su físico, los rituales constaban de sacrificar ciertos ingredientes e incluso sangre. Nada muy complicado. Lo complicado venía a la hora de amplificar la magia, para Harry que utilizaba la de la antigua religión, quería decir que el ritual tenía que ir acompañado de ciertos tatuajes rúnicos, los cuales le protegerían hasta que su núcleo mágico estuviera maduro, después de eso, su magia sería amplificarse el doble.
Luego había un ritual que le llamaba mucho la atención a Harry, uno que servía para que no pudieran hacer rituales con la sangre de Harry, si no fuera dada voluntariamente. Eso implicaba que pudiera protegerse de rituales de seguimiento, de copia de su firma mágica y otros un poco más oscuros, como de resurrección.
La noche llegó como la tarde finalmente se fue y Harry salió del despacho mucho más tranquilo.
- Dichosos los ojos que te ven, Harry.- Dio la bienvenida a la mesa Sarah.
- Tampoco he estado ausente demasiado tiempo. ¿Te has divertido en la biblioteca?
- ¿Cómo sabes que he estado allí?- Dijo Sarah viendo como Harry le daba una sonrisa de medio lado. Con una palmada en la frente, recordó claramente donde estaba y con quien estaba hablando.
Por supuesto, Harry sabría donde había estado todo ese tiempo, incluso si dejaba la mansión, las salas de la mansión Potter le advertirían de ello. Después de todo él era el legítimo dueño de la casa y controlaba las salas.
- Vale, lo siento Harry, olvidé lo de las salas. Contestando a tu pregunta, sí, he de decir que tienes una buena colección de libros, pero había algunos tomos en la biblioteca a los que no podía acceder, ¿A qué se debe? ¿No confías en mí?- Dijo un poco tocada por pensar en ese hecho en particular. Bromas aparte, ella confiaba en Harry Emrys con su vida y mucho más después de ver lo que era capaz de hacer.
- Por supuesto que sí Sarah, no se debe a un hecho de desconfianza por mi parte. ¿Dime que libros no has sido capaz de llegar?- Cuestionó Harry, intuyendo que se refería a los tomos que tenía de su madre y el grimorio Potter.
- A unos tomos que había en una estantería con el nombre de Lily Potter y un libro negro y bastante grueso que había en un pedestal, en el centro de la biblioteca.- Sí, lo que se temía Harry era cierto, el Grimorio y los libros de su madre, que todavía tampoco los había leído, más porque no tenía tiempo que por otra cosa. Aparte quería hacerlo de la manera tradicional y en su despacho, era un poco sentimental después de todo, allí habría cosas privadas de la mujer que no pudo conocer y le hubiera gustado conocer.
- Entiendo y no podrás acceder a ellos. El tomo negro es el Grimorio de la familia Potter y a menos que te conviertas en una Potter, no podrás acceder a él.- Explicó mirando sugestivamente y moviendo las cejas de arriba abajo. – Sin embargo los libros que hay en la estantería Lily Potter, son los diarios de mi madre, todavía no les he leído y creo que son un poco privado, como para dejar que otros lo hagan. Lo siento Sarah.- Terminó de explicar Harry tranquilamente y para nada ofendido. Un poco divertido por la mueca ante la mirada que le dirigió Harry cuando le dijo que tenía que ser una Potter, para leer el Grimorio de la familia.
- Todavía eres demasiado pequeño para mi gusto de un marido Harry.- Dijo Sarah divertida, ante el puchero que le devolvió Harry.
- Es una pena, pero que se le va a hacer. Tenía entendido que en el mundo mágico, las edades no importaban. También tenía entendido que los magos entraban en contratos de matrimonio a edades tempranas.
- Si, pero no somos magos Harry. Para nosotros es diferente, no creemos en el contrato matrimonial. Hay familias que sí, por supuesto, pero porque son más tradicionalistas, pero otros no y lo de la edad, por mucho que parezcas a un adulto, para mí no podré verte con los ojos…
- Si, si lo entiendo, no me refería a decirlo en serio Sarah, te veo más como una amiga, una muy buena para un futuro próximo.- Dijo con una risa alegre y alta, más parecida a una carcajada.
Algunos de los retratos que había en el salón sonrieron que su descendiente supiera reír. A veces se preguntaban si Harry había reído alguna vez, viendo ahora la interacción entre bromas y coqueteos saludables, supieron que Harry podía relajarse de vez en cuando.
James a veces ponía algún granito de arroz, lo cual Lily le daba un fuerte coscorrón, pero aun así sonriendo a las payasadas de su marido y a la alegría de su hijo.
Un hijo que solo pudo conocer por medios de un retrato mágico. Cierto que los retratos usaban una parte del alma de un mago, pareciendo como si fuera un Horrocrux, pero sin la posibilidad de la resurrección que te daba el Horrocrux.
Era más como una copia marcada de una parte del alma y los recuerdos que tenía la persona, cuando el retrato se hizo. Si la persona moría y su retrato se hizo antes de que éste muriera, solo se recordaría hasta donde el retrato fue hecho, las partes posteriores de la historia no las podría recordar, debido a ese hecho en particular.
Por ello los magos y brujas, y también la mayoría de mágicos disponían de hasta el último momento para hacer la copia de su alma y recuerdos.
La mañana siguiente Harry y Sarah amanecieron a la misma hora que el día anterior e hicieron los ejercicios matutinos de correr por la propiedad Potter y los estiramientos. Lo de las bolas de pintura y el esquivar lo dejarían para otro día, hoy Sarah le enseñaría a luchar con su báculo, utilizándolo como arma. Harry estaba un poco preocupado en ese aspecto, por si el báculo se rompía.
- No te preocupes Harry, el báculo es irrompible, de eso se encargan estas runas talladas aquí.- Dijo mostrando su propio báculo y unas runas idénticas a las del báculo de Harry.
Viendo que todavía no estaba muy convencido, evocó un bloque de hielo y dirigió su báculo con fuerza hacia éste. El bloque se hizo pedazos por el impacto y al báculo no le pasó nada en absoluto.
Respirando más tranquilo, siguió las instrucciones de su maestra en cuanto a cómo cogerlo y que posición de pies debía utilizar para una mejor movilidad. También le explicó que posición de su cuerpo debía tomar, tanto para el ataque como para la defensa.
En el día de hoy solo practicarían las posturas básicas de ataque y defensa, puesto que no tenían demasiado tiempo para ello.
A las dos horas de realizar los ejercicios impuestos por Sarah, terminaron y fueron a darse una ducha en sus respectivos cuartos de baño y a tomar un segundo desayuno.
Eran las ocho y media cuando Harry cogió su bolsa de oro y le pidió a Bennu que estuviera dentro de él, como en aquella vez mediante la reunión del Concilio.
A Bennu no le gustaba en absoluto estar encerrado en el cuerpo de Harry, no por incomodidad de estar en su cuerpo, sino porque le gustaba la libertad que tenía cuando liberaba sus alas y volaba en los cielos. Pero entendía, para una mejor protección, tanto de Harry como de Bennu, si algún mago los veía que estaban juntos, tal vez pudiera saltar a conclusiones precipitadas y atacar al majestuoso fénix negro.
Cuando realmente estaban preparados para partir, Sarah le preguntó a Harry como irían al Callejón Diagon, si por vía aparición conjunta, dado que Harry no sabía aparecerse, vía traslador, vía polvos Flú o simplemente los flamearía Bennu o Harry usando el poder de Bennu.
- Iremos por polvos Flú, es imprescindible que nos vean entrar en el Callejón. Estoy seguro que una vez que lleguemos al Caldero Chorreante, avisaran a Dumbledore y éste a sus hombres, para hacerme ir con ellos.- Dijo Harry para que Sarah estuviera preparada.
- Lo que no entiendo, es que si te han citado a las diez de la mañana, ¿Por qué vamos a esta hora?
- Sencillo Maestra Ó Conaill. Voy a recoger ciertos ingredientes que necesito para un par de rituales.
- ¿No es un poco temprano? Quiero decir, que no es un poco adelantado a la hora de empezar con los rituales.
- Para nada. Además los rituales que voy a hacer son muy básicos, al menos en lo que Bennu se refiere. En sus tiempos en el antiguo Egipto, dice que este tipo de rituales eran muy comunes para los sacerdotes y los seres mágicos sintientes en general. Algo imprescindible para protegerse a sí mismos. Sobre todo el ritual que previene que hagan otros tipos de rituales como la invocación de la persona a otro lugar e incluso la utilización de la sangre en ciertos rituales mágicos.
- Entiendo, si es lo que quieres, no te voy a poner pegas, veo el potencial que puede tener. Es posible que me una a ti en cuanto a algunos de los rituales, incluso te instruiré en ciertos tipos de tatuajes rúnicos que puedes tallarte en el cuerpo, que te ayudaran en la magia, mente, alma y fuerza física. Tenía previsto dejarlo para más adelante, pero si Bennu dice que es necesario ahora, ¿Quién soy para interponerme en las enseñanzas de tu familiar?- Dijo dando una enorme sonrisa ante la antelación de todo lo que podría aprender junto a Harry de los antiguos rituales, rituales que hoy en día, tanto hechiceros como druidas, no eran capaces de hacer, bien porque se perdió el conocimiento o porque tenían miedo de perderse a sí mismos en el proceso.
Dirigiéndose hacia la chimenea de la mansión, la única que estaba habilitada para viajar por polvos Flú, Harry dejó entrar primero a Sarah, la cual hábilmente dio el nombre de la ubicación.
Harry esperó unos segundos, para después entrar el en las llamas verdes esmeralda y ver un sinfín de chimeneas, hasta que dio con la del Caldero Chorreante.
Dando los buenos días alegremente a Tom, el camarero, se dirigieron hacia la entrada al mundo mágico. Entrada que seguía igual que el año anterior cuando pasó por primera vez.
Una vez en el Callejón Diagon, Harry le dijo a su maestra que se dirigirían primero a la tienda de una Hag en Knockturn, luego irían a Aurum y finalmente a Platinum, donde encontrarían el resto de ingredientes.
En el Callejón Knockturn fue recibido con inclinaciones de cabeza y reconocimiento inmediato mientras pasaban los dos.
Algunos se paraban a saludarlo alegremente, hablando sobre que tenían productos nuevos que habían llegado recientemente a su tienda. Harry estaba contento de volver a pasear por las calles oscuras del callejón, sin preocuparse por alguien que pudiera asaltarle. Al fin y al cabo, se ganó un merecido respeto y una muy merecida fama al tratar con el beta de Grayback.
Ese era otro asunto, al parecer el licántropo no se había enterado de quien mato a su beta o todavía no se había decidido a tomar represalias. Era una cuestión que le preocupaba, pero no le quitaba el sueño.
Cuando llegaron al a tienda de la Hag, pasaron dentro a su paso normal y seguro. La tienda tenía un olor particular a incienso y mirra.
La vieja Hag salió de la despensa, para encontrarse a Harry y una mujer a su lado, con el ceño fruncido, empeorando aún más el feo rostro que mostraba, se dirigió a Harry primero.
- ¿En qué puedo ayudarle, señor Potter?- Preguntó directamente al grano. Era mejor ir deprisa a los asuntos en lo que se refiere a los negocios, sobre todo con una persona que podía matarte con un mero pensamiento y movimiento de su mano.
- Directamente al grano, veo Esther. No has cambiado.- Dijo sacando una lista de pergamino, en la cual venían escritos los ingredientes que necesitaría.
- Si, bueno, es mejor mantener contentos a ciertos clientes. Déjame ver esto por un momento.- Dijo poniéndose unos lentes para ver mejor la lista. Con un silbido agudo dirigió su mirada hacia la chica.
- No te preocupes, viene conmigo y es posible que te pida algo. Si ella compra cualquier cosa, apúntamelo a mí.
- De acuerdo, señor Potter. Referente a su lista, veo que va a preparar su primer ritual, un ritual apropiado para usted.
- Es más de uno, esa lista especifica lo que tienes aquí y en lo que te especializas.
- Tienes más listas, tal vez tenga lo que buscas y te evite ir a otros lugares a perder el tiempo…- Con una risa serena y tranquila, Harry sacó las otras listas y se lo entregó a Esther.
Esther estuvo estudiando las listas durante un buen rato, hasta que con un suspiro le devolvió tres de las cinco que le dio.
- De estas dos, tengo todo lo necesario, de las otras temo que tendrás que perder el tiempo en otros lugares. Si me hubieras avisado con antelación, tal vez…- Dejó en el aire, como recriminando al joven hechicero por no antelar que ella le podría conseguir todo.
Con un giro de los ojos, le dio la razón como si la conociera de toda la vida. Cojeando hacia el interior de la tienda, gruñó para que esperaran un poco, le costaría recoger los ingredientes en su totalidad.
Media hora después, Esther salió con varias bolsas en sus manos y se las entregó a Harry.
- 350 galeones serán, joven.- Dijo a Harry.
- ¿Has visto algo que necesites?- Preguntó Harry a su maestra.
- Si, pero vendré en otro momento. Espero que no le importe, pero podría conseguirme estas plantas y éstos ingredientes.- Dijo a la vieja Hag, entregándole un rollo de pergamino aún más grande.
Esther dio un bufido, entendiendo al momento para que los necesitaba, con un guiño le dijo que le diera una semana y después volviera a por ello. Harry pagó con antelación la mitad de los ingredientes y plantas, como estipulaba la Hag.
En las otras tiendas de Aurum y Platinum, le dijeron lo mismo que Esther había dicho a Sarah, que viniera en una semana para recoger el pedido, seguramente Harry mandaría a alguno de sus elfos o vendría él a por ello.
Faltaban pocos minutos para que dieran las diez de la mañana y tuvieran que ir a Gringotts. Sarah miraba a Harry de vez en cuando, midiendo como tan tranquilo estaba ante el posible ataque que daría lugar.
Por desgracia Harry tenía razón y en las escaleras de Gringotts había diez personas esperando, todas ellas estaban des encapuchadas y listas para una posible confrontación en el callejón.
Weasley y Moody estaban los primeros con las varitas sacadas y listas para el ataque. Menos mal que Harry había prevenido que esto pasara y hubiera mandado junto a Cronos los ingredientes para uno de sus rituales.
Moody, Weasley y los otros diez magos que los acompañaban se hallaban esperando pacientemente en la entrada del banco mágico de Gringotts. Los gobblins que estaban de guardia les mandaban miradas hostiles, pero sin poder hacer nada, dado que estaban en territorio neutral.
Moody esperaba lo peor como siempre y fue preparándose mentalmente para la batalla que tendría lugar. Weasley sin embargo iba diciendo a los demás que no bajaran la guardia, pero que no esperaran una pelea, después de todo eran doce magos cualificados y especializados en diferentes ramas de la magia, contra dos hechiceros, uno de ellos todavía un niño en edad escolar.
Weasley pensaba erróneamente que cuando Harry le dijo que procurara traer más gente la próxima vez, es que estaría acompañado por un contingente de hechiceros y druidas para protegerlo. No pensaba que Potter fuera tan arrogante de pensar en que los podrían vencer tan fácilmente.
Si por alguna casualidad las cosas se complicaban, uno de ellos mandaría un mensaje patronus a Dumbledore para que viniera también.
- ¡Preparaos! ¡Ahí viene Potter!- Advirtió Moody en su tono hosco de costumbre. Los diez magos fueron sacando sus varitas, para aparentar ser más amenazadores.
Nymphadora Tonks estaba presente también, pero en el público como su don en la metamorfomagia le daba la oportunidad de esconderse y observar.
Moody vio impresionado que Potter le dijera algo a su compañera, está asintiendo con la cabeza le susurró algo al oído. Acto después ella fue dirigiéndose a un lateral para entrar en el banco, dejando solo a Potter. Tal vez le estaba abandonando y sabiamente decidió resguardarse en territorio gobblin. Sabia elección, pero errónea por parte de Alastor.
Harry y Sarah llegaron a poco más de un par de metros de distancia del banco, cuando Harry le murmuró en voz baja que fuera a Gringotts a avisar a su gerente y al rey que llegaría tarde por una posible batalla.
Sarah con un asentimiento de cabeza y un encogimiento leve de hombros, por la arrogancia de los magos al pensar que podrían secuestrarle y no morir en el intento, le dijo al oído que no destruyera todo el callejón.
Sarah solo recibió una risa divertida y sonora para que fuera escuchada en respuesta. Riendo levemente se dirigió hacia la entrada, por un lateral, para no quitar visión a Harry. Los magos que estaban allí eran un poco estúpidos a la hora de no atacarla o impedirla que entrara en el banco, lo cual muchas de las personas hicieron en el momento, al escuchar los rumores que se contaban de sus hijos o amigos de Hogwarts. Tal vez fueran eso, solo rumores, pero el ser precavido no vendría mal.
- ¡Potter!- Empezó Moody gruñendo y chillando su nombre para que se oyera por todo el callejón. - ¡Ven con nosotros sin oponer resistencia!
- ¡Porque, Moody! ¿Por qué debería ir con vosotros?
- Para llevarte a tu guardián mágico, por supuesto niño.- Dijo Moody viendo como Harry se acercaba despacio, pero con paso seguro, para ser escuchado mejor.
- Eso se llama secuestro, Moody y al menos que hayan liberado a mi padrino y no me haya enterado, no pienso ir con vosotros.
- No se le puede llamar secuestro, cuando tienes un guardián mágico. Da gracias a que no ha presentado cargos contra ti por escaparte. Volverás a la casa de tus parientes…
- ¡Los Dursley no son parientes míos!
- ¡Silencio, muchacho! ¡Harás lo que se te diga! Ahora ven sin oponerte.- Dijo dando un paso delante, haciendo que Harry diera un golpe en el suelo con su báculo levantando barreras protectoras para evitar daños colaterales en el callejón.
- Cuida tus palabras, señor Moody o lo lamentarás.- Amenazó Harry haciendo estallar un poco de su aura y preparándose para el combate que se avecinaba.
- ¿Me estás amenazando?- Gruñó con una sonrisa maliciosa en su rostro, deformándolo aún más. – Por si no te has dado cuenta, somos doce y tú solo uno. Te superamos en número y habilidad muchacho. Ríndete. Es lo mejor para ti, algunos no quieren hacerte daño, yo no tengo ese problema.
- Yo tampoco. Será mejor que os rindáis vosotros y digáis a vuestro amo y señor que no iré sin luchar y que no soy arma de nadie.
- ¿A quién te refieres? No somos mortífagos.- Gritó uno de los que estaban detrás de Weasley.
Harry sonrió que alguno cayera en la trampa, lo cual les daría a ellos el primer hechizo lanzado, y a él la excusa de si había muertos, que se estaba defendiendo de los magos que le atacaban.
- Oh, de Albus Dumbledore, por supuesto. El Lord Oscuro mejor disimulado de la historia…- A Harry no le dio tiempo, ya que un hechizo de Weasley fue lanzado contra él y dando comienzo a una batalla campal entre los doce y Harry.
Moody lanzó ladridos contra Weasley por caer en una trampa tan tonta como ésa, pero rápidamente tuvo que esquivar y separarse del grupo para lanzar sus maldiciones rápidas contra el chico.
Tenía que reconocerlo, luchar contra un hechicero o medio gobblin, incluso contra Dumbledore y McGonagall no tenía nada que ver con esto, esto era más complicado, debido a que tenía que estar completamente enfocado en todas direcciones, dado que hechizos, maldiciones y transfiguraciones iban hacia él sin descanso.
Harry apenas podía mandar alguna maldición oscura de menor rango hacia sus enemigos, mucho menos lanzar magia de la antigua religión, solo tenía tiempo a esquivar y devolver con la fuerza de su báculo lo que le lanzaban.
Tendría que darle las gracias profusamente a Sarah por ser tan brutal en los entrenamientos físicos.
Bennu le daba indicaciones de crear un muro que le rodease, pero casi no tenía tiempo para ello. Bueno probaría una teoría que tenía acerca de lanzar magia sin foco.
Con un pisotón en el suelo, dirigió la magia que quería hacer en crear un muro que le diera cobertura y tiempo para lanzar sus hechizos de magia antigua. Esta vez no se andaría por las ramas y lanzaría a matar. También utilizaría la magia Pársel para crear los Golems con cara de serpientes.
La magia fue canalizada a través de su pie correctamente, haciendo aparecer un muro de piedra sólida, que recibía la mayoría de las maldiciones que le echaban y que ocupaba todo lo ancho del callejón dándole la oportunidad de resguardarse y responder.
Moody y los demás que vieron las acciones de Potter, hicieron algo similar. Los gobblins que estaban protegidos por sus propias barreras, estaban dispuestos a saltar cuando el mismísimo rey Ragnok salió con la hechicera que había entrado posteriormente.
Ragnok se asomó a uno de los balcones, deteniendo a los guardias de intervenir, quería ver con sus propios ojos y oídos los rumores que había en la nación.
Sarah salió y asintió en acuerdo y fascinación por la inventiva que tenía Harry a la hora de protegerse. Vio con asombro como hizo aparecer un muro de piedra, siendo lo suficientemente largo de ancho, para darle una cubierta segura para lanzar su contra ofensiva.
Harry pudo respirar durante unos segundos, hasta que por supuesto su muralla empezó a temblar y Harry recordándose que estaba en batalla empezó a tallar runas en el muro, haciendo que éste brillara por momentos.
Las runas iban apareciendo talladas directamente y tan rápido como le era posible a Harry, dadas las circunstancias.
Harry no tenía el tiempo para demorarse en tallarlas con su báculo y las fue haciendo mágicamente, las runas no serían tan poderosas, como si se tomaba el tiempo, pero en estos momentos era escaso y no le importaba mucho.
En una zona de la pared, talló runas de visibilidad también, para permitirle ver a través del muro, pero que los atacantes no pudieran verlo. En el centro, talló runas que permitieran la salida pero no entrada de magia.
Haciendo estallar los adoquines cerca de él, las piedras que saltaban, las convirtió rápidamente en Golems serpiente y humanoides y los tuvo preparados en caso de que su muro cayera.
Viendo por el lado que los magos habían parado para crear sus propios muros, se dio prisa y en una combinación mixta de magia antigua y nueva fue lanzando una poderosa cadena de maldiciones explosivas.
- ¡Bombarda Máxima, Defodio, Expulso, Bombarda, Destructo Petreo, Lapidem Ruina, Terra Crepitus.- Lanzó de la magia nueva, pasándose a la magia antigua sin esperar un resultado, el cual fueron fuertes explosiones y de algunos de los contendientes gritos de dolor al ser destruidos sus muros transfigurados. - Sgrios an duine.- Mandó, haciendo estallar otro de los magos en una masa de sangre, huesos y vísceras.
Ese mago fue el primero de los doce en morir, algo que los otros miraron con horror y estupefacción ante lo que pasaba, se suponía que no iban a ver bajas, que sería amenazar al chico un poco, nada más.
William Weasley en su furia por la pérdida de un compañero, lanzó una rompe maldición que se utilizaba en las tumbas de los antiguos faraones para destruir y romper protecciones mágicas poderosas, haciendo que el muro de Harry cayera inmediatamente.
Cuando vio con un poco de molestia que su muro cayó ante la maldición de Weasley, estuvo de acuerdo mentalmente con Bennu, de que era hora de infundir miedo en los corazones de los atacantes con su presencia.
Bennu salió del cuerpo de Harry con una explosión de llamas negras y salió volando por el cielo dando trinos de guerra, trinos que ayudarían a Harry, pero que encogerían hasta el corazón del más valiente en el temor.
Harry pasó a utilizar únicamente la magia antigua, magia elemental de los cuatro elementos, tierra, agua, aire y fuego.
Empezando con maldiciones de tierra, obviamente desterrando los restos de los muros de todos hacia los magos, ahora Harry no les daba cuartel.
Los que mejor se defendían eran Moody y Weasley, esquivando metralla, lanzas, picas, flechas, espadas, todo lo que les mandaba Harry con furia.
Harry pasó poco después a crear una cúpula de agua que le protegiera y mandó a sus Golems a por los más débiles.
Esto no pintaba bien para ellos. Alastor y Bill habían subestimado a Potter, ahora tenían unos cuantos heridos, otros ayudándose mutuamente en esquivar transfigurando en algo como papel lo que Potter enviaba y una masa sanguinolenta en el suelo, que antes era un mago de bien llamado Morris.
- ¡Alastor, hay que llamar a Albus! No creo que aguantemos demasiado tiempo de lo contrario…- Dijo Shacklebolt un tanto presionado por las transfiguraciones constantes de lo que les mandaba el chico Potter.
- ¡Bien! ¡Spencer! Manda el mensaje patronus…- Se cortó por que rápidamente un gigante de `piedra, aplastó la cabeza de Spencer, chocando ambas manos juntas.
- ¡Golems!- Gritó impresionado Alastor y furioso ante tal hazaña. Pocos eran los que podían lograr eso en tan poco tiempo.
- ¡Tened cuidado!- Gritó Shacklebolt a los tres que fueron a luchar contra el Golem de piedra. William y Alastor se defendían de dos a la vez, mientras que él estaba libre para mandar el patronus, aunque ahora que lo recordaba Tonks estaba entre el público y seguramente mando el suyo. Rápidamente convocó a su león de Nemea plateado y le mandó a Albus el mensaje de que se diera prisa, que estaban cayendo como moscas.
Los dos magos que estaban en el suelo, intentaban ponerse en pie, malamente, dado que estaban dañados por la metralla de las explosiones y bañados en la sangre y huesos del pobre Morris.
Después de mandar el patronus, se volvió hacia Harry que estaba tranquilamente observando la batalla que tenían sus creaciones, no lo podía permitir, no podía dejar que el chico se saliera con la suya, por eso con furia e ira, evocó la primera maldición imperdonable que se escuchó por todo Diagon.
- ¡Crucio!- Gritó dirigiendo la maldición hacia Potter, el cual la esquivó por poco y empezó un duelo de corta duración contra el auror.
- Avada Kedavra.- Lanzó Harry en contestación al auror, auror que se quedó quieto sorprendido de que pudiera lanzarla un niño de once años. Error que cometió al darle la maldición asesina y matarle en el acto, haciendo que éste cayera en el suelo con un golpe sordo y por un breve momento el silencio y las batallas contra los Golems terminaron.
Silencio que fue roto por la aparición repentina de Albus Dumbledore con un contingente de magos pertenecientes a la orden del fénix que creó hace tanto tiempo. Magos que eran profesionales en enfrentarse a Druidas y hechiceros.
Cazadores eran llamados por sus enemigos. Albus miró con pena y pesar en su rostro por un momento al comprender que había cometido el error de no ir el mismo a este encuentro.
- ¡Esto acaba ahora, Harry!- Gritó Albus Dumbledore con un sonorus.
Nota autor:
Hola a todos/as espero que les guste el capítulo, lamento informar que lo dejo en suspense para el próximo, que será únicamente un capitulo bélico. Los próximos traerán ciertas consecuencias.
Aparte hay algunas de las maldiciones que las he sacado del traductor de Google, estoy trabajando en apuntar más y dar menos descripciones de lo que hacen. Es un poco lento.
Descripciones como las de Luxor y El Cairo son sacadas de Wikipedia, si hay algún error, no duden en notificarlo.
Un cordial saludo y hasta el próximo.
