Nota de autor:

Hola a todos y todas de nuevo, aquí dejo un nuevo capítulo, espero que les guste. Hay un poco de belicismo o la continuación de la pequeña o no tan pequeña batalla que comencé en el anterior capítulo.

También está un poco de las consecuencias, que dije anteriormente. Espero que guste.

Por otra parte, en los comentarios que se han dejado, me aparece que tengo 13, pero solo me muestra nueve, por ello pido disculpas, pues pienso que es un problema de la página que no me los muestra o que se ha equivocado al contar.

Un cordial saludo y sin más demora el capítulo.

CAPITULO 13

- Avada Kedavra.- Lanzó Harry en contestación al auror, auror que se quedó quieto sorprendido de que pudiera lanzarla un niño de once años. Error que cometió al darle la maldición asesina y matarle en el acto, haciendo que éste cayera en el suelo con un golpe sordo y por un breve momento el silencio y las batallas contra los Golems terminaron.

Silencio que fue roto por la aparición repentina de Albus Dumbledore con un contingente de magos pertenecientes a la orden del fénix que creó hace tanto tiempo. Magos que eran profesionales en enfrentarse a Druidas y hechiceros.

Cazadores eran llamados por sus enemigos. Albus miró con pena y pesar en su rostro por un momento al comprender que había cometido el error de no ir el mismo a este encuentro.

- ¡Esto acaba ahora, Harry!- Gritó Albus Dumbledore con un sonorus.

La gente, magos, hechiceros, druidas, gobblins, Hags, licántropos, en definitiva, todas las razas que había en los callejones adyacentes a Diagon estaban presentes viendo desde lo alto de los edificios la batalla que tuvo lugar a las puertas de Gringotts.

Los gobblins estaban preparados para la batalla a la señal de su rey, Ragnok, que veía con asombro e interés bélico como se disputaba una batalla campal por la simple y llana supervivencia de Harry James Potter Emrys.

Hechiceros y Druidas animaban con ímpetu a Emrys, los que tenían báculos los golpeaban contra el suelo, haciendo retumbar y sonar como si fueran una banda de tambores de guerra.

Las Hags veían con un interés como la magia era manipulada y lanzada, esperando con ahínco el primer muerto, lo obtuvieron cuando uno de los magos que se enfrentaban al niño estalló en una masa sanguinolenta de huesos, sangre y vísceras, salpicando a sus compañeros.

Licántropos también veían interesados el poder nato del chico, hechicero o no, Emrys o no, el niño era poderoso para enfrentarse a tantas personas a la vez y darles buena lucha.

El resto de la población del callejón Diagon observaba también embelesados por la lucha que se llevaba a las puertas de Gringotts, como de los doce magos que enfrentaban a Harry Potter, iban cayendo uno a uno, hasta que Harry Potter, envió la maldición asesina que acabó con la vida del auror.

Tenían que conceder que en la batalla se podía matar, era uno u otro por la supervivencia, pero matar con esa maldición, sobre todo él, que fue un superviviente de la misma, no lo tenían muy claro, pero los susurros de que el auror antes le mandó la maldición Cruciatus y solo se defendió por acto reflejo, fue calmando los ánimos de algunos, hasta el punto de animar también al chico.

Todo se calmó cuando la orden de vigilantes de Dumbledore llegó a hacer presencia, tras la aparición de su fénix, Fawkes.

Cuando Dumbledore apareció, fue abucheado por la multitud de gente que llenaba el callejón, pero no se daban cuenta de que no podían ser escuchados, hasta que el mismísimo Jefe de Magos, Titus Ollivander les dijo al público que guardaran silencio y no malgastaran su saliva animando, cuando la barrera que había creado Harry, era ante todo silenciosa desde la parte del público, para protegerse él de la posibilidad ante perder la concentración.

Concentración que le podía salvar la vida, si la perdía y miraba para otro lado o escuchaba, la podría perder, la vida. Por lo que estaba luchando en estos momentos.

Claro, si la batalla continuaba, Bennu aparecería con los refuerzos de hechiceros y druidas que estaban listos para hacer frente a los cazadores que llegaron junto a Dumbledore. Cazadores que no se vieron en Bretaña desde hacía siglos, desde que fueron expulsados por el ministerio de magia, obligados por la nación gobblin del momento.

Ahora habían vuelto a aparecer por el llamado de Dumbledore. Titus estaba seguro que él mismo era un cazador, si no se equivocaba mucho, otro de los hombres que estaban con Dumbledore, se le parecía bastante, tal vez fuera el hermano, Aberforth Dumbledore.

- ¡Esto acaba ahora, Harry!- Dijo Dumbledore con una calma que indicaba problemas si no se le hacía caso y no se hacía lo que él mandaba.

- ¡El gran Albus Dumbledore llega! ¡Cazador de hechiceros y druidas, un asesino de mi pueblo y mi gente! ¡Un Lord Oscuro en la ocultación, alguien peor que el mismísimo Voldemort, llega a acabar el trabajo!- Contestó Harry provocando claramente a Dumbledore y los que estaban alrededor.

La multitud pudo escuchar atentamente lo que se decía al otro lado de la barrera, algo que estaban curiosos.

- Disculpe, señor Ollivander, pero no dijo que el joven Potter puso la barrera para que no se oiga.- Cuestionó un individuo de por ahí.

- Si, y lo hizo. Pero desde nuestro lado de la barrera podemos escuchar lo que se dice, por eso mandé callar, no por otra cosa.- Contestó Titus mirando siempre las acciones de Harry, que era por el que más preocupado estaba.

Volviendo la atención a la conversación que tenían Harry y Dumbledore, se fue fijando en que los hombres de Dumbledore acabaron rápidamente con las construcciones de Golems que Harry creó y mandó a los heridos por un traslador. Debía ser especial, porque según lo que sentía Titus, había barreras anti traslador y anti aparición.

- Harry, acaba esto de una vez, sienta la cabeza y vuelve a Privet Drive…

- ¡Jamás iré con los muggles Dumbledore, antes muerto!- Contestó Harry quitándose la túnica para un mejor movimiento.

Los cazadores se pusieron en posiciones a los flancos de Dumbledore para darle protección a éste por si acaso saltaban en batalla y por si Dumbledore daba la señal, para incapacitar a Harry y llevárselo de allí.

Bennu volaba en círculos entendiendo lo que le decía su maestro, buscando en sus recuerdos alguna maldición lo suficientemente potente y fuerte para acabar con los que flanqueaban a Dumbledore sin tener que involucrar a nadie, pero por más que buscaba no encontraba nada y Harry estaba pensando en una locura, hacer algo que no había probado antes, clamar a los cielos en busca de la magia elemental más poderosa y más caótica, la magia elemental del rayo, trueno y relámpago. Una magia elemental que fue utilizada pocas veces en la historia y las veces que se hacía era para impresionar.

"Espérate Harry, no hagas tonterías, haz que siga hablando y perdiendo el tiempo." Dijo Bennu en la mente de su maestro y amigo.

Irguiéndose en toda su estatura, Harry siguió despotricando contra Dumbledore, dando desde su propia boca, todos los crímenes que conocía.

- ¡Basta, Harry! No me dejas otra opción muchacho…- Dijo haciendo un ademan con las manos a sus compañeros para que tomaran posiciones y se prepararan para atacar.

- ¿Qué vas hacer? ¿Matarme? ¿Cómo a mis padres? ¿Cómo hiciste con los muchos hombres y mujeres de familias que tenían asientos en el Wizengamot y en la junta de gobernadores de Hogwarts? ¡Contesta viejo bastardo! ¡Como hiciste con tu hermana Ariadna por ser hechicera!- Le chilló Harry con sus ojos brillando dorado intensamente y su aura disparándose hacia los cielos, sin poder contenerla por más tiempo.

Los hechiceros empezaron a llamar a los elfos domésticos para traspasar la barrera y ponerse del lado de Emrys, en una batalla que claramente no podía ganar sin ellos.

Leves apariciones de elfos domésticos con los hechiceros y druidas que los llamaron, se hicieron eco por toda la calle, llamando la atención de los gobblins.

Sarah Ó Conaill, que estaba en el balcón con Ragnok, se disculpó y llamó a Dobby, uno de los elfos que la atendían en la mansión Potter, para que la llevara junto a Harry y se marchara.

Harry notó la presencia de los hechiceros y druidas que venían en su ayuda, Titus, aún permanecía fuera, y era mejor para lo que después sucedería, necesitaría a alguien en el gobierno mágico, alguien que fuera hechicero o druida, alguien del Concilio para mantenerlo informado.

- Sarah.- Dijo Harry sonriéndole alentadoramente. – Puede que hoy algunos caigamos, pero volveremos a levantarnos en contra de magos como Dumbledore. ¡Escuchad, hermanos y hermanas! ¡En este día, en esta hora y en este momento, luchamos por la libertad! ¡Luchamos por Albion!- Gritó Harry haciendo que los demás que le rodeaban gritaran el nombre de Albion al unísono.

- ¡Estamos contigo, Emrys!

- ¡Hasta la muerte, Emrys!

- Por Albion y la libertad de nuevo, Emrys!- Fueron algunos de los gritos que daban en apoyo de Harry.

Harry volvió su atención a Dumbledore, que negaba la cabeza tristemente y se ponía en posición de combate, junto con Weasley y Moody detrás de él, preparados para defenderlo.

- Me entristece que tenga que ser de ésta manera, Harry, pero debes morir por el bien común.

- El bien común tuyo y de tu amante Grindelwald, Dumbledore.

- ¿Cómo lo sabes?- Preguntó Albus volviéndose blanco, si la gente descubría que Gellert y él fueron amantes, ya no volverían a confiar en él de nuevo, no es que confiaran mucho de todas maneras ahora, por culpa expresa de Potter.

- ¡Basta de tonterías y habladurías, Albus! ¡Es hora de dar muerte a esos perros hechiceros y druidas! ¡Avada Kedavra!- Fue la primera maldición de uno de los cazadores en lanzar a Sarah, la cual la esquivó al instante, interponiendo una piedra en el camino y lanzando una tanda de hechizos de la antigua religión rápidamente a su contrario.

El contrario defendió transfigurando y encantando objetos para que se pusieran en camino de los hechizos y lanzando maldiciones de todos los tipos de colores y niveles a su oponente.

Los demás hechiceros y druidas hicieron lo mismo con sus oponentes elegidos. Harry todavía no se movía, esperando el ataque de Dumbledore, Weasley y Moody.

El primero en lanzar fue Weasley, lanzando una maldición egipcia que hacía hervir los órganos internos, para luego licuarlos lentamente. Una muerte lenta y dolorosa si daba en el blanco, pero no es que pudiera Harry esquivarla, pero si devolverla con su báculo.

Dando un paso atrás, con un hechizo de expansión, agrandó el callejón sin molestar al público reunido, pero tuvo que parar a la hora de esquivar maldiciones dirigidas a él, por Moody, Dumbledore y Weasley.

Titus que veía claramente las intenciones de Harry, terminó el hechizo, dando la oportunidad de defenderse mucho mejor.

Nymphadora Tonks que estaba oculta todavía, vio con fascinación y horror lo que Albus estaba haciendo. Iba a matar a un niño por no seguir sus órdenes, eso estaba mal y ahora entendía a su madre cuando le dijo que no se fiara del director. Ahora entendía y agradecía de la idea de estar en el lado protegido, porque estaba segura que hubiera muerto si se hubiera quedado a luchar.

Los gobblins estaban listos para entrar en la batalla, con su legión preparada para acuchillar y matar a los magos que tenían el valor de atacar a un amigo y aliado de su nación.

Licántropos gruñían, Hags animaban silenciosamente rezando a cualquier deidad porque el joven Emrys triunfara, magos y brujas estaban animando a ambos lados y los aurores al mando de Madame Bones llegaron en el momento que vieron a la nación Gobblin entrar en batalla.

Habían llegado tarde, Harry estaba en apuros y se estaba librando una batalla a la que no podía entrar, lo único que podía hacer era control de daños y barreras, apoyando la que estaba para que los viandantes no sufrieran daños.

- Aurores, lanzad escudos a la barrera, apoyadla para que no escape ninguna maldición.- Era lo único que podía hacer y cuando terminara, intervendría.

Harry estaba luchando valientemente y con furia cada vez más renovada contra Dumbledore, ahora la batalla tomaba un tinte más oscuro y lo único que hacían Weasley y Moody era molestar a los titanes que luchaban.

Uno por su propia supervivencia y libertad. El otro por controlar como vivía Harry Potter y todo lo que poseía este.

- Ignis Flama, Findfyre, Avada Kedavra, Diffindo Máxima, Bombarda, Inmovilus.- Fueron algunas de las maldiciones lanzadas por Dumbledore, cual pensó que ya había ganado, puesto que Harry no podría defenderse de eso, pero lo único que hizo Harry fue un muro de fuego negro, que las maldiciones solo chocaban contra él sin hacerle nada. El Findfyre fue el único que hizo mella, pero aun así las otras rápido encontraron su vuelta hacia Dumbledore, que logró transfigurar algunos trozos de roca en muros de metal, que se aboyaban tras la embestida de sus propias maldiciones.

Harry por su parte lanzaba sus maldiciones oscuras, casi no valiéndole de nada por las desviaciones.

"Ahora o nunca." Pensó Harry, convocando una cúpula de hielo alrededor suyo, para protegerle, mientras que comenzaba un cántico antiguo de la antigua religión.

Llamaría a las tormentas más fuertes que se hayan visto en la historia y no para impresionar. Harry comenzó su cantico, haciendo que las nubes del cielo se oscurecieran y los primeros truenos retumbaran en el cielo ahora oscuro.

La cúpula de hielo pronto caería y Harry aún no había terminado de convocar las tormentas, algo que estaba preocupado, pero justo cuando pensaba que estaba acabado, los gobblins intervinieron desviando la atención de Dumbledore y los suyos, haciendo que hechiceros y druidas miraran al cielo espantados por lo que iba a suceder. Repentinamente, Bennu recordó una maldición que se utilizó como lo que iba a hacer Harry.

Una maldición que pasó a los libros de historia, como la destrucción de Gomorra y Somorra. El cantico era un poco más largo y en hebreo, pero la cuestión era similar. Bennu le mandó telepáticamente el cántico y le dejó a su elección.

Harry recibió el mensaje, si esto no funcionaba, entonces se dejaría llevar por el frenesí de la magia antigua, destruyéndolo todo a su paso, como casi hizo con el profesor Flitwick en Hogwarts.

Terminando el cántico, Harry alzó el báculo hacia el cielo y con un profundo grito de guerra y una oleada de poder, destruyó lo último que quedaba de cúpula de hielo, para hacer tronar encima de los enemigos.

Los primeros truenos, rayos y relámpagos cayeron por todas partes causando caos y desperfectos por doquier.

La segunda andanada, iba dirigida a los asesinos de hechiceros y druidas, los cuales algunos de ellos, no todos, fueron carbonizados en el acto.

Las batallas fueron deteniéndose para poder protegerse, tanto enemigos como aliados. El hechizo que mandó Harry era tan antiguo y caótico que no se utilizaba mucho, dado al temor de dañar a los que no tenían que ser dañados.

Cinco de los cazadores fueron muertos en el acto por varios de los truenos que golpeaban al mismo. Dumbledore consiguió crear una cúpula que envolvía a todos sus aliados.

Los hechiceros y druidas hacían sus propias cúpulas, rezando porque Harry parara pronto.

Los Gobblins se encerraron en sus escudos, asustados por primera vez en una batalla que estaba empezando a perder el control.

Parecía que el señor Potter Emrys, como era llamado por algunos de los gobblins, era impredecible a la hora de luchar y no se conformaría con perder o empatar, no esta vez. Filius Flitwick les había avisado que si veían los ojos dorados, se protegieran con lo que pudieran.

Mientras tanto, la magia de Harry iba canalizándose en las piedras del báculo, algo que pocos se dieron cuenta, salvo Sarah y Titus que estaba fuera y llamó a fuertes escudos elementales para proteger a la población.

- Great fulminant tàirneanach.- Lanzó Harry dejando caer su báculo en la dirección general en la que estaban Dumbledore y los cazadores, haciendo que el escudo que había para proteger a la gente se calentara hasta el punto máximo de estallar y dejar libres de protección al pueblo. El trueno que fulminaba era parte del cantico que hacia tronar, pero éste estaba dirigido y era más potente que los otros. Gracias a la magia de la antigua religión, podía destruir cualquier defensa que se le pusiera por delante.

Causando que electricidad saliera del trueno fulminante, chocando con los escudos evocados por los aurores y por Titus, impactó contra el escudo de Dumbledore, haciéndolo estallar y saltar por los aires a los magos, algunos cayeron muertos, otros gravemente heridos.

Los únicos que se mantenían en pie, eran los hermanos Dumbledore y por raro que parezca, Alastor Moody.

El resto yacía en el suelo quejándose o muriendo por las heridas causadas. El lado de Harry estaba a salvo, gracias a la magia, los dioses y todas las deidades posibles que había en el mundo.

Los gobblins miraban con fascinación secreta lo que este hechicero había logrado hacer. Había destruido la defensa de Dumbledore en un momento y logrado incapacitar a más de una veintena de magos que les estaban poniendo las cosas complicadas.

Por desgracia, el chico Weasley todavía se movía y levantaba muy lentamente, como si le costara estar en pie. Tenía que concedérselo Harry, era duro de pelar y haría un buen oponente si seguía entrenando, pero la batalla tenía que acabar, desgraciadamente tenía una cita en Gringotts a la cual acudir.

Harry tenía la impresión ligera que una vez acabara la batalla, su cita en Gringotts daría lugar, pero estaba equivocado, los aurores habían llegado hace un rato y al haber caído las protecciones y barreras anti traslador y anti aparición, subieron nuevas barreras para que los implicados no escapasen.

- ¡Por orden del ministerio de magia, bajen todos sus… armas, quedan arrestados!- Chirrió un novato, el cual Amelia se dirigió rápidamente y le dio un coscorrón.

- Imbécil, así no se trata este tipo de situaciones, no ves que todavía pueden atacarse unos a otros. Además estamos en territorio gobblin, son ellos los que tienen que hacer las detenciones…

- Creo, Madame Bones, que hemos terminado aquí.- Dijo Harry tranquilamente, pero sin apartar la mirada de Dumbledore, que parecía un poco aturdido todavía.

Podría ser que estuviera fingiendo, pero no podía arriesgarse ahora que su escudo había caído con el ultimo hechizo. Si estuvieran en una ciudad muggle, entonces no le importaría su destrucción en absoluto, es más contribuiría a destruirla con todo su poder.

Albus al parecer no solo estaba aturdido, ahora se arrepentía de no haber traído más gente con él, se suponía que la orden del fénix y los cazadores eran para intimidar a Harry, no entrar en una batalla campal, que había costado la vida de cinco de los cazadores, siete miembros de la orden que vinieron con él y otros tantos que vinieron con Moody, por no contar los heridos.

Albus no estaba muy herido, sí algunas quemaduras aquí y allá, pero nada grave, gracias a que tenía la varita de sauco pudo evocar un escudo potente, o tan potente hasta ese último hechizo lanzado por Harry. No comprendía como pudo haber caído el escudo, era imposible e impensable. Levantó la mirada lentamente para ver que los aurores tomaban custodia de los caídos de su bando, caídos y heridos por igual fueron llevados a San Mungo. Sin embargo por el lado del chico, había dos caídos y cuatro heridos, a los que el mismo Harry estaba ayudando a sanar lo mejor que podía, con magia curativa que no había visto en su vida.

Con la varita empuñada en su mano, fue a dirigirse al joven Potter, aunque fue interceptado por su hermano a tiempo.

- Ahora no, Albus. En otro día y otro momento, será. Ahora tienes que irte antes de que Amelia venga a interrogarte…

- Creo que es un poco tarde para eso, señor Dumbledore.- Dijo una voz firme y popa detrás de ambos Dumbledore.

- Ah, Amelia, ojalá pudiera decir que es un gusto verte, pero con todo el caos causado por el señor Potter, temo que no lo es.

- Yo no diría que el señor Potter tiene la culpa de esto, Albus. Quedas detenido por intento de secuestro, intento de asesinato, asesinato en contra de personas mágicas y otros crímenes que tendrás que dar testimonio. No pongas resistencia, Albus o lo empeorarás.

- ¿Y Potter? ¿No va a ser detenido?- Intervino Alastor con un gruñido y cojeando bastante mal. – Claramente ha utilizado las artes oscuras y las maldiciones imperdonables, se ha ganado el derecho a una celda en Azkaban.

- Alastor Moody, usted también está detenido por el intento de asesinato y secuestro. Aurores detengan al ex auror Moody.- Mandó Amelia, haciendo detener y poner supresores mágicos en las muñecas de Alastor.

Mientras tanto se volvió a Albus Dumbledore, mirándolo con el ceño fruncido ante su cara de abuelo, tan practicada en el pasado.

- Esa cara no te va a salvar ahora Dumbledore. Las acusaciones del señor Potter que ha hecho en tu contra han sido muy esclarecedoras. ¡Aurores! Detengan a ambos Dumbledore…

- Ah, pero te equivocas si voy a ir contigo, Amelia. ¡Fawkes, ahora!- Gritó Dumbledore llamando a su fénix, que fue volando hacia su maestro, pero no pudo llegar, debido a que fue interceptado por el fénix de Harry, batiéndose en un duelo que duró poco tiempo, puesto que el fénix rojo cayó en picado en una bola de llamas y cenizas, haciendo su día de la quema delante de tantos testigos.

- Conque esas tenemos, Albus. A parte de tu detención por los diferentes cargos, se te añadirá resistencia a la autoridad, al intentar escapar. Tu reinado del terror ha terminado Dumbledore, Hogwarts se librará de ti.- Dijo Amelia haciendo estallar puños de supresión en las muñecas de Albus, la varita de sauco fue dada a su hermano que con un movimiento de la suya la mandó a su taberna en Hogsmeade.

Harry, los hechiceros y druidas se encontraban al otro lado del muro de aurores que separaban ambos lados de los contendientes. Los gobblins estaban atendiendo a los suyos, salvo el general de la pequeña legión que ayudó a Harry y su bando en la lucha.

El general gobblin, llamado Sharpclaw, se dirigió hacia Harry junto con dos gobblins fuertemente armados.

- Señor Potter, buena batalla.

- Igualmente, general gobblin. Debo darle las gracias por su intervención a tiempo, sino, temo que la batalla hubiera sido… más duradera.

- Una lástima, pero he venido a ofrecerle a su gente la oportunidad de sanar en territorio gobblin, como amigo y aliado de nuestra nación, nuestro rey Ragnok, ofrece nuestros sabios sanadores.

- Y es una oferta que agradecemos, general.- Dijo Harry aceptando la oferta y ayudando a los más graves a ir primero hacia el banco, algo que fue detenido por un auror de pelo enmarañado y facciones de león.

- ¡Alto! No se muevan del sitio, hechiceros. Quedan detenidos en nombre del ministerio…

- ¡Mago! Cuidado a quien le hablas así. Los heridos irán al centro médico gobblin, si pones resistencia, mis legiones atacaran a tus hombres, recuerda que estamos en territorio gobblin.

- Es territorio neutral, criatura.- Insultó el mago sin mucho respeto y escupiendo en el suelo. Algo que los demás gobblins vieron con disgusto. En ese momento Bones intervino.

- Rufus, deja que los gobblin se lleven a los heridos y los muertos. El resto tendrá que presentarse ante el ministerio de magia, la oficina del DMLE para prestar declaración.

- No sin mi abogado, Madame Bones.

- ¡Chico! ¡Harás caso a lo que se te mande!

- O sino ¿Qué? ¿También me atacaras como Dumbledore y sus perros?

- Señor Potter, por favor, mantengamos la paz. Rufus, el señor Potter tiene derecho a ir con su abogado, estos caballeros también si tienen uno. Retírate al ministerio Rufus, hablaremos más tarde.- Dijo Amelia con la cara distorsionada por la rabia contenida.

Rufus Scrimgeur, el auror con características de león, se retiró de mala gana y gruñendo por lo bajo, la falta de respeto que tenían algunos, provocando todavía al señor Potter, se desapareció.

El abogado de Harry no tardó en llegar junto a su hermano, Alexander Greengrass. Los heridos que fueron dos o tres, por suerte fueron llevados dentro del banco en camillas conjuradas por una Hag que se ofreció voluntaria a llevar tales héroes. Los muertos fueron recogidos por el Jefe de Magos, Titus Ollivander y llevados a su tienda, para posteriormente contactar con las familias y el Concilio para darle un entierro justo.

Harry fue apartado, junto a su maestra, Sarah, que tenía una lesión menor que rápidamente se sanó sola.

Recogiendo en el proceso la túnica de Harry, que estaba hecha girones, pero que no la querían dejar atrás, se desaparecieron los tres susurrando fuertemente, en dirección al atrio del ministerio de magia.

El resto del contingente gobblin pasó sin más preámbulos al banco, dejando una guardia de veinte gobblins custodiando las puertas, algo que no habían visto en siglos, ni siquiera cuando la guerra contra Voldemort estaba en su apogeo. Ahora los magos se daban cuenta de que Harry Potter tenía más poder socio político del que sabían. Era aliado y amigo de la nación gobblin y si alguien osaba atacar a un amigo de dicha nación, el tratado de paz que había, se vería seriamente puesto en peligro. Más tarde en ese día se vio como una delegación junto con el ministro de magia se reunieron con el Rey de la nación y un contingente, entre ellos abogados que tenían contratado Gringotts para estos casos.

De momento la gente que había esparcida por el callejón Diagon daban entrevistas a los reporteros del diario el profeta, algo que para Rita Skeeter venía de perlas. Había estado escondida como su forma animaga todo el tiempo en una zona segura, viendo la confrontación desde el principio.

Suerte que Harry la contactó y la dijo que estuviera en el callejón ese día por si acaso. Al principio estaba aburrida, pero cuando vio como los doce, trece si se cuenta la metamorfomaga que se escondió entre la multitud, llegaron a la zona neutral de Gringotts, a esperar al señor Potter.

Escuchó como Alastor Moody, William Weasley y los otros discutían como tratar de secuestrar al señor Potter a las órdenes de Dumbledore y que si las cosas se ponían feas, debían contactar con él inmediatamente, para que lo solucionara. La última instancia, las últimas órdenes, si no podían hacerse con el control de la situación y obligar a Harry Potter a ir con ellos, era matarlo.

Asesinar a sangre fría, por el bien común por supuesto, a un niño de once años. Poderoso como vio, pero un niño no obstante ante los ojos de la ley y de los adultos.

Rita Skeeter vio cómo su carrera iba a ir al estrellato después de publicar el artículo en el profeta y gracias a Gringotts en todos y cada uno de los periódicos importantes del mundo mágico.

Al parecer su afiliación con el señor Potter había resultado ser acertada.

Harry Potter, Sarah Ó Conaill, trece hechiceros y druidas, que no estaban tan malheridos, Albus Dumbledore, Aberforth Dumbledore, Alastor Moody y William Weasley, junto con otro par de magos, cazadores de hechiceros y druidas, se encontraban actualmente en oficinas de interrogatorio separadas.

El abogado de Harry Potter se encontraba actualmente discutiendo con Madame Bones y Rufus Scrimgeur, acerca de las repercusiones legales y políticas que tendrían enviar al señor Potter y los que le habían asistido en pleno combate, contra las fuerzas de Dumbledore, y por encima de todo, que éste y los suyos quedaran impunes.

Al principio Scrimgeur junto con una bruja con cara de sapo, que iba por el nombre de Dolores Umbridge querían mandarlo sin juicio previo, como a Sirius Black a Azkaban, pero ante la inminente amenaza de la nación gobblin, por un representante recién llegado, Bogord, que era embajador de dicha nación en el ministerio de magia, para un mejor trato con los gobblins, llegó muy cabreado por lo que había escuchado.

- ¡Atención magos y brujas! Si ejecutáis esa orden, la nación gobblin entera entrará en guerra contra el ministerio de magia británico. Pero no solo nuestra gran nación, sino todas las de todo el mundo acudirán a la llamada de guerra. El señor Potter es un amigo y aliado nuestro y si no se le da un juicio justo, a él y a Dumbledore, la guerra será.- Declaró Bogord sentándose en una silla conjurada por Marius, proxy de la casa Potter en el Wizengamot.

- Eso señor Scrimgeur, madame Umbridge, me temo que es cierto. El señor Potter recibirá juicio, junto con Dumbledore y sus secuaces.- Intervino Cornelius Fudge, llegando de su reunión con el rey de los gobblins.

La cosa no pintaba bien, el actual jefe de magos del Wizengamot, también había dicho que el Concilio se había reunido y que si castigaban al señor Potter nada más por defenderse, que los magos de Bretaña se prepararan para una guerra mundial de todos los hechiceros y druidas del mundo.

- Entonces, hasta que se de el día del juicio, pido prisión domiciliaria para mi cliente.

- Eso no lo podemos permitir señor Greengrass, el señor Potter es menor y no emancipado, ¿Dónde va a ir? No tiene casa.- Dijo Dolores con una enorme sonrisa en su fea cara.

- En eso se equivoca, Madame. El señor Potter posee la mansión Potter escondida bajo un fidelius familiar, si se le deniega ir a su casa hasta el juicio, la nación lo considerará como traición al tratado.- Intervino nuevamente Bogord, marcándose un farol. El tratado no decía nada acerca de donde vivieran los aliados y amigos, cada cual con lo suyo, pero por hacer un favor a Harry Potter, con lo que ya había hecho por ellos al derogar las leyes anti gobblin que sacó Dumbledore con la ayuda del asiento Potter, estarían medio en paz.

- Está bien, el señor Potter, los druidas y hechiceros se pueden ir. De todas formas, numerosos testigos afirman que la pelea la empezaron la gente de Dumbledore y el propio hombre cuando llegó. Ellos sí que serán enviados a las celdas de detención del ministerio. Señor Greengrass, por favor, informe a su cliente que se puede marchar, pero no puede dejar el país ni salir de su casa, hasta el día del juicio.- Dijo Madame Bones, jefa del DMLE. – Rufus, quedas degradado de Capitán de los aurores. Presente su placa en mi oficina inmediatamente. Robards, detenga a Madame Umbridge por intento de encarcelamiento a un Señor del Wizengamot y por el intento de provocación de una guerra.- Ordenó a su subordinado, pensando ahora a quien ponía al mando de sus aurores. Robards era bueno, pero no tanto como para ser el nuevo Capitán. Esto era un lío que no sabía cuándo saldrían de él. Tendría que mandar un mensaje a Susan de que se quedara con los Abbott, lo que quedaba de día y noche.

Scrimgeur tenía mala cara al ser degradado a un simple auror nuevamente y echado de la oficina que tanto le gustaba por culpa de Potter y Bones.

La que peor lo llevaba era Umbridge, desde que el mocoso mestizo de Potter entró en el mundo mágico, las cosas para ella fueron de mal en peor.

Primero la echaron del asiento del Wizengamot, el cual era cierto que pertenecía a los Gaunt, pero Cornelius le prometió ese asiento en particular. Después fue expulsada como subsecretaria del ministro, y echada a un cuchitril de un despacho en el ministerio y ahora la detenían por querer mandar a Azkaban a Potter, que es donde debía estar, en realidad, su pequeño cerebro no entendía que estaba mal.

Era comprensible, Umbridge aún no se daba cuenta que Potter fue recogiendo los aliados que su familia fue haciendo a lo largo de los siglos en Bretaña.

Harry fue liberado de las oficinas de interrogatorios esa misma tarde por un auror llamado Robards.

El auror no es que estuviera muy contento con hacerlo, puesto que uno de sus amigos había muerto en la batalla de tierra neutra, pero entendía que tampoco era culpa de Potter, él solo estaba intentando protegerse de los que intentaban secuestrarle y controlarle.

- Gracias señor Robards por la escolta hasta el Flú del ministerio.- Dijo Harry con una inclinación de cabeza, pero un toque serio en su tono.

- De nada, señor Potter. Ya sabe no salga del país y tampoco de su casa, hasta el aviso del juicio.

- ¿Saben cuándo será?

- Si, seguramente cuando todos los Señores y Señoras que han salido del país de vacaciones vuelvan, de aquí a una semana y media a más tardar.- Explicó el auror Robards seriamente.

Con otro asentimiento de cabeza por parte de Harry, le hizo una seña a Sarah, para que se acercara a él, cuando el auror se marchó.

Sarah curiosa por saber que era tan secreto, se acercó a Harry y se puso a su altura.

- Invita a los demás hechiceros y druidas a ir a mi casa, es tarde e imagino que no querrán tener problemas, si en sus casas no tienen red Flú.- Pidió Harry un poco cansado de toda la debacle.

Su fénix se había comunicado con él diciéndole que estaba a salvo en la mansión y que le esperaría allí.

- Maestro Kendrick, mi aprendiz me dice que están invitados a su casa a cenar y pasar la noche, ¿Desean ir?- Informó Sarah, como le había pedido Harry.

- No, Maestra Ó Conaill, tenemos familia que atender y mañana lo más seguro es que sea el funeral de los caídos. Emrys, por supuesto está invitado al funeral, aunque no pueda salir de su casa.

- Eso seguramente no lo detenga…

- No, no lo hará. Dale las gracias por la oferta a Emrys de nuestra parte.- Dijo con un asentimiento general de los trece que habían ido al ministerio de magia a prestar declaración a la oficina del DMLE.

Harry y Sarah, después de ver que los hechiceros y druidas se iban por el Flú o por aparición, decidieron utilizar las chimeneas para regresar a la mansión. Primero pasó Sarah y acto seguido fue Harry, no queriendo quedarse por más tiempo en el atrio, viendo esa horrible fuente que le decoraba. Tendría que hacer algo al respecto con la estatua, donar algo de dinero para que la cambiaran por algo más respetuoso y significativo.

Cuando llegaron a la mansión Potter, los elfos estaban muy preocupados por su maestro y lo que había pasado, habían leído en una edición especial del Profeta, esa misma tarde, lo sucedido en tierra neutral, como muchos empezaron a llamarlo, la batalla de la tierra neutral.

Harry estaba impresionado por la rapidez del Diario el Profeta al investigar los hechos, pero como le dijo Sarah, había mucha gente observando, seguramente Rita, también estaba.

Harry estaba seguro de que ella estaría allí, por que más que nada, la contactó para que fuera en caso de que le atacaran, y dio resultado un poco de sus planes.

Ahora a la opinión del público en general, Albus Dumbledore y su orden del fénix, eran como Voldemort y su orden de mortífagos.

De todo lo malo, sucede algo bueno, o eso decían. Para Harry, lo malo fue estar a la espera del juicio, si bien en su casa entrenaba y estudiaba, estaba seguro que no se libraría tan fácilmente y por lo menos sería expulsado de Hogwarts, algo que ralentizaría sus planes. Contactó con su gerente de cuentas para que viniera a su casa, dada la situación de su encierro domiciliario, no tenía otra opción.

Gornuk no se presentó solo, sino que lo hizo con el rey Ragnok y un contingente de por lo menos un centenar de gobblins que tomaron posiciones por los terrenos de la mansión y dentro de la casa, asustando un poco a los elfos.

- Dobby, tranquiliza al resto, son mis invitados. Por favor, dales lo que pidan de comer y beber. Si precisan utilizar las instalaciones para sus necesidades, llevadles.

- Por supuesto Maestro Potter, así se hará.- Dijo Dobby con una sonrisa en su rostro.

Los gobblins rieron alegremente como el pequeño elfo fue dando saltitos y ofreciendo refrescos y bebidas a los invitados de su maestro.

Según Cronos, la mansión Potter no tenía tantos invitados, desde que el abuelo de Harry daba fiestas en Yule, a petición de su esposa, por supuesto. Como toda buena Black, había que dar a la sociedad mágica una fiesta para que pudieran hablarlo en los círculos sociales.

Ragnok, Gornuk, Harry y Sarah se quedaron en el salón del té a discutir los asuntos que tenían en mente. Primeramente vinieron los negocios, para luego la petición de saber si existía ese artefacto que en el Concilio era tan famoso.

- Dígame, señor Potter, que puedo hacer para ayudarle en sus negocios.- Dijo Gornuk empezando por lo que realmente le interesaba a él.

- Verá señor Gornuk, estaba pensando en expandir los negocios a otros países de Europa y América. Me gustaría que invirtiera o que me recomendara en donde se podría invertir.

- Entiendo, déjeme estudiarlo por unos días para decidir donde es mejor invertir. Una vez que lo tenga decidido le mandaré una lechuza con la información y después se invertirá. ¿Le parece bien, señor Potter?- Informó Gornuk con una sonrisa de que por fin, Harry decidiera ampliar su fortuna a otros países. Si bien es cierto que en Bretaña le iba muy bien y ahora era el… hechicero más rico de Bretaña, más que la familia Black y Malfoy juntas, pero en influencia económica se quedaba corto, si se invirtiera en otros países como Francia, Alemania, España, Italia, Noruega, Bulgaria, Suiza, Suecia, Rusia, Grecia, Egipto, Turquía, Asia y América. Tendría más influencia en los ministerios mágicos, el oro también aumentaría por supuesto, todo era cuestión de ganar más.

Actualmente el señor Potter contaba con un fondo líquido de diez millones en la bóveda familiar Potter, la cual no se tocó para nada en absoluto. En la bóveda Evans el dinero aumentó en cinco millones de galeones, poco, pero aun así iba en aumento. En la bóveda fiduciaria, la que hizo más inversión, aumentó a treinta y cinco millones de galeones, toda una fortuna conseguida en tan solo un año.

Tanto dinero, porque el muggle era convertido en oro mágico, algo que el señor Potter estipuló desde un principio y mantener las inversiones del mundo muggle en secreto, aunque Gornuk no entendía el porqué.

En total Harry Potter poseía una de las fortunas más grandes en oro de toda Bretaña mágica, cincuenta millones de galeones y si se expandía, tendrían que construir otra bóveda de máxima seguridad para meter todo el oro que ganaría.

Era posible que en un año, alcanzara el valor de cien millones, algo inédito e increíble, pero los gobblins eran astutos en los negocios. Y el señor Potter daba a Gornuk su confianza para aumentar la fortuna.

- ¿Puedo hacer algo más por usted o era solo eso?

- Sí, hay algo más. Me gustaría donar a Hogwarts, escuela de magia, brujería y hechicería el valor de dos millones de galeones, con la intención de que sea manejado por la junta de gobernadores para reparaciones de la escuela, contratación de nuevos maestros, compra de nuevas escobas mágicas, etc. También quisiera donar quinientos mil galeones al ministerio de magia, para que cambien esa horrible estatua que tienen en el atrio. Me gustaría que pusieran algo que nos identifique a todos como iguales y no superiores o que ni siquiera estemos, porque crean que no existimos.- Dijo Harry, haciendo que su fortuna decreciera en un momento en dos millones y medio de galeones.

Gornuk solo se limitó a asentir con la cabeza y a apuntar en un pergamino las peticiones del señor Potter.

- Así se hará señor Potter, si es todo, me tengo que ir de vuelta a Gringotts.- Se despidió con un saludo Gornuk. – Que sus enemigos prueben el acero de su hoja y perezcan ante usted, señor Emrys.

- Y que su oro crezca como la sangre derramada de sus enemigos, señor Gornuk.- Devolvió el saludo al gobblin, que se iba introduciéndose en la chimenea, junto a una escuadra de diez gobblins.

Ragnok bebió de su bebida, mirando atentamente a Harry. Lo que acababa de hacer con su dinero no le cuadraba en absoluto, ¿Por qué donar una cantidad excesiva a un colegio que le daba tantos problemas, más aún porque donar medio millón al ministerio, por la estupidez de una estatua? Sus preguntas serían respondidas en un futuro y se alegraría de no haberlas preguntado en su momento, dada la satisfacción de descubrir posteriormente ciertos planes del señor Potter.

- Dígame señor Potter, que puedo hacer yo por usted.

- Primero que nada, darle las gracias por su intervención, nuevamente.

- Tonterías, señor Potter, nos diste un buen espectáculo de magia antigua, además es usted un aliado y amigo de la nación, era lo menos que podíamos hacer.

- De todas formas, gracias. También agradecerle en nombre del Concilio dar cabida en vuestra enfermería a los heridos y muertos de nuestro lado.- El rey gobblin solo se limitó a asentir con la cabeza en señal de reconocimiento y aceptación.

- Sin embargo, usted no vino, señor Potter.

- Se debe a que no estaba muy herido, solo algunos rasguños y no quería tener que molestar al sanador con cortes sin menor importancia.- Dijo haciendo reír al rey, pues en realidad preguntó el sanador que normalmente trataba al señor Potter, por él y al ver que no había ido, se disgustó alegando que un pequeño corte podría ser crucial para la salud.

- Entiendo.

- Bien, una vez dicho eso, creo que lo mejor es ir al grano. Maestra Ó Conaill aquí, presente, me dijo el otro día que había rumores en el Concilio, sobre que la nación gobblin tiene un artefacto que ayuda a entrenar pasando un día fuera y un año dentro de una sala especial.

- ¿Y me pregunta si es cierto?

- No exactamente, majestad. Mi pregunta es si podría utilizar vuestra sala o artefacto. Pagaría el precio que se necesitara.

- Si, tenemos el artefacto, si la sala fue nombrada recientemente como la sala del espacio y el tiempo, honrando la petición del gobblin que la recreó. Pero tendría que pedir al consejo de ancianos gobblin si usted podría utilizarla.

- Con eso me vale, majestad. En caso negativo, no pasará absolutamente nada, es decir, que entenderé que solo se pueda utilizar por la nación. Nuestra alianza y amistad, espero que siga igual.

- Seguramente que sí, señor Potter, aunque no me preocuparía por ello, es posible que la nación pida hacer un mural con esa primera batalla que vimos y nos impresionó bastante, sobre todo la tormenta que hizo y como derrumbó a Dumbledore.

- Entonces, será un honor contribuir con el recuerdo, majestad.- Dijo Harry dando por terminada la reunión, dado que el rey tenía cosas importantes que hacer. Antes de partir, le dijo a Harry que pensaba dejar la mitad de la guardia gobblin en la mansión Potter, para una mayor protección.

Otro día vendrían los creadores de salas para resguardar aún más la mansión Potter y protegerla para dar una mayor seguridad, todo a expensas de Gringotts, al menos por esta vez.

Lo bueno que estaba sacando de éste problema, aun no lo veía claramente, pero estaba seguro que algo a su favor sucedería, siempre había que prepararse para los casos extremos.

Los días fueron pasando lentamente, con Harry y Sarah entrenando en los alrededores de la mansión.

El entrenamiento físico empezaba a dar sus frutos al recordar Harry de que tuvo que construir un muro para defenderse y gastar tiempo y energías para hacerlo. Con renovado ahínco, todos los días Harry corría un poco más y se exigía más.

Tal era su ambición de mejorar tanto en la magia como en lo físico que pidió ayuda un par de veces a los guardias gobblin, más que ayuda fue consejo, éstos mirándole valorativamente le dijeron que para un mejor entrenamiento, se pusiera pesas en los pies y en las manos. Con ello lograría coger mayor resistencia y velocidad cuando se los quitara.

Paulatinamente debería ir añadiendo más peso, hasta llegar al adecuado. Así lo hizo Harry y los primeros días fallaba estrepitosamente, dado que no estaba acostumbrado a tal entrenamiento, pero a medida que hacía tareas simples, como escribir, andar, comer, e incluso leer con las pesas, se fue acostumbrando.

En lo que respecta a la magia, decidió meditar todos los días por las noches y buscar en su interior la magia de la antigua religión que lo llamaba cuando se unía a ella en el "frenesí".

Para disgusto de Harry, podía entrar en su paisaje mental con facilidad, pero ir más allá y buscar el núcleo mágico que poseía o algo que se le pareciera, se le escapaba. Parecía que estaba conectado de alguna manera a la magia, sin tener un núcleo como los magos, o tal vez estuviera haciéndolo mal, y el núcleo de los hechiceros fuera otra cosa o estuviera ubicado en otro lugar. De todas maneras seguiría intentándolo hasta dar con él y no rendirse.

En el tema de la liberación de Sirius, se dio a conocer que por fin tendría su juicio, justo antes del juicio de Harry por la batalla del territorio neutro.

Marius le dijo que la mayoría del Wizengamot se puso de acuerdo, sobre todo los aliados de Dumbledore y algunas de las familias oscuras y neutrales que no estaban en la alianza, de que si, Sirius Black fuera encontrado inocente y la promesa de libertad no lo mataba, lo haría el castigo que sufriría su ahijado.

En ese recordatorio, Harry preguntó si sabían algo con respecto a eso y Marius le dijo que había muchas discusiones, con representantes de la nación y el Concilio, dado que un ataque así en contra de ambos, requería una guerra, pero los aliados de Dumbledore no querían que éste sufriera ningún castigo, dado que veían con buenos ojos que se deshiciera de alguien como Potter.

Tanto por el poder político como económico que estaba teniendo.

- Lo más seguro es que se llegue a algún tipo de acuerdo, acuerdo que radicaría en tu expulsión de Hogwarts y el exilio. Estoy haciendo lo más posible para que no te condenen a prisión o algo peor.

- ¡Exilio! ¿Y Dumbledore?- Exclamó un poco indignado por la suposición y olvidando que Marius estaba trabajando a marchas forzadas en su caso.

- Si, Harry, exilio. Dumbledore tendrá más suerte que tú, aunque creo que con los dos millones de galeones que donaste a Hogwarts, la junta de gobierno prescindirá de él por la mala gestión de la escuela en su mandato. Es algo bueno, de todo lo malo.

- Si, algo bueno que no podré disfrutar.

- Agradece que no te envíen a Azkaban y que el exilio sea de corta duración.

- Marius…- Suspiró pesadamente Harry, frotándose el puente de la nariz con exasperación. Para Harry la expulsión y el exilio, harían que sus planes fueran a alargarse aún más y que Albion tardase en llegar a Bretaña.

- No Harry, como injusto que es, tienes una ventaja en ello.

- Pues ahora mismo no veo cual, creo que tengo más inconvenientes que ventajas.- Dijo Harry levantándose de su silla y caminando lentamente por el despacho de los jefes de familia Potter.

- Aprendiz Emrys, creo que lo que quiere decir Marius, es que si te exilian, será hasta que seas mayor de edad, es decir, hasta que cumplas los 17 o hasta que te saques los TIMOS y EXTASIS en una escuela mágica. Por suerte para ti, puedes hacer ambas cosas en Irlanda o cualquier otro país que elijas.- Intervino Sarah dando una opinión desde fuera, para aclararle las ideas y la mente a Harry.

Marius estuvo en acuerdo con ella, algo que Harry vio al verle asentir con la cabeza. Pensándolo desde ese ángulo, tal vez tengan razón. Si se sacaba los TIMOS este año y los EXTASIS al que viene, cuando sus amigos cursaran cuarto año, podría volver a caminar libremente por Bretaña, incluso sentarse en su asiento del Wizengamot al considerarse un adulto y no tener que buscar la emancipación.

- Tal vez… tengáis razón. Si, por supuesto ese hipotético caso, se llegara a dar.

- O…

-¿O?

- O tal vez, podríamos perseguir el caso del exilio para tu ganancia personal. Aunque el Wizengamot no tiene por qué saberlo.

- Si, podría hacerse. Pero tendría que ser con lo que nosotros queramos, es decir, con nuestras propias reglas del exilio.

- ¿Qué quieres decir, Harry?- Preguntaron Sarah y Marius al mismo tiempo. Harry con una sonrisa, empezó a planear lo que quería.

- Es bastante sencillo. Manipulando al Wizengamot para nuestro favor. Tú has dicho, Maestra, que sería considerado maestro por parte del Concilio en dos años como mínimo, bueno como necesito los TIMOS y EXTASIS conjuntamente con los entrenamientos y aprendizaje, creo que ahora con la posibilidad del exilio, podría llegar a viajar por el mundo entero, aprendiendo lo que me enseñes, sin la restricción de la escuela. Sería manipular un exilio de corta duración, como por ejemplo diez años o hasta que me vuelva mayor de edad ante los ojos de los ministerios de magia, eso nos daría la oportunidad de presentar el recurso ante la ICW y que me dieran la bienvenida de vuelta a Bretaña. Por supuesto un exilio de suelo britano, quiere decir que no podría vivir en la mansión Potter, pero creo que tengo otras propiedades ubicadas por Europa, incluso tengo una casa solariega en Irlanda.- Explicó Harry lo que quería que lograran.

Tanto Marius como Sarah estaban meditando las palabras de Harry, si bien les vendría de perlas que eso pasara, sobre todo hasta que fuera un maestro del Concilio y su aprendizaje terminara.

Marius lo consideraba y creía estar de acuerdo con ello. Todo el mundo saldría ganando, las familias que apoyaban a Dumbledore le darían un castigo justo que no se había hecho en más de un milenio, las familias oscuras, pensarían que se desharían para siempre de Potter, pero lo que realmente harían sería darles alas para que pudiera tomar su independencia antes de lo previsto y sin tener que ir a juicio.

Por supuesto el asunto de su emancipación y el escape de los Dursley quedarían olvidados o tan olvidados como Harry quisiera.

- Creo que se puede hacer, me pondré en contacto con los representantes de Gringotts y el Concilio inmediatamente.- Dijo Marius levantándose del asiento y dirigiéndose a la chimenea.

- Por cierto Marius, pídele disculpas a tu hermano por no poder asistir a su casa, con el tema de que debo permanecer en la mía, hasta el juicio, creo conveniente no…

- Si, entiendo y Alexander también lo entiende. Creo que Daphne, se ha quedado más tranquila al saber que no vienes. No entiendo que le pasa a esa chica, la verdad.

- Tal vez, algún encantamiento de memoria, después de todo no podía estar con ella permanentemente las veinticuatro horas del día, este año en Hogwarts.

- Es posible, pero ¿Cómo?

- No, sé, con alguna capa de invisibilidad, o incluso el mismo Moody lo haya hecho cuando bajábamos todos del tren en Yule pasado.

- Hablaré con mi hermano y le diré que las lleve a Gringotts, si Daphne ha sido manipulada mentalmente, la señorita Davis, también, lo más seguro. Gracias Emrys, por el aviso.

- No gracias a ti, por movilizarte y ayudarme.- Dijo Harry despidiéndose de Marius y volviendo a la sala donde se encontraba su maestra. Todavía tenían que recibir notificación de Gringotts, por la sala del espacio y el tiempo.

De todas formas, Harry se preparó para hacer sus primeros rituales, dado que los ingredientes para ello vinieron hace poco, por recogida de sus elfos.

La primera semana de Harry terminó llena de aventuras, debido a la batalla a las escaleras de Gringotts y a los titulares posteriormente que se sacaron en el Diario El Profeta. También terminó con el primer ritual de Harry, un ritual bastante completo, que prevendría que con su sangre pudieran hacer rituales en un futuro.

El ritual constó de un círculo rúnico que tuvo que bendecir el sumo sacerdote Powell en un momento. También se quedaría a observar, junto a Bennu y Sarah, que ayudaría a Harry con ciertas partes del ritual, como tallarle en la espalda los tatuajes rúnicos pertinentes.

En los círculos más pequeños que estarían los ingredientes, al menos las sangres que debían colocarse en los cuencos pertinentes.

En este ritual no habría más ingredientes que cuatro tipos de sangre diferentes. Sangre que costó mucho tiempo y esfuerzo conseguir.

Los ingredientes constaban de las siguientes partes: sangre de basilisco, para evitar la mayoría de los venenos y pociones nocivas, sangre de fénix, para ayudar con la sangre de basilisco y no matara al portador, sangre de unicornio dada libremente, para dar una protección contra rituales de invocación, sangre de dementor, el cual evitaría que se hicieran rituales del alma, por sus enemigos.

Posteriormente haría los rituales que le ayudarían a aumentar su resistencia física y su resistencia mágica.

También fue aconsejado por el sumo sacerdote Powell que se hiciera tatuajes druídicos o rúnicos para protegerse, al final, estaría lleno de tatuajes, como indicó, pero le aseguraron que no pasaría absolutamente nada, porque su magia se encargaría de conectar todos los tatuajes que se hiciera en un tribal que recorriera las partes del cuerpo en donde estaban dichos tatuajes.

La noche en que se hizo el ritual era calurosa para suerte de Harry, pues tendría que desnudarse en el aire libre.

El círculo fue preparado por el Sumo Sacerdote y los ingredientes colocados mientras que Harry se quitaba la ropa y se metía en el círculo.

Por suerte Sarah decidió no hacer comentarios jocosos en el aspecto de su desnudez, algo que agradeció pues se necesitaba cierta seriedad.

Con palillos de hacer tatuajes tradicionales y un bote de tinta de un Kraken, Sarah empezó a hacer las runas correspondientes en su espalda, tallando por encima de las cicatrices, algo que no le resultaba fácil hacer, puesto que éstas eran numerosas y las runas tenían que verse bien.

Cuando por fin terminó, se sorprendió que Harry no hiciera muecas de dolor, tal era su experiencia en este tema, que la enfureció un poco. Pero absteniéndose de hacer comentarios, le indicó a Harry que continuara.

Con un cantico en gaélico antiguo, Harry fue recogiendo los ingredientes de los círculos en los que estaban e iba mezclándolos con su propia sangre, para después ingerirlos él mismo. Al principio sintió dolor agudo, un dolor que era insoportable por la quema de veneno del basilisco, pero que se fue calmando cuando bebió la sangre del fénix.

Para cuando quiso terminar, estaba exhausto y su espalda brillaba con la magia del ritual. No había más misterio, el ritual había funcionado, se había hecho inmune a los rituales que se hicieran sin su consentimiento expreso. Algo que vio que era positivo para él y sus planes de futuro.

Esa noche, la pasó en el círculo druida, puesto que tenía que salir con su propio pie de allí, pero al estar cansado y la pequeña pérdida de sangre por los tatuajes rúnicos y por el avance de los ingredientes en su cuerpo, se desmayó y quedó dormido en la cálida noche.

A la mañana siguiente Harry se levantó renovado y pensó en hacer los otros rituales, pero fue convencido por su fénix, Bennu y por Sarah, que descansara un poco, que ya tendría tiempo de continuar con los rituales.

Dos días tardó en recuperarse y su cuerpo mostró ciertas mejoras al beber los tipos de sangre. También se notó que creció unos centímetros más de lo que era, dado que su magia tenía que aclimatarse a un cuerpo más alto y musculoso. La sangre de gigante, hizo que sus músculos se notaran más fuertes que antes, dándole una fuerza que tuvo que entrenar para mantener bajo control.

El ritual también tenía sus inconvenientes, como dando a Harry algunos aspectos de las sangres ingeridas. Como por ejemplo la fuerza. Una fuerza un poco fuera de lo común, pero no tanto. No sería como un gigante o un semigigante, pero se acercaría a la fuerza de tres hombres adultos.

La de basilisco y fénix, no le darían nada fuera de lo normal, igual iba para la sangre de unicornio dada libremente.

La de dementor, no estaba claro, pues no sabría cómo reaccionaría ante uno de verdad, aunque su báculo reaccionó como lo había hecho en Luxor, pero sin la visión que le dio Bennu.

Algo que tendría que investigar en un futuro.