CAPITULO 15

Los adultos Black y el joven Emrys, se dirigieron directamente a los ascensores sin ser detenidos en el camino por nadie. Una vez dentro, Harry soltó un suspiro de alivio.

Si no lo habían atacado ahora, no lo harían una vez que estuviera dentro de las salas del Wizengamot, puesto que las mismas salas no lo permitían.

Se podía llevar el foco mágico a las reuniones, pero tradicionalmente, había acuerdos en no atacarse allí.

Las dobles puertas de roble del Wizengamot les dio la bienvenida a Harry y los Black, invitándolos a entrar y observar el juicio de Sirius, Harry y Albus.

Las salas del Wizengamot eran impresionantes y bastantes grandes, en opinión de Harry. Estaba embelesado mirando los diferentes asientos, con sus diferentes crestas dibujadas en las cabeceras, que no se dio cuenta, cuando Titus se acercó a Harry por detrás.

Titus iba vestido como le correspondía al jefe de magos, con túnicas purpuras. Cuando saludó al Señor Black y a la Proxy Gryffindor, Harry al parecer volvió la vista hacia su amigo, el creador de focos, Titus Ollivander, el cual también era parte del Concilio Druida-Hechicero.

- Buenos días Titus. ¿Cómo has estado, desde la última vez?- Preguntó Harry en un tono amistoso y con una cara neutral, no revelando nada de preocupación, ante su inminente juicio.

Titus se le quedó mirando especulativamente, pensando duramente en que ese chico era fuera de lo común. Ahí estaba de pie, saludándolo cortésmente y sin temer las represalias que él, Titus más temía, junto con el Concilio.

- Al parecer, no tan bien como tú, Emrys. ¿Sabes a lo que te enfrentas, hoy?- Preguntó para asegurarse, que su pequeño amigo sabía perfectamente a lo que se iba a enfrentar.

Con una sonrisa, Harry le aseguró que no tenían por qué preocuparse ninguno, que si de hecho, Sarah les había dicho al Concilio de los planes hablados en su casa, entonces que todo estaría bien.

- Hablando de la maestra Ó Conaill, ¿Sabes dónde se encuentra?

- Si, la vi por última vez en las gradas de los visitantes. Está junto a nuestra reportera favorita, Rita Skeeter.

- Bien, si me disculpas Titus, tengo que poner ciertos planes en marcha, que tengas suerte llevando los juicios y nos veremos pronto nuevamente.

- Igualmente Emrys. Igualmente.- Dijo Titus viendo marchar a Harry por las escaleras que conducían a las gradas de los espectadores.

Para el primer juicio, que sería el primero de Sirius Black y el único que tendría, curiosamente, los espectadores se permitieron la entrada, sobre todo a los reporteros, para que en caso de que fuera culpable, los que habían orquestado este juicio quedaran mal.

En el caso positivo, de que fuera inocente, algo que algunos como el ministro de magia y Lucius Malfoy, que por alguna razón, faltaba en su asiento, salvo que estaba ocupado por un proxy, al igual que el de los Lestrange, serían ellos los que quedaran mal. O al menos tan mal como puedan ser vistos en sociedad, por un breve periodo de tiempo.

No es que Lucius tuviera miedo de ser declarado mortifago voluntario por Sirius, el miedo que tenía era otro.

Cuando se negó a que tuviera un juicio, no lo hizo por lo que muchos supusieran de querer el Señorío Black para su hijo, Lucius sabía con exactitud que su hijo, jamás podría acceder a él, dado que Regulus tenía un heredero y una heredera, en caso de fallecimiento prematuro. No, lo que Lucius temía, era que si Sirius Black era liberado, fuera a disolver el matrimonio que tenía con Narcissa, al ser el verdadero Jefe de la Familia Black y el único con poder para hacerlo.

Si su matrimonio se venía abajo, el perdería mucho poder político y económico, dado que tendría que devolver la dote, multiplicado por dos, dinero que no tenía en esos momentos. Había pasado mucho al ministerio para mantenerse libre de Azkaban, todos estos años.

La sala del Wizengamot se fue llenando poco a poco y Harry esperaba pacientemente al lado de su maestra Sarah y Rita Skeeter, la cual iba y venía entrevistando a los Señores y Señoras del Wizengamot.

Las gradas más altas en el Wizengamot, para los asientos que pertenecían a los fundadores de Hogwarts, dos de ellos fueron llenados por dos mujeres, las cuales tenían en común su amistad con Harry.

La gente que no sabía de la afiliación de las mujeres, supusieron que eran las herederas de los fundadores de Ravenclaw y Gryffindor. Se sorprenderían cuando el jefe de magos, diera la bienvenida a las proxys de Harry para esos asientos.

Mientras que los Señores y Señoras se preparaban en sus asientos y conversaban con sus vecinos, Harry y Sarah susurraban, planeando donde irían primero para el aprendizaje rápido de Harry.

- He pensado que tal vez deberíamos visitar a Nicholas Flamel en su casa y tomar ese aprendizaje de Alquimia.

- ¿Y qué pasa con el día de entrenamiento en la nación?- Cuestionó Sarah, un poco decaída por no poder ver la sala especial, que Harry le dijo que habían accedido los gobblins a dejarle utilizar.

No te preocupes, la utilizaremos también, pero primero quiero quitarme el deseo de aprender alquimia practica y poner sobre la mesa los conocimientos adquiridos en la teoría. También quisiera ver como se utiliza la piedra de Flamel, como fue creada y esas cosas…- Dijo Harry, cambiando su atención a las puertas que se volvieron a abrir, para dejar entrar al ministro y su sequito. Con él iba la bruja de rosa, la que tenía cara de sapo y lo quería ver en Azkaban. Al parecer tenía más vidas que las de un gato, si no fue despedida.

- Señorita Skeeter, imagino que después de mi juicio, querrá una entrevista, ¿Me equivoco?

- En absoluto, señor Potter, será un placer entrevistarlo, como en el pasado.- Dijo, haciendo sonreír a Harry, de una manera que envió escalofríos por la columna de la periodista. Ahora deseaba más que nunca, el no haber visto esa sonrisa de depredador.

- Estupendo, señorita Skeeter, he de admitir, que tengo varias declaraciones que dar al Diario el Profeta.- Dijo volviéndose a mirar como todos habían llegado y estaban ocupando sus asientos pertinentes.

No se sorprendió que los Dumbledore, Moody y Weasley no estuvieran presentes, pues estaban en una celda del ministerio. Era bueno para evitar encontronazos no deseados.

Hoy era el gran día en el que la alianza Albion actuaría en el Wizengamot como un solo votante, acaparando, casi la totalidad de la mayoría absoluta en las votaciones. Junto con los asientos que habían sido comprados por Harry Potter, por el valor de dos millones de galeones en total, tendrían 30 votos más.

Una lástima que Harry solo los quisiera utilizar para la liberación de Sirius y en la condena de Dumbledore.

Titus no lo entendía, pero claro, por cuestiones políticas en el Concilio y trabajo en la tienda, no pudo ir a la reunión en la casa de Harry y estaba a oscuras en cuanto a lo que sucedería, pero viendo a los magos que eran aliados de él, intentó tranquilizarse un poco.

- ¡Orden en la sala!- Gritó Titus, Jefe de Magos del Wizengamot. – La sesión está a punto de comenzar. Primero daremos la bienvenida a las dos nuevas Señoras, que ocupan los asientos de los fundadores de Hogwarts, Ravenclaw y Gryffindor…- En ese punto la mujer de rosa con cara de sapo, intervino con una sonrisa maliciosa, o lo que ella pensaba que era una.

- Ejem… ejem…- Tosió falsamente, haciendo que muchos dieran muecas de repugnancia hacia ella. – Debo decir a este magnífico cuerpo, que esas dos "Señoras" no pueden sentarse en esos asientos nobles, debido a que las familias fundadoras se extinguieron…

- ¿Quiere decir Madame, que los Gaunt no descendemos de Salazar Slytherin y que no tenemos derecho sobre nuestro asiento ancestral?- Preguntó Señor Gaunt irritado que esa vieja arpía de rosa, dijera a su mujer que no tenía derecho a sentarse en el Wizengamot.

- No… no es lo que quise decir, Señor Gaunt… quiero decir los asientos Gryffindor y Ravenclaw no tienen dueño…- En ese momento, Harry lanzó un sonorus sin foco en él, para que su voz sea escuchada por toda la sala.

- Lamento informarla Madame Umbridge, que los asientos que ellas tan amablemente accedieron a ocupar, son míos por derecho de compra. Pero antes de que interrumpa nuevamente, debo decirle que en Gringotts se investigó las líneas Gryffindor y Ravenclaw, para ver si realmente estaban extintas y realmente fue el caso. Por ello se me permitió comprar ambos asientos. Señora Miranda Black, es proxy del asiento Ravenclaw y Señora Amanda Gaunt, proxy para el asiento Gryffindor.- Terminó Harry dejando con la boca abierta a muchos de los miembros del Wizengamot que pensaban que tenían una oportunidad de condenar al señor Potter y desacreditar su creciente poder político. Ahora lo tenían más complicado que antes, pero todavía podían intentar exiliarle y darse con un canto en los dientes por ello.

- Bien, aclarado ese punto, como iba diciendo antes de ser groseramente interrumpido, por la subsecretaria Umbridge, damos la bienvenida a este magnífico cuerpo, a Miranda Black y Amanda Gaunt.- Terminó Titus sonriendo ligeramente ante lo que Harry todavía era capaz de hacer. Pero todavía estaba curioso en cuanto a su tranquilidad.

- El siguiente punto del día es conceder un juicio justo al presunto mortifago y mano derecha del conocido Lord Oscuro Voldemort.- Jadeos se escucharon por las gradas al mencionar el nombre del temido mago, algo que provocó que Harry y Sarah pusieran los ojos en blanco un momento y Harry susurrara a la señorita Skeeter algo.

- Por favor aurores, traigan al acusado.- Mandó a los aurores traer al acusado Sirius Black.

Tres aurores salieron un momento de la sala, para entrar diez minutos más tarde con un hombre encadenado con grilletes de supresión mágica.

El hombre se veía como si fuera un vagabundo del mundo muggle, con el pelo rizado por la porquería de no lavarlo en más de una década, las ropas hechas girones y una barba tan tupida, que podría poner a la vergüenza la de Rubeus Hagrid.

Los ojos del hombre, sin embargo decían otra cosa. Tenían un tinte de esperanza dibujados en ellos y… todavía se le podía ver cuerdo, o al menos tan cuerdo como diez años, convirtiéndose en animago con los dementores, podría causar.

Sirius Black fue sentado a la fuerza en una silla con cadenas mágicas, las cuales fueron a atarle de manos y pies, restringiendo aún más sus movimientos.

- Sirius Orion Black, hijo de la casa Black, ¿Es usted consciente de que está ante el tribunal del Wizengamot para ser juzgado por primera vez, bajo la acusación de traidor de la familia Potter y matar a Peter Petegrew y a doce muggles más?- Cuestionó la voz del Jefe de Magos Ollivander.

- Si, lo soy.- Dijo Sirius con una voz ronca, de no utilizarla en mucho tiempo, parecía casi como si se hubiera olvidado de hablar, la palabra clave era casi.

- Bien, se le administrará Veritaserum para su cuestionamiento. ¿Está de acuerdo?- Volvió a hablar Titus, haciendo que Sirius asintiera con la cabeza débilmente.

- Por favor, señor Black, indique si está de acuerdo con palabras.- Dijo pacientemente Titus.

- Lo estoy.- Volvió a escucharse la voz ronca de Sirius.

- Aurores, traigan para ver el Veritaserum, y realizar la prueba de verificación. Después de todo, no queremos que sea veneno disfrazado.- Cuestionó Titus, haciendo que algunos se movieran incomodos en la sala, pues tenían la idea de administrar, falso Veritaserum o algún veneno, para acabar con la vida de Sirius Black

Los aurores llevaron el frasco con el líquido transparente e incoloro, cual indicativo que el suero de la verdad era, realmente el suero de la verdad.

- Bien, comencemos. Por favor, escriba, tome nota.- Ordenó Titus sentándose en su asiento, para que los interrogadores se presentaran.

- Como interrogadores del caso contra Sirius Orion Black, nos presentamos, Amelia Susan Bones, jefa del departamento de seguridad mágica. Cornelius Oswald Fudge, ministro de magia.

- Como representante legal de Sirius Orion Black, me presento, Theodore Tonks, abogado defensor.- Dijo Ted, marido de la sanadora Andrómeda Tonks, levantándose al lado de su cliente.

- Abogado Tonks, ¿Permite que se le administre al acusado Veritaserum ante este tribunal?- Preguntó Amelia con tono neutro.

- Permito, pero ha de ser verificado por un sanador de San Mungo o la nación Gobblin. Sin ánimo de ofender, jefe de magos.- Dijo Ted, un poco nervioso, dado que el procedimiento legal, era que un experto en pociones, alquimia o un sanador, verificasen el suero.

El sanador fue llamado y verificó el suero nuevamente, haciendo asentir a muchos más a gusto.

Un auror cogió de la cabeza a Sirius y la inclinó hacia atrás suavemente, casi con delicadeza se podría decir y otro le metió tres gotas de Veritaserum en la lengua, haciendo que los ojos de Sirius se desenfocaran brevemente, lo cual era indicativo que el suero estaba en funcionamiento.

- Para que conste en acta, las primeras preguntas serán para identificar la identidad del acusado y que el suero funciona correctamente.- Con un asentimiento hacia el ministro, éste se aclaró la garganta y comenzó el cuestionario que tenía delante. Preparado previamente con las preguntas estándar que harían a cualquier acusado de un delito de traición y homicidio.

- Díganos su nombre completo y su fecha de nacimiento, por favor.- Cuestionó la primera pregunta Cornelius.

- Sirius Orion Black III, nacido el 3 de noviembre de 1959.- Dijo con una voz monótona, indicando que el suero de la verdad funcionaba correctamente.

El ministro dijo al escriba y a la otra interrogadora que el suero funcionaba a la perfección, lo cual pasarían a las siguientes preguntas del cuestionario.

- Por favor señor Black, ¿Sería capaz de contarnos los hechos sucedidos el día 31 de octubre de 1981 en el Valle de Godric?- Preguntó Amelia Bones, pasando a lo que todo el mundo le interesaba.

- Sí, yo me hallaba ese día en mi piso en Londres muggle, comprado por el oro que mi Tío Alphard Black me dejó, cuando mi madre me echó de casa. Ese día tuve un mal presentimiento y me dirigí a donde se escondía Peter Petegrew para ver si estaba bien y a salvo, pero al no encontrar a nadie en el piso, asumí que fue a visitar a los Potter. Hasta horas más tarde y una de las salas fallidas del Valle de Godric, que puse yo mismo, no me di cuenta de la traición de Peter, así que fui inmediatamente después al Valle de Godric a prestar ayuda a James y Lily, por si estaban bajo ataque. Temo que llegué demasiado tarde, la casa estaba en ruinas y era completamente visible, dado que el guardián mágico del secreto, lo había roto. Pasé a la casa y me encontré con James en el suelo, muerto, por lo que pude aventurar, la maldición asesina. Me quedé un rato llorando su muerte, hasta que recordé que podría haber sobrevivido Lily. Pasé todo el salón y cocina buscándola, al no hallarla fui a los dormitorios, uno por uno, con el corazón encogido en el temor de que estuviera muerta.

Cuando llegué a la habitación del hijo de James y Lily, Harry, ella estaba enfrente de la cuna, la cual era rodeada por un circulo ritual druídico, de protección.

El circulo estaba roto y en la cuna se oía el llanto del bebé Harry. Pasé despacio y me arrodillé ante el cuerpo tendido de Lily, el cual también estaba muerto. Había muerto protegiendo y haciendo el ritual de sacrificio para su hijo Harry.

Cuando por fin terminé de llorar la muerte de mis amigos, vi a Harry que paró de llorar también y me veía con ojos rojos por el llanto y el cansancio. Una cicatriz en forma de rayo o de la forma de la runa, Sowilo, dibujada en su frente.

Lo recogí con cuidado y me disponía a marcharme, cuando Rubeus Hagrid llegó con órdenes de Dumbledore, de que Harry le fuera entregado.

Por supuesto discutí con Hagrid en cuanto a quien tendría la custodia, dado que era su padrino por juramento mágico. Pero no sé qué pasó que le di a Harry y le dije que utilizara mi motocicleta voladora, para llevarle a Dumbledore.

Acto después me desaparecí a buscar a Peter y reclamar venganza sobre la muerte de mis amigos, James y Lily.

Cuando le encontré, después de dos días de rastreo, fue en un callejón muggle a media noche, el cual me gritó con la osadía, de que había traicionado a los Potter y como pude hacerlo.

Antes de que tuviera oportunidad de lanzar alguna maldición, se cortó el dedo de su mano derecha y explotó el callejón con alguna maldición de voladura, dando con la mala suerte en una tubería de gas.

Acto después se transformó en su forma de animago y escapó. Cuando los aurores me encontraron, estaba riendo en la histeria, de que esa vil rata pudiera haberme sorprendido con la rapidez de pensamiento.

El jefe de aurores y de catástrofes mágicas, me detuvieron con una escuadra de aurores, rompieron mi varita y acto después fui tirado en Azkaban sin un juicio.- Terminó de contar la historia Sirius, el cual había dejado en completo silencio a la sala entera, solo se podía escuchar el rascado de las plumas y los fogonazos de las cámaras de fotos de los periodistas reunidos.

Pasados unos minutos, Amelia se aclaró la garganta y habló nuevamente.

- ¿Nos está diciendo señor Black, que usted no fue el guardián secreto de los Potter?

- En efecto.

- ¿Quién era el guardián secreto, según usted?- Preguntó el ministro, sudando un poco.

- Peter Petegrew…- Fue cortado por la risa tonta de Dolores Umbridge.

- ¡El señor Petegrew está muerto, tú lo mataste! ¡Mentiroso!- Chilló Dolores, provocando un tumulto en la sala por haber interrumpido nuevamente el juicio.

- Madame Umbridge, no la vuelvo a avisar, interrumpa otra vez y me veré en la obligación de acusarla por desacato en un tribunal de justicia.- Dijo Titus irritado ante la falta de respeto de la mujer, la cual solo dio una mirada despectiva y de asco ante las palabras dichas por el "monstruo" que ella pensaba que era Titus.

Para ella, los que no eran de la raza de magos y sobre todo sangre pura, eran monstruos sin valor que no merecían vivir como ciudadanos de primera clase. Estaba convencida que los actos de nobleza de ese Lord Oscuro Voldemort, eran puros y posiblemente, algún día resucitaría nuevamente con sus poderes oscuros y llevaría a la raza de sangres pura a la cima, donde les pertenecía.

Ingenua e ilusa era Madame Umbridge, pero como se dice, soñar es gratis.

- Sigamos con el juicio. Señor Black, ¿Podría decirnos quien lanzó el encantamiento Fidelius?- Cuestionó nuevamente Amelia, temiendo la respuesta.

- Sí, fue Albus Dumbledore el que lo lanzó meses antes en el Valle de Godric.- Dijo causando nuevamente oleadas de susurros indignados.

- ¿Está diciendo que Albus le envió conscientemente a Azkaban, sabiendo que era inocente?

- Si… en un principio iba a ser el guardián del secreto, pero con la ayuda de Albus y Peter, convencimos a James que se cambiaran los guardianes al último minuto, alegando que nadie creería que fuera Peter el guardián y que lo más seguro, que los mortífagos y el mismo Voldemort me persiguieran en busca de información.- Dijo dando gustosamente más información de la que se pidió.

- ¿Por qué sería eso, señor Black?

- Porque era la elección obvia al ser elegido. James era como un hermano para mí y nunca lo traicionaría…- Dijo haciendo un poco de daño a su verdadero hermano, al descubrir que su relación se marchitó hasta tal punto. Si salía Sirius con las capacidades de recoger el señorío nuevamente, intentaría, sino antes, reconstruir la relación que hace tantos años tuvieron.

- …Aparte del hecho de que si elegían a Peter, yo estaría en el punto de mira y James y su familia a salvo.

- ¿Entonces usted no es un mortífago ni es la mano derecha del Lord Oscuro conocido como Voldemort?

- No, nunca lo fui y nunca lo seré.- Declaró Sirius, con un vestigio del suero desapareciendo, se tardó un rato en dar su versión de los hechos, pero los interrogadores ya tenían lo que buscaban, salvo por el hecho de quienes lo mandaron a Azkaban, con un toque de astucia, Amelia preguntó rápidamente antes de dar por finalizado el interrogatorio.

- ¿Sabría decirnos quienes lo mandaron a Azkaban sin juicio, señor Black?

- Sí, fue Albus Dumbledore quien estuvo presente en mi detención ilegal, hizo algo con su varita sobre mí, imagino que me desarmó aunque no se notó como un encantamiento de desarme. También estaban presentes Cornelius Fudge, que era el jefe de departamento de catástrofes mágicas y Bartemius Crouch senior, jefe del departamento de ley mágica. Curiosamente, cuando el hijo de Bartemius fue enviado a Azkaban, días más tarde apareció él mismo y una mujer en una capa de invisibilidad, la cual era la madre.

- ¿Qué quiere decir?- Preguntó una curiosa Amelia, notando que los vestigios de la poción estaban por desaparecer.

- Quiero decir que Bartemius con la ayuda de su esposa, liberaron a su hijo condenado de por vida en Azkaban. Acto seguido fue colocado bajo la maldición Imperius y la mujer tomó lo que podía adivinar era Poción Multijugos, para suplantar a su hijo. Como los dementores son ciegos, solamente supieron que una persona salió andando y otra un poco más sana que la que entró salió bajo la capa de invisibilidad.- Dijo Sirius, totalmente recuperado de los estragos del suero de la verdad, haciendo que estallaran murmullos de indignación ante el ministro actual y el jefe de cooperación internacional mágica, Bartemius Crouch Senior.

Los gritos de indignación para Albus Dumbledore eran variados, unos gritaban culpable de conspirar contra la casa Black, mientras que otros le defendían, alegando que fue hecho por el bien común, algo que no escapó a los presentes que lucharon contra Grindelwald.

- ¡SILENCIO!- Tronó la voz del jefe de magos, el cual se hizo sonar gracias a la magia infundida sin varita.

El silencio volvió a la sala y ésta vez Amelia habló nuevamente un poco cansada de las interrupciones.

- Señor Black, se investigaran las acusaciones realizadas por usted, el día de hoy a los mencionados, sin embargo queda una cuestión que me intriga. Pido el permiso de este cuerpo, para preguntarle acerca de cómo logró transformarse el señor Petegrew en un animago. En los registros de animagos no cuenta como registrado.- Pidió el permiso del tribunal, que también estaban un poco confundidos, esa declaración de transformación fue hecha bajo Veritaserum y con esa poción no se podía mentir.

El abogado dio el visto bueno para que Sirius contestara a la cuestión de hecho.

- Eso es fácil. En nuestro quinto año, tanto James, Peter y yo, logramos convertirnos en animagos para hacer compañía a nuestro amigo Remus Lupin, en las lunas llenas.

- ¿Podría decirnos que formas tomaron?

- Sí, James tomó la forma de un ciervo adulto, Peter la de una rata común y yo la de un perro grande y lanudo, parecido a un Grimm.- Dijo Sirius amablemente y sin los efectos de la poción.

- Bien este tribunal, ahora se irá a deliberar. Llévense al acusado hasta entonces.- Pidió el ministro, haciendo que los aurores recogieran, más amigablemente a Sirius y lo transportaran fuera de la cámara del Wizengamot.

Una barrera de silencio fue impuesta para que los espectadores no pudieran escuchar nada, de lo que se debatía. Mientras tanto Rita y los demás periodistas escribían furiosamente sus conclusiones sobre el pergamino, añadiendo un par de notas y preguntas que le hacía a Harry, que gracias a Merlín le tenía al lado.

Las preguntas variaban sobre todo en cuestión de que haría una vez que su padrino fuera liberado, que pediría para el verdadero traidor de sus padres, que haría con respecto a lo revelado por Sirius en cuestión a Albus Dumbledore y otras preguntas que tenía que ver con su juicio futuro.

Harry las fue contestando con una sonrisa en el rostro, alegando que una vez que Sirius fuera liberado completamente, lo llevaría a la nación gobblin para que fuera examinado por los sanadores.

En relación con Dumbledore, dijo que solo el tiempo diría lo que pasaría con el viejo. Para con Peter dio la declaración de invocar la antigua ley de venganza de sangre, la cual estipulaba que él sería el encargado de matar al traidor y a todo aquel que le ayudara en su escape.

Esa última declaración sorprendió un poco a Rita, que le preguntó porque era eso.

- Verá señorita Skeeter, creo que merezco un poco de venganza y justicia en cuanto a las muertes de mis padres. Lamentablemente, el Lord Oscuro Voldemort, al estar desaparecido, no puedo llevarlo ante tal justicia. Sin embargo, si encuentro a Peter Petegrew con vida, antes que el ministerio, me tomaré la venganza de sangre, como las antiguas leyes estipulan.- Dijo Harry, haciendo que la periodista asintiera en compresión. Ella también querría tomar venganza en un caso como el suyo y por la ley antigua nadie le podía impedir tomar una venganza de sangre y declarar enemigo de la casa de uno mismo.

La deliberación duró por lo que parecieron seis horas, pero en realidad fueron tres. Les llevó tanto tiempo en el hecho de que Sirius era un animago no registrado y la pena por ello era pasar un año en Azkaban, pero como él había pasado casi once, al final se le perdonó y le darían una indemnización y una promesa de investigación a los miembros incriminados del Wizengamot y el ministerio.

Sirius fue desatado de los grilletes después de escuchar el veredicto y que los miembros, casi en su mayoría absoluta, votaran a su favor.

Las familias de la Alianza fueron quienes votaron únicamente, haciendo que el resto se tragara el veredicto de culpabilidad que tenían en sus gargantas y mentes.

- Mis felicitaciones señor Black, queda usted libre de todo cargo y el ministerio le dará una indemnización de 10.000 galeones por año pasado en Azkaban. ¡Caso cerrado!- Declaró el jefe de magos con una sonrisa en su rostro.

Acto seguido, Sirius se levantó con torpeza y se dirigió con su abogado a San Mungo, antes de ser interrumpido por un gobblin que le indicó que le siguiera un momento.

Al estar con el gobblin a solas, éste levantó una barrera de sonido para que pudieran hablar sin ser escuchados.

- Señor Black, la nación gobblin ofrece sus disculpas ante no prestar más presión en su liberación, pero teníamos las manos atadas, hasta hace un año. Se le explicará más tarde por el gestor de cuentas del señor Potter.

Primero que nada, darle la enhorabuena por ser libre, segundo el señor Potter y la nación le ofrecen cobijo y cuidados bajo su pago, hasta que se recupere. ¿Acepta?- Preguntó el gobblin encargado de custodiar a Sirius hasta la enfermería gobblin.

- Si… acepto. Pero… ¿Está mi ahijado bien? ¿Dónde está? ¿Con quién ha crecido? ¿Es feliz?- Fueron muchas de las preguntas, antes de que el gobblin le dijera que se las guardara para más tarde, puesto que serían respondidas por el propio señor Potter.

Con eso dicho y hecho fue escoltado fuera de los tribunales hacia la nación, para poder recuperarse de la experiencia sufrida el día de hoy.

El Wizengamot en su completa sabiduría decidieron hacer un descanso de una hora para descansar e ir a comer algo, lo cual Harry fue escoltado por aurores del ministerio y guardias de la nación gobblin a la cafetería, para evitar estragos en contra suya.

El juicio de Harry Potter sería el siguiente y como en el anterior sería a puerta abierta. Para que todo el mundo escuchara su declaración y su condenación.

Harry comió en relativa paz, dado que le interrumpían para desearle suerte en el juicio. Cuando terminó de comer, Harry fue escoltado a las puertas por donde todos los prisioneros pasaban y esperaban a ser llamados.

El rostro de Harry era impasible para cuando las puertas se abrieron revelando el pasillo que conducía hacia una mesa y la silla de interrogatorios.

Se preguntó brevemente si le sentarían allí o le sentarían a la mesa al lado de su abogado Marius Greengrass.

Los aurores que lo dirigían dentro, lo escoltaron hasta la mesa, efectivamente, al no ser un prisionero, ni de Azkaban, ni del ministerio de magia, Harry podía sentarse en la mesa libremente.

Colocando su báculo a un lado, Harry preguntó a Marius tranquilamente, quien se sentaba en su asiento como proxy del proxy.

- Pues al querer dejar un Greengrass se sienta la esposa de Alexander. ¿Por qué lo preguntas?

- Curiosidad. Mientras que se vote por lo que acordamos, no habrá ningún problema.- Dijo Harry tranquilamente, algo que enervó un poco los nervios de Marius.

Defender un cliente como Harry en una situación similar, estaría condenado a tranquilizar a su cliente, pero en este caso, era el cliente quien lo tranquilizaba a él.

- No te preocupes Marius, al final del día te reirás.

- No veo porque he de reírme, Harry te enfrentas a un exilio de dos años al menos. Eso no es bueno, dejarás atrás amigos y aliados, para ¿Qué? Estudiar y prepararte para ser un Maestro en el Concilio, ¿Merece la pena?- Dijo Marius, recibiendo únicamente una sonrisa misteriosa de Harry.

- No habrá declaraciones hasta la finalización del juicio, Marius. Solo decirte que tengo todo planeado y es legal. Tu solo prepárate para lo que esté por venir, por si acaso, en la ley moderna mágica se me ha pasado algo.- Declaró Harry, volviendo a esa seriedad que tanto fascinaban a algunos.

Todo sea dicho, Harry cuando discutió por enésima vez los planes si le exiliaban de Bretaña, con su maestra Sarah Ó Conaill, fue cambiando un poco las alternativas que tenía.

Para empezar, según la ley mágica, ningún menor de edad podía ser juzgado como un adulto, si ese fuera el caso, al menor en cuestión se le concedía automáticamente la emancipación y una amnistía general, al declararle adulto inmediatamente.

Algo que Harry jugaba con ello. Si le condenaban a un exilio que contara con su mayoría de edad para volver a Bretaña, después haría la declaración, de… digamos treinta segundos pasados, que era efectivamente un adulto legal y que su exilio había terminado.

La ley era antigua, tan antigua que a veces se pasaba por alto, pero en este caso le favorecía esa ley y pensaba usarla con todo su poder, puesto que habrían votado y no podrían retractarse una vez hecho.

Cuando estuviera hecho, el banco Gringotts haría una declaración de prensa, diciendo que efectivamente, el Señor Potter, podía hacerse cargo de sus asientos en el Wizengamot, en la junta de gobernadores y llevar sus inversiones como le diera la gana, dado la mayoría de edad, regalada tan gratamente por el ministerio de magia.

Los Señores y Señoras estaban reunidos nuevamente en sus asientos a la espera del juicio de Harry Potter. Un juicio que se esperaba con ansiedad, pues el salvador del mundo mágico le iban a condenar, solo Merlín sabe a qué.

- Bienvenidos todos de nuevo a las salas del Wizengamot. Como habíamos declarado antes, hemos hecho un descanso para comer. Ahora estamos nuevamente reunidos para juzgar a Harry James Potter Emrys por la auto defensa hace dos semanas en el Callejón Diagon. Señor Potter, ¿Cómo se declara?- Preguntó el jefe de magos Titus Ollivander con voz neutra.

- Mi cliente se declara inocente de todos los cargos, salvo, por supuesto, el de defenderse contra un atentado a su vida y libertad.- Declaró Marius al Wizengamot y los jueces.

- Bien, pues este juicio comenzará en breve. Se presentarán los interrogadores, como anteriormente, para que conste en el acta.- Dijo Titus, cediendo la palabra a Amelia y Cornelius Fudge, que había recuperado el color, pero aun así estaba un poco nervioso todavía.

- Como interrogadores del caso contra Harry James Potter Emrys, nos presentamos, Amelia Susan Bones, jefa del departamento de seguridad mágica. Y Cornelius Oswald Fudge, ministro de magia.- Dijo éste último con un mal presentimiento al fijarse en la tranquilidad del muchacho.

Aclarándose la garganta, Cornelius comenzó con el interrogatorio con una pregunta casual.

- Señor Potter ¿Está consciente de que se le juzga por asesinato en medio del Callejón Diagon, aunque sea en defensa propia, como alega?- Preguntó el ministro, interesándose ante la reacción del chico.

- Lo estoy.- Dijo Harry impasiblemente.

- ¿Tomaría Veritaserum, voluntariamente, para saber la verdad de lo sucedido ese día?- Volvió a preguntar el ministro, pensando que se negaría a tomarlo y darle las cosas más fáciles.

Si lo tomaba, podría tomar la oportunidad de preguntar al señor Potter sobre lo que quisiera, en realidad.

Harry miró y debatió internamente que hacer. La verdad sea dicha, no había visto venir esto, si tomaba Veritaserum voluntariamente, tal vez sus planes no resultaran.

Por suerte, su abogado intervino inmediatamente.

- Ministro, debo oponerme al hecho de que quiera administrar Veritaserum a un menor, dado que le podría matar por sobredosis. La poción Veritaserum está únicamente hecha para adultos, con cuerpos totalmente desarrollados. Si es tomada por un niño con el cuerpo sin desarrollar, nos podemos atener que se envenene.- Dijo Marius haciendo callar el rumor que se estaba extendiendo.

- ¿Tiene como demostrarlo, abogado?

- Por supuesto, entre el público se encuentra un experto en pociones y un maestro de Hogwarts, si mi vista no me falla, me aventuraría a que es Severus Snape. El mismo podría declarar el uso de veritaserum en un cuerpo no desarrollado completamente.- Contratacó Marius, haciendo que el aludido se levantara de un asiento en las sombras y saliera a la luz. Algo que discutieron a las espaldas de Harry, por si acaso entraba en sus planes envenenarse. Podía ser muy poderoso, pero su cuerpo no estaba desarrollado completamente y por la mirada breve de sorpresa al enterarse del veritaserum, supuso que no entraba en sus planes, así que habían obrado bien.

Severus atestiguó que el veritaserum podría ser venenoso si se le daba a un menor de edad con el cuerpo, obviamente subdesarrollado. Tal que podría causar la muerte o lesiones físicas y mágicas muy graves.

Harry al ser heredero y dueño de varios asientos en el Wizengamot, el uso del veritaserum fue olvidado rápidamente.

Los Señores que estaban con Dumbledore, algunos querían hacer mal a Harry, pero no lo harían tan públicamente, después de todo había otros medios políticos y no políticos para destruir una persona. Tampoco querían quedar como supuestos asesinos por empujar un poco más la cuestión, así que lo dejaron estar.

- Bien, bueno, señor Potter, empecemos, ¿Le parece?- Dijo Fudge musitando mientras removía intranquilamente los papeles que tenía delante. – Si, bien señor Potter…- Se aclaró la garganta nuevamente y tosió un poco, hasta que intervino Madame Bones.

- Ministro, si le complace, puedo empezar con las cuestiones al señor Potter.

- Claro Amelia, empieza tú, por favor.- Dijo Fudge, suspirando audiblemente y haciendo que algunos sonrieran ante el nerviosismo obvio del ministro.

- ¿Señor Potter, podría decirnos que pasó exactamente aquel día en las escaleras próximas al banco? Un territorio neutral entre la nación gobblin y el ministerio de magia de Bretaña.- Cuestionó Madame Bones con la primera pregunta.

- Por supuesto Madame. Ese día me encontraba de compras en los callejones adyacentes a Diagon junto con mi Maestra Sarah Ó Conaill. Después de hacer nuestras compras, fuimos al banco Gringotts, pues tenía una cita con mi gerente de cuentas, a la que desgraciadamente no pude asistir, debido a trece magos y brujas me esperaban en las escaleras. Dos de los cuales los reconocí inmediatamente, por encontrarme con ellos antes. Esos dos eran William Weasley y Alastor Moody.- Dijo Harry tomando una respiración honda para continuar. – Hablamos o lo que mejor sería dicho, ellos demandaron que me fuera inmediatamente con ellos y les hiciera caso o si no habría consecuencias y al final iría por las malas. Supongo que por las malas para ellos, es conmigo fuertemente herido y sin poder moverme, algo que no resultó.

Obviamente me negué y después de que lanzaran ellos la primera maldición empezamos lo que sería llamado una batalla de supervivencia, puesto que ellos no echaban encantamientos de desarme, como mucha gente dijo después.

Justo antes de que empezara la pelea, dije a mi maestra que fuera a Gringotts a avisar, por si podían no dejar salir a la gente que había entrado en el banco y si lo necesitara, que salieran a ayudarme…

- ¿Ayudarle señor Potter? ¿Por qué bestias inmundas como los gobblins, ayudarían a un sucio mestizo como tú?- Preguntó la cara sapo, es decir, Madame Umbridge interrumpiendo a Harry el relato de lo sucedido ese día, o al menos algo de lo sucedido.

Harry no quería entrar en demasiados detalles para no aburrir al tribunal.

- Si, para ayudarme, Madame.- Contestó Harry ante el visto bueno de Marius. – Verá la nación gobblin y la familia Potter son aliados y amigos. Si insulta a ellos me insulta a mí, ¿Comprende?

- ¿Y qué? No tienes…

- Señores y Señoras del Wizengamot, propongo en este momento que se expulse a Madame Umbridge por insubordinación y desacato en el juicio. Además mi cliente denuncia a la familia Umbridge por mentiras, insultos raciales y calumnias en su contra y la de sus aliados.- Dijo Marius harto de que esa arpía no obedeciera las órdenes dadas por el jefe de magos.

Como no había nadie que se opusiera, los aurores fueron llamados para escoltar a la subsecretaria del ministro fuera del Wizengamot y llevarla a una celda de detención, al menos hasta que el juicio terminara.

Con muchos susurros en favor de la acción tomada, viendo por fin como esa perra se iba por la puerta trasera, el juicio continuó como si nada hubiera pasado.

- Por favor, continúe señor Potter y disculpe la interrupción.- Dijo Amelia con tono de disculpa.

- Para nada, madame Bones. Como iba diciendo pedí a mi maestra que fuera al banco, por su protección y por la de los demás y como he declarado antes, para que si en caso de necesitarlo, mis aliados en la nación gobblin mandaran ayuda.

Después de erigir una barrera protectora para los viandantes no salieran dañados por los hechizos y maldiciones, me atacaron y la batalla comenzó. Al principio solo podía defenderme, hasta que levanté un muro e hice unos pocos Golems de piedra.

Después de eso, todo se volvió un poco borroso para mí. Recuerdo haber matado a uno de sus miembros, es decir, a uno de los hombres de Dumbledore en mi propia defensa.

Luego más tarde, el mismo Albus Dumbledore llegó e hizo lo mismo que el señor Moody, amenazarme con llevarme por la fuerza y obligarme a obedecerle. En caso contrario, bueno todos sabemos que ocurrió.

Me negué y la batalla nuevamente estalló, pero esta vez aliados de la nación gobblin ayudaron, conjuntamente con aliados hechiceros y druidas.

La batalla duró solamente hasta que la barrera protectora cayó con mi último hechizo, uno de la magia antigua. Y lo demás es historia, como se suele decir.- Terminó de contar Harry serenamente, como si del clima estuviera hablando.

El silencio se hizo en la sala, una cosa era oír lo que pasó por terceros, otra muy distinta por el mismo que se batió en duelo por casi más de treinta o cincuenta magos a la vez. O eso es lo que decían, de todas formas, muchos estaban impresionados.

- Entonces, ¿Afirma que el primero en lanzar una maldición, fue uno de los hombres del señor Moody?

- Sí, lo afirmo.

- También afirma que mató ese día.

- Sí, lo hice. En defensa propia, pero lo hice.

- ¿Sabe que matar a otro ser humano está prohibido y es condenación a Azkaban?- Preguntó Cornelius, sonriendo ligeramente.

- Tanto como atacar más de diez magos adultos a un niño en plena calle, en pleno día.- Interrumpió Marius la pregunta del ministro Fudge.

La sonrisa de Cornelius se desvaneció al ver la mirada que le enviaba Madame Bones.

- ¿Tiene algo más que añadir, señor Potter?- Preguntó Amelia Bones, mirando curiosa.

- No en este momento.- Respondió Harry sucintamente.

- Entonces este cuerpo irá a votar y tomar una decisión en cuanto a su castigo señor Potter. Aunque haya matado en defensa propia, el hecho es que ha quitado vidas de hombres inocentes, que solo seguían ordenes.- Dijo, levantando una barrera de sonido para que los miembros del Wizengamot debatieran que hacer con Harry.

Algunos de los miembros querían condenarlo de por vida a Azkaban, pero eso no iba a suceder, pues el ministro y muchos otros perderían poder político enorme y la sociedad se les vendría encima, por condenar a un niño que solo se defendía.

Después de una hora y media de debate y discusión, se llegó al acuerdo de que Harry Potter sería expulsado del mundo mágico de Bretaña, en un exilio.

Con las condiciones de que solo podría volver en cuanto alcanzara la mayoría de edad o se sacara los TIMOS y EXTASIS, algo que todos estuvieron de acuerdo.

Los que iban en contra de Harry, las familias oscuras y las que apoyaban a Dumbledore, juntando algunas de los neutrales, estaban de acuerdo en el exilio, dado que le llevaría unos pocos años sacarse la graduación requerida para volver.

Pero olvidaban todos algo muy importante y era que no solo las escuelas mágicas ofrecían la posibilidad de examinarse de esos títulos, sino que los ministerios de magia también.

Por ello cuando Madame Bones levantó la barrera silenciadora, se volvió con una mirada un poco triste en su rostro, al tener que ser portadora de tan malas noticias.

- Este cuerpo ha llegado a un acuerdo en cuanto a su castigo, señor Potter. Es mi deber informarle que el Wizengamot y el ministerio de magia, le condena al exilio de Bretaña mágica por el tiempo, hasta que sea mayor de edad o hasta que se haya sacado los títulos que se ofrecen en las escuelas mágicas, séase los TIMOS y los EXTASIS. ¿Ha entendido, señor Potter?- Preguntó Madame Bones, tras informar de la votación y elección del Wizengamot.

- Perfectamente. ¿Se me permite hacer una declaración?- Preguntó sonriendo ligeramente.

- No es ortodoxo, pero sí, supongo que no pasa nada por su declaración.- Dijo Madame Bones, ante los asentimientos de los Señores y Señoras del Wizengamot.

- Gracias, únicamente, muchas gracias por esa gran y sabia elección.- Dijo Harry levantándose lentamente y viendo con una gran sonrisa como su anzuelo picó.

- ¿Qué quiere decir con eso, señor Potter? Le acabamos de expulsar del mundo mágico.- Dijo Elphias Doge, uno de los grandes amigos y aliados de Albus Dumbledore.

- Es bastante sencillo, Señor…

- Doge, Elphias Doge.- Dijo con aire de suficiencia.

- Gracias, Señor Doge, como decía, es bastante sencillo.- Dijo con su siempre sonrisa plasmando su rostro. – Según las leyes antiguas del consejo de sabios del Wizengamot cuando se creó y posteriormente a las leyes impuestas en el ministerio de magia, un menor de edad no emancipado no se le puede juzgar ni condenar a no ser que éste esté emancipado. Es decir, que gracias a que han olvidado ese pequeño hecho, en cuanto puse un pie en esta sala para asistir a mi propio juicio como un adulto, legalmente por el ministerio de magia y por el Wizengamot de Bretaña, soy ahora y en adelante reconocido como adulto. Es por eso que con gran placer y estima, digamos que han pasado treinta o cincuenta segundos desde mi exilio, ahora que soy adulto, puedo volver de él.- Dijo Harry astutamente a la sala completa.

Una sala que tenían todos las bocas abiertas, esa parte no la habían visto venir, mucho menos que el niño se inventara leyes que ni siquiera existían.

- ¿Tiene pruebas… señor Potter?- Preguntó un temeroso y tembloroso ministro de magia, temiendo que fuera cierto y que le hubieran dado la emancipación y los deberes y derechos de un adulto.

- En efecto, podría pedir a su escriba que fuera a la biblioteca del ministerio y el libro sobre leyes antiguas, que todos y cada uno de los fundadores del Wizengamot actual tienen en sus bibliotecas, como muchos saben. Debe de haber una copia en dicha biblioteca del ministerio.- Dijo Harry, el cual el escriba miró con interrogación plasmada en su rostro.

- Por favor, vaya escriba.- Ordenó Madame Bones. – Mientras esperamos al escriba, podría iluminarnos su abogado si esta ley es cierta.- Pidió Madame Bones.

- Temo decir, Madame, que en leyes antiguas o tan antiguas como esa y que se da por hecho que se siguen, no soy un experto. Sí que sé que es ilegal condenar a un menor de edad no emancipado, sobre todo al exilio, pero de ahí a recibir una vez citado aquí, la mayoría de edad al momento, no estoy seguro. Lo lamento.- Se disculpó sinceramente Marius.

- No hay problema, señor Greengrass. ¿Dígame señor Potter, en que consiste realmente esa ley y como interviene en su exilio?- Preguntó nuevamente Madame Bones, esta vez muy intrigada.

Con los ojos brillando por la sonrisa que plasmaba en su rostro, un cierto parecido con Albus Dumbledore, pensaron algunos, Harry fue a declarar, cuando en ese momento, entró corriendo el escriba con el bibliotecario de la biblioteca del ministerio de magia y en sus manos cargando un libro bastante anticuado y viejo, pero en buenas condiciones, gracias a la magia.

- Ministro, Madame Bones, el bibliotecario ha decidido venir por su cuenta para que el libro de leyes no sea maltratado.- Dijo el escriba un tanto ofendido por el simple hecho de que fueran a maltratar un libro. Como todo escriba que era, amaba los libros también.

Con asentimientos de cabeza, se le pidió al escriba que buscara esa ley en particular, algo que consultó con el bibliotecario, el cual solo dio una carcajada alegre y riéndose entre dientes, murmurando cuan astuto era el niño, abrió el libro por la página, sin tener que buscar y ahí, entre las leyes de asiento y derecho de conquista, se encontraba la ley de emancipación automática por el ministerio y el Wizengamot, la cual indicaba claramente que si se juzgaba y condenaba a un menor de edad no emancipado, se le estaba concediendo la mayoría de edad requerida para tal acto.

Miradas estupefactas rodearon el Wizengamot. Se habían reunido y votado para nada, pues ya le habían condenado y asegurado su retorno en, como había dicho treinta segundos.

Saliendo de su estupor, Madame Bones se apretó el puente de la nariz y suspiró profundamente, hasta que fue cortada por las carcajadas sonoras de varios Señores del Wizengamot, los cuales asumía perfectamente eran Señor Greengrass, Señor Black, Señor Gaunt, Señor Blue y muchos otros de la alianza, divertidos en extremo por la burla que había hecho Harry Potter Emrys.

- Debo decir señor Potter, que es toda una sorpresa la que nos ha dado. Oficialmente, debo darle la bienvenida nuevamente a Bretaña mágica, tras su exilio de…- Dijo mirando un reloj de bolsillo. -… dos minutos y medio. Es un honor tenerle de vuelta. Ah, también debo felicitarlo por su mayoría de edad.- Dijo Madame Bones, reclinándose contra su asiento.

- ¿Y ya?- Preguntó otro Señor que era aliado de Dumbledore. - ¿No se le vuelve a juzgar?

- En realidad no se puede, porque el señor Potter, perdón, quiero decir, el Señor Potter Emrys, ya ha sido juzgado antes de su exilio y ese juicio era legalmente viable y el único. Por el cual al haber sido condenado, y cumplido con esa condena, creo que el Señor Potter Emrys ha cumplido con la sociedad.- Intervino Marius, saliendo de su propio estupor, inducido por Harry.

Muchos murmuraban en desacuerdo, pero la sonrisa de suficiencia de Harry creció hasta el punto de dar temor a los que se oponían y pedían otro juicio. Con que clases de leyes antiguas saldría el niño, si seguían presionando.

- Está bien, Señor Potter Emrys, bienvenido nuevamente a Bretaña mágica. Espero que pueda sentarse pronto con nosotros en el Wizengamot y no haya rencores.- Dio la bienvenida Regulus Black, junto con muchos otros Señores de la alianza Albion.

En las gradas Sarah se reía junto a Rita, al parecer la periodista no entendía muy bien lo que había pasado, pero sería explicado más tarde por Harry cuando fuera a dar la entrevista, justo después del juicio de Dumbledore.

- Bien Señor Potter Emrys, puede marcharse. Temo decir que el juicio contra Albus Dumbledore se aplazará a dos días. Creo que necesitamos un descanso merecido ante tales sorpresas.- Dijo Titus, haciendo coincidir a muchos que lo único que querían era irse a sus casas a beberse una botella entera de Whiskey de Fuego, para olvidar la tomadura de pelo que habían recibido de Harry.

Harry salió de las cámaras del Wizengamot sonriendo y contento de que sus planes hubieran dado sus frutos. Menos mal que Marius intervino en la cuestión del Veritaserum y no le dosificaron.

Fue una sorpresa para Harry que Severus estuviera presente y acordara con su abogado que ayudara en cuanto al intento de darle la poción de la verdad. No sabía las cuestiones legales en cuanto a ser juzgado, tomando dicha poción.

Él sabía por los retratos en la mansión Potter, las leyes antiguas que reinaban en el Wizengamot, menos mal que el retrato de Ignotus fue de gran ayuda en ese caso, al igual que el de su abuelo, Charlus.

Por desgracia para Harry, su padre James, solo quería que fuera y despotricara contra los viejos. A veces pensaba que el retrato de James era solo un niño en el cuerpo de un adulto, el cual le encantaban únicamente las bromas y la risa.

No entendía como ese hombre fue un auror respetado. Tal vez, cuando estaba vivo era más centrado en los aspectos de la vida cotidiana.

Dejando de pensar en los retratos de la mansión, fue a saludar a los Señores y Señoras de la alianza Albion, los cuales esperaban para felicitarlo por tan astuta treta.

- Felicidades Señor Potter, he de decir que me sorprendió bastante su actuación hoy y su interpretación de las leyes antiguas.- Dijo Madame Longbottom con una sonrisa.

- Gracias Madame Longbottom, pero mi gratitud está con los retratos de mis antepasados Potter, los cuales me advirtieron de las leyes antiguas del Wizengamot, leyes que se tienen que respetar. Es bueno que nadie se dio cuenta de ello, sino, me temo que no tendría el juicio que esperaba y mi… emancipación, hubiera tardado en serme concedida.- Respondió Harry.

- Por ello querías que votáramos por el exilio…- Intervino un pensativo Regulus. – Pero no entiendo ¿Cómo sabías que iba a funcionar?- Preguntó con el ceño fruncido.

- Eso es fácil de responder. Sabía que Madame Bones sería curiosa en cuanto a si era cierto o no lo que decía y lo investigaría. Por suerte para mí, el ministerio posee una biblioteca muy interesante.- Se vio interrumpido por la pregunta de Madame Longbottom.

- ¿Qué quiere decir, Señor Potter?

- ¿Nunca habéis entrado en la biblioteca del ministerio?- Preguntó Harry con una ceja arqueada. – Es curioso, dado que el ministerio posee la mayor colección de libros de artes oscuras, o lo que se denominaban las artes oscuras, antes de la derogación que hice hacer al señor Greengrass, siendo mi proxy en el asiento Potter. La cuestión es que el libro de las primeras leyes estaba allí y viendo que no iba a ser removido, me basé en mi defensa en ello. Suerte tuve que el señor Greengrass interviniera en cuanto a lo de la poción de la verdad, en esa cuestión no sabría lo que hubiera pasado, dado que no hay datos o interpretaciones de la época en cuestión a dicha poción.- Contestó Harry mirando pensativamente en ciertas cuestiones. – Por cierto Regulus, quizás te interese saber, que en la biblioteca del ministerio se encuentran tomos de la familia Black.- Comentó con aire casual Harry.

- ¿Qué? ¿Cómo es eso posible?- Dijo con aire preocupado de que le hubieran robado en algún tiempo atrás. – Voy a la biblioteca inmediatamente para investigar…- Dijo despidiéndose de todos con una ligera inclinación de cabeza y sus escusas.

Mientras tanto Harry continuó hablando con los Señores y Señoras, hasta que la esposa de Regulus le preguntó por si iba a volver a la mansión Black con ellos o se iba a ir directamente a su casa desde el ministerio de magia.

Pensándolo y ponderando la decisión, decidió que sería mejor una vez que supiera del juicio de Dumbledore, actuar en cuanto a sus estudios en Gringotts.

- Sí, creo que iré con vosotros otra vez a vuestra casa. Creo que a Cassie le puede dar un infarto si no le digo nada de lo sucedido.- Dijo con una sonrisa compartida con su madre.

- Parece que le gustas a la joven Cassie, Harry, eres un joven rompecorazones, ¿eh?- Dijo un poco jocosamente Salazar, intentando hacer sonrojar a Harry, metiéndose con él en cuanto a cuestiones de amor.

- La verdad Salazar, no me había fijado en Cassie de esa manera. Tampoco creí que sintiera algo así, según tengo entendido, Celeste no siente nada de eso hacia mí, y pasamos el mismo tiempo juntos.

- Eso se debe a que te considera más como un hermano o un primo muy cercano, que un chico con el que pueda llegar a tener una relación amorosa.- Volvió a intentar Salazar.

- Interesante, de hecho. Tengo que agradecerte habérmelo contado, Salazar. Es posible que no me hubiera dado cuenta. Con tantas cosas y planes en la mente, las cuestiones amorosas se me habían pasado por alto. Dime Miranda, ¿Es necesario que vayamos discutiendo las formas de un contrato de compromiso?- Preguntó Harry, haciendo reír a algunos adultos de que el plan de Salazar de avergonzar a Harry no hubiera funcionado.

- No Harry, si llegara el caso, eso lo discutiríais tú y Regulus. Aunque debo advertirte que intento convencer a Regulus que deje esas costumbres atrás.- Dijo Miranda en un tono serio.

- No te preocupes Miranda, creo que Cassie sería la primera en tener mi piel si le llego a Regulus con esa idea, aunque la otra Cassiopeia por otro lado, se le ve que es de la opinión de seguir las tradiciones, cosa que no está mal.- Con un par de bromas de más Harry se despidió de los Gaunt y Longbottom y se fue con Miranda y Sarah en dirección al atrio a esperar a Regulus.

Cuando llegaron a la mansión Black en el número doce de Grimuald Place, los primeros en recibirlos fueron Alphard y Cassie, seguidos de la tía Cassiopeia.

La primera en preguntar fue Cassie abordando a Harry con un fuerte abrazo y algo de preocupación por si había perdido el juicio.

- ¿Cómo ha ido Harry? ¿Has ganado? ¿Has perdido? ¿Qué ha pasado? Cuéntame.- Dijo rápidamente y casi sin dejar responder al joven hechicero.

Harry por su parte levantó una ceja en señal de cuestionamiento por la rapidez de las preguntas, pensando en lo que le había dicho Salazar de que era posible que Cassie le gustara como un futuro novio.

Moviendo la cabeza para quitarse esos pensamientos, miró a los tres que estaban esperando por las respuestas.

- Ha ido bien el juicio. Sirius es libre y con una indemnización de 10.000 galeones por año. Ahora se está recuperando en el ala médica de la nación gobblin. Por otra parte a lo que se refiere mi juicio, ha ido como estaba planeado.- Dijo haciendo una parada dramática, haciendo resoplar a sus acompañantes. – Formalmente ahora soy un adulto y sí no os preocupéis, voy a Hogwarts otros dos años, por lo menos.- Dijo haciendo sonreír a ambos por las buenas nuevas traídas del Wizengamot.

La tía Cassiopeia por el contrario estaba curiosa en cuanto como fue exactamente el juicio y pidió más detalles, de los cuales entre Regulus, Miranda y Harry les contó todo.

- Entonces eso es bueno, habrá que celebrar que eres libre.- Dijo Cassiopeia, llamando a Kreacher y pidiéndole que trajera vino elfico y Whiskey de fuego para los adultos.

Ahora que Harry era oficialmente un adulto, se le dio también un vaso con el licor de color ámbar.

- ¡Por los planes bien hechos!- Brindó Regulus sonriendo ligeramente, lo cual todos chocaron los vasos y copas juntos y bebieron un sorbo de sus respectivas bebidas.

- Y dime Harry, ahora que piensas hacer que vas a volver a Hogwarts este año.- Cuestionó Miranda.

- Eso es fácil. Vuelvo con Maestra Ó Conaill para continuar mi aprendizaje. En el verano me examinaré de los TIMOS y en tercero de los EXTASIS, para cuarto finalmente dedicarme exclusivamente a preparar mi maestría y los planes equivalentes a la alianza Albion.- Contó Harry muy por encima, no queriendo en un día como hoy, en el que estaba un poco cansado mentalmente, dedicarse a explicar lo que esperaba de su vida.

- Entiendo, pero no crees que eres un poco joven para eso, es decir, ¿Por qué no esperas hasta los diecisiete y terminar Hogwarts?

- Porque ni Dumbledore, ni Voldemort me dejaran tranquilo y cuanto antes acabe la escuela, antes podré trazar los planes de la guerra que se avecina.

- ¿Crees que eres lo suficientemente preparado para llevar una guerra como cabecilla?- Preguntó Cassiopeia con una ceja levantada.

Harry solo sonrió misteriosamente y cambió de tema, excusándose de tener que volver a la mansión Potter.

- Pero, todavía no me has contestado…- Se quejó Cassiopeia.

- Venid a mi casa este fin de semana a comer y ahí discutiremos futuros planes. Mientras tanto, estoy algo cansado hoy. Espero que podáis perdonarme.- Excusó Harry, dejando el vaso medio vacío de Whiskey de fuego.

- Harry espera, la tía Cassie no quería dar a entender…

- No te preocupes, Cassie. No estoy enfadado ni nada por el estilo, realmente ha sido un día largo y lleno de emoción. Necesito un poco de descanso y preparar ciertos negocios con Señor Greengrass.- Comentó Harry distraídamente y suprimiendo un bostezo, tapándose la boca con una mano.

Ciertamente todavía tenía que reunirse con ambos hermanos Greengrass. Con Alexander para negocios en cuanto a las empresas en las que había invertido en Gringotts, en la cual la reunión estaría Gornuk, su gerente.

Y con el hermano para discutir el próximo juicio, que sería el de Dumbledore. Sobre todo, la discusión que tendría era en cuanto a lo que requería el asiento Potter, Gryffindor y Ravenclaw de la votación.

Harry quería a Dumbledore fuera de Hogwarts, pero eso ya estaba hecho gracias en parte a su generosa donación. Y en parte al inminente juicio por intento de secuestro y asesinato. Ahora solo requería ciertas respuestas y pediría que se le administrara veritaserum para conocerlas.

Despidiéndose de la familia Black, entró en la chimenea en dirección a su casa, para ordenar a los elfos que no movieran nada y le prepararan una comida ligera, para poder tomar una pequeña siesta antes de las reuniones.

Nota autor:

Dejo aquí en este punto, los juicios. El siguiente y ultimo será el de Dumbledore el cual se decidirá qué hacer con él.

En el caso de Harry, al principio tenía pensado exiliarle durante dos años, pero al final, creo que le voy a mandar de vuelta en Hogwarts para descubrir la cámara de los secretos y a Petegrew.

Una vez más disculparme por la tardanza en subir el capítulo, pero me quedé un poco bloqueado en cómo seguirle.

Para el próximo capítulo no sé cuándo lo tendré listo, me temo que tengo que estudiar para un examen para este lunes.

Intentaré escribir en los tiempos libres.

Un cordial saludo a todos y todas.