CAPITULO 17

- Madame Bones, mande una escuadra auror a Hogsmeade a investigar a un pub que tiene el nombre de un cerdo.

- ¿Cabeza de cerdo?

- Si, ese. Creo que pueden encontrar evidencia de que Dumbledore ha estado allí.

- ¿Estás seguro?- Preguntó Augusta Longbottom un poco insegura.

- Por supuesto, Bennu ha rastreado el familiar obligado de Dumbledore.

- ¿Obligado? ¿Qué quieres decir con obligado?- Preguntó Regulus y Salazar al mismo tiempo.

- Sabéis, parecéis hermanos los dos hablando a la vez.- Dijo Harry con una sonrisa. – Pero temo que esa historia es para otro día, ahora tengo que ir a Gringotts, cuando salga de allí, Madame Longbottom, la espero ver en San Mungo, para que me lleve a su hijo y nuera.- Terminó de explicar Harry con una sonrisa cómplice y yéndose con Sarah camino del atrio del ministerio, para pasar a través de las chimeneas e ir al Callejón Diagon y por último a Gringotts.

Estaba un poco ansioso por probar esa sala especial del tiempo y el espacio, todo un año para aprender magia y lo que le enseñara Sarah, valdría todo el oro que le pidieran a cambio, pues el poder que traía el conocimiento de la magia, era inmensurable y valía la pena los esfuerzos.

Cuando vieron partir a Harry hacia el atrio del ministerio de magia, Regulus se volvió a sus compañeros y compañeras del Wizengamot.

- Creo Madame Bones, que me gustaría ir a investigar con los aurores.

- Pero querido, eso puede resultar peligroso, no sabemos que es lo que pretende Dumbledore… y si todavía sigue allí.- Protestó su esposa con el ceño fruncido.

- Regulus, tu mujer tiene razón, deja que los aurores se hagan cargo. De todas maneras tengo que hablar con auror Dawlish sobre el incidente con el Señor Potter.- Dijo Amelia con el ceño también fruncido ante la cara decepcionada de Regulus, por no poder asistir a cabeza de puerco con los aurores a investigar.

Augusta se quedó pensativa por lo que le había dicho Harry. Le había pedido que en un día o dos estuviera en San Mungo para llevarlo a ver a los padres de Neville, su nieto, con un propósito que ella no sabía aun y se preguntaba cuál podría ser.

Salazar por el contrario sí que sabía el propósito de Harry para ir a San Mungo y si lo que escucharon en la reunión de la alianza, hace dos días es correcto, Harry se dirigía ahora mismo al banco a probar ese artefacto mágico que le ayudaría con su entrenamiento. Solo podía esperar a ver qué tipo de entrenamiento recibía Harry. Suponía que tanto mágico como físico, dado que Sarah era una maestra dura en el tema, por lo menos lo que pudo descubrir viéndolos interactuar.

Despidiéndose todos de unos de otros y con la promesa de mantenerse en contacto por si se necesitaba algún tipo de ayuda en lo que respecta a Dumbledore o si alguno tenía alguna idea de sacar alguna nueva ley, o incluso por mantenerse al día, se separaron para hacer sus respectivas tareas.

Regulus se fue con su esposa a la casa ancestral de los Black, el número doce de Grimuald Place, a recoger a sus hijos, para ir a ver a Sirius, su hermano a Gringotts. Esperaba que le permitieran el paso y que éste no estuviera muy disgustado con Regulus por el pasado.

Salazar en su lugar se fue con su respectiva esposa a visitar la tienda en el Callejón Aurum, tenía cierta curiosidad por saber cómo le iba a la nueva encargada.

También quería pasarse por Gringotts para hablar con su gerente de cuentas, acerca de sus riquezas en formación.

Luego, llevaría a Amanda a cenar a algún sitio bonito y disfrutarían de una velada a solas sin los niños. Niños que estaban siendo cuidados por uno de los elfos domésticos que pudieron permitirse los Gaunt.

Por otra parte Augusta se fue inmediatamente a la mansión Longbottom a meditar sobre los acontecimientos recientes en el Wizengamot.

Para ella que pensaba que lo había visto todo y que el Wizengamot sería como siempre lo había sido, aburrido, estaba viendo que estaba equivocada y que poco a poco el Wizengamot se iba volviendo más interesante. Ahora que el Señor Potter Emrys, se había hecho con su asiento, estaba segura que más pronto que tarde, empezaría a sacar proyectos de ley para la causa de Albion.

Las leyes que estaban vigentes y fueron sacadas por Albus cuando dijo que era proxy de la familia Potter, ahora estaban destruidas y las llamadas artes oscuras de Dumbledore eran legales utilizarlas nuevamente.

Por fin podría hacer de nuevo los rituales de Samhain y Yule, además los de Beltane. También podría iniciar a su joven nieto en dichos rituales. Aunque ahora que lo pensaba de su nieto, veía a Neville un poco decaído y triste, tendría que investigar al respecto más adelante.

Harry y Sarah se dirigieron al Callejón Diagon en un silencio cómodo que ambos disfrutaban. Sarah iba pensando que poco le quedaba por enseñar a su joven aprendiz y por ello estaba un poco triste. Si bien le vendría muy bien a Emrys entrar en esa sala especial, ella no tenía muchas ganas de ir, porque sabía que una vez que salieran, no tendría nada más que enseñarle, puesto que la magia de la antigua religión, la dominaba, no a nivel maestro, pero sí con bastante fuerza y poder.

Gracias a los tomos que compraba, Harry y un poco de lo que aprendía de los duelos que veía con Sarah, iba dominando poco a poco la magia antigua. La magia nueva, tampoco es que le pudiera enseñar mucho, dado que pasaba lo mismo que con la de la antigua religión.

Pensando que tal vez podría convencer a Harry de que no pasara a la sala especial, lo miró a la cara pero no pudo ver lo que mostraba sus emociones debido a la Oclumancia que en todo momento practicaba.

Mordiéndose el labio inferior con un poco de nerviosismo, intentó muchas veces entablar conversación con él, pero debido a los viajes por polvos Flú y que estaban llegando a Gringotts, dejó pasar la oportunidad.

Tal vez, cuando estuvieran en la sala del espacio y el tiempo, tendría el valor de decirle que no quería alejarse de él, para ella, Harry era como un hermano pequeño y le había cogido cariño a su forma de coquetear tan inocente.

- Por fin llegamos Maestra Ó Conaill.- Dijo Harry volviéndose hacia su maestra con una sonrisa de medio lado, pero pronto se le quitó viéndola que estaba un poco nerviosa. - ¿Qué te ocurre, Maestra?- Preguntó un poco preocupado.

- Nada Harry, es solo que ¿Estás seguro de querer entrar en la sala? Cuando estemos dentro, avanzaras todo un año y quedará poco para que te pueda enseñar personalmente…

- Ya veo. ¿Te preocupa que no dependa más de ti?

- Yo… si, supongo que te he cogido bastante cariño Harry.- Dijo Sarah con una mirada triste dibujada en su rostro.

Harry asintió y la retiró un poco de la multitud, antes de entrar en el banco de Gringotts, levantando una barrera de privacidad, usando la magia antigua.

- Verás Sarah, aunque termine mi aprendizaje contigo, siempre tendrás tu habitación en la mansión Potter y serás bienvenida, siempre que quieras quedarte.

- Pero Harry…

- Ni peros ni nada.- Dijo con una sonrisa y ojos brillantes. – Además yo también te he cogido cierto cariño. Pero no me malinterpretes, te he cogido cariño, como si fueras una hermana mayor o algo por el estilo.

- Tranquilo Harry, no te malinterpreto, me pasa similar que a ti. Y te doy las gracias por permitirme que me quede, pero es tu casa y no estoy segura de si debo…

- Tonterías Sarah, has estado viviendo conmigo ¿Qué? Un par de meses, pero en ese par de meses hemos tenido unas cuantas aventuras. Además tenemos un duelo pendiente, cuando me convierta en Maestro Hechicero.

- ¿Tenemos? Que yo sepa no he acordado nada aún.- Dijo Sarah quitando la barrera de privacidad y yendo mucho más contenta hacia las escaleras del banco.

Harry suspiró, al parecer las mujeres eran un poco difíciles de comprender, al momento estaban tristes y deprimidas y unas palabras después, contentas y alegres. Aunque se preguntaba de dónde sacó Sarah la idea de que la iba a dejar fuera de su vida. Ahora que tenía lo más parecido a una familia, no pensaba dejarlos escapar tan fácilmente.

Cierto Regulus era una especie de primo segundo y Salazar algo parecido, un poco más lejano, pero parecido. Suerte que los llamados Sangre Pura estuvieran emparentados entre sí, sino puede que aún estuviera solo, bueno no tan solo, tenía a Sarah.

Pensando en Sarah y el cariño que la había cogido, al principio estuvo tentado de pedirle que cuando creciera un poco más en cuerpo, saliera con él, pero a medida que se iban conociendo, la prefería mucho mejor como una amiga y una "hermana" mayor.

Después de todo la diferencia de edad entre Sarah y él, era muy grande. Es cierto que el mundo mágico no tenía esos prejuicios, pero aun así, Harry era del pensamiento de esperar unos años a ver qué ocurría.

También se había dado cuenta de cómo lo trataba Cassiopeia, con tanto mimo y tanta mirada de soslayo.

Le divertía que la hermana de Alphard sintiera algo por él, pero así eran las cosas del corazón, algo que intentaba con todas sus fuerzas entender y comprender, pero que aún se le escapaba, ya sea porque todavía no era lo suficientemente maduro o por la niñez que tuvo con las bestias llamadas Dursley.

Ese era otro aspecto que quería sacar de su vida, cuando saliera de la sala del tiempo y el espacio, tal vez hiciera una visita a los muggles, pero no una visita cordial, sino una visita que los llevaría directamente a la tumba y podría cerrar esa etapa de su vida.

Pero, primero tenía que ir, paso por paso y el primer paso de todos ellos era asistir a una reunión con Gornuk y Ragnok para establecer las normas que tendría que acatar en cuanto a su inminente entrada en la sala del espacio y el tiempo.

Saliendo de sus reflexiones, se dio cuenta que habían llegado a las escaleras del banco, dando una inclinación de cabeza a los guardias gobblin que custodiaban la entrada, pasó dentro del banco y se dirigió a un cajero que estuviera vacío, relativamente, puesto que los gobblins casi nunca estaban ociosos.

Esperando a que el cajero gobblin levantara la vista y le diera el visto bueno para acercarse y hablar con él.

- Adelante mago, que puede hacer Gringotts para ayudarle.- Dijo el gobblin un poco hosco, sin reconocer a los dos hechiceros delante suyo.

Con una mueca por ser reconocido como un mago, pero dando una sonrisa rápida al gobblin, Harry se acercó rápidamente.

- Buenas tardes, Maestro gobblin, que su oro fluya eternamente.- Saludó tradicionalmente, como los gobblins guardias apostados le explicaron que a ellos les gustaba saludarse.

El gobblin levantó la mirada de sus papeles, asombrado del mago… no, espera, no era un mago común, era ¡Emrys! ¿Cómo no se había dado cuenta?

- Disculpe, Señor Potter Emrys, no le reconocí…

- No se preocupe, supongo que tendrá mucho trabajo que hacer y es comprensible.- Dijo Harry moviendo la mano, restándole importancia.

- Dígame, ¿Qué puede hacer Gringotts por usted, Señor Potter Emrys?

- Quería ver si el Rey Ragnok y mi gerente de cuentas Gornuk se podrían reunir conmigo, en una reunión improvisada. Sé que tengo que concertar una cita, pero hay algunas cosas que deberían de ser tratadas.- Explicó Harry al maestro gobblin, el cual asentía afirmativamente, dando a entender que comprendía su petición.

- Entiendo, veré lo que puedo hacer. Si me sigue un momento, podemos ir a una sala de reuniones especial y allí puede esperar hasta que le llamen.- Dijo el cajero gobblin, saltando del banco y encaminándose por el banco hacia las salas de reuniones, sin mirar atrás y ver si le seguían.

Harry y Sarah, acostumbrados a las costumbres de los gobblins, siguieron al cajero hacia la sala de reuniones, por los pasillos de Gringotts.

Cuando llegaron a la sala, divisaron dos enormes puertas de madera con lo que parecían líneas tribales doradas y plateadas.

Harry supuso que las puertas tenían filamentos de oro y plata, lo cual no sorprendió al joven hechicero en absoluto, si había una raza que pudiera hacer tal obra maestra con los minerales, eran los gobblins y los enanos.

Por desgracia los enanos, se decía que Vivian en las montañas y nunca o casi nunca salían de allí. Una lástima, ya que a Harry le hubiera gustado conocer a esa raza de guerreros y mineros.

El cajero gobblin abrió las puertas y los dejó entrar en la sala de reuniones, donde se sentaron en una mesa rectangular y bastante larga, en la cual aparecieron unos refrescos y bocadillos para que tomaran, mientras esperaban.

En las paredes había adornos de batallas pasadas y tapices en los cuales relataban tanto las victorias, como las derrotas de las guerras gobblin.

Estando un día aquí, Harry estaba seguro que podía aprender más de la cultura gobblin y de su propia historia, que escuchando al fantasma Binns, por suerte para él, según tenía entendido, los gobernadores de Hogwarts habían decidido exorcizar al profesor fantasma de historia de la magia y contratar a un vivo.

También tenía entendido que la clase de defensa contra las artes oscuras, fue liberada de la "maldición" que habitaba el puesto, maldición que se encargó Dumbledore de fomentar al descubrir que le venía mucho mejor un profesor incompetente para los alumnos, para así no darles el conocimiento que merecían y que éstos no fueran más poderosos o incluso tuvieran el mínimo de conocimiento para defenderse, que él, Albus Dumbledore.

Esto fue cambiado cuando la maldición fue quitada y tres profesores competentes fueron buscados.

Si bien las clases seguirían compartidas con las casas, se necesitaría de dos maestros en artes oscuras para que dieran clases a las dos casas por separadas y el último sería para dar las clases de nivel EXTASIS, un trabajo sencillo y eficaz. Lo mismo sucedería para cada materia que había en Hogwarts, más las nuevas, no tan nuevas.

Esto quería decir que la clase de defensa contra las artes oscuras, fue renombrada a su nombre original y se la llamó Artes Oscuras. Dentro de esa clase, habría Defensa y Ataque.

Luego se requeriría desde primer año hasta quinto la clase de Runas Antiguas, por si en tercer año había algún estudiante que eligiera tomar Alquimia, Nigromancia, Creación de encantamientos y otras clases derivadas de las Runas.

También se metió clases de política y costumbres del mundo mágico, tales así como Rituales, etiqueta, comportamiento, etc.

Las clases de Aritmancia, Pociones, Encantamientos, Transfiguración, Cuidado de criaturas mágicas y Teoría mágica se dejaron como estaban, contratando más profesores para impartirlas y ayudar a los profesores que las daban, por supuesto, haciendo como en Artes Oscuras.

En el nivel de Alquimia fue un poco más complicado encontrar alquimistas que fueran del territorio Britano, pues Dumbledore ya se encargó de ellos cuando entró como director y la última guerra contra Voldemort, los obligó a exiliarse de Bretaña, pero con la ayuda del Concilio Druida-Hechicero a la junta de gobernadores, pudieron encontrar tres Maestros alquimistas, entre ellos el propio Nicholas Flamel.

Algo que accedió únicamente como favor hacia Emrys, pues sabía que el chico estaría en la escuela y se beneficiaría mucho de sus clases.

Otras clases fueron añadidas, tales como Estudios Mágicos que serían impartidas a los estudiantes nacidos de muggles y mestizos, criados éstos últimos por muggles. Tenían que enseñar a todas las generaciones que entraban en el mundo mágico, que ciertos temas no eran oscuros ni malévolos, como también debían enseñar a los hijos de muggles que ponían tantas pegas a la hora de entrar en el mundo de los magos, hechiceros y druidas, que tenían que aceptar sus costumbres y no intentar cambiarlas o adaptar las suyas propias al mundo mágico, como las fiestas.

Las fiestas de Halloween y Navidad fueron canceladas en Hogwarts y ahora serían las fiestas tradicionales de Samhain, Yule y Beltane.

En lo que respecta a las clases de vuelo, ahora que la escuela tenía más fondos, gracias a la donación de Harry, pudo comprar escobas mejores y más modernas, para enseñar a volar a los primeros años que entraban.

Los equipos de Quidditch se les dio un presupuesto para comprar a su jugadores, escobas nuevas, pero esas escobas se quedarían en los almacenes de las casas para otros jugadores nuevos que entraran.

Es decir, que esas escobas eran de la escuela y no podían ser llevadas a los hogares de los jugadores, ya que eso conllevaría la acusación de robo de materiales de la escuela.

Las cuatro casas de Hogwarts ganaron en tener más oportunidades de ganar la copa de Quidditch ahora que todas estaban a la par.

Siguiendo con las casas de Hogwarts, se contrató a un arquitecto gobblin para que revisara la estructura del castillo y de las casas dentro. Para ver si tenían que reparar lo que fuera reparado o renovar lo que fuera renovado.

Harry que había conseguido ver como se hizo el mapa de los merodeadores, lo desactivó y lo guardó en un cajón fuertemente sellado, junto con la capa de Invisibilidad, que ahora reconocía como una de las reliquias de la muerte y su varita, comprada en la tienda de focos de Titus Ollivander.

En definitiva, Hogwarts estaba mejorando poco a poco y ahora la seguridad en el castillo estaba siendo probada y las salas desactivadas por generaciones de directores, estaban siendo examinadas y volviendo a colocarlas donde deberían de estar, es decir, en activo.

Pensando ligeramente en las reliquias de la muerte, Harry se tomó una nota mental de investigar la historia. No la historia de los tres artefactos, sino la historia en sí, de donde venía el cuento, porque si había algo que no se creía, era el hecho de que la muerte se apareciera en la época de los hermanos Peverell y les diera únicamente a ellos sus tres reliquias, advirtiéndoles que si las juntaban, podían ser el maestro de la muerte.

Esas reliquias debían de ser más antiguas que esa parte de la historia, estaba seguro. Pero tendría que encontrar menciones en los anales de la historia, para corroborarlo y por desgracia no conocía ningún historiador que tuviera el tiempo o la paciencia de ir tan atrás en la misma y dicha historia.

Mirando a Sarah, la vio que también estaba meditativa y se preguntó brevemente que sería lo que estaría pensando su joven y hermosa maestra.

- Maestra Ó Conaill, te veo un poco meditativa y callada. ¿Puedo preguntar en que piensas?- Cuestionó intrigado Harry a su maestra, la cual le dio una sonrisa y le revolvió el cabello.

- Puedes preguntar Aprendiz Emrys, pero es posible que no conteste.- Harry le devolvió la sonrisa y asintió con la cabeza únicamente. Si quería saber lo que le pasaba, una de dos. Ella misma le diría o tendría que preguntar directamente y arriesgarse a una reprimenda de Maestra-Aprendiz.

Antes de que Sarah pudiera hablar o decir cualquier otra cosa, las puertas de la sala se abrieron de golpe y tanto el gerente de cuentas Potter y el Rey Ragnok entraron en la sala, saludando a los dos hechiceros.

- Saludos Hechicero Emrys, hechicera Ó Conaill, que vuestros enemigos prueben el filo de vuestras hojas y sean ensartados por ellas.

- Saludos, Majestad. Y que los suyos mueran empalados en vuestras lanzas y picas.- Devolvieron ambos hechiceros.

Para el saludo de Gerente de cuentas, fue distinto y no tan… violento, si se pudiera decir esa palabra.

- Saludos Señor Potter Emrys, que sus bóvedas se llenen con el oro de sus enemigos. Saludos señorita Ó Conaill, que su oro fluya sin parar.- Saludó Gornuk con una sonrisa afilada.

- Saludos Maestro Gornuk, Gerente de cuentas Potter, que su oro fluya y sus enemigos caigan ante su hacha de guerra.- Devolvió el saludo Sarah y Harry dando uno parecido.

Habiendo terminado de saludarse cordialmente, ambos gobblins se sentaron en sus respectivas sillas y pidieron un poco de su bebida, algo parecido a la cerveza, pero más fuerte.

Ofreciendo a Harry, y éste declinando, diciendo que había comido los bocadillos ofrecidos y la bebida, pasó a temas más serios.

Reclinándose todos en sus asientos Harry fue el primero en hablar.

- Señor Gornuk, es un placer que lleve las cuentas de la familia Potter, gracias a su gestión asombrosa, he podido observar que el patrimonio Potter ha aumentado desde el último año enormemente.- Agradeció primero a Gornuk el cual solo asintió con una sonrisa llena de orgullo. No solo el patrimonio Potter había aumentado, sino que también los patrimonios del banco y el suyo propio del tanto por ciento, establecido por el banco que se llevaba.

- Gracias Señor Potter Emrys, es para mí un gran placer y honor servir de ayuda.

- Bien, es bueno escucharlo, porque me gustaría que siguiera llevando mis cuentas, si es posible. Temo que sigo sin entender los entresijos de las finanzas y puede que nunca lo haga.- Dijo Harry poniendo mala cara, puesto que muchas veces en sus ratos libres de entrenamiento físico y mágico, había intentado aprender finanzas, pero desgraciadamente no terminaba de comprender los conceptos.

- No se preocupe Señor Potter Emrys, me haré cargo de sus finanzas e inversiones con gusto. Hablando de inversiones, me he tomado la libertad de invertir en varias empresas innovadoras en el extranjero, así como empresas de escobas y alfombras voladoras. Ha salido un nuevo deporte de riesgos sobre ambos artilugios y también he tomado la libertad de invertir en él, creo que podrá ser beneficioso para ambos.

- Estupendo señor Gornuk, se lo dejo en sus manos capaces. Estoy seguro que con usted, tanto los patrimonios Potter, como el del banco y el suyo propio aumentaran. Por otra parte, Majestad, me gustaría hacer uso, si es posible, por supuesto, de la sala tan especial que ustedes poseen. La sala del espacio y el tiempo.

- Veo. Y ¿Para cuándo querrías utilizarla?

- Lo más pronto posible. Imagino que tendré que prepararme, así como suministros y todo material que quiera llevar conmigo.

- Exactamente, suministros como comida y bebida lo proporciona la sala, pero lo que es ropa, utensilios de aseo personal, libros, herramientas, etc. tiene que llevarlo usted. También he de advertirle que la sala solo acepta la entrada de dos personas. Es una restricción que no se ha podido aumentar, dada la magia que tendría que ser puesta en ella es inmensa. Otra de las restricciones que tiene esa sala es que si se pasa más de cuarenta y ocho horas en ella, es decir, cuarenta y ocho de nuestras horas, la puerta de salida, desaparecerá y usted y el que esté dentro os quedareis encerrados para siempre.

- Entiendo, no más de cuarenta y ocho horas.

- Sí, en la sala serían dos años. Dado que un año dentro, son veinticuatro horas fuera.

- De acuerdo majestad, ¿Para cuándo tendría la sala preparada?

- De aquí a dos días como mínimo, como máximo para el mes que viene.

- Así que más o menos en agosto. Pensándolo bien, no os preocupéis mucho, majestad si en agosto está preparada la sala, que sea así, de todas formas me gustaría hacer unas cuantas cosas antes de entrar.

- ¿Puedo preguntar qué? Te veías muy interesado en entrar en cuanto antes.

- Cierto, pero ahora que me ha dicho que tengo que preparar lo que vaya a necesitar, he de hablar con Maestro Flamel sobre que libros de Alquimia, al menos en la teoría puedo llevar conmigo y que más necesito. También me gustaría hablar con el retrato de Ignotus Peverell en cuestión de otro tema que me interesa. La nigromancia.

- ¿Qué? ¡Nigromancia! Harry eso es muy peligroso, te podrías perder entre ambos mundos… lo siento, pero te prohíbo que aprendas ese tema. Mientras que estés bajo mi aprendizaje, al menos.

- ¿Pero porque? ¿No ves que si todavía hay alguien que me prohíba aprender algo, lo voy a hacer de todas maneras? Aunque sea en secreto.- Dijo Harry con el ceño fruncido ante la terquedad ahora de Sarah por evitarle aprender sobre el arte de la nigromancia.

- Harry, se un poco de nigromancia yo misma, al menos en lo que respecta la teoría. Yo de joven también fui curiosa y mi maestro me explicó algunos de los conceptos más básicos. La nigromancia no es… como decirlo, un arte que se aprenda de la noche a la mañana. Es peligroso y volátil, aparte que está lleno de rituales que tendrás que hacer. Sí tiene sus cosas buenas, como las maldiciones y hechizos nigrománticos que en una batalla pueden ser cruciales, pero el precio que tienes que pagar por utilizar las artes nigrománticas es demasiado alto.

- ¿Qué precio se debe pagar?

- La verdad, no lo sé.

- ¿Y porque dices que se ha de pagar un precio, si no lo sabes?

- Porque mi antiguo maestro, sí que lo sabía, dado que realizaba algunos rituales nigrománticos. Así que de momento te voy a pedir que por favor, tengas paciencia y esperes a una edad más avanzada en la cual tengas más experiencia. Si quieres, creo que la biblioteca Potter tiene solamente textos explicativos sobre que trata la nigromancia. Podemos pedir a Ignotus que te deje leer esos, para saciar tu curiosidad, pero tienes terminantemente prohibido aprender el arte de la nigromancia.- Dijo Sarah, dando por zanjado el tema, dado que no era ni el momento ni el lugar para ello.

- Bien, respetaré tu deseo, maestra. Mmm… pensándolo bien si no puedo aprender la nigromancia de momento, entonces será mejor que compre nuevos textos en la magia de la antigua religión, textos más avanzados de los que tengo.

- Eres casi un experto en lanzar magia de la antigua religión, que más quieres.- Dijo una exasperada Sarah, al paso que iba Harry, no habría hechicero o druida que pudiera soñar en ganar al joven.

- Conocimiento, maestra, conocimiento es lo que quiero.

- Tanta sed de conocimiento… y no eres un Ravenclaw, ¿Cómo es posible?- Preguntó un curioso Rey gobblin.

- Lo mismo dijo el sombrero seleccionador, pero a diferencia de los Ravenclaw, yo atesoro el conocimiento, sí, pero también lo comparto con aquellos a los que llamo amigos o aliados. Eso te lo puede decir mi maestra, Majestad Ragnok.- Terminó Harry con una sonrisa un poco descarada adornando sus facciones.

La risa de los gobblins no se hizo esperar y fuertes carcajadas fueron escuchadas, a las cuales las risas de Harry y Sarah se les unieron poco después.

Al final se acordó que Harry vendría a últimos de mes, sobre el día treinta o veintinueve de julio, para que pudiera acceder a la sala del tiempo y salir o bien un día antes de su cumpleaños o en el mismo día de su cumpleaños, algo que había olvidado por completo, maldita mala costumbre de los muggles.

También preguntó sobre un historiador gobblin, si lo había y desde hace cuánto se llevaban los registros de la historia.

Por desgracia para Harry, los historiadores gobblin llevaban casi únicamente los anales de la historia gobblin, como es de suponer. Solamente unos pocos hechos aislados eran llevados por ellos fuera de su propia historia.

Aunque fuera así, pidió por pura curiosidad si era posible para el aprender sobre la historia de la nación gobblin y sus aliados.

Ragnok le prometió que le daría copias de los tomos, solo si el consejo de ancianos gobblin accedía a la extraña petición.

Cuando salieron del banco de Gringotts, los hechiceros se dirigieron al Callejón Aurum a la tienda de Erick.

Caminando lentamente por los callejones Diagon y Aurum, viendo las tiendas y pasando Sarah a unas pocas para hacer pedidos de ropa y lencería que necesitaba, por supuesto, Harry pagaba por ello, dado que en un principio ella se negaba, pero como Harry bien había dicho, quería hacerle un regalo por su paciencia para con él.

- No es paciencia Harry, es mi trabajo, pero si de verdad quieres obsequiarme, ¿Quién soy para impedirlo?- Dijo con una enorme sonrisa y dándole un beso en la mejilla.

Un poco más contenta, finalmente llegaron a la tienda que Harry tanto quería y pasaron los dos.

La tienda estaba como las otras veces, llenas de textos sobre ambas magias, la antigua y la nueva y Harry, sabiendo lo que necesitaba, fue directamente a por los tomos, mientras que Sarah conversaba alegremente con Erick sobre el aprendizaje de Harry y lo que parecía tan calmado con la noticia de que el viejo mago manipulador, Albus Dumbledore, hubiera escapado de su castigo, enfrente de todo el Wizengamot.

Cuando por fin había terminado Harry de amontonar libros y libros sobre la magia de la antigua religión, tomos tan antiguos como el mismo castillo de Hogwarts, por lo que le advirtió Erick de que le saldría un poco caro y tal vez tuviera que aprender las lenguas muertas que ya no se usaban, para aprender de los tomos.

Harry preguntó si había libros o tomos que enseñaran el alfabeto y como utilizar dicho alfabeto para aprenderlas.

La respuesta de Erick fue un encogimiento de hombros, dado que el solo se encargaba de la magia teórica y algo de práctica.

Ante la evidente mirada de desconcierto por el nombramiento de la práctica, Erick le mostró muñecos de entrenamiento para que pudiera practicar ambas magias.

También se llevó unos pocos y llamó a su elfo domestico Dobby, ya que Cronos estaba a pocos días de la jubilación élficas.

Erick le aconsejó que utilizara los muñecos de práctica sabiamente, es decir, que empezara por los niveles más bajos y fuera subiendo a medida que lo necesitara, algo que Sarah concordó y aceptó de buen grado, ya que los ayudarían en el aprendizaje de Harry.

Cuando Dobby llegó sus ojos se le abrieron de par en par ante la visión de tantos libros y muñecos en miniatura que había en el mostrador.

- ¿Qué puede hacer Dobby por Maestro Potter?- Preguntó el elfo un poco nervioso ante la extrema cantidad que había.

- Dobby gracias por venir, podrías llevarte todos los libros y tomos que hay en la mesa y las mesas circundantes a la biblioteca de la mansión y los muñecos de prácticas a la sala que Maestra Ó Conaill y yo utilizamos o utilizaremos mejor dicho, cuando las temperaturas en los jardines sean demasiado bajas para entrenar.- Pidió Harry a un elfo cada vez más asombrado, su maestro debió haber gastado una pequeña gran fortuna en todo lo que veía.

- Por supuesto Maestro, pero ¿Son todos los libros y tomos de las cuatro mesas y las de atrás?- Pidió el elfo para asegurarse.

- Si Dobby, Erick te irá diciendo cuales son los que te tienes que llevar o hasta donde tienes que llevarte, si no puede atenderte. Muchas gracias. Por cierto, toma dinero de la bóveda de confianza y compra un par de baúles de siete compartimentos, para guardar libros y tomos únicamente.

- De acuerdo maestro… creo que la biblioteca tendría que ser agrandada un poco más o incluso comprar más baúles…- Dijo un Dobby un poco avergonzado.

- Entonces compra los baúles que creas correspondientes.- Instruyó Harry con un ligero rubor, por su amor al conocimiento y la lectura.

Cuando Dobby asintió en señal de reconocimiento de la orden, Harry le agradeció nuevamente y se despidió del tendero Erick y se marchó con Sarah a su próxima tienda, a preguntar por los tomos que en la tienda de Erick no tenía.

En caso que no pudiera encontrar en los callejones Aurum y Platinum, iría al Callejón Knockturn, a la tienda de Esther, que seguramente ella le podría encontrar los tomos correspondientes de los idiomas que necesitara aprender.

Como para ir a dicho callejón, necesitaban volver a Callejón Diagon, Harry pudo vislumbrar una chica con el pelo castaño y un poco espeso, que le recordó a Granger, la chica que supuestamente murió después del ataque del troll en Samhain pasado.

- Harry ¿Qué pasa? Te has quedado mirando esa chica.

- Es que… nada no importa, maestra Ó Conaill. Sigamos con el camino.

- Hemos visto demasiadas tiendas de libros ya, Harry. No crees que deberíamos volver a la mansión, está oscureciendo un poco. ¿Por qué no le mandas una lechuza a Esther preguntando si puede conseguirte esos libros de idiomas que necesitas? Tal vez ella te escriba una respuesta.- Aconsejó Sarah mirando hacia los lados un poco nerviosa, si Harry se había quedado mirando a esa chica con el ceño fruncido, es que algo pasaba y no tenía ganas de quedarse a descubrir lo que era, no cuando la noche estaba cayendo y podrían ser atacados. No es que tuviera miedo de ella misma, sino que temía que Harry pudiera causar más destrozos si eran atacados por la noche, todavía no le había enseñado a defenderse cuando había oscuridad completa o parcial.

Tendrían que ver eso pronto, una vez que Harry dominara los ejercicios de evasión, puntería y esquivar.

Harry solo asintió a Sarah, concordando en silencio que tenía razón, ya estaba siendo tarde y debían volver a la mansión Potter.

Cogiendo a Harry por el brazo, Sarah se desapareció a la zona de aparición permitida en los terrenos de la mansión Potter y una vez allí le soltó, junto con un suspiro de alivio, que no sabía que estaba conteniendo.

Harry y Sarah fueron a cenar juntos en el comedor, lo cual ambos después del día que habían tenido, Harry en el Wizengamot y Sarah acompañándolo a Gringotts y por los callejones, estaba un poco cansada, además de querer sacar sus compras y guardarlas en el armario de su habitación.

Esa noche Harry no hizo mucho, salvo practicar Oclumancia para poner tanto recuerdos y cosas aprendidas bien resguardadas. También puso a prueba sus defensas mentales y trampas, no quería que se le escapara nada.

Buscó por unos momentos su núcleo mágico para ver si lo encontraba, como uno de los muchos ejercicios de Oclumancia decía de hacer, pero una vez más, falló.

Estaba empezando a pensar que su núcleo estaba diluido en la sangre, como se decía de los druidas. Tendría que investigarlo junto algún druida que supiera del tema.

Metiéndose en la cama y lanzando un tempus, para ver la hora, gimió cuando vio que eran las dos y media de la mañana.

A la mañana siguiente Harry se levantó un poco más tarde de lo normal, dado que la noche anterior se había desvelado. Corriendo se metió en la ducha para refrescarse el sueño y el poco sudor que tenía de la calurosa noche de julio.

Cuando salió comió un poco de pan con mermelada y un té rojo, para despejarse el sueño y salió a los jardines para hacer su rutina matutina de ejercicios físicos.

Correr un par de vueltas por los jardines, hacer estiramientos, flexiones, abdominales y practicar movimientos con el báculo y las armas que los gobblins le dejaban para que se fuera adaptando.

Un par de horas más tarde, apareció Sarah viendo con buenos ojos que Harry no haya olvidado de sus ejercicios y se puso con él a lanzarle bolas de pintura para que esquivara.

Poco después de ese ejercicio, fueron dentro de la mansión a por los muñecos de prácticas que habían adquirido el día anterior para practicar con los niveles más bajos e ir subiendo poco a poco.

Cuando la hora del desayuno normal sería, pasaron adentro de la mansión, Harry como siempre ofreció a la guardia gobblin entrar y tomar asiento con ellos, pero los gobblins, raza orgullosa guerrera, declinaron cortésmente alegando que tenían guardia que hacer todavía.

Duchándose nuevamente y vistiéndose con túnicas no tan ostentosas como las del día anterior, sino más bien cómodas, bajó a desayunar con Sarah.

- ¿Y bien Harry?- Preguntó Sarah sirviéndose un tazón de leche con café, unas tostadas con mermelada de frambuesa, un zumo de naranja y un poco de embutido y bollos surtidos.

- Y bien ¿Qué?- Preguntó Harry, haciendo acopio de un desayuno similar al de su maestra, salvo sin el café, que lo cambió por un té verde.

- Quiero decir, ¿Qué tienes planeado hacer hoy, ya que ha finalizado los ejercicios de la mañana?- Aclaró Sarah cortésmente.

Harry lo pensó un momento, ya que no tenía en claro que hacer. Tenía muchas cosas y no sabía por dónde empezar.

Para empezar le gustaría saber de cómo iba la recuperación de su padrino, Sirius. También tenía que ponerse en contacto con Esther sobre el tema de los libros. Si bien podría escribirle una carta pidiéndole que le encontrara la información, le gustaría ir personalmente al callejón Diagon y Knockturn a mirar un par de cosas.

Había visto en la tienda de Borgin y Burkes un armario evanescente o lo que parecía ser uno. Se preguntaba ociosamente donde estaría la otra mitad y si estaría en tan buenas condiciones como ese.

Otra de las cosas que quería hacer, era ver los baúles que había comprado Dobby e ir llenándolos con los libros que había adquirido recientemente y los que no cabían en la biblioteca Potter.

También se sintió preparado para leer los libros que le había dejado su madre en los respectivos baúles, algo que había estado posponiendo durante un tiempo. Si bien es cierto que tenía el retrato de sus padres para lo que quisiese, no era lo mismo que leer los diarios de su madre, que eran un poco personales.

- No lo sé Sarah, tengo muchas cosas que hacer y poco tiempo para hacerlo hoy en día.- Entonces pasó a explicarle todo lo que tenía en mente para hacer. – Eso sin contar que he quedado con Madame Longbottom para ir a San Mungo a ver a su hijo y su nuera.

- ¿Pero no eres un sanador de la mente? ¿Qué es lo que tienes en mente Harry? ¿Qué planeas?- Cuestionó Sarah perspicazmente.

- De momento nada, solo quiero ver y conocer a la que sería mi madrina. Luego una vez visitados, creo que podríamos ponernos en contacto con el Concilio, para que envíen sanadores y los evalúen.- Contestó Harry sonriendo.

- Espera… ¿Para qué quieres…? Oh, ya entiendo…

- ¿En serio? Que es lo que crees que entiendes.

- Quieres ver hasta qué punto están dañadas sus mentes, para luego pedir ayuda al Concilio y demostrar que los Druidas y Hechiceros también saben sanar, que no solo nos dedicamos al estudio de "artes prohibidas y perdidas" como dicen los magos.

- Ciertamente. Y además si sanan a los Longbottom sin dejarles demasiadas secuelas, es un punto a nuestro favor. Lograremos que la comunidad de magos dejen de temernos y olviden los prejuicios causados por Dumbledore.- Terminó de explicar lo que se había dejado Sarah.

Con un asentimiento de cabeza en la comprensión, Sarah le dijo que hiciera primero lo de los Longbottom, para después ver a su padrino, aprovechar que estaba en Gringotts para ir a hablar personalmente con Esther sobre los libros y tomos de lenguas muertas, volver a la mansión Potter y clasificar los libros en los baúles.

- Parece fácil así.

- Sí, pero imagino que tardarás más de un día en hacer las cosas. Así que estate el día entero en las respectivas alas médicas y con Esther y deja para mañana u otro día lo de la clasificación. Hasta que termine el mes, tienes tiempo de sobra.- Aconsejó Sarah con una sonrisa de suficiencia, como diciendo "¿Qué harías sin mí?"

Harry solo le devolvió la sonrisa y terminó en silencio su desayuno, poniéndose en pie, avisó a Dobby que estaría fuera la mayor parte del tiempo.

- ¿Y tú, Sarah, que vas a hacer hoy?

- Ir de compras y visitar a mis padres en Irlanda.

- Entonces que te diviertas con las compras y visitando a la familia.- Dijo Harry sonriendo ligeramente a su maestra y yéndose hacia la sala de visitas, para llamar a la mansión Longbottom a través del Flú.

Recogiendo un puñado de polvos Flú y con la mano que llevaba su báculo inseparable, lanzó un pequeño incendio para que el Flú pudiera activarse.

- Mansión Longbottom.- Dijo lanzando los polvos adentro de la chimenea, volviendo las llamas verdes esmeralda.

Arrodillándose enfrente, metió la cabeza entre las llamas y viajó parcialmente a través de todas las chimeneas, hasta llegar a su destino.

Lo primero que vio fue a un elfo doméstico que lo miraba de manera interrogativa, lo cual recordando dónde estaba, decidió presentarse.

- Hola, buenos días. Soy Señor Harry James Potter Emrys y me preguntaba si estaba Madame Longbottom en la mansión.- Dijo jovialmente, provocando que al pobre elfo se le abrieran los ojos de la sorpresa.

Por un momento Harry se preguntó si no hubiera sido mejor mandar a Bennu con una carta, pero recordándose que su familiar era un fénix y no una lechuza para mandar el correo, esperó pacientemente a que al elfo se le pasara la sorpresa.

- Sí, sí, Maestra Longbottom se encuentra tomando el té en la sala de té con su nieto…

- ¿Podrías llamarla? El Flú no va a quedarse eternamente.- Pidió Harry un poco fuerte.

- Enseguida, Maestro Potter.- Con un chasquido, el elfo se desapareció. Unos momentos más tarde la viuda Longbottom volvió acompañada por Neville, su nieto.

- ¿Harry? ¿Qué haces en la chimenea?

- No sé, tal vez admirar la pared blanca, ¿Qué te parece a ti que hago, Neville?- Dijo, provocando un ligero sonrojo al muchacho tímido de Gryffindor.

- Señor Potter, ¿En qué puedo ayudarlo?- Pidió Madame Longbottom, apiadándose de su nieto.

- Había venido a pedirle…

- Ah, ya nuestro negocio en común. Pase a través del Flú por favor, enseguida le atiendo.

- De acuerdo, se lo agradezco.- Dijo Harry echando la cabeza hacia atrás y sacándola por su lado de la chimenea, levantándose y frotándose un poco las rodillas, pensando en comprar algo blando para poner la próxima vez que llamara a alguien, volvió a encender la chimenea y lanzar los polvos Flú dentro.

Esta vez pasando dentro de la chimenea completamente, dijo el nombre de su destino y se fue en cuerpo entero a la mansión de los Longbottom.

Saliendo con un pequeño salto, se pasó una mano por las túnicas para limpiarse de ceniza, Neville que lo vio, que hizo magia fuera de la escuela, fue a protestar, cuando su abuela puso una mano sobre su hombro.

- Tranquilo Neville, no estoy en problemas. La magia que he realizado es sin varita, que es donde los fabricantes suelen poner el encantamiento de seguimiento del ministerio de magia, para evitar la magia menor de edad.

- Pero aun así, eres menor, no puedes…

- ¿Menor? No, fui declarado un adulto por el Wizengamot completo no hace ni tres o cuatro días, así que porque no iba a hacer magia.

- Neville, cielo, ve a los invernaderos mientras que el Señor Potter y yo hablamos de negocios.- Intervino Madame Longbottom, mandando a su nieto que quería protestar, pero viendo la cara de su abuela, se lo pensó mejor.

Viendo cómo se alejaba Neville, Harry fue a inclinarse respetuosamente a Madame Longbottom y besarle los nudillos de la mano que tenía extendida.

- Buenos días Madame Longbottom, es un placer volver a verla.

- El placer es mío joven Potter. Por favor sígame al antiguo despacho de mi difunto marido.- Dijo volviéndose y guiándolo por la enorme mansión, pasando por una sala llena de retratos mágicos, lo cual Harry se giró para ver si los más nuevos estaban activos.

Viendo que los que debían de ser los padres de Neville, estaban inactivos, suspiró alegremente al no equivocarse.

Una de las ultimas salas en ser pasadas, era el salón de baile que según le explicó Augusta, como ella misma insistió en que la llamara, todos los años en Yule y Beltane daba fiestas sociales en su casa y le gustaría que ese año fuera un invitado en las fiestas de Yule, por supuesto podía traer como invitada a su maestra Sarah.

Finalmente llegaron a lo que era el salón del té, sentándose ambos, uno en frente del otro, en cómodos sillones de cuero verde y rojo, Augusta pidió té para dos a sus elfos.

- ¿Solo, con leche, azúcar u otros componentes?- Preguntó Augusta cortésmente.

Harry levantando una ceja en diversión poco disimulada, preguntó sobre los otros componentes, y Augusta le comentó que a veces ciertos invitados preferían imitar a gente como Dumbledore a la hora del té, pensando que podrían volverse más sabios o poderosos si lo tomaban con limón.

Riéndose de la estupidez de algunos, pidió el té con dos cucharaditas de azúcar y sin ningún tipo de componentes.

El mismo elfo que le había atendido en la chimenea asintió con la cabeza y con un chasquido de los dedos, hizo aparecer el té para los dos, con unas pocas pastas.

- Ahora Señor Potter, creo que tenía algo que contarme.

- Por supuesto Madame, pero por favor, si me permite llamarla por su nombre de pila, entonces llámeme Harry.

- Bien Harry.

- Ahora lo que quería hacer hoy es ir a San Mungo a visitar a su hijo y nuera, no sé si sabrá pero su nuera era lo que debía ser mi madrina y hacerse cargo de mí, si a mis padres y padrino les ocurría algo. Como sabrá el juramento de una madrina es similar al de un padrino, así pues considero a su nuera parte de la familia Potter y me veo en la obligación y deber, de velar por su bienestar.

- Agradezco tus palabras Harry, pero mi hijo y nuera están… digamos que la muerte sería una bendición para ellos.- Dijo con la voz un poco tomada por la pena.

- De ninguna manera.

- ¿Perdón?

- Sí, verá, mientras pasábamos por las distintas salas no he podido evitar fijarme en que los retratos de Alice y su esposo, disculpe que no sepa su nombre.

- Frank, el nombre de mi hijo es Frank.

- Frank entonces, como le decía, los retratos de su hijo y su nuera no están activos, lo que significa que aún siguen con vida.

- Sí eso lo sé, pero lo que dicen los sanadores es que parecen como si un dementor los hubiera besado.

- Sí bueno, eso suele ocurrir cuando la mente de una persona se encierra en lo más profundo de su subconsciente para evitar el dolor.- Explicó Harry a una anciana por momentos más incrédula.

- ¿Qué quieres decir con que sus mentes se encierran?

- ¿Está familiarizada con el termino Oclumancia?- Preguntó Harry tomando un sorbo de su té, mientras Augusta pensaba en la respuesta.

Por supuesto que Madame Longbottom estaba familiarizada con ese término, en sus días les enseñaban a los niños como proteger la mente de ataques externos, algo que le vino muy bien cuando asistió a Hogwarts.

- Sí estoy familiarizada con el término, pero ¿Qué tiene que ver con el estado de mi hijo e hija en ley?

- Fácil Augusta. Sus mentes se… digamos para un término que entendamos los dos, auto exiliaron en lo profundo de su subconsciente para evitar el dolor infringido por la maldición Cruciatus, algo totalmente fuera de lo común, pero no imposible. Ha habido pocos casos en la historia que poderosos hechiceros bajo tortura se metían en lo profundo de su Oclumancia para escapar del dolor, algunos perdiéndose cuando eran finalmente rescatados.

- Si ha habido casos parecidos antes, ¿Por qué los sanadores de San Mungo no pueden hacer nada por ellos? Tienen los mejores sanadores en las artes mentales.

- Eso, Augusta es debido al prejuicio excesivo de gente como Dumbledore en contra de los Hechiceros y Druidas.- Siguió explicando Harry, pero viendo la cara en blanco de Augusta siguió con la explicación. – Verás los magos y brujas tenéis cierta… digamos predilección por pensar que sois los únicos que podéis hacer magia y que los demás que practicamos las artes antiguas, como la magia de la antigua religión, somos oscuros y el mal absoluto en la tierra. Mentira, todo mentira y solo por culpa de ministros y gente como Dumbledore que temen lo que no entienden. El mismísimo Merlín fue un hechicero que practicaba la magia de la antigua religión y los rituales.

Pero volviendo al tema que nos concierne, su hijo e hija en ley tienen cura, pero tengo que ver que tan mal están después de haber estado en el cuidado de los sanadores de San Mungo por más de diez años.- Terminó de explicar Harry a Augusta que iba comprendiendo poco a poco las implicaciones de Harry al decir "que los magos y brujas"…

- Entonces ¿No te consideras un mago?

- No, soy un hechicero.- Contestó simplemente Harry, tomando otro sorbo de su té y viendo como fruncía el ceño se apresuró a añadir. – Me hice la prueba de la herencia mágica en Gringotts y mi magia es de hechicero. Por mucho que quiera ocultar lo que soy, siempre seré lo que soy y es mejor no ocultarlo. Mi propósito en esta vida es que los magos y brujas que han estado viviendo bajo el yugo equivocado de Dumbledore y los cazadores de hechiceros, durante muchas generaciones, es que nos vuelvan a aceptar por lo que somos. Cabe destacar que muchas de las familias antiguas, descienden de Druidas y Hechiceros que practicaban la magia de la antigua religión.

- Entiendo, debes saber Harry que yo por mi parte no tengo ningún prejuicio contra…

- ¿Mi raza? ¿Especie? Puede decir lo que piense mejor.

- No, iba a decir contra los Hechiceros y Druidas. Pienso que la raza o especie, todos somos lo mismo, pues somos mágicos.

- ¿También piensa así de los Gobblins, Centauros, Minotauros, Elfos Domésticos, etc.?- Preguntó Harry con una ceja arqueada.

Pasó unos momentos en los que Augusta ponderaba la respuesta que le iba a dar y ambos se quedaron mirando a los ojos del otro sin apartar la mirada.

- Sí y no. Ten en cuenta que una persona tan mayor como yo, tengo ciertas costumbres que pueden resultar difíciles de cambiar, debido a la educación recibida.

- Veo. No se preocupe Augusta. No todo el mundo puede pensar como yo y aceptar el hecho de que en Albion tiene cabida cualquier que posea la magia.

- ¿Y qué pasaría con los animales mundanos?

- Por suerte para ellos son necesarios para la supervivencia. Así pues también tienen cabida en Albion.

- Pero no los muggles.

- Me temo que no. Son criaturas violentas y destructivas. También temen lo que no entienden y por supuesto nuestro mundo es algo que no quieren entender y lo clasifican como diabólico.- Dijo Harry escupiendo las palabras con odio.

Augusta vio que era un tema que es mejor no tocar de momento y lo cambió otra vez al tema en cuestión de su hijo e hija en ley.

- ¿Entonces como piensas ayudar a Frank y Alice?

- Como he dicho, primero tengo que verlos, para después contactar con el Concilio Druida-Hechicero y pedirles un par de sanadores de la mente.

- ¿Y crees que te ayudaran?

- Por supuesto. Además usted me va ayudar a que ayuden.

- ¿Cómo?- Dijo esta vez sí que sin entender nada de lo que quería decir Harry.

Harry por su lado soltó una pequeña risa divertida en cuanto al juego de palabras.

- Sí veras Augusta, puede que todavía haya gente que no confíe en nosotros, y si se nos ve que podemos curar la condición de su hijo e hija en ley, entonces la gente volverá a confiar en nosotros nuevamente y empezará a dudar sobre la palabra de que somos malignos.

Por otra parte quisiera que publicara un artículo en el diario el profeta, una vez que su hijo e hija estén sanados, felicitando a nuestro Concilio por la ayuda recibida.

- ¿Y ya está? ¿Eso es todo?

- Claro, para nosotros es mucho más que el oro o los favores en el futuro.

- ¿Por qué?

- Debido Augusta.- Dijo con un suspiro de exasperación al tener que seguir explicando la situación. – Estamos cansados del ostracismo recibido y estamos cansados de escondernos eternamente y no poder llevar vidas normales y corrientes. Sí ahora con mi llegada al Wizengamot las cosas están cambiando, ahora con la alianza Albion, estamos llegando a mejorar Bretaña a su antigua gloria e incluso un poco más allá. Pero si gente como tú, Augusta, dice que ha quedado muy contenta con la ayuda recibida y que su hijo y su nuera han sido curados, cuando los sanadores de San Mungo han fallado, muchas de las familias del Wizengamot pedirán al Concilio que manden sus propios sanadores para dar clases a los del hospital. Ese es uno de los objetivos para nosotros, ser aceptados en el ámbito sanatorio.- Terminó de explicar Harry, haciendo que Augusta fuera asintiendo lentamente con la cabeza y dándola mucho que pensar.

Es cierto que los magos y brujas han estado teniendo prejuicios contra aquellos que practicaban magia que no entendían, de ahí que algunos hechizos todavía hoy en día se consideraran oscuros, como el encantamiento Patronus, no mucha gente adulta podía hacer uno corpóreo, y lo que se precisaba para lanzarlo era la emoción.

Este Potter tenía razón en una cosa sin embargo, si los druidas o hechiceros que el Concilio mandara para ayudar a Frank y Alice, los curaba, el mundo mágico dejaría de tener tantos prejuicios contra aquellos que algunas veces eran de su propia familia y se veían obligados a huir de aquellos que alguna vez los amó.

- De acuerdo, te llevaré a San Mungo. ¡Dipsy!- Llamó a su elfina doméstica, tras acceder a la petición de Harry.

- Maestra llamó por Dipsy, ¿Qué puede hacer Dipsy por Maestra?

- Ve a los invernaderos y avisa a mi nieto que se prepare, vamos a ir a visitar a sus padres a San Mungo.- Ordenó Augusta a su elfa sin siquiera dirigirle una mirada.

Harry por el contrario asintió en agradecimiento por las pastas y le dio la enhorabuena por unos pasteles tan ricos.

- En verdad eres un poco raro Harry.- Dijo Augusta con una sonrisa divertida en su rostro.

- ¿Por qué? Porque soy agradecido con su elfa, he descubierto que si se les da las gracias por su buen trabajo, lo suelen hacer mucho mejor la próxima vez. También suelen cometer menos errores si no se les castiga físicamente.- Explicó como trataba él a sus elfos y Augusta no pudo estar más que impresionada que las criaturas fueran tan eficientes.

Como todos los denominados de Sangre Pura, ella menospreciaba a esa raza en particular, por pensar que eran inferiores.

- Los elfos domésticos no son inferiores Augusta, puede que no sean como nosotros físicamente, pero ellos tienen magia y su magia es diferente a la nuestra. Por ejemplo, una mago, brujo, hechicero o druida, no puede aparecerse o desaparecerse en las salas de Hogwarts, pero un elfo domestico sí que puede.

- Claro que pueden, si no como crees que limpiarían el castillo.- Dijo Augusta con aire de suficiencia, sin darse cuenta de lo que implicó Harry.

Harry por el contrario movió la cabeza en señal negativa y se abstuvo de explicarle a la vieja bruja que los elfos domésticos eran diferentes, pero no inferiores. Ese era el prejuicio del que hablaba Harry, un prejuicio que quería ver exterminado al hacer que Albion renaciera de sus cenizas.

Si solamente pudiera ser capaz de encontrar algún indicio de que Camelot y Avalon existieron, tal vez podría buscar las antiguas ciudades y reconstruir desde allí el mundo mágico.

Es cierto que Camelot en las leyendas se contaba como un reino, pero Harry no lo dejaría como reino, no, el Concilio Druida-Hechicero quedaría en pie, como el Wizengamot y cualquier otro tipo de consejo.

Fundaría uno nuevo, el cual llevaría las leyes desde Camelot o Avalon, o ambas ciudades si se encontraban.

Harry quería un dignatario de cada uno de los consejos que estuvieran formados en Albion, para que ellos pudieran llevar el gobierno realmente desde allí.

El Wizengamot seguiría operando, pero a nivel más bajo, es decir, para los empleados del ministerio de magia y los ciudadanos de a pie de Albion.

El Concilio por otra parte, operaría como lo había hecho todos estos siglos, nombrando nuevos maestros, aprendices, etc.

El consejo de ancianos gobblin, vampiro o licántropo, haría lo que se supone que hagan, mientras que los caballeros de la tabla redonda, serían los encargados de llevar la paz a toda la nación de Albion. Pero eso tendría que esperar, puesto que ahora, lo más importante era traer la discriminación hacia abajo y para ello necesitaba a los padres de Neville como conejillos de indias.

Harry sabía que no tenía los conocimientos para traer sus mentes a la vanguardia, por ello cuando llegara a su casa después de visitar a Sirius en el ala médica de Gringotts, enviaría una carta al Concilio para que enviara sus mejores sanadores de la mente.

Cuando Neville estuvo finalmente listo para ir al hospital a visitar a sus padres, se sorprendió de que Harry los acompañara.

- ¿Tú también vienes Harry?- Preguntó Neville curioso.

- Por supuesto Neville, voy a visitar a tu madre, que pasa a ser mi madrina.

- ¿En serio? No lo sabía. ¿Quién es mi madrina, abuela?

- La madre de Harry, Lily, querido.- Dijo Augusta un tanto triste por el destino de la dulce Lily.

Con un cabeceo de afirmación, Harry no dijo nada sobre el tema de su madre, ni sobre el tema de la madre de Neville.

Sin más palabras los tres cogieron polvos Flú y los echaron a la chimenea diciendo claramente el nombre del hospital y ala donde se encontraban los padres de Neville.

Cuando llegaron a San Mungo saludaron a la recepcionista que estaba en su puesto, Augusta y Neville se quedaron charlando con ella durante un rato, poniéndose al día, mientras que Harry observaba los pacientes ir y venir con diferentes problemas.

Uno de ellos fue mordido por un licántropo y le tuvieron que trasladar al ala de enfermedades causadas por criaturas oscuras, la verdad Harry no consideraba nada oscuro a un licántropo, dado que no todos tenían malas intenciones. Se compadeció un poco del hombre que estaba triste.

También pudo observar como ciertas personas que se habían quedado atascadas en la posición de animago, no podían volver a su forma original y los sanadores se veían ofuscados para devolverlos.

Algo raro, pensó Harry, pues había hechizos y encantamientos para des transfigurar a una persona atascada en su forma animal a la forma humana nuevamente.

Curioso se acercó a un sanador y le preguntó por qué no podían revertirlo.

- Muy sencillo chico, no existe magia o al menos no la conocemos, que pueda cambiar los efectos de la trasformación animaga. Por eso es peligroso convertirse en un animal.

- ¿Esta bromeando, verdad?

- No, ¿Por qué iba a hacerlo?- Preguntó mirando a Harry por primera vez, ya que estaba tratando de explicar a la familia que en vez de cuidar de un hijo, tendrían que cuidar de un gato silvestre.

Harry sin contestar a la pregunta dirigió su báculo al gato y pronunció el hechizo de la antigua religión que devolvería a su forma original al mago.

Con un estallido dorado de sus ojos y otro estallido en la magia del mago, el adolescente que probó a transformarse en un animago volvió a la forma normal.

- Por eso, digo que estaba bromeando. También lo hay en la magia nueva.- Informó Harry al sanador completamente aturdido.

Volviéndose a donde estaba Augusta y Neville que estaban terminando de conversar con la recepcionista, se quedó murmurando la incompetencia de algunos sanadores y la ignorancia de la gente.

El sanador por otra parte empezó a lanzar encantamientos de diagnóstico sobre el chico, el cual estaba claramente bien, salvo por el pequeño susto.

- ¿Quién demonios era ese?- Susurró para sí el sanador, a lo que el chico mago que no podía revertir la transformación de animago le dijo que era Harry Potter.

- Ahora comprendo. Es un hechicero, por eso le ha resultado fácil…

- Pero sanador, existe un encantamiento para revertir la forma…- Se quejó el muchacho al sanador que claramente lo despidió como inconcluyente.

- Magia oscura es lo que es. No hay encantamientos que hagan eso.- Dijo el sanador marchándose malhumorado que un niño de once años, casi doce, hubiera hecho su trabajo exitosamente.

Harry vio con alegría a los padres de Neville en una habitación privada, siendo alimentados por una sanadora.

Parecía que la sanadora era muy paciente al darles de comer, dado que los Longbottom se comportaban como niños.

Harry viendo su oportunidad empezó a hacer un cantico en gales antiguo, uno de diagnóstico para estos casos.

Como el mismo sospechaba los resultados dieron positivo y con una sonda de Legeremancia, entró en la mente de Alice, la cual estaba aquí, más que por el marido, Frank.

La mente de Alice estaba completamente cerrada, sin defensas y todo muy oscuro, como si no hubiera nada, pero podía sentir un ligero eco, proveniente de algún lugar, el cual era la mente de la mujer queriendo salir y no pudiendo.

Harry salió de su mente con una sonrisa y se dirigió a Augusta, explicándole que sí, de hecho, había cura para ellos.

Augusta con lágrimas en los ojos y llena de esperanza, le preguntó cuánto tardarían en venir los sanadores druidas o hechiceros.

- Todo depende de cuánto tarde en mandar la carta…- Dijo Harry viéndose interrumpido al ver que Augusta evocaba pergamino, tinta y una pluma y se lo tendía a Harry.

Con una sonrisa divertida en su rostro y una ligera risa, la cual a Neville le pareció mal, puesto que mal entendió su risa, creyendo que se estaba riendo de la condición de sus padres.

- ¡De que te ríes Potter!- Gritó un enfurecido Neville.

- ¡Neville! ¡Discúlpate ahora mismo, Harry no se reía de tus padres, sino de mis acciones a su ayuda ofrecida!- Regañó la abuela del chico, mientras que Harry se sentó en el escritorio a escribir la misiva al Concilio, explicando la situación completamente y lo que quería conseguir para todos los hechiceros y druidas.

Sellando la carta con el anillo Potter que recibió de Gringotts, cuando el Wizengamot le reconoció como adulto, un anillo que servía para que fuera reconocido en las mismas salas del Wizengamot, como Señor Potter.

- Bennu.- Llamó a su familiar fénix y éste en un destello de llamas negras apareció, desde lo que suponía Harry, la mansión Potter. – Toma esta misiva al Concilio por favor. Si puedes espera una respuesta.- Le dijo a su familiar el cual se limitó a asentir con la cabeza y a coger con el pico la carta.

- Creo que es todo por hoy, Augusta. Cuando tenga noticias del Concilio te lo haré saber, por el momento, pido que no les den ningún tratamiento, podría empeorar las cosas.

- Entiendo Harry, haré lo que pides, sin embargo, ¿Hay esperanzas de que se curen?

- Por supuesto Augusta, la esperanza es lo último que hay que perder. Pero sí, se van a curar, sus mentes están pidiendo por alguien que las saque de donde están encerradas.

- ¡Eso es imposible!- Gritó la sanadora que estaba atendiendo a los padres de Neville. – No hay magia curativa que se pueda utilizar en ellos. Están tan muertos como el dementor que besa a sus víctimas.- Dijo sin importarle que el propio hijo de los Longbottom estuviera presente.

- Retiro lo dicho Augusta, llévatelos a tu casa y mantenlos allí hasta que te avise. Me parece que los sanadores no aceptaran ayuda del Concilio, en lo que respecta a sus pacientes.

- Ahora te entiendo Harry…

- ¿El que entiendes?

- El prejuicio a lo que no se entiende, es decir, ella no entiende que sí que hay magia para curar esto…

- Ciertamente Augusta, pero con tu ayuda, se logrará entender.- Dijo Harry despidiéndose de Madame Longbottom y su nieto, el cual se veía pálido y un poco lloroso al perder toda esperanza de recuperar a sus padres.

Harry se metió en la chimenea de la sala de visitas, diciendo claramente el nombre del Caldero Chorreante, para ir a Gringotts siguiente y después pasar por el local de Esther y pedirle que le buscara los libros correspondientes antes de que finalizase el mes.

El camino hacia el banco lo hizo en completo silencio meditativo, al parecer todavía quedaba un largo camino para que ciertas personas acabaran con la discriminación y los prejuicios contra la magia que no podían comprender. Sería un trabajo arduo de política, pero satisfactorio en el final de la misma.

Se tenía que recordar a sí mismo que Roma no se construyó en un día y que por ende, esto era casi igual. Tomaría un tiempo para que su objetivo final fuera tomando forma, pero estaba seguro que lo conseguiría.

De todas formas ya se había empezado nuevamente con la escuela de Hogwarts a enseñar lo que se había prohibido, ahora cuando el Wizengamot se reuniera nuevamente en septiembre, él y sus aliados sacarían proyectos de ley para erradicar las prohibiciones a la magia. Eso sí que sería complicado, ya que entre sus mismos aliados habría discrepancias de que magia debía ser prohibida y cual no.

Pero ya se vería cuando llegara a ese puente, de momento se centraría en lo que tenía delante suya, es decir, la salud de su padrino, los libros que necesitaba para aprender las lenguas muertas de sus manuscritos, la reorganización de su enorme biblioteca, la preparación de lo que se llevaría para pasar el tiempo en la sala del espacio y el tiempo y finalmente disfrutar un poco de su verano o lo que quedaba de él.

Entrando en el banco se dirigió a un cajero Gobblin para preguntar dónde se podía informar del estado de salud de su padrino y si era posible visitarlo.

El gobblin, que tenía ordenado por su superior, llevar al joven hechicero ante su gerente de cuentas o ante el rey si se presentaba, decidió llevarlo ante Gornuk, para salir de dudas.

Cuando llegaron al despacho de Gornuk y los saludos fueron hechos, el gerente de cuentas informó a su cliente que Sirius se estaba recuperando lentamente de su exposición a los dementores y que tardaría al menos un año en recuperarse parcialmente.

También le contó que habían descubierto ciertas compulsiones mentales en él y que no era buena idea visitarlo mientras que las tuviera. De momento no podían quitarlas debido a la inestabilidad mental de Sirius Black, pero que cuando recuperara cierta estabilidad, podrían hacer algo para sacarlos.

Harry preguntó si podía enviar cartas o si podría hacer algo para ayudar, pero la respuesta fue negativa, solamente que Sirius Black preguntó una vez por él y le dijeron que estaba bien y feliz, cosa que el señor Black agradeció y no volvió a tocar el tema de su ahijado, salvo alguna vez murmurando que Dumbledore sabía lo que hacía.

En esa mención del viejo entrometido, Harry se enfadó un poco, porque sospechaba que las compulsiones mentales las habría puesto él mismo.

Gornuk aprovechó la ocasión para decirle a Harry que la sala del tiempo y el espacio, estaría lista para finales de la semana a más tardar, y que se fuera preparando todo lo que llevaría dentro de dicha sala.

Agradecido a su gerente de cuentas por la información dada, Harry salió del banco mágico y se dirigió al Callejón Knockturn para ir a pedir a Esther sobre los libros que necesitaba.

En la tienda de Esther se acordó con la vieja Hag que le conseguiría los libros antes que la semana terminase y Harry volvió a la mansión un poco más contento y con bastante hambre.

Los días previos a su entrenamiento en Gringotts los pasó entrenando y organizando la biblioteca de la mansión Potter.

Sarah fue preparándose para asistir todo un año con Harry en la sala especial, lo que la llevó a informar al Concilio de ello.

El Concilio por un lado estaba contento de que Harry tomara más en serio su entrenamiento, pero a la vez no tan contento de que no disfrutara su infancia como era normal.

En lo que respecta al Maestro Sanador que el Concilio tenía que enviar para sanar a los Longbottom, decidieron esperar hasta que Harry saliera de su entrenamiento en el banco.

El día que Harry más esperaba, por fin llegó y Sarah y él fueron a la chimenea para ir directamente a la oficina de Ragnok el cual los guiaría hasta las profundidades de los túneles, donde la ciudad gobblin estaba.

Cuando llegaron abajo, en la ciudad, Harry dio un suspiro y se volvió a Sarah, preguntándola si estaba preparada y lista.

Sarah sonriendo ligeramente, dio un asentimiento de cabeza a Harry y le instó a seguir adelante.

La comitiva de Ragnok llegó a lo que parecía ser un templo con una puerta de madera y el pomo de dicha puerta, de oro.

- Hemos llegado al templo del espacio y el tiempo.- Anunció Ragnok, atrayendo a varios de los gobblins que había por la ciudad.

El maestro artesano gobblin que había construido el templo y la sala del espacio y el tiempo se acercó a los dos hechiceros que probarían la sala.

- Es sumamente importante que presten ambos atención.- Comenzó el gobblin acercándose a los dos y hablando con un tono serio. – La sala les pondrá a prueba de maneras que no esperaran. El tiempo que pasen dentro es muy diferente al que ocurrirá aquí afuera, la sala proporciona comida y habitaciones separadas, para ambos. Si desean dormir juntos, también pueden.- Dijo con una sonrisa hacia Harry, el cual iba asintiendo en comprensión. – Lo demás tendrán que descubrirlo por ustedes mismos… ah la magia con la que está hecha la sala no interferirá con la magia que realicéis allí. Es decir, podéis practicar cualquier tipo de magia, sean rituales, alquimia, magia elemental, magia de guerra, etc.

- Comprendo Maestro Artesano. ¿Hay algo más?- Preguntó Harry un poco impaciente por entrar.

- No sea impaciente joven, la sala espera. Sí, hay una cosa más. La gravedad de la sala está aumentada, es decir, que cuando entréis en el campo de entrenamiento, es posible que podáis notar que pesáis un poco más, como si llevarais brazaletes de peso con vosotros.- Terminó de explicar el gobblin.

- Perfecto, estás preparada Maestra.

- Por supuesto aprendiz, es la hora de entrar.- Contestó Sarah dejando ver un tinte de nerviosismo, sobre todo en lo referente al aumento de la gravedad en la sala.

- Mucha suerte Señor Potter Emrys, señorita Ó Conaill, nos veremos en un día para nosotros, un año para vosotros.- Dijo Ragnok despidiéndose de los hechiceros que iban a entrar en la sala.

Abriendo la puerta lentamente, Harry atisbó un tono de brillante luz blanca, lo cual con una respiración profunda y pensando que la sala lo estaba poniendo a prueba desde ahora, entró en ella siendo seguido de cerca por Sarah.

Cuando la puerta se cerró lo que ambos hechiceros pudieron ver fue un vasto horizonte de blancura pura.

No había campos de entrenamiento, solo una llanura hasta donde la vista alcanzaba de blancura. Era impresionante. Delante de la puerta había lo que parecía un pequeño complejo donde Harry suponía estaban las habitaciones que ocuparían, la cocina para cocinar la comida, salón, baños para asearse y ducharse tras los entrenamientos y la despensa, con comida y otras cosas, para que durara un año entero.

- Es impresionante Sarah…

- Tienes razón Harry. Es impresionante, el Maestro Artesano que construyó esta sala merece todo el respeto.- Dijo Sarah concordando con su aprendiz y viendo nuevamente la nada blanca que se extendía por kilómetros y kilómetros.

- Creo… que lo primero será desempacar y ver qué es lo que vamos a hacer hoy.- Dijo Sarah a Harry, el cual estaba sujetando su báculo con fuerza.

Asintiendo con la cabeza nada más, Harry se dirigió a una de las habitaciones para desempacar la ropa que usaría en el entrenamiento y los libros de magia que había recogido de la biblioteca Potter, más los de alquimia que en una carta Maestro Flamel le había recomendado.

El año que se aproximaba en este sitio, sería lleno de aprendizaje y pruebas para él y por extraño que parezca, temía que no fuera lo suficientemente fuerte para durar todo el año, temía que se derrumbara y no fuera digno del título de Emrys.

Lo que no se daba mucha cuenta Harry, es que la sala ya le estaba poniendo a prueba al sacar sus temores más profundos y vanos.

Nota de autor:

¡Hola! Sé que dije que este capítulo sería el que traería el entrenamiento de Harry, pero había otras cosas que nuestro joven hechicero tenía que hacer.

Para apaciguar a algunos de los lectores en el tema de las posibles novias de Harry, he decidido que ese tema saldrá a relucir en el tercer año, más o menos, casi cuarto año de Harry en Hogwarts.

Una cosa que sí que dejo clara aquí, es que Harry puede "coquetear" o intentarlo con Sarah, pero será sobre todo inocentemente, nada que ver con romanticismo.

Como he dicho en este capítulo, Sarah está tomando un cariño especial por Harry, pero como un hermano pequeño.

También quisiera agradecer por los comentarios dejados, son inspirativos para escribir y muy bien recibidos. A parte de los comentarios, agradecer a todos aquellos que guardan en sus favoritos la historia y la siguen.

Espero que les haya gustado el capítulo, nos vemos pronto.

Un cordial saludo.