Nota de autor:

Hola a todos y todas, aquí traigo la continuación del entrenamiento de Harry en la sala especial del tiempo y el espacio, espero que les gusten las pruebas que he puesto para él.

Por otra parte avisar, de que es posible que se encuentren con situaciones gráficas en las que aparezcan un poco de mención o el intento de mención al gore.

Sin mucho más que poner al principio, les dejo con el capítulo.

Un cordial saludo.

CAPITULO 19

- ¿Te vas?- Preguntó Sarah, con un tono de voz neutral, o lo más neutral que pudo reunir.

- Sí, me voy ahora.- Dijo Harry sonriendo ligeramente, dándose cuenta de la preocupación verdadera que salía de Sarah en oleadas.

A Harry le gustaba que se preocupara por él, puesto que era un sentimiento nuevo de pertenencia. Antes no había mucha gente que se preocupara, sí los gobblins lo hacían, así como Regulus y su familia, pero Harry pensaba que era porque estaban en deuda con él y los gobblins, porque no querían perder a un valioso aliado, aunque más tarde descubriría el por qué exactamente se preocupaban por él.

No porque estuvieran en deuda o fuera un valioso aliado, sino porque realmente lo consideraban un amigo y tenían genuina preocupación.

Bajando las escaleras poco a poco y dando una respiración profunda, se volvió una vez más hacia donde estaba Sarah, para descubrir que su viaje había dado comienzo, dado que la entrada al campo había desaparecido de la vista inmediata.

Sarah por otra parte suspiró en derrota y susurró un, buena suerte, al ver como Harry desaparecía en la nada.

Harry llevaba caminando en completo silencio durante unos minutos o unas horas, no estaba seguro al respecto. Lo que sí que estaba seguro era que se sentía observado, vigilado, por algo o alguien.

Mientras que caminaba en dirección recta o eso pensaba pues no había manera de ver si iba hacia la izquierda o derecha, sentía como la temperatura, repentinamente subió a temperaturas bastante altas.

Con un movimiento de su báculo y pensando en la magia que quería, la temperatura descendió alrededor suyo, hasta que se hizo soportable e incluso agradable de nuevo. Parecía ser que iba a ser la primera prueba de la sala, ver si podía aguantar las temperaturas tempestivas.

La segunda prueba no se hizo esperar mucho al parecer, un bloque de fuego se alargaba por kilómetros y kilómetros de longitud.

Bufando por lo que parecía una milésima vez al ver que su magia caía en picado al notar nuevamente el calor abrasador de la sala, volvió a echar el encantamiento de enfriamiento sobre él y sobre el fuego un hechizo de la antigua religión, viendo como éste chocaba con el fuego, pero no hacía mella en él.

Frunciendo el entrecejo ante la posibilidad que le costara un poco más, volvió a echar el mismo hechizo, pero con más fuerza detrás de él, para que saliera más poderoso.

El agua del hechizo esta vez chocó contra el fuego, haciendo que ambos levantaran una nube de vapor, la cual Harry redirigió condensándola y convirtiéndola en agua, hacia el fuego, intentando ayudar a apagar las llamas condenadas.

Viendo una posibilidad de entrar y no quemarse en el proceso, se echó varios hechizos y encantamientos anti fuego sobre él y cuando vio la oportunidad que esperaba, un hueco entre las llamas, corrió hacia adelante, rezando a cualquier deidad que estuviera presente, que su plan funcionara.

A medio camino de las llamas y la salida, vio para su horror, por el rabillo del ojo, como el fuego volvía a rugir.

- Imposible.- Dijo a la nada y a nadie en particular, acelerando el paso y corriendo un poco más rápido para no terminar abrasado.

Pensó que tal vez un poco de viento ayudaría en contra de la persecución que se estaba viendo obligado a soportar.

- làidir gaoithe.- Lanzó un fuerte viento hacia atrás el cual barrió las llamas, dándole el tiempo justo y suficiente para escapar de los muros de fuego.

Cuando salió de ese camino infernal, por decirlo de alguna manera, siguió corriendo, hasta detenerse resoplando y secándose la frente sudorosa, viendo con asombro como su hechizo iba barriendo el fuego poco a poco y ganando.

Si lo hubiera probado antes de lanzar el de agua, tal vez no le hubiera costado tanto, de ahí se prometió que en el futuro estaría más pendiente y no se lanzaría de cabeza con el primer hechizo que se le pasara por la mente.

En ese momento decidió tomar un sorbo de agua de su alforja encantada, la cual le vino completamente bien y con gusto bebió del fría y refrescante agua.

Siguiendo caminando, pues no tenía otra opción de momento, creía que se iba a encontrar con más pruebas, tal vez los elementos que le faltaban, agua y tierra, pues el aire y el fuego, habían sido los primeros, pero al parecer se equivocó, pues lo que encontró fue la nada.

Sintiéndose un poco hambriento, decidió parar a tomar un descanso y una comida. Lanzando un hechizo tempus, vio que no había pasado más de dos horas caminando, pero imaginando que tal vez el hechizo no funcionara bien en ésta sala, decidió no hacer caso de él y obedecer a sus instintos, los cuales la mayoría de las veces le mantuvieron a salvo.

- Bien, si voy a hacer caso únicamente de mi instinto, necesitaré crear un círculo rúnico de protección. Solo sabe Merlín lo que me esperará en esta llanura blanquecina.- Se dijo nuevamente a sí mismo, riendo de la posibilidad que alguien estuviera para escucharle.

Haciendo un círculo rúnico de protección, un poco bastante grande para caber en él con la comida y descansar sentado, talló las runas mágicamente en el suelo. Con la condición de que desaparecieran en unas dos horas, más o menos, eso le daría la ventaja de saber cuánto tiempo, estaba parado.

Sentándose dentro del círculo, desempacó la comida y una jarra de agua fresca, la cual devoró en cuestión de minutos. Viendo que tenía tiempo todavía, antes de que las runas se desactivaran, decidió echar una cabezadita.

Los días iban pasando sin muchas sorpresas, salvo por las diferentes pruebas que la sala le mandaba cuando bajaba la guardia.

Una vez se encontró con que había un gran lago de hielo duro para cruzarlo, pero dentro de él, había como cuerpos que estaban ahí en eterno reposo. Acercándose más para ver, descubrió que no eran cuerpos normales, sino que era inferius cuerpos muertos animados por el arte de la nigromancia.

Cruzar ese lago sería peligroso si los Inferis se despertaban y rompían el hielo. Si lo hacían, Harry no tendría más remedio que utilizar el fuego maldito para destruirlos, es decir, Findfyre. Pero había una pega en ello, al no tener una barca o cualquier otro medio de transporte por agua, el caería dentro del agua y podría ser devorado o mutilado por los cadáveres animados.

Pensando en rodearlo, para ver si podía cruzarlo sin tener que pisar en el hielo, empezó a caminar siguiendo la orilla del lago helado y mirando hacia adelante. Para su sorpresa vio que el lago se extendía más allá de su visión y era muy posible que la sala lo agrandara mágicamente, para que tuviera que cruzarlo a pie.

Suspirando en derrota momentánea, se sentó unos pies atrás de la orilla, por si acaso despertaba a los cadáveres y pensó en sus opciones.

Una opción era invocar Findfyre ahora y derretir el agua, esperando que con suerte los Inferis salieran de allí y se tostaran vuelta y vuelta.

Otra opción era cruzar a pie y rezar o mejor dicho esperar a que el hielo no se resquebrajara bajo su peso, por ello podría aligerarse, tras poner encantamientos peso pluma en su alforja de agua y bolsa de comida.

La espada que llevaba colgada al cinturón también tendría que tener un encantamiento de esos, mientras que el báculo lo llevaría en forma horizontal al suelo, evitando que la base del báculo lo tocara.

Otra de las opciones que también tenía, era sobrevolar el lago. Para ello tendría que poner a prueba su imaginación y la magia, tanto de la antigua religión como la nueva.

- Difícil, muy difícil. De las tres opciones que tengo, la más sensata sería la segunda, pero tengo el problema que si el hielo se rompe por cualquier motivo y los cuerpos ascienden, tengo que utilizar Findfyre rápidamente. Si utilizo ese hechizo el hielo se deshace y yo caigo al agua. Mmm… también podría poner a prueba la tercera opción, lo peor que me pueda pasar es que caiga al hielo y me dé un fuerte golpe.- Se dijo así mismo nuevamente, cada vez más acostumbrado a hablar solo, pues la soledad era lo que tenía.

Muchas veces estuvo tentado a evocar un Golem de piedra para que pareciera que estaba hablando con él, pero se lo pensaba mejor y decidía seguir solo de momento.

De todas formas tan poco era tan malo, había estado solo durante la mayor parte de su vida, hasta que la carta de Hogwarts llegó y le cambió la vida para siempre y mejor.

Suspirando, decidió finalmente utilizar la tercera opción, mezclada un poco con la segunda.

Para evitar que su cuerpo pesara más de lo normal, se sacó la bolsa, la alforja de agua y la espada, dejándolas en el suelo y lanzando los encantamientos de peso pluma y volviéndolas a recoger y colocárselas encima.

Notando que ahora pesaba menos, con su mano apuntando a los pies, hizo el hechizo de levitación sobre ellos, lográndose mantener en pie, figurativamente, por unos momentos, hizo la prueba de la imaginación, pensando que el aire mismo le rodeaba, sintiéndose llevar por él, pero manejándolo a su antojo, fue ascendiendo poco a poco en altura. Sonriendo ante lo conseguido, probó a ponerse en posición horizontal al suelo y avanzar lentamente de momento.

Viendo con asombro que su plan funcionaba a la perfección, decidió bajar para poder observar cuando salía del lago.

Volando lentamente a escasos metros del lago, Harry vio cómo se iba partiendo el hielo en varias zonas y manos surgían de él. Menos mal que había decidido sabiamente, sobre coger la tercera opción, aunque realmente fuera a ser puesta a prueba por primera vez.

Subiendo un poco más por si acaso los cadáveres putrefactos de los Inferis decidían probar a dar saltos, fue viendo como lo miraban desde abajo y subían sus manos hacia él. Riéndose de que les resultara difícil, vio para alivio que el lago terminaba pronto y aterrizó lentamente a unos cuantos metros.

En el momento que sus pies tocaron suelo, la sonrisa de triunfo que tenía Harry se evaporó como si fuera una gota de agua. Al parecer los Inferis de alguna manera sabían que estaba en el suelo nuevamente y todos juntos, cual marea de cuerpos, salieron disparados corriendo hacia él.

- Joder, en ningún libro ponía que podían correr como eso. ¡Findfyre!- Gritó apuntando con su báculo a la marea de muertos animados.

Del báculo salió un inmenso dragón de fuego, el cual fue rugiendo y volando a alta velocidad, hasta estrellarse contra los Inferis.

Los cuerpos iban siendo calcinados poco a poco y el hielo se iba derritiendo, dando paso a más de los cadáveres, el dragón dio paso a un basilisco enorme que éste dio paso a una quimera, la cual dio paso a una esfinge.

- Bueno, mierda.- Se dijo así mismo del caos que había realizado. Ahora le tocaba parar el Findfyre descontrolado que se estaba reproduciendo o dejarlo estar, hasta que secara el agua y no encontrara nada más que quemar y desapareciera el solo.

Muy tentado a la segunda opción, decidió que era mejor pararlo él, no fuera a ser que de alguna manera encontrara su camino hacia él o peor, encontrara el camino hacia la entrada, donde se encontraba Sarah.

Canalizando su magia y llevándola a través de su báculo Harry lanzó el hechizo para detener y controlar nuevamente los fuegos que se habían propagado.

El libro advertía que se necesitaba a un usuario de la magia muy poderoso para lanzarlo correctamente, más aun poderoso para controlar tal descontrol.

Poco a poco los animales míticos de fuego fueron entrando en el control de Harry, el cual estaba muy serio y no tenía tiempo para pensar en cosas triviales como si se secaba el agua o si los Inferis estaban destruidos.

Pasaron los minutos y los últimos animales en aparecer, empezaron a desvanecerse lentamente, cuando por fin quedaban el dragón y el basilisco de fuego maldito, Harry estaba jadeando y sudando enormemente, ante tal esfuerzo.

Con un empujón mental hacia sí mismo y dándose los ánimos para que terminara el trabajo, lanzó un grito primordial pidiendo ayuda a la magia de la antigua religión, la cual llegó con la fuerza descomunal que solía tener cuando Harry perdía el control en el frenesí de la batalla.

Sus ojos se volvieron dorados y su aura estalló a la vida, cubriéndolo y reconfortándolo.

En ese momento los dos animales de fuego maldito que quedaban, se apagaron en la inexistencia y Harry cayó de rodillas al suelo caliente debido a las altas temperaturas.

Jadeando, logró reinar en sus emociones y agradecer a la magia que le había ayudado en sus últimos momentos más difíciles.

- Bravo primo, parece que te has vuelto mucho más fuerte, pero también más estúpido. Creo que los monstruos como tú, terminan por volverse así.- Dijo una voz que no esperaba encontrar aquí y mucho menos oír nuevamente en su vida.

Suspirando y pensando mentalmente que podría ser una alucinación debido al cansancio, se levantó lentamente apoyándose en su báculo y se giró para ver la voz que le hablaba.

Abrió los ojos en la incredulidad ante lo que veía, al parecer delante de él, no estaba solo su primo, Dudley, sino que también aparecieron los amigos de la infancia de éste, pero más mayores, se veían como se tendrían que ver al ser de doce años o trece.

Estaban todos los que recordaba haber jugado con sus mentes, para que murieran o quedaran lisiados de por vida.

- Que te ha comido la lengua el gato, recuerdo que eras un buen esclavo de mis padres y mío.- Dijo Dudley causando la risa entre sus amigos y la suya propia, riéndose como si hubiera contado un buen chiste.

- Es imposible que estéis aquí, debéis ser una mera ilusión creada por esta sala.

- ¿Ilusión? No, no somos ilusiones monstruo. Somos reales y vamos a jugar a Caza a Harry nuevamente, así que prepárate para correr o morir.- Dijo Dudley, siendo uno de los primeros en lanzarse a su primo, el cual olvidó temporalmente que no solo llevaba un arma sino tres. Su espada, su báculo y su magia.

Olvidado de todo eso salió disparado, corriendo por su vida, rememorando los tiempos en los que él era más delgado y pequeño, por lo cual menos resistente en una carrera.

Mientras más corría y más corría, su respiración se iba haciendo más pesada y estaba más cansado debido a la cantidad de magia lanzada antes con los Inferis, los cuales parecían haber desaparecido. Espera Inferis, magia, no estaba desprotegido como en un primer momento pensó. Deteniéndose bruscamente y girándose mientras desenvainaba la espada corta, se giró a uno de los amigos de Dudley y le rebanó el pescuezo, haciendo que la sangre gorgoteara de la garganta del chico y el pobre cayera al suelo, balbuceando incoherentemente.

No deteniéndose ahí, se lanzó al segundo de los amigos, el llamado Piers, dando una estocada y clavándole la hoja en el centro del pecho, donde el corazón estaba.

Acercándose a él, para sacar la hoja de su pecho, le sonrió antes de que la muerte lo reclamara, para que viera la sonrisa malévola por última vez.

Dudley y los otros chicos vieron como había matado a sangre fría con una espada a los dos, y de alguna manera Harry vio con asombro como sacaban bates de béisbol y palos de golf de donde fuera.

- Ahora estamos más a mano, ¿No te parece monstruo?- Dijo Dudley acercándose tentativamente a Harry.

Harry para toda respuesta envainó la espada en su funda y dio una sonora carcajada en la cuestión de su obeso primo.

- Jamás estarás a mi altura, muggle.- Con eso volvió su báculo y lanzó una maldición expulsa entrañas a Dudley, el cual consiguió esquivar por poco, pero el que venía detrás no lo hizo.

El chico detrás de Dudley recibió la maldición de lleno en el abdomen, cayendo al suelo de rodillas y teniendo fuertes arcadas, en las cuales la sangre fluía de él, hacia afuera con lo que parecían restos o trozos de las entrañas del muchacho.

Gritos de agonía y gemidos de histeria salían de su garganta sangrante, hasta que empezó a expulsar los intestinos, tanto el grueso como el delgado, después de un rato viendo morbosamente, todos los implicados, Harry se cansó de la asquerosa escena y lanzó dos maldiciones seguidas, una de corte, decapitando al instante al que fue a ayudar al de las entrañas en el suelo y una maldición asesina al que estaba a punto de morir, matándolo en el acto y apiadándose del pobre.

- Ahora solo estamos tú y yo Dudley. No hay nadie que te proteja de mi ira.- Dijo Harry con una mirada asesina en su rostro, recordando todas las penurias que le hizo pasar su primo en el pasado.

- Vas a lamentar esto Potter, puede que no te mate yo o mis padres, pero el resto del mundo normal se dará cuenta y os exterminará.

- Pueden que se den cuenta, pero nosotros, la gente como yo, ya estamos luchando por un mundo sin gente como tú, muggle. ¡Crucio!.- Gritó la maldición tortura dando de lleno al gordo del muggle enfrente de él.

Dudley gritó y gritó en agonía y pidiendo clemencia, pero Harry no bajó la maldición tortura, en su caso subió la intensidad para dar más dolor y ver cuánto la patética mente de Dudley duraba.

Pasó un minuto, dos, tres, cuatro y cinco y el chico gordo todavía gritaba de dolor y convulsionaba, expulsando espuma por la boca, decidiendo que era hora de parar y darle una muerte digna de un cerdo, lanzó la maldición de Severus Snape, Sectusempra en Dudley, provocándole numerosos cortes por todo el cuerpo, dando lugar a que se desangrase cual cerdo en el matadero.

Cayendo de rodillas al no atisbar ninguna amenaza próxima, cansado de tanta magia y fatiga al correr en un principio, huyendo de la pandilla del muggle, se recriminó a sí mismo que si había una próxima vez, no se asustara pensando en el pasado, pues el pasado estaba como su nombre indica, en el pasado.

Decidió descansar un rato o un día entero de la larga caminata, sin darse cuenta de que llevaba caminando semanas en lugar de las horas que pensaba.

Los días posteriores a la prueba anterior de los Inferis y Dudley pasaron sin muchas pruebas delante suya, alguna vez aparecería alguien de su pasado, diciendo cuan patético se veía y que no merecía el amor que sus amigos le profesaban. Rápido acababa la conversación lanzando la maldición asesina o un hechizo de corte en ese muggle.

Sin molestarse en mirar hacia atrás, aprendió la dura lección de que ya no tenía por qué temer a los muggles, dado que él Harry James Potter Emrys, era más fuerte que ellos, más poderoso, tenía magia y lo más importante de todo, tenía amigos y aliados que velarían por él, como Sarah.

Las semanas se convirtieron en un mes y medio de caminata con solo encontrándose el muggle, de vez en cuando, así como se encontró también con su obeso tío, con un látigo de nueve puntas en la mano, Harry recordó claramente cuan dolía el látigo contra su piel, pero escudando los recuerdos tras innumerables escudos de Oclumancia, reino en sus emociones y mató a su "tío" sin mucha molestia.

Su tía apareció poco después, llamándolo asesino, a ella la torturó un poco antes de cortarle la cabeza con la espada, no entendía como estas criaturas patéticas tendían a aparecer constantemente, lo que Harry ahora anhelaba era un duelo con Dumbledore o el mismo Voldemort, incluso los dos a la vez sería bienvenido.

No tuvo que esperar mucho para que sus deseos fueran escuchados, puesto que el duelo que esperaba apareció poco antes de que empezara el segundo mes de caminata.

A lo lejos Harry podía distinguir la figura de un hombre encapuchado en una túnica oscura y al lado suyo otro hombre, éste un poco más viejo, vestido con túnicas amarillas con lunas y estrellitas en ella, lo cual le recordaba al viejo bastardo de Dumbledore.

Acelerando el paso, casi corriendo para estar enfrente suya y enfrentarlos a ambos, tuvo que agacharse repentinamente para esquivar una maldición de color enfermizo, que vino de alguna parte.

Levantando un muro protector a su alrededor, como acto reflejo, vio con asombro que por doquier aparecían magos en túnicas negras con máscaras blancas en forma de calavera, si su información era correcta eran mortífagos, pero no se quedaron solos, por el lado del viejo aparecía gente que reconocía de los periódicos viejos del Profeta.

Miembros de la orden del fénix, ayudando a los mortífagos de Lord Voldemort para intentar acabar con la vida de Harry.

Intentar era la palabra clave, pensó para sí mismo, pues no les dejaría salirse con la suya. Rápidamente evocó Golems de piedra, fuego y hielo para que le protegieran e incluso equilibrar la balanza un poco.

Harry sabía que un Golem podría acabar con la vida de cuatro o cinco magos, hasta que fuera destruido, por eso convocó dos o tres más de cada material.

- Escuchad con atención, que la mitad vaya a por los hombres vestidos con túnicas negras y máscaras blancas y la otra mitad a por los hombres con la cara al descubierto. El viejo y el cara serpiente, son míos.- Instruyó Harry a sus Golems, mientras observaba como ambos magos se colocaban en posiciones cómodas para observar.

Tontos, el par de ellos. Sería el final de sus hombres, al menos por ahora, puesto que sabía desde hace un tiempo que la gente a la que veía era un espejismo o una ilusión, fuerte y potente, debido a que podían sufrir daños, pero una ilusión no obstante.

Harry mismo se preparó para la batalla que tendría lugar, se puso en posición de combate con su báculo en una mano y la espada corta en la otra, preparado para dar inicio a la batalla inminente.

- ¡Potter! ¡Únete a mí o muere!- Rugió la ilusión de Voldemort desde su capucha.

- ¡Harry! ¡Es lamentable el camino que has escogido, tus padres se sentirían muy apenados! ¡Hoy morirás y te reunirás con ellos!- Gritó Dumbledore, haciendo una señal a sus hombres para que empezaran la batalla, al igual que Voldemort a los suyos.

Hechizos, maldiciones, transfiguraciones y gritos de guerra y batalla empezaron a resonar por todo el lugar.

Los hombres de Dumbledore y Voldemort, parecían sincronizarse y ponerse de acuerdo, para que unos protegieran a los otros, mientras que atacaban.

Los primeros en defender a los atacantes, pasaban luego de un rato al ataque, para que los atacantes mismos descansaran y pasaran a la defensa.

Maldiciones de todo tipo volaban a los Golems creados por Harry y hacia Harry mismo, el cual se defendía con todo lo que tenía en su repositorio.

Empezando directamente con la magia de la antigua religión, Harry comenzó lo que sería un cántico épico de hechizos y maldiciones, lanzadas a través de su báculo y canalizando su magia a través de la espada.

Dirigiendo sus armas a través de la multitud y haciendo poco a poco que mermaran en número y oposición.

Hechizos y maldiciones elementales empezaron a tener lugar en la batalla, mientras sus Golems aplastaban algunos de los magos enemigos. A veces éstos eran destruidos por el enemigo, pero de un Golem, Harry levantaba cuatro más de piedra.

De los Golems de fuego y agua, cuando veía que tenía el tiempo creaba otros dos o tres para que fueran a atacar.

En un momento dado decidió crear un Golem basilisco, lanzado de un hechizo Pársel. Algo que Voldemort no esperaba y vio con asombro como un gigantesco basilisco, parecido al de la cámara de los secretos, que abrió hace más de cincuenta años atrás, se erigía contra sus mortífagos y hombres de Dumbledore.

Dumbledore no se sorprendió de la elección de Harry, en utilizar los Golems para su beneficio y ayuda. El niño sabía lo que hacía para poder estar a la par y los hechizos elementales que sacaba a relucir, estaba dando problemas a sus propios hombres, que por muy capacitados en la magia que se encontraran, no tenían una defensa contra lo que veían, puesto que esos Golems no luchaban con magia, sino con sus propias manos, cuales gigantes de las montañas fueran.

Sacando su varita se preparó para intervenir e intentar pillar desprevenido a Harry, Voldemort que vio las intenciones de Dumbledore, sonrió desde debajo de su capucha e hizo lo mismo.

- Juntos, Tom y podremos vencerle.

- Por supuesto Albus, es una amenaza contra la vida y naturaleza. Los hechiceros deben morir.- Dijo Voldemort cayendo en el mismo credo que Dumbledore en cuanto a la opinión de hechiceros, brujos y druidas.

Harry estaba empezando a sudar, sus Golems empezaban a ser destruidos y por mucho que intentara bajar los números enemigos con magia elemental de tierra, agua y aire, siempre venían más hombres y mujeres en la caída de sus compañeros, parecía que la sala quería diversión con ésta batalla.

Pensando rápidamente en que podía hacer, mandó hechizos rompe huesos a los hombres que tenía a izquierda y derecha, lanzando rápidamente una andanada de maldiciones asesinas a los de enfrente, girando el báculo y el mismo para los que tenía detrás, lanzarles hechizos bomba y destructores de piedra, que al chocar contra la carne o los escudos que lanzaban para su propia protección, estallaban en pedazos sanguinolentos.

Harry llegó a un punto en el que los Golems ya no eran la opción más sencilla que tenía para su defensa y que las barreras y muros que había creado estaban empezando a fallar, tenía que buscar una solución antes que Dumbledore y Voldemort se pusieran de acuerdo para actuar y atacarle juntos.

Tal vez la primera opción que se le ocurrió en el lago helado funcionara, pero en vez de lanzar Findfyre, pensó en lanzar su contraparte en la magia de la antigua religión, algo mucho más poderoso y más difícil de controlar, Hellfyre.

Intentando aguantar un poco más, imbuyéndose en la magia antigua, sus ojos y aura comenzaron a cambiar de color, primero con betas doradas, para pasar más tarde a un completo dorado en sus ojos, algo que el enemigo pensó que se transformaría en licántropo. Equivocados estaban, los ojos de los licántropos eran de un color más oscuro al dorado suyo.

Con la mano que tenía sujeta la espada, la lanzó hacia atrás y cantó un hechizo que haría que la espada volara como si fuera un boomerang hacia sus enemigos, cortando y rebanando cabezas por doquier.

Al ver que iba a lanzar su arma, varios de los hombres rieron ante la visión del niño tonto a desprenderse de un arma como esa, pero la risa duró poco, como la espada fue lanzada y girando sobre sí misma empezó a cortar cabezas y degollar personas.

Harry una vez liberado de la espada, ahora se puso más serio que antes al lanzar magia con ambos, báculo y mano.

Se le podía ver al joven hechicero, hacer una danza mortal con mortífagos y miembros de la orden del fénix que quedaban.

Poco a poco iban disminuyendo en número y fuerzas, pero Harry todavía no había roto a sudar. Cansándose de que siguieran atacando con lo mismo, Harry dio una sonrisa malévola, cogiendo el báculo con ambas manos dijo en gales antiguo.

- Ice pikes.- Dijo creando detrás de los hombres restantes unas hileras de picas de hielo en posición para ser empujados hacia ellas, cosa que no tardó en hacer con su siguiente hechizo, pues veía que Dumbledore y Voldemort estaban avanzando hacia él, con claras intenciones de unirse a la batalla.

- Àirde na gaoithe putadh.- Dijo creando una oleada de aire que mandó a todos a volar hacia las picas y ser empalados por éstas en muchas posiciones diferentes.

Por un momento, Harry pensó que si Vlad el empalador existiera todavía, estaría muy orgulloso de su acto.

Respirando fatigadamente durante unos momentos, Harry transfiguró los restos de su basilisco en un muro de piedra gigante que le rodeara para poder descansar un poco. Acto seguido hizo que una parte del muro quedara invisible desde su parte, pero visible para la parte en la que Voldemort y Dumbledore quedaban.

Voldemort y Dumbledore vieron con horror como la mayoría de sus hombres eran lanzados a su propia muerte con ese hechizo elemental, pero no solo ellos, el hechizo llegó hasta la parte que ellos estaban y fueron lanzados hacia atrás también, por suerte detrás de ellos no había picas de hielo que pudieran ser ensartados.

Miraron para ver un recuento de cuantos hombres le quedaban a ambos y para alivio de los dos aún les quedaban peones para lanzar al muchacho y cansarle un poco, antes de llegar victoriosos y darle caza.

De los hombres de Dumbledore solo quedaban el ex auror, Alastor Moody, su hermano, Aberforth Dumbledore y el rompe maldiciones, William Weasley, que prefería ser llamado Bill. De los hombres de Voldemort, solo quedaban unos pocos del círculo interno, Lucius Malfoy, Bellatrix Lestrange, Rodolphus Lestrange y Rabastan Lestrange. El resto de ineptos habían encontrado su muerte, a manos de los Golems o por la propia magia del niño.

Tenía que reconocerlo, el chico era poderoso, demasiado poderoso como para dejarlo unirse a él, el gran Lord Oscuro Voldemort, un mago que inspiraba temor en sus enemigos y aliados por igual.

Aunque no inspiraba ningún temor en el niño hechicero, algo que no comprendía del todo bien y no aceptaba de ninguna manera.

- Mis leales y fuertes mortífagos, he venido en vuestra ayuda, juntos derrotaremos al niño que está cansado y le daremos muerte. Ahora no se salvará por la suerte, está escondido tras ese muro de piedra y no nos puede ver.

- Mi Lord, los miembros de la orden del fénix también se preparan para atacar, ¿Lo haremos juntos?

- Por supuesto mi querida Bella, es mejor atacar con nuestro enemigo que por separado, tienes que recordar que el niño es un sucio hechicero, una abominación de la naturaleza que debe ser destruido.- Dijo Voldemort inspirando ánimos y fuerzas en los mortífagos y algunos de los miembros de la orden.

- Tom tiene razón, Alastor, Aberforth, Bill, Harry debe ser parado y destruido, para que nuestra sociedad se vea finalmente purificada de tal mal.- Concordó Dumbledore, en el credo que había creído hace tantos años y le costó muchos años de su vida hacer creer en la gente común. Algo que el niño se veía en la obligación de destruir, junto todo aquello que tanto le costó construir.

Tanto los miembros de la orden del fénix como mortífagos se prepararon para destruir el muro de piedra que los separaba de su víctima final, pero lo que no esperaban fue lo que siguió a continuación.

El muro estalló desde dentro hacia afuera, enviando una oleada de piedra y metralla a los mortífagos y miembros de la orden del fénix restante, que no estaban preparados para erigir escudos protectores.

Las piedras y metralla que salió volando se transfiguraron en picas de hielo y fuego candente, atravesando así a los que no tenían escudo erigido.

Alastor Moody fue atravesado por una pica de hielo, perforando el ojo bueno y la cabeza, dándole muerte inmediatamente.

William Weasley fue atravesado en el pecho por una lanza de fuego y calcinado poco después. Una muerte horrible para algunos.

Aberforth solo fue atravesado en una pierna, haciendo que gritara de dolor y agonía, hasta que se cortó la propia pierna para no estallar en llamas como William.

Lucius, Bellatrix, Rodolphus y Rabastan fueron todos empalados en varias lanzas de hielo y fuego, calcinados poco después.

Voldemort y Dumbledore fueron más inteligentes que sus subordinados y lograron protegerse con escudos transfigurados de piedra o acero.

- Parece ser que solo quedáis vosotros dos.- Dijo Harry un poco cansado de tanta magia, con su tono de ojos normal.

Harry no estaba del todo bien, estaba magullado y herido en varias partes de su cuerpo, sangrando y temblando de varias maldiciones que recibió o de las que estaban perdidas.

Un brazo le tenía herido y sangrante por encima de su hombro, en la pierna derecha también estaba herido, tenía un agujero que se veía muy mal sino recibía atención médica inmediatamente.

Para desgracia de Harry, no sabía ningún hechizo o encantamiento de sanación, pero sí que sabía el encantamiento estasis, algo que pondría en su pierna y hombro heridos, para que cuando regresara al tierno cuidado de Sarah, ella lo sanara, pues tendría los remedios, pociones y textos para tal cosa.

- No parece que estés en muy buenas condiciones Potter…- Logró decir entre bocanadas de aire y dolor el hermano de Dumbledore.

- No hablo con muertos, viejo. ¡Avada Kedavra!- Lanzó Harry a Aberforth que no fue capaz de esquivar la maldición asesina y cayó al suelo muerto.

- Parece ser Dumbledore que no aprecias a tu propia sangre.

- Él era un tonto, si no pudo esquivar esa maldición, se lo tenía merecido. Además ahora tendré el control total de la bóveda Dumbledore.

- Oro, poderoso caballero es don dinero.- Citó Harry sin darse cuenta a un antiguo poeta español de la España de oro, Don Francisco de Quevedo.

- Buena citación, sí el oro es imprescindible para mí y cuando tú mueras, Tom y yo nos repartiremos el tuyo en honor al derecho de conquista.- Informó Dumbledore sonriendo gentilmente con esa maldita sonrisa de abuelo que tanto molestaba a Voldemort.

El propio Voldemort se dejó caer su capucha, mostrando un rostro desfigurado por las artes oscuras y sus respectivos rituales, algo que Harry no entendía, porque él también practicaba las artes oscuras y hacía rituales, aunque las artes que practicaba Harry eran solo denominadas oscuras por el ministerio de magia y el propio Dumbledore en miedo de que alguien se volviera más poderoso que él.

Comprendiendo rápidamente porque se veía así, Harry abrió los ojos en total shock, Horrocruxes, era por la magia del alma que Voldemort se veía como el monstruo que parecía enfrente de él.

- Terminemos de charla y comencemos con la batalla final. Solo dos quedaran en pie y uno morirá, ¿Sabes quién Potter?

- No, porque yo soy de la opinión que dos morirán y uno quedará en pie, ese uno seré yo.

- Y ¿Quién te crees que eres Potter?- Escupió Voldemort con odio y malicia.

- Un Emrys, bautizado por los mismos Druidas que dieron tal honor al mismísimo Merlín.

- Una estafa es lo que eres, un niño con mucha suerte en la vida, vida que se extinguirá por mi mano. ¡Avada Kedavra!- Lanzó Voldemort a Harry, éste esquivando la maldición y entendiendo rápidamente que la batalla por su vida, acababa de comenzar.

Harry esquivó la maldición verde y asesina del asesino de sus padres y percusor de su tortura con los muggles que el otro hombre que lanzaba sus propios hechizos y maldiciones, Albus Dumbledore a Harry.

Harry dio la orden a sus Golems de atacar a los dos magos para darle tiempo en pensar que tipo de magia utilizar contra éstos dos.

Tendría que utilizar magia que fuera rápida en cuestión de lanzamiento. Así que la magia rúnica y la de sangre quedaban descartadas.

Las magias que más se asemejaban era la de la antigua religión y la magia nueva. Sí eso podría ser, utilizaría la mezcla de ambas, pero herido como estaba tendría que darse prisa en incapacitar a uno de los dos.

¿Cuál? Pensó para sí mismo, Voldemort o Dumbledore.

Mirando en dirección a sus Golems que estaban siendo destruidos por ambos magos, se tomó la decisión de que Voldemort sería el primero en caer, con una de las maldiciones que siempre había querido probar, una maldición de la antigua religión que atacaba tanto al cuerpo como el alma de la persona o ser, contra que fuera lanzada.

Concentrándose y fijando su objetivo con el báculo, Harry aprovechó la destrucción de uno de sus Golems y la visión que le daba un Voldemort desprotegido.

- Burning pian corp agus anam. - Lanzó Harry a un Voldemort desprevenido que cogió la maldición entera.

Voldemort cayó al suelo con dolor extremo y gritando por primera vez en mucho tiempo. Para él era peor que la maldición Cruciatus, lo que le echara el niño, parecía que no necesitaba de seguir lanzándolo, pues estaba intentando hacer lo mismo con el viejo Dumbledore.

Ahora mismo Voldemort era inservible y más como un estorbo para Dumbledore y Harry, pero Harry aún le dejaba con vida y dolor, por lo que el niño tendría algo planeado para él.

Por eso Dumbledore intentó acercarse a Voldemort e intentar sanarlo de alguna manera, lo cual daba pocos resultados pues los Golems que todavía estaban enteros o semi enteros, le daban batalla, al igual que el niño, lanzándole maldiciones de corte, rompe huesos, asesinas, tortura, maldiciones elementales de fuego, hielo, agua y tierra. Transfiguraciones y encantamientos, hasta llegó el punto de lanzar rayos a través de su báculo, no sabía de donde podrían venir los rayos, debidos a que la sala no tenía nubes para tal acto.

Harry lanzaba todo lo que tenía en su repositorio a Dumbledore, pero parecía que el viejo no moría, seguramente Dumbledore no sería capaz de escapar del fuego maldito y del Hellfyre de Harry, pero se quería abstener de lanzar esas dos maldiciones, pues era arriesgado para él mismo, no tenía la fuerza suficiente y ya estaba comenzando a jadear y cansarse de su duelo con el viejo.

Dumbledore, pensó Harry, tenía la suerte de no haber estado en duelo con más de un centenar de magos a la vez, algo que Harry sí que tuvo la suerte o no. Ahora, la próxima vez que quisiera un duelo o deseara tal cosa, se lo pensaría dos veces antes de pedirlo a una sala como ésta.

Mirando a su alrededor, desesperado por acabar de una vez y no bajando la guardia al mismo tiempo, decidió que un terremoto no vendría mal, pero en el instante que lo iba a provocar, vio su espada tirada por detrás de Dumbledore.

Justo, la espada, si la convoco mientras que ataco por todos los flancos a Dumbledore o lo distraigo lo suficiente, le atravesará el corazón o lo que sea.

- ¡Accio espada!- Gritó en un susurro, intentando gritar otra maldición al mismo tiempo, para que no se diera cuenta el viejo.

Convocando la espada y lanzando una maldición de corte menor, como la Diffindo, la espada de acero gobblin voló desde detrás de Dumbledore, atravesándole el pecho y saliendo llena de sangre.

- ¡Sí! ¡Lo conseguí, mate a Albus Dumbledore!- Gritó feliz Harry, renovado de sus fuerzas momentáneamente, no esperó un segundo y quemó el cuerpo de Dumbledore con Hellfyre, no queriendo arriesgarse a que le devolviera el golpe.

Cayendo al suelo de rodillas, cansado de la dura batalla, se dio cuenta por primera vez en donde se encontraba, todavía estaba en la sala del espacio y el tiempo, y los enemigos en esta sala, si eran parte reales, debido a que podían sufrir daños, también eran ilusorios y los verdaderos quedaban en la vida real, con vida.

- ¡Mierda!- Maldijo Harry en voz alta, olvidando que todavía quedaba un oponente, aunque éste estuviera tan mal herido que lo único que pudiera hacer era gritar en agonía y reír en locura, ante la maldición de Harry.

- ¿Lo comprendes ahora verdad? Nosotros no somos más que ilusiones, muchacho. Todavía estamos en la vida real y en la vida real te será más difícil matarnos…- Se vio cortado, cuando literalmente Harry le cortó la cabeza matándolo en el acto.

- Cállate.- Dijo a un decapitado Voldemort. – Os maté aquí, lo haré fuera también. Pero por el momento es mejor descansar…- Esta vez se vio cortado a sí mismo, al caer en el suelo desmayado de agotamiento.

Los Golems que todavía le protegían, hicieron un círculo un tanto extraño entre ellos y Harry. Extraño porque eran dos los únicos que quedaban en pie.

Harry estuvo inconsciente por lo que parecieron horas para cuando despertó, pero en una parte de su mente, sabía que habían pasado días. El tiempo se le acababa para finalizar las pruebas, lo sabía en su fuero interno, debía de terminar con esto rápido, por ello sacando fuerzas de donde no sabía que las tenía, abrió los ojos encontrándose con sus Golems que lo estaban protegiendo en un círculo extraño.

Levantándose e irguiéndose con cierta dificultad, vio con cierto interés que los cuerpos de sus enemigos no habían desaparecido como solía ocurrir cuando se encontraba con los muggles que intentaban matarle o dañarle de alguna manera y fracasaban en el intento.

Sacando un poco de comida y agua, comió y bebió hasta saciarse.

Después, con esfuerzo, transfiguró un enemigo caído en una lanza para poder apoyarse en ella. La herida de la pierna se veía un poco en mal estado y con un encantamiento Episkey básico, intentó curarla. La del hombro hizo lo mismo, para después lanzar en ambas heridas mal curadas, encantamientos de estasis.

Levantándose con dificultad, apoyándose en ambos, lanza y báculo, dijo a sus Golems de continuar con él, protegiéndolo de los enemigos que vinieran en pos de él.

Harry continuó con el viaje, quedándole menos de un mes para completar la prueba y volver a donde se encontraba Sarah, la cual echaba mucho de menos en momentos como éste. Se preguntaba qué es lo que estaría haciendo y si ella también le echaba de menos.

- Por supuesto que me echará de menos, tanto o más que yo a ella. Parece un poco tomada conmigo… estoy hablando solo otra vez, esto se está volviendo en una costumbre rara…- Se dijo Harry a sí mismo pensando en que iba a volverse loco en tanta soledad. Los Golems al parecer no contaban puesto que el único propósito que tenían era el de protegerlo.

Caminando por días y días, sin tener encuentros fortuitos, iba recuperando poco a poco las energías perdidas, pero todavía se sentía cansado y agotado del duro y arduo viaje.

Cuando iba a caer y rendirse, se encontró con la última prueba, la prueba final que decidiría si las había pasado todas con éxito o no.

Se encontró con una figura alta y musculosa, vestida de negro con rayas verdes y doradas, adornando su túnica, el pelo lo tenía largo y le caía por los hombros, sus ojos de color verde bosque, como los de Harry, con betas doradas en ellos.

En definitiva parecía un clon exacto a Harry, pero mucho más antiguo que él.

Con un movimiento de mano del clon, los Golems se deshicieron en arena y habló a Harry.

- No te harán falta para ésta última prueba.- Dijo el clon que se parecía a él.

Harry mirando en ambos lados, en los que estaban sus Golems, respondió a su clon que no tenía las fuerzas necesarias para darle una buena pelea, por lo que el clon se río a carcajada limpia.

- No estoy aquí para eso.

- ¿Entonces, para qué?- Preguntó cansadamente, evocando un par de sillas para ambos y una mesa.

- ¿Hora de tomar el té?- Preguntó haciendo caso omiso de la pregunta anterior.

- No, hora de comer y beber. Tengo comida de sobra para dos y te ves como si lo necesitaras, al igual que yo. Además si lo único que vamos a hacer es hablar, mejor estar cómodos.- Dijo Harry a su homologo.

- Bien, si es lo que quieres, que así sea.- Dijo, mientras ayudaba al más joven a desempacar la comida y el agua.

Comieron y bebieron en silencio cómodo, hasta que terminaron y Harry estaba saciado.

- Creo que es hora de las presentaciones.- Dijo el homólogo de Harry. – Soy, como habrás supuesto, una versión más antigua de ti, una versión que ésta sala ha creado para la última prueba. Pero puedes llamarme Emrys, creo que sería raro que nos llamáramos Harry a los dos, ¿Verdad?

- Sí, sería un poco raro eso, Emrys.- Dijo Harry sin sorprenderse mucho, dado que suponía que se trataría de algo como eso.

- Ahora bien, no estoy aquí para detenerte en tu viaje, sino para iluminarte.

- ¿Iluminarme? ¿Qué quieres decir?

- Es sencillo, en verdad. Soy lo que se diría tu propia magia, tu propio ser. Has recorrido un largo camino, superando cada una de las pruebas, aprendiendo de tus errores cometidos en ellas, matando y sobreviviendo a los que querían dañarte. Aquellos que no merecía la pena matar, los dejabas con vida, pues te diste cuenta que no podían hacerte más daño, de lo que tú hacías a ellos.- Dijo tomando un tiempo para que Harry lo asimilara todo.

- Sí, había ciertos muggles que no mataba, muggles que no podían hacerme daño porque no tenían los medios para ello o estaban incapacitados…

- Bien, estas pruebas que has ido pasando, ¿Sabes para que servían?

- Para probarme a mí mismo

- Cierto, pero no del todo correcto.

- No lo entiendo, si son para probarme, pero al mismo tiempo para otra cosa, ¿Qué cosa?

- Eso, mi querido y más joven yo, no puedo decírtelo, pues tendrás que averiguarlo por ti mismo.- Dijo haciendo que le más joven y herido de los dos frunciera el ceño ante la frustración que empezaba a sentir.

Frustración que se dio cuenta y se sorprendió de que sus escudos llevaran varios días sin ser vigilados y puestos en su lugar, algo que tendría que remediar pronto.

El otro, Emrys se dio cuenta de lo que pasaba y le aseguró a Harry que tenían tiempo de sobra para que meditara y re fortaleciera sus escudos de Oclumancia.

Harry asintiendo con la cabeza, se metió en sus escudos y mente para hacer precisamente eso, re fortalecerlos y asegurarse que no caían en pedazos.

Pasando dentro de su mente, por los que parecieron horas, estuvo meditando la pregunta de Emrys durante el rato que estuvo reconstruyendo su paisaje mental y organizándolo todo de nuevo, para que estuviera mejor.

Dándose cuenta de lo que realmente quería decir o lo que pensaba que quería decir, salió de su mente una vez finalizado.

- Has terminado.- No era una pregunta, sino una afirmación de Emrys. – Y también has comprendido.- Asintió con la cabeza, con una sonrisa de orgullo en su rostro.

- Sí. O eso creo, al menos.

- No hace falta que me digas lo que has comprendido, puesto que somos la misma persona. Felicidades, has pasado con honor y sabiduría todas las pruebas, ahora tengo una pregunta, que debes preguntarte. Bueno, más que una, dos.

- Adelante, Emrys.- Dijo Harry sonriendo.

- ¿Qué harás ahora, volverás aquí?- Preguntó a lo cual Harry se limitó a negar con la cabeza.

- No, he tenido suficiente. Llevaré mi aprendizaje normalmente, como debería haber sido, lo de volver a esta sala, no me entusiasma en absoluto. Sí me he vuelto más fuerte y poderoso en la magia, me canso menos que antes, pero aun así, no creo que vuelva.

- Todavía no estás preparado, sin embargo.

- Cierto, todavía me queda un largo camino de aprendizaje, pero creo que el tiempo me hará más sabio y fuerte.

- Tienes razón, el tiempo y la experiencia, hará que te vuelvas fuerte y poderoso en todos los sentidos.

- También mis amigos y aliados.

- Por supuesto y hablando de amigos y aliados, aquí viene mi segunda pregunta. Sé que eres joven para pensar en romanticismos, pero tienes una bruja y una hechicera que se están enamorando de ti, ¿Qué es lo que vas a hacer con ellas?

- ¿Una bruja y una hechicera, enamoradas de mí?- Dijo Harry un poco incrédulamente, podría ser poderoso en la magia y la fuerza física, tener poder político como ningún otro hombre, pero en los temas del corazón, era aún inexperto y un poco lento de comprender.

- Si Harry, Cassie y Sarah, se están enamorando de ti.

- Sarah es un poco mayor para mí, de todas formas.

- Si, es mayor pero la edad en nuestro mundo no tiene nada que ver. Además en… que dos años serás lo suficientemente mayor para darle lo que necesita a ella. También no puedes rechazar, que es muy atractiva en muchos sentidos.

- Sí, eso es cierto.- Dijo Harry con una sonrisa de medio lado. – Nos conocemos mejor, gracias a éste año o día, o lo que sea.- Dijo haciendo que su contraparte adulta asintiera nada más con la cabeza.

- Pero también está Cassie, alguien que es una buena amiga y no pone en duda lo que hago, aunque me equivoque. Es valiente en dar su opinión, pero creo que es todavía un poco ingenua de algunas de las cosas que la rodean, sobre todo del mundo exterior.

- Sí, pero eso es debido a su infancia, ella no ha tenido los problemas que tú y Sarah habéis tenido.

- Cierto.- Dijo pensativamente. – Creo, que todavía no estoy listo para decidir entre alguna de las dos. Creo que es mejor que el tiempo decida y que cuando llegue el momento sabré que hacer.

- Una decisión sabía. De momento atente a tus proyectos y más adelante, cuando tengas la edad de trece o catorce años, te fijarás en ellas, no como amigas, sino como posibles amores en tu vida.- Dio el último consejo Emrys, algo que no sabía si seguir o no, porque tampoco es que fuera muy claro para él.

Aparte de Cassie y Sarah, había otras chicas en el mundo y no dejaría pasar la oportunidad de buscar y experimentar con el amor, cuando fuera más mayor.

- Ahora Harry, te queda tu viaje de vuelta, aunque eso de viaje es… como diría… una simple expresión, sí, eso, una simple y pura expresión.

- ¿Qué quieres decir? He tardado meses en llegar hasta aquí, no conseguiré llegar a tiempo y menos herido.

- ¿Herido? ¿De qué?- Preguntó Emrys, haciendo un ademán con su mano y envolviendo a Harry en una cúpula dorada, la cual curó todas las heridas y magulladuras que tuvo en todo el viaje.

- Increíble…

- Lo sé, somos la misma persona y no podía dejar que Sara nos viera de esa forma, además detrás de mí, está los escalones que te llevaran al punto de tu partida.

- ¿Entonces? ¿Esto es un adiós? ¿Así sin más?

- Así sin más. Solo te voy a pedir un último favor.

- Claro, dime.

- Dame la mano.- Dijo con una sonrisa de las suyas, lo cual Harry encogiéndose de hombros se levantó de la silla recogiendo su báculo en el proceso y extendiendo su otra mano, para estrechársela a su yo más antiguo.

Lo que no se esperaba Harry es que su yo más antiguo, el que se hacía llamar Emrys, para evitar confusiones, se fusionara con él en un destello verde oscuro y dorado, haciendo iluminar brevemente la sala, con otro color que no era el blanco.

Cuando el destello desapareció, Harry pudo ver con cierta incredulidad que había vuelto al punto de partida, y si bien sus ropas estaban sucias y destrozadas en varias partes, sus heridas y cuerpo habían sanado completamente, exceptuando unas pequeñas cicatrices, recordándole de sus batallas personales.

Subiendo las escaleras en silencio y preguntándose donde estaría Sarah, investigó todas las salas en las que pensó que estaría.

Fue a la cocina a prepararse un aperitivo y algo más que beber que no fuera agua, después se fue a su habitación, esperando encontrar algún indicio de Sarah allí, pero no estaba.

Con un encogimiento de hombros, cogió ropa limpia, sin túnica y se fue al baño a ducharse y relajarse con el agua caliente.

Cuando salió vestido con las ropas nuevas, fue a la habitación de Sarah, pensando que tal vez estaría allí durmiendo, pues según el reloj de lo que parecía un palacio, marcaban las tres de la mañana.

Correctamente encontró a Sarah en su cuarto durmiendo medio destapada y vio interrogativamente lo que utilizaba de pijama.

Una camiseta blanca de tirantes, descubriendo sus brazos y dando a ver sus atributos femeninos un poco. Y parecía que no utilizaba pantalones, estuvo tentado a investigar un poco más, pero se sacó esa idea de la cabeza y arropó a Sarah dándole un beso en la frente.

Con un murmullo que se parecía a su nombre, Harry salió de su habitación para dirigirse al a suya a leer un poco y a poner en orden sus escudos, una vez más.

Al ver partir a Harry de la manera que lo vio, Sarah se volvió sus pasos hacia lo que parecía y empezaron a llamar en broma, "palacio", para darse un baño relajante y pensar en lo que sentía o pensaba que sentía por su joven pupilo.

Caminando hacia su habitación Sarah se fue a coger unas prendas de deporte, para estar un poco más cómoda, ahora que Harry no estaba.

También cambiaría el pijama que había estado usando en presencia de Harry o al menos presencia de una habitación de distancia.

Normalmente Sarah dormía desnuda cuando estaba sola, no le gustaba el roce de prendas de vestir cuando dormía. Le gustaba sentirse libre y liberada mientras descansaba por las noches, por ello, eligió para dormir un top y simplemente en bragas, no dormiría completamente desnuda, debido al hecho de que no sabía cuándo volvería Harry.

Dirigiéndose al baño y siguiendo con ese pensamiento en mente, activó la bañera para que fuera llenándose y desnudándose en el proceso.

Metiéndose dentro de la bañera de agua templada con las sales de baño, se permitió relajarse por primera vez en más de ocho meses que llevaban entrenando juntos.

Parecía ayer cuando tuvo su primer encuentro con el joven que tanto cariño tenía. Es cierto que fue hace poco tiempo que se conocían pero había algo en el tratamiento de Harry, hacia otras personas que era como… si se conocieran de mucho tiempo.

Siguiendo en la línea de pensamiento, de cuando lo conoció por primera vez en Egipto, en su duelo, al principio cuando el Sumo Sacerdote la dijo que Harry Potter Emrys, iba a ser su pupilo durante dos años, para que éste se convirtiera a los ojos del Concilio y todos los hechiceros, druidas y brujos en Maestro Emrys, pensó que el niño no sería capaz de cumplir con tal hazaña.

En su duelo, fue lentamente cambiando de opinión y después cuando vio cómo se convertía en dueño de esa magnífica ave negra, su fénix Bennu, fue cambiando más de opinión.

A lo largo del tiempo que pasó con él entrenando en la mansión Potter y viéndolo como se batía en duelo con magos experimentados y más mayores que él y salía victorioso, su respeto por Harry Emrys fue creciendo.

No estaba segura cuando el respeto fue cambiando a cariño de hermanos y menos segura aun cuando ese cariño, fue convirtiéndose poco a poco en lo que pensaba era amor.

Saliendo de la bañera y moviendo la cabeza para sacarse esas ideas de su mente, debido a que Harry era un niño todavía, un hombre en ciertos aspectos de mentalidad, pero su cuerpo era la de un niño, no obstante.

No, no debía confundirse, lo que sintiera por Harry, si llegaba a más lo descubriría en un futuro, ahora que faltaba acción en su vida, al menos por el tiempo que su joven pupilo estuviera ausente, haría un entrenamiento menos intenso y podría leer y estudiar de los libros que Harry se trajo con él, salvo los de alquimia, ya que no era un tema que la entusiasmara.

Los meses pasaron y Sarah cada vez echaba más de menos a Harry, faltándole las conversaciones y coqueteos inocentes a diario.

Se preguntaba como estaría yéndole en su viaje lleno de pruebas y si estaría a salvo.

Ese día se metió en la bañera nuevamente, aburrida de su mente y deseando que terminara el año, para poder salir de la sala.

Los meses que había estado sola, los había pasado en relativa paz, entrenando por las mañanas, leyendo los libros que había dejado atrás Harry y preparando comidas para no tener que guisar a diario.

Finalmente decidió irse a la cama a dormir, con un poco de suerte al día siguiente o cuando se despertara, mejor dicho, se encontraría a Harry nuevamente, esperándola para desayunar.

Esa noche sintió algo raro mientras dormía, algo o alguien al parecer se había colado en su habitación, la habían arropado y sintió los labios de alguien en su frente, dándole un beso suave y tierno.

Tal vez fuera su imaginación que la estaba jugando malas pasadas, pero en su interior albergaba la esperanza de que hubiera sido Harry, que había llegado sin fijarse en la hora de su llegada.

Saliendo de su cuarto de baño, el que estaba en su habitación, se vistió como todos los días, desde que Harry se fue y salió a la cocina, recibiendo un olor a comida exquisito.

- Es raro, si estoy sola, ¿Cómo puede oler a comida?- Se preguntó a sí misma, haciendo alarde de hablar en voz alta.

- Eso será porque no estás sola más.- Llegó la voz inconfundible de Harry desde la cocina, haciendo detenerse en seco a Sarah y con una enorme sonrisa llegar corriendo y abriendo la puerta de golpe, recibiendo la vista de un Harry un poco más alto y más fuerte, vestido con sus ropas normales, oscuras y haciendo el desayuno.

- Buenos días dormilona.- Saludó en broma Harry.

Por toda respuesta fue recibido en un gran abrazo, el cual se sentía un poco aplastado en los atributos de Sarah.

- Aire… necesito aire…- Quejó en broma Harry y con un bufido Sarah le soltó, pero no sin antes darle un par de besos en las mejillas, dándole su bienvenida.

- Me preguntaba cuando volverías. Me tenías preocupada…

- Ya te dije que volvería. No tenías por qué preocuparte, pero me alegro de estar de vuelta.

- Tienes que contarme todo, con pelos y señales.

- Hecho, pero primero desayunemos. ¿Por cierto cuanto queda para salir?

- Dos días. Nos quedan dos días.

- Estupendo, en esos dos días descansaré bien.

- ¿Qué? ¿No entrenarás? ¿Quién eres tú y que has hecho con mi Harry?

- ¿Tu Harry?- Preguntó con una sonrisa descarada. – Si te contara por lo que he pasado… creo que me tirarías de las orejas y me darías un coscorrón, por eso mejor creo que no te contaré.- Dijo Harry volviendo al desayuno, sin darse cuenta del ligero sonrojo que adornaba el rostro de Sarah.

- De todas formas, tendrás que explicarme porque quieres descansar dos días y no estudiar, no es normal en ti.

- Tuve un par de batallas… en las que salí ganador, pero no por ello indemne. Necesito un poco de reposo y tranquilidad. Aparte del hecho de que los dos días que quedan, me gustaría pasarlos poniéndonos al día. ¿Qué has hecho tú?

- No mucho, en su mayoría practicar por las mañanas y leer por las tardes, un poco aburrida de mi misma.

- Y por lo que veo, has elegido estar en ropas cómodas.

- ¿Eh?- Dijo sin entender, hasta que vio lo que llevaba puesto, sus pantalones de chándal ajustados y un top negro, también un poco ajustado. – Oh, sí. Estoy bastante cómoda así y tú no estabas, tampoco sabía que llegabas hoy.

- No pasa nada, me gusta cómo te queda.

- Gracias, pero creo que sería mejor si me cambio, no quisiera desconcentrarte…

- Oh no lo harás, tu tranquila. Por cierto, también me gusta tu pijama…

-¡Que! ¡Pasaste a mi habitación anoche! ¡Fuiste tú el que me arropó y besó la frente! ¡Y si hubiera estado desnuda!- Regañó Sarah, dejándose de bromas.

- Lo siento Sarah, pero no sabía dónde estabas y no me fijé mucho en la hora, solo que eran las tres de la mañana.

- Claro, solo que eran las tres de la mañana, algo normal…

- Lo siento, no volverá a pasar, la próxima vez dejaré una nota, no creí que te importara tanto.

- No Harry, me importa un poco, pero nada más que por si hubiera estado… desnuda.- Dijo con un suspiro. – Tienes que entender que estás en la edad pre adolescente, la cual hay ciertas…

- Tranquila, no tienes por qué explicarme nada acerca del sexo.

- ¿Cómo…?

- Puede que aparente ser joven, pero soy un adulto en el cuerpo de un niño, en mi vida antes de Hogwarts y la magia, leía muchos libros, pensaba que el conocimiento era un gran poder a tener en cuenta, así pues, algunos de esos libros, tenían menciones acerca del sexo, es normal en novelas románticas, de ficción y de fantasía.- Explicó Harry dejando una aturdida Sarah.

- Bien, pues me alegro por ti, pero que no vuelva a pasar o si no te maldeciré hasta que tengas veinte años.

- De acuerdo, de acuerdo.- Dijo Harry con las manos en alto, en señal de rendición.

Los días posteriores al regreso de Harry, es decir, los dos días que quedaban, se lo pasaron poniéndose al día sobre sus rutinas y acontecimientos.

Harry le contó sobre el viaje o caminata, como mejor le gustara llamarlo. Le contó sobre las pruebas a las que se vio obligado a superar, lo que su mente le decía, provocándole a que se rindiera y desistiera de sus planes y demás. Le contó sobre los temores que tuvo y sobre como los fue superando poco a poco.

Ella le escuchó atentamente, mientras que Harry se desahogaba poco a poco. Asintió en los momentos que tenía que asentir, aconsejó en los momentos críticos y dio su opinión sobre las batallas que tuvo que luchar.

Ella por otra parte le contó lo poco que hizo, no tan interesante, pero sí para ella de cierta forma.

Se sinceró en los pensamientos que tuvo para con él, llegando al punto que le interesaba a Harry, el punto en el que habló con su yo más viejo o con lo que fuera.

- Sí, eso me gustaría saber y hablar Sarah.

- Imaginé que te gustaría hablar de ello.- Dijo sonriendo, pero borrándosele la sonrisa al ver la seriedad de Harry.

- Sarah, necesito que me digas cuáles son tus sentimientos hacia mí.

- ¿Y los tuyos, Harry?

- Te los diré, pero antes necesito saber lo que sientes tú. Tengo una teoría o una especulación, pero necesito que lo confirmes o niegues.

- Está bien.- Dijo dando un suspiro en derrota. – La verdad es que estoy comenzando a sentir algo por ti, pero…

- Pero crees que no es correcto.

- Sí, lo creo. Verás Harry tú tienes once, casi doce años. Eres un preadolescente. Yo por el contrario te doblo la edad, y soy una adulta. En el mundo de fuera, no estaría bien visto que comenzáramos una relación amorosa…

- Sí lo sé, al menos en el mundo muggle, pero como dudo que los dos nos preocupemos por eso, deberíamos preocuparnos más por cómo evolucione… esto.

- En el mundo mágico también hay cierto prejuicio en este tipo de cosas Harry. Tu más que nadie debería saberlo.- Harry solo se limitó a asentir con la cabeza en señal de comprensión, a lo que Sarah se limitó a seguir. – Aparte no sé exactamente si es amor de que me estoy enamorando de ti o si es solo algo pasajero… eres más maduro de lo que deberías ser, deberías ser como los demás niños, fijándose únicamente en los deportes, las bromas y los estudios y sin embargo no es así. Deberías disfrutar de tu infancia…

- ¿Infancia? ¿Qué infancia? Mi infancia se vio truncada por las manipulaciones y planes de un viejo, por una profecía falsa y por un loco homicida que creyó ciegamente en ella. Después se vio más truncada aun por los muggles que abusaron física y mentalmente de mí, obligándome a sobrevivir como buenamente podía, gracias a mi magia y astucia que desarrollé para no morir.- Dijo Harry completamente serio y sin pizca de emoción en su tono de voz. – Sí, tengo el cuerpo de un niño de doce años, pero mi mente y alma es la de un adulto. Es posible que no pueda darte ciertas cosas que necesites, y lo entiendo. Es más estaba por proponerte que esperemos a ver como evoluciona nuestra relación, que lo tomemos con calma y sigamos como hasta ahora, siendo Maestra y aprendiz, también siendo amigos.

- Palabras sabias Harry, eso me gustaría. ¿Entra en el trato que salgamos con otras personas?

- Por supuesto Sarah, de eso se trata, si en unos años vemos que no funciona y queremos y deseamos estar juntos, entonces por mucho que diga la sociedad, estaremos juntos.- Terminó Harry acercándose a Sarah y rozándole los labios en un casto beso y tierno.

Sarah impresionada de que Harry tomara la delantera en el beso, no lo profundizó pero tampoco se apartó, dejando que pasara.

- Propongo que esto quede entre nosotros únicamente, Sarah.

- Apoyo la propuesta.- Susurró Sarah, mirando a Harry con cariño.

- Al final, que ha sido ¿Confirmación o negación?

- Creo que eso lo sabes, confirmación.

- Y ¿Tu que sientes por mí?

- Algo similar a lo que sientes tú. Pero como he dicho, es mejor esperar a ver qué pasa con el tiempo.- Dijo a Sarah la cual solo se limitó a sonreír y asentir con la cabeza. Con un suspiro, Harry cambió de tema.

- Creo que será mejor que nos preparemos para salir, apuesto a que los gobblins están ansiosos por saber cómo nos ha ido.- Dijo Harry cambiando de tema y sonriendo nuevamente.

Sarah asintió con la cabeza, levantándose del suelo en el que estaban sentados y yéndose ambos a recoger sus pertenencias y ver que no se habían dejado nada.

Al cabo de una hora y media, Harry y Sarah estaban listos para salir de la habitación del espacio y el tiempo, sonriendo ligeramente ante los recuerdos del entrenamiento y Harry mucho más confiado y determinado en los objetivos que juró lograr.

El nacimiento de Albion y la edad de oro para todos los seres sintientes mágicos.

Cogiendo el pomo de la puerta, lo giró lentamente y abrió la puerta revelando los gobblins que se tapaban los ojos por la luz que daba la habitación.

Saliendo despacio de la sala del tiempo y el espacio, fueron recibidos por el Rey Ragnok y su sequito, aparte del Maestro Artesano que en el día que habían pasado fuera, dentro el año, no se había movido del lugar.

- Bienvenidos de nuevo, Maestra Ó Conaill, Señor Potter. Nos alegra que hayan vuelto.- Dio la bienvenida Ragnok con una sonrisa puntiaguda, dando a ver todos sus dientes.

Nota de autor 2:

¡Hola! Espero que les haya gustado el capítulo y solo aclarar un par de cosas. El Dumbledore y Voldemort de la sala no es como los originales, debido a que Harry no sabe del poder entero que éstos poseen.

Por otra parte nuestro joven hechicero albergará ciertas dudas y sentimientos acerca de Sarah que tendrá que ir descubriendo, de ahí a que se esperen a ver qué pasa.

Al final Harry se ve hablando con una forma más adulta de sí mismo, eso tendrá más explicaciones en el futuro de momento lo dejo como está.

Ahora que el entrenamiento ha terminado, Harry podrá disfrutar de lo que queda del verano en relativa paz y tranquilidad con sus amigos.

¡Hasta la próxima y gracias por leer!

Acabando con ese tema, un saludo muy fuerte y hasta el próximo capítulo.