Nota de autor:
Hola a todos y todas de nuevo con un capítulo para Samhain o Halloween, como deseen llamarlo.
Este capítulo es un poco especial y descubriréis por qué casi al final. Espero que no me matéis por intentar hacer uno de éstos, pero quería hacer algo especial para el día de Halloween o Samhain.
Como a medida que iba escribiéndolo, me fue viniendo la idea, intenté dar una pista subrayando el texto, pero luego lo pensé mejor y lo dejé tal cual estaba.
Espero que les guste, con todo eso les dejo el capítulo y les deseo a todos un feliz día de Samhain/Halloween.
CAPITULO 21
Caminando por los pasillos atestados de alumnos de todas las casas, que por primera vez en décadas se juntaban unos con otros, Harry llegó al compartimento en el que estaban sus amigos, junto a Neville, que ahora estaba mostrando a todo el mundo, su nueva varita, con una sonrisa que amenazaba con dividirle la cara en dos.
- Hola a todos.- Dijo Harry con una sonrisa, pasando dentro del compartimento y ampliándolo en el camino, haciendo que las chicas, Celeste, Cassiopeia y para sorpresa de Harry, Daphne y Tracy sonrieran a Harry coquetamente.
Los chicos por su parte se dignaron a darle palmaditas en la espalda o la mano en modo de saludo.
Con el movimiento repentino del tren y un ligero traqueteo, el viaje comenzó para los chicos de segundo año, hacia un futuro incierto de aventuras.
El viaje en tren había comenzado con buen pie, los chicos en el compartimento se estaban poniendo al día en cuestión de los acontecimientos del verano y discutiéndolo en profundidad. Cassiopeia miraba de vez en cuando a Harry de reojo cuando se hermano, Alphard le preguntaba algo con respecto a lo académico y su día en Gringotts.
Le parecía a Cassiopeia que algo andaba raro en la forma que tenía de hablar de su maestra Sarah. En lo más profundo de su mente, una pizca de celos al escuchar como hablaba de ella con tal cariño en su tono, se hizo presente.
No podía remediarlo, ahora sabía que sentía algo por Harry, pero no estaba segura del todo si era un cariño especial por haberla salvado la vida el año pasado del primer beta de Fenrir Grayback o que realmente sentía, lo que se llamaba los comienzos de amor por él. Tal vez tendría que hablar con Harry al respecto de lo que sentía, pero de momento tendría que salir de su ensimismamiento para que no se le notara.
- Pero Harry, ahora que eres adulto, se te abre un mundo de posibilidades, ¿No es así?- Preguntó Cassiopeia para distraerse de lo que su mente le decía.
- En cierto modo, Cassie. Ahora me puedo examinar de los TIMOS y EXTASIS al mismo tiempo si lo deseo, pero hablé con…
- Déjame adivinar Harry.- Intervino Celeste. – Con la buena de tu maestra Sarah.- Dijo en un tono, un poco celoso.
- No, te equivocas Celeste. Hablé con el Sumo Sacerdote Powell de ello y concordamos que los TIMOS debería sacarlos este año y los EXTASIS al que viene, para poder disfrutar un poco más de la adolescencia en Hogwarts con vosotros, ya que una vez que salga, temo que no tendré el tiempo requerido para el ocio.- Explicó un poco decaído Harry.
- Te ves decaído Harry, ¿Por qué es eso? Yo en tu lugar estaría alegre e impaciente por ser el más joven de nuestra generación en graduarse de la escuela y ser reconocido por un Concilio de hechiceros y druidas, como un maestro. Aparte del hecho de aprender del gran alquimista Nicholas Flamel, tanto en Hogwarts, como fuera de ella.- Dijeron Alphard y Corvinus, entre los dos.
- Es normal que se sienta decaído, tontos.- Intervino Cassiopeia frunciendo el ceño ligeramente. – Harry tiene demasiadas responsabilidades tal y como están ahora las cosas. Por si lo habíais olvidado, tiene uno de los títulos más importantes del mundo mágico, y es el de Emrys, que traerá la paz y la prosperidad al mundo mágico. Aparte del hecho de que tiene que reestructurar la casa Potter de sus cimientos, por decirlo de alguna manera. Está obligado a actuar como adulto en cuerpo de un niño. Y encima por si fuera poco, no solo está en la mira de un loco, sino de dos.- Dijo un poco airada con su hermano y Corvinus.
Ambos de los chicos parecían un poco avergonzados por no verlo de esa manera. Y se disculparon con Harry por ello.
Neville, por su parte se limitaba a asentir en acuerdo a Cassiopeia, Daphne y Tracy se preguntaban cómo sabía de las obligaciones de Harry para con el título Emrys.
- ¿Cómo sabes todo eso, Cassiopeia?- Preguntó Tracy, haciendo que Daphne diera un guiño en acuerdo, por haber sido ella la que hiciera la pregunta.
Cassiopeia estaba por no responderla, pues todavía no perdonaba la traición del año pasado al cuestionar las acciones de Harry, respecto a su defensa del muggle que le intentó matar con ese tipo de arma tan rara. Pero ante el asentimiento de Harry, para que respondiera, pues él también estaba curioso ante la respuesta, aunque tenía sus sospechas y especulaciones sobre la misma.
Harry sospechaba que la información que había sacado Cassiopeia, lo había hecho de uno de los retratos de Grimuald Place, pero tenía que ser uno de los retratos que habían vivido la época del Rey Arturo y Merlín.
- Es porque uno de los retratos de mi casa, sirvió en las tropas del Rey Arturo, bajo las órdenes de Merlín. Y me explicó las obligaciones que tenía éste para con el reino de Camelot.
- Pero Camelot es una leyenda, al igual que Avalon.- Protestó Daphne, no pudiéndose aguantar por más tiempo estar en silencio.
- Ahí te equivocas, señorita Greengrass. Camelot y Avalon son reales, pero están escondidas bajo fuertes protecciones de la magia antigua.- Intervino Harry explicando, quien había puesto esas protecciones. – En Camelot, creo que las puso el último Emrys, que pasó a ser Myrddin. Y en Avalon las puso Lady Morgana. En ambos sitios se utilizó lo más fuerte de la magia de la antigua religión, para resguardarlos de los muggles y mágicos por igual. Se temía, según mis sospechas, que se utilizarían ambos sitios para cosas funestas.- Explicó sus sospechas Harry a todo el compartimento.
- Pero…
- No hay peros Daphne, aún no aprendes la lección del año pasado por lo que se ve.- Dijo de mal humor y levantándose de su asiento Cassiopeia. – Me voy a refrescarme un poco, luego vuelvo.- Informó remilgadamente, mientras abría la puerta del compartimento y salía con paso firme.
El compartimento se quedó unos momentos en silencio, hasta que Alphard se disculpó por su hermana a Daphne. Ésta aceptó la disculpa ofrecida, diciendo que no se preocupara, que tal vez, las leyendas que había escuchado de niña sobre Camelot y Avalon fueran ciertas y que es posible que la Atlántida, también existiera.
Harry se limitó a asentir y dar un breve guiño, antes de preguntar cómo estaba el padre de Daphne y su hermana pequeña, Astoria.
- Mi padre está bastante bien, Señor Potter Emrys. Ahora mismo está muy contento en haberse involucrado en los mismos negocios que usted, y mi hermana pequeña está deseosa de asistir a Hogwarts y entrar en la casa Slytherin. Yo por otra parte, me gustaría que fuera a Ravenclaw.
- ¿Por qué? ¿Miedo de competencia, señorita Greengrass?- Preguntó Harry con una ligera risa.
- ¿Competencia? No sé en qué, la verdad. Sí mi hermana pequeña es inteligente, eso no lo discuto y será igual de hermosa que nuestra madre cuando crezca, pero no estoy preocupada por eso. Lo que me preocupa es que no sepa defenderse y si bien agradezco las salas que puso cuando estábamos en primero, cuando ella entre a Hogwarts, tal vez usted ya no esté.
- Siempre pueden aprender a echar las salas y protecciones para sus habitaciones.- Dijo Harry.
- Pero ese tema lo veremos en tercer año y solo aquellos que tomen runas y la clase de salas, protecciones y rompe maldiciones.- Comentó Daphne en sus trece.
- No me refería a aprenderlo desde Hogwarts. Me refería a que os lo podría enseñar yo mismo este año, si queréis. La oferta es para todos.- Explicó un poco mejor Harry.
Todos en el compartimento estaban muy entusiasmados ante la idea de poder protegerse ellos mismos y no tener que depender de Harry para ello, salvo por supuesto, Daphne que estaba un poco escéptica todavía en la cuestión, de que Harry supiera, tal magia avanzada. Sí fue capaz el año pasado de crear las salas, pero estaba muy cansado después de eso.
- No creo que seamos capaces de realizar esa magia, Señor Potter Emrys. No somos usted, después de todo.- Dijo con un poco de saña Daphne.
Harry solo se limitó a asentir y mirar a Celeste, la cual puso los ojos y apuntó a la puerta con su varita.
Sin pronunciar palabra y casi sin movimiento de ésta, subió una sala de privacidad en la puerta del compartimento.
- No es tan difícil después de practicar un poco.- Dijo con altanería y orgullo de su trabajo. Con otro movimiento de varita y en silencio también, bajó la sala de privacidad, para que Cassiopeia pudiera entrar después.
Daphne ya no volvió a hablar, ni criticar a los demás en cuestión de aprendizaje, algo que Neville vio un poco molesto de que no perdonaran o terminaran de perdonar a la joven rubia que se sentaba a su lado.
Los demás empezaron a hablar entre ellos mismos de cosas tribales y sin importancia, hasta que el tren estaba muy avanzado y Cassiopeia no aparecía por ningún lado.
Harry preocupado porque le hubiera sucedido algo, o que la hubiera atacado alguno de los chicos más mayores, decidió salir del compartimento y llevar consigo a Corvinus y Celeste para buscarla.
Dejó a su hermano en el compartimento por el motivo que al ser hermanos, si la había sucedido algo, era posible que se dejara llevar por el sentimiento de hermandad, cuando en esas circunstancias, hay que tener la mente fría y actuar con rapidez.
- Celeste, Corvinus, venid conmigo. Vamos a buscar a Cassie.- Dijo Harry pasando a la lengua Pársel para que no se dieran cuenta los demás. – Saldremos uno por uno, con la excusa de ir a los baños a refrescarnos.- Explicó más detalladamente.
Neville sin poder resistir se estremeció ante la lengua Pársel y le pidió a Harry que no hiciera eso.
- Tranquilo Neville, ya te acostumbrarás a oírlo.- Dijo Daphne sonriendo y Tracy riendo, tapándose la boca con la mano, para evitar un poco más la risa.
Cuando Harry y los otros dos se reunieron fuera, decidieron separarse para buscar mejor. Celeste fue al baño de las niñas directamente, mientras que Corvinus fue a revisar los otros compartimentos en los cuales Cassiopeia podría estar, es decir, en los que los hijos de los aliados de Harry y su padre se encontraban.
Harry por su parte y con un mal presentimiento, fue directamente a los vagones del final del Expreso de Hogwarts, en donde los Gryffindor leales al viejo Dumbledore se encontraban, es decir los Weasley y aquellos a los que los Weasley y Dumbledore, junto a McGonagall habían lavado el cerebro.
Caminando entre compartimentos y abriendo las puertas que daría al siguiente vagón, Harry se iba preocupando un poco más.
¿Y si la habían hecho algo a Cassie? ¿Cómo lo explicaría a su padre? ¿Cómo explicar que unos pocos Gryffindor habían herido o hecho algo peor a Cassie?
Frunciendo el ceño ante los sentimientos de preocupación, se preguntó brevemente si esos sentimientos eran parecidos a los que tenía por Sarah y decidió que no lo eran, pues si a Sarah alguien se atrevía a secuestrarla, estaba casi seguro que lo pagarían con su vida y que movería cielo y tierra para recuperarla.
También lo haría por sus amigos, pero no con la preocupación y furia que lo haría por Sarah, en definitiva, se respondió a sí mismo que era un tipo diferente de amor y cariño del que sentía por sus amigos.
Por las chicas era un cariño parecido al de los hermanos o primos y por los chicos una camaradería sin igual. Si a ellos les pasara algo, por culpa de un enemigo o por culpa suya, al no saber dirigirlos en algún sitio, entonces puede ser que no se lo perdonara.
En otro rincón del tren Corvinus estaba sintiendo algo similar y se preguntó brevemente si él mismo podría acabar enamorándose de Cassie o alguna otra de las chicas. Su hermana, obviamente estaba fuera de la cuestión, no era de los que le gustara emparejarse con un miembro de la familia o hacer endogamia.
Mientras revisaba los compartimentos y preguntaba a los chicos y chicas en su interior, se encontró con Susan Bones, una chica medio pelirroja, con unos preciosos ojos marrones y la piel tan clara como la nieve, hermosos rasgos podía observar.
Al quedarse parado como un pasmarote en frente de la puerta, Hannah, la amiga de Susan se apiadó del joven mago y lo invitó a entrar.
Al parecer el enamoramiento a primera vista o no tan primera pues ya se conocían de unas cuantas reuniones de sus padres y tutores. Pero para Corvinus, era la primera vez que pensaba de ella de tal manera.
- Y… ¿Qué es lo que te trae por aquí, Corvinus?- Preguntó Susan tímidamente.
- ¿Eh…?- Fue la elocuente respuesta del chico, que por momentos iba enrojeciendo ante las risitas de las demás chicas del compartimento y los chicos que ponían los ojos.
- Imagino que habrás venido con algún otro motivo que quedarte mirando como un tonto a Susan, Corvinus.- Aportó Hannah, riendo un poco ante la mirada de reproche que fue dirigida a ella.
- Oh sí, lo olvidaba. Estaba buscando a la hermana de Alphard, al parecer fue a refrescarse hace como una hora y media y no ha vuelto al compartimento. Harry se estaba preocupando un poco, la verdad, creo que exagera, podría estar muy bien y en otro compartimento…
- No la hemos visto, pero si la vemos le diremos que la habéis estado buscando.- Dijo una Susan un poco triste.
- Bueno, gracias, aunque puedo quedarme un rato por aquí, creo que este era el último compartimento y Harry no nos ha dicho nada si no la encontrábamos.
- ¿Y si Harry necesita de vuestra ayuda?
- No lo creo, Harry es como un prodigio en la magia.- Aportó uno de los amigos de Susan con una sonrisa. – Eres bienvenido a quedarte cuanto tiempo desees, Corvinus. ¿Puedo llamarte así o debo llamarte, señor Gaunt? Por cierto soy Justin Finch-Fletchley.- Dijo el chico que estaba sentado al otro lado de Susan.
- Corvinus estará bien, señor Finch-Fletchley.- Dijo Corvinus, extendiéndole la mano al niño.
- Entonces llámame Justin.- Contestó, estrechándole de vuelta la mano y comenzando una conversación, en la que todos se quedaron hablando durante un tiempo.
Celeste por su parte, fue a los baños de las niñas sin encontrar muchos resultados y decidió ir a donde se encontraban los prefectos para preguntarles, al igual que los premios anuales, por si la habían visto.
Para su desgracia se encontró con uno de los chicos Weasley como prefecto y con un aire pomposo y con bastante odio la echó del cuarto de prefectos.
De mala manera echada y con el ceño fruncido ante tal descortesía, pasó de nuevo y ésta vez sin llamar a la puerta primero.
- Expulso.- Fue recibida con una maldición, que si no la hubiera evitado, la habría mandado volando por el tren.
- Serpensortia. Ataca sin morder, solo asusta al pelirrojo.- Dijo en Pársel a la cobra real que apareció y fue a cumplir su cometido, haciendo que el Weasley pelirrojo se pusiera blanco al escuchar a la chica hablar la lengua de Slytherin.
Los demás en el compartimento sacaron sus varitas hacia Percy y Celeste. Estaban todos muy divididos sobre a quién apuntar.
Por un lado, estaba la otra prefecta de Gryffindor que apuntaba con su varita a la chica de Slytherin de segundo año.
Los prefectos de Slytherin, por supuesto apuntaban a los de Gryffindor. Los de Ravenclaw y los de Hufflepuff se quedaron sin apuntar a nadie, pero con las varitas listas por si acaso.
- ¿A qué has venido, bruja oscura?- Preguntó con una mirada de asco la chica de Gryffindor, ante lo cual sus compañeros abrieron la boca con asombro, salvo los de Slytherin.
Celeste viendo que lo tendría difícil el parlamentar con la que la había insultado, decidió pasar de ella y hablar con el resto de prefectos.
Les explicó que estaba buscando a Cassiopeia y que no sabían si la había pasado algo o no. El chico Weasley, sacando el valor de debajo de las piedras para hablar, le dijo que esperaba que sus hermanos la hubieran echado del tren, no sin antes haberle enseñado alguna lección.
Sorprendida y asustada de que hubieran hecho algo así a alguien que no había hecho nada a ellos, no pudo evitar preguntar por qué los odiaban tanto.
- Es bastante obvio, bruja oscura, es porque estas en Slytherin y todo el mundo sabe que las serpientes son oscuras y…
- Basta.- Dijo uno de los prefectos de Ravenclaw. – Ayudaremos en la búsqueda. Ve a tu compartimento y si ves a tu hermano, te le llevas contigo.- Ordenó a Celeste con una sonrisa tranquilizadora. – Por cierto, podrías ordenarle a la serpiente que deje a Weasley, si bien no me importa un comino si le muerde o no, no creo que a los profesores les agrade la idea.- Mencionó haciendo reír a todos, menos a los Gryffindor.
Celeste ordenó a la serpiente que dejara al chico Weasley y cogiéndola con cuidado se la llevó fuera del compartimento de los prefectos sin darles la espalda.
Corriendo hacia su compartimento, sin molestarse en buscar a su hermano, llegó a él y se encerró, cerrando la puerta con varias salas que había aprendido de su padre este verano. Por supuesto las salas eran en la lengua Pársel y solo otro hablante las podría echar abajo, de momento todos estarían a salvo, hasta que Harry llegara.
Harry seguía vagando por los compartimentos, mirando de vez en cuando y preguntando a los chicos y chicas de todos los años, si habían visto a Cassiopeia Black, en algunos casos, en los que había Gryffindor allí, echaba un vistazo a sus mentes desprotegidas.
Uno de ellos, el mago de color que acompañaba siempre a los gemelos Weasley, en su mente vio para su horror que sus sospechas eran ciertas, Cassie había sido secuestrada del baño de las niñas y llevada a la fuerza para ser torturada y después arrojada del tren en marcha, algo que posiblemente la mataría.
Empujando con fuerza en la mente del chico, sin molestarse en ser sutil y no dañarle mucho, vio que estaban en el último compartimento.
Saliendo sin hacer caso a las quejas de los otros chicos, que lo que había hecho era ilegal y oscuro, fue con una furia renovada al compartimento donde había unos diez estudiantes vigilando por si venía alguien.
- Alto Potter.- Dijo una de las cazadoras de Gryffindor. – No eres bienvenido aquí.- Con una mueca en su rostro, sacó la varita y la empuñó en su dirección.
- Bell. Apártate de la puerta. He venido a por Cassiopeia Black.
- No me hagas reír Potter…
- O te apartas, o te aparto yo.
- Irás a Azkaban si me haces algo.
- Y todos vosotros, caminaréis a través del velo de la muerte, si hacéis algo a Cassiopeia.- Amenazó Harry sin miramientos y por momentos cansándose de la chica que no le dejaba pasar.
Para su mala suerte por detrás de él iban viniendo más Gryffindor en tropel, con las varitas sacadas.
- Tus amenazas son en vano Potter. Nosotros también tenemos padres en el Wizengamot… ah tú no tienes padres, porque están muertos.- Dijo un desconocido, el cual parecía que no tenía muchas ganas de salir airado de la situación precaria en la que se habían metido.
Harry sin volverse a mirar hacia atrás, convocó una ráfaga de aire con la magia antigua, arremolinándose a su alrededor y con la voz en aumento, gracias a un encantamiento sonorus, habló en voz alta.
- ¡Es la última advertencia! ¡Si no liberáis a Cassiopeia Black indemne, saldréis heridos!- Hizo que escuchara el tren entero, dado que él estaba solo contra cinco a diez estudiantes, algo que no le preocupaba demasiado, debido a que había estado en peores situaciones, pero debía controlarse y no acabar con sus patéticas vidas de ignorantes y prejuiciosos.
Los otros comenzaron a reír ante las amenazas de Harry, pero no se dieron cuenta que el tren estaba disminuyendo la velocidad, algo que hizo sonreír a Harry al máximo.
Con su sonrisa cruel, se encogió de hombros y cuando vio que el tren se detenía, lanzó su hechizo elemental, el cual la ráfaga de aire quedó liberada y expulsó a los magos y brujas en todas direcciones, dando comienzo a una batalla de corta duración, pues Harry no esperó por ellos para atacarle.
Girando su báculo a velocidades increíbles, hizo dormir a todo el mundo en el compartimento, para que no pudieran intervenir en lo que se avecinaba.
Explotando la puerta que daba al vagón que tenían a Cassie, Harry pasó con un aire determinado y furia fría en su rostro.
Todos los que estaban en el compartimento, giraron la cabeza en varios tonos de miedo y pánico, salvo los hermanos Weasley que estaban riendo fuertemente.
- Habéis visto como chillaba la puta cuando la tiramos del tren, espero que haya muerto…
- Eh… chicos… creo que deberíais girar vuestras cabezas, tenemos compañía.- Dijo uno de los que estaban vigilando la puerta abierta.
La temperatura en el compartimento bajó intempestivamente y muy rápido para su gusto, lo cual les hizo hacer precisamente, eso, girar la cabeza, volviéndose blancos repentinamente ante la persona que vieron.
- Vais a pagar caro vuestra osadía. Rezad lo que sepáis para que siga con vida…- Dijo incontrolablemente y casi perdiendo el control sobre sus emociones. Tomando una respiración profunda, con un nuevo sonorus, habló con voz fría y lenta.
- Yo, Señor Harry James Potter Emrys, hago un llamamiento a las magias antigua y nueva, para hacer una venganza de sangre en contra de la familia Weasley al completo. Por la presente juro que acabaré con vuestras vidas. Así sea.- Hizo el juramento temido por los sangre pura presentes en el tren, que sin saberlo Harry, vieron con extremo horror y fascinación, como su magia sellaba el juramento.
Dirigiendo su báculo al centro del compartimento, expulsó a todos los estudiantes de él hacia afuera, que por suerte para ellos, el tren estaba detenido, pero aun así se llevaron parte de daños al salir despedidos hacia los pastos verdes que había alrededor.
Hacer estallar un compartimento lleno de gente, no era un problema para Harry. Ahora controlarse y no matar a todos los que no tenían el apellido Weasley, sí que era un problema, pues había hecho un juramento en el que decía claramente que daría muerte a los Weasley.
Podría tardar los años que tardase en acabar con sus vidas, pero el caso es que lo tendría que hacer, si no su magia podría perderla o peor, su vida.
Saliendo del vagón en llamas y humeante, Harry saltó a los pastos viendo como los estudiantes que había dentro, se retorcían por el suelo en distintos estado de dolor.
Con la mirada detectó a todos los pelirrojos que había en el compartimento en el que estaban torturando a Cassie.
Uno por uno los fue alzando en vuelo, como a los licántropos en Gringotts y dirigió su ira hacia ellos.
Al parecer había tres de los Weasley, ya que el prefecto Percy, se encontraba en el carruaje de los prefectos. Sería bueno para Harry y su ira que apareciera, así podría desquitarse con él.
Volviendo nuevamente su atención a los que tenía en frente, se metió en sus mentes para ver que habían hecho con Cassie y actuar en medida. Lo que vio, lo horrorizó a nuevas alturas, decir que la torturaron, fue quedarse corto, un poco más tarde en llegar y hubieran sido tan bestias en mutilarla.
Ronald Weasley se paseaba por el compartimento en el que Potter y sus amigos estarían planeando como destruir el mundo. Pensaba para sí que le gustaría poner sus manos encima de esa puta Gaunt o Black, para enseñarles una lección.
Por su culpa, su hermano Bill, que era un buen mago y buen hombre se vio en la obligación de exiliarse de Bretaña y perder su puesto de trabajo en Gringotts. Ahora no sabían dónde estaba, solo sabían que estaba junto con el profesor Dumbledore, otro gran mago y hombre y Alastor Moody.
Habían tenido noticias de Aberforth viajando al norte, para ver ciertos negocios que no habían sido notificados a ellos, pero al parecer sí a sus padres.
De repente escuchó voces desde dentro del compartimento y decidió esconderse para ver quien salía al baño. Tal vez si llamaba a sus hermanos más mayores que estarían en algún vagón cercano.
Ellos seguramente escucharían de su plan para secuestrar temporalmente al bruja oscura, como ellos llamaban a las brujas y magos que estaban el esa dichosa alianza que tan caro les costó en un principio. Si Potter solamente se hubiera quedado donde estaba, en la casa de sus parientes muggles y las cosas hubieran ido de otra manera, haciéndose amigos los dos, entonces su familia, posiblemente no estaría pasando por las penurias en las que estaban actualmente.
Sin pensarlo dos veces fue corriendo al compartimento y vagón en el que estaban sus hermanos con su amigo Lee Jordan.
Una vez encontrado el compartimento, les explicó su plan de secuestrar a la puta de Black y llevarla al último vagón para divertirse un rato y devolvérsela en grandes cantidades.
- No sé chicos, creo que es una mala idea.- Dijo Lee, con cara de preocupación.
- No te preocupes Lee, si da mucha guerra la tiraremos del tren.- Dijeron ambos gemelos con sonrisas idénticas, al principio Lee pensó que estaban de broma, pero como vio que seguían sonriendo de esa manera maniaca, se lo pensó mejor y decidió no entrar en el plan.
Los gemelos y Ronald salieron del compartimento y se dirigieron directamente hacia el baño de las niñas, situándose ambos a los lados y Ron enfrente de la puerta, con la varita levantada y listo para desmayar a la Black cuando saliera del baño.
La parte de los gemelos era sencilla, una vez que Ronald la desmayara y la inmovilizara, los gemelos deberían desilusionarla con el encantamiento que habían aprendido el verano, para poder espiar a Potter en Hogwarts y comunicarlo a sus padres, para que éstos pudieran a su vez comunicarlo al profesor Dumbledore y éste actuara en consecuencia desde el extranjero.
Aunque Dumbledore estuviera fuera de Inglaterra, no quería decir que Potter y los suyos pudieran salirse con la suya, es cierto que tendrían que planear la vuelta a los mejores tiempos a la larga, pero todos tendrían paciencia.
Cuando la puerta se abrió, reveló una Cassiopeia un tanto sorprendida, más fue la sorpresa al ver como la varita de Weasley se dirigía a ella y entonaba el hechizo inmovilizador primero y luego el aturdidor "Stupefy" o "Desmaius" depende de la entonación de cada cual, pero el hechizo hacía su trabajo, noquear al contrario y dejarlo inconsciente por un rato.
La luz roja golpeó a Cassiopeia en el pecho, haciendo que los ojos se le cerraran y quedara completamente inconsciente.
Después, los gemelos actuaron con rapidez y desilusionaron a la bruja oscura con el encantamiento desilusionador.
Luego de eso, ambos con un encantamiento levitador se pusieron a "levitar la nada" y se dirigieron hacia el último compartimento, con Ronald en el remolque abriéndoles las puertas.
En el paseo, se encontraron únicamente con Percy que les advirtió que hiciesen lo que hiciesen se dieran prisa, pues seguramente buscarían a la persona desilusionada y levitada que estuviera ahí y se marchó a su compartimento.
Los gemelos no creyendo en la suerte que tenían se metieron en el último vagón y tiraron de mala manera a la chica Black al suelo.
Dijeron a Ronald que esperara fuera por si venía alguien pero, desgraciadamente la puerta se abrió para revelar a Katie Bell, la cual le dijo a los gemelos que haría guardia y que le enseñaran una lección a esa bruja.
Cerrando la puerta y poniendo encantamientos que les enseñaron en el verano, antes de que Bill se tuviera que marchar al extranjero, sellaron la puerta y la insonorizaron.
George o Fred quitó el encantamiento desilusionador de Cassiopeia y Ronald la despertó con un enervate mal echado, lo cual solamente la semi despertó, quitándola el encantamiento inmovilizador en el proceso. Algo que no entendían los gemelos, pero con un incarcerus bien echado, la volvieron a atar.
Los gemelos viendo que tardaría un poco en despertar del todo y temiendo que no tuvieran el tiempo necesario, abofetearon a la chica fuertemente, hasta que despertó, gritándoles improperios por la acción tomada.
- ¡Os voy a matar, traidores a la sangre!, ¿Cómo os atrevéis a hacerme esto?, cuando salga de las ataduras, vais a rezar por vuestras…- En ese momento se vio cortada cuando Ronald la dio una patada en las costillas, haciendo que el aire se le quitara por un momento.
Como no podía moverse por las ataduras, lo único que podía hacer Cassiopeia era gritar y gritar improperios a sus capturadores, que lo único que hacían era mirarse entre sí, decidiendo que hacer con ella.
- Yo digo que la tiremos del tren directamente. Si tenemos suerte se choca contra las rocas y se mata.- Dijo uno sonriendo malignamente a ella, que por alguna extraña razón, paró de insultarlos y gritarles.
- Vaya hermano, parece que la has hecho callar. Creo que un poco de su propia medicina no le vendría mal.
- ¿Pero… sabéis como lanzarla?- Preguntó Ronald no estando muy seguro.
- Sí, no te preocupes y además en el caso de que nos salga mal, podemos practicar con ella hasta que salga bien. ¿Quieres probar algo en ella, hermanito?
- Sí, me gustaría ver cómo funciona el hechizo Diffindo, cuando se lanza sobre la piel, como pelando a una patata.- Dijo siniestramente Ronald.
Para Cassie en ese momento se preguntó cómo es que a ellos los llamaban magos y brujas oscuros, cuando éstos seres desalmados, pensaban torturarla, si mal no entendió con la "Cruciatus" y el otro, despellejándola con el Diffindo. Eran unos desalmados y bestias, si Harry se llegara a enterar, seguramente los mataría, pero… ¿Dónde estaba ahora Harry? Claro, ahora recordaba que les había dicho que iba a refrescarse un poco, solo esperaba que Harry se diera cuenta de que tardaba mucho y viniera a buscarla…
No le dio tiempo a pensar más, dado que los gemelos empezaron con la maldición tortura mal echada, lo cual era aún peor, porque si bien echada dolía, mal echada dolía aún más.
El efecto era de doble dolor al principio y te dejaba sin aire para respirar durante unos segundos, los cuales esos bestias se limitaban a gritar aún más la maldición. Solo esperaba que aprendieran a realizarla bien, para que no sufriera mucho.
Por lo que parecieron horas para ella, de tortura, pero que en realidad fueron unos pocos minutos, los gemelos Weasley pararon y cedieron el turno a su hermano, el cual comenzó desgarrándole las vestiduras poco a poco.
- Oye hermanito, será mejor que demos intimidad a Ronald, tal vez quiera divertirse con ella un poco antes de quitarle toda la piel.- Dijo Fred o George a su gemelo.
Ahora Cassiopeia estaba medio suplicando en voz alta que no hicieran eso, estaba temerosa de que ese malnacido fuera a hacer lo que pensaba que iba a hacer, pero nadie la escuchaba, nadie vendría a salvarla. Tendría que haberse tragado ese maldito orgullo que toda Black tenía y haberse quedado en el compartimento o haber dicho a su hermano que la acompañara, incluso Celeste o Corvinus, ahora no volvería a verlos.
Empezó a sollozar de miedo y pavor ante lo que venía, pero el chico Weasley paró y la abofeteó diciéndole que no era un monstruo para hacer eso, que solamente la estaba quitando las ropas más molestas, para ver que hacía el hechizo de corte en su piel y si era capaz de pelarla como a una patata.
Sollozando aún más fuerte que antes, por lo revelado a ella, rezó para que todo terminara antes de tiempo.
Antes que el chico Weasley lanzara la maldición, la puerta se abrió repentinamente por los gemelos al pasar corriendo tras ella, abriendo la ventana, supo en ese momento que todo había acabado para ella, al menos no la "pelarían como a una patata" como bien dijo el chico Weasley.
- Rápido George, cógela y tírala del tren, Potter viene hacia aquí.- Al oír las palabras se esperanzó un poco, pero al ver que era arrojada por la ventana, lo único que fue capaz de hacer fue rezar a cualquier deidad o hechicero para que la salvara, cerrando los ojos.
Lo único que sintió fue un duro golpe y un agudo dolor y luego nada, oscuridad total la recibió.
Saliendo de la mente del chico que temblaba ante lo que había pasado y vivido, dado que era la primera vez que le entraban de esa manera en su mente, rezó por su vida y por la de sus hermanos, para que Potter no lo matara. Rezó para que la chica Black no estuviera muy dañada y sobreviviera, pero sobre todo rezó para esconderse eternamente de los ojos furiosos que lo miraban con una mirada asesina dibujados en ellos.
- Vais a morir, pero antes, te voy a despellejar yo a ti, a ver cómo te sientes, patata.- Dijo Harry sonriendo siniestramente. – En cuanto a vosotros, os voy a enseñar como lanzar la maldición Cruciatus correctamente.- Dijo volviéndose a los otros dos Weasley más mayores.
Con su báculo alzado y un hechizo de parálisis entera, paralizó a los que estaban poniéndose en pie en el prado verde.
Con un llamado mental, pidió a su fénix que buscara ayuda para encontrar a Cassiopeia y pedirle que la sanara lo mejor que pudiera.
Dejando de lado a su fénix, comenzó con los gemelos Weasley primero.
- Crucio.- Dijo desapasionadamente y casi con aburrimiento, dirigiendo su báculo a los dos al a vez, manteniendo la maldición, mientras oía sus gritos de agonía y dolor. El otro Weasley chillaba histéricamente a sus compañeros del tren, para que intervinieran, pero nadie era tan estúpido como para hacer alguna cosa por el estilo.
Cuando los dos gemelos dejaron de chillar y echaban espuma por la boca, antes de que se mordieran la lengua y se ahogaran en su propia sangre, aunque un castigo ejemplar, quería darles una lección no matarlos todavía y seguramente sus padres, les encantaría tener a dos cáscaras en su casa.
Volviéndose al joven Weasley, antes de pelarlo como una patata, lo alzó nuevamente en el aire y le mostró su obra realizada en sus hermanos más mayores.
- Y así es como se realiza la maldición Cruciatus, comadreja. Ahora te voy a mostrar una maldición más potente que el hechizo Diffindo, es de la magia de la antigua religión, espero que te guste, patata.- Con esas palabras y sin más preámbulos movió su mano en su dirección y con el mismo pensamiento, que con los licántropos, desolló vivo al joven Ronald.
Su piel y ropas fueron arrojadas hacia atrás con fuerza, salpicando de sangre a sus hermanos mayores y algunos de los estudiantes que había alrededor.
El chico pelirrojo estuvo gritando y sollozando fuertemente durante unos momentos, hasta que su pequeño corazón no pudo más y murió de lo que posiblemente fuera un infarto.
- Patético. Y ahora a buscar al otro de los Weasley…- Frunciendo el ceño ante lo irreal de todo el asunto, se paró antes de que hiciera nada más.
Era raro lo que estaba pasando, la gente lo miraba, pero no lo miraba al mismo tiempo. Eso no cuadraba, lo que tampoco cuadraba era que supiera de alguna manera lo que había pasado con Celeste y Corvinus.
Pensando en ambos de ellos, comenzó a recibir imágenes en su cabeza de ambos teniendo conversaciones con los prefectos y con Susan Bones… no era posible, les había dicho claramente que buscaran a Cassie… ¿Qué estaba pasando?
Decidió sumergirse en un estado profundo de meditación, pero antes de que lo hiciera, varios "pop" se escucharon y pensando que eran los aurores, se volvió, pero para encontrarse con Albus Dumbledore.
- Muerte te rodea Harry. Tus aliados morirán y tu sueño se perderá…
- ¿Qué haces aquí viejo?
- Mostrarte tu futuro.- Dijo moviendo una mano y mostrándole un mundo en el que muchos cuerpos estaban tendidos en el suelo, ensangrentados y destrozados. Pudo ver como todos sus amigos y aliados estaban muertos o moribundos.
- Esto no es posible…
- ¿Por qué no? Es tu futuro…
- Esto es una pesadilla… un sueño irreal…- Cerrando los ojos y metiéndose en lo profundo de su Oclumancia, dejó de escuchar al viejo mago delante de él y con esfuerzo buscó dentro suyo para ver cuál era el problema.
Buscando entre sus escudos la información referente a la magia oscura, más exactamente la magia que ver con las pesadillas, encontró lo que buscaba.
No hace mucho había leído un libro de artes oscuras en el que decía que la única maldición que era capaz de saltarse las barreras mentales, era la maldición nocte somnum. La cual producía una intensa pesadilla al que era maldecido con ella.
Para salir de ella, explicaba que el que la tenía, debía de darse cuenta de que no era más que una simple pesadilla o un sueño agitado y salir de él.
Pero no explicaba mucho más acerca. Era lamentable lo que tendría que hacer, para salir del sueño, pero era necesario, podría perderse para siempre en él, si no se daba prisa.
Saliendo de su estado de meditación, volvió a ver al viejo que seguía parloteando sin parar y se concentró en su fénix, al parecer cuando le llamó y le dijo que buscara a Cassie, cortó con su comunicación real.
Gruñendo furiosamente al caer en algo tan estúpido, decidió hacer lo más peligroso que se le ocurriera para salir del problema, algo que no era muy astuto, sino estúpido.
Perder el control de su magia.
Con un estallido de furia y con el báculo mirando hacia el cielo, dio un rugido primigenio y todo estalló en llamas rojas y negras, devorando todo el paisaje a su alrededor.
En la vida real, Harry se quedó dormido justo después de que Cassiopeia volviera del aseo de niñas, de refrescarse.
Sus compañeros de casa y amigos decidieron no molestarlo debido a que Harry mismo les explicó que, por alguna extraña razón se sentía cansado y necesitaba una cabezada.
Vieron con asombro como se movía en sueños de repente, susurrando palabras ininteligibles para ellos y como su magia reaccionaba a lo que le sucedía en el sueño.
De pronto el ave fénix de Harry estalló en llamas y comenzó a erigir una barrera de fuego negro entre Harry y sus amigos, con el motivo claro de protegerlos de la magia del chico durmiente.
De pronto el compartimento se movió bruscamente y la voz del conductor resonó diciendo que estaban llegando a Hogsmeade en unos minutos, a lo cual el tren fue deteniéndose poco a poco.
En un momento pudieron escuchar un grito primigenio, proveniente de Harry que puso los pelos de punta a todo el mundo que lo escuchó y su magia misma al final estalló a la vista de todos, reventando las ventanas y cristales de todo el tren.
Con una fuerte sacudida el tren se detuvo y los alumnos salieron disparados de sus compartimentos y vagones asustados a la calle.
Harry ahora estaba convulsionando y chillando fuertemente, lo cual Cassiopeia, Celeste, Tracy y Daphne miraban en extrema preocupación.
El resto de los chicos estaban divididos entre salir del compartimento y quedarse para intentar ayudar.
En lo que decidían que hacer, Harry repentinamente y por lo que pudieron vislumbrar entre las llamas negras se puso de pie con los ojos abiertos, brillando extrañamente de un dorado entero, en vez de su verde bosque oscuro con sus vetas doradas, cuando utilizaba la magia de la antigua religión.
Harry se despertó poseído completamente por su magia descontrolada y se levantó de su asiento, dirigiendo el báculo hacia arriba, murmuró un hechizo de la antigua religión que revelaría se había personas ocultas en el compartimento.
Dando positivo y revelando momentáneamente a un joven con una placa de prefecto en su pecho, el joven pelirrojo que fue revelado a los ocupantes, palideció cuando se dio cuenta del error cometido al lanzarle la maldición de pesadilla que encontró en uno de los libros de su hermano Bill.
Harry se giró al pelirrojo y le habló con un tono de voz frío, tan frío que helaba los huesos de los que le escuchaban.
- Necio.- Dijo arrastrando las palabras. – Por tu culpa, casi destruyes el tren y matas a todo el mundo.- Con un movimiento de la mano de Harry, el Weasley prefecto, salió disparado hacia atrás, rompiendo la puerta en pedazos y astillas.
Chocando contra la otra puerta se oyó un crujido desagradable y vieron con asombro y horror como el chico pelirrojo atravesaba el cristal de la ventana, cayendo cuan muñeco de trapo en el suelo y quedando inconsciente en el acto.
Volviéndose a sus amigos y por un momento reinando en su magia, les pidió que salieran de allí rápidamente y buscaran a Sarah.
Viendo que no se movían les instó, chillándoles para que se movieran de una vez, provocando en el instante que el compartimento y el tren entero retumbara y vibrara con la fuerza de tal poder.
Bennu se teletransportó inmediatamente en busca de Sarah, la cual podría ayudar a su aprendiz y joven amor prohibido.
Cassiopeia, Celeste, Daphne, Tracy, Corvinus, Alphard y Neville, que eran los que estaban en el compartimento de Harry se movieron con tal rapidez que ellos mismos más tarde se asombrarían.
Las chicas rápidamente juntaron a los niños más pequeños y los llevaron hasta un profesor, instando a dicho profesor que erigiera barreras de protección entre el tren entero y los demás.
Dicho profesor no tuvo que hacerse repetir y sacando una especie de báculo, parecido al de Harry, pero más pequeño, erigió una barrera de protección de la magia antigua y se llevó a todos los estudiantes de primer, segundo y tercer año, salvo las chicas y chicos que eran amigos de Harry.
Bennu flameó nuevamente con Sarah a donde estaba el problema y con canciones calmantes, intentó que su maestro se calmara, pero fallando irremediablemente.
Con otro par de estruendos y una onda expansiva, que destruyó únicamente el compartimento de los chicos, vieron como Harry caía al suelo al ser desmayado o dormido por la magia lanzada en contra suya, por Sarah Ó Conaill, Maestra de Emrys.
Más tarde cuando Harry despertara, agradecería a Sarah el hechizo utilizado en él y pediría disculpas por perder el control de la magia como lo hizo, pero al parecer, fue y era la única opción para salir del sueño.
La enfermería de Hogwarts estaba atestada de alumnos de primeros años muy nerviosos y asustados, más los de segundo año también.
Los de tercer año y superiores se encontraban en el gran salón tomando tazas de té con pociones calmantes por lo que habían vivido.
Harry y Percival Weasley, que era el que lanzó la maldición de pesadillas sobre el joven Emrys, estaban ambos en camas separadas por una cortina.
La cama del chico Weasley estaba siendo atendido por Poppy Pomphrey, sanadora de Hogwarts, que logró quedarse y la de Harry por un par de sanadores hechiceros, que el Concilio mandó a Hogwarts, cuando la junta de gobierno les pidió ayuda, ya que jóvenes hechiceros y druidas vendrían a estudiar, que mejor que tener sanadores especializados en los problemas que la magia pudiera causar.
- No lo entiendo, que es lo que ha pasado para que Harry esté así.- Dijo Sarah, preocupada y caminando de un lado a otro.
- No sabemos, lo único que escuchamos de él cuando despertó, fue llamando necio a Weasley y recriminándolo que casi mata a todo el mundo en el tren…- Dijo Alphard que fue el único capaz de serenarse y tranquilizarse lo suficiente.
En ese momento el director actual del colegio entró por la puerta, seguido de los profesores Snape y Flitwick el cual se veía nervioso.
- Director Powell…- Comenzó Sarah, pero se vio interrumpida cuando uno de los sanadores pidió ayuda y atención de los presentes.
- ¡Necesito ayuda con su magia, es demasiado poderosa para mí!- Gritó el sanador, comenzando a sudar ante la sala de contención que ponía entre Harry y los presentes.
El aura de Emrys estaba saliendo a la superficie sin control aparente, intentando proteger a Harry de todo lo que le fuera a dañar.
El director nombrado Powell se acercó al sanador y sacó su propio báculo de donde lo tuviera guardado y prestó su ayuda.
Uno a uno los presentes fueron ayudando con lo que podían, salvo los profesores magos, que fueron advertidos que tal vez sus magias se molestaran unas a otras y para prevenir más caos, evitaron ayudar.
- ¡Profesores Snape, Flitwick! Si deseáis ayudar, llamad a Maestro Flamel y que traiga un elixir que calme. Una poción no sería de ayuda.
- Ya estoy aquí con el elixir… ¿Qué ha sucedido a Emrys?- Contestó el mencionado por director Powell.
El sanador druida cogió el tubo que contenía el elixir y con un asentimiento de cabeza a los demás para que se hicieran a un lado y dejaran caer por un momento la barrera de contención, con mucho apuro, intentó abrir la boca de Emrys y hacerle tragar el elixir hecho por Maestro Flamel.
La magia de Emrys actuó por instinto un momento y saltó expulsando al sanador fuertemente unos pies de distancia.
Cayendo en el suelo de culo y quejándose de que se estaba haciendo viejo para éstas cosas, Sarah se acercó al sanador y le quitó el elixir.
- Tengo una teoría que podría funcionar…- Dijo destapando el elixir y tomándoselo ella.
Acercándose a la cama despacio y con cuidado, revolvió primero el pelo de Harry y abriéndole un poco la boca, lo besó, mientras dejaba caer el elixir calmante en su boca y hacerle tragar el contenido.
Poco después cayó medio dormida al lado de su aprendiz y amante secreto.
La magia de Harry Emrys en ese momento se estabilizó y todos pudieron respirar más tranquilos, salvo Cassiopeia que en ese momento sus celos estallaron y salió disparada de la enfermería.
- Será mejor que os vayáis todos también.- Dijo el director con una sonrisa. – De todas formas Emrys tardará en despertarse por lo menos una semana, ¿Correcto?- Preguntó a los sanadores que lo atendían y hacían hechizos de diagnóstico.
- Yo diría que más si la maldición con la que ha sido maldecido…
- ¿Qué maldición?-Logró preguntar Sarah entre bostezos ligeros.
- La maldición pesadilla.- Respondió el Sanador druida con un tono de voz, que indicaba problemas para el causante de esa maldición, el cual estaba siendo atendido en ese momento por la sanadora de Hogwarts.
El resto se quedó en silencio, aturdidos de que Harry hubiera recibido eso y haber salido de ella sin más problemas de los que le había causado.
- Entonces si Emrys sale en una semana, será un milagro.
- ¿Por qué director?- Preguntó Alphard curioso, que no conocía la maldición.
- Es un tipo de magia oscura nueva. Cuando digo nueva, me refiero a la contraparte de la magia de la antigua religión.- Viendo que todos asentían en su explicación, continuó. – Esa maldición en particular, ataca a la mente de una manera atroz, provocando las peores pesadillas que podáis imaginar. Si es lanzada a una persona despierta, la hará dormir en el momento y empezar a soñar y sentir el sueño como si fuera real.
Para un mago o bruja normal, sería un sueño incomodo en el que su magia podría saltar un poco. Sin embargo para nosotros los hechiceros y druidas, es más peligroso, porque la magia antigua que realizamos, puede hacer más caos que la magia nueva. También puede ser mortal, debido a que es posible no salir de allí si no te das cuenta.
En el caso de Emrys, avisó de llamar a Sarah, su maestra para que tomara medidas drásticas y le durmiera. Algo que estaba muy bien hecho, por cierto.
- Pero no lo entiendo, si ataca la mente, la mente de Harry debe ser impenetrable…
- Da igual los escudos de Oclumancia que tenga, por muy fuertes que sean, la maldición se hará cargo de la mente. Puede tardar un poco más en actuar, pero siempre actúa.
- ¿Así que ataca los escudos oclumánticos?- Preguntó Severus interesado en ella.
- Sí y es muy antigua. No sé de donde la habrá sacado el chico Weasley, pero ha sido temerario de su parte. Ahora dejemos descansar a Emrys y vayamos a la fiesta de clasificación. Aquí no podemos hacer más.
- Director, ¿Quién explicara la situación del Señor Potter Emrys?- Preguntó Filius.
- Yo mismo, Profesor Flitwick, para eso soy el director, ¿Cierto?- Dijo con un aire divertido, el cual el medio gobblin asintió sonriendo por primera vez en varias horas desde que sucedió todo.
Cuando todo el mundo despejó la enfermería, Sarah se trasladó a una de las camas cercanas a la de Harry y se metió en ella, hasta que se le pasara los efectos del elixir.
Mientras tanto, Harry estaba sumido en un sueño lleno de caos y destrucción, intentando por todos los medios reconstruir su mente y salir de ella, para volver a sus amigos, lo más pronto posible.
Nota de autor 2:
Sí lo sé, un sueño infundido por una maldición, es un poco cliché tal vez, pero me vino la idea repentina y me pareció buena para éste día del año. No da miedo ni nada, pero creo que es interesante.
Para seguir la tradición de los libros, en el segundo año de Harry en Hogwarts se perdió su clasificación debido al coche volador, aquí es debido a otras circunstancias.
El siguiente capítulo será la recuperación de Harry en la enfermería y su mente. Una vez hecho eso, alternará con lo que sus amigos le cuenten de lo que ha pasado en Hogwarts y sus impresiones de sus nuevas clases y maestros.
Ya voy adelantando algo del siguiente capítulo, pero no adelanto más, que si no luego no es lo mismo.
Agradecer a todos y todas vuestro apoyo en los comentarios y poniendo la historia en favoritos.
Hasta el próximo capítulo.
Un cordial saludo.
