Love Live Sunshine!

Cuando el cielo oscurece

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: Me sorprende ver que les gusto. A mi novia no le agrado nada y eso me hizo pensar que realmente no encontraría buena acogida. Lo admito, pocas cosas son nuevas y originales, así que qué más da si de pronto usas viejos clichés, después de todo por algo son populares. Aunque me gusta darles mi propio toque, quizás no sea bueno o del gusto de todos pero se hace el intento.

La historia vamos a dejar que fluya con su propio ritmo. En parte irá apegada a la línea del anime para separarse en un punto en donde You llegará a la zona del no retorno. La historia girará en torno al punto de vista de You pero también habrá el de Riko como espectadora externa y también de un tercero que llegara a Uchiura.

Ahora si me voy a escribir Wildo que ya me siento de humor para comenzar esa escena de Eli y el rey Ren que tanto me da coco.

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—Así que te has decidido por eso, ¿School Idol? —le devolví el celular donde me había mostrado un grupo de chicas lindas bailando y haciendo un pequeño espectáculo.

—¡Son increíbles! —sus ojos brillaron salvajemente presa de la excitación que le producía el tema.

Mi amiga estaba completamente prendada de su idea de convertirse en eso que estaba comenzando a admirar. Una School Idol.

—¡Voy a iniciar mi propio grupo y vamos a ir al Love Live! —pronunció segura y no pude evitar sentirme contagiada de ese entusiasmo suyo.

Ella era así. Impulsiva y yendo a fondo cuando algo le llamaba la atención. Eso la hacía ser más hermosa. Sentí el cosquilleo en mis manos de querer abrazarla y decirle que me uniría a ella incluso si decidía ir al mismo infierno. Todo lo que deseara.

—En ese caso, te ayudaré a reclutar chicas para tu grupo, yousoro~ —sonreí con mi mejor sonrisa y me miró con sus ojos soñadores para abalanzarse sobre mí rodeando mi cuello en un cerrado abrazo.

Olía tan bien. Ese perfume intoxicante de mandarinas que la rodeaba todo el tiempo. El cálido abrazo de mi más profunda perdición. Apenas pude devolver el abrazo, no porque me tomara por sorpresa, sino más bien porque me producía tantas sensaciones que tuve que contenerme para no arrancarle la ropa en ese instante y tomar su último aliento con un beso.

—¡Eres genial You-chan! —se separó plantando un folleto en mi cara.

—¿Realmente vas en serio Chika-chan? —dije asombrada al ver el detalle de su propaganda.

—¡Me voy a convertir en una School Idol! —exclamó alegre y fue allí que ambas nos dimos cuenta de la hora.

—¡Aaahhh! ¡Es tarde! —gritamos las dos al unísono y salimos corriendo de la casa de mi amiga.

Ella desbordaba su entusiasmo a borbotones y eso la volvía increíblemente hermosa. La luz que irradiaba siempre lograba calentar mi corazón para después sofocarlo con su indiferencia por mi.

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Deambulaba por los rincones de mi mente ignorando a la profesora que acababa de llegar a darnos su clase, no tenía mucho interés en ello si soy sincera. Tenía cosas más importantes en que pensar, como la selección de una nueva chica que quisiera ir conmigo a danzar en las hermosas llamas del infierno, mi pequeño infierno personal.

¿Quién podría ser esta vez? No había muchas opciones en este pequeño pueblo además de que era realmente caro estar viajando constantemente buscando chicas lindas que me llamarán la atención. Podría pensar en hacer un nuevo sitio de caza. Akiba estaba matando mi presupuesto y se me acababan las excusas para ausentarme de casa.

—¡Aaahhh! ¡Eres tú! —escuche la voz de Chika emocionada y sorprendida y de inmediato salí de mi ensoñación para contemplar el objeto al que mi mejor amiga señalaba.

—¡No tú! ¿Aquí? —la chica la miró de igual manera sorprendida y algo estresada.

Detuve mi mirada en ella. Era bonita, una hermosura que no se ve por estos lugares. Tenía un toque de elegancia en su manera de expresarse y la cortesía en su voz. Una señorita de Tokio. Eso era interesante y al parecer Chika le había encontrado el gusto como me di cuenta a los pocos minutos cuando en medio de la clase le pidió unirse a su club de idols y ella la rechazó gentilmente.

¿Quién era y por qué Chika estaba tan interesada?

Sentí las ansias surgir en mi interior y la creciente necesidad de gritar y apuñalarla hasta que se ahogara en su propia sangre. ¿Cómo se atrevía a venir y hacer que mi Chika la mirara de esa manera? Trate de calmarme y con mi usual talante alegre sonreí a mi amiga que estaba algo desanimada pero que no iba a dejar que tan fácilmente ella le diera un no.

Pasamos el resto del día entregando volantes y con Chika persiguiendo a la niña nueva acosandola para que se uniera. Era odioso hacer eso, pero no podía negarme, la quería convencer de que hiciera la música. Al menos esta búsqueda había servido para algo. Un trío de niñas de recién ingreso aparecieron de la nada y Chika decidió que era una buena idea invitarlas a su grupo.

Eran bonitas. Kunikida Hanamaru, una belleza espiritual de castaños cabellos y ojos ambarinos, la hija de un sacerdote sintoísta, con la inocencia de quien se sorprende del mundo a su alrededor y ve todo con ojos de asombro exclamando en voz alta lo futurista que es. Sentí mi pecho emocionarse cuando la ví, sólo que no fue la única. Otra joven, Kurosawa Ruby, una aniñada pelirroja de ojos aqua, que usaba dos coletas para sostener su cabello. La figura perfecta del efecto moe Lolita, con la timidez a flor de piel y la belleza de sus mejillas sonrojadas ante la proximidad de las personas o su mala manera de interactuar con el resto. Ella me hizo latir fuerte el corazón. Tenía la necesidad creciente de acercarme y atraerla a mi, tomarla con mis manos, profanarla y luego glorificarla convertirda en una de mis obras de arte.

¡Oh esa ardiente necesidad!

Sin embargo una más apareció. Un ángel caído o así se hizo llamar, Yohane. Una belleza morena de ojos carmín que personificó lo más profundo y negro de mis obsesiones. El lado oscuro de una hermosa doncella que se convierte en la desesperación de un corazón roto. Era perfecta.

Todas ellas eran perfectas.

Chika debía hacerlas unirse. Esto me estaba produciendo un enorme entusiasmo. Eran las chicas lindas lo que hacía que mi mente volará y dejara salir mi creatividad.

Después de sopesar mis opciones y de que mis bolsillos me dieran la razón. Tomé la decisión de unirme a Chika en su grupo de idols. La oportunidad perfecta de estar rodeada de angelicales niñas y poder vestirlas con mis manos. Eso y que ya me había cansado de la natación, si soy sincera, tenía la forma ideal de estar más cerca de mi obsesión.

—¡Dame eso! —le arrebaté la hoja de inscripción y anoté mi nombre en ella—. Ahora tienes a tu segundo miembro oficial del club de idols.

—¡En verdad You-chan! —me miró esperanzada sonriendo de tal manera que me sonroje, hermoso ángel que me embrujaba con su sutil hechizo de amor—. ¡Eres genial!

—Yo me haré cargo del vestuario —dije pensando ya en las muchas ideas que tenía en mi mente.

Chika no tardó demasiado en lograr convencer a la niña fuereña. Ella resultó ser su vecina y de algún modo mi ángel logró convencerla de hacer la música para nosotras mientras Chika se encargaría de la letra. Hacíamos una buena mancuerna.

El único obstáculo era la insolente presidenta del consejo, Kurosawa Día. Una refinada joven que ofrecía la perfección a cada paso. Era la hermana de mi ángel moe Lolita. Compartían el mismo color de ojos, pero su cabello era oscuro como la noche. Tenía algo atractivo, algo que te incitaba a ir y acabar con su insolencia de golpe, domar a la pequeña fierecilla para volverla un tierno gatito.

Kurosawa Día de oponía rotundamente a la formación del club de idols. Una y otra vez puso un obstáculo tras otro para hacernos desistir.

—¡Chika-chan! ¿Te rindes? —le decía a mi amiga para picar su orgullo.

—¡Eso jamás! —saltaba de inmediato con renovadas fuerzas animada para seguir adelante.

Sakurauchi Riko, la chica de Tokio que no entendía esa interacción entre las dos, el porqué retaba a Chika de esa manera. Eso era algo de nosotras. Ciertamente una extraña como ella no llegaría a entender el alcance de nuestra conexión. Lo profunda que podía llegar a ser mi devoción por Chika aunque ella me diera por hecho todo el tiempo. Sabía que llegaría el momento en que me vería como yo la veía a ella.

Organizamos nuestra primer presentación con ayuda de una nueva y desconocida mecenas, O'hara Mari, una joven millonaria con poco quehacer y una singular fijación con las idols que resultó ser la directora de la escuela por influencias de su familia adinerada. Había un aire de soberbia en sus modos, una manera autoritaria de imponerse que al igual que Dia, provocaba someter.

Tantas posibilidades y tantas fantasías por cumplir con ellas.

Ya llegaría el momento.

Por lo pronto me conforme con atraer a un puñado de incautas e inocentes jovencitas en la estación de Numazu, lugar idóneo para entregar los volantes de nuestra presentación y un excelente jardín de lirios dispuestos a ser cosechados por la mano experta de un hábil jardinero. Tantas flores, tantas linduras, todas ellas para mi.

Conté diecisiete números telefónicos que obtuve al azar y de todos ellos seleccione un par. La primera, una linda chica de cabellos cortos y castaños, ojos grises y de tez clara. Tímida pero no demasiado como para aceptar la invitación de una hermosa desconocida que la llevó a una increíble cita por el acuario.

Había trabajado duro durante las vacaciones en el muelle del puerto ayudando a mi padre a aliñar la pesca, él era un gran pescador. En cierto modo yo también me consideraba una pescadora, él pescaba peces, yo atrapaba sirenas.

Atraje a mi pequeña sirena hasta un rincón del muelle prometiendole el cielo con mis besos, abriendo el camino del Edén con mis manos que la despojaron de su ropa mundana para vestirla con el último ajuar que usaría para cruzar el río Estigia de mi mano.

Al igual que un pez que se retuerce cuando es sacado fuera del agua, mi bella sirena se revolvía tratando de regresar al mar cuando mi cuchillo se hundió en su estómago para aliñar su interior y preparar su carne para el festín.

La vestí como a una sirena real. Había confeccionado el traje perfecto para ella, para la escena que había construido con cuidado y esmero. Tomé una foto con mi celular para mantener el recuerdo conmigo y la prueba de mi obra. Con ella me deleitaría después en la privacidad de mi habitación.

Le di un último beso de despedida antes de arrojar su cuerpo de regreso al mar donde pertenecía mi bella sirena.

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Con el dinero que reuní de mi trabajo en el muelle y con la ayuda de lo que Chika y Riko contribuyeron, logré hacer nuestros trajes para la primer presentación oficial de nuestro grupo.

Adoro la primera vez y esta no fue la excepción. Todo parecía ir en picada, todo parecía no marchar de forma adecuada como un gran reto del destino que te prueba para ver si eres digno y Chika demostró serlo. Ella conseguiría todo lo que se propusiera. No había límites que vencieron a mi ángel de cabellos naranja como las mandarinas que tanto le gustaba comer.

Lo hicimos.

Superamos la primer prueba y yo obtuve la mina que necesitaba para dejar de hacer mis viajes constantes a la capital.

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