Nota de autor:
Hola a todos y todas, espero que hayáis tenido un buen Samhain o Halloween y os hayáis disfrazado, hecho los rituales que estéis acostumbrados, etc. bien.
Aquí dejo un nuevo capítulo, espero que no me haya hecho tardar, jejeje.
Sin más dilación el capítulo, espero que lo disfrutéis y si hay alguna duda o queja, siempre es bienvenido un mensaje privado o incluso en los comentarios, algo que me encanta leer, porque me anima a seguir escribiendo.
Un cordial saludo a todos y todas.
CAPITULO 22
- ¿Así que ataca los escudos oclumánticos?- Preguntó Severus interesado en ella.
- Sí y es muy antigua. No sé de donde la habrá sacado el chico Weasley, pero ha sido temerario de su parte. Ahora dejemos descansar a Emrys y vayamos a la fiesta de clasificación. Aquí no podemos hacer más.
- Director, ¿Quién explicara la situación del Señor Potter Emrys?- Preguntó Filius.
- Yo mismo, Profesor Flitwick, para eso soy el director, ¿Cierto?- Dijo con un aire divertido, el cual el medio gobblin asintió sonriendo por primera vez en varias horas desde que sucedió todo.
Cuando todo el mundo despejó la enfermería, Sarah se trasladó a una de las camas cercanas a la de Harry y se metió en ella, hasta que se le pasara los efectos del elixir.
Mientras tanto, Harry estaba sumido en un sueño lleno de caos y destrucción, intentando por todos los medios reconstruir su mente y salir de ella, para volver a sus amigos, lo más pronto posible.
En la mente de Harry todo era caos y desorden. Sus escudos, junto a sus defensas mentales y su paisaje mental, estaba todo destruido. Se podía ver a Harry en el medio de lo que una vez fue una réplica casi exacta de la mansión Potter.
Ahora dicha mansión estaba en ruinas total y completamente destruida. Los recuerdos y memorias de Harry se arremolinaban caóticamente alrededor suyo, haciendo un remolino sin sentido y confuso.
Harry que estaba de rodillas en lo que parecía un cuerpo de una mujer mutilada y destrozada. La mujer estaba muerta o parecía estarlo y Harry estaba arrodillado junto a ella, cogiendo entre sus brazos su cabeza, apoyándola en su regazo y sollozando, maldiciéndose a sí mismo por haber fallado tan estrepitosamente.
Desconocido para él, su magia caótica se fue calmando poco a poco y lo mismo fue pasando con él, hasta que de pronto una figura completamente vestida de negro, con el pelo largo por los hombros, del mismo tono y aspecto que el de Harry, apareció enfrente de ella y le habló.
- Harry… no es real… escúchame…- Dijo entrecortadamente, para hacerse oír en todo el ruido que provocaban los recuerdos, que iban saltando uno a uno. – Contrólate Harry… debes asumir el control de tu magia y tus recuerdos, no puedes hacerte esto, todavía te queda un largo camino…- Dijo formando frases más coherentes debido a que el ruido iba disminuyendo, no gracias a Harry, sino el elixir calmante que Sarah en el mundo real, le hizo beber desde su boca.
Harry por otro lado iba calmándose poco a poco y viendo en el cuerpo que sostenía, se parecía al cuerpo de Sarah pero no podía reconocer su rostro debido a la desfiguración que estaba presente.
Mirando hacia arriba, se dio cuenta de la figura que había aparecido en su paisaje mental, era exactamente la misma figura que apareció en la sala del tiempo y el espacio, cuando superó todas y cada una de las pruebas.
Al recordar las pruebas, los recuerdos de ese día, año, lo que fuera, aparecieron repentinamente en el remolino de confusión y ruido.
Moviendo la cabeza para despejarse e intentar hablar coherentemente con su yo más viejo, con el que se había fusionado con él o lo que fuera que hizo posible el acto, intentó reinar en sus emociones, recordándose que Sarah y todos sus amigos aún Vivian, que todavía estaba siendo afectado por la maldición de pesadilla nocturna.
- ¿Qué…? ¿Qué está pasándome…?- Murmuró para sí mismo Harry.
- Vamos avanzando Harry. Reina en tu magia y mente primero, para que podamos hablar de lo que ha pasado.- Ordenó la forma que se hacía llamar Emrys.
Harry solo se limitó a asentir y fue reorganizando primero todas las memorias en un almacén provisional, para que después pudiera reordenar su paisaje mental, cambiándolo a una descripción que le gustó mucho más que la que estaba utilizando de la mansión Potter.
Cuando terminó de construir el almacén y de meter en orbes cada recuerdo cronológicamente de toda su vida y experiencias, comenzó a sentirse mejor, pero se preguntaba cuanto tiempo había estado haciendo eso.
- No te preocupes por el tiempo Harry. Aquí en el mundo de los sueños y tu mente, el tiempo pasa de diferente forma que en el exterior.
- ¿Pero… cuanto ha pasado…?
- No lo sé con exactitud. Un minuto, una hora, un día, una semana, un mes, un año. No lo sé, cuando te reorganices y hablemos de lo sucedido y te ayude con… todo este lio.- Dijo señalando a su alrededor, ahora Harry podía fijarse que estaba rodeado de su aura protectora, un verde bosque oscuro y dorado brillaba intensamente a su alrededor.
Suspirando y tomando respiraciones para calmarse lo suficiente, recogió su aura dentro de sí mismo nuevamente, reinando una vez más en su magia y emociones.
Levantándose del suelo en el que estaba, viendo como desaparecía el cuerpo y todos los escombros de la mansión, mas sus defensas mentales, quedando únicamente el almacén, Harry y Emrys en su lugar.
Hubo un silencio un poco incómodo en el que Harry miraba en dirección del almacén, no queriendo mirar a la cara de Emrys, sintiéndose un poco avergonzado.
Emrys que sabía lo que sentía Harry, dado que era su yo más joven, le colocó una mano en su hombro y le sonrió tristemente.
- No es tu culpa lo que ha pasado Harry. La maldición ataca los escudos oclumánticos, incluso de los mejores hechiceros y druidas, eso lo sabes.
- Sí, lo sé, pero aun así me siento como…
- ¿Un idiota? ¿Un tonto, por no darte cuenta antes de que era un sueño o una pesadilla?- Preguntó Emrys.
- Sí, exactamente eso.
- No te sientas así. Como he dicho, la maldición ataca los escudos oclumánticos y emboba la mente, para que no te des cuenta de lo que pasa alrededor. Has hecho algo que muchos pensaran que es imposible al salir de allí, pero es posible solo de una manera.
- Liberando toda la magia y uniéndome a ella como uno.- Afirmó en vez de preguntar Harry.
- Exacto. Es peligroso para ti y los que te rodean, pero más para los que te rodean. Si no hubiera sido por los intentos de Bennu, que aún está cantando para mantenerte calmado, y el hechizo de sueño, con el que te golpeó Sarah, podrías haber destruido mucho más y haber hecho mucho daño a las personas que estaban presentes.- Dijo Emrys, pero no echándole la culpa o regañándole por su método de salir de la pesadilla, como había dicho era la única manera que tenía Harry de salir de allí.
Harry solamente se limitó a asentir y levantar la cabeza, más decidido que antes, con más confianza en sí mismo.
- No volverá a pasar, Emrys. Me encargaré de ello.- Dijo Harry ferozmente, con una mirada determinada, dibujada en su rostro.
- ¿Y cómo lo harás? Que yo sepa no hay protección contra esa maldición en particular.
- Entonces la inventaré.- Contestó Harry sonriendo nuevamente. – Pero antes, creo que debería o deberíamos reconstruir el paisaje mental y las protecciones un poco.
- Sí estoy de acuerdo en eso, pero antes, sigamos hablando. Tenemos tiempo de sobra.
- ¿De qué quieres hablar?
- De las repercusiones que el tonto de Weasley no supo que tendrían.
- ¿Repercusiones?- Preguntó confusamente y pensando en la pesadilla que tuvo, recordando retazos de lo que pasó en ella, fue poniéndose más serio a medida que iba avanzando y su semblante se dibujó más oscuro, ahora que recordaba el juramento de venganza de sangre.
- La venganza de sangre contra todos los Weasley… ¿Te refieres a eso?
- Sí, a eso me refiero. En el sueño o pesadilla, como quieras llamarlo, tu magia respondía a ti. En la vida real, una reminiscencia de tu magia se mostraba. Creo y creo no equivocarme, que el juramento tomó fuerza en ambos mundos.
- ¿Cómo saberlo con exactitud? No hay hechizo o encantamiento para saberlo, ¿Verdad?
- No que nosotros sepamos, pero deberás preguntar a un maestro de la antigua religión para saberlo.
- Es preocupante. El necio de Weasley no sabe lo que ha hecho.
- Ciertamente, pero no se le puede culpar demasiado.
- ¿Cómo qué no? Ha condenado a su familia entera a la muerte. Es cierto que no me caen bien los Weasley, pero no conozco a todos y no sé cómo será el resto. Salvo William, Percival, Ronald y los gemelos. Creo que tienen otros dos hermanos…
- Harry deja de divagar y concéntrate en el problema actual.- Dijo señalando a todo a su alrededor. – Primero que nada tendremos que reconstruir las defensas. Segundo tendrás que salir de aquí para investigar lo que ha pasado realmente con la venganza de sangre y tercero y por último, seguir con tu vida y olvidar o intentarlo al menos, este episodio.
- No creo que pueda olvidarlo… pero si aprender de él.- Dijo Harry con una sonrisa y un asentimiento de su cabeza.
- Bien Harry, ese es el espíritu. Ahora, creo que la enhorabuena está en orden.
- ¿Cómo es eso?
- Empezaste una relación con Sarah, si no me equivoco y sé que no lo hago, porque los dos somos la misma persona.- Comentó riendo Emrys a lo que Harry asintió en comprensión y poco después se le unió a la risa.
- Sí eso es cierto. Y mira que todo empezó en la sala con el robo de un casto beso…
- Astuto… pero sí, muy buen comienzo Harry. Aunque lo mantengáis en secreto de momento, hasta que tengas una edad aceptable a los ojos de algunos adultos.- Harry solo se limitó a asentir con la cabeza y a mover de lugar el almacén, calculando cuanto espacio requeriría la nueva construcción que tenía planeada.
- ¿Qué vas a utilizar ahora?
- Voy a utilizar una de las descripciones de Camelot y Avalon para mis paisajes mentales.
- ¿Vas a tener más de un paisaje? Estoy impresionado, eso es bastante avanzado para la Oclumancia.
- Sí, era el siguiente nivel que iba a probar el año que viene, pero creo que estoy listo ahora.- Con esas palabras comenzó a construir los cimientos de una ciudad enorme, con sus casas rodeando un castillo que se levantaba por metros y metros de altura, el cual era cuando fuera terminado, Camelot.
Primero antes que nada, antes que levantar los muros y las casas que rodearían el castillo legendario del rey Arturo y Merlín o Myrddin, Harry comenzó levantando las mazmorras del castillo y la cueva debajo de ésta, donde según las leyendas se encontraba encadenado el dragón al que Myrddin pedía consejo y ayuda en ocasiones, Kilgharrah.
La cueva era muy profunda y oscura, donde guardaría sus más oscuros recuerdos de cuando vivió con los Dursley y se enfrentó a penurias que no quería recordar, pero no podía olvidarlas. En una de las piedras que había en un claro, cavó un hoyo lo suficientemente profundo, para el cual cupiera un baúl de siete compartimentos, en el cual desde la edad de un año, cuando todo comenzó, hasta la edad de seis años, cuando descubrió su magia y comenzó a tomar venganza contra los que decían que eran sus últimos familiares vivos, fue llenando los compartimentos con esos recuerdos.
Emrys que no se separaba de Harry, pues estaban unidos por la magia y el alma, al ser la misma persona, únicamente en estos sitios, podía tomar la forma en la que Harry se viera en el futuro o lo que él creía que se vería en el futuro.
- Bonita cueva, también tiene un rio en las profundidades. No veo puente sin embargo, imagino que será una de las defensas.
- Sí, es una de ellas.- Dijo Harry sin prestar atención a Emrys, mientras que iba llenando los compartimentos del baúl y sellándolos una vez terminado con fuertes encantamientos, hechizos y maldiciones de ambas magias.
Uno por uno fue metiendo todos los recuerdos de ésa época oscura, hasta llegar al séptimo y último compartimento.
En él no sabía qué hacer, pues pensaba guardar los recuerdos, emociones y sentimientos que quedaban de la época en la que vivió un poco mejor con los Dursley, pero aun así le gustaría recordar o tener más a mano esos recuerdos.
Decidió hacer una copia de ellos y guardarlos no obstante en varios sitios a la vez, pues tendría muchos más recuerdos que almacenar, tanto en las casas como en la ciudad de Avalon, la cual crearía no muy lejos de donde estaba Camelot.
Una vez terminado con todo, cerró y selló la roca que había cavado mentalmente para su protección, también convocó a un enorme dragón para que protegiera el lugar, encadenándolo como a Kilgharrah o lo que suponía que estaría según algunas leyendas.
Viendo terminado ese tramo en la construcción del castillo, salió de la cueva y las mazmorras, construyendo los pisos superiores con sus dependencias correspondientes, como la armería, habitaciones del servicio, cocinas, salas de baile, salones para comer o cenar, etc. también construyó una sala del trono inmensa, en la cual podría dar cabida a todo el Wizengamot en su mejor día.
Después de eso, continuó con los pisos superiores, construyendo más habitaciones y alas, en las cuales albergaba la biblioteca, fuertemente protegida con estatuas de armaduras y Golems, dado que en ella se guardarían todos los recuerdos o información almacenada en su mente de todos y cada uno de los libros que han pasado por sus manos y ha leído o aprendido su contenido, por medio del encantamiento que le presentó, hace tanto tiempo Regulus en su casa.
Subiendo un poco más continuó construyendo cuartos y dependencias, para guardar pensamientos oscuros y no tan oscuros que se le ocurrieran, pensamientos del día a día en lo referente a sus planes para con Albion.
Las torretas que construyó, metió copias de los pensamientos primarios que tenía, junto con algunos que quería esconder, más la copia que hizo en las cuevas.
Las torretas las protegió con estatuas de diversas criaturas mágicas, tales como gárgolas, Gorgonas, un nido de serpientes dentro de cada torreta, protegiendo los orbes de recuerdos que estaban en las estanterías almacenados.
Saliendo del castillo de Camelot, que había construido a su imagen y semejanza, decidió guardar los recuerdos de sus años posteriores a los Dursley en diversos cuartos.
Por ejemplo, cuando torturaba en son de venganza a los muggles, los metió con diversas protecciones en las mazmorras del castillo.
Cuando aprendía algo nuevo de los libros de fantasía y lo replicaba con su magia, decidió guardarlos en una de las dependencias cercanas a las mazmorras.
Así hasta que le llegó la carta de Hogwarts por primera vez. El recuerdo de la carta y posteriormente los recuerdos y experiencias que fue recibiendo en el mundo mágico cuando entró por primera vez, los fue guardando en otros sitios más accesibles a él, pero aun así protegidos, por si acaso un experto en Legeremancia, lograba colarse en su mente.
Cuando llegaba a algún recuerdo en el que aprendía de un libro o había terminado un libro de lectura, lo mandaba directamente a la biblioteca, duplicándolo por si acaso se perdía. El original se quedaría escondido y bien resguardado y la copia quedaría visible a su vista mental, para un mejor acceso a él.
Otras experiencias como la de conocer a Titus en su tienda, los Black, los Gaunt, el resto de los aliados de Albion, sus conversaciones con los gobblins, sus recuerdos de sus bóvedas en Gringotts, los recuerdos y emociones, vistas y olores que sentía en los callejones, también fueron guardados en el castillo.
En definitiva todos y cada uno de sus doce años de recuerdos fueron almacenados en las diferentes habitaciones que había construido, aun así todavía tuvo que construir casas con diferentes compulsiones para que el invasor entrara en ellas, donde eran guardados los sueños, temores, pesadillas, etc.
Las casas rodeaban el castillo, protegiéndolo de los posibles ataques, pero Harry continuó construyendo trampas en cada una de ellas y protecciones que se le ocurrieran, como la de las criaturas mágicas que hasta ahora había visto.
Imaginó como serían los dementores y lethipholds y los creó también, defendiendo los muros y murallas que se encargarían de proteger el paisaje mental, proyecciones de las oscuras criaturas que para él no tenía efectos, pues no los había sentido nunca antes.
Es cierto que había visto dementores, pero desde los asientos de los Señores del Wizengamot, protegidos por encantamientos Patronus para disipar sus efectos.
- ¿Dementores? ¿Es en serio? ¿Cómo se te ocurre colocar esas criaturas viles en tu mente?- Cuestionó Emrys con el entrecejo fruncido.
- No son reales, son solo copias que se parecen a los auténticos. No tienen sus efectos ni nada por el estilo.
- Pero aun así…
- Son únicamente para disuadir al que intente entrar en mi mente. Defensas secundarias, incluso terciarias, podríamos decir.
- Y ¿Cuáles son las primarias?- Solo recibió una sonrisa de Harry, cosa que no auguraba nada bueno, a saber qué clase de criaturas y trampas se le ocurría.
Levantando las manos en señal de rendición y moviendo la cabeza, se limitó a continuar viendo, como su alter ego más joven, seguía con la reconstrucción del paisaje mental.
Para rodear a la fortaleza que había creado, decidió crear un bosque de árboles con criaturas en él y un claro, en el cual se veía un estanque con los pensamientos primarios y constantes con los que estaba Harry todos los días. Sonidos y recuerdos del día a día.
Las protecciones que puso alrededor, fue un sinfín de árboles y criaturas mágicas defendiendo sus terrenos, incluso fue tan lejos como para crear otro par de dragones, pero ésta vez sueltos, que sobrevolaban el bosque inmenso.
- Creo que con eso es suficiente Harry…
- ¿Y qué pasa con Avalon? Todavía tengo el almacén con el resto de recuerdos y pensamientos…
- Termínalos de almacenar en el castillo. Dudo que alguna vez llenes ese paisaje mental y necesites de otro. Además ¿Sabes la cantidad de energía y tiempo que te va a llevar cuidar de éste hermoso paisaje mental?
- Sí, mucho tiempo.
- Tiempo que no tenemos Harry.
- Entiendo. Creo que tienes razón, hubiera sido hermoso ver como Avalon aparecía en mi mente. Bueno, otra vez será.- Con eso convocó el resto del almacén y fue guardándolo en diferentes salas, salones, biblioteca, y habitaciones y casas del castillo y la fortaleza.
Cuando por fin hubo terminado y Emrys se volvió a fusionar con Harry, éste brilló de un dorado intenso, junto con su aura verde bosque oscuro.
Saliendo de su paisaje mental, viendo por última vez su obra maestra, fue recuperando la consciencia lentamente y abriendo los ojos, viendo un gran y brillante blanco, que momentáneamente lo cegó, haciendo que se tapara los ojos con una mano.
La semana que Harry llevó en la enfermería inconsciente y recuperándose lentamente de la maldición que Percival Weasley, tercer hijo de Molly y Arthur Weasley, no fue muy buena para el mencionado.
Cuando se recuperó de las heridas que Harry le ocasionó, sus padres estaban en la enfermería de Hogwarts gritando por justicia hacia su hijo, dado que les contó lo que sucedió, omitiendo el detalle, que fue él quien maldijo a Harry primero y se quedó para ver los resultados de su obra.
El director Powell, que dio la casualidad que era el hermano menor del Sumo Sacerdote Powell, del Concilio Druida-Hechicero, intentó sin mucho éxito explicar coherentemente la situación a los padres nerviosos.
Más la madre que el padre, puesto que el padre se quedó observando la cama ocupada del joven hechicero, que junto a él estaba su maestra velando por él mientras dormía y se recuperaba lentamente.
- ¡Silencio Molly! ¡Estamos en la enfermería y hay enfermos en ella, muestra respeto!- Gritó Arthur a su mujer, la cual se volvió hacia él con las manos en la cadera y su rostro rojo de la furia contenida, le gritó que le importaba un comino la salud del niño que estaba plácidamente dormido.
- Si no se caya ahora mismo, señora Weasley, la echaré de la enfermería y de Hogwarts inmediatamente. También pediré a los aurores una orden de alejamiento hacia cualquiera de los estudiantes del colegio, ¿He sido claro?- Amenazó seriamente el director a la mujer que cerró la boca inmediatamente. – Bien, ahora que sus gritos de Banshee han cesado, podemos continuar esta conversación en mi oficina. Madame Bones y sus aurores han sido llamados, para interrogar al joven Weasley.
- ¡Pero mi hijo es…!
- ¡He dicho silencio!- Tronó el director, dejando salir un poco de su aura y haciendo temblar el suelo ligeramente. – Ahora, todos los involucrados a mi oficina. Maestro Sanador Tittensor, si le place acompañarnos con los pergaminos del estado de salud del señor Emrys, es bienvenido.- Terminó dirigiendo la pequeña comitiva de magos, druidas y hechiceros fuera de la enfermería, quedándose Harry junto a la sanadora Pomphrey, la cual Sarah no terminaba de confiar en ella y la hizo jurar que no cometería ningún hechizo, maldición, encantamiento o cualquier cosa dañina sobre él, de lo contrario, ella misma junto el resto del Concilio caerían en pos de ella y no tendría donde esconderse.
Con un poco de miedo juró en su magia y su vida que no le haría ningún daño a Harry, solo estaría pendiente de él.
Por culpa de Dumbledore ahora el joven Potter no confiaría en ella, con lo que se apenaba por eso, pues había cogido cariño a su padre cuando estudiaba en Hogwarts, pero entendía a la perfección el porqué de la desconfianza del niño.
Cuando todo el mundo llegó al despacho del director Powell, los aurores y Amelia ya estaban esperando por ellos para un interrogatorio oficial en el mismo despacho.
Con lo que al principio Molly se negó rotundamente que interrogaran bajo juramento mágico a su hijo, pues era un menor de edad todavía.
Al negarse su madre que tomara juramento, Amelia le explicó la situación, que si el Señor Potter decidía tomar represalias, estaría en la obligación Percy en ser administrado un juicio bajo veritaserum y dijera lo que dijera ahora mismo, no cambiaría el hecho.
Aun negándose bajo la amenaza de futuras represalias por parte de un Señor, se le pidió al Maestro Sanador, si juraba en su magia o tomaba veritaserum.
- Suero de la verdad, por favor.- Pidió sorprendiendo a todos.
El Maestro Sanador fue administrado con el suero de la verdad y ante la pregunta de quién fue el lanzador y que tipo de maldición fue lanzada, junto con la muestra del pergamino, tras el hechizo de diagnóstico, comenzó una explicación de todo.
Parecía ser que el joven Weasley estaba en grandes problemas, pues no sabían con certeza lo que había pasado en la pesadilla de Harry.
Molly estaba un poco triste de que no hubiera sufrido más, dado que clamaba por venganza, por hacer que juzgaran a su precioso William ante el Wizengamot.
Por su parte el padre, Arthur, estaba triste por la forma de actuar de su hijo, ante los testigos llamados y las declaraciones dadas. Si bien no podía fiarse al principio de las declaraciones, juradas ante la magia de los hermanos Black, los Gaunt, la chica Greengrass y la chica Davies, por ser de la casa Slytherin, cuando el chico Longbottom dijo que vio con sus propios ojos como Percy Weasley, prefecto de Gryffindor aparecía tras el hechizo revelador de Harry y además era revelado culpable de los actos cometidos contra el Señor Potter, se derrumbó en su asiento ante la posible pérdida de otro de sus hijos.
- Lo siento Arthur, pero por la seguridad de tu hijo, hasta que demostremos si ha habido algún otro percance debido a su imprudencia, queda detenido hasta juicio.- Dijo Amelia un poco triste por el hombre.
Para Amelia, Arthur era un buen hombre, tal vez un poco equivocado en algunas ideas que tenía, sobre todo aquellas que eran tan radicales y prejuiciosas, definiendo a todo aquel que pisaba la casa Slytherin era el mal.
Pero aun así, sentía un poco de lástima por él, únicamente por él, porque por la mujer a la que Arthur llamaba esposa, sentía un poco de regocijo ante la cara que puso cuando Percival Weasley fue detenido por los aurores y llevado en custodia a los calabozos del ministerio de magia.
- Ahora señor Weasley, señora Weasley, les pido amablemente que abandonen mi despacho y el colegio de Hogwarts. En caso contrario serán escoltados por los aurores mismos. ¿Nos entendemos?- Dijo el director seriamente ante la detención del joven Weasley.
- Perfectamente director.- Dijo un abatido Arthur, encaminándose hacia la chimenea, la cual estaba sellada nuevamente, cuando los aurores, salvo Amelia se fueron.
- Creo que no me ha entendido, deberán marcharse por la puerta, no por la chimenea.
- Pero con Dumbledore…- Quejó un poco Molly.
- Pero yo no soy Dumbledore, así que fuera del despacho. Madame Bones, como jefa del departamento de seguridad mágica, le pido por favor que acompañe al matrimonio Weasley fuera de los terrenos. No me fio de ellos para escaparse y hacer daño a los estudiantes.- Dijo director Powell, siguiendo tan serio como antes.
- Descuide, director. Me disponía a ir a Hogsmeade. Me encargaré personalmente que cojan el Flú desde las tres escobas.- Se despidió la bruja con una inclinación de cabeza y escoltando a los dos Weasley mayores.
El director Powell suspiró cansadamente y se preguntó si ser director de esta escuela merecía tantos quebraderos de cabeza. Lo único que recibió como respuesta fue las risitas de los antiguos directores y de algunos de ellos como Phineas Nigellus, recomendaciones de castigos más duros.
Con una ligera mueca sacó los papeles y pergaminos que llevaba con atraso todavía para ponerse al día, para con la escuela. Su predecesor al parecer delegaba todo a su sub directora y ésta o bien no tenía el tiempo necesario para cumplir con los requerimientos o bien los ignoraba completamente, salvo aquellos que ella misma quisiera o desease.
Tal favoritismo en una escuela para educar a niños y niñas mágicos, no debía darse. Por ello, muy astutamente Dylan Powell, llevaba consigo un giratiempos dado a él por el ministerio de magia, cuando lo pidió para que le ayudara a mantenerse al día con el papeleo.
Una vez que terminara con todo, lo tendría que devolver al departamento de misterios. Una pena, pensaba él para sus adentros, porque un artefacto así, estaría mucho mejor en las manos de un druida o hechicero, para probarlo con la magia de la antigua religión. Pero así era la vida, unas veces se tenía lo que se quería y otras no.
Tal vez si le pedía a Emrys como un favor especial… no, no podía hacer eso, él era un alumno de Hogwarts ahora y aunque tuviera contactos en el ministerio y el Wizengamot, no podría pedir una cosa así sin más.
Repentinamente tuvo que salir de sus pensamientos, cuando la chimenea se encendió repentinamente y la cabeza de un sanador druida salió de ella, diciendo que Emrys había despertado.
- Entendido Maestro Sanador, allí estaré. Avise por favor a su jefe de casa.- Ordenó el director, mientras se levantaba y salía corriendo del despacho.
Los sanadores de la escuela de Hogwarts de magia, brujería y hechicería (Por una vez se estudiaba realmente como lo que el nombre indicaba en la escuela), estaban comparando notas de sus experiencias en el despacho de Poppy Pomphrey, con ella tomando sus propias notas al expresar la curiosidad que sentía al uso de elixires alquímicos, en vez de pociones. Mezclas de hierbas y hongos, también en vez de pociones. Por ultimo expresó la duda si utilizaban algún tipo de poción en la sanación.
- Utilizamos pociones, sí. Pero es raro. Nos gusta más trabajar en estrecha relación con la magia antigua que la nueva. Tenga en cuenta Sanadora Pomphrey…
- Poppy, por favor, llámeme Poppy.- Dijo la medibruja con una sonrisa, mientras mojaba su pluma por décima vez en el tintero.
Ambos Maestros Sanadores se sonrieron ante la insistencia de la bruja a que utilizaran su nombre, al menos cuando estaban a solas y no en público.
- Como quiera Poppy. Como iba diciendo, nos gusta una estrecha relación con nuestra magia y además hay que tener en cuenta, que las pociones es más o menos como la magia nueva para los magos. Es la materia descendiente de la alquimia, al menos para algunos de nosotros, para otros por supuesto, dirán que es tan antiguo como la misma alquimia.
- Entiendo… ¿Y el uso de rituales?
- ¿Rituales?
- Sí, quiero decir, cuando se abre a una persona y se le escriben runas en sus órganos y sangre.
- Ah, quiere decir la sanación rúnica. Nosotros no somos expertos en esa materia, pero conocemos Maestros que estarán encantados de hablarle sobre eso.
- Sí, gracias por…- En ese momento se vio interrumpida, cuando una de sus salas en la cama de su paciente, que el druida y hechicero, llamaban Emrys, pero que ella llamaba señor Potter, se vio activada.
- Creo que el señor Potter está despierto.- Dijo, causando que ambos Maestros Sanadores se levantaran rápidamente y fueran hacia la cama del paciente. – Divina juventud y su entusiasmo…- Se dijo así misma sin saber que ellos, tenían la misma edad que ella más o menos.
Los hechiceros y druidas envejecían a una velocidad más lenta que los magos normales, dados los rituales que hacían y su magia que era más poderosa, podían llegar a vivir un gran periodo de tiempo, pero eso no todo el mundo lo sabía y no es que gustaran que se supiese.
Si ya de por sí, su magia solía levantar ciertas envidias, si se sabía que eran más longevos que la mayoría de magos, se levantarían muchas ampollas.
Harry se encontró repentinamente abordado por dos sanadores que no reconocía y se tensó, como era obvio, hasta que vio que uno de ellos al menos era un druida. Si el Concilio había mandado un druida o hechicero como sanador en Hogwarts por petición de la junta de gobierno, entonces no tenía de que preocuparse.
- Emrys, ha despertado. ¿Cómo se encuentra? ¿Tiene mareos? ¿Sabe dónde está? ¿Sabe qué día es?- Preguntó una serie de preguntas uno de los sanadores, mientras que el otro se limitó a mover la cabeza en resignación.
- Disculpe a mi compañero Aprendiz Emrys, es un poco entusiasta.- Dijo con una amable sonrisa en su rostro.
Harry solo pudo mover la cabeza en asentimiento, debido al no uso de su voz durante una semana.
- Agua…- Pidió con la voz ronca y baja, causando que ambos sanadores asintieran en compresión y convocaran un vaso y una jarra de agua fresca. Sirviéndole el vaso y ayudándolo a beber el agua, dulce néctar de dioses y diosas, pensó Harry por un momento, se recompuso y preguntó qué había sucedido.
- Después de que llamara para su Maestra, he de decir que su familiar, ¿Bennu se llamaba?
- Sí, Bennu…- En ese, un fogonazo de llamas negras y un trino alegre de que su maestro y amigo estuviese despierto por fin, sonó por toda la enfermería de Hogwarts.
- Impresionante…- Comentó el mismo Maestro Sanador. – Pues bien después de que su familiar, Bennu le cantase para tranquilizarlo, cuando llegó su maestra le durmió con un hechizo.
- Entiendo, gracias a ello pude calmarme ¿No?
- Me temo que no, Aprendiz Emrys. Tuvimos que pedir a Maestro Flamel por un elixir calmante. La única manera fue un boca a boca. Tranquilo no fuimos ninguno de nosotros, fue su maestra.
- Está bien.- Dijo Harry tranquilo, no le preocupaba que hubiera sido alguno de los sanadores, pues si eso le salvaba a él y los demás a su alrededor bienvenidos eran. Más bienvenida fue Sarah, que tendría que hablar con ella sobre el robo de besos cuando se estaba convaleciente o inconsciente.
- Después estuvo una semana inconsciente. ¿Se encuentra bien?
- ¿Una semana? Me pareció menos en mi paisaje mental. Respondiendo a su pregunta Maestro Sanador, sí, me encuentro bien. Un poco cansado y agotado mentalmente, pero bien.
- Eso es normal si estuviste reconstruyendo tu paisaje mental y si no lo has terminado…
- ¿Qué si no lo he terminado? Ya está terminado, ¿Por qué no debería estarlo?
- ¿Me está diciendo Aprendiz Emrys, que ha reconstruido un paisaje mental, con todas sus trampas y defensas en una semana?- Preguntaron incrédulamente ambos sanadores, incluso Poppy que estaba cerca, pero no se atrevía a acercarse demasiado a Harry, por temor a represalias, se quedó un poco más alejada, también se sorprendió.
- Si, Maestros Sanadores.
- Increíble, absolutamente increíble. No solo sale de una crisis mental de su paisaje destruido, sino que lo ha terminado de reconstruir en una semana. Ahora entiendo que le hayan dado el título de Emrys… Aprendiz Emrys, a usted no le interesará un curso pequeño en la sanación por algún motivo ¿Verdad?- Preguntó esperanzado el druida y el hechicero solo pudo concordar con su compañero.
- La verdad es que sí que me interesaría aprender algo de sanación, así no tendría que pisar mucho la enfermería.- Dijo con una pequeña risa. – Pero temo que no sepa de donde sacar el tiempo.- Dijo dejando caer la sonrisa y poniéndose serio de nuevo.
- Por cierto, Maestros… ¿Realmente fue Percival Weasley el que me maldijo?- Preguntó seriamente, sin rastro de broma en su tono y con una pizca de odio, llenando su voz.
- ¿Qué es lo que recuerda con exactitud, Emrys?- Preguntó una nueva voz, la cual Harry miró tentativamente esperando a que se presentara. – Disculpa los modales. Soy el nuevo Director de Hogwarts, colegio de magia, brujería y hechicería, Dylan Powell. Sí mi hermano es el Sumo Sacerdote del Concilio.
- Encantado de conocerlo Director Powell y mis enhorabuenas por el puesto adquirido.
- Gracias Emrys. Referente a la pregunta de antes, ¿Qué recuerdas, exactamente?
- De la pesadilla o sueño, todo con exactitud. Sobre quien más estaba en el compartimento, invisible, bajo un encantamiento desilusión, creo que vi a Percival Weasley, creo recordar que le llamé necio y le lancé a través de dos compartimentos. Luego se vuelve un poco borroso. Advertí a los chicos y chicas, que se fueran y llamaran a Sarah inmediatamente. Les grité para que se fueran. Luego oscuridad.
- Veo. Sí el que te maldijo fue el señor Weasley. Percival para ser exactos.- Contestó a la pregunta de Harry, sin atreverse a preguntar si su magia había reaccionado en el sueño de alguna manera.
- Necio… no sabe lo que ha hecho.- Comentó en un susurro Harry, quedándose medio dormido por el cansancio mental.
- Tranquilo, Emrys, descansa. Ha sido cuidado. Ahora está preso en las celdas del ministerio.- Informó el director suspirando pesadamente.
- Eso no me detendrá de matarlo… y a su familia…- Dijo Harry provocando una reacción bastante fuera de lo común.
Los Maestros Sanadores y Poppy se quedaron blancos ante la amenaza de Harry y el director frunció el ceño pensando en la implicación de lo que traería esa amenaza en particular.
- No debes amenazar como eso Emrys, él obró mal, pero su familia no es más culpable de lo que…
- ¡No lo entiendes! ¡Ninguno lo hacéis!- Exclamó despertándose de su somnolencia abruptamente. – Mi magia reaccionó en la pesadilla inducida por él, haciendo un juramento de venganza de sangre en contra de la familia Weasley. Ahora sé que en la realidad se selló también.- Dijo un poco más tranquilo Harry, cerrando los ojos y susurrando unas disculpas a los presentes.
Presentes que desecharon la disculpa inmediatamente, disculpándose ellos por no saber la historia completa, historia que Harry prometió contar más tarde, a instancia de los Maestros Sanadores que casi echaron al director de la enfermería.
Al día siguiente Harry amaneció más descansado y vio para su sorpresa que Sarah estaba al lado de su cama, sosteniéndole la mano, mientras dormitaba incómodamente.
Harry le apretó la mano un poco, para despertarla y decirla que fuera a descansar.
- ¡Harry! ¡Estas despierto! ¡Ya era hora!
- Sí, yo también me alegro de verte, roba besos.
- Shhh. No lo digas tan alto, que te van a oír.
- Tarde o temprano se enteraran de que estamos en una relación y además seguro que alguien sospecha algo ya.
- Si te refieres a Cassiopeia Black, sí, ella ya lo sabe. Está muy enfadada contigo por no contarle y hacer que se hiciera ilusiones, por cierto.
- Pero… pero…
- Nada de peros, Harry.- Dijo Sarah con una mueca. – Deberíamos hablar con ella sobre esto, una vez que te recuperes completamente.
- Si, lo sé. Te ves cansada Sarah, ve a descansar.
- ¿Estarás bien?
- Estaré bien. Por cierto ¿Mi báculo?
- Con Bennu. No ha dejado que nadie lo toque.
- Ha hecho bien, solo nos faltaba que algún idiota lo tocara y sufriera las consecuencias…
- Ciertamente, me enteré por el director que tu magia reaccionó violentamente en la pesadilla, ¿Quieres contarme?
- Sí, pero no ahora. Será mejor cuando todos los que estén involucrados, estemos juntos, para no repetirme.
- Lo comprendo, debe ser difícil.
- No sabes cuánto, dentro de mi mente, cuando todo estaba destruido y en caos, te tenía en mis brazos y estabas…
- Shhh, calla no digas más, Harry. Estoy bien y a salvo.
- Sí, eso lo veo, también te ves muy hermosa.- Dijo sonriendo de medio lado, levantándose un poco y robándole un beso rápido y casto.
Sarah solo sonrío ante la acción de Harry y lanzó una sala de privacidad en torno a ellos, para devolverle el beso, un poco más profundo y menos casto.
Momentos después se separaron y Sarah se despidió de Harry, prometiendo que volvería más tarde a visitarlo, cuando haya descansado un poco.
Disipando la sala de privacidad que había colocado Sarah, Harry se volvió a recostar en las almohadas y pensó en lo que le había dicho Sara sobre Cassiopeia.
Por una parte no entendía porque debería estar celosa de Sarah y Harry. No es que tuvieran una relación más allá de la amistad, pero como le había dicho su alter ego en la sala del tiempo y el espacio, ella estaba enamorándose de él.
Con una mueca distorsionándole el rostro, pensó en las posibles complicaciones que su relación con Cassiopeia podría acarrear.
Ciertamente tendría que hablar con ella y explicarle la situación pacientemente. Sí, eso haría, pero si ella no lo entendía o no lo aceptaba, entonces tal vez se distanciaría de él y seguramente le causaría daño y dolor.
Daño y dolor porque le gustaba Cassiopeia como una amiga, prima e incluso una hermana. Esos eran los sentimientos que estaba fraguando Harry por la hija de Regulus, mismos sentimientos que tenía por Celeste.
Si Cassiopeia le pedía un tiempo para pensar y recapacitar en su relación, entonces se lo daría, pero aun así, echaría de menos a la amiga que tanto le gustaba.
Suspirando y dejando de lado esos pensamientos por un tiempo, lanzó un encantamiento tempus para ver la hora.
Viendo que todavía era temprano y sabía que seguramente no se dormiría nuevamente, decidió repasar sus escudos de Oclumancia y guardar todos y cada uno de los pensamientos y recuerdos que había adquirido desde que despertó.
- Veo que estás despierto señor Potter.- Dijo la sanadora de Hogwarts, Madame Pomphrey con una sonrisa ligera.
- Sí, Madame. Llevo desde las seis y media despierto.- Contestó secamente Harry, saliendo de su estado meditativo.
Poppy se dio cuenta de la frialdad y sequedad en el tono del joven Potter y no pudo contener una mueca de tristeza por no fiarse de ella.
- Avisaré al Maestro Sanador Scott.
- Se lo agradezco, Madame Pomphrey.- Dijo Harry, obligándose a darle una sonrisa a la sanadora residente para los magos y brujas, pero no llegándole a los ojos, pues no se fiaba de ella, aunque hubiera hecho un juramento mágico, como le dijo Sarah anteriormente, entre beso y beso.
Una vez que el Maestro Sanador Scott llegó, miró con una ceja arqueada a Emrys y le lanzó un hechizo de diagnóstico para ver cómo estaba.
Con una sonrisa de medio lado, le dijo que estaba mucho mejor e incluso le preguntó si había tenido dulces sueños.
- No exactamente…- Dijo intentando esquivar la pregunta y las risas del Maestro Sanador.
- No te preocupes Emrys. Es totalmente sano para tu edad que pienses e incluso sientas dichas necesidades a veces.
- Creo que no le sigo.
- O no quieres seguirme. Puede que Madame Pomphrey no se dé cuenta del hechizo de la antigua religión que puse, para avisarme cuando despertaras.
- Venga ya.- Se quejó Harry a la sonrisa creciente del sanador.
- No solo la señorita Black se dio cuenta, Emrys. El director y al menos yo y mi compañero lo hicimos.
- ¿Nos traerá repercusiones?
- ¿Repercusiones? ¿Quién se atrevería a hacer eso? No, Emrys, no os traerá repercusiones, lo que sí que te voy a pedir es que si íntimas con Maestra Ó Conaill, es que vengas a verme. Hay hechizos y elixires para evitar el embarazo no deseado.
- ¿Cree que mi cuerpo está tan avanzado en la pre adolescencia, como para dejarla embarazada?
- Tienes doce años Emrys, eres saludable, te cuidas y haces deporte. Tu magia es poderosa y tu cuerpo está en constante crecimiento y evolución para adaptarse. Casos más raros de pubertad precoz se han visto. Pero por si acaso, ven a verme. ¿Entendido?
- Si, Maestro Sanador.
- Excelente. Ahora creo que unos días más aquí y estarás listo para partir.
- ¿Al menos podré leer algo, mientras estoy en cama?- Preguntó Harry esperanzado.
- Claro Emrys. Sería un sádico si te dejara morir de aburrimiento.- Dijo cogiendo un libro sobre curación básica en hechiceros y druidas. – Toma este para comenzar. Si ves que puedes seguir leyendo y avanzando más, házmelo saber.- Dijo yéndose al despacho que compartía con el otro Maestro Sanador y dejando a Harry sólo con sus pensamientos y el nuevo libro.
A medida que pasaba los días Harry en la cama, convaleciente, pero recuperado completamente, sus propios compañeros de casa se dejaban caer de vez en cuando informándole de las clases que tenían y lo bien que iban y aprendían más magia de la que antes tenían que esconderse para aprender.
Muchos de las familias más tradicionales, pidieron una reunión en nombre de sus padres, para saber más acerca de sus objetivos para con la alianza Albion.
Harry aceptó las invitaciones para hablar y conversar con los padres de familia de sus compañeros.
Los amigos más cercanos a Harry, salvo Cassiopeia, venían a diario a ver como estaba y a felicitarle por la exitosa donación, que cambió la escuela para mejor.
También le contaron que el profesor Snape parecía más contento en cuanto a su impartición de clases a los alumnos de cuarto, quinto, sexto y séptimo año.
Alphard de vez en cuando miraba a Harry de una manera, que éste se preguntaba si había hablado con su hermana sobre algo.
- Chicos, me alegra y me encanta que vengáis a verme, pero os importa si hablo con Alphard a solas unos momentos.- Pidió Harry tentativamente, no necesitaba ofender al resto de sus amigos en Hogwarts y perder más de ellos.
- Claro Harry, no te preocupes.- Dijo Celeste alegremente y dirigiendo una mirada acerada a los demás que iban a protestar.
Dejando a solas a Alphard y Harry, ambos jóvenes se miraron por unos momentos, hasta que Alphard suspirando se sentó en una de las sillas al lado de la cama del joven Emrys.
- Entonces Alphard, ¿Qué sucede? ¿Qué te he hecho para que me mires de esa manera?
- ¿De qué manera me hablas?- Pidió un poco de mal humor.
- Creo que lo sabes. Pero voy a caer en la trampa. Me miras como si de alguna manera o forma te he traicionado.
- ¿Y no lo has hecho, Harry? ¿O debería llamarte Emrys, ahora?
- Alphard…
- ¡No! ¡No hay Alphard que valga!- Subió la voz, haciendo que un par de personas se giraran para mirarlos.
Con un suspiro de resignación el joven Black levantó una barrera de privacidad sin palabras.
- Veo que vas mejorando, Alphard. Me alegro de verlo.
- ¿Seguro?
- ¿Has hablado con Cassiopeia, verdad?- Preguntó Harry temiendo la respuesta.
- Sí, lo hice y lo que me dijo, no me gustó ni un pelo, Harry.- Tomándose un respiro en la conversación y girando levemente la cabeza, para no mirar a Harry a los ojos, le contó lo que hablaron. – El otro día se me acercó llorando Harry, me dijo que sus peores temores se hacían realidad y que te habías fijado en una mujer adulta y elegido a ella como tu compañera y novia. Está muy deprimida en cuanto a ese tema, no quiso entrar en detalles y se siente traicionada de que no le dijeras a ella nada. Ella no solo te ama Harry, sino que te idolatra. Te admira muchísimo y te defiende ante cualquiera que ose con atacarte verbalmente.
- ¿Se siente traicionada? ¿Por qué?
- ¿Por qué, preguntas? Por la sencilla razón de que esperaba que le contases a ella lo tuyo con la mujer que hayas elegido. Personalmente me da igual a quien hayas elegido, lo que no me da igual es que hayas hecho daño a mi hermana…- Dijo parando de repente ante la risa incontrolable de Harry.
- ¡No te rías Potter! ¡Esto es serio!- Se levantó de un salto, tirando la silla en el proceso. -¡Cassie está llorando casi todos los días por tu culpa! ¿Y tú te ríes de ella, nada más? ¿Acaso eres un desalmado?
- ¡Hormonas Alphard! ¡Tu hermana está hormonal!
- ¿Qué?
- Pregúntale a un sanador. Pero creo que el sentimiento de traición es por las hormonas, al igual que los celos. Ella está creciendo como todos nosotros. Estamos pasando por una etapa de crecimiento en la que pensamos que algo pequeño y sin importancia, como no haberle dicho a Cassie que estoy con una mujer, le dé más importancia de la que tiene. Alphard, sí estoy con alguien que no es tu hermana. En una relación amorosa, si lo quieres poner así y tu hermana se dio cuenta no hace mucho tiempo, cuando todos estabais tratando de ayudar alrededor de mi cama.- Paró mirando a Alphard con la intención de hacerle comprender sin explicárselo.
- ¿Me estás haciendo creer que estás con…?
- Sí, con ella.
- Increíble. Es más mayor que tú.
- En edad. Aunque sea más maduro emocional, se me presenta el problema de lo que piense la sociedad.
- En realidad eso no es un problema Harry. Deberías saberlo.
- Cierto, pero no solo estamos hablando de la sociedad de magos Alphard. Hay más sociedades ahí afuera.
- Eso lo sé Harry, pero no creo que te pongan muchos problemas si supieran que estás… qué besándote únicamente ahora.- Declaró con una sonrisa.
- Sí, únicamente. Pero volviendo al tema Cassiopeia, sé lo que siente por mí o lo que piensa que siente.
- Está enamorada de ti.
- ¿Desde cuándo?
- Desde que nos salvaste… entiendo.- Dijo Alphard con el rostro iluminado por la compresión. – No es amor, sino…
- Es una fan girl.
- Ten cuidado con lo que dices, es mi hermana de todas formas.
- Lo sé y es por eso que quiero hablar con ella, junto a la mujer con la que estoy.
- Por simple y pura curiosidad, ¿Cómo tú y ella empezasteis?
- En la sala del tiempo y el espacio, en Gringotts. Un día allí es un año en realidad.
- ¿Eh? Eso es imposible.
- No, es decir que un día fuera de la sala es un año dentro de ella.
- Ah… ahora tiene más sentido. Bueno felicidades por eso.
- Gracias. ¿Estamos en paz? Me dolería perderos a ti y tu hermana.
- ¿Por qué?
- Porque os quiero, por supuesto. Sois mi familia después de todo.
- ¿Quieres a mi hermana, como una prima?
- Incluso como una hermana menor.- Dijo Harry sonriendo ligeramente. – Es un tipo diferente de amor, pero creo que también es válido.- Terminó Harry riendo ante el mal entendido que al final Alphard y él arreglaron.
Alphard solo asintió con la cabeza, empezando a sonreír y comprender un poco mejor el punto de vista de Harry. Aunque todavía pensaba que su hermana no tenía un enamoramiento simple de esos, de que una damisela fuera salvada por un príncipe, no podía ver a Cassie de esa manera.
Después de aclarar las cosas y los asuntos entre ellos, el resto del grupo volvió a entrar y continuaron con los "informes" de lo que sucedía en la escuela.
Para ellos las primeras clases de la primera semana fueron increíbles, dado que podían coger las materias de runas antiguas si querían empezar con los nuevos horarios o esperarse como era tradicional ahora hasta tercer año.
Para Harry eso no era nuevo, pues tenía las asignaturas de tercer año de Runas, Aritmancia, Artes Oscuras (avanzadas), Alquimia y el resto de temas normales, salvo por supuesto el de las artes oscuras, ya que al escoger las avanzadas en vez de quedarse en las normales que era la defensa contra las artes oscuras antiguas.
Aparte de esas asignaturas tenía su aprendizaje en la magia de la antigua religión con Sarah, aunque con ella lo que haría este año en Hogwarts sería continuar con el entrenamiento físico y el mágico lo haría por su cuenta, tal y como habían acordado.
Harry quería enseñar a sus amigos y Sarah a volar sin escoba mágica, ya que sería una oportunidad única para ellos y además una ventaja frente a los enemigos, si se veían en la necesidad de huir.
Cuando por fin llegó el día en que Harry fue liberado de la enfermería, lo primero que hizo fue ir a la sala común de Slytherin a ver cómo iban las cosas por allí.
Le habían contado que Draco estaba empezando a enseñorearse de la sala y de sus estudiantes, amenazando con que le contaría a su padre tal cosa.
Al parecer su frase favorita era "cuando mi padre se entere de esto…" y daba el intento de una sonrisa sádica.
Al parecer quería imitar a Harry en sus sonrisas que guardaba para aquellos que se merecían sentir un poco de miedo.
Bueno, Draco aprendería la lección a no traicionar la confianza de Harry, por las buenas o por las malas, aunque el año pasado se hubiera acercado un poco, al parecer por las órdenes del padre de Draco, éste año tenía que antagonizar públicamente a Señor Potter. Tanto padre como hijo, parecía que les faltaba un hervor.
Paseando con un paso tranquilo por los pasillos del castillo sin ninguna preocupación aparente, se encaminó a las mazmorras, que le llevarían a la sala común.
Cuando llegó se quedó parado frente al retrato que resguardaba la sala y pedía la contraseña para pasar al interior.
Tenía un problema con eso, no se sabía la contraseña de la sala común, pues sus amigos no se la habían dicho. Pensando en una posible solución, miró a los lados por si venía alguien y comenzó a hablar en la lengua Pársel con el retrato.
El retrato era uno que Salazar Slytherin colocó de un hombre hablante de la lengua de la serpiente, para que viera por el paso del tiempo a sus descendiente o cualquiera que hablara dicha lengua.
- Buenos días Sir Gaunt.- Dijo Harry saludando al hombre del retrato que era uno de los antepasados de Salazar, Corvinus y Celeste Gaunt, aunque ellos lo desconocían.
- Buenos días Señor Potter, me alegra que haya salido de su convalecencia en el ala médica. ¿Cómo se encuentra?
- Mejor, gracias por preguntar, Sir Gaunt. Me preguntaba si me dejaría entrar en la sala, por desgracia las visitas de mis amigos no incluían el cambio de contraseña ni una contraseña para entrar en la sala común.
- Claro joven, entra y diles a los díscolos de mis descendientes Gaunt que se pasen a hablar conmigo de vez en cuando. Sobre todo la chica Gaunt, me parece su nombre era…
- Celeste.- Ayudó Harry con el nombre de su amiga y prima lejana.
- Celeste, sí. Gracias Señor Potter.- Dijo Sir Gaunt, dejándolo pasar por la apertura del retrato.
Una vez dentro de la sala común semi vacía, Harry se dirigió al centro y comenzó a buscar a sus amigos o incluso a Theo, el cual no había visto desde hace un tiempo y se preguntaba como estaría.
Por desgracia no encontró a Theo y fue a sentarse en uno de los sofás, en los que tan cariñosamente recordaba del año pasado.
Por suerte era un fin de semana y no había clases a las que asistir, por ello sacó uno de los libros un poco más avanzados de curación y comenzó a leerlo de la forma tradicional.
No mucho tiempo después se vio interrumpida su lectura por un chico y una chica de primer año o lo que parecían de primer año, observándolo y cuchicheando en un tono de voz semi alto. Algo que podía escuchar a los chicos hablando, pero no entendiendo lo que decían, pues le parecían susurros ininteligibles.
Levantando la vista de su libro y cerrándolo con un suspiro, se dirigió a ellos.
- ¿Puedo ayudaros en algo?- Preguntó con la ceja levantada.
- Sí, ¿Cómo has entrado en la sala común? No te hemos visto la primera semana por aquí.- Dijo el chico de pelo negro y ojos violetas. Si Harry tuviera que hacer una conjetura del apellido del niño, diría que es un Lestrange.
- Por el retrato. Me conoce y hay otras maneras de entrar, aunque no se sepa la contraseña.- Contestó Harry.
- Pero eso es peligroso, puede haber personas que no sean de nuestra casa y descubrirlo.- Se quejó la niña, pero cuando Harry le dirigió la mirada, se cayó abruptamente.
- No, no es peligroso, ya que las únicas personas que podemos utilizar esa forma, son los hermanos Gaunt y yo.
- Porque sois hablantes de Pársel, ¿Verdad?- Preguntó el hermano de la niña.
- ¿Cómo os llamáis? No os habéis presentado correctamente, aunque creo que yo tampoco lo he hecho.- Dijo levantándose del asiento y dirigiéndose hacia ellos. – Mi nombre es Señor Harry James Potter Emrys.- Dijo haciendo una inclinación de cabeza, dando permiso para que se presentaran los otros dos "Lestrange" que suponía que eran.
- Yo soy Heredero Acrux Lestrange y ella es mi hermana Adhara Lestrange.- Dijo inclinándose un poco más de lo que había hecho Harry, al ser un Señor al que se presentaron.
- Encantado de conocerlos. Tengo entendido que vivís con la prima Narcissa.
- Sí, vivimos con ella y su marido. También con el primo Draco.- Intervino la chica, Adhara con un poco más de confianza.
- Por favor, acompañadme en los asientos y decidme, ¿Qué tal vuestra primera semana?
- Lo siento Señor Potter, pero no podemos hablar con usted demasiado o ser vistos haciéndolo…
- Tonterías Heredero Lestrange, no creo que nadie te diga nada por un poco de conversación civilizada e inteligente, después de todo somos primos también.
- Sí, eso lo sé, pero el padre de primo Draco…
- No hará nada, Lucius puede amenazaros todo lo que quiera, pero ahora mismo su… economía pende de un hilo.- Informó Harry con el ceño fruncido, ante el miedo que tenían éstos dos chicos al padre de Draco.
Ambos Lestrange se miraron unos momentos y decidieron sentarse con Harry en los sillones que había alrededor del sillón central.
Estuvieron hablando de cosas más tribales durante un rato, hasta que las puertas de las habitaciones se fueron abriendo y los primeros alumnos en bajar y dar la bienvenida nuevamente a Harry a la sala común aparecieron.
Los amigos y amigas de Harry no tardaron en aparecer y tanto Alphard como Cassiopeia saludaron a sus primos Lestrange, afablemente y alegremente, dado que hacía tiempo que no se veían por culpa de Lucius.
Cassiopeia estaba tratando de evitar cualquier tipo de contacto visual con Harry, lo que divertía en extremo al chico, pero no lo demostraba públicamente.
- Debo decir chicos que sois un poco olvidadizos a la hora de decirme la contraseña de la sala común.- Regañó con una sonrisa Harry.
- ¿Y cómo has entrado Potter?- Intervino una voz, arrastrando las palabras. – Y ya que estamos estás en mi sitio, mestizo…
- Dolor.- Susurró Harry, apuntando con su dedo a Draco, haciendo que éste cayera al suelo, retorciéndose de dolor y gritando.
Parándolo antes de llamar la atención del profesor Snape, el cual entró por la puerta del retrato momentos después de que había detenido la maldición de dolor a Draco.
Dirigiéndose al rubio Malfoy por su apellido, Harry habló con voz fría y helada, que bien podría helar la habitación en cuestión de segundos.
- Eso, mi querido "primo" Malfoy, no es asunto tuyo. Como haya entrado me corresponde a mí y al retrato de Sir Gaunt.- Dijo, haciendo que tanto Celeste como Corvinus abrieran los ojos en señal de shock, ya que no sabían que el guardián del retrato era un familiar suyo.
- Y, por si lo habías olvidado, aquí es donde yo y mis amigos nos sentamos el año pasado, creo que este año y los venideros, también nos sentaremos aquí. Si tienes algún problema, soy todo oídos.- Dijo Harry levantándose de su asiento y extendiendo su mano, con la que cogió el báculo, que apareció con Bennu en el momento justo para dar una imagen de notable poder.
- ¡Para aquellos que no lo sepan, el fénix que está en mi hombro, es mi familiar! Cualquier acto hostil contra él, será contra mí. Aparte de que cualquier acto hostil contra mis amigos o aliados, lo será también contra mí. Eso incluye a los jóvenes Lestrange, después de todo son mis primos también.- Dijo Harry amenazadoramente a la sala común entera, incluido el profesor Snape.
- Señor Potter, gracias por sus palabras de bienvenida y de… menosprecio por sus compañeros más mayores, pero he de requerirle en mi despacho inmediatamente. Absténgase de llevar al pájaro…- Dijo agachándose y esquivando al fénix cabreado que fue llamado pájaro por ese hombre de pelo grasiento.
- Profesor Snape, yo si fuera usted me abstendría de llamarlo así, no le gusta que le califiquen como un ave simple y normal. También es orgulloso, así que hasta que no se disculpe, temo que no parará y no puedo hacer nada para detenerlo.- Dijo Harry con una sonrisa burlona.
Si bien las cosas habían cambiado un poco durante el verano, todavía seguía en contacto con Severus y como le había explicado por carta, en público debería ser visto como que le odiaba, para que cuando volviera el Lord Oscuro, pudiera confiar de nuevo en él.
El profesor de pociones gruñó una disculpa al ave fénix y se volvió para ir a su despacho, en el remolque iba Harry, dejando a sus amigos detrás, diciéndoles que los vería en el desayuno o almuerzo, depende de cuánto tardaría en solventar la reunión con el jefe de casa.
En el despacho del profesor Snape y cuando las salas de privacidad de ambos, mago y hechicero, estaban bien colocadas en su sitio, se pudieron permitir el lujo de relajarse y saludarse como era debido.
Todavía con un aire de profesionalismo para ambos, pero con mucha más soltura.
- Bienvenido de nuevo señor Potter.
- Gracias Profesor Snape. Es una alegría estar de vuelta y liberado de la enfermería.
- Hablando de eso, ¿Cómo se encuentra? He de decir que es la primera persona que conozco que logra tal hazaña.- Comentó el profesor con su típica mirada hosca.
- Me encuentro bastante bien, pude… reconstruir desde cero y mucho mejor mis escudos de Oclumancia. Me costó una semana, pero lo conseguí. En lo referente a ser el primero en conseguirlo, creo que ha habido otros también en hacerlo, pero no está tan documentado.- Explicó Harry con el ceño fruncido.
- Bueno, es agradable saber que sus escudos se mantienen fuertes. Aunque dudo que alguno de los maestros aparte de mí intenten meterse en su mente.
- Ciertamente, profesor. Pero sabe que las ventajas de la Oclumancia no solo son mantener a los legeramánticos de la mente, sino que también sirve para clasificar y ordenar recuerdos, sentimientos, etc. para un mejor acceso a ellos. También previene el control mental, compulsiones y si no me equivoco, maldiciones como la Imperius.
- No se equivoca, señor Potter.- Dijo el profesor, mientras convocaba a un elfo y pedía un desayuno para ambos, ya que se iba a alargar la reunión.
Cuando el desayuno apareció, Harry lanzó sus hechizos de diagnóstico a los que estaba acostumbrado, en busca de pociones o hechizos en la comida, platos y bebida.
- Veo que sigue igual de paranoico.
- Sí, bueno las buenas costumbres tardan en desaparecer.- Contestó Harry con una ligera sonrisa.
Mientras comían su desayuno en relativo silencio, Severus iba explicando lo que se había perdido en su semana de convalecencia en el ala médica, las nuevas normas de la casa, lo que se esperaba de los segundos años y lo que se esperaba de él al presentarse a los TIMOS este año.
- Ahora que está todo explicado en ese ámbito, espero que no me defraude, ni a su maestra.
- Hablando de ella, ¿Dónde se hospeda?
- En los cuartos para Maestros que tienen aprendices. Aunque ha pedido hospedarse cerca de usted.
- Entiendo, gracias por la aclaración, profesor.- Dijo esperando a que le contara algo más o lo despidiera.
Sin embargo el profesor se limitó a mirarlo con el ceño fruncido, antes de sacar sus horarios de clases.
- Éstos son los de las clases normales que tiene aquí en Hogwarts. Debo decir que tiene los cinco días de la semana muy ocupados, señor Potter.- Dijo entregándole sus horarios, los cuales ciertamente, estaban bastante llenos. Desde la mañana a la tarde con todas las clases normales, tales como: Pociones, Transfiguración, Encantamientos, Historia de la magia, Artes Oscuras (avanzadas). Siendo esas cinco las normales de los dos primeros años, al menos antes de que cambiara la situación académica en Hogwarts, aunque todavía muchos seguían con el plan de estudios antiguo.
Al menos tardaría en pasar un tiempo para que se cambiara y los magos, eligieran las mismas clases que sus compañeros hechiceros, brujos y druidas.
Las otras clases que tenía eran: Alquimia, Aritmancia, Runas antiguas, Rituales, Nigromancia (para principiantes, algo que Ignotus no estaba de acuerdo con Harry) y Artes Oscuras, pero la clase Avanzada, la cual sería llevada junto a sus compañeros, pero él tendría otros tipos de ejercicios.
- Y aquí, señor Potter, está su otro horario. Éste según tengo entendido lo puede hacer en el fin de semana.
- Ah, sí. Es el entrenamiento físico que llevo con mi Maestra Ó Conaill. Veo que es más… ligero.
- ¿Dice que es ligero? Tres horas por la mañana y dos por la tarde…
- Sí bueno, eran seis horas por la mañana en el verano y cuando estaba en la sala de Gringotts, fueron ocho meses enteros, entre mañana y tarde, todos los días sin descanso, salvo para comer, ducharse y dormir.- Explicó Harry a un atónito profesor.
- Increíble, pero bueno, no soy quien para oponerme… en definitiva, cambiando de tema, es consciente que se perdió una sesión del Wizengamot, ¿Verdad?
- Si lo soy. Recibí una carta de Marius Greengrass explicando lo que se discutió y demás. También recibí varias cartas, expresando sus deseos de recuperación, por el resto de la alianza.
- Eso es bueno, con respecto al señor Weasley…
- Con respecto a ése y su familia, se deberá tener una reunión del Wizengamot y de la junta de gobernadores para ser tratado. Por desgracia para él y su familia, cuando decidió en su infinita sabiduría utilizar esa maldición, no supo lo que podría causar.
- Sí un cabeza hueca en toda su gloria.
- Más que eso, diría yo. Ahora mismo la familia Weasley al completo, pende de un hilo mortal.
- ¿Qué hiciste en el sueño?
- Un juramento de venganza de sangre.
- ¿No jurarías acabar con las vidas enteras de los Weasley?
- Exactamente eso. Temo que no me quedará más remedio a no ser que lleguemos a un acuerdo entre el patriarca o jefe de la familia Weasley y yo.
- ¿Qué tipo de acuerdo? Según tengo entendido esos juramentos si no se cumplen en su totalidad, podrías llegar a perder tu magia e incluso morir.
- Sí, soy consciente de ello. El acuerdo sería que juraran todos y cada uno de los integrantes de la familia Weasley, inclusive aquellos que sean Squibs, un juramento de sangre en no tener hijos ni casarse con otras personas. Es decir que con ellos mismos, el apellido Weasley moriría.
- Y… si no lo hacen, entonces ¿Qué? ¿Los matas?
- Eso me temo. Aunque puedo dejar que crezcan un poco antes de cumplir.
- Crezcan… ¿Te refieres a la mayoría de edad?
- Exactamente. No soy Voldemort ni Dumbledore.
- Eso es obvio. El Lord Oscuro los mataría al completo al instante y Dumbledore lo haría indirectamente, delegando a otros para que se mancharan las manos.
- O el mismo, si son una amenaza a sus planes inminentes. Aunque haya niños pequeños en la familia. Yo no mato niños y creo que nunca lo haré, aunque sea necesario a veces.
- Eso, señor Potter, algunos lo considerarían una debilidad.
- Puede. A otro tema, se me necesita para algo más.- Dijo Harry, más que preguntó, dado que no se necesitaba hacer preguntas.
- Yo por mi parte no, pero el director Powell desea verle junto con su maestra en su despacho.
- Entendido. ¿Sigue estando en el mismo sitio que el de Dumbledore o ha sido cambiado?
- Sigue en el mismo sitio, aunque ya no hay gárgola con estúpidas contraseñas.
- Me alegra oír eso. Supongo que nos acompañarás, al menos hasta la puerta. ¿Cierto?
- Sí, es una buena suposición.- Dijo haciendo caer sus propias salas, a lo que Harry con un movimiento de su báculo dejó caer las suyas.
Saliendo ambos del despacho se dirigieron a los cuartos de Sarah para que fueran los tres a donde el director Powell estaba.
Casualmente se encontraron con ella en el camino hacia sus aposentos y acordaron ir inmediatamente a la oficina de éste.
Una vez llegado subieron por la escalinata de mármol y llamaron a la puerta, esperando pacientemente a que el director les permitiera la entrada.
- Adelante.- Vino la voz suave del director y un poco cansada.
Los tres entraron por orden, primero Severus al ser un maestro y jefe de casa, luego Sarah, que era la Maestra de Harry y por ultimo Harry que era el aprendiz y alumno de la escuela.
- Bienvenidos, profesor Snape, Maestra Ó Conaill, Aprendiz Emrys. Por favor tomen asiento.- Dijo convocando tres sillas de aspecto cómodo delante de su escritorio.
- Para lo que tengo que decir, tanto el Profesor Snape, como la subdirectora McGonagall deben estar presentes. Cada uno por una causa diferente.- Explicó el director mirando al profesor de pociones y a la mencionada subdirectora. – Bien, con esto aclarado, como bien sabréis Aprendiz Emrys está en un aprendizaje con la Maestra Ó Conaill y lo que ella considera oportuno que su aprendiz aprenda, debe ser enseñado. Ha considerado oportuno enseñarle el aspecto físico de la magia, es decir, entrenamiento físico para ganar una mejor y mayor resistencia. Por ello todas las mañanas en los sábados y domingos, entrenaran tres horas, desde las seis hasta las nueve y por la tarde, desde las seis hasta las nueve también.
Primariamente el entrenamiento será llevado en los terrenos del colegio, posteriormente cuando no se pueda por entrenamiento de Quidditch de las Casas, será llevado en lo que me dicen los elfos domésticos la habitación que viene y va. ¿Alguna pregunta?
- Sí, va a confiar en esos dos para que estén solos en el fin de semana?
- Sí, Minerva, tienen mi confianza.
- Pero es indecoroso que una… Maestra esté a solas con un estudiante y más cuando dicho estudiante está pasando por la pubertad.
- Acaso insinúa que tengo relaciones sexuales con mi propio aprendiz.- Dijo Sarah escandalizada. Es cierto que hasta eso no habían llegado y que fuera del rol Maestra-Aprendiz, era cuando únicamente tenían su sesión de besos y caricias. Pero lo que la escandalizaba era la insinuación de McGonagall al no ser profesional en darle el aprendizaje correcto a Harry.
- ¡Como te atreves… hechicera!- Dijo como si fuera un insulto para ella, más que eso, era una realización, lo cual la hizo sonreír ante el intento de cabrearla.
- Yo si fuera usted tendría más cuidado con las palabras, Subdirectora McGonagall.- Dijo Harry, llamándola por su título referente a la situación.
McGonagall miró a Harry como si fuera un bicho asqueroso que se había posado en su escritorio y estuviera decidiendo si transfigurarlo o matarlo directamente.
- ¿Cómo te atreves a amenazarme señor Potter…
- Es Señor Potter, subdirectora.
- En ese ámbito, Emrys, hemos decidido entre el profesorado y tu maestra, que el título de Señor, quedará únicamente para fuera de los terrenos y en el Wizengamot. Para los Maestros y Sanadores de la antigua religión, te llamaremos Emrys, dado que es el título que recibiste del Concilio y es como nos gusta llamarte de todas formas.- Intervino pacíficamente el director Powell.
- Entiendo director. Me disculpo entonces Subdirectora, no estaba consciente de que el título de Señor se dejaba fuera de la cuestión.- Dijo con una ligera inclinación de cabeza, dejando mal a la Subdirectora, dado que si no aceptaba las disculpas sería vista como una mala profesora.
- Acepto sus disculpas señor Potter y espero que su Maestra pueda aceptar las mías, no quería dar a entender nada… malo.- Dijo levantándose de la silla en la que estaba sentada. – Si me disculpa director, he de hacer algunos papeleos con respecto a mis estudiantes.- Dijo mientras que se encaminaba a la puerta. – Por cierto, señor Potter, espero verle en mis clases TIMO el lunes, tiene me temo, mucho con lo que ponerse al día. No acepto ni tolero vaguerías en mis clases.
- Por supuesto profesora, así será.- Dijo Harry cordialmente, asintiendo en su dirección.
- Director, me temo que yo también he de ir a mis aposentos. Tengo una poción que requiere mi completa atención.- Dijo el profesor Snape.
- Por supuesto Severus, Minerva… podéis marcharos.- Dijo, mientras ambos, mago y bruja se miraban con una pizca de odio entre ellos y se marchaban del despacho.
Una vez fuera de allí, el director suspiró y lanzó salas de privacidad de la magia antigua, a lo cual se les unió Sarah y Harry.
- En un ámbito menos formal, he de pediros cierta discreción, por favor.- Dijo mientras que ambos escuchaban atentamente y le daban la clara señal de que siguiera. – No hemos podido dejar de notar, los Maestros Sanadores y yo que tenéis una relación amorosa. No me malinterpretéis, no es asunto mío o de los sanadores, si no os tratan, por supuesto. Pero he de pediros que si intimáis, no lo hagáis en el castillo.
- No intimamos director…
- No me interesa Sarah.- Dijo sonriendo. – La vida sexual de cada uno ha de ser privada.
- Gracias director Powell, pero como Sarah bien a expuesto no llegamos a esa fase todavía. Solo estamos en sesiones de besos.
- Bien, es un alivio, así las salas de Hogwarts no tendrán que avisarme que un estudiante de segundo tiene ciertas relaciones con una maestra.- Dijo riendo un poco. – Pero, os pido que esas muestras de aprecio, queden para vuestra intimidad, lejos del castillo y de los oídos de los demás Maestros y Maestras del Concilio. Ellos no lo pueden ver como yo o mi hermano y declarar que, como ha dicho Minerva, es indecoroso y relevar del cargo a Sarah.- Advirtió seriamente el director.
Ambos amantes secretos asintieron con la cabeza y conversaron un poco más con respecto a los planes de Harry para con la escuela, el aprendizaje y la conversación que debería de tener con Cassiopeia, pidiéndole que guardara silencio en respecto a su relación con Sarah.
Poco después ambos hechiceros se marcharon de la oficina del director y se encaminaron en direcciones distintas. Harry a la sala común a buscar a sus amigos y Sarah a sus cuartos a hacer lo que tuviera que hacer, mientras que el día transcurriera.
- Nos vemos en la tarde entonces, Maestra.
- Descuida Aprendiz, este fin de semana lo tendrás libre para ponerte al día con los estudios y tus compañeros. El que viene, será más intenso debido a los dos fines de semana que hemos perdido.
- Comprendo, gracias Maestra.- Con eso se despidió dando una inclinación de cabeza y se dirigió a la sala común, a buscar a los alumnos que cursaran los TIMOS este año para pedirles que le dieran los apuntes de la primera semana de clases.
Después de eso, se dijo que buscaría un momento a solas con Cassie para hablar con ella y aclararle lo que le tuviera que aclarar.
Por un lado estaba ansioso de hablar con ella, no quería perderla como amiga, ya que confiaba en ella, pero por el otro, estaba un poco temeroso ante su reacción, al confirmarla sus temores de que ella no tendría oportunidad de iniciar una relación con él.
Estaba seguro que incluso se ofrecería a aceptar una relación con más chicas, si eso le permitía estar con él, pero Harry no se sentía como practicante de la poligamia y eso tal vez la desanimara un poco.
Al llegar nuevamente a la sala común y todavía sin saber la contraseña, Harry volvió a pedir al retrato que por favor le dejara entrar en la lengua Pársel. Si esto se convertía en rutina, tal vez ni siquiera le interesara pedir o saber las nuevas contraseñas, pues las conversaciones que tenía con Sir Gaunt de sus tiempos y de la magia en sí, eran fascinantes, sobre todo desde que se enteró que gracias a Harry, Albus Dumbledore ya no era director de la escuela.
- Eso se agradece por estos lares, Señor Potter. - Dijo una vez el retrato de sus muchas conversaciones.
En definitiva, ese día se estaba poniendo interesante, sobre todo con la revelación en la sala común de Slytherin al ver a Draco en su sillón, discutiendo con sus amigos sobre quien debía o no sentarse allí.
- No veo que lleve el nombre de Potter o su firma mágica aquí. Así que no veo porque debería de levantarme.
- Casualmente Draco, por todos los medios te pido que sigas siendo el estúpido que eres ahora.
- ¿Cómo dices Potter? Cuando mi padre se entere…
- ¿Qué? ¿Qué va hacerme Lucius? No creo que tenga las pelotas para atacarme ni políticamente ni por parte de duelo. ¿Las tienes tú?- Retó Harry con la cabeza bien alta hacia el chico arrogante. – Te recuerdo que no me ha hecho falta mi báculo para derrotarte y humillarte esta mañana.- Terminó, haciéndolo levitar de su sillón favorito y dirigiéndose hacia allí en primer lugar.
El resto de la sala observaba en silencio atónito cómo Potter, no, no Potter, ahora era Señor Potter, insultaba sutilmente al heredero Malfoy y no temía a las represalias que pudiera haber.
- Draco, Draco, parece que no entiendes todavía que tu querido padre ya no es el aparente líder en el ministerio. Con el nacimiento de la alianza, no solo uno tiene poder, sino todo el conjunto en sí y los días en los que tu padre sobornaba a los que les interesaba con su oro, han acabado, porque yo tengo mucho más que tu padre.- Dijo sonriendo ampliamente. – Ahora, tal vez deberías irle a llorar a otro y como me entere que has amenazado a alguno de tus primos Lestrange, sentirás algo que tu padre jamás sintió con su Lord Oscuro. Dolor y miedo.- Comentó susurrando lentamente en el oído de Draco, que estaba temblando, al oír como éste pasaba al Pársel.
Harry vio como el rubio subía a su dormitorio corriendo y temblando. Bueno, al menos había matado dos pájaros de un tiro, sus amigos estaban también en la sala común de Slytherin y los chicos con los que necesitaba hablar también. Seguramente ahora eran mucho más receptivos a él.
- Warren, Pucey, Moon, ¿Puedo hablar con vosotros un momento, por favor?- Pidió Harry amablemente y con una sonrisa, lo cual a los mencionados no les gustó ni un ápice.
- Señor Potter.- Comenzó Moon, la más valiente entre ellos. – No hemos hecho nada para con el señor Malfoy, se lo puedo asegurar. Él despotricaba en contra de usted, pero nosotros sabemos mejor que eso, sabemos que no es bueno meterse con usted…
- Oh tranquila, Draco no es más que un niño asustadizo que quiere recoger la meada, por así decirlo, de su padre. No, yo sé que no habéis hecho nada, para molestarme. Lo que quería pediros eran los apuntes de ésta semana de clases.
- Pero Señor Potter… usted va a segundo, ¿Por qué no se la pide a sus compañeros?- Preguntó Warren, el cual fue dado un codazo en las costillas por Pucey.
- No te preocupes Warren, buscaremos los apuntes para segundo curso…
- Pucey, no quiero los apuntes de segundo curso, quiero los de quinto curso. Me presento este año a los TIMOS y soy vuestro compañero de estudios.- Dijo, haciendo un silencio sepulcral en la sala.
Pucey tragó saliva nerviosamente y fue corriendo a buscar los apuntes de todas las asignaturas que había pedido cursar, incluyendo la de Cuidado de Criaturas Mágicas. Los otros dos fueron a hacer exactamente lo mismo pero un poco más tranquilos, si el Señor Potter se examinaba éste año de los TIMOS, tal vez al que viene se examinara de los EXTASIS y se fuera de Hogwarts para cuarto.
Cuando por fin llegaron y los tres le dieron sus apuntes, Harry evocó una mesa redonda para esparcirlos y aprender su contenido con el encantamiento de aprendizaje rápido. Más tarde en su habitación escribiría los apuntes en los pergaminos correspondientes y haría los ejercicios requeridos por los profesores.
Gracias a sus nuevos escudos de Oclumancia, ahora podía almacenar más información con el encantamiento de aprendizaje, por ello pudo tocar todos los cuadernos de apuntes que le trajeron, salvo el de cuidado de criaturas mágicas, que no había tomado esa clase. Al parecer ellos, Warren, Pucey y Moon no habían tomado la clase de Nigromancia para sus TIMOS.
- ¿Hay alguien que si la haya tomado?- Preguntó a los tres.
- No, Señor Potter.
- Podéis llamarme Harry si queréis. O Potter para el caso.- Dijo sonriendo de medio lado, su sonrisa más tranquila.
- No… Harry, no la hemos tomado ninguno en nuestro año. Es una clase o asignatura que tememos.- Se sinceró la señorita Moon.
- Eso está bien, al parecer soy el único de Slytherin para los años TIMOS que se presenta. ¿Sabéis si alguien de las otras casas se presenta?
- Sí alguno de los más jóvenes y de los años EXTASIS pero nadie para los TIMOS.- Recalcó lo obvio al final Pucey.
- De acuerdo, muchas gracias. Tendré que hablar con el maestro o profesor encargado.- Dijo Harry agradecido que le hubiera prestado ayuda.
Volviéndose a donde estaban sus amigos, los encontró riendo y jugando a las cartas tranquilamente en su parte de la sala común, dejando el sillón favorito de Harry para él, ocupado por Cassiopeia, la cual estaba sonriendo a Harry ahora.
- Puedo sentarme Cassiopeia?
- Claro Harry.- Dijo sin moverse del sillón, pensando para ella que tal vez Harry se sentara encima de sus piernas o la moviera para que ella estuviera sentada en su regazo.
Con un movimiento de su báculo duplicó el sillón en el que estaba Cassiopeia y se sentó en él, provocando que la mencionada hiciera un puchero adorable.
- ¿Algún problema Cassiopeia?
- ¿Ya no soy Cassie?
- No sé, dímelo tú. Creo que tienes algún tipo de problema conmigo.
- ¿Qué te hace decir eso? Yo no tengo ningún problema.- Dijo mirando en otra dirección y sonrojándose un poco, por haber sido tan obvia en sus celos a Harry y Sarah.
Harry suspirando pesadamente, levantó su báculo y creó una sala de privacidad fuerte que rodeaba a ambos hablantes.
- Cassiopeia, sé lo que pasa.
- ¿Lo sabes, Harry? Entonces no hace falta que hablemos. Baja esa sala, por favor.- Dijo sin mirarle a la cara todavía.
- Me temo que no puedo hacer eso hasta que hablemos de lo que te pasa, Cassiopeia.- Insistió un poco más Harry.
- Por favor te lo pido Harry.- Comenzó mirándolo a los ojos, con los suyos propios con unas pocas lágrimas en ellos. – Hoy no me siento con ganas de hablar, pero te prometo que mañana o el lunes hablaremos de lo que quieras.- Pidió un poco suplicante la chica.
- Entiendo y lo respeto Cassiopeia, pero debo pedirte que guardes silencio, por lo que descubriste. Sé que te pido mucho, pero si no lo haces, entonces temo que me harás más daño del que puedas imaginar.
- ¿Y el que tú me haces pidiéndome eso? ¿Sabes qué?, no quiero saberlo.- Dijo levantándose del asiento para marcharse. Harry bajó la sala de privacidad y se levantó también para marcharse a dar una vuelta por el castillo, todavía era temprano para ir a comer, tal vez un poco de aire fresco le sentara bien.
Disculpándose con sus compañeros de casa se fue de la sala común, dejándolos un poco tensos ante el repentino cambio de actitud entre Harry y Cassie.
Al día siguiente Harry se levantó temprano y salió a desayunar el primero sin esperar a sus amigos en la sala común, algo que cuando bajaron a ver si Harry estaba esperándolos como otras veces, descubrieron que no estaba allí.
- ¿Dónde crees que estará, Theo?- Preguntó Alphard.
- Seguramente haciendo ejercicio.- Respondió Corvinus por Theo.
- Oye Corvinus, que puedo responder.
- No sé yo, Theo, te veo un poco lento por la mañana.- Burlo en broma Celeste.
- Normal, Celeste, no soy una persona de la mañana.- Dijo poniendo los ojos ante Celeste, la cual solo se limitó a mover la cabeza negativamente.
- ¿Por cierto, que tal está mi hermana Celeste?- Pidió Alphard.
- Está pasando por el mes que todas las mujeres pasamos Alphard, para que lo entiendas está más… hormonal que la mayoría de las veces.
- No lo entiendo… ¿Qué mes? Todavía no es su cumpleaños.- Dijo Alphard sin saber a lo que se refería su amiga.
Celeste poniendo los ojos y dando un bufido le golpeó en el hombro a Alphard y se marchó murmurando en Pársel: Hombres y niños que no entienden.
Encogiéndose de hombros los chicos, decidieron irse a desayunar por separado, ahora que sabían defenderse mucho mejor, no les importaba no estar en la estela y protección de Harry.
Después del desayuno, ésta vez fue Cassiopeia la que estuvo buscando a Harry para hablar con él, dado que estaba un poco mejor emocionalmente, después de buscar el consuelo de sus amigas y el de su adversaria en el tema Harry, que era obviamente Sarah.
Fue a buscar a la hechicera mayor, por el único motivo de que estaba confusa por lo que sentía. Se sentía traicionada por una parte, porque Harry no fue a ella a decirle antes lo que sentía por su maestra.
Por otra parte se sentía que debía competir por las atenciones de Harry en contra de Sarah y para colmo de males, estaba con la menstruación.
Por ello fue a verla a pedirle consejo, obviando su orgullo y celos de la mujer más mayor.
Por ello cuando Sarah le aconsejó que hablara antes con Harry sobre los sentimientos de ambos, Cassie se lo tomó a mal un poco, para después pensarlo mejor y decidir que tal vez tuviera razón la mujer mayor y fuera solo de su… diversidad emocional del momento.
Cuando Harry se encontró con Cassiopeia, lo hizo en una llanura de los terrenos del colegio. Harry estaba practicando su control sobre la magia de la antigua religión, más precisamente, sobre la magia elemental de agua, tierra, fuego y aire. También estaba jugando un poco con el elemento de las sombras, para ver si lo podía controlar con el poder puro nada más, pero desgraciadamente, éstas solo se movían cuando menos lo esperaba Harry.
Con un ceño fruncido por la frustración de no poder manipular las sombras a su antojo, con su propio poder, dio un bufido de irritación y se levantó, dirigiendo la mano hacia una sombra grande y alargada de un árbol cercano, habló el hechizo que la manipularía a su antojo, llevándola a donde quisiera.
- A 'làimhseachadh nam Faileas.- Un hechizo para manipularlas sombras. El siguiente hechizo sería para controlarla. - Shadow smachd.- Susurró el hechizo y comenzó a sentir cómo se hacía con el control de dicha sombra. Y el ultimo hechizo sería para hacer lo que él quisiera, ya sea viajar a través de ella a otro sitio, cortar la cabeza de un enemigo, haciendo desaparecer el cuerpo en las sombras o incluso escuchar conversaciones de sus propios enemigos.
Era una pena que las sombras tuvieran tan poca utilidad, pero era lo que había, tal vez pudiera encontrarle alguna utilidad con su imaginación, pero todavía no había encontrado nada.
Para decidir el último hechizo que haría, sería el de teletransportarse en medio del gran salón, para así demostrar que los hechiceros y druidas que controlaran los elementos podían hacer precisamente eso.
Justamente en el momento en el que iba a lanzar el hechizo, Cassiopeia apareció justo detrás suya y habló en voz suave y baja, desconcentrando completamente a Harry y perdiendo el control de la sombra, la cual volvió al árbol de donde salió, como burlándose del joven hechicero.
- Sí, vuelve a tu árbol sombra.- Susurró oscuramente Harry.
- Debo preocuparme por ti, Harry.- Dijo Cassiopeia mirando intrigada a quien hablaba. – Estás hablando con una sombra, ¿Lo sabes?
- Sí, Cassiopeia, lo sé.- Dijo Harry suspirando pesadamente y volviéndose a su sitio en el claro.
Sin saber qué hacer, Cassiopeia fue a sentarse junto a él, pero Harry le hizo una seña de que lo hiciera delante de él.
- Prefiero que estés delante, así puedo verte mejor sin tener que girar la cabeza a un lado.
- ¿Estas un poco vago?
- No, es que me duele un poco el cuello. Un tirón.
- ¿Y porque no vas a la enfermería?
- ¿Por qué? ¿Por un tirón? No gracias. Ya se pasará.- Dijo Harry con una risa alegre. – Pero dime Cassiopeia, ¿A qué has venido? Creía que estarías lista para hablar el lunes.- Dijo cambiando completamente su risa alegre a una cara seria.
- U hoy.- Respondió un poco incierta Cassiopeia.
- Pues habla. Dime que te he hecho para que me evites.
- Estar en una relación con Sarah y no contármelo.- Acusó un poco infantilmente.
- ¿Por qué debería? Como bien has dicho, estoy en una relación con Sarah, una relación que debemos ambos mantener en secreto, por nuestro bien.
- Porque soy tú amiga, Harry. Y ¿Por qué debería ser en secreto? ¿Te avergüenzas de ella o ella de ti?
- No Cassiopeia, ninguno nos avergonzamos. Y no eres la única amiga que tengo y no se lo he dicho. Celeste también es mi amiga y ella no lo sabe o no lo sabía. Imagino que se lo habrás contado.
- Sí, algo hablamos y ella no va a decir nada a nadie, no te preocupes.
- No me preocupo por ella, sé que mi prima no va a traicionarme.
- ¿Y crees que yo sí? ¿Tan bajo crees que llegaría? ¿Traicionarte y contarlo a quien lo quiera escuchar, para alejarte de ella?- Dijo acusadoramente y con unas pocas lágrimas en los ojos.
Harry miró a Cassiopeia a los ojos y realmente se preguntó, que es lo que la pasaba realmente. Ella no era de las que lloraban por cualquier cosa.
Poniéndose más serio todavía, estuvo muy tentado de utilizar Legeremancia en ella, pero sabía que se daría cuenta y él pasaría a ser el traidor hacia ella.
Debía de andar con cuidado, pues estaba pisando en cuerda floja y sobre fuego.
- No, Cassiopeia, sé que puedo confiar en ti y que si te pido que no cuentes nada a nadie, no lo harás y guardarás el secreto aunque te duela hacerlo. Perdón por si me he expresado mal y te he confundido…
- No creo que te hayas expresado mal… creo que estás dolido porque no entiendes lo que pasa.
- Entiendo que estás enamorada de mí. Pero tienes que entender que no puedo corresponderte.- Dijo Harry siendo más directo.
- ¿Por qué? No es nada raro que haya relaciones polígamas en familias antiguas y nobles. A mí no me importaría compartirte…
- Pero no soy una especie de… trofeo para compartir o cualquier otra cosa.- Dijo gruñendo la palabra trofeo.
- ¿Trofeo? Sé que no lo eres, tonto. Quería decir que…
- Sé lo que has querido decir y la respuesta sigue siendo no. No soy polígamo.
- Eso podría cambiar. Si hablo con padre, para un contrato…
- Y yo tendría que estar de acuerdo en firmarlo. Recuerda que ahora soy adulto.- Dijo levantándose y enfrentándose a Cassiopeia, sospechando que no se rendiría fácilmente. – Escucha Cassiopeia, te pido por favor que entiendas que no soy lo que quieres que sea.
- ¿Y qué es lo que crees que quiero que seas?
- ¿Polígamo tal vez? No es de lo que estamos hablando…
- Si y no Harry. Quiero que seas feliz y quiero ser feliz. Sé que contigo puedo ser feliz y sé que si nos tienes a mí y a Sarah… podrás ser feliz.- Dijo sonrojándose un poco ante la mención de Sarah y dando a entender que podría estar con ella debido a otra cosa.
Harry suspiró pesadamente nuevamente y cerró los ojos contando hasta diez, estaba perdiendo la paciencia poco a poco, algo nuevo con Cassiopeia.
- Cassiopeia, no lo estás entendiendo al parecer. Te lo voy a decir más directamente. No quiero perderte como amiga y solo amiga. No siento que pueda quererte como algo más. ¿Lo entiendes?- Preguntó Harry esperanzado de que lo entendiera y desistiera.
- Sí Harry, yo te entiendo perfectamente… pero entiéndeme tú, yo… te quiero y…
- Y si me quieres, tendrás que dejarme marchar y ser mi amiga, respetarme por eso.
- No puedo Harry… no…- Se vio cortada cuando Harry, hizo lo que había soñado ella por un tiempo, que la besara.
Pero el beso no lo sintió como había esperado. Había esperado que fuera romántico y que ambos después jadearan y se susurraran palabras de amor eterno, pero… lo que sentía ahora era un poco raro, pensaba que sería como besar a su hermano Alphard o incluso a Neville o Draco. Poco a poco al parecer se estaba aclarando sus sentimientos por Harry.
Sí, le quería, pero no de la manera en que pensaba y al parecer había hecho sentir incómodo a Harry al tener ésta conversación con ella.
Harry pensó que si la besaba y la demostraba que él no tenía sentimientos románticos por ella, tal vez comprendiera de una vez.
El beso fue corto y casto, como el primero que tuvo con Sarah, pero menos… deseoso.
Cuando se separaron Cassiopeia estaba sonrojada ante Harry y él mismo estaba un poco nervioso.
- Lo siento Cassiopeia, no debería haberlo hecho.
- No… ha estado bien… aunque no es lo que yo pensaba.
- ¿Qué quieres decir?- Preguntó intrigado.
- Que estoy confusa ahora. No sé si te amo o te quiero nada más como a un hermano.
- Tal vez debería darte un tiempo para pensar las cosas.
- Tal vez. Pero… espero que las cosas entre nosotros…
- No te preocupes, sientas lo que sientas, lo respetaré, como sé que tú me respetarás.- Dijo Harry sonriendo ligeramente.
Cassiopeia soltó una pequeña risa nerviosa y le contó a Harry un poco de lo que la pasaba, sonrojándose profundamente al admitir que había comenzado con el periodo y que estar lejos de casa y de los consejos de su madre, la tenía preocupada y con un poco de temor.
Harry escuchaba los miedos de Cassiopeia con absoluta atención y asentía en los momentos oportunos, en silencio, ya que había una cosa que no podía hacer al respecto, aconsejarla. Podría ser muchas cosas Harry, pero una de ellas no era ser mujer y sentir lo que ellas sentían cuando tenían sus días.
Podía sentir empatía y disculparse con ella si había sido un poco brusco, ahora que entendía lo que la pasaba, pero nada más.
- Cassiopeia, ahora que sé qué te pasa, te pido perdón si he sido un poco brusco contigo. Si quieres hablar cualquier otro día, sabes que puedes contar conmigo.
- Sí lo sé, pero es un poco…
- ¿Embarazoso?
- No, vergonzoso, al menos para mí contarte que es lo que me pasa. Espero que no te importe. Sé que escuchas y prestas atención y además que estás atento y todo. Creo que eso es lo que más me gusta de ti, lo que creía que me había enamorado.
- Entiendo. Imagino que también contará que te salvé la vida ¿No?
- Sí, un poco.
- ¿Solo un poco?
- No tientes las cosas Harry.- Dijo un poco menos nerviosa y más relajada, bromeando con él y dándole un golpecito en el hombro.
- Entonces…- Dijo Harry dejando en el aire lo que quería expresar.
- Entonces, creo que podemos seguir siendo amigos y ver qué pasa en el futuro o al menos a mí.
- Eso está bien para mí.- Dijo Harry abrazando tentativamente a Cassiopeia y recibiendo un abrazo de oso de parte de ella. – Puedo preguntarte algo.- Inquirió Harry.
- Por supuesto Harry, pregunta lo que quieras.
- ¿Puedo seguir llamándote Cassie?- Preguntó tentativamente, para no hacerla enojar.
- Claro Harry, me gusta cuando me llamas así, demuestras cariño por mí.
- Gracias… Cassie.- Dijo Harry enterrando su cara entre su pelo y suspirando de alivio al estar todo aclarado o al menos por ahora.
Después de eso estuvieron hablando y bromeando un rato más acerca de cosas de la escuela y de cómo Harry iba a prepararse para sus clases con los chicos y chicas de quinto curso.
También Harry le contó porque tanto secretismo con su relación con Sarah.
- No todos en el Concilio aceptan que haya sido nombrado un Emrys y esperan a que cometa un error o incumpla alguna ley absurda. Tal como la prohibición de una relación entre maestro-aprendiz.- Explicó Harry. – Es injusto, pero la vida es así, de momento en público estamos intentando que no se note, aunque el director Powell lo haya hecho y los Maestros Sanadores también, pero ellos no dirán nada.
- Entiendo, entonces te puede costar…
- La maestría.
- Pero te tienes que sacar los TIMOS y EXTASIS antes de una maestría, además que son por lo menos cinco años.
- No para nosotros. Y menos para mí que voy contra reloj.
- ¿Qué…?
- Eso es una historia para otro día, creo que ahora es la hora de la cena. Será mejor que nos vayamos, después de todo hay que comer.- Dijo cambiando abruptamente de tema, pues no quería que supiera de sus preocupaciones y responsabilidades tan pronto.
Una vez todos hubieron cenado en el gran salón, se dirigieron todos juntos riendo y bromeando como si no hubiera pasado nada entre dos de sus amigos y familiares. Las cosas estaban volviendo a su cauce despacio y con lentitud para Cassie, pero iban bastante bien.
Pudo aclarar las cosas con Celeste, dado que era a la que más preocupada tenía, pues confiaba más en ella que en Daphne y Tracy para contarles sus penas y secretos.
Cassie aún no era capaz de perdonarlas por haberse ido el año pasado del grupo de amigos y haber vuelto como si nada hubiera ocurrido este año, pero cuestionando a cada momento lo que hacía Harry o decía que era capaz de hacer.
Al parecer a Harry no le importaba que le cuestionaran las dos chicas, pues se lo pasaba bien refutando sus cuestionamientos, demostrando que era muy capaz de hacer lo que decía.
Tanto en términos de magia, como en términos, un poco más mundanos, como el ejercicio físico o el que tuviera un familiar fénix.
El resto de la noche, hasta la hora de irse a la cama, Harry lo pasó revisando las protecciones en las habitaciones de las chicas, flotando como el año pasado, pero con más control y yendo por donde él quería.
Era como si pudiera volar en vez de levitar, fantástico y fascinante para todo el grupo de amigos.
- Harry, tienes que enseñarnos.- Pidió Theo, cunado éste bajó dando el visto bueno a las chicas, las cuales sonreían alegremente y con orgullo.
- Claro, es muy sencillo. Aunque tendremos que buscar otro medio para vosotros.- Y se pasó media hora explicando como lo hacía él.
Después de irse todos a dormir, Harry se metió en la cama mucho más contento y con ganas de hablar con Sarah, para explicarla que estaba todo solucionado y que Cassie, como nuevamente la llamaba, no diría nada a nadie.
Pues ambos se querían, pero como amigos, hermanos o primos cercanos, nada más. Cerrando los ojos, ese día Harry soñó con su amada prohibida y su mundo idílico de Albion, habiendo conseguido lo que nadie y ningún Emrys antes que él, había logrado, dar paz y prosperidad a la raza mágica. Sin muggles, sin persecuciones y lo que más importaba, libres y felices.
Todo por supuesto era un sueño y como todo sueño solía hacer, terminaba. Gruñendo Harry se levantó temprano, gracias a un hechizo despertador que había encontrado en uno de los libros de su madre y fue a prepararse para el día duro que le quedaba por delante, comenzando el día con una ducha y vistiéndose para salir a hacer un poco de ejercicio afuera, en los terrenos del colegio.
Nota de autor 2:
Antes que nada, me gustaría disculparme por si hay alguna cosa que haya escrito mal o me haya equivocado, con respecto a la mujer. Siento gran respeto por ellas y no quisiera que haya malos entendidos en lo que haya escrito. Es un poco complicado ya de por sí intentar meterse en la mentalidad de un niño de doce años, más aún, meterse en la de una niña de doce años.
Con respecto a la relación polígama, he decidido que sí bien me atrae la idea, para éste fic no creo que lo haga. Creo que es bastante para Harry estar en una relación amorosa con Sarah y se quedará con ella de momento.
Con respecto a Daphne y Cassie, serán amigas de Harry únicamente. Amigas cercanas que harán comprender a Harry cuando se equivoca y defendiéndole cuando tengan que hacerlo.
Siento si a alguno o alguna le ha decepcionado que Harry se quede al final con una novia únicamente, pero más por mí, que no me veo capaz de escribir una relación amorosa entre tres mujeres y un hombre. No me parece justo para ellas.
Espero que me disculpen nuevamente por si hay algo mal escrito en relación con la ortografía, dado que el otro día me fijé en algunos capítulos y tenía algunas faltas de ortografía que no corregí.
Sin más, nos vemos en el próximo capítulo.
Un cordial saludo.
