Nota de autor:
¡Hola de nuevo a todos y todas! Siento el retraso de ésta semana, pero entre unas cosas y otras no he podido terminar el capítulo hasta hoy. La verdad es que me estaba quedando muy largo y en un principio quise poner la semana entera de Harry en el aula, por eso tardé un poco más.
En relación a como Minerva trata a Harry, sí hay un poco de frialdad y desprecio por él, pero ante todo es una profesora profesional y no le faltara el respeto, si Harry no le falta el respeto. En el caso de Severus es diferente, pues el odia al padre de Harry y a Harry para poder mantener su ocupación de espía, para Voldemort y Dumbledore.
Espero que les guste el capítulo, los próximos capítulos los haré un poco más cortos debido a que tan largos, se me hacen eternos y a veces tengo que releer el capítulo entero para ver por dónde voy.
Espero que no haya cometido algún error, pero si los hay, que seguro alguno se me habrá escapado, pido perdón y será bienvenido si me lo comunicáis.
Los horarios de Harry los dejo en la última página para que los echéis un vistazo, será los de los TIMOS, pues los de los EXTASIS, aunque ya los tengo preparados, serán para el tercer año.
Sin más dejo el capítulo.
CAPITULO 23
Después de irse todos a dormir, Harry se metió en la cama mucho más contento y con ganas de hablar con Sarah, para explicarla que estaba todo solucionado y que Cassie, como nuevamente la llamaba, no diría nada a nadie.
Pues ambos se querían, pero como amigos, hermanos o primos cercanos, nada más. Cerrando los ojos, ese día Harry soñó con su amada prohibida y su mundo idílico de Albion, habiendo conseguido lo que nadie y ningún Emrys antes que él, había logrado, dar paz y prosperidad a la raza mágica. Sin muggles, sin persecuciones y lo que más importaba, libres y felices.
Todo por supuesto era un sueño y como todo sueño solía hacer, terminaba. Gruñendo Harry se levantó temprano, gracias a un hechizo despertador que había encontrado en uno de los libros de su madre y fue a prepararse para el día duro que le quedaba por delante, comenzando el día con una ducha y vistiéndose para salir a hacer un poco de ejercicio afuera, en los terrenos del colegio.
El lunes amaneció con un sol que poco calentaba los terrenos del colegio, pero eso a Harry le daba igual, llevaba ropa para hacer deporte y su báculo atado en la espalda. Con un hechizo de calentamiento sobre él, salió a la fría mañana de Gales y se encaminó al trote hacia el campo de Quidditch, si bien tenía los fines de semana para hacer ejercicio, podría ir a correr un par de horas antes de que las clases comenzaran. Los hábitos que había recogido en el verano eran muy difíciles de perder, tanto es así que ya no le costaba nada levantarse más temprano en la mañana.
Corriendo por el campo de Quidditch se encontró con varios estudiantes que hacían lo mismo que él para entrenar en el Quidditch y recoger resistencia.
Lo que Harry no entendía era que tipo de resistencia debía coger una persona que se pasaba horas volando sobre una escoba de carreras.
Los alumnos que pudo reconocer eran del año de TIMOS en los que Harry se presentaba. Tales como: Cedric Digory de Hufflepuff, Oliver Wood de Gryffindor, Roger Davies, de Ravenclaw y Marcus Flint, entre otros.
Saludó a todos los jugadores que había y se encontraba mientras recorría el campo de Quidditch, parecía increíble que aquí a fuera no tuvieran problemas de Casas o algo por el estilo.
Pensando en sus propias cosas, no se dio cuenta cuando una mujer vestida de negro y con ropas ajustadas se puso al lado suyo y le habló claramente y suavemente.
- Vaya Harry, creía que no vendrías a correr por la mañana, te dije que lo dejaras para los fines de semana.
- Viejos hábitos Sarah… digo Maestra.- Dijo Harry con una sonrisa y dando otra vuelta al campo.
Sarah asintió con la cabeza y no pudo evitar estar de acuerdo con Harry en la cuestión de los viejos hábitos mañaneros, aunque le faltaban sus saludos privados, es decir, sus besos de la mañana, tarde y noche. Parecía un poco infantil a Sarah, pero no quería llevar de momento la relación física que tenían a un nivel más alto.
- Por cierto, hablaste con Cassiopeia.- Dijo Sarah más que preguntó. – Se acercó a mí el sábado, para hablar de cosas… de chicas por así decirlo. Casi no supe que decirle… no estoy acostumbrada a aconsejar a niñas de su edad.
- Normal, Maestra. Y sí, hable con ella. También me contó lo que le pasaba. Pude ser un poco más comprensivo con ella, pero creo que debería hablar con su madre sobre ello. Creo que el vínculo que pueden tener madre e hija al hablar sobre estas cosas es… fuerte.
- Sí, eso mismo le dije yo, pero no sé qué hará.
- Si es necesario, escribiré a Regulus para que concierten una cita en Hogsmeade.
- ¿Sabes que no pueden ir hasta tercero, verdad?
- Sí, pero eso es únicamente para los que respetan esa norma. Además estos casos suelen tener prioridad.
- Y en lo referente con Cassiopeia, ¿Qué te dijo?
- Muchas cosas.- Dijo Harry enigmáticamente, mientras paraba e iba hacia el centro del campo, un poco más alejado de los otros estudiantes, que miraban con envidia como la maestra guapa iba con Harry a su zaga.
Harry levantó una sala de privacidad, basada en la magia de la antigua religión y Sarah hizo lo mismo, pero con la magia nueva. No podían ser menos cautos.
- No seas así Harry, dime de lo que hablasteis, por si se te había olvidado, a mí también me afecta.
- Sí lo sé, pero me gusta verte como me lo pides con esos pucheritos.- Dijo mientras se ponía a hacer estiramientos de brazos y piernas.
- Pucheritos te voy a dar como no me digas nada.- Amenazó con darle una colleja o un golpe en el brazo como no le contara y saciara su curiosidad.
Y así lo hizo Harry, le contó todo lo que había pasado en el claro de los terrenos, incluido lo del beso para ver si así entendía que él no podía darle lo que quería.
Al principio Sarah se estaba preocupando y cuando llegó a lo del casto beso, frunció el ceño un poco cabreada, pero cuando Harry le explicó los motivos ocultos que tenía para hacer eso y que únicamente pensó en ella, Sarah, cuando estuvo besando a Cassie, se relajó y entendió que a veces había que conceder el deseo de otras personas, para que éstas entendieran un poco las circunstancias.
Cuando le habló que ahora estaba más confusa que otra cosa, no pudo evitar el reírse un poco de ella, pero no en el mal sentido, sino en el bueno.
- No te rías Sarah, la pobre lo pasó mal, creyendo que la había traicionado y a mí me lo puso difícil.
- Acostúmbrate Harry, habrá muchas chicas que te vendrán con lo mismo, pero si las besas para demostrar algo, te castro, entiendes.
- Creo que sí y no te preocupes, te lo compensaré.
- Eso espero y que sea en Yule.
- Queda mucho para Yule… así puedo pensar en algo.- Dijo mientras acababa sus ejercicios mañaneros e iba a bajar las salas de privacidad.
- Espera Harry. Antes de que bajes las salas, podrías hacer una ilusión que nos muestre haciendo más ejercicios…
- Claro, no hay problema.- Dijo mientras sacaba el báculo y los rodeaba a ambos, haciendo la ilusión de que estaban practicando más flexiones y abdominales, mientras en realidad estaban parados de pie, uno enfrente del otro.
- ¿Qué pasa, Sarah?- Pidió Harry con un rostro un poco más serio.
- Nada, solo quería ver como se te iban dando las ilusiones y veo que son buenas.- Dijo mordiéndose el labio inferior un poco y mirando con ojos suplicantes. – Hecho de menos nuestras sesiones de besos…- Se vio cortada cuando Harry sin avisar se abalanzó sobre ella y la besó con pasión y dulzura al mismo tiempo.
Momentos después se separaron y Harry le dijo que con ese beso tendría al menos para el fin de semana, ya que no tendría mucho más tiempo libre después de hoy y dudaba que al día siguiente pudiera asistir por la mañana. Sobre todo si tenía que hacer ejercicios que mandaran los profesores y maestros.
Acariciándola el rostro por última vez en la semana y con algo de privacidad, gracias a la ilusión que había creado, Harry la volvió a besar, pero ésta vez con un poco menos de pasión y más de dulzura, probando lo que le pudiera gustar más.
Antes de marcharse le dio un ligero apretón a su trasero, lo que hizo que Sarah le mirara un poco impresionada, pues hasta ahora las caricias se limitaban al rostro, brazos y a veces piernas.
Quitando la ilusión Harry se marchó rápidamente, antes que Sarah pudiera quejarse, si se quejaba, estaba seguro que el fin de semana se lo haría pagar. Si no, bueno su relación daría un paso más adelante, además quien podría culparlo, estaba en la edad en la que estas cosas eran normales.
Yendo hacia la sala común nuevamente y viendo que tenía tiempo para ducharse y refrescarse, entabló conversación con Flint, capitán del equipo de Quidditch de Slytherin, mientras que se dirigían ambos al mismo sitio.
- Entonces Potter, ¿Para qué te entrenas? ¿Piensas probar para el equipo de éste año?- Inquirió Flint un poco ansioso, se decía que el padre de Potter, James, fue cazador para el equipo de Quidditch de Gryffindor. Tal vez tendrían suerte y podría ser un buscador, solo se sabe que necesitaban uno que fuera mejor que los anteriores y con Malfoy queriendo probar, pero no sabiendo que hacer para entrar en el equipo, sin tener que recurrir al dinero de su padre, pues los equipos ya disponían de escobas nuevas, gracias al oro donado de Potter, estaba el pobre muchacho en una pérdida.
- ¿Quidditch? No, no entreno para el equipo, siento desanimarte Flint.- Respondió Harry con una sonrisa de medio lado. – Entreno porque es parte de mi aprendizaje.- Dijo cuando llegaron al retrato de Sir Gaunt.
Una vez llegados a la sala común, ambos se despidieron, acordando que se verían en la gran sala para que Flint le mostrara el camino para ir a las mismas clases que él, salvo por la clase de Nigromancia.
Después de ducharse y bajar de nuevo a la sala común, se encontró con las chicas que estaban esperando por ellos para ir a desayunar.
- Mirad chicas, pero si es el gallo Harry. De verdad Harry no hay día que no te quedes en la cama, ¿Verdad?- Preguntó Celeste.
- Claro Celeste, ahora que lo dices, sí que hay un día que me quede en la cama.
- ¿Y cuál sería ese, Señor Potter?- Preguntó Daphne, haciendo que su amiga Tracy rodara los ojos ante el titulo utilizado.
- Vamos Daph, no puedes llamarle Harry o al menos Potter. De verdad tal vez deberías madurar un poco y olvidarte de lo que…
- Basta Trace, no sigas por ese camino, ya lo hablamos.- Susurró furiosamente Daphne. Después miró a Harry y esperó por su respuesta.
- No tardaré en darte la respuesta… Daph.- Dijo burlándose del apodo cariñoso de Tracy. – Sí, hay un día y es cuando estoy enfermo o en el ala del hospital, luchando por recuperarme. El resto de los días, pienso que me hace falta más tiempo del que tengo para mis asuntos y negocios.- Dijo Harry seriamente a las chicas, las cuales bajaron la cabeza un poco avergonzadas, ya que gracias a Harry, podían tener más lujos de los que tenían antes, sobre todo Celeste.
- Lo siento Harry, no quise…
- No te preocupes Celeste, sé que no quisiste, que era en broma. Pero no puedo evitar a veces ser un poco serio. Creo que le puedo quitar el título de serio a mi padrino Sirius, ¿Qué me decís?
- Que esa broma es muy antigua y no te queda para nada, Harry.- Dijo Alphard mientras bajaba las escaleras de los segundos años.
- Vamos a desayunar, aunque puede que Harry aquí ya lo haya hecho, después de todo es el primero en levantarse y el ultimo en acostarse.- Dijo Theo riendo un poco nerviosamente. Aun no se acostumbraba a estar en la misma habitación que el joven hechicero y a aprender de lo que Alphard y Corvinus le enseñaban en las horas libres.
Había aprendido más magia que en toda su corta vida de aprendizaje, pagado por su padre Theodore Sr.
- Muy gracioso Theo, veo que te vas acostumbrando finalmente a nosotros. Tranquilo, no mordemos.- Dijo Harry enseñando los dientes como los gobblins, algo que le encantaba ver como lo hacían, pues ponía un poco nerviosos a otros magos.
Con esas palabras y unas pocas bromas más, amenazando Harry con llevárselos un día a entrenar a las cinco de la mañana, cuando más frío hacía, el conjunto de amigos y amigas se dirigieron hacia el Gran Comedor para tomar el desayuno.
Allí compararon los horarios de las clases que tenían los de segundo año, con los de Harry, que al parecer y para sorpresa de sus amigos, tenía los horarios de quinto año.
- ¿Cómo? Pensé que tendrías los mismos que nosotros…- Dijo Theo.
- Theo, Harry se presenta a sus TIMOS este año, no creerías que vendría con nosotros a clases, ¿Verdad?- Dijo Cassiopeia mirándole con una ceja arqueada. – De verdad, os falta un poco de imaginación a veces, chicos.- Dijo bufando la última palabra.
- No te preocupes Cassie, Theo, tendré tiempo para vernos todos y no perder esta hermosa amistad.- Dijo sonriendo Harry.
- Eso del tiempo está por verse Potter, el quinto año es más difícil que los anteriores y los profesores ponen más… presión sobre nosotros.- Dijo Flint que estaba un poco nervioso por recoger a Potter.
- Cierto, no te preocupes por mí Flint, estoy seguro que me adaptaré al quinto año. Además un poco de, como decirlo… un reto… sí eso un reto no vendrá mal. Aunque sea académico el reto.- Terminó sonriendo y despidiéndose de sus compañeros, para ir a la primera clase de la mañana, que resultó ser la de Artes Oscuras con el profesor Lupin.
Un nombre que le sonaba de algo a Harry, pero no podía colocar el qué. Encogiéndose de hombros mentalmente, siguió a Flint a la clase que era compartida con los de Gryffindor. No entendía como no cambiaban esas dos casas y dejaban de compartir clases, era muy claro que no se podía ir con los Gryffindor a ninguna parte, pues siempre estaban alborotando y metiendo las narices en donde no les llamaban, sobre todo esas chicas que eran cazadoras en el equipo de Quidditch de la casa de rojo y oro.
- ¿Te has perdido, Potter? No eres bienvenido aquí, así que porque no te vas a jugar a otra parte, eh niño.- Se jactó una de las chicas nombradas, haciendo que Harry sonriera y los Slytherin que lo veían tragasen con un ruido sordo.
- Creo que la que se ha perdido eres tu señorita…- Dejó en el aire Harry sin molestarse en mirarle a la cara.
- Spinnet, Alicia Spinnet.- Contestó un poco irritada de que no la mirara mientras que hablaba con ella.
- Sí, sí, Spinnet, creo que eres compañera de Weasley, ¿Verdad? Cuando vayas a visitarlo en Azkaban, dale mi más sincero pésame…
- ¡Como te atreves bastardo!- Chilló la otra chica que estaba con Spinnet y el resto de la casa de Gryffindor se pusieron en posición defensiva.
- ¿Enserio? ¿No se os ocurren algún otro insulto mejor que ese? Patético.- Declaró Harry burlándose en sus caras, abiertamente.
Los chicos y chicas al completo de la casa de rojo y oro sacaron sus varitas en contra de Harry, pero éste ni siquiera se inmutó.
Con un movimiento de cabeza, dejó en claro que los de su casa no hicieran nada, que se quedaran viendo.
La chica Spinnet viendo que los compañeros de casa de Potter no hacían nada e incluso se alejaban e intentaban crear encantamientos escudo, para protegerse del fuego cruzado que hubiera, frunció el ceño.
Para los Gryffindor fue una suerte que en ese momento se abriera la puerta del aula y el profesor Lupin saliera de ella, mirando seriamente a los alumnos de la casa de rojo y oro y hacia Harry.
- ¿Qué está pasando aquí? Bajad las varitas, todos.- Dijo mirando en ambos sentidos, pero viendo que Harry no tenía varita, sino báculo, se aclaró la garganta con nerviosismo y se disculpó con él.
- Lo siento señor Potter, usted no puede bajar su báculo obviamente…
- No se disculpe, realmente no ha pasado nada y dudo que… ellos y ellas pudieran hacerme algo… malicioso.- Dijo sonriendo, pero no llegándole a los ojos.
- Bien, claro, si tú lo dices…- Miró para el resto de los alumnos de Slytherin y asintió con un visto bueno a ellos.
- Cinco puntos a cada persona que ha hecho correctamente el encantamiento escudo, aunque me apena que no hayáis intervenido o ayudado al señor Potter.
- En realidad, profesor, es mejor así, hubieran sido un estorbo, más que una ayuda. Sin ofender, por supuesto.- Dijo dirigiéndose a sus compañeros de clases, que no se ofendieron en absoluto.
- Bien, ¿A qué esperáis? Pasad a la clase.- Instruyó el profesor Lupin, un hombre de mediana edad, con cicatrices en el rostro, pelo rubio y ojos de color ámbar, claros indicadores para Harry, que el hombre era un licántropo que no aceptaba su condición y luchaba contra ella.
Harry se encaminó hacia dentro del aula, cuando de repente una mano se posó en su hombro deteniéndolo un momento.
- Ha… señor Potter, ¿Qué cree que está haciendo?- Preguntó el profesor Lupin con una ceja arqueada. – Es la clase de quinto año para defensa… digo artes oscuras.
- Sí lo sé, es bastante obvio, profesor. Ah, pero creo que tal vez no se haya enterado, bueno no es ningún problema.- Dijo, mientras rebuscaba en su bolsa el pergamino que indicaba que él estaría cursando las clases TIMOS, este año y al siguiente los EXTASIS.
Una vez encontrado se lo extendió al profesor que se quedó con la boca abierta y sacando su varita le lanzó varios encantamientos de diagnóstico para comprobar que fuera real.
- Si es necesario, puede hablar usted con mi jefe de casa y el director. Creí que el director Powell lo dejó bien claro a todos los profesores que estarían involucrados…
- Sí, menciono algo, pero creí que estaba bromeando…
- No todo el mundo le gustan las bromas, profesor.- Dejó bien claro Harry, tomando la nota nuevamente en su mano y guardándola en la bolsa. Dirigiéndose a un asiento libre para sentarse, vio que el único que había era uno que le habían dejado sus compañeros de casa en la parte delantera, justo al lado de Flint.
Bueno, pensó Harry, al parecer el capitán del equipo de Quidditch se iba a tomar las molestias de sentarse con él, para que no se sintiera solo o excluido. Era claro que los de Slytherin cuidaban de sí mismos, tendría que comprobar que le pudiera gustar al muchacho a parte del deporte mágico, para recompensarlo por la lealtad mostrada, aunque fuera solo cordialidad, si podía ir ganando simpatizantes de otras clases sociales, aunque sea de magos, estaba bien.
Sentándose junto a él, le dio una ligera inclinación de cabeza y le dio las gracias por guardarle un sitio.
Flint, le explicó que los primeros días se sentaría con él y que el resto como Moon y Pucey, también querían sentarse con él para conocerlo mejor, más que lo que le conocían de la sala común.
- Es natural la curiosidad. Está bien, no me importa y os doy las gracias.- Dijo Harry sonriendo, hasta que el profesor pidió silencio en la clase y fue pasando lista.
Cuando llegó al nombre de Harry, muchos se quejaron de ello, pero fueron ignorados por el bien de la salud mental del profesor.
Una vez terminado de pasar la lista de alumnos, se levantó de la mesa y se puso serio nuevamente.
- Las artes oscuras son muchas y variadas. Son llamadas así por aquellos que en el poder político decidieron prohibirlas por su peligrosidad en el uso cotidiano. Pero, en esta institución siempre se enseñó la clase de artes oscuras para conocer a lo que nos toca enfrentar y poder reconocer ciertas maldiciones.
Para empezar vamos a presentarnos todos y decir qué queréis hacer con vuestras vidas, estáis en una edad en la que necesitáis decidir que profesión escoger en el futuro. También me gustaría saber, cuanto sabéis sobre las artes oscuras y como contrarrestarlas. Primeramente me presentaré yo. Soy el profesor Remus John Lupin y daré clases de artes oscuras y criaturas oscuras a los cursos de cuarto, quinto, sexto y séptimo año, este año. Ahora os toca a vosotros.- Dijo a la clase que se quedó en completo silencio, no sabiendo que hacer.
- Bueno, veo que es una clase tímida. Empecemos por… ti.- Dijo señalando a una chica de la fila delantera, de la parte de Gryffindor.
Harry pensó en el nombre del profesor y no prestó atención a las presentaciones de sus compañeros de clases.
Metiéndose en sus escudos de Oclumancia, buscó el dichoso nombre en ellos, hasta que lo encontró mencionado de paso en la voluntad de sus padres, que fue leída cuando conoció por primera vez a Gornuk.
Ahora sabía quién era éste hombre, estaba en los testamentos de ambos de sus padres y el cual Harry muy bien impugnó que se le legara nada. Al igual que a muchos otros de los que estaban allí, como McGonagall, por ejemplo.
En el momento que la parte de Gryffindor terminó, comenzó la parte derecha desde atrás del todo, que eran los de Slytherin.
Al parecer muchos de sus compañeros querían coger las carreras de Aurores e Inefables en el ministerio de magia.
Otros se querían dedicar al Quidditch, como Flint. Otros querían estudiar una maestría en la materia de las artes oscuras, ahora que volvían a ser legales estudiarlas.
En el momento que llegó el turno de Harry, el profesor se volvió a él y le instó a presentarse.
- Creo que no necesito mucha presentación profesor, pero de todas formas, soy Harry James Potter Emrys. No soy un mago, soy un hechicero.- Recalcó su categoría a la clase. – Tampoco necesito escoger una carrera fuera del colegio, pero sí que me gustaría estudiar múltiples maestrías, aunque una vez que me examine de los EXTASIS y mi maestra dictamine que estoy listo, el Concilio me nombrará maestro y podré enseñar en cualquier escuela mágica que desee.
- ¿Y de qué es el aprendizaje?- Inquirió uno de los de Gryffindor, bastante curioso.
Harry sonriendo ampliamente, solo contestó una palabra que todos estaban relacionados.
- Magia.- Contestó simplemente, sonriendo ampliamente al profesor delante de él.
El profesor Lupin dio una inclinación de cabeza y dio comienzo a la clase, diciendo que todos querían una profesión que les pudiera dar frutos en el futuro. También elogió a aquellos que tenían la ambición de entrar, tanto en el cuerpo de aurores como en el de inefables del ministerio de magia. Aconsejó que para ello se precisaba estudiar mucho y sacar buenos TIMOS.
- Ahora os presentaré un pequeño diagrama de lo que va a tratar el curso. Para empezar, vamos a recordar las maldiciones que habéis visto hasta ahora. Luego, más adelante iremos viendo nuevas maldiciones que causan efectos dañinos en el cuerpo humano, pero que no son mortales. Para mediados de éste curso, se me ha dado permiso por el director para enseñaros y mostraros solo la teoría de las antiguas maldiciones imperdonables…
- Pero profesor, son imperdonables por un motivo…
- No, ya no lo son.- Dijo Harry, volviéndose hacia el chico que había interrumpido al profesor. Estaba molesto con él pues le estaba pareciendo interesante como verían las maldiciones este año. Aunque para él, las artes oscuras eran más que maldiciones que causan daño en el cuerpo humano.
- Entonces señor Potter, tal vez pueda explicar a la clase porque no lo son.- Dijo el profesor interesado en la interrupción de ambos estudiantes.
- De acuerdo, profesor. Como muchos de vosotros sabréis, Albus Dumbledore tomó por casi diez años el control del asiento Potter en el Wizengamot. Con ese control ilegal, lanzó leyes que no deberían haber estado ahí en un primer lugar, como la prohibición de la magia. Cuando yo reclamé mi asiento con mis votos en el Wizengamot, derogué todas y cada una de las leyes que salieron ilegalmente en el transcurso de los años. Retirando mis votos de esas leyes, se tuvieron que revisar nuevamente todas y cada una de ellas. Ahora que todo es más legal, las mencionadas maldiciones imperdonables, ya no lo son, porque pueden tener usos para salvar vidas, así como la maldición Imperius puede detener a la persona de suicidarse y quitarse la vida. La maldición cruciatus, puede dar la posibilidad a los sanadores de ver que partes de los músculos están dañadas y la maldición asesina, puede quitar la vida de aquellos enfermos que estén terminales, es decir a punto de morir, pero no quieren sufrir una muerte lenta y dolorosa. Con la maldición asesina, se les puede conceder dicha solución.- Dijo Harry, entrando en modo conferencia y asombrando al profesor Lupin por su conocimiento.
- En efecto, señor Potter. Tome diez puntos para Slytherin.- Dijo el profesor, haciendo que los compañeros de Harry sonrieran ante los puntos dados, pero éste ni se inmutó, los puntos y la competencia por las copas de la casa y de Quidditch, no eran de su interés.
- Ahora sacad los libros de texto y leed las cinco primeras páginas en las que vienen explicados, las maldiciones, encantamientos y hechizos que se utilizan en las artes oscuras y duelos, enseñados desde primer a cuarto año.- Dijo dirigiéndose a su mesa a ver los trabajos que había mandado la primera semana.
Harry sacó su libro y su trabajo que había hecho, desde los apuntes de las personas que había pedido.
Levantando la mano y esperando pacientemente a que el profesor le diera el visto bueno para preguntar o hablar, esperó.
- ¿Sí, señor Potter? ¿Tiene alguna duda?- Preguntó con una sonrisa de suficiencia.
- En realidad sí profesor. ¿Estoy a tiempo para entregar el trabajo que mandó la semana pasada?- Preguntó haciendo que sus compañeros y profesor dejaran de hacer lo que estaban haciendo.
- ¿Disculpe, señor Potter? ¿Cómo lo ha hecho? Pensé que estaba convaleciente en la enfermería.
- Y así era, pero cuando me dieron el alta, pedí los apuntes a mis compañeros y me enteré de los trabajos que pidió de antemano, explicando lo que cada uno sabía y conocía de las artes oscuras.
- Entiendo. Sí está a tiempo, ya que hoy era el último día de entrega.- Dijo recibiendo con un encantamiento invocador el trabajo de Harry. Impresionado ante la dedicación a los estudios, le preguntó si tenía alguna otra pregunta o cuestión.
- Sí de hecho. Tengo una pregunta más.
- Adelante, señor Potter.- Dijo interesado, parecía interesante el hijo de uno de sus mejores amigos, James.
- ¿Cómo va a probarnos si conocemos y sabemos las maldiciones, hechizos y encantamientos que pone en el libro de texto? ¿Será con duelos? ¿O será con muñecos de prácticas?
- Eso son tres preguntas, señor Potter, no una.- Dijo sonriendo el profesor Lupin.
- Me disculpo, profesor, a veces me dejo llevar por mi curiosidad. Estoy trabajando en ello, se lo puedo asegurar.
- No se disculpe, señor Potter. Sí bueno, creo que es culpa mía también el no decir como pienso probaros. Para empezar he preparado un examen tipo test en el que vendrán las preguntas requeridas, tales como: ¿Cómo se hace tal movimiento de varita? ¿Qué tipo de entonación hay que realizar para que surta el efecto deseado?, etc. también habrá un examen práctico en el que cada uno de ustedes, tomará un muñeco de práctica. ¿Alguna pregunta?- Al no recibir respuesta a su pregunta, les dijo que siguieran leyendo y que le avisaran cuando terminara cada uno, para entregarles los pergaminos del examen.
Harry se sorprendió de que las cinco primeras hojas del libro fueran hechizos, encantamientos y maldiciones que un niño de la edad de la hermana de Daphne pudiera realizar en silencio y perfectamente bien.
No entendía como esto podía salir en los exámenes TIMOS, pero leyó las páginas enteras y repasó un poco más la lectura, para después sumergirse en sus escudos de Oclumancia y verificar rápidamente lo que sabía, que era mucho más adelantado que lo que ponía en los libros.
Levantando nuevamente la mano, indicó al profesor que había terminado no una, sino dos veces de leer las páginas.
- Imposible.- Dijo una de las Gryffindor que no reconoció. - ¿Cómo lo haces para ir tan rápido?- Preguntó sin creerse que el niño había terminado mucho antes que los demás.
Ante el asentimiento del profesor Lupin para que contestara a la alumna, respondió que simplemente utilizaba sus escudos de Oclumancia todo el día.
- Pero debes estar cansado de utilizarlos a todas horas.- Dijo Lupin un poco aturdido.
- No, que va, estoy acostumbrado a la utilización de ellos. Además tuve que hacerlo el año pasado cuando Dumbledore insistía en utilizar Legeremancia contra mí y otros estudiantes de Slytherin. Aunque tengo la sospecha de que lo utilizaba contra cada uno que pudiera suponer una amenaza para él.- Dijo con un poco de ira en su tono. Ira que todos notaron y decidieron ignorar por su bien.
El profesor Lupin le indicó que cerrara el libro y lo guardara para poder entregarle la hoja de pergamino que era el examen, para probar que de hecho, conocía lo que pidió que leyeran.
No menos de veinte minutos después y cuando sus compañeros estaban empezando el examen, volvió a levantar la mano y fue atendido inmediatamente, al estar pendiente el profesor Lupin de él.
- Dígame señor Potter.- Dijo dando un suspiro sabiendo la respuesta.
- He acabado profesor.- Contestó Harry con una sonrisa de satisfacción.
- ¿Qué le ha parecido el examen, señor Potter?
- Un poco aburrido, si le soy sincero. Muchas de las preguntas, a mí no me hace falta saber la respuesta, pues puedo hacerlo sin hablar el encantamiento, sin hacer los movimientos y sin el báculo, pero, he contestado a todo, correctamente, creo.
-¿Cree?
- Claro, profesor. Yo no soy el profesor que va a corregirlo, sino usted. Y no quisiera decirle como hacer su trabajo.- Dijo con un poco de burla en el tono. Algo que el profesor se tomó con pragmatismo y paciencia.
- Excelente entonces, señor Potter. Espere a que sus compañeros acaben. Puede salir si lo desea al pasillo, hasta que los vaya llamando por orden de acabado.- Dijo convocando el examen de Harry y viendo como éste salía del aula en total silencio, recogiendo báculo, materiales de escritura y posteriormente la bolsa.
Saliendo del aula, se puso sentado en posición de loto y comenzó a meditar, teniendo una parte de vigilia y otra organizando sus escudos mentales.
Cuando el último de sus compañeros salió del aula, el profesor Lupin, salió con él para hacer pasar al examen práctico a Harry.
- Señor Potter, por favor pase a la clase para la parte práctica.- Dijo un poco incierto de que el niño se hubiera dormido, pero cuando abrió los ojos de golpe, se sorprendió al saber que estaba escuchando atentamente a los que les rodeaban.
Entrando en el aula, ahora vacía, fue a donde le indicó el profesor Lupin, justo enfrente de un muñeco de prácticas.
- Primero le haré realizar todas y cada una de las maldiciones, hechizos, encantamientos, etc. que conozca de las artes oscuras.
- En silencio o verbal- Dijo Harry con la ceja levantada.
- ¿Puede hacerlo en silencio?- Pidió el profesor impactado de que un niño de doce años pudiera hacer tal cosa.
- Ciertamente, profesor. De lo contrario no estaría aquí si no pudiera.- Dijo Harry muy serio.
- Prefiero que sea verbal si no le importa…
- Como quiera.
- Pues comience, señor Potter.- Dijo activando el muñeco de pruebas y viendo a Harry como comenzaba a lanzar la magia verbalizándola y poniéndose en posición de combate.
Al principio miró con sorpresa, ante la evidente rapidez de los encantamientos oscuros que lanzaba, después vio con extremo horror ante el conocimiento de hechizos y maldiciones oscuras que sabía el niño, estaba bastante seguro que con el oro que tenía en la cuenta Potter había gastado una fortuna en libros de artes oscuras, sin saber él, por supuesto, que muchos de esos libros los tenía en la biblioteca Potter y en las bóvedas que había heredado, sin contar por supuesto de lo que había ido comprando y coleccionando, cuando le regalaban libros por el estilo.
Al final, Harry acabó lanzando la maldición Cruciatus y la maldición asesina al muñeco de pruebas, destrozándolo y destruyéndolo en pedazos.
- Pu…puede marcharse señor Potter. Diga al siguiente que entre…- Tartamudeó al principio, recuperándose de la impresión y prometiéndose no volver a subestimar al chico.
Remus Lupin vio como Harry reparaba sin usar su báculo el muñeco de pruebas y limpiaba un poco las manchas negras que había provocado la magia oscura realizada. En un principio pensó en decirle que no se molestara, que no saldría con magia ordinaria, pero viendo como le brillaban los ojos de dorado intermitentemente, se fascinó en presenciar como realizaba magia de la antigua religión sin pronunciar palabra.
Lo vio salir después de unos minutos y vio entrar al siguiente chico, un poco nervioso ante la prueba.
Respirando hondo, le indicó al chico que no se preocupara y que lo hiciera lo mejor que podía.
Una vez que Harry salió del aula de Artes Oscuras, se dirigió a Flint a preguntarle cual sería la siguiente clase y si lo esperaba mientras los demás se examinaban de la prueba.
- No hace falta, Ha… digo Potter.
- Puedes llamarme Harry, si quieres Flint.
- Entonces, llámame Marcus, Harry.- Dijo Marcus Flint con una sonrisa.
- También va para vosotros dos, chicos.- Dijo dirigiéndose a Moon y Pucey.
- Solo si nos llamas por nuestros nombres también.- Dijo Moon. – Yo soy…- Se vio cortada por Harry cuando le dijo que no hacía falta que se presentaran, que sabía perfectamente cómo se llamaban.
- Tú eres Adriana Moon y él es Adrian Pucey.- Dijo sonriendo ante la similitud de los nombres.
- ¿Cómo lo sabes?- Preguntó Marcus, expresando la curiosidad de ambos mencionados.
- Fácil, venía en los apuntes que me dejaron copiar.- Dijo volviéndose y dirigiéndose hacia la próxima clase, que pasaba a ser Alquimia, con el Maestro Flamel. Una clase que estaba deseoso de asistir.
Después de esa clase tendrían el almuerzo y preguntaría como les iba a sus compañeros de dormitorio y seguramente ellos tendrían curiosidad por cómo le fue a él en las primeras clases.
Para ir a la clase de alquimia, debía bajar a las mazmorras, justo al lado de la clase de Pociones del Profesor Snape, algo que le venía perfecto, según creía los de Slytherin de segundo año, se encontraban con los de Gryffindor, también del mismo año, dando la clase en la actualidad.
Bajando desde donde se encontraba, dio la casualidad que se encontró con el Maestro Flamel a medio camino.
- Buenos días Emrys. ¿No deberías estar en clase?
- Buenos días Maestro Flamel. No, la he terminado antes de tiempo. El profesor Lupin me permitió ir para la siguiente clase.
- Ah, sí, ahora recuerdo que nos dijo el director Powell que te unirías a los de quinto año, para los exámenes TIMOS.
- En efecto Maestro Flamel.
- Si no es mucho preguntar Emrys, ¿Qué clase tenías?
- Artes Oscuras.- Contestó mientras ambos hechiceros bajaban por la escalinata de mármol y daban al pasillo, para donde se encontraron con el nuevo cuidador, un mago desempleado que se encargaría de limpiar el castillo o las partes en las que los elfos no pudieran hacerlo.
- Maestro Flamel, veo que lleva a un alumno consigo…
- Oh, no es eso cuidador Maxwell. Emrys ha terminado su clase de Artes Oscuras antes de tiempo y nos dirigíamos a la clase de Alquimia. No es necesario castigo alguno, pues no ha incumplido ninguna norma.
- Si usted lo dice, Maestro, que tengan buenos días y cuidado con lo que haces Potter, estaré vigilándote.- Dijo el cuidador sin quitarle el ojo de encima.
Harry no se preocupó por el cuidador y siguió su camino junto al Maestro Flamel, hablando sobre los textos de Alquimia que le había recomendado en el día en la sala del tiempo y el espacio.
Justo cuando llegaron a las mazmorras, les quedaba un poco de tiempo para hablar libremente antes de que la campana sonara y tuvieran que acceder a sus roles de Maestro y estudiante.
- Bueno Emrys, te dejo aquí. Te deseo suerte en la clase de hoy.
- Gracias Maestro Flamel, es todo un honor recibir clases de usted.
- En absoluto, el honor es mío en todo caso, de poder ver cómo crece un Emrys en toda su gloria y esplendor. Estoy seguro que podrás cumplir con el propósito que juraste.
- Eso espero Maestro.- Dijo Harry sonriendo ligeramente, pero en su interior albergaba ciertas dudas que todos los días intentaba suplir y enterrar en sus escudos de Oclumancia.
- Por supuesto que sí, futuro Maestro Emrys… ¿A que suena bien?- Se despidió, preguntando a Harry, entrando en el aula sin esperar una respuesta de uno de sus alumnos favoritos.
Harry se quedó mirando la puerta por la que había entrado Maestro Flamel, pensando en el titulo mismo de Maestro.
La verdad es que le sonaba perfecto y sería toda una hazaña, que seguramente los retratos, Regulus, Salazar e incluso su padrino Sirius, estarían orgullosos de ver cumplido. Pero más orgullosa estaría Sarah, su Maestra, amiga y amante o novia, como esperaba que en un futuro terminarían.
Saliendo de su ensimismamiento al ver llegar a Marcus, Adriana y Adrian a la puerta en la que estaba esperando.
- Harry, has encontrado el aula.- Dijo Marcus dándole una inclinación de cabeza.
- Por supuesto Marcus, ¿Qué esperabas? No soy nuevo en el castillo, de todas formas.
- No quería decir eso, es solo que con el báculo siendo tan grande, un encantamiento point me, no parece… viable.
- Te sorprenderías a veces de lo que puedo ser capaz de hacer. De todas formas ese encantamiento funcionaría también con una simple rama de árbol o cualquier cosa que cupiera en la palma de la mano.- Instruyó Harry, por si su compañero de clases un día perdía la varita.
- ¿No pasas Harry?- Cuestionó Adriana con el ceño fruncido.
- No, todavía no. Estoy esperando a que salgan los alumnos de segundo de la clase del profesor Snape.
- ¿Tienes que hablar con él?
- No en realidad. Me gustaría ver a mis amigos, a ver qué tal les ha ido la clase. Creo que la tenían compartida con los de Gryffindor y bueno, estoy casi seguro que el chico Weasley está en esa clase.
- ¿No pensaras matarlo? Aunque tengas una venganza de sangre en contra de su familia, se vería mal para ti, políticamente acabar con su vida ahora.- Dijo Adrian preocupado.
- No te preocupes, Adrian. A ese no pienso matarle directamente.
- ¿Qué quieres decir?
- Ya lo descubrirás.- Dijo enigmáticamente, mientras se dirigía a la puerta a esperar a sus amigos de segundo curso.
Cuando sonó la campana y los de segundo comenzaron a salir por la puerta del aula de pociones, Harry estuvo pendiente de sus amigos.
El primero en salir fue Alphard, el cual se veía un poco herido físicamente. Cassie le seguía con una ligera cojera y los hermanos Gaunt oliendo raro.
- ¿Qué os ha pasado chicos?- Preguntó Harry con una ceja arqueada y un poco divertido. – ¿Alguna poción mal hecha?
-¡Weasley es lo que ha pasado!- Gritó Cassiopeia enfurecida con el chico.
Bufando se fue cojeando con Alphard en el remolque a la enfermería. Los Gaunt y Theo le dijeron que luego le contarían en el almuerzo o en la comida si no salían a tiempo de la enfermería.
Quedándose Harry de los últimos en entrar en el aula de Alquimia, para ver en las sombras, si Weasley salía del aula, no tuvo más remedio que entrar antes de que el último alumno de Ravenclaw cerrara la puerta.
Sentándose esta vez al lado de Adriana, colocó sus cosas al lado suyo y prestó atención a la clase.
El Maestro Flamel esperó pacientemente a que todo el mundo guardase silencio para comenzar.
Cuando todos estaban en silencio, Nicholas asintió para sí mismo, dando una cabezada, hacia atrás y adelante y les dio la bienvenida, como la semana anterior hacía con ellos.
- Hoy haremos un ligero repaso de lo que hemos aprendido hasta ahora. ¿Quién me puede decir, lo que es la alquimia y en qué se diferencia de las pociones? ¿Por qué es tan importante que se tengan conceptos básicos de preparación de pociones en la alquimia?- Preguntó mirando a la clase y viendo como varios de los de Ravenclaw y unos pocos de Slytherin, incluyendo Emrys levantaron la mano, para contestar la pregunta.
Nicholas señaló a un Ravenclaw al azar para que contestara la pregunta.
- La alquimia es la percusora de la Química de los muggles. También es una doctrina y estudio experimental de los fenómenos químicos que se desarrolló desde la antigüedad y a lo largo de la época medieval y que pretendía descubrir los elementos constitutivos del universo, la transmutación de los metales, el elixir de la vida, etc.- Contestó de carrerilla el chico o chica de Ravenclaw.
Harry asintió para sí mismo y tomó nota de lo que dijo, pues era interesante ver que otros aspectos de la alquimia eran conocidos, que no fueran conocidos por él.
- Bien, tome diez puntos para su casa, señor Davies.- Dijo el Maestro con una sonrisa. – Pero para la próxima vez, tenga en cuenta menos el libro y más lo que entiende. En la alquimia, la explicación de lo que es y cómo se prepara, te la dará el libro, pero muchas veces se trata nada más que de propia experimentación.
Ahora ¿Quién puede contestar la siguiente pregunta? ¿Emrys?- Cuestionó Maestro Flamel con una sonrisa.
- Es importante los conceptos básicos de corte, cocción y preparación de ingredientes en la alquimia, como en pociones, debido al peligro que puede acarrear que se mezclen distintos… no disculpe, distintas, es una mejor palabra, esencias. Las esencias son sacadas de los ingredientes, para que cuando se preparen los elixires, nombre dado en la alquimia, el homologo sería las pociones; sean más puros.
Pues una esencia sacada, digamos de cáñamo y mandrágora, es mucho más puro que el ingrediente en sí para las pociones. También es importante que se tengan los conceptos básicos de recolección de ingredientes, pues no cambia mucho en la alquimia.- Contestó Harry.
- Correcto Emrys. Aunque no ha explicado cómo se prepara para sacar una esencia del ingrediente principal y si este vale o no para su uso posterior. Pero en esencia, está bien explicado. Tome cinco puntos para su casa.- Dijo siguiendo con su sonrisa alegre el Maestro.
Muchos de los compañeros de casa y de estudios, para el caso, de Harry estaban con la boca abierta.
No se creían que el chico se supiera algún concepto tan complicado y menos una materia tan difícil como la alquimia, y ahí estaba, explicando como si nada los conceptos.
Para colmo de males, la explicación de Harry era mucho más avanzada que los libros que tenían en ese momento, que explicaban algunas historias de preparación y poco más.
Según Flamel, éste año, el consejo escolar y los profesores del ministerio de magia, que venían a hacer las pruebas de los TIMOS y EXTASIS, habían acordado que éste año en materias como Alquimia, Nigromancia, etc. aquellas que eran nuevas y los expertos del ministerio estaban buscando maestros para contratar y examinar a los alumnos, serían examinarlos únicamente de la teoría y no de la práctica, pues en la teoría podían consultar con los libros para corregir lo que fuera.
Perenelle, la esposa de Nicholas, se ofreció para ser maestra en alquimia y trabajar en el ministerio de magia, ayudando a los examinadores, pero por desgracia, la junta que llevaba ese departamento le negaron la solicitud.
- Lo único que les ha faltado es la última pregunta, que iba con la de ¿Qué es la alquimia? Había pedido que me dijeran en que se diferencia de las pociones y no me la han contestado. Puedo suponer que no la saben, pues bien, la alquimia tiene una gran diferencia, que muchos magos dirán que es mentira. La alquimia es la madre de las pociones y mucho más poderosa y efectiva en la curación. Ahora bien, quiero que para la próxima clase, me traigan un trabajo de… digamos dos pergaminos en como extraer la esencia de los ingredientes y que utensilios se utilizan en ésta materia. Si tienen algún problema, no duden en consultar libros externos al que tienen, también pueden consultarme a mí o a Emrys para el caso.- Comentó mandando los ejercicios que pensaba que eran necesarios para los estudiantes. Después se puso a dar una conferencia sobre la transmutación y sus importancias en la alquimia, así como convertir cualquier metal en oro. Los diagramas aritméticos y rúnicos que tendrían que estudiar y poco más.
La hora se les pasó volando y cuando sonó la campana, muchos estaban reticentes a marcharse, pues estaban aprendiendo mucho.
Harry fue el primero en levantarse, cuando reconoció el despido de Maestro Flamel y se fue al Gran Salón a averiguar que les había pasado a sus amigos en la clase del profesor Snape, con Weasley.
A medida que avanzaba por las mazmorras se fue encontrando con compañeros de casa que salían de otras clases, tales como pociones mismas, la cual tenía después del almuerzo él, con los Gryffindor.
No entendía porque su casa tenía que tener asignaturas que eran peligrosas con gente como los de Gryffindor que lo único que pensaban era hacer alboroto y no tomarse en serio las clases, pero encogiéndose de hombros mentalmente, se dirigió a su destino.
Al entrar en el Gran Salón fue directamente a la mesa de Slytherin y preguntó a Corvinus y Celeste como estaban, aparte de mirar en donde se encontraban Cassie y Alphard.
- Cassie y Alphard siguen en la enfermería Harry. Están un poco molestos y un poco…
- ¿Mal?
- Sí, se podría decir que sí.
- Pero ¿Qué ha pasado?- Preguntó mientras se servía el almuerzo y pensaba que tenía que ir haciendo algo para maldecir a los chicos Weasley que estaban aún en Hogwarts.
- Ronald Weasley dejó caer una bengala de Zonko en el caldero de Alphard, que estaba por terminarse la poción. Por desgracia nos pilló a todos por sorpresa cuando también lanzó una maldición, ya que el profesor Snape no miraba. Como podrás suponer, que estalle un duelo en un aula con pociones a medio hacer es peligroso. El resto lo puedes suponer lo que pasó.
- Maldito Weasley, se va a enterar.- Dijo levantándose repentinamente del asiento y buscando con la mirada a dicho pelirrojo.
Por suerte para él, Celeste le detuvo diciéndole que no era problema suyo y que ellos mismos querían lidiar con el pelirrojo.
Tuvo que intervenir también Corvinus y Daphne, con Tracy, alegando que no siempre podría estar defendiéndolos a todas horas y que si hubiera querido hacer algo, que no se hubiera cambiado a quinto curso y hubiera seguido en segundo.
Mirando un poco traicionado, Harry cogió un poco más de comida y se fue a la clase de pociones, la cual tenía siguiente.
Estuvo pensando un rato, hasta que sus compañeros de clases aparecieron a la vista con los Gryffindor a la zaga.
Mirando en la dirección de los que tenían las corbatas y estampas de la casa de oro y rojo, su rostro adquirió un tono y una mirada, que muchos de su casa temían, pero no por ellos mismos, sino por la seguridad de todos en el aula.
No pudieron discutir mucho, debido a que el profesor Snape salió del aula y les instó a entrar.
Esta vez Harry se sentó solo en una mesa a la izquierda, todavía rodeado de sus compañeros de casa, pero ninguno quiso molestarlo, pues todos sabían del incidente de los amigos de Harry, pues habían oído la historia completa por las chicas Davies y Greengrass en el almuerzo.
El profesor Snape empezó dando un discurso que no apaciguó en absoluto a Harry, diciendo que sus clases serían más difíciles en el año TIMO y que si no la pasaban con la nota que él requería, entonces ni la fama ni los favores podrían ayudarlos.
Les mandó que hicieran una poción del nivel TIMO, la cual resultó ser la poción de los muertos en vida, una poción que asemejaba al que la ingería en un sueño profundo, parecido a la muerte a simple vista.
Con eso, se pusieron a trabajar y Harry levantó un escudo alrededor de todos los Slytherin, para que no hubiera incidentes, de los cuales no es que no lo intentaran.
Después de la clase de Pociones tuvieron la comida, otra vez en el Gran Salón. Allí Cassiopeia y Alphard estaban presentes y le pidieron a Harry que no hiciera nada con respecto a Ronald Weasley, que ellos se encargarían de que pasara un tiempo en la enfermería.
Harry que se estaba apaciguando poco a poco, les dijo que por culpa de la venganza de sangre que tenía con la familia, saltaba sin pensar las cosas primero, algo que se estaba acostumbrando, debido a que su magia le estaba exigiendo, que matara ya a uno de ellos por lo menos o que al menos hiciera algo.
Entendiendo todos como Harry se sentía, decidieron incluirlo en la venganza en contra de Weasley por el incidente en pociones.
Después de comer Harry se dirigió al aula de Runas antiguas, suspirando pesadamente y pensando que el día se estaba haciendo largo.
Metiéndose rápidamente en sus escudos y su paisaje mental, salvaguardó los pensamientos y recuerdos de las primeras horas de la mañana, para estar lo más fresco y atento posible en las clases que le seguirían.
La clase de runas antiguas era impartida por la profesora Bathsheda Babbling, la cual era una mujer de edad mediana, es decir en sus cuarenta o cincuenta años, aunque aparentaba tener menos. Su clase estaba situada en el sexto piso, algo que a Harry no le importaba, pues gracias al mapa del merodeador y a que tenía muchos retratos que habían asistido a Hogwarts, pudo hacerse con un mapa mental, de sus muchas conversaciones con ellos.
La profesora Babbling les mandó comprar los textos de iniciación a las runas, algo que no entendía el porqué, debido a que él mismo ya conocía muchas de las runas antiguas y su utilidad en la magia nueva y la antigua, pero no iba a replicar en cuanto a los mandatos de su profesora.
Según tuvo entendido, él fue el único del curso de quinto que tenía esos textos, pues los otros tenían ya al menos dos años de experiencia. Tal vez la profesora se creyera que Harry no estaba preparado o incluso que necesitara lo más sencillo para comenzar.
Cuando todo el mundo estaba sentado y esperando a que la profesora comenzara la clase, dicha profesora comenzó dando la explicación que todos los profesores daban a los de quinto curso, que este año era el año de TIMOS y un año muy importante para ellos, pues se decidiría que es lo que sería con su vida. Poco después comenzó diciendo que este curso se darían las runas nórdicas avanzadas, las runas griegas y las egipcias.
Harry mientras la profesora iba explicando, iba tomando apuntes en las zonas convenidas de la explicación, pues le venía muy bien comparar sus apuntes con los libros que estaba acostumbrado a estudiar y había estudiado antes.
Después de que la profesora mandó a los alumnos de quinto curso leer sus copias, se dirigió a Harry, levantando una sala de privacidad entre ellos, la cual el chico vio que tenía un defecto y cogiendo su báculo, levantó el mismo su propia sala de privacidad.
- ¡Señor Potter! ¿Qué es lo que piensa que está haciendo?
- Mejorar su sala de privacidad, profesora. Tenía un defecto en una de sus runas.
- Ilumíneme.- Dijo la profesora con el ceño fruncido.
- Verá en la runa de privacidad la ha colocado detrás de la runa de protección y de levantamiento, las cuales deberían ir detrás de la de privacidad. Es decir que esas runas deberían estar antes y luego la de privacidad.
- Entiendo. Tome cinco puntos para su casa y otros diez por la espléndida sala que ha demostrado conocer.
- Gracias profesora.
- Ahora bien, no estamos aquí para hablar de salas, sino para probar sus conocimientos en Runas Antiguas. Le pedí en la carta de aceptación de ésta clase que de momento comprara los libros reglamentarios que se solían dar en tercero, porque no sabía si conocía o no la materia. Mi sorpresa que se presentaba al TIMO de Runas este año, fue tremenda, al igual que la de la profesora Vector.
He aquí un pequeño examen de años anteriores de lo que suelo preparar en mis clases. Si hay algo que no entienda, no lo conteste, no se preocupe.- Dijo dándole tres pergaminos para que comenzara la prueba.
Harry quitó su sala de privacidad y la de la profesora con un movimiento de su mano y se puso a mirar los pergaminos y las preguntas que había en ellos.
Para contestar las preguntas de los pergaminos, le tomó el resto de la clase, lo cual estuvo un poco decepcionado de que hubiera tardado tanto en realizar la prueba y no tener la oportunidad de trabajar con sus compañeros.
Entregando el examen a la profesora, ésta se impresionó que hubiera contestado a todas las preguntas, concisamente.
Despidiéndose de la profesora Babbling, fue a su siguiente clase, encantamientos.
En la clase del profesor Flitwick no fue muy diferente a las otras, se encargó el profesor de recoger los trabajos que había pedido la semana anterior, sin sorprenderse que Harry entregara el suyo.
Después dio un discurso, otra vez como la semana anterior, recordando la importancia de las clases de este año a sus alumnos y pasó a las explicaciones de los encantamientos que darían este curso.
Harry desconectó un poco debido a que conocía todos los encantamientos, inclusive los que animan objetos inanimados, parecido a la transfiguración de un objeto en otro.
Ese día tocaba solamente la teoría de uno de los encantamientos que iban a dar y no había práctica.
Harry pensó que si el año iba a ser así, el TIMO en su clase lo sacaría con los ojos cerrados y lo único que preguntó Harry era si el año EXTASIS era tan sencillo como éste.
- Siento decirle señor Potter, que tal vez para usted así sea. Lo único que puedo sugerirle para que no se aburra es que busque medios en los que pueda mezclar encantamientos de la magia nueva, con la magia de la antigua religión y ver qué pasa. Por lo demás, me parece que va a aburrirse si era algún indicativo el año pasado de sus conocimientos en la materia.- Dijo el profesor un poco decaído de que su alumno favorito se aburriera en su clase.
Al final de la clase, Harry se acercó al profesor y le preguntó si quería batirse en duelo con él algún día. Esta vez prometía controlarse más y no entrar en su modo batalla.
El profesor se animó mucho ante la idea, pero desgraciadamente tendrían que pedir permiso al director Powell.
En la clase de Historia de la magia, que era la última del día y serían libres para hacer tarea o socializar con sus compañeros, hasta la hora de la cena e irse a la cama.
En historia siguieron por donde lo habían dejado la última semana, dando el profesor de historia una prueba a Harry para ver que conocimientos tenía.
Por pura ironía la prueba que tenía que realizar sobre sus conocimientos de historia, preguntaba únicamente por la historia de los druidas y hechiceros. También venían preguntas acerca de los Emrys que había en la historia hasta los días de hoy. Con una sonrisa en su rostro, sobre un tema que sabía de memoria y que podía hacer con los ojos cerrados si quería, contestó a todas las preguntas de la prueba y cuando la terminó se la entregó al profesor de Historia.
- Para terminar la clase, señor Potter, si fuera tan amable de decirnos sobre el Concilio de hechiceros y druidas, sería un honor para nosotros.- Pidió el profesor con una mirada suplicante, pues se le notaba que era un apasionado en el tema.
- Como quiera profesor, pero ha de entender que solamente puedo decir lo que se me permite. Para más información, sería bueno que contactara o con mi Maestra o con miembros del concilio, como el jefe de magos, Titus Ollivander.- Dijo Harry como advertencia.
Después se basó en una explicación sencilla en cómo funcionaba el Concilio y cuantos eran sus integrantes.
Dijo también que para ser un integrante de dicho Concilio, se tenía que dar la situación que éste te reconociera como Maestro en alguno de los temas de la magia, tanto de la nueva como de la antigua religión.
Explicó los términos que utilizaban para diferenciar ambas magias, al ver la cara de interrogación y justo cuando iba a continuar con las explicaciones, la campana sonó y el profesor les pidió a sus alumnos que buscaran información sobre los Emrys de la historia, cualquiera de ellos le venía bien.
Dando un vistazo a sus compañeros, supo inmediatamente que él iba a ser el foco de sus investigaciones para éste trabajo.
Harry sabía que Emrys escoger, no porque fuera el más sencillo, sino porque quería hacer honor a los druidas que le habían dado el título, por ello escogió al primer Druida en ser nombrado Emrys y por extraño que parezca, el primero y único druida en recibir ese título honorifico.
Antes de salir de la clase, el profesor le pidió que en la próxima clase terminara de explicar en qué consistía el Concilio y si tenían ellos tradiciones importantes, que por desgracia para los magos se perdieron.
Harry acordó en hablar con su Maestra sobre el asunto esa misma noche y decirle al profesor al día siguiente.
Cuando Harry llegó a la sala común, se desplomó un poco cansado en su sofá que estaba al lado del fuego.
En una llamarada de fuego negro, su fénix Bennu, apareció y trinó unas cuantas notas a Harry, para subirle el ánimo. No solo fue Harry quien se animó un poco más, sino que la sala común entera se benefició del trino del majestuoso ave negra.
Sus amigos estaban llegando a la sala común, cuando Harry de repente recordó que todavía tenía que hablar con Sarah en cuestión al día siguiente, sobre contar más sobre la historia de los druidas y hechiceros.
Cansadamente se levantó y dijo a sus amigos que estaría de vuelta pronto. Yendo un momento a su habitación a dejar la bolsa con los libros, volvió a bajar para ir a los cuartos de Sarah.
Saliendo de la sala común, dio un corto saludo en Pársel a Sir Gaunt, el cual le devolvió el saludo amablemente.
Cuando llegó por fin a los cuartos de su maestra, llamó a éstos esperando que le recibiera, aunque pensando en esa misma mañana que le dio un apretón en el culo, tal vez estuviera enfadada con él.
Oyendo desde el interior que esperara un momento, sea quien fuere, Harry tuvo que esperar no más de cinco minutos a que el retrato que daba a sus cuartos se abriera.
Lo que lo recibió fue la vista más esplendida de Sarah en un camisón de seda azul, acentuando sus curvas donde tenía que ser acentuadas.
Se quedó mirándola embobado durante unos momentos, hasta que Sarah carraspeó, sacándolo de su ensimismamiento.
- Supongo que no habrás venido a observar las vistas, verdad aprendiz.- Dijo Sarah sonriendo ligeramente.
- Por supuesto, Maestra. Me disculpo por mi falta.
- ¿A qué has venido, Harry?
- Tenía que consultarte algo acerca de historia de la magia, ¿Puedo pasar? Puede ser un poco largo de explicar.- Dijo, esperanzado de que le permitiera la entrada.
- Pasa… así me puedes dar las buenas noches en privado, después de decirme lo que tengas que decirme.- Dijo sonriendo ante la cara de emoción de Harry.
Pasando dentro de los cuartos de su maestra, observó rápidamente su entorno y fue a sentarse sobre una banqueta, en la cual la de enfrente, Sarah se sentó.
Pidiendo un poco de té para los dos, apareció una bandeja con unos bocadillos y pasteles.
Cuando terminaron de prepararse el té Harry le contó la proposición de su profesor de Historia y le pidió permiso a ella para que le dijera únicamente al profesor y a la clase, la historia del Concilio resumida, algo que todo el mundo pudiera conocer.
Sarah lo meditó durante unos momentos, cruzándose de piernas y dejándolas al descubierto de su camisón.
Harry únicamente levantó la ceja izquierda en señal de pregunta silenciosa.
- ¿Te gusta lo que ves? Esta mañana no he podido evitar preguntarme si te gustó tocarme el culo.
- Es esta habitación, protegida con la suficiente privacidad.- Dijo Harry, con la ceja todavía arqueada.
- Por supuesto, por la magia de la antigua religión y de la nueva. Pero por favor, compruébalo tú mismo. Digamos que es una prueba para ver que no hayas olvidado nada.- Mandó Sarah a su pupilo, no pudiendo resistirse a probarle.
Harry asintiendo cogió su báculo de donde lo tenía apoyado y se levantó de la butaca. Alzando un poco el báculo enfrente suya, Harry dijo los hechizos pertinentes para ver que estaban seguros.
Quitando el hecho de que las salas reportarían cualquier contacto físico entre amos al director, salvo por supuesto los besos que se daban a escondidas, algo que era un poco frustrante para Harry y Sarah de tener que esconderse, pero obligatorio de momento.
- Todo en orden.- Dijo Harry volviéndose a sentar en la butaca.
- ¿Y bien? ¿Te gustó mi culo?
- Sí, me gustó bastante. Lo tienes suave y duro. Imagino que de todo el ejercicio que hacemos.
- Me alegro Harry. Pero evita hacer eso en un futuro.
- ¿Por qué? ¿No te gustó?
- Oh, no es por eso, no me quejo de que quieras… investigar mi cuerpo. Solo que recuerda donde estamos y las salas que tiene el castillo.- Recordó cariñosamente Sarah.
- Entiendo, intentaré que la próxima vez, sea en un lugar más privado, tal como…
- Como casa.- Dijo Sarah por él.
- Exactamente. Lástima que solo sea el comienzo de la segunda semana de Hogwarts… por cierto, creo que no muy lejos de ésta semana el Wizengamot se reúne para el juicio de Percival Weasley.
- Sí, me mandó una carta Amelia a través del director Powell. ¿Vas a ir?
- En efecto, debo presentarme, tanto como el afectado, como uno de los Señores para condenarlo.
- ¿Qué condena vas a pedir?- Inquirió curiosa.
- Eso es obvio Sarah. No puedo pedir otra que no sea la muerte suya, y a mis manos.- Contestó Harry, haciendo que cayera un silencio entre ambos.
- En otros temas, Harry. ¿Qué tal tu primer día de clases? ¿Te adaptas bien?
- Sí, están bien las clases y de momento me voy adaptando. Aunque creo que algunos profesores me subestiman y en otras clases, como la de encantamientos y presiento que la de transfiguración, también, van a ser aburridas.
- Entonces, quiero que estudies esos temas, pero que los mezcles con la magia antigua e investigues qué consecuencias puede tener, mezclar ambas magias.- Ordenó Sarah, bebiendo un sorbo de té.
Harry asintió con la cabeza y lo apuntó mentalmente. Sonriendo de medio lado, le preguntó coquetamente a Sarah si los cuartos estaban a su gusto.
Sonriendo en respuesta, Sarah le dijo que no estaban mal, pero que los de la mansión eran mejores.
- Por supuesto que sí, supongo que la cama es así de igual.
- ¿Te apetece probarla?- Sugirió seductoramente, levantándose un poco más el camisón, para mostrar más pierna y muslo.
- Harry estaba pensando furiosamente en la proposición que le había hecho, pero antes que pudiera contestar, Sarah soltó una risa cantarina y le dijo que no.
- Lo siento Harry, pero estaba bromeando.
- Vaya, es una pena. De todas formas creo que tal vez debería irme, la cena se servirá pronto.
- Aún no, Emrys.- Dijo Sarah, cambiando nuevamente la personalidad, de seductora y graciosa por la pequeña broma, de probar la cama juntos a la de profesionalidad entre Maestra y Aprendiz.
Harry prestó más atención a lo que le tuviera que contar su maestra.
- He recibido una notificación para ti de Maestro Sanador Powell.
- ¿Es algo malo?
- No lo sé, no la he leído. Estaba dirigida a ti, no a mí.
- Gracias, Maestra.- Agradeció Harry, mientras Sarah se levantaba de la butaca e iba a buscar la notificación o la carta, con un paso seductor, moviendo las caderas sugestivamente.
Harry que estaba en la edad en la que no podía dejar de fijarse, al menos en la hermosura de su… ¿Novia? ¿Amante?, lo que fuera, vio cómo se agachaba para buscar en el baúl.
Cuando Sarah volvió con la carta, Harry puso su cara a tiempo a una de neutralidad, gracias a los escudos de Oclumancia.
- Toma.- Dijo entregándole la misiva, la cual Harry abrió y comenzó a leer.
Un tiempo después de leerla e ir poniendo varias caras y fruncir el ceño, Sarah dejó de lado toda broma sensual, para provocar una reacción en Harry y se puso seria nuevamente.
- ¿Algo malo?- Preguntó preocupada e intrigada a partes iguales.
- Eso depende de cómo se mire.
- ¿Qué…?
- Bennu.- Llamó Harry a su familiar.
El fénix negro apareció en un destello de llamas oscuras y se quedó mirando a Harry por unos momentos, en los cuales Sarah estaba perpleja ante lo que veía.
Ahora Harry, acababa de pasar de Aprendiz a líder en cuestión de minutos. Se sentía un poco mal por tener que dejar en manos de Harry, lo que los adultos tenían y debían de hacer, pero recordándose a sí misma, que Harry ya no era un niño, se quitó de encima el pequeño peso de culpabilidad que empezaba a sentir.
Con un estallido de llamas, el fénix se fue y Harry sonrió a Sarah.
- Nada de qué preocuparse, al parecer Sumo Sacerdote Powell necesitaba lágrimas de fénix y una pluma. Bennu se las concede, pero a cambio le debe y debo dar… una gran caja de dátiles de por vida.- Dijo riendo un poco ante la cara de incredulidad de Sarah.
- ¡Tonto! ¡Me habías asustado, pensé que había pasado algo en el Concilio!
- No, no ha pasado nada en el Concilio, pero Sumo Sacerdote Powell, sabe lo nuestro.- Dijo Harry mientras que Sarah bebía de su té y lo escupía por la noticia.
Levantándose fue a darle palmaditas en la espalda, viendo como su pecho subía y bajaba por la tos.
- No debes preocuparte, Sarah, que sepa lo nuestro no quiere decir nada malo. Solamente ha dicho en la carta, lo mismo que nos dijo su hermano, que tuviéramos cuidado en nuestra relación.
- ¡Pues dilo antes, casi me da un infarto!- Se quejó Sarah, dejando de toser.
- Entonces ¿Aprueba nuestra relación?
- En efecto. Pero dice que mientras seamos profesionales en cuestión al aprendizaje, no dirá nada. Si ve que no lo somos, entonces actuará en consecuencia.
- ¿Y cómo se supone que lo va a dictaminar?
- Sarah, tu eres mi maestra. Eso lo debes saber tú, más que yo. Pero por suerte lo sé.
- A ver listillo, dímelo entonces.- Provocó con una sonrisa, pues sabía perfectamente que Harry sabía de lo que hablaba.
- Fácil, comprobándolo mientras supero las pruebas de aprendizaje y me convierto en Maestro, ante la decisión del Concilio.- Dijo Harry sin entrar en muchos detalles.
- Cierto. Está bien Harry, estás en lo correcto.- Dijo viendo como éste asentía únicamente con la cabeza y volvía a su asiento, pero en el proceso se quitaba la túnica del colegio.
- Lo siento Sarah, pero estoy un poco acalorado…
- Sí, es que me gusta que esté caliente mi habitación, por lo de dormir sin ropa. Lo siento Harry.
- No te preocupes…- Dijo sonriendo de lado.
Colocando cuidadosamente su túnica y su camisa encima de la cama de Sarah, se quedó en camiseta de manga corta, dejando ver los músculos que había conseguido en el verano y marcando la camiseta.
Volviendo a su asiento, lanzó el encantamiento tempus y vio que eran las siete y media de la tarde, una media hora para la cena, faltaba.
- Supongo que estás preocupado por asistir a la cena. No tienes porqué, como tu Maestra se nos permite cenar juntos aquí.
- Entiendo. Aparte del hecho de que el Sumo Sacerdote sepa de nosotros y lo apruebe, la carta también citaba que los padres de Neville van mejorando bastante. Tiene la esperanza de que para Yule, puedan reconocer a la gente nuevamente y a su hijo.
- Eso es bueno Harry. Será un estupendo regalo de Yule para Neville. ¿Le piensas decir algo?
- No, quiero que reciba una sorpresa.- Dijo un poco triste, pero en el fondo alegre por su amigo Neville.
- Eso es bueno, supongo. Dime Harry, que te apetece cenar. Dobby ha estado trayéndome la cena, cuando me quedo en los cuartos.
- No sé, un poco de verduras, con pescado y patatas cocidas, supongo. La cocina de Hogwarts sigue siendo bastante…
- Grasienta, ¿Verdad?
- Sí, mucha grasa. Supongo que piensan que puede combatir bien el frío. Está bien comer comidas así de vez en cuando, pero no todos los días.- Dijo haciendo reír a Sarah y preguntándose que estaría haciendo ella, antes de que viniera a buscarla.
- Dime Sarah, ¿Qué hacías antes de que llamé a la puerta?- Preguntó con curiosidad genuina.
Sarah se le quedó mirando un rato y después se quedó mirando a sí misma en el camisón de seda azul.
Cuando volvió la vista de nuevo a Harry, se levantó de la butaca y fue directamente a la suya, para sentarse en su regazo.
Envolviendo los brazos alrededor del cuello de Harry, acercó su boca a su oído y le susurró en tono sugerente.
- Estuve teniendo un momento de intimidad conmigo misma, Harry. Pero viniste y lo cortaste, justo en el mejor momento…- Susurró roncamente en su oído, notando como la respiración de Harry se aceleraba un poco y su pulso aumentaba.
Un claro indicio de que le gustaba a Harry lo que estaba haciendo. Planeando sobre la marcha de jugar un poco más con él, decidió calentar un poco más el ambiente.
Pasando la otra pierna al otro lado del regazo de Harry, para quedar justamente sentada enfrente de él, Sarah se deslizó un poco el tirante del camisón, dejándolo caer un poco y exponiendo su clavícula desnuda.
Con la otra mano se echó el pelo hacia atrás y se apretó un poco más contra el cuerpo de Harry.
- Sarah…- Susurró Harry contra su oído, haciéndola estremecerse ante el tacto de su boca contra su oreja.
Harry le mordió el lóbulo un poco, lo justo para que Sarah gimiera en voz baja.
De pronto, y sin previo aviso, Sarah se levantó de donde estaba colocada y miró a Harry a los ojos.
- Espero que te haya gustado, pero esta noche ya no hay más.- Dijo, yendo a ponerse una bata por encima del camisón, mientras un muy frustrado Harry la observaba colocársela.
- Eso no es justo Sarah.
- La vida no es justa, Harry, deberías saberlo a estas alturas. Además no te he engañado en cuanto a lo que iba a hacer, pero… no creo que quieras ayudarme a terminar, ¿Verdad?- Preguntó sonriendo ligeramente.
Harry tenía que pensar mucho en la respuesta. No sabía si era una con trampa y si afirmaba su ayuda, no sabía si se enfadaría. Si se negaba, tal vez también se enfadaría, dado el nivel de excitación que tuviera.
Por ello de la manera más sencilla, Harry decidió cambiar de tema y pensar en otras cosas que no involucrasen a una Sarah en su regazo, gimiendo en voz baja.
- ¿Cenamos?- Ofreció la otra alternativa Harry, poniéndose en pie para estar a la altura de Sarah.
- ¿Quieres cenar aquí? ¿Con lo que ha estado casi a punto de pasar?- Preguntó Sarah curiosa.
- Te prometo que me contendré, por muy difícil que sea.- Prometió Harry a Sarah, la cual puso una cara de risa y se marchó a poner el mantel en la mesa y transfigurar las butacas en sillas.
Una vez que estaban sentados en la mesa a cenar, Sarah le dijo a Harry que se había contenido por el motivo de que no sabía si quería todavía llegar a ese nivel de su relación.
El coqueteo y los besos con las caricias estaban muy bien, el cariño-amor que sentían el uno por el otro, también estaba bien, pero… el sexo a la edad de Harry, no lo veía bien, por muy adulto que pareciera.
Harry entendiendo cual era el problema, le aseguró a su maestra que no tenía por qué preocuparse, que lo entendía y que intentaría reinar en sus hormonas.
- Tampoco es que seas tú solo Harry. Soy yo también la que tiene que refrenarse un poco, sobre todo diciéndote lo que te dije y como lo dije.
- En ese momento no me importó mucho, la verdad, pero lo entiendo. Esperaré lo que haga falta, para que te sientas cómoda. Creo que eso es lo que se hace cuando amas a una persona, ¿No?- Preguntó Harry, haciendo ver que para él, el sentimiento del amor era la primera vez que lo probaba y degustaba, como un buen vino, saboreándolo bien.
- Más o menos, Harry. Pero sí los que se aman se respetan y si se debe esperar, se espera. Estaría encantada de seguir al siguiente nivel, en cuanto te gradúes y no Harry, no ahora de los TIMOS, quiero decir de todo, para que no tengamos que escondernos.- Dijo dando por terminado ese tema, el cual Harry se limitó a asentir y a continuar comiendo.
Después de cenar y de hablar sobre asuntos políticos y mágicos que requerían su opinión, sobre todo en lo referente al Concilio, Harry se marchó a su sala común nuevamente, poniéndose antes la ropa que se había quitado, por el calor de los cuartos.
A la mañana siguiente se levantó y se dio una ducha de agua bien fría. Después de la ducha se fue a la sala común a hacer unos pocos trabajos que les habían mandado el día anterior y ojeando un poco el horario que tenía, suspiró cansadamente.
A primera hora tenía transfiguración con la profesora McGonagall y por lo que se veía con los Hufflepuff, al menos.
Después a la siguiente hora, tenía historia de la magia, en la cual tenía que dar él prácticamente la clase, al hablar un poco de la historia que podía contar del Concilio. Justo después del almuerzo, tenía una nueva clase que dar, Aritmancia, algo que estaba deseando también. Justo después de la comida, venía la clase que más curioso estaba, que era la de Nigromancia, algo que Ignotus seguramente desaprobaría totalmente, pero por fin le explicarían el porqué de ese temor que tenía su antepasado.
Y las dos últimas clases, Rituales y Artes Oscuras. En verdad hoy tenía un buen horario y estaba seguro que le gustarían mucho las clases que iba a recibir.
Pero antes de eso, tenía que hacer los trabajos y ejercicios que el día anterior, los profesores y maestros mandaron.
Podría hacerlos en otro momento, pero no quería dejar nada para más tarde y si bien no necesitaba mucho en mirar y consultar los libros de la biblioteca de Hogwarts, dado que tenía una buena biblioteca mental, gracias a la biblioteca de la mansión Potter y los libros de magia que fue recogiendo a lo largo del año anterior.
Aun así, hizo una nota mental para sí mismo de visitar la biblioteca de Hogwarts, aunque sea por la noche y a escondidas, bajo la capa de invisibilidad.
Cuando quiso darse cuenta de que había terminado los trabajos mandados el día anterior, ya era la hora del desayuno y por desgracia, había perdido el tiempo para ir a correr un rato a fuera.
Vio a sus compañeros de cuarto bajar a la sala común de las habitaciones y los saludó afablemente.
- Mira Alphard, parece que al fin Harry nos honra con su presencia.
- Sí, es cierto Corvinus. Como Señor Potter, nos honra así.
- ¿Qué os pasa, chicos?
- ¿Qué nos pasa? ¿Qué te pasa a ti?
- ¿A mí? No se lo qué queréis decir…
- ¿Por qué no viniste ayer a cenar? ¿Es que ya no somos lo suficiente buenos para ti?- Preguntó Corvinus un poco airado.
- Si estás cabreado porque ayer no fui a la cena, hay una explicación para ello, Corvinus. Estuve en los cuartos de mi maestra, hablando con ella sobre asuntos del Concilio.
- Claro, claro, hablando.- Comentó Corvinus, pasando al Pársel. – Querrás decir, que estuvisteis retozando…
- ¿Cómo te atreves, Corvinus? Sabes perfectamente que no podemos. Aparte tengo muchas cosas que hacer, aparte de pasar el rato con vosotros.
- ¿Acaso ya no somos amigos, Harry o debería llamarte Emrys?
- Claro que lo somos, pero vuestra actitud hacia mí es infantil. Sabéis perfectamente que hay días en los que estoy muy ocupado.- Dijo Harry un poco herido de que Alphard y Corvinus le trataran así, por no haberse podido presentar a la cena de la noche anterior.
Pensándolo bien, era solo una cena, había habido una semana entera de comidas, almuerzos y cenas que se había perdido por estar en la enfermería, la verdad es que no entendía por qué estaban enfadados con él.
Corvinus y Alphard se fueron sin esperar a las chicas y sin esperar a que Theo bajara. Cuando él último nombrado bajó, Harry estaba tentado de preguntarle, pero al final decidió no hacerlo y dejarlo correr.
Tal vez las chicas les harían recapacitar sobre su rabieta infantil, al menos para el punto de vista de Harry. Ambos sabían que habría momentos y días en los que Harry no podría socializar con ellos debido a sus obligaciones para con el mundo mágico y su gente.
Sacándose los pensamientos nefastos de la mente, se encaminó junto a Theo y las chicas a desayunar al Gran Salón.
Por suerte para Harry, ellas no le preguntaron dónde estaba anoche, pues suponían que estaba o bien con su maestra u ocupado en algún asunto que influyera al Wizengamot y al Concilio.
Harry desayunó en relativa paz y cuando terminó se fue con Marcus, Adriana y Adrian a su clase de transfiguración, una clase que no esperaba con demasiado ahínco, pues era enseñada e impartida por la profesora McGonagall, la cual tenía un odio visceral debido a su participación en el secuestro de él mismo, cuando era un bebe de quince meses de edad.
La clase de transfiguración con la profesora McGonagall, en principio fue algo tensa, pues se la notaba que desaprobaba que se le concediera estar en la clase de quinto curso, pues iba en contra de los planes que tenía Dumbledore y por el otro lado estaba orgullosa y envidiosa al mismo tiempo.
Orgullosa de que el hijo de sus antiguos alumnos fuera tan inteligente como sus padres e incluso un poco más.
Un sentimiento que no sabía de dónde venía, pues en un principio odiaba al chico. Y envidiosa de que estuviera en otra casa que no fuera la suya, pues si el chico se hubiera ajustado al plan original, ahora estaría trayendo orgullo a la casa de Gryffindor en vez de Slytherin.
Cuando la clase dio comienzo, la profesora McGonagall repitió lo de la semana anterior había dicho acerca de los TIMOS y que su clase sería una de las más difíciles del año.
- Este año veremos la teoría de la transformación de animago, la cual requiere paciencia y saber cuál es nuestro animal interior. También requiere la disciplina de estudio para poder cambiar de forma y viceversa, pues quedarse en la forma animaga sin supervisión, es muy peligroso. ¿Alguna duda?- Preguntó con un rostro grave dibujado en sus facciones.
La profesora miró por el aula a ver si alguno de sus alumnos tenía alguna duda, pero al no recibir manos levantadas continuó con la clase.
- Abrid el libro por la página setenta y dos. Leed el capítulo que indica que se debe hacer para tomar la forma animago, cuantas hay y de qué tipo son. Eso lo quiero para la próxima clase con un ensayo sobre los efectos adversos que tiene una mal transformación en animago.- Dijo la profesora mirando severamente a sus alumnos.
Para el resto de la hora se pasó con una explicación sobre la transfiguración inanimada en animada, es decir, convertir objetos en pequeños seres vivientes, lo cual duraría un corto periodo de tiempo.
Les mandó a los alumnos que probaran los movimientos de varita que se suponía que debían realizar, pero cuando llegó a Harry sonrió de una forma maliciosa.
- Señor Potter, me podría decir cómo piensa hacer el ejercicio, no veo que tenga varita por ninguna parte, creo que le dificultará el proceso de…- En ese momento se vio interrumpida, cuando vio a Harry hacer la magia en silencio y sin el báculo.
Con una cara de sorpresa por parte de ella y una cara de suficiencia de parte de Harry, éste se volvió a ella.
- ¿Decía profesora?- Preguntó con una sonrisa de las suyas, las que hacía temblar a sus compañeros de casa más mayores.
- Un trabajo considerable, Potter.- Dijo como si hubiera chupado un limón extremadamente ácido.
Cuando la campana sonó se fue a la siguiente clase, la de Historia de la Magia, en la cual le tocaría hablar sobre su gente y como vivían en sociedad, que tipo de magias preferían, que cargos ostentaban en el Concilio y mucho más.
Por una parte Harry no estaba muy deseoso de hablar sobre el tema, pues estaba seguro que los Gryffindor alterarían la clase y a los demás, insultando a los druidas y hechiceros, llamándolos infantilmente, "el mal" pues la magia que usaban era diferente y potencialmente mucho más poderosa que la que hacia un simple mago.
Con un profundo suspiro en derrota, Harry y sus compañeros de clases y casa se dirigieron hacia la clase de Historia, preparándose mentalmente para dar la clase.
En cuanto llegaron, Harry estaba hablando con Adriana sobre lo que verían hoy, dado que él sería el encargado de dar la clase.
Lo que no se esperaba ninguno era ver al Director Powell esperando en la puerta del aula con un pergamino enrollado en la mano.
- Emrys.- Saludó con la cabeza a Harry, el cual devolvió el saludo respetuosamente.
- Director Powell.- Devolvió el saludo, inclinando ligeramente la cabeza y agarrando su báculo fuertemente por instinto. Si el director lo notó no dijo nada al respecto.
- He recibido una carta para usted del Sumo Sacerdote. Por favor léala antes de entrar en la clase, creo que es con respecto a su clase de Historia.- Comunicó mientras le entregaba el pergamino, pulcramente doblado y enrollado a Harry.
Harry lo desdobló rompiendo el sello de cera y empezó a leer. A medida que iba leyendo se le iba frunciendo el ceño, pues el Sumo Sacerdote le decía en la carta lo que podía decir del Concilio y lo que no.
Podía contar la historia que tenían, como se clasificaban dentro del Concilio, cuáles eran los niveles más altos y más bajos. Pero no podía decir nada acerca de las reuniones o donde se reunían, aparte del hecho de que no podía decir donde se encontraban las comunidades de Hechiceros y Druidas.
Ni que fuera tonto, nunca se le ocurriría contar a una clase con posibles enemigos en ella, donde se encontraba su gente. Pero era positivo que el Sumo Sacerdote le dijera que podía y no podía contar, pues así le quitaba un peso de encima.
Doblando la carta nuevamente, se la entregó al Director para que la quemara en su despacho o hiciese lo que quisiese con ella, pues aparte de la parte en la que iba dirigida a Emrys, estaba seguro de que el hermano del director le hablaba a él también.
- Quédesela usted, Emrys. Mi parte de la carta está dividida y la tengo en mi poder.- Dijo el director.
Harry solo asintió con la cabeza en señal de entendimiento y se la guardó en la túnica, en uno de sus muchos bolsillos que tenía, en los que solo él podía acceder.
Pasando a la clase de Historia de la magia, el profesor les pidió a la clase silencio, mientras explicaba lo que iban a ver hoy, las enseñanzas de Harry en el ámbito de los Druidas y Hechiceros.
Harry se levantó de su silla y fue al podio, donde el profesor se encontraba, le explicó lo que podía contar y lo que no, en voz baja.
Obviamente el profesor se quedó un poco decepcionado de que Harry no contara todo, como él había pensado que haría.
- Buenos días, clase. Como habréis supuesto, hoy se me ha pedido por el profesor de Historia, que de una introducción al modo de vida de los Hechiceros y Druidas. Así pues pido que no se me interrumpa mientras os cuento un poco de nuestra historia. También se me ha permitido explicar por qué se me llama Emrys, que seguramente muchos os preguntareis por el momento.- Comenzó Harry barriendo con la mirada la clase entera, que para su sorpresa no demostrada, todos estaban expectantes en la clase.
Con un poco de Legeremancia sutil, barrió las mentes desprotegidas de algunos Gryffindor, para ver que su interés era genuino y no pensaban causar problemas.
- Como iba diciendo, os voy a explicar un poco de nuestra historia. Todo comenzó antes que se fundaran las principales ciudades mágicas de Camelot y Avalon. Hace más de tres mil doscientos años, cuando estábamos en la edad de hierro, antes de cristo para los cristianos.
Los primeros druidas se dedicaban únicamente a la magia de la tierra, los rituales, estaban incluidos en los juicios, etc. A medida que el paso del tiempo fue pasando y nuestra comunidad creciendo, se formó el primer Concilio Druida, en el que unos pocos hechiceros eran parte de él. Para los druidas, los hechiceros eran primos hermanos, dado que ambos podían utilizar la misma magia antigua, lo que hoy llamamos la magia de la antigua religión.
Cuando el primer Concilio fue formado, también fue nombrado el primer Emrys por los druidas, el cual fue Eóghan del clan Elphinstone.
Este nombre del clan es actual, pues se desconoce su origen, al menos para el mundo mágico Druida. El mundo muggle seguramente puede decir de donde son o creen ser.
Éste primer Emrys no es que prometiera nada en absoluto, como una mejor vida para los druidas, sino que fue nombrado tal, por sus investigaciones acerca de la magia de la antigua religión.
A pesar de que aparte de él, hubo más Emrys a lo largo de la historia, solo resultamos ser cinco en total, incluyéndome después del gran Myrddin Emrys, el penúltimo que prometió traer la era de paz y prosperidad a los mundos muggle y mágico, pero todos sabemos que eso es imposible, que no se puede convivir pacíficamente con los muggles, debido a sus ansias de poder y destrucción.
Hoy no me meteré en las distintas políticas que asolan nuestro mundo, debido a que solo tenemos una hora para la historia.
Como iba diciendo los siguientes Emrys de la historia fueron intentando cumplir sus promesas de un mundo mejor y libre.
Por ejemplo, hubo otro Emrys que prometió la liberación del pueblo druida de los conquistadores romanos y pictos, a los cuales los propios pictos que estaban en el Concilio de antaño no les agradó la idea.- Dijo paseándose por la habitación y hablando únicamente de los Emrys que la historia dio lugar, para cuando quiso empezar con el cuarto, la campana sonó, dando por finalizada la clase de historia.
- Bien chicos y chicas, quiero que para el próximo día traigáis un resumen de lo que ha contado el señor Potter… o Emrys. Salvo usted señor Potter, el próximo día podrá continuar con la historia tan fascinante.
- Será un placer, profesor.- Dijo Harry inclinando un poco la cabeza en señal de aceptación. Si le preguntaban en privado, admitiría que esto de la enseñanza le atraía un poco.
Tras un almuerzo rápido se dirigió a la clase de Aritmancia con la profesora Vector. Por una parte estaba ansioso por ver cómo era, pero por otra, estaba un poco preocupado, de que si se trataba de creación de hechizos, maldiciones y encantamientos de la magia nueva, no pudiera realizarlos, pues en esos primeros pasos se requería a la creación, que se adjuntar ciertos movimientos de varita.
El problema para él era sencillo, no tenía varita y mucho menos la necesidad de hacer los movimientos requeridos, a no ser que estuviera tallando runas de protección.
Una vez llegado a la clase de Aritmancia y la profesora dio su discurso de apertura, pero no repitiendo lo que los demás profesores y maestros decían, sino ir al meollo de la cuestión, a Harry le fue entregado como en Runas Antiguas, un examen para probar su nivel, pues se había saltado dos años de curso.
Para su decepción, la Aritmancia enseñada en la clase, iba a ser solo la numerología y sus usos. Como las matemáticas muggles.
Algo que no le disgustaba del mundo muggle debido a la importancia que éstas generaban a la hora de los negocios o la hora de administrar sus bóvedas.
Para cuando salió de la clase, lo hizo un poco decaído porque esperaba algo más difícil y que fuera un reto para él, pero a medida que iba viendo los únicos retos que le podrían poner a prueba eran Alquimia, Rituales y Nigromancia.
Clases que esperaba o que había probado con éxito hasta ahora. El problema que había con la Alquimia, era que al ser una clase relativamente nueva, le dieron dos horas a la semana. Un periodo corto de tiempo, pero como se tenía los fundamentos de las pociones, se podría aligerar los estudios de Maestro Flamel.
La siguiente clase de Harry, después de la comida era Nigromancia, con un profesor hosco y oscuro que en cuanto vio el único alumno en la clase, le hizo pasar a su despacho, para ahorrar espacio.
El despacho del profesor de nigromancia era oscuro y lóbrego, del cual había ciertos jarrones y jarras de cristal con ingredientes para rituales e invocaciones.
A Harry se le dijo que de momento y este año, la clase de Nigromancia sería en los fundamentos de la misma y solo pura teoría.
Puede que se aburriera, porque vería poca acción, pero la junta de gobierno consideraba prudente que a los niños de quinto a séptimo se le enseñaran como detectar nigromantes y que hacer en caso de que estos fueran hostiles.
Así Harry se pasó la hora estudiando los fundamentos y comparando esos fundamentos con lo que sabía él de los tomos que tenía en su biblioteca y que por suerte los elfos no habían quitado.
Los tomos que no habían sido removidos por orden de Ignotus, eran tomos que describían el significado de la palabra Nigromancia, nigromante, etc. también explicaba un poco más que los libros que le mandó el profesor de Nigromancia a Harry.
Había algunos rituales escritos en ellos, que constaban de sacrificios de animales vivos y alguna mención de un humano, para utilizar la magia de "muerte".
La clase de Rituales era parecida a los libros que tenía él sobre el tema y lo único que hicieron fue hablar de los distintos tipos de rituales de las festividades que había en la cultura britana, irlandesa y las antiguas culturas como la celta y la vikinga.
Eso a Harry le molestó, porque solamente eran los rituales que se hacían en los meses que llevaba un importante y antiguo cambio en la tierra o la cosecha.
Los rituales que él pensaba que se explicaría y se harían, era los de protección, invulnerabilidad, curación, etc.
No rituales que eran más para que las cosechas que se hacían fueran abundantes. Parecía una broma pesada, por ello levantó la mano y lo preguntó al profesor.
La respuesta fue que el mismo no los conocía todos, ya que encontrar un mago que supiera de los rituales que hasta hace poco eran prohibidos bajo pena de Azkaban, era en la teoría y práctica muy difícil.
A él se le ofreció el puesto de trabajo porque era un historiador y porque la siguiente opción que tenían era pedirlo al Concilio de los druidas y hechiceros, cosa que solamente pidieron un par de maestros, para aquellas artes que no encontraban magos o brujas capaces de realizarlas.
La última clase del día, resultó ser Artes Oscuras y por lo que veía de momento, el profesor le ponía las ganas, pero obviamente a Harry no le preguntó ni le mandó hacer tareas debido a su conocimiento del tema, algo que vio con malos ojos, pues que no mandara la tarea para mejorarse a sí mismo, dejaba ver en claro, que pensaba que no podía mejorar más su alumno de doce años.
La clase constó de las evaluaciones que el profesor les examinó el día anterior, elogiando a sus alumnos bastante por los conocimientos que tenían y que algún día, practicarían duelo entre ellos, para ver a qué nivel estaban, más o menos.
Dirigiéndose a Harry, le dijo que solamente duelo y nada de batallas improvisadas, a lo que el muchacho solamente sonrío un poco y le aseguró que se controlaría lo suficiente.
El resto de la semana fue parecido y Harry estaba volviéndose un poco de mal humor cada día, debido a la frustración que sentía.
Como las clases fueran así de simples para él, acabaría por examinarse de los EXTASIS en el ministerio de magia este verano y al siguiente seguir más tranquilo con su aprendizaje en la intimidad de su casa.
Seguramente a Maestro Flamel y otros maestros que Sarah viera oportunos enseñarle, no les importaría que fuera él mismo Harry, o ellos a donde sea preciso ir.
Lo que Harry no se daba cuenta, era que a él podría parecerle sencillo y fácil las clases debido al auto estudio que realizó, practicando el encantamiento que absorbía la información de los libros y la guardaba en sus escudos de Oclumancia, para posteriormente organizarlos como él quisiera.
Debido a ése problema o avance en su educación mágica durante más de un año, pudo asimilar mucha información que era a niveles superiores de los que enseñaban en Hogwarts, por eso, a veces Harry estaba de mal humor, debido a esa frustración.
La relación con sus amigos pareció aligerarse a medida que pasaba la semana. El enfado inicial que se cogieron Alphard y Corvinus se les pasó una vez que las chicas hablaron con ellos y que hablaran con Harry por separado, explicándole al joven hechicero como se sentían los chicos.
Era un poco frustrante que tuviera que actuar a veces como un preadolescente de doce años, pero era lo que era, así pues tenía que aprender a relajarse y a delegar ciertos trabajos o "misiones" como lo ponían, a los demás y no hacerlo todo por él mismo. Algo que su maestra vio bien, pues eso le enseñaría que no podía hacerlo todo él, pues no era un dios u omnipotente y omnipresente. También le enseñaría un poco de humildad y poder confiar en los demás, algo que aún trabajaba duramente.
La relación con Sarah fue enfriándose un poco, más le valía que en Hogwarts no hicieran nada indecente, aparte de los besos que se robaban cuando estaban al cien por ciento seguros que no pasaría nada y nadie les vería.
Sarah se tuvo que contener y no provocar reacciones a Harry, pues sabía y conocía los riesgos de acostarse y tener relaciones sexuales con su aprendiz en el castillo. Las salas de Hogwarts seguramente alertarían al director Powell y éste se vería en la obligación de hacerlo público, no sin antes investigar.
Pero si investigaba y descubría que eran consentidas por ambas partes, se vería en la obligación de compartirlo con el Concilio y tanto Harry como Sarah estaban seguros que la quitarían como su maestra y le prohibirían verla, hasta que Harry fuera convertido maestro.
Por esperar hasta que fuera Yule y ambos estuvieran una vez más en la mansión y en la intimidad de sus cuartos, no pasaba nada. Solamente tendría que esperar tres meses, en los cuales sí que tenía permitido hacer ciertas cosas intimas con ella misma.
Sarah pensaba internamente que se iba a parecer a los adolescentes que estaban continuamente en la intimidad de los baños o sus cuartos haciendo ciertas cosas que la naturaleza misma del ser humano, pedía al cuerpo.
Así pues Harry pasó su primera semana en Hogwarts en las clases con sus nuevos compañeros de estudios y Sarah la segunda semana, un poco menos preocupada por su aprendiz, pero más aburrida en el sentido que ella no podía hacer nada y veía poco a Harry.
Aparte del hecho de explorar el castillo o ayudar a los profesores y maestros en las vigilancias nocturnas, para que ningún estudiante estuviera fuera de sus dormitorios.
El fin de semana se anunciaba con un poco más de acción, porque serían los dos únicos días en los que Sarah y Harry entrenaran juntos y se pusieran al día.
Nota de autor 2:
El resto de la semana lo he tenido que acortar debido al hecho de que se hacía muy largo y subir solamente dos días y dejar los otros tres me parecía raro. Sé que no se debería hacer así, pero bueno, ahí está.
Prometo que para los siguientes capítulos habrá más acción y posiblemente llegue la trama de la Cámara de los Secretos.
Aquí dejo el horario de Harry para sus clases, no sé si se verá bien debido al formato que le he puesto, si hay alguna duda, no dudéis en preguntar.
Horario de Harry para las clases TIMOS
Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Horas/Minutos
Artes Oscuras
Transfiguración
Nigromancia
Artes Oscuras
Historia de la magia
2 Horas
Alquimia
Historia de la magia
Alquimia
Encantamientos
Runas Antiguas
1 Hora
Almuerzo
Almuerzo
Almuerzo
Almuerzo
almuerzo
15Minutos
Pociones
Aritmancia
Runas Antiguas
Aritmancia
Nigromancia
2 Horas
Comida
Comida
Comida
Comida
Comida
1Hora
Runas Antiguas
Nigromancia
Encantamientos
Rituales
Pociones
1 Hora
Encantamientos
Rituales
Transfiguración
Transfiguración
Artes Oscuras
2 Horas
Historia de la magia
Artes Oscuras
Aritmancia
Pociones
Transfiguración
1 Hora
Salvo las clases de Herbología y Astronomía, que Harry posiblemente se presente por libre en dichos exámenes y no tenga tiempo de estudiarlas en clases.
Un cordial saludo a todos y todas y hasta el próximo capítulo.
