¡Holas!

Reiterar una vez más que lo que va en cursiva son los pensamientos de Roxas; y las frases entre comillas son aquellas que diejron otros.

Decir que puede que no sean las palabaras exactas del videojuego porque no me lo sé de memoria, gomen.

---

CAPÍTULO 2

"Volveremos a vernos en otra vida."

Eso era lo que Axel le había dicho la última vez que hablaron, siendo aun Roxas. Pero no se lo decía al Roxas decimotercero miembro de la Organización, sino al chaval que pasaba las vacaciones en Villa Crepúsculo y trabajaba repartiendo cartas para poder ir a la playa.

Cuando pronunció esas palabras, Axel se refería (ahora lo había entendido) al momento en que Sora se despertara del sueño que debía reparar sus recuerdos; trastocados por las pequeñas manos de Naminé. A pesar de todo, no era esa una declaración de derrota. Tantas veces como se encontró con el elegido de la llave espada fueron las mismas que intentó recuperar al incorpóreo que tan bien conocía. Todos los miembros de la Organización XIII lo intentaron de hecho.

Por eso, aunque sólo fuera para que el trabajo no cayera en saco roto, Roxas estaba allí de nuevo, nacido por segunda vez como incorpóreo; después de años ligado a su primera existencia.

El lugar en el que se encontraba no le era familiar, ni tampoco extraño. Cuando por fin pudo tomar conciencia de ese cuerpo, lo examinó detenidamente. Notaba el aire entrar por su nariz y llegar hasta los pulmones para salir de nuevo por las fosas nasales después del intercambio de gases. Un corazón, el órgano físico, bombeaba sangre hacia sus venas. En el arrollador silencio escuchaba el pulso sanguíneo, en la absoluta oscuridad observaba su cuerpo. Las extremidades obedecían a sus deseos, se movían con firmeza y seguridad.

Donde fuera que se hallara, encontró una superficie reflectante. Allí se paró, para comprobar si la fuerza de sus recuerdos había perfilado el aspecto del Roxas que había sido antes. Y era él. Pero no del todo.

El cuerpo había crecido, los rasgos se habían perfilado y fortalecido; y a pesar de todo conservaba un algo infantil o andrógino que suavizaba ese aspecto adulto. El cabello ya no era tan rubio, si no que había adquirido un curioso reflejo rojizo. La voz (para cuando se atrevió a hablarle a la oscuridad que lo acompañaba) sonó con notas que no eran suyas; un cambio más allá de la gravedad que adquiere la voz de un muchacho que alcanza la madurez. Y sus ojos veían ensuciado el claro azul con una pincelada verdosa.

Se alejó de su reflejo, sintiéndose ligeramente traicionado. Sus recuerdos le habían jugado una mala pasada: tanto había pensado en Axel durante aquellos años, que sus deseos habían contaminado su memoria. Y ese era el resultado. Era Roxas. Pero también era un poquito Axel. Como el nuevo dibujo de un autor, que por muy original que sea siempre conserva un rasgo característico.

"El mundo empieza y termina en la oscuridad . Y lo mismo sucede con el corazón."

Esas eran las palabras que el sincorazón de Xehanort, bajo el nombre y la identidad el Ansem el Sabio, había pronunciado una vez. Y eran tan ciertas como el lugar en el que ahora Roxas se encontraba.

Kingdom Hearts había sido abierto años antes, y todo lo que contenía (corazones, luz, oscuridad) había sido vertido sobre los mundos, como el azul oscuro sobre el cielo nocturno. Los mundos se encontraban a la misma distancia que las estrellas unas de otras: inmensa e inalcanzable. ¿Qué habría sido de los incorpóreos en ese tiempo¿Habrían los corazones regresado a sus contenedores originales después de tan largo cautiverio¿Cómo habían evolucionado los mundos ya incomunicados?

El camino que Roxas debía seguir se presentaba difícil; pero siempre brilla la esperanza para quien tiene fe. Y en su esperanza brillaba la oscuridad, que daba inicio y fin al mundo y al corazón. A todos los mundos y todos los corazones. Si quería viajar entre ellos, debía seguir el camino sin luz de la oscuridad, guiándose a ciegas entre las más absolutas tinieblas.

Sin ningún miedo, Roxas empezó a caminar.

"Volveremos a vernos en otra vida."
Es una promesa que pienso cumplir.

Para los incorpóreos el tiempo no pasa; y por ello son incapaces de determinar como el flujo temporal va modificando el mundo. Para ellos no es más que un río que los envuelve y fluye con a velocidad constante; siendo las únicas rocas que no erosionan con el paso del agua embravecida.

Roxas sabía que sus pasos eran lentos; pero no era consciente de la horrible lentitud con la que avanzaba. Y que su camino era arduo y complejo; pero ni siquiera se daba cuenta de cuan difícil resultaba progresar. Porque al final siempre continuaba adelante, conquistando la oscuridad con sus pasos; torpes pero incansables.

Diez, cien, mil, millones de pasos torpes llevaron a Roxas a través de la oscuridad que envolvía los mundos. Y cuando por fin logró salir de ella, la luz del atardecer le recibió acariciándole una mejilla.

Estaba en un mundo entre medias, flotando entre la luz y la oscuridad. Villa Crepúsculo.

Las cosas habían cambiado; pero todo era tan familiar que Roxas no reparo en lo nuevo y lo desaparecido. Alzándose sobre todo la torre del reloj daba los cuartos. Con ese sonido en sus oídos, Roxas se encaminó hacia ella, recordando la silueta recortada contra la luz del ocaso, con el cabello rojizo y la ropa oscura.

En la puerta de la torre había un albacea. No conocía su cara ni su nombre; pero vestía el mismo uniforme que sus predecesores, declarándolo como vigilante del edificio. Roxas se acercó a él, probando de entrar por la puerta antes de constatar la necesidad de allanar el edificio por las puertas traseras; como había hecho siempre con Axel y después con sus amigos de Villa Crepúsculo.

–Disculpe... –empezó Roxas con la voz a la que aun no se había acostumbrado.

Pero el guardia no lo miraba. Dirigía su vista hacia arriba, rascándose la frente mientras sostenía la gorra con la otra mano con un claro gesto de desesperación y aburrimiento en su rostro.

–Un día de estos perderá el equilibrio y se matará –masculló entre dientes el guardia.

Roxas se acercó y miró hacia la altura. En el saliente del reloj, donde tantas veces se había sentado a comer helados de sal marina, había una silueta frente la luz del ocaso y al borde de la nada. Algo se retorció dentro de su cuerpo. Su cara debió mostrar un gesto raro; porque el albacea apartó la vista de la altura para mirarlo.

–¿Le conoces? –preguntó el guardia.

–Es posible...

–Hace años que viene aquí todas las tardes. Aunque le llamen la atención, lo multen o lo sancionen, regresa aquí cada día a la misma hora. Para cuando yo entré a trabajar los del ayuntamiento lo habían dado por loco y dejaron de prohibirle la entrada; pero yo temo que algún día se caiga y ¡PAM!, se acabó¿me entiendes? –explicó con amplios gestos de manos –. Si eso pasara sería yo el que me tendría que comerme el marrón y no es un plato de buen gusto.

–Muy probablemente lo conozco...

–¿Sois familia? –interrogó con visible interés.

–Amigos.

El vigilante se rascó de nuevo la cabeza y miró sobre sus hombros la plaza para ver si alguien reparaba la atención en ellos. Después, se acercó de nuevo a Roxas y le dijo entre susurros.

–Que quede entre tu y yo; pero ¿podrías hacer el favor de subir y bajarlo? Y de paso convencerle para que no vuelva. Ya sabes, para que no se haga daño y tal.

Roxas sonrió con picardía ante lo poco profesional del guardia, y en su fuero interno agradeció esa falta de profesionalidad. Con disimulo, el albacea abrió la puerta y dejó pasar al joven.

–El interruptor está a la derecha. Gracias por ayudarme –empezó a cerrar la puerta –y recuerda, que quede entre tú y yo.

Mientras subía por las escaleras, Roxas pensó que le daría un ataque. Sólo Axel sería tan testarudo y perseverante para conseguir que las autoridades le dejaran ir por libre. Creía que, cuando llegara arriba y viera su silueta contra la luz ambarina no podría soportarlo. Era demasiado tiempo. Había atravesado la oscuridad por verle (no le gustaba reconocerlo pero así era) y ahora temía ese encuentro. Por eso, cuando recorrió el último tramo de escalera hasta el punto donde tantas veces había contemplado la puesta de sol, lo hizo con los ojos cerrados.

Con el corazón latiendo en algún punto de su garganta, Roxas abrió los ojos, esperando ver la silueta de un hombre de pelo rojizo y ropa negra. Pero lo que vio fue un anciano de ropaje claro y cabello blanco, largo, recogido con una trenza.

La desilusión se apoderó de él al ver a aquel hombre mayor en el lugar que había ocupado su compañero; pero una vocecita dentro de su mente gritaba que no se equivocaba. Por eso, antes de emprender la retirada, se acercó unos pasos al desconocido y se aclaró la garganta. Ante aquel ruido, el otro se tensó, mostrándose alerta; pero no se movió.

–Disculpe... –Roxas se sentía tremendamente ridículo ante esa situación –Esto... ¿Usted conoce a un hombre llamado Axel?

El anciano se giró, revelando un rostro cansado y marcado por el tiempo. Tenía unas pequeñas cicatrices en las mejillas, como quemaduras y una mirada incrédula en sus intensos ojos verdes.

–Ya no respondo a ese nombre –declaró el hombre con una voz que sonó oscurecida aunque demasiado reconocible.

Si hubiera tenido alma, se le habría caído a los pies. Aquel hombre no era Axel. Y lo era.

La persona de la cual había surgido Axel, y a la cual había regresado cuando se abrió Kingdom Hearts, miraba a Roxas desde el punto más alto de la torre del reloj; situado frente la luz del ocaso y al borde de la nada.

---

Muchas gracias a todos los que leeis el fic y también a los que dejaís comentarios, me haceís muy feliz.

Espero que os haya gustado este capítulo, os lo dedicó a vosotros.