CAPITULO 25

- A la revelación de los hechos, pido por favor que tengan paciencia. En media hora, sino menos, daremos a conocer una nueva corte para juzgar y condenar los actos que se indican.- Dijo Titus dando un martillazo con su mazo en el platito de madera, causando un poco más de revuelo y levantando una sala de silencio alrededor para decidir quiénes serían los interrogadores.

Titus dio un suspiro cansado y se volvió a la jefa del departamento de seguridad mágica, la cual no se esperaba que Harry emitiera un voto de no confianza en contra de Fudge tan pronto. Imaginaba que cuando dijo que Albion estaba más cerca de lo que todos esperaban, pasaría un año a lo sumo, dos.

Al parecer se equivocó al pensar que Harry iría con tranquilidad en lo que respecta la política, pero a medida que iba avanzando, se iba ganando más enemigos. No es que fueran poderosos en política o economía, pero podrían intentar atentar contra su vida y la vida de su maestra. Merlín no lo quiera, pero también podrían atentar contra la vida de los amigos de éste y su pequeña sobrina se encontraba entre ellos.

- Amelia, ¿Cómo quieres proceder a partir de aquí?- Dijo Titus interrumpiendo el tren de pensamiento de la mujer.

- Si te digo la verdad Titus, no lo sé.- Suspiró pesadamente y miró a los Señores y Señoras que ocupaban sus asientos.

- Entiendo Amelia, pero como jefa del departamento de seguridad mágica, sabes que eres la principal interrogadora. ¿A quién quieres poner como segundario y terciario?- Preguntó con un rostro impasible, ya tendría tiempo la mujer de pensar en las consecuencias del voto de Harry, más tarde.

- Había pensado en Augusta. Ella siempre es justa, dura, pero justa. Te dejo a ti que escojas el tercero en discordia.- Dijo Amelia sonriendo ligeramente.

Titus no se lo pensó dos veces antes de responder a Amelia. Tenía claro a quien nominar.

- Harry. Nomino a Harry.

- ¿Estás seguro?

- Por supuesto Amelia. Te podrías sorprender del juicio que tiene. Además quiero ver cómo se presenta.

- Sabes que se presentara como Señor y como Emrys.- Dijo un poco confusa a cuanto la curiosidad de Titus.

- Oh, sí, pero quiero ver las reacciones de la gente.

- Está bien, si lo tienes claro, llamemos a los involucrados para informarlos.- Terminó la conversación Amelia, bajando la sala de privacidad y silencio que Titus había erigido.

Unos momentos después la cámara volvió a entrar en silencio para escuchar a quienes habían nominado.

Dos de ellos no podían ejercer como jurado, pues eran el ministro y la subsecretaria, por ello se tuvo que cambiar.

Para ninguno de los presentes fue una sorpresa cuando Augusta Longbottom fue llamada al estrado a subir y ocupar el puesto de Fudge.

Una sorpresa más grande, fue cuando el Señor Potter fue llamado para ejercer como tercero. Harry se sorprendió que le eligieran, pero no lo mostró en sus características, lo cual fue bueno para él.

Una vez subido en su sitio y recibiendo unas miradas de odio por parte de Fudge y Umbridge se sentó en lo que era el banco de la subsecretaria y no pudo evitar hacer una mueca de disgusto ante el olor dulzón de su perfume.

Con un gesto de la mano, hizo desaparecer ese olor y hacer que oliera a pino. Muchos de los presentes rieron por lo bajo ante la acción tomada de Señor Potter.

Amelia pasó copias de los documentos que tenían a los dos interrogadores nuevos para que les echaran un vistazo a medida que el juicio contra Fudge y sus… lacayos o pagadores iba marchando.

- Bien, comencemos.- Declaró Amelia carraspeando un poco para llamar la atención de los miembros. – Como interrogadora principal, Madame Amelia Bones, Jefa del departamento de seguridad mágica y Proxy para la casa de Bones.- Dijo Amelia presentándose formalmente, lo cual no pasó desapercibido por nadie.

Augusta miró a su compañera para ver si podía detectar cualquier indicio de lo que pretendía, pero como su cara era ilegible, decidió presentarse a continuación y esperar a ver qué pasaba.

- Como segunda interrogadora Madame Augusta Longbottom, Proxy para la casa Noble y Antigua de Longbottom.- Se presentó Augusta, cediendo el turno a Harry, quien sonrío a Titus, pues había descubierto su plan.

- Como tercer interrogador, Señor Potter, Jefe de la Casa Antigua y Muy Noble de Potter, Emrys, bendecido por el Concilio Druida-Hechicero y Aprendiz de la Maestra Ó Conaill en la magia de la antigua religión y la nueva.- Se presentó Harry sacando jadeos de sorpresa por los demás miembros y alguna que otra sonrisa de los aliados.

- Así que era eso eh Amelia.- Dijo Augusta sonriendo ligeramente.

- No sé de lo que me hablas.- Contestó la bruja, devolviéndole la sonrisa. Volviendo a la sala Amelia suspiró y empezó lo que sería uno de los juicios más largos de la historia de corrupción en el ministerio de magia.

Las preguntas empezaron sencillas, sobre todo a los infractores menores, tales como Nott, Goyle y Crabbe, los cuales sobornaron al ministro para que no subiera las tasas de ciertos negocios legítimos o para encubrir otros delitos de menor rango, que se pagaban con fuertes multas al ministerio de magia.

En el caso de Nott fue rápido y al grano, haciendo preguntas que no le incriminasen demasiado, pues era un miembro de la alianza Albion.

Al final para Nott, Crabbe y Goyle, tuvieron que pagar una suma de quinientos mil galeones cada uno al ministerio, como multa por hacer que las tasas no subieran y otros pequeños delitos.

El caso más fuerte y más duradero iba a ser el de Señor Malfoy, Madame Umbridge y Fudge. Por ello se decidió que el día, o al menos la mañana del sábado, se juzgara y condenara a los más sencillos, los que pasaban a ser los subalternos de Fudge el consejo de gobierno.

Tres horas y media después, junto con cinco subalternos condenados a dos años de prisión, en el ala de baja seguridad, para que los pobres no se volvieran locos con los dementores, Titus ordenó un receso para descansar e ir a comer cada uno a donde quisiera.

Harry, Augusta y Amelia se tuvieron que quedar en las cámaras del Wizengamot a ordenar lo que vendría después y decidir a quién juzgar primero.

- Harry, has estado inusualmente callado en la sesión, salvo por la pregunta frecuente a los subalternos y Nott. ¿Qué pasa?- Pidió Amelia algo preocupada.

- Oh, lo siento si he estado en silencio. Estaba atento a como dirigías los interrogatorios. Es la primera vez, que estoy aquí, después de todo.- Dijo sonriendo y rascándose la nuca un poco nervioso.

Amelia y Augusta no podían creer que Harry tuviera la decencia de decir que estaba aprendiendo de ellas al ser interrogador o como serlo. Eso estaba bien y al menos decía que el chico era modesto y siempre con ganas de aprender algo nuevo.

- ¿Y qué opinas, sobre quien juzgar después?- Preguntó Augusta a Harry.

- Lucius.- Dijo rápidamente y sin dudar un segundo. – Es decir, él va a ser uno de los que más tardemos en interrogar. Deberemos de buscar las palabras adecuadas al preguntarle. Intentará evadir todas nuestras cuestiones y por desgracia, no es un juicio por sangre, pues no se le puede administrar Veritaserum.

También estoy seguro que Madame Umbridge intentará algo cuando la vayamos a juzgar, por eso creo conveniente que sea mañana a primera hora. Y a Fudge el lunes, para que tenga más publicidad.

- Veo Harry que lo has pensado detenidamente. ¿A quién pensabas proponer como ministro de magia?- Preguntó con cautela Titus y Amelia no pudo más que asentir en acuerdo con él.

Harry lo único que hizo fue sonreír a Titus, algo que al hombre no le gustó para nada, estaba seguro que esa sonrisa significaba que el Concilio estaría otra vez involucrado y que al querer juzgar a Fudge el Lunes… solo significaba que un hechicero o druida con las características especiales para administrar el ministerio de magia saldría elegido.

De esos había pocos que pudieran hacerlo y mucho menos los que aceptaran el cargo en el Concilio.

Suspirando pesadamente Titus fue a hablar pero Harry se le adelantó pidiéndole que guardara el secreto y la sorpresa para todos.

- Entonces, creo que lo mejor será que vayamos a comer nosotros también. ¿Dónde vas a ir Harry?- Inquirió Amelia un tanto divertida.

- No tengo ningún plan realmente.

- Entonces vente con nosotras. Estoy segura que a Miranda y a Amanda no les importará que vengas. De hecho la Señora Black querrá aprovechar el momento para hablar contigo.- Dio por zanjado el tema Amelia sonriendo ligeramente.

Harry suspiró y aceptó la invitación de Amelia para ir con las Señoras a comer, había algo que no le gustaba en el asunto, dado que la esposa de Regulus tenía que hablar con él, y no estaba muy seguro de querer saber el tema.

En la comida, que resultó ser en un restaurante de lujo en el Callejón Aurum, las mujeres estuvieron hablando con Harry sobre diversos temas que le incomodaban un poco, sobre todo a la hora de preguntarle si le interesaba alguna chica.

Para Harry que tenía que mantener en secreto su relación con Sarah, sobre todo ahora que había hechiceros y druidas por doquier, no podía decir que tenía novia ya, sino le preguntarían quien era, de donde era, como se llamaba, cuantos años tenía, era guapa, etc.

Ahora que lo pensaba la madre de Cassie y Alphard lo miraba con los ojos entrecerrados y resoplando de vez en cuando. Las demás mujeres observaban divertidas en cuanto a la incomodidad del joven Señor.

- Creo que sería mejor si dejáramos de incomodar a Harry. El pobre no sabe dónde meterse.- Dijo Amanda Gaunt con una sonrisa amable en su rostro.

- No sé Amanda, creo que puede con ello. Además si puede emitir ciertos votos y donar tanto dinero para que la gente consiga puestos de trabajo, ¿Qué es un poco de tortura femenina para él?- Contestó Miranda un poco más fría de lo que quería.

Harry se estaba cansando rápidamente de la situación, si pensaba en ello no podía ser más complicado que hablar con Cassie. Lo mismo su madre, Miranda, pensaba que iba a acabar con su hija de novios o algo por el estilo. Lo mismo Cassie había escrito a casa pidiendo consejo sobre cómo llamar su atención. Lo mismo hasta incluso se le olvidó mandar una carta diciendo que no sentían nada el uno por el otro, salvo una inmensa amistad y el cariño que llevaba con ello.

- Miranda…

- Señora Black, Harry.- Intervino la aludida con un rostro serio.

Harry miró en ese y asintió con la cabeza en señal de acuerdo. Sus sospechas de que estuviera enfadada con él, se iban haciendo realidad. Tendría que tener cuidado con cómo trataba el tema.

- De acuerdo Señora Black.- Dijo Harry haciendo una pequeña mueca imperceptible para las damas. – Creo que tenemos que hablar de algo que le molesta. Y me parece que es sobre su hija, Cassiopeia.- Dijo Harry tanteando el terreno cómo podía. Al ver el asentimiento de la mujer, pero que no decía nada, miró al resto y las vio hablando unas con otras sin prestar atención a ambos, o al menos eso es lo que aparentaba.

Decidiendo que tal vez sería mejor una sala de privacidad, levantó con su báculo una rápidamente, utilizando la magia antigua.

Para ellas, sería como si no escucharan nada y tampoco es que pudieran bajarla ellas, pues no disponían de los medios para eliminar una sala usada con la magia antigua.

- Esta bien Señora Black, ahora podremos hablar más tranquilos.

- Adelante, Señor Potter.- Dijo omitiendo su nombre de pila.

- No sé lo que le habrá contado su hija, pues no le pido que me enseñe las cartas que manda a su casa. Eso es obvio, lo que puedo suponer es que le ha hablado sobre su enamoramiento de mí.

- En efecto y también sobre que no la haces caso y la ocultas hechos.

- ¿Hace cuánto le mando esa carta?

- ¿Es importante acaso? Has herido los sentimientos de mi hija.

- Sí, es importante. Y sobre sus sentimientos, he de decirle que lo hablamos y lo solucionamos.

- Hace una semana que recibí su carta. Estaba un poco impregnada en lágrimas. Sobre que lo hablasteis, ¿Qué quieres decir?- Preguntó un poco cautelosa.

Harry dio un suspiro largo y tomó un sorbo de su vino élfico. Un buen vino, ni demasiado viejo, ni demasiado joven. Lo justo para dar un buen gusto. Tal vez como decían los muggles, un crianza.

- Verás Señora Black, Cassiopeia tenía la esperanza de tenerme como novio, pero los sentimientos que ella tenía, al parecer eran erróneos.- Con esa frase se dispuso a contarle lo que pasó entre Cassiopeia y él en el claro donde estaba jugando y practicando un poco con la magia antigua y con la magia de las sombras.

Tras acabar el relato, al parecer la Señora Black parecía contrariada de que Harry hubiera robado el primer beso de su hija, para mostrar su punto.

- No estoy contenta contigo en el tema del beso. Entiendo que no tuvieras sentimientos amorosos con mi hija, entiendo que fuera difícil la conversación, después de todo estaba en el mes… más vulnerable para nosotras, sobre todo cuando empezamos. Pero no entiendo por qué no quisiste probar una relación con ella.

- No quería hacerla daño.

- ¿Qué no querías hacerla daño? Pero Harry…

- ¿Ahora soy Harry?- Dijo Harry con una sonrisa de medio lado.

- Sí, sobre eso, debo pedirte disculpas, sobre todo ahora que sé parte de la historia. Puedes llamarme de nuevo por mi nombre, si quieres.

- Está bien. No hace falta que te disculpes. Supongo que es normal para una madre, preocuparse por su hija.- Dijo Harry tomando otro sorbo del vino, por Merlín que estaba buena la bebida.

- Y entonces Harry, ¿Quién es?

- ¿Disculpa?

- Sí, la afortunada que tiene tu corazón.- Dijo un poco triste de que su hija no hubiera podido ser la afortunada.

Harry en ese momento decidió que no pasaría nada si le contaba a Miranda, después de todo no creía que le traicionaría yendo al Concilio a contarlo.

Levantando su báculo nuevamente, lanzó poderosas salas de privacidad, más avanzadas todavía, asegurando el lugar para que nadie les pudiera escuchar, en ese tema no venía de más ser precavido.

- Lo que te voy a contar, no puede salir de aquí. Es de suma importancia que no se lo digas a nadie, ni siquiera a Regulus, al menos hasta dentro de dos años.

- ¿No será algo malo? Me estás preocupando un poco.

- No es malo, pero tampoco bueno, según como se mire.

- De acuerdo, entonces. Dime, prometo que no se lo diré a nadie, puedes confiar en mí. Si mi hija ha prometido lo mismo, debe ser importante.

- En efecto lo es. La afortunada, como tú dices, es Sarah.

- ¿Tu maestra?- Preguntó un poco impresionada ante la noticia. – Pero te dobla en edad…

- Sí, mi maestra. Sí, me dobla la edad. Pero ella y yo nos parecemos un poco. Tal vez no mucho, pero un poco sí. Aparte la edad no es importante en el mundo mágico.

- Ciertamente. Pero dime como sucedió todo.- Pidió Miranda con cara de madre, una cara que no pedía, más bien exigía que le contara desde el principio.

Harry dio otro sorbo de vino y se preguntó si sería normal beber tanto en una conversación de ese tipo. Suponía que Miranda, como Amanda lo consideraba como a un hijo, no podía estar seguro de eso.

Después de unos segundos de silencio y de meditarlo, Harry le contó cómo empezó a surgir la relación entre Sarah y él. Como se dieron el primer beso, porque se gustaban o al menos por qué creía el que se gustaban, etc.

Después de un rato hablando de ella, Harry paró y le explicó por qué se debía ser cautos a quienes les decían de su relación.

- La relación amorosa entre Aprendiz-Maestra está prohibida por el Concilio. Es debido sobre todo al favoritismo que se pueda generar y sobre todo a que no sería justo o imparcial en cuanto el aprendiz se presentara ante el Concilio para obtener su maestría.- Explicó Harry con una mirada preocupada y comprobando poco después sus salas.

- Está bien, no diré nada. No me gusta la idea de guardar secretos a mi esposo, pero si me dices que es importante y que además lleváis una relación prohibida y a escondidas, te ayudaré.

- Gracias Miranda, por comprender y siento que no hubiera podido ser lo de Cassie.

- No te preocupes, Harry, estoy segura que ella encontrará a alguien que la haga feliz. Solamente quería aclarar el punto que no estaba claro. Me llamaras sobreprotectora, pero es mi única hija.

- No, en absoluto. Si tuviera hijos, estoy seguro que sería igual de protector.

- Esperemos que en un futuro los tengas. Seguro que serás un buen padre.

- Eso espero, eso espero.- Dijo suspirando un poco y terminando la comida que tenía en el plato.

Con un gesto de la mano, deshizo las salas, encantamientos y hechizos de privacidad que había levantado alrededor de ellos dos, ya que la conversación había terminado y al menos habían aclarado los puntos importantes.

Miranda todavía estaba un poco molesta con Harry por no haber pedido consejo en cómo tratar a su hija, pero si tenía que ser franca con ella misma, pensaba que la había tratado más o menos bien y con respeto y paciencia. Eso le quitaba un poco de molestia.

Por otra parte, ahora entendía algunas cosas cuando se hablaba de Sarah, eran novios o amantes. Bueno, tendría que hablar con ella en el sentido de… madre sustituta o… una tía sustituta, no sabía, pero lo que sabía era que hablaría con ella, como Regulus tendría que hablar con el pretendiente futuro de Cassie.

Las demás damas fueron lo suficientemente discretas para no preguntar cómo fue la conversación y lo suficientemente atentas para darse cuenta, que al menos estaba medio arreglada la situación. Al menos ya no había tensión entre ambos y se podía ver que Miranda ya no era distante y fría con Harry.

Levantándose todas y Harry como el caballero que era, pagó la cuenta de la comida, fueron dirección al ministerio de magia, vía aparición.

Miranda cogió a Harry para aparecerse con él, dado que no tenía licencia todavía. No es que lo necesitara, pues había otros medios para los hechiceros y druidas de aparecerse y al menos no tan incomodos como lo era la aparición.

Sentía como si le metieran a presión a través de un tubo pequeño, del tamaño de una pajita y después de un segundo lo expulsaran nuevamente en el destino.

Se le revolvía el estómago con ese tipo de viaje, si era sincero consigo mismo, prefería mil veces los trasladores y la red Flú a la aparición.

Una vez llegados todos a la cámara del Wizengamot, se fueron a sus respectivos puestos. Harry, Amelia y Augusta se situaron en las gradas de los interrogadores, Titus se situó en su puesto como Jefe de Magos e intermediario. Los demás Señores y Señoras en sus respectivos puestos, expectantes al juicio de Lucius Malfoy y pensando en cuál sería su castigo.

Muchos de ellos pensaban, con un poco de esperanza que acabaría pasando sus días en Azkaban por corrupción.

La mayoría de la Alianza, pensaba correctamente que se saldría con una fuerte multa y con una advertencia.

Los de la facción tradicionalista u oscura, como algunos la llamaban a dicha facción, pensaban que se saldría con la suya, solamente con un tirón de orejas.

La cosa estaba en su punto álgido de apuestas silenciosas entre los Señores y Señoras del Wizengamot. Una lástima que ellos en éste asunto no pudieran votar el castigo, que se eligiera solo entre los interrogadores, los cuales actuaban como jueces y el Jefe de Magos.

Amelia se aclaró la garganta y llamó a Lucius al estrado para ser interrogado bajo los cargos de corrupción y pagos ocasionales al ministro de magia, Cornelius Fudge.

La interrogación duró sus buenas cuatro horas, llevando a preguntas desde: ¿Cuánto dinero pasó al ministro? ¿Por qué se vio en la necesidad de pagar? ¿Cuáles fueron sus motivos para tal acto? ¿Sigue haciéndolo? Preguntas que Lucius evitaba con sencillez para no acabar en Azkaban y así evitarse un mal trago.

Durante todo el interrogatorio, Lucius Malfoy seguía con su enorme sonrisa dibujada en su rostro, lo cual molestaba a más no poder a Augusta y a Amelia, pero las preguntas eran las que estaban dictadas por ley.

Harry por el contrario no podía evitar sonreír ante las mentiras de Lucius o al menos las medias verdades. Si querían que se saliera al menos con una fuerte multa, tendrían que cambiar de táctica.

- Dígame Señor Malfoy.- Intervino Harry sonriendo ligeramente. – Se da cuenta de que estamos en pleno Wizengamot ¿Cierto?- Preguntó Harry, haciendo que Amelia y Augusta se miraran curiosamente.

- Sí, Señor Potter, me doy cuenta.

- Bien, pues mi pregunta es la siguiente. Según lo dicho por Señor Nott, se vio en la obligación de sobornar al ministro por las tasas en el mercado de Whiskey de fuego. ¿Usted hizo lo mismo que Señor Nott? ¿Sus intenciones eran iguales?

- Por supuesto. Mis intenciones eran semejantes a las del Señor Nott.- Dijo arrastrando las palabras, sin darse cuenta por el camino que iba.

- Si es así, tendrá que pagar una multa por sus acciones, pero dígame antes una cosa ¿Los sobornos citados anteriormente, como: pagos al ministro por obviar juicios prolongados a causa de su anterior juicio como mortífago, juicios sobre la malversación de fondos donados a San Mungo y el ministerio de magia, sobornos para que algunas de las leyes salieran con prioridad, obviando el proceso legal del Wizengamot y nuestras costumbres de votos y otros tantos sobornos citados, me quiere decir que la necesidad era parecida a la de Señor Nott? Imagino que no tendría ningún problema de pasar los juicios mensuales de la libertad… condicional que le pusieron, Señor Malfoy, después de todo usted estaba bajo la maldición Imperius.

Las donaciones a San Mungo, son de caridad, por supuesto, pero que volvieran exactamente la misma cantidad a sus bóvedas no me lo explico. El remitente era desconocido por supuesto y bien podría ser las acciones que tenga usted en el mundo mágico, pero es bien sabido por todos que los Malfoy tienen granjas de criadero de ganado.- Dijo un poco burlonamente Harry.

- Y ¿Cuál es su pregunta Señor Potter?- Pidió un airado Lucius, ya que sabía perfectamente que Harry no se creía ni una palabra de lo que decía, pues seguramente Regulus le habló de que él mismo era un mortífago voluntario. Lo mismo podría decirse de Nott.

- Mi pregunta es la anterior Señor Malfoy. Se vio en la misma necesidad que el Señor Nott, es decir, se vio en la necesidad de que sus "tasas" no subieran o lo hizo por codicia y mantener al ministro en su bolsillo, haciendo planes nefastos para el futuro.- Terminó de pedir Harry, reclinándose en su asiento y observando a la multitud de Señores y Señoras.

Al menos si no conseguía que Malfoy fuera a Azkaban, conseguiría que pagara una fuerte multa y su popularidad disminuyera en el Wizengamot. Eso era al menos una media victoria.

El hombre era demasiado astuto para no interrogarlo bajo veritaserum.

- Necesidad, diría yo. Es cierto que soborné para no ir a juicio, pero eso lo hicieron muchos de mis compañeros Señores y Señoras. Es más de una molestia y gasto para el Wizengamot. Dimos una donación generosa al ministro para evitarnos el mal… trago por así decirlo y los recuerdos de aquella época oscura.

Sí, necesidad fue de mantener las tasas bajas, para que nos pudiéramos enriquecer un poco más y sí, mis negocios abarcan más que las tradicionales granjas Malfoy. Lo de mantener al ministro en el bolsillo, creo que se equivoca. No era para tal cosa. Lo de las leyes, sí es cierto que obvié algunas, pero era en beneficio de mis compañeros y compañeras del Wizengamot, pues como sabrá Dumbledore y su gente quería matar nuestras tradiciones más… benignas, tales como Samhain, Yule, Beltane, etc.- Después pasó a explicar sus motivos "altruistas" para con San Mungo y la junta de gobernadores, que solo vio oro cuando su hijo entró en Hogwarts y era solamente para la casa de Slytherin. No para el castillo entero.

- Ahora deliberaremos el veredicto.- Anunció Augusta a Señor Malfoy, el cual solamente dio un leve asentimiento de cabeza.

Harry fue el que levantó las barreras de silenciamiento y salas de privacidad para deliberar sobre cuál sería el castigo más apropiado para Lucius.

Después de quince minutos discutiendo con las dos mujeres que se empeñaban en que no podía dejarlo pasar y acusarlo de todas las pruebas que tenían, pero que evasivamente Lucius negó, citando que los testigos no eran fiables o que no podrían ser llamados a un juicio, Harry intervino y les pidió que se le multase nada más.

- Pero Harry, una multa y ese hombre quedará libre.

- No te preocupes por eso.

- ¿Qué? No puedes ser serio.

- Lo soy Amelia, pero ya lo has oído. Vuestras preguntas y las mías las ha evadido lo mejor que ha podido. Asegurándose de que lo único que le pasara es pagar una multa.

- Sí, lo sabemos.- Intervino Titus sonriendo ligeramente. – Pero tú has plantado la semilla de la duda en aquellos neutrales que lo apoyaban. ¿No es así?- Preguntó Titus.

- Ciertamente. Cuando elijamos ministro de magia, vamos a necesitar la votación de algunos de los neutrales y que mejor estrategia que hacer quedar mal a Lucius a sus "aliados".- Intentó explicar Harry a las mujeres. – Aparte su patrimonio no es tan grande, después de pasarse once años sobornando al ministro con sumas desorbitantes.- Terminó la explicación Harry.

- ¿Y cuánto propones de multa?

- Lo mismo que con Señor Nott. Medio millón de galeones.- Dijo Harry dando su opinión y finalizando el mismo en la discusión.

Después de otros diez minutos discutiendo entre las dos mujeres y Titus, al final se aceptó la propuesta de Harry, de mala gana, pero se aceptó.

- Serás tú el que dé el veredicto.- Dijo una hosca Augusta, con asentimientos de Amelia.

Harry asintió ante lo dicho por Augusta y se volvió en la dirección de Lucius. Dejando caer las salas y barreras que había colocado, dio la vez a Titus para llamar la atención del Wizengamot, que esperaba con ansias el veredicto.

- Señor Malfoy, este tribunal ha deliberado que, como se ha expuesto con anterioridad, el hecho de que usted por razones de necesidad hubo sobornado al ministro de magia, se le multa con una suma igual que a la del Señor Nott. Ha de pagar medio millón de galeones al ministerio de magia.- Finalizó Harry, sorprendiendo a Lucius el cual creía que se iba a salir con la suya.

- ¡Pero Señor Potter! ¡Es una suma exorbitante!- Se quejó Lucius Malfoy al Wizengamot. - ¿Cómo puedo ser multado con tal suma? Soy inocente como se ha demostrado. No hay testigos que puedan declarar de mi culpabilidad.

- Es cierto, Señor Malfoy, pero si recuerda bien, usted ha declarado antes que lo que hizo, lo hizo como el Señor Nott, por pura necesidad. ¿O acaso lo ha olvidado?- Contrarrestó Harry recordando a Lucius lo que se había dicho antes de la deliberación.

- No, por supuesto que no he olvidado…

- Entonces, no se queje. Pagará la multa como Señor Nott. Ahora retírese a su asiento.- Ordenó Harry con un rostro serio y lleno de poder.

Lucius refunfuñando en la trampa que había caído por Potter, se fue a su asiento pensando en maneras de devolver el golpe y maneras de pagar la multa. Desgraciadamente sus activos monetarios no eran tantos como pretendía que fueran. Con el Lord Oscuro en el pasado, su familia tuvo que financiar una buena parte de la guerra, con los sobornos al anterior ministro y al actual para no pisar Azkaban, casi se había quedado sin dinero. Sus inversiones no daban para tanto, pues el mundo mágico en Bretaña tenía pocas empresas. No sabía cómo lo hacían algunas familias como los Potter, Black, Gaunt, etc. que no solo tenían mucho, sino que se habían hecho con los asientos de los fundadores, al menos Potter y seguía gastando dinero, tanto en Hogwarts, Hogsmeade, San Mungo y el ministerio de magia. Era imposible.

Titus sonrío ante la victoria y el mal humor de Lucius Malfoy, seguramente ese rubio no se lo esperaba, que tuviera que pagar por sus sobornos del pasado.

Ahora se daba cuenta del plan de Harry al dar un voto de no confianza contra el ministro de magia.

Solo esperaba que los siguientes juicios fueran un poco más… sencillos. Aunque temía que con Dolores Umbridge no sería sencillo. Si es cierto lo que había visto en los papeles que Amelia le había dado, no solo se enfrentaba a cargos por corrupción, sino que también a cargos de sangre.

Era muy posible que esos cargos solamente se fuera con un pequeño tirón de orejas y una corta estancia en Azkaban, pero al menos ganarían algo.

- El siguiente juicio es contra Madame Dolores Jane Umbridge, pero viendo lo tarde que se nos ha hecho, propongo una votación para posponerlo para mañana, domingo.- Propuso Titus, acertando en lo de la votación.

Al final todos votaron para posponerlo y que pasara la noche en las celdas de detención del ministerio de magia, junto a su amado ministro.

Dado que todos los Señores y Señoras, estaban cansados del día, pocos hubo que se quedaron rezagados para conversar.

Harry pudo ir sin ningún tipo de problemas hacia las chimeneas para coger los polvos Flú e irse a casa. Antes de entrar Regulus y Salazar le alcanzaron.

- Harry.- Dijo Regulus en un tono monótono que llamó su atención. – Espera un momento.

- Claro Regulus. ¿Qué pasa?

- Es sobre la elección a ministro.

- Dime.- Pidió Harry algo confuso.

- Amelia y Augusta dicen que ya tienes a alguien en mente para el puesto, ¿Es cierto?- Preguntó algo preocupado.

- Sí, lo es. Es un druida.

- Ah, gracias a Merlín…

- ¿Por qué? ¿Pensabais que iba a nominar a alguno de vosotros? Creí que un Señor podía ser ministro, pero debía renunciar a la política del Wizengamot y dar su asiento a un proxy.

- Y es cierto. Y si bien te apoyamos en todo, no nos gustaría… ya sabes.

- Sí, lo sé. No os preocupéis. Estoy seguro que seríais muy buenos ministros de magia, pero tengo al indicado. Es un muy buen administrador y es de fiar. Al pertenecer al Concilio, las propuestas que voy a sacar a continuación, estoy seguro que él nos la apoyará sin dudar.- Explicó Harry, cogiendo un puñado de polvos Flú y despidiéndose de ambos magos.

Cuando Harry regresó a la mansión Potter, salió de la chimenea cansado mental y físicamente del día. Si lo hubiera sabido que iba a ser tan agotador, no hubiera hecho lo que hizo en contra de Fudge, pero pensándolo mejor, era necesario para que los proyectos que tenía en mente, los proyectos de infiltración y cooperación entre ambos mundos mágicos, el mundo de los magos y el de los hechiceros y druidas, dieran sus primeros frutos y Albion empezara a florecer en las mentes de todos.

La estratagema que tenía planeada para evitar por un tiempo el tema de Dumbledore y el Torneo de los Tres Magos en Bretaña, se basaba sobre todo en desviar la atención de ello y aplicarlo en la corrupción de Fudge.

No era un plan muy bien elaborado debido al hecho de que cuando el tema se pasara y hubiera un nuevo ministro de magia, esos dos temas volverían a presentarse, pero al menos estaría preparado para ello.

Tenía la intención de retrasarlo lo máximo posible con sus propuestas en el Wizengamot. Suerte que Nicholas y él han estado planeando un tipo de suero o elixir que ayudase a las criaturas oscuras, nominadas así por el ministerio de magia actual, para que las ayudasen con los problemas que tenían.

Por ejemplo en el caso de los licántropos, si bien es cierto que Harry ya había matado tres de ellos, no tenía nada en contra suya y eran más que bienvenidos también en Albion, cuando renaciera. Tenía pensado crear un elixir que los ayudase con las transformaciones, haciendo que pasasen de involuntarias a completamente voluntarias y asegurando la dominación de la mente del mago, sobre la del lobo.

Era un proyecto difícil para ambos, pues exigía mucho tiempo que no tenían. Nicholas debido a las clases y las correcciones de trabajos que mandaba a sus estudiantes y Harry al entrenamiento, las clases, la política, dar el visto bueno sobre las inversiones que se hacían en Gringotts, etc.

Sacudiendo la cabeza ligeramente para sacarse esos pensamientos de momento, levantó la vista para encontrarse con una de las vistas más hermosas que había tenido el placer de observar en su corta vida.

Delante de él tenía a Sarah, vestida con un vestido de color azul oscuro, el pelo lo llevaba suelto y rizado, cayéndole por sus hombros.

Debía admitir que se veía bastante hermosa con ese vestido. Fijándose en su rostro, pudo observar que llevaba poco maquillaje, siempre pensó que se veía mejor sin él, la hacía parecer más natural.

Con una sonrisa fue a darla las buenas noches y saludarla correctamente, pero Sarah le hizo callar, colocando un dedo sobre sus labios.

- Bienvenido a casa cariño.- Dio la bienvenida Sarah, dándole un ligero beso en los labios y utilizando por primera vez palabras afectuosas como la que había dicho. – Te estaba esperando para cenar.- Terminó de dar la bienvenida.

Harry estaba sin habla durante un momento, hasta que pudo recuperar la compostura.

- Podría acostumbrarme a estos recibimientos.- Dijo Harry sonriendo y diciendo lo primero que se le pasó por la cabeza.

Sarah dio una ligera risa, un poco cantarina y sonrío a su amante-novio.

- Sí, si estuviéramos en casa siempre. Pero ya sabes que es temporal, por eso he querido que el primer fin de semana que estamos fuera de Hogwarts y llevamos la relación más allá, sea especial para ti.- Le dijo dándole otro beso, pero profundizándolo un poco más. Durante unos minutos estuvieron ambos abrazándose y besándose con pasión, dada la naturaleza de los besos, decidieron parar ambos, antes de que fuera un poco más lejos.

- Sígueme Harry, es la hora de la cena y quiero que me cuentes como te ha ido el día en el Wizengamot.- Pidió Sarah.

- Cansado, se podría decir que agotador. Pensé que la política no sería de ésta manera.

- ¿Qué quieres decir?

- Tuve un plan para que se pospusiera la discusión de la vuelta de Dumbledore y el Torneo de los Tres Magos.

- ¿Y de que iba tu plan?- Preguntó interesada, mientras le dirigía hacia el comedor, el cual estaba adornado con velas y flores.

Harry dio un suspiro y pensó que estas cosas debería hacerlas él, en vez de ella, pues una cena romántica, si bien no le desagradaba la idea, le molestaba que Sarah se tomara tantas molestias y no fuera al revés.

Sarah viendo que Harry tenía el ceño fruncido, pasó a explicar que a ella no le importaba que fuera quien hacía este tipo de cosas.

Si bien hizo la cena romántica, fue para enseñarle que de vez en cuando no estaría de más que Harry tomara su propia iniciativa.

Un poco más tranquilo y más relajado, Harry pasó a explicarla los motivos que tenía para que esos dos temas se pospusieran durante un tiempo.

- Entonces tú y la alianza habéis donado… muchos millones a las instituciones para que haya más contrataciones de los hechiceros y druidas, ¿Cierto?

- Sí, eso es en esencia. ¿Qué te parece?

- No está mal, pero te has parado a preguntarte si el pueblo hechicero-druida quiere exactamente eso. Es decir, es un paso gigantesco para infiltrarse en el modo de vida de la comunidad mágica y para que podamos cambiarles la opinión que tienen sobre nosotros y nuestra magia, pero ¿No crees que sea demasiado pronto? ¿Qué tal vez, se debiera haber hablado antes con el Concilio, para que éste lo exponga a los hechiceros y druidas del mundo?

- ¿Del mundo?- Preguntó Harry un poco confuso.

- Claro Harry, ¿Acaso creías que el Concilio que se reúne es solo de suelo británico? Es un Concilio internacional. Lo que pasa es que no todos asisten a dichas reuniones.

- ¿Y el título de Emrys… quien me lo ha dado?- Preguntó Harry, con dudas ahora.

- Por eso no te preocupes. El Concilio estuvo en su mayoría de acuerdo en nombrarte Emrys y está de acuerdo en su mayoría en salir a la luz nuevamente. A la vez en que están de acuerdo en el tema Albion.- Le dijo Sarah calmando las dudas que se le presentaban de repente. – Estás cambiando el mundo Harry y lo haces bien, pero ve un poco más despacio.

- Bueno, en eso hay un problema.

- ¿Cuál?

- Que necesitamos un druida o hechicero para que se preste de voluntario.- Dijo sonriendo ligeramente, no sabiendo si le gustaría saber a Sarah los planes que tenía.

- ¿Voluntario, para qué?

- Para ministro de magia.- Dijo tentativamente, haciendo suspirar a Sarah y mover la cabeza ligeramente.

La verdad sea dicha, no había pensado en que el Concilio no fuera solamente de Britania, sino que fuera de más países. Es más tampoco había pensado en la posibilidad de que los hechiceros y druidas no quisieran mezclarse con los magos y brujas del mundo mágico. Tenía tantos planes y tantas cosas por hacer y de hecho las estaba haciendo y viendo que se cumplieran, que había olvidado ponerse en la situación de su gente.

¿Quién hubiera pensado que hacer renacer una nación, caída hace tantos siglos atrás, hubiera de ser tan complicado? ¿Quién hubiera pensado que cambiar el mundo de forma pacífica o al menos intentar que sea de esa forma, sería tan difícil? Solamente Harry había pensado que no sería tan complicado teniendo aliados y poder político. El mágico también contaba, pero a una escala un poco más pequeña.

Harry no era de los que una vez salido de Hogwarts fuera a hacer carrera en el ministerio de magia, eso no le interesaba en absoluto. Tenía oro para aburrir y no saber qué hacer con él, por lo que el dinero no era un problema.

Si quería acción, siempre se podía meter en el circuito de duelo juvenil y luego el profesional. Pero tampoco era una opción que desease. No a Harry le gustaba ir al Wizengamot y hacer política, le gustaba pasarse las horas investigando y aprendiendo el día a día sobre la magia y la alquimia. También le gustaba entrenar. Tal vez lo que hiciera en su tiempo libre, una vez solucionase los problemas y las futuras guerras, que estaba seguro que vendrían, tal vez se dedicara a explorar el mundo y aprender de las culturas.

Saliendo de los pensamientos, se giró a Sarah y se disculpó con ella por no haber previsto lo que quisieran los demás hechiceros y druidas.

- No te preocupes por eso ahora, Harry. Lo hecho, hecho está. Lo mismo me equivoco yo y los demás celebran la libertad y vida que les ofreces, pero no puedes ignorar el hecho de que algunos estemos asustados, aunque sea un poco y algo cautelosos…

- No tienes por qué estar asustada, Sarah. Sabes que te protegeré de lo que sea y de quien sea.- Dijo Harry mirándola seriamente. – No dejaré que nadie te haga daño. Aunque, eso es complicado, ya que eres una mujer de armas tomar.- Dijo sonriendo un poco, viendo que le devolvía la sonrisa.

- De todas maneras, ¿Qué más habéis hecho en el Wizengamot?

- Hicimos juicios contra la corrupción del mandato de Fudge. De momento hemos juzgado a cuatro Señores, diez subordinados y todavía quedan unos cuantos jefes de departamento, Umbridge y Fudge.

- Vaya, sí que vas a estar ocupado estos días.- Dijo mirando pensativa. – Entonces ¿Nos quedaremos por más tiempo del previsto?

- Eso me temo. Mañana mandaré una carta al director Powell y otra al Sumo Sacerdote para hablar con él, acerca de lo del ministro de magia. También quisiera hablar con Maestro Flamel sobre el elixir que vamos a crear.

- Sí, sobre ese elixir ¿Para qué será? No me habéis dicho nada.- Dijo haciendo un mohín.

- Sabes te ves muy hermosa cuando haces eso… bueno lo del elixir es más bien un proyecto que no sabemos con certeza si funcionará. Necesitaríamos un año entero en la habitación del tiempo y el espacio para comprobarlo, por eso quiero hablar con él.

- Entiendo. Bueno ahora que hemos terminado con la cena, ¿Hay algo más que quieras contarme? ¿O pasamos al postre?- Le dijo relamiéndose los labios sensualmente.

- Al postre, creo que lo que queda, te lo puedo contar mañana.- Comentó Harry haciendo reír a Sarah.

- Está bien. Dobby trae el postre por favor.- Llamó Sarah, haciendo que un pequeño estallido, hiciera aparecer los postres que eran helado de fresa con virutas de chocolate y barquitos de hojaldre.

Harry alzó una ceja en cuestionamiento, pero no dijo nada. A primera impresión pensó que el postre lo tomarían en un sitio más privado como las habitaciones de Sarah o Harry, pero se tuvo que recordar que ella era la que más experiencia tenía en este tema y que si no quería meter la pata, debía tener paciencia y dejarse llevar.

Sarah disfrutaba confundiendo a Harry en esta cuestión, pues se notaba que esperaba una cosa distinta a tomar el postre realmente.

Después de terminar con el postre Sarah pidió a los elfos domésticos que les trajeran una bebida al salón del té, donde fueron a hablar de otros temas que no tuvieran nada que ver con la política y los negocios Albion.

- Dime Harry, has disfrutado de la cena.- Cuestionó Sarah sin preguntar realmente.

Harry miró a su copa de vino élfico, la cual pidió a Dobby que le trajera nada más y se volvió a Sarah.

- Sí, he disfrutado mucho de la cena y de la compañía. Sarah…

- ¿Sí Harry?

- No sé cómo decírtelo, pero…

- Dímelo sin más Harry, no creo que pase nada.- Dijo intuyendo por donde iban los tiros. Había pensado que estaba tardando en decirlo, si bien es cierto que ellos no usaban terminología cariñosa entre ellos, ella estaba segura que Harry al final, tarde o temprano le hablaría nuevamente de sus sentimientos por ella.

- Verás, lo que quisiera decir es que… te quiero.- Dijo la última parte susurrándola.

- No he podido escuchar la última parte, ¿Te importa si lo repites un poco más alto?- Pidió Sarah, realmente sin haberle escuchado bien lo que había dicho.

Harry en cambio no pudo evitar el leve sonrojo que tenía en su rostro y mirar hacia otro lado.

- He dicho.- Subió la voz a sus tonos normales de habla – Que te quiero, Sarah.- Dijo escuetamente Harry.

Sarah se le quedó mirando un rato, por si elaboraba más, pero viendo que no lo hacía, suspiró y pensó que sería más difícil de lo que pensó que sería en un principio. Bueno no tenía prisa por saber lo que sentía por ella.

- Yo también te quiero Harry.- Respondió Sarah levantándose de su asiento enfrente de él y sentándose a su lado.

Cogiéndole de la mano Sarah le dijo que no había prisa por declararse en amor y que entendía que tuviera ciertos temores a ser traicionado, a causa de su infancia.

Cogiéndolo de una parte del rostro, acercó sus labios a los de Harry y le besó tiernamente y despacio. Primero siendo un beso casto y sin lengua, para después convertirse en un beso apasionado y sus lenguas luchando por la dominación de la otra.

Entre caricias y leves gemidos por parte de ambos, Sarah le quitó la túnica que llevaba puesta Harry, para que tuviera más movimiento en sus propias caricias.

Harry no tenía que quitarle nada a Sarah, pues los movimientos los tenía libres. Si quería acariciar los senos o muslos de ella, bien podría meter la mano debajo del vestido.

Después de un rato besándose y acariciándose, se separaron para mirarse a los ojos del otro.

- Ven conmigo, cariño.- Dijo Sarah sonriendo ligeramente a su "novio".

Levantándose ambos del sillón, Sarah le cogió de la mano y lo llevó a su cuarto, donde pasarían la noche juntos, y llena de pasión entre ambos.

A la mañana siguiente Harry se levantó temprano y con una sonrisa boba en su rostro. Recordando lo que había sucedido la noche anterior, miró a su lado y no pudo evitar ensanchar la sonrisa de felicidad que llevaba.

Había pasado la noche por fin con Sarah y no se arrepentía de ello en absoluto. Fue increíble para él y esperaba de todo corazón volver a repetirlo. Seguramente a ella no le importaría volver a repetir las veces que hiciera falta, aunque sabía que no todos los días podrían tener relaciones sexuales, el que se fuera a dormir con ella o ella con él no implicaba lo otro y tal vez aceptara.

Bueno eso se lo preguntaría después, a la noche cuando volviera del ministerio de magia, ahora lo que quedaba era vestirse y pedir a los elfos que trajeran el desayuno a la cama, para que ambos lo pudieran tomar juntos.

- Buenos días amor.- Saludó con un somnoliento beso en la clavícula de Harry.

Bueno, tal vez no hiciera falta el desayuno todavía, pensó con una sonrisa Harry.

- ¿Qué tal has dormido, Sarah?

- Estupendamente. Lo de anoche fue… increíble. Estuvo genial.

- A mí también me encantó. Estaba pensando que tal vez…

- ¿Nos duchemos juntos?- Preguntó Sarah con una sonrisa sensual, lo que dio lugar a que Harry pensara que podría llegar más tarde de lo previsto al ministerio.

Con un esfuerzo sobre humano, tuvo que declinar la idea de momento, hoy sería el día del juicio de Umbridge y de los otros subalternos de Fudge, dejando al ministro para el lunes.

- Tal vez más tarde. Estaba pensando tener un desayuno los dos juntos en la cama, ducharnos e irme al ministerio.

- ¿Sabes Harry? La próxima vez evita decir que tienes que ir al trabajo y acepta de buen grado el ducharnos juntos. Por esta vez te lo perdono, pero la próxima, duermes en el sofá.

- Hecho. ¿Entonces quieres decir que podemos dormir juntos a partir de ahora?

- Si… bueno, si quieres que durmamos juntos por mí no hay problema. Pero solamente aquí, en la mansión Potter.

- Sí lo sé. Es un poco injusto que no podamos tener libremente nuestra relación.

- Solo es hasta que te nombren Maestro. Una vez que eso pase, podemos hacer de conocimiento común que estamos juntos.

- Lo sé.- Dijo dándole un beso apasionado y acariciándola nuevamente.

Al final, entre caricias y besos, acabaron nuevamente por tener sexo antes de irse Harry al ministerio de magia. Bueno, por un poco tarde que llegara no pasaba nada. De todos modos eran las seis de la mañana y la sesión no empezaba hasta dentro de tres horas, por lo que una ducha los dos juntos no podría tomar demasiado tiempo, ¿O sí?

Una vez duchados y desayunados, Harry se despidió de Sarah en la chimenea, justo a tiempo para dar las ocho y cincuenta de la mañana. Justo diez minutos le quedaban para ir al ministerio y entrar en las cámaras del Wizengamot, al final la ducha sí que tomó bastante tiempo, no es que se quejara, por supuesto. Una bella y hermosa mujer como su Maestra, no todos los días se ofrecía a lavarle la espalda y otros menesteres.

Tomando un puñado de polvos Flú y haciendo acopio de sus escudos de Oclumancia para que no se le notara en absoluto la felicidad que sentía, entró en la chimenea con rumbo al ministerio de magia.

Cuando llegó vio que Regulus y Salazar le esperaban a un lado, con el ceño fruncido se dirigió hacia ellos.

- Al fin llegas Harry. Parece ser que se te han quedado las sábanas pegadas hoy.- Dijo Salazar con una sonrisa.

- Sí, algo así.- Contestó Harry dejando ver una chispa de diversión en sus ojos.

- Bueno, ahora que estás aquí, será mejor que vayamos al Wizengamot, hoy nos espera bastantes casos que juzgar. Entre ellos a Umbridge.

- Sobre ella, se la dejará para el final, mientras que se juzga a los distintos jefes de los departamentos o para el principio.- Dijo, más que preguntar Harry.

- Para el final, antes de que se juzgue a Fudge. Hoy será sobre todo un día tranquilo y me temo que tu… estratagema para aplazar lo de Dumbledore y el Torneo, no funcionará mucho más.

- ¿Y quién ha dicho que no tengo más propuestas?

- ¿Tienes más?- Preguntó Regulus sorprendido.

- Por supuesto. Voy a pedir que se estudie los derechos de los licántropos, vampiros y gobblins.

- Eso es peligroso…

- Lo sé, pero con el apoyo necesario, podrá hacerse bien. Si es menester revelaré la carta de triunfo, por eso no os preocupéis.

- ¿Qué carta de triunfo?

- Se nos hace tarde, Regulus. Es mejor llegar al Wizengamot, antes de que se nos cierren las puertas. Te recuerdo que fuisteis vosotros los que acordasteis estar en el suspense de mis propuestas. Espero que no os echéis atrás. Como dije ayer, nos beneficiará a todos, tarde o temprano.- Explicó Harry mientras encabezaba la marcha.

Los otros dos no pudieron evitar lanzarse una mirada de preocupación. Si bien esa propuesta era válida para la alianza, debido a que tener los clanes licántropos y vampiros de su lado, sería un bono magnifico y grandísimo, era peligroso proponerlo ante el Wizengamot, dado que ambas partes, luz y oscuridad, se negarían rotundamente y estarían obligados a llevarlo a votación.

Una votación que estaría muy pareja, la verdad. Incluso con los asientos Ravenclaw, Slytherin y Gryffindor de parte de la alianza, aun tendrían que contar con los votos de los neutrales.

Ellos eran impredecibles y no sabrían si les apoyarían o no. Regulus personalmente, se preguntaba porque hacia esto Harry. Que motivos tenía para posponer la discusión de Dumbledore y el Torneo de los Tres Magos.

No creía que fuera por faltar a las clases de Hogwarts, ni mucho menos. Algo había que no les contaba Harry y eso a Regulus no le gustaba, aunque el beneficio después fuera astronómico. Es cierto que con la alianza entre todas las casas que se hizo a través de Harry, habían conseguido enriquecerse como nunca, gracias a sus consejos de dejar que los gobblins se encargaran de las finanzas y negocios de las familias. Pero no veía que otro beneficio podría llegar.

Salazar tenía un tren de pensamiento similar al de Regulus, salvo por el hecho de que sabía que Harry hacía lo que hacía por todos ellos y para que en el futuro, el futuro de los seres sintientes mágicos, fuera uno mucho mejor.

Salazar tenía que pensar en sus hijos y su esposa y si apoyar a Harry o Emrys como iba a empezar a llamarlo en broma, hacía que tuvieran un futuro mejor, entonces lo haría sin dudar y aceptando los riesgos que ello conllevaba.

Riesgos que ambos, Salazar y Amanda conocían, pues antes de alinearse con Harry lo discutieron profundamente y llegaron al acuerdo de seguir al joven hechicero que tan bien caía y que tan bien podría llevarlos a la sociedad nuevamente y hacer que las magias que estaban prohibidas por temor y perjuicios, fueran una vez más legales.

Al menos en el tipo de las magias prohibidas y rituales que las familias siempre hacían, fueron una vez más en el ámbito legal y eso a Salazar le entusiasmaba.

El Wizengamot una vez más se había reunido para dar proceso a aquellos acusados de soborno y corrupción, bajo el mandato del ex ministro Fudge. En un principio se iba a proponer que hubiera un ministro interino, pero viendo la velocidad con la que se juzgaba y condenaba las acciones, todas las facciones habían acordado silenciosamente no proponer a nadie para el cargo. Ahora no estaban muy seguros de ello, pues en las notas de Madame Bones, se decía que había muchos jefes y subjefes de departamento para ser juzgados. Era posible que tardaran días o incluso semanas en juzgarlos a todos juntos. Y por supuesto no había que olvidar la guinda del pastel, Madame Umbridge y el ex ministro Fudge.

La sección tradicionalista esperaba que fuera rápido los juicios de esos dos, pues muchos habían estado involucrados en ciertos temas que no querían que se aireara.

La sección progresista esperaba con ansias no disimuladas la destitución de Fudge, para poner a un ministro de los suyos y así poder hacer que Dumbledore volviera a Inglaterra.

Los neutrales estaban divididos entre la expectativa de un ministro de la sección de la alianza o de la sección tradicionalista. Lo que no querían era que un ministro que apoyaba los ideales de Dumbledore ganara.

Si el Señor Potter decidía convocar un favorito en nombre de su alianza, tal vez apoyaran la decisión de dicho Señor. Hasta ahora las propuestas estaban beneficiando a mucha gente y no podían esperar a ver qué pasaba.

Las horas pasaban mientras que un nuevo jurado convocado ésta vez por un miembro de cada sección iba llamando a los acusados al estrado.

Al principio fue un poco lento, por los acusados ser jefes de los departamentos más importantes o los departamentos que más dinero daba al ministerio, tales como el de juegos mágicos y el de control de criaturas mágicas.

Rara vez el Señor Potter se le veía intervenir por algún miembro de dicho departamento, para rebajarle la pena.

Es decir, las penas iban desde un mes en una celda de mínima seguridad en Azkaban a dos años de prisión en la misma zona.

Las celdas de baja seguridad, como el nombre indica, no es que fueran tan baja seguridad y no estuvieran vigiladas, sino que los dementores no iban por allí muy a menudo.

Era una zona exclusivamente vigilada por aurores y magos hit.

Harry tenía la oportunidad hoy de hacer planes por escrito en su asiento, así pues convocó una mesita antes de que la reunión empezara y se dispuso a trazar un estudio para poder revelarlo al final del día, cuando los juicios concluyeran.

Sabía perfectamente que los Señores podían intervenir si quisieran en el juicio, dando opiniones acerca de las condenas y demás. Harry no lo hacía si podía evitarlo, pero había algunos departamentos que entraban en sus planes inmediatos y otros que tendrían que ser destruidos o retirados, en cuanto a sus propuestas tuvieran un éxito mayor.

En lo referente a la propuesta de derechos de licántropos, vampiros y gobblins, estaba redactando un borrador con los derechos principales que quería que se les diesen. No por nada iba a proponerlo sin estar preparado y contrarrestar a los Señores que se le opusieran.

Imaginaba que serían los de las secciones tradicional y progresista, los que más oposición pudieran dar, por ello en otro pergamino y poniéndose en su lugar, hacia futuras preguntas, especulando sobre cuáles serían las más importantes y respondiéndolas lo mejor que podía desde su punto de vista.

Al final, Titus dio una pausa para ir a almorzar durante una hora, algo que estaba deseando, pues tenía la impresión de que el Sumo Sacerdote Powell vendría a verlo.

Nada más lejos de la verdad, cuando los Señores y Señoras salían, el Sumo Sacerdote le estaba esperando en uno de los bancos de la sala de espera del Wizengamot.

- Emrys, estaba esperándote.- Saludó con una sonrisa el sumo sacerdote Powell. – Tenía la esperanza de que pudiéramos hablar, mientras almorzamos.

- Por supuesto, Sumo Sacerdote. Será un placer.- Dijo Harry, excusándose con Regulus y Salazar, para que se excusaran en su nombre con los demás.

Cuando Harry y el Sumo Sacerdote estaban en uno de los restaurantes preferidos de Emeric, éste pidió un almuerzo para los dos.

- Ya verás Emrys, te va a gustar lo que he pedido.- Dijo con una ligera sonrisa.

- Disculpe Sumo Sacerdote, pero ¿Es él?- Pidió el camarero un poco cohibido ante la presencia de Emrys en su restaurante.

- Por supuesto joven, ¿Por qué lo pregunta?

- Es un honor que haya venido señor… mi padre, el dueño de este restaurante se alegrará de ver un Emrys en su local, ¿Puedo contárselo?- Pidió a ambos.

- Tú dirás Emrys. Es decisión tuya.- Dijo y vio como Harry dio su visto bueno enseguida.

- ¿Qué te propones Emrys?- Preguntó Emeric con una ceja levantada.

- Nada, solo quiero saber una cosa de la gente que no está en el Concilio interno.

- Entiendo, mientras tanto, ¿Qué era eso tan importante que querías pedirme? Sarah no me ha dicho mucho, solamente que hable contigo.- Dijo, viendo como Emrys cabeceaba en los momentos oportunos y sonreía abiertamente. Eso solo podía significar una cosa.

- Necesito un favor del Concilio interno. Es un poco delicado y tal vez la misión que cumpla el hechicero o druida, no sea… muy complicada para él o ella.

- ¿De qué se trata? No me dejes en ascuas.

- Necesito un druida o como he dicho anteriormente un hechicero, para que sea ministro de magia.- Soltó la bomba al Sumo Sacerdote, que lo único que hizo fue abrir los ojos completamente ante lo que le pedía.

No sería muy complicado dar con la persona adecuada, pues había una lista muy corta de gente que quisiera voluntariamente acceder al puesto.

No, lo que le intrigaba a Emeric era la finalidad de que uno de los suyos fuera ministro de magia, no entendía completamente del todo. Si bien sería un gran avance para ellos… si un avance y más.

Era la oportunidad perfecta de cambiar las mentes de los magos, era la oportunidad perfecta de infiltración, para poder fusionar en un futuro el Concilio y el Wizengamot juntos, dando un poder mucho mayor. Era la oportunidad perfecta para ver renacer a Albion.

Estaba casi conseguido y Emrys no era todavía más que un aprendiz… ¡Menudo aprendiz! ¡Era increíble lo que quería conseguir! Y tan solo estaba a un paso sencillo, la adquisición de un ministro que fuera capaz de gestionar correctamente el ministerio y el voto se lo diera sin dudar a Emrys.

- Tenlo por hecho Emrys.

- ¿Así, sin más?

- Por supuesto, me he dado cuenta por mí mismo lo que significaría.

- Me alegro Sumo…

- Emeric, llámame Emeric. Te lo has ganado.

- ¿En público también, Emeric?- Preguntó con una sonrisa divertida Harry.

- En el Concilio por nuestros títulos, aquí en el público general, por mi nombre y creo que pronto será tu derecho de llamarnos a todos por nuestros nombres…

- Bueno, no solo había el tema del ministro que quería decirte. También hay otro tema que es un poco… delicado.

- ¿Cuál? Sea lo que sea, el Concilio interno y externo te apoyará.

- Aunque no estéis de acuerdo.- Dijo sin preguntar Harry, un poco temeroso de la respuesta.

La respuesta que le fuera a dar, se la tuvo que guardar para otro momento, pues en ese preciso instante vino un hombre mayor, apoyado en un báculo de madera grisácea junto al camarero que los había entendido.

- Señores, este es mi padre Maximiliano Stone. Yo soy su hijo Dylan Stone. Padre, ya conoces al Sumo Sacerdote Powell, pero él.- Dijo señalando un poco tembloroso a Harry. – Es Emrys.- Terminó de presentar un poco temeroso y respetuoso a la vez.

El padre del chico se quedó extático observando atentamente a Harry, el cual se empezaba a incomodar, hasta que de pronto el anciano dejó caer el báculo al suelo, provocando que los demás hechiceros y druidas, algún brujo ocasional miraran en su dirección.

- Emrys, un Emrys en mi restaurante. Es un placer y gran honor.- Dijo causando un poco de revuelo entre la clientela que comenzaban a susurrar entre ellos. – Debo decir que me complace darle la bienvenida a mi restaurante y no puedo creer que haya conocido a un Emrys. Pensé que me moriría. ¿Es esto un sueño, Emeric?- Preguntó un lloroso Maximiliano.

- No, Max, es real. Él es un Emrys. Permíteme que te presente. Harry James Potter, bendecido por el Concilio con el título de Emrys. Él es Max, un buen amigo.- Dijo sonriendo divertido por la escena en el restaurante.

- Un placer, Maestro Stone.

- ¡Maestro! ¡Me ha llamado maestro!

- ¿He dicho algo malo, Emeric?- Preguntó preocupado de que hubiera metido la pata.

- ¿Te preocupa si has dicho algo malo?- Preguntó Dylan curioso.

- Claro que me preocupa, no quiero ofender a tu padre.

- Ninguna ofensa tomada, Emrys, es un honor que creas que soy un maestro, pero realmente nunca pude ser uno.

- Oh, lo siento. No lo sabía.

- No te preocupes. Solamente era conocerte Emrys, siento la interrupción. Una cosa antes que me vaya.- Dijo recogiendo su báculo y sonriendo tanto, que bien podría dividirle la cara en dos la sonrisa. – Cualquier cosa que necesite de mí o de mi familia, es bienvenido a pedir. Será un honor.

- Claro, lo tendré en cuenta, señor Stone.

- Puedes llamarme Max y en cuanto a la cuenta, estáis invitados.

- Gracias Max.- Dijo Harry un poco confuso ante tanto alboroto. Nunca se esperó que un hechicero o druida montara tal espectáculo. Ni mucho menos los que estaban todavía susurrando a sus espaldas.

Cuando el almuerzo llegó Harry y Emeric comenzaron a comer en silencio contemplativo, algo que los dos estaba cómodos. La razón principal de ver a Emeric había sido dicha y hecha, la otra razón era de ponerle al día sobre sus planes de estudio en Hogwarts. Pero eso podía esperar. También quería pedir consejo sobre el tema de la propuesta de los derechos de los vampiros, licántropos y gobblins, sobre todo ahora que había visto de primera mano, como un hechicero o druida había reaccionado ante él y su descubrimiento de ser un Emrys.

- ¿En qué piensas Emrys?

- Un poco de todo Emeric.- Dijo dando un suspiro leve. – No me esperaba que Max…

- Si, lo entiendo. Es un poco difícil ver como alguien que no conoces, pone sus expectativas y esperanzas sobre ti. Suele pasar también en el Concilio. Es mucha responsabilidad.

- Sí, lo sé y eso no me importa. Ahora que he conocido a Max, me pregunto sobre ciertas cosas que no sé y que quizás debería saber, antes de tomar ciertas decisiones que involucren a toda nuestra gente.

- ¿Cómo qué?

- Como por ejemplo, si lo que estoy haciendo es lo correcto y es lo que la mayoría quiere. Sé que es lo que yo querría para dar a todos una vida mejor y sin persecución, pero tal vez, haya gente que no quiera eso.

- No te equivoques Emrys, lo que haces está bien. Juraste darnos a todos la oportunidad de ver Albion renacer. Eso es algo que todos deseamos ver con nuestros ojos y que te apoyaremos en lo que podamos. También estamos contigo, nos guste o no, eres un Emrys y eso significa cambio en el mundo, para mejor. Que el anterior Emrys, Myrddin, no consiguiera traernos Albion, no quiere decir que tu vayas a fallar.- Explicó Emeric a Harry, haciéndole ver y entender que no tenía que preocuparse por la opinión de unos pocos. La opinión estaba bien escucharla y entenderla, respetarla, pero al final sería él quien decidiría hacer lo correcto para todos.

- Mi Maestra…

- ¿Sarah?

- Sí, Sarah.- Dijo Harry con una sonrisa de lado. – Me dijo ayer que tal vez me estaba precipitando un poco con las cosas. Que iba demasiado rápido en los planes y que tendría que ir un poco más lento.

- No sé cuáles son todos tus planes Emrys, pero de momento nos estás dando la oportunidad a todos de hacer historia en el mundo mágico. Nos estás dando la oportunidad de infiltrarnos, mezclarnos y trabajar todos juntos para que los magos dejen de temernos y cazarnos. Si bien es cierto que la caza de hechiceros y druidas ha terminado con el exilio de Dumbledore y las ejecuciones de los cazadores, todavía hay algunos problemas y percances menores. Tú mismo lo viste en San Mungo, que piensan que hacemos magia oscura al sanar a la gente.

- Sí, lo sé. Actualmente tengo una propuesta que dar en el Wizengamot y no sé si debo hacerlo o no.

- Dime de que se trata y trataré de aconsejarte lo mejor que pueda, Emrys.- Dijo con una sonrisa sincera Emeric.

- Quiero que se les de derechos a los licántropos, vampiros y gobblins. Es más para que se integren nuevamente y sin perjuicios a nuestra sociedad y podamos construir todos juntos Albion.

- ¿Qué es para ti Albion, Emrys?

- ¿A qué viene la pregunta?

- Solo contéstala.

- Está bien, Albion es una nación en la que no hay perjuicios ni persecuciones a los seres sintientes mágicos. Es un lugar, un hogar mejor dicho, para todos nosotros en el que podemos destacar como mágicos y vivir en una paz relativa.

Estoy al cien por cien seguro, que sin la prohibición de la magia y la enseñanza debida de la magia, los problemas de Lores Oscuros acabarán. Para mí Albion no sólo es una utopía, sino que es un santuario para todo el mundo y, déjame decirte, que estamos muy cerca de conseguirlo.- Terminó Harry de explicar lo que era para él Albion, más o menos. Por supuesto se dejó ciertas partes de la explicación en la cual no estaba seguro de cómo reaccionaría Emeric. Sobre todo la parte de los muggles, que él mismo no podía ver que formaran parte de dicha nación.

- Si eso significa para ti, Emrys, entonces lucha por eso. Para mí significa igualdad entre todos.

- Eso también.

- Déjame terminar.- Dijo riendo un poco. – Igualdad, respeto y compresión para todos los seres mágicos Emrys, algo por lo que hemos estado luchando mucho tiempo pero sin conseguirlo. Ya no sólo en Bretaña, sino en el mundo entero. Cuando juraste traernos Albion, pensé que era muy ambicioso de tu parte hacer tal juramento, pero ahora con los progresos que has hecho aquí y los progresos que no sabes que estás haciendo en otros países, ya sea por las acciones o negocios que tengas en ellos o por las acciones que tomas aquí y los demás países del mundo quieran copiarte, nos estás llevando poco a poco, hacia lo que juraste. Ahora, ¿Qué quieres decir con que estamos más cerca de Albion?

- Esa es otra parte de la que quería hablar. El año que viene, para cuando tenga que asistir a tercer año y mis EXTASIS, lo voy a pasar en el Wizengamot.

- ¿Y los EXTASIS cuando te los sacas?

- En el verano de éste año. Así en lo que sería tercero, puedo tener más tiempo libre para el Wizengamot, viajes que tenga que hacer y por supuesto, seguir con Maestro Flamel en su enseñanza corta sobre la alquimia.

- Entiendo, te rebajaría mucho trabajo. ¿Crees que podrás sacarte los mismos EXTASIS que los TIMOS?

- Sí, tendré ayuda extra en la mansión.

- ¿Sarah?

- No, mi ancestro Ignotus. Fue un nigromante en sus tiempos y él va a ser el que me enseñe el arte de la nigromancia en todo su esplendor.

- Ten cuidado. He conocido nigromantes a lo largo de mis años y puedo decirte que no es fácil ni bonito ese arte.- Dijo Emeric a lo cual solamente recibió una inclinación de cabeza por parte de Harry.

- Por cierto Emeric, aun no me has contestado a la pregunta de los derechos.

- Cierto, creo que estás yendo demasiado rápido en ese tema. Antes deberías contactar a los clanes o naciones, en este caso los vampiros y gobblins y pedirles su opinión al respecto. Déjalo para verano, tendrás más tiempo.

- Gracias Emeric. Tenía previsto lanzar hoy la propuesta, pero tanto Regulus como Salazar, no estaban muy…

- ¿Dispuestos?

- No, esperanzados en que consiguiéramos mucho con la aprobación de todos.

- Entiendo, ellos son tus amigos ¿Verdad?

- Sí, ¿Por qué lo preguntas?

- Por saber y ser conocedor. De todas formas, Augusta, también dice ser tu amiga, más que aliada. Ella es una buena persona, cuida esa amistad bien.

- Eso haré.- Dijo Harry con el entrecejo fruncido durante unos momentos. - ¿Y cómo están los Longbottom?

- Mejor, están mejorando a un ritmo muy rápido. Tal vez para Yule tu amigo Neville tenga a sus padres de vuelta. No completamente curados, porque eso tarda, pero al menos sí que reconocerán a su propio hijo y tendrán más palabras con él, que de lo que estaba acostumbrado.

- Gracias Emeric, seguro que para Neville es una buena noticia.

- Y para nosotros. Gracias a Augusta, hemos tenido trabajo en exceso.

- ¿Qué quieres decir?

- Augusta ha estado, publicitándonos, por así decirlo, a su círculo social. Hemos estado trabajando para familias asistiendo a partos, curando enfermedades, haciendo elixires más potentes que las pociones, etc. la verdad es que tenías razón.

- Me alegro de que sea así.- Dijo Harry bastante contento de que todo estuviera resultando ir bastante bien.

Con un tempus silencioso, vio que faltaban veinte minutos para acabar la hora del almuerzo y volver al Wizengamot.

Con un suspiro se levantó de su asiento, siguiéndolo Emeric. El Sumo Sacerdote le preguntó el porqué de su levantamiento.

Harry le dijo que quería estar un poco más temprano de lo previsto en el Wizengamot o al menos en el ministerio de magia, para dar la noticia de que los derechos, se atrasaría al menos hasta verano, aparte de eso, siempre venía bien saber las opiniones de todos, un poco.

Después de unos minutos de insistencia por parte de Harry en pagar la cuenta, algo que tenía en desacuerdo a Max y Dylan, llegaron al acuerdo que por ésta vez sería gratis, pero que tendría que venir más veces a comer o almorzar en su restaurante y traer gente.

Después de despedirse de Max y su hijo, prometiendo volver pronto a su restaurante, o al menos tan pronto como pudiera, Harry y Emeric volvieron al ministerio.

Emeric decidió acompañar a Harry con la excusa de querer hablar con Augusta sobre el estado progresivo de su hijo y su nuera. Aparte del hecho de darle las gracias por promocionar a los Maestros Sanadores hechiceros y druidas. Las cosas iban bien para el Concilio interno de Bretaña.

Cuando ambos llegaron al ministerio, Harry se despidió de Emeric con una inclinación de cabeza y mostrando el debido respeto a la posición de éste. Para Harry hacer esto significaba que muchos de los magos que pasaban por ahí, podrían verlo con sus propios ojos y aceptar de una vez por todas, que los druidas y hechiceros no eran malos.

Finalizando las despedidas corteses, Harry fue a la dirección en la que se encontraban Regulus, Salazar, sus respectivas esposas, los Greengrass, etc.

- Hola chicos.- Saludó alegremente y jovialmente Harry a todos, obviando nombres y posiciones.

- Hola Harry, de vuelta tan pronto.- Dijo Salazar con una sonrisa que le hacía brillar un poco los ojos.

- Sí, he tenido una conversación esclarecedora. Tengo una noticia que a Regulus le tranquilizará.

- ¿Y cuál sería esa?- Preguntó el aludido con una ceja arqueada y rogando para sí mismo que fuera lo de los derechos.

- Es sobre los derechos de los vampiros, licántropos y gobblins. Voy a retrasarlo hasta verano al menos.- Dijo Harry haciendo que Regulus suspirara aliviado. Salazar solo dio un rollo a sus ojos, no muy maduro para su edad.

La esposa de Regulus le preguntó a que se debía el cambio, pues la alianza ya estaba preparada para respaldar a Harry en el Wizengamot.

- No he tenido en cuenta lo que querrían los clanes y naciones. Quisiera visitarlos personalmente para pedir su alianza si quieren darla y para decirles que son bienvenidos a Albion cuando ésta renazca.- Dijo Harry mirando a todos pidiendo silenciosamente su opinión sobre el asunto.

- Eso Harry, es algo sabio. Si lográramos tener el apoyo de los vampiros y los licántropos, dándoles lo que nos has dicho. Entonces ganaríamos no uno, sino dos grandes aliados para la futura guerra.

- Ciertamente.- Dijo Harry apreciando que todos o casi todos estuvieran de acuerdo. – De todas formas, quisiera que lo discutiéramos más a fondo en la mansión o en algún otro sitio que quisierais reuniros.- Dijo Harry. – No todos estaréis de acuerdo y quisiera saber el porqué.

- Claro, no hay problemas. ¿Para cuándo querrías?

- Para el martes o el miércoles de esta semana. Tengo la intuición de que la discusión acerca de Dumbledore y la ICW van a durar días. Más aun va a durar más días la discusión del Torneo de los Tres Magos.

- No se te ve feliz de que se haga, ¿Por qué es eso? El Torneo trae gloria a la escuela en que se celebre.- Dijeron entre Amanda y Miranda, las cuales estaban de acuerdo en que se celebrara en Hogwarts.

- Si el Torneo hubiese sido resucitado por otra persona que no fuera Dumbledore, no me importaría apoyar la propuesta. Pero no puedo evitar desconfiar ante el hombre. Estoy seguro que tiene un objetivo oculto si quería que el Torneo resurgiera nuevamente.

- Eso es un poco paranoico, Harry. Él ya no puede hacernos nada, está exiliado, solo sabe Merlín donde.

- Ese es el problema Señor McKinon. Mucha gente subestima al viejo. Yo no.- Dijo Harry, pasando a otros temas, como quien sería el siguiente en la lista a ser juzgado hoy, y cerrando el tema del Torneo por el momento.

- Ahora se juzgará a Dolores Umbridge y mañana seguramente a Fudge. ¿Cómo llevas lo del candidato al puesto?- Pidió Amelia un poco preocupada de que no tuvieran un candidato para el puesto.

- Bien, mañana o esta noche tendré noticias acerca del Concilio interno.

- ¿Concilio interno? ¿Hay más Concilios?- Preguntó un aturdido Regulus, interviniendo en la conversación.

- Claro, en todos los países hay uno. Es como la ICW más o menos.

- Sorprendente. No lo sabía.

- Ni yo, me enteré anoche.- Dijo Harry sonriendo y dando una pequeña risa. – Hay muchas cosas que todavía estoy aprendiendo. Y eso es bueno.- Terminó, antes de que pasaran todos a la cámara del Wizengamot nuevamente y se sentaran en sus puestos.

Cuando todo el mundo estaba en sus asientos, Titus se aclaró la garganta y anunció que ahora sería el momento de juzgar a Dolores Jane Umbridge, bajo los cargos de corrupción, secuestro y asesinato de niños "medio humanos" como estaba establecido en el ministerio de magia, también se le acusaba de recibir soborno y amenazar a un Señor del Wizengamot sobre el parentesco entre ella y él.

Dicho Señor era, Señor Selwyn, el cual estaba algo preocupado de que se llegara a esa parte del juicio.

Harry sonriendo ligeramente, pensó que tal vez mataría dos pájaros de un tiro. Señor Selwyn era un poderoso enemigo en el Wizengamot y fuera de él, se especulaba que pasaba información a Voldemort desde dentro del ministerio de magia en la anterior guerra. También tenía tratos con ambas partes de las facciones tradicionalistas y progresistas y un poco de los neutrales.

Si la parte en la que le involucraba era suculenta, tal vez y solo tal vez, Harry podría llegar a un acuerdo con él, para que se salvara y su lealtad cambiara de lado.

Con su voto y los votos que le seguirían, la alianza Albion podría hacer y deshacer a su antojo en el Wizengamot.

- Aurores, traigan a la acusada Dolores Jane Umbridge.- Ordenó Madame Bones con un rostro en blanco, pero se le notaba que disfrutaría esto en exceso, tal como muchos de los miembros, que posiblemente harían cualquier cosa, para librarse de esa bruja en forma de sapo repugnante.

Nota de autor:

¡Hola de nuevo a todos y todas!

Aquí les traigo un nuevo capítulo, lleno de sorpresas o eso espero. Solamente aclarar ciertos puntos de éste capítulo y me despido hasta el próximo.

Creo conveniente meter la relación entre Sarah y Harry a un nuevo nivel, si bien puede que sea un poco temprano para que mantengan relaciones íntimas, es imprescindible en la historia.

Otra parte es la de los derechos de las criaturas oscuras. Eso es algo que no me gustó en los libros originales, que se tratasen a los licántropos, vampiros, gobblins, centauros, etc. de manera diferente, solo por ser diferentes. Harry ve que es su responsabilidad incluirlos en Albion con sus derechos y demás puestos en orden.

Para que sean incluidos en Albion, primero tienen que ser incluidos en Bretaña mágica y ser aceptados por la sociedad.

En cuanto a su conversación con Emeric, lo vi que tenía que pasar y porque no mejor incluir a un anciano que está feliz de poder conocer a Emrys.

El estado de los Longbottom irá mejorando y cuando tenga el capítulo de Yule aparecerán para quedarse como personajes secundarios. El tema Sirius todavía tiene que dar sus frutos, pero a los seguidores de este merodeador, les digo que aparecerá en el futuro.

Bueno esos son los puntos que quería aclarar sobre el capítulo. Con esto me despido y espero les guste el capítulo.

Un cordial saludo.