Nota de autor:

Lo primero de todo es decir hola de nuevo a todo el mundo y que todavía ando por aquí. Siento muchísimo haber tardado tanto en actualizar, pero debido a ciertas circunstancias he debido hacer un paro en la historia, pues estoy ahora mismo preparando unas oposiciones y tengo poco tiempo.

De todas formas todavía es temprano para que se acabe la historia y tengo un montón de ideas para que esto continúe.

Dar las gracias también es un factor, después de todo han sido todos pacientes y espero que les guste el capítulo, si hubiera alguna inconsistencia que no cuadre o cualquier cosa, no duden en decírmelo, para ver los errores.

Sin más dilación, dejó el capítulo y una vez más, disculpas por haber tardado tanto.

CAPITULO 26

Harry sonriendo ligeramente, pensó que tal vez mataría dos pájaros de un tiro. Señor Selwyn era un poderoso enemigo en el Wizengamot y fuera de él, se especulaba que pasaba información a Voldemort desde dentro del ministerio de magia en la anterior guerra. También tenía tratos con ambas partes de las facciones tradicionalistas y progresistas y un poco de los neutrales.

Si la parte en la que le involucraba era suculenta, tal vez y solo tal vez, Harry podría llegar a un acuerdo con él, para que se salvara y su lealtad cambiara de lado.

Con su voto y los votos que le seguirían, la alianza Albion podría hacer y deshacer a su antojo en el Wizengamot.

- Aurores, traigan a la acusada Dolores Jane Umbridge.- Ordenó Madame Bones con un rostro en blanco, pero se le notaba que disfrutaría esto en exceso, tal como muchos de los miembros, que posiblemente harían cualquier cosa, para librarse de esa bruja en forma de sapo repugnante.

Los aurores mencionados por Madame Bones hicieron una ligera mueca, temiéndose que esto pasaría. Suspirando pesadamente uno de ellos, asintió con la cabeza a su jefa del DMLE y se dispuso a obedecer la orden.

Pasaron unos minutos hasta que cuatro aurores trajeron a una bruja levitando entre ellos. La cara de Madame Bones era ilegible, hasta el momento. Uno de los Señores, más curioso que enojado por el tratamiento a la bruja, les preguntó porque la traían así.

- Tuvimos que aturdirla mi Señor.- Dijo uno de los aurores un poco avergonzado ante el tratamiento que les dio la bruja.

- Es cierto mi Señor, le dijimos que iba a ser juzgada por sus crimines y entonces enloqueció atacándonos como una vulgar muggle. Nos arañó y nos escupió, insultándonos y llamándonos traidores a la sangre. No tuvimos más remedio que aturdirla y ¡Nos costó lo suyo! ¿Quién pensaría que una mujer como ella, se movería tan rápido a la hora de esquivar?- Comentó el auror de más alto rango, mostrando claramente arañazos por el rostro y las manos.

El Señor se rio un poco, causando que los demás no tuvieran reparos en pronunciar su diversión.

Harry por el contrario miraba a la bruja que se quedó levitando enfrente de la silla y la mesa de acusados.

- Jefe de Magos.- Dijo Harry suavemente, llamando la atención de sus compañeros Señores y Señoras. – Propongo que se la ate a la silla con cadenas gruesas, para que no pueda ni escapar ni dañar a nadie.- Propuso Harry a Titus.

- ¿Están de acuerdo los demás Señores y Señoras?- Preguntó el aludido, con un dejo de diversión en su voz.

Ante el asentimiento de la mayoría, que no querían que la bruja diera un espectáculo de sí misma, Titus aceptó la propuesta del joven Señor y mandó a los aurores atarla a la silla, conjurando gruesas cadenas de hierro reforzado.

Una vez que la mujer estaba bien sujeta, sin posibilidad de hacer daño a nadie más, Madame Bones mandó a los aurores a que les miraran esos arañazos, por si acaso.

- Una última cosa antes de que se marchen, aurores. Tengan el favor de mandar sus repuestos y despertar a la señora Umbridge.- Mandó la bruja severamente a los aurores que se miraban unos a otros, como decidiendo quien sería el valiente.

Al final resultó ser el joven auror que habló primero el que tuvo que despertarla y desde una posición segura, le lanzó el encantamiento Enervate.

Los aurores salieron a toda prisa, causando más risas entre los presentes y ciertos comentarios como: ahí va nuestra élite, asustados de una bruja desarmada. Lo que causó la vergüenza de Madame Bones, ya que era la jefa del departamento de seguridad mágica.

Harry por el contrario, no se avergonzó de los aurores, pues cuando Albion estuviera una vez más en su máximo esplendor, los aurores y magos hit, pasarían a la historia, para darle la bienvenida a los antiguos caballeros de Camelot, el temible ejercito una vez poderoso.

Dolores Umbridge se despertó un poco desorientada, por lo que pudieron notar los miembros del Wizengamot.

- ¿Dónde estoy? ¡Que hago encadenada! ¡Exijo que se me libere! ¡Soy la subsecretaria del ministro Fudge, esto es ilegal!- Chilló con su voz aguda, haciendo que los Señores hicieran muecas de desagrado.

Harry suspiró profundamente y se dijo mentalmente que tenía que tener paciencia el día de hoy, seguramente esta bruja o sapo en el cuerpo de una bruja, interrumpiría constantemente su juicio. No es que la salvara lo que diga, pues tenían pruebas fehacientes de sus crimines.

Todos los Señores implicados en la corrupción junto a Fudge, habían renegado de ella en favor a que sus penas fueran más simples, incluso Señor Malfoy, dio por escrito muchos de los crimines que se le acusaba ahora mismo. Sí, iba a ser largo el día de hoy.

- Madame Umbridge, le pido que mantenga la compostura o nos veremos en la obligación de silenciarla.- Ordenó Madame Bones.

Umbridge por el contrario, seguía forcejeando en contra de sus ataduras y despotricando contra todos, llamándolos sucios mestizos, traidores a la sangre y otras cosas más hirientes.

Por desgracia, nadie la hacía caso y Señor Ogden no tuvo más remedio que silenciarla para proseguir.

- Gracias, Señor Ogden. Ahora pasemos a lo importante. Como interrogadores estamos Madame Amelia Bones, jefa del departamento de seguridad mágica.- Dijo pasando a su compañero el turno para que hablara. Harry vio con cierto interés como habían omitido los títulos que tenían.

- Señor Tiberius Ogden.- Dijo el que silenció a la bruja.

- Proxy de Gryffindor.- Dijo la esposa de Salazar con una sonrisa de suficiencia en su rostro. A Harry le gustó mucho esa sonrisa, por supuesto se veía claramente que a Amanda no le caía nada bien Umbridge.

Harry no estaba preocupado en cuanto al veredicto acerca de Umbridge, dado que una de las interrogadoras era Amanda, Proxy del asiento de Gryffindor. El otro, Señor Ogden no estaba seguro si sería aliado de Dumbledore, de los tradicionalistas o los neutrales y por supuesto, luego estaba Amelia, aunque ella actuaría más en condominio con la ley.

De todas formas sería bueno prestar atención aquí, puede ser que aprendiera algo interesante, para chantajear a Señor Selwyn, el cual se veía cada vez más inquieto.

Aunque si su instinto le dictaba correctamente, podría ser que al final perdiera los nervios con la mujer sapo, la cual se la veía claramente, aunque silenciada, estaba maldiciendo e insultando a todo el que estaba en el Wizengamot.

Tal vez, retarla a un duelo de honor y acabar con ella, sería más producente que esperar a que la condenaran por los delitos.

También significaría que Harry iba a por sus enemigos y con su muerte estaría mandando un claro mensaje a todos, recordándoles nuevamente para qué estaba aquí.

- Bien, Señor Ogden sería tan amable de comenzar usted, también pertenece al cuerpo del DMLE.

- Por supuesto Madame Bones, será un placer.- Dijo con una sonrisa afectuosa.

El hombre se preparó sus papeles con paciencia y parsimonia, algo que a algunos de los jóvenes molestaba, Harry estaba seguro que lo hacía a propósito y sonrió ligeramente ante el acto.

- Bien a la acusada, Madame Dolores Umbridge, se le acusa de corrupción, soborno, asesinato a…- Miró con el entrecejo fruncido ante las palabras insultantes que venía en el pergamino. – Siento decir lo siguiente, pero es como viene en el pergamino. A Híbridos semi humanos, y elusión de impuestos al ministerio de magia. ¿Cómo se declara?- Preguntó Señor Ogden a la acusada, la cual no podía hablar por el hechizo silenciador.

- Señor Ogden, la ha silenciado.- Dijo Amanda recalcando lo obvio.

- Oh si, tienes razón querida.- Dijo echando el contra hechizo en Umbridge. - ¿Cómo se declara?- Volvió a repetir, como si la mujer hubiera estado sorda en vez de silenciada.

- ¡Inocente! ¡De todos los cargos!- Chilló a pleno pulmón la mujer. Con una onda de varita, esta vez de la proxy Gryffindor, volvió a silenciar a la mujer.

- Gracias, querida.- Dijo Señor Ogden, tocándose con un dedo uno de sus oídos. – Parece ser que tiene muy buenos pulmones.- Dijo riendo un poco.

- Como la acusada se declara inocente de los cargos, procederemos a enumerarlos y a permitir que se defienda lo mejor posible.- Anunció Amelia, suspirando pesadamente, previendo como Harry, una jornada larga y tortuosa.

De momento Amelia comenzó con los cargos de menor rango, los que no eran delitos de sangre.

Esos cargos variaban desde dejarse sobornar por miembros de la comunidad mágica, miembros de los departamentos del ministerio, etc. también llegaba el caso de sobornos que hizo ella al ex ministro Fudge, el cual se le agrandaba la lista aún más.

Por parte de su propia defensa, Dolores alegaba que todo aquello era mentira, que seguramente algún traidor a la sangre o algún sucio mestizo como Potter, había hecho todo eso para inculparla.

El aludido, en este caso Harry prestaba más atención a la manera insultante que tenía la bruja para defenderse. Al parecer insultando a otras personas de la comunidad mágica y miembros del Wizengamot, estaba a la orden del día, sin temer las repercusiones.

Harry estaba muy tentado de desafiarla a un duelo de honor por todas las patrañas que soltaba su boca, desde que se metieron los sucios y apestosos hechiceros y druidas, que debían ser considerados criaturas oscuras, puesto que la magia era oscura, hasta llegar a insultar a miembros como los Gaunt, los Black, los Longbottom, etc.

No parecía que supiera defenderse con hechos y pruebas, aunque estas fueran falsas. No, su única defensa era los insultos hacia otros y decir que ellos eran los culpables. ¡Ni que tuviera once años, por el amor de Albion!

- Madame Bones.- Intervino Harry levantándose repentinamente y llamando la atención de los demás Señores que estaban susurrando fieramente sobre el patético caso de Umbridge.

- ¿Si Señor Potter?- Preguntó Amelia curiosa en cuanto a con que saldría Harry.

- Me temo, que estamos perdiendo el tiempo y el espacio con…- Dijo mirando con odio y repugnancia a la bruja cara de sapo. – Madame Umbridge. Creo que por su falta de coherencia a la hora de auto defenderse, tal vez sería mejor que la condenemos ya, con la evidencia que poseemos. Estoy seguro que si hay una votación, será condenada a cadena perpetua en Azkaban.- Dijo Harry, haciendo que Señor Selwyn aceptara de inmediato la sugerencia. Tanto él como muchos que no les caía bien la bruja y todos aquellos que se sintieron ofendidos e insultados por ella, aceptaron tal sugerencia.

Madame Bones intercambió miradas con la Proxy Gryffindor, la cual no veía problemas ante la sugerencia de Harry.

- Señor Potter, por mucho que podamos estar de acuerdo con usted ante tal sugerencia, temo que la ley no nos permite hacer eso.- Dijo Señor Ogden.

- ¿Por qué no, Señor Ogden? Quiero decir, ya se hizo una vez antes, y sin un juicio.- Dijo Harry fríamente recordando a todos la injusticia cometida contra su padrino Sirius Black.

Señor Ogden y muchos otros no sabían cómo responder a eso, pero la verdad era que se tenían que atener a las leyes del Wizengamot.

- Lo siento por el pasado Señor Potter, no todos estuvimos de acuerdo con las acciones tomadas a su padrino Sirius Black. Pero como he dicho tenemos que atenernos a las leyes del Wizengamot.- Recordó el viejo mago, sonriendo ligeramente, pero no llegándole la sonrisa a los ojos.

Demonios, él mismo acabaría con la bruja que había estado insultándolos y despotricando contra ellos por horas.

Harry aceptó de buen grado la contestación de Señor Ogden y cuando se volvió a sentar en su asiento, no pudo evitar escuchar lo que dijo Umbridge.

- Eso niño, siéntate y sé bueno. ¿O es que la puta sangre sucia de tu madre no te enseñó modales? Ah no, que no tienes. Igual al traidor de tu padre.- Dijo Umbridge, haciendo que el Wizengamot entero cayera en un silencio incómodo y completo.

Harry al escuchar el insulto no pudo evitar que un gruñido amenazante escapara de su garganta y sus ojos brillaran con el poder de la magia de la antigua religión.

Esa mujer, no ese monstruo se había atrevido a insultar a una persona que había dado su vida por unos ideales y creencias en las que creía ciegamente y porque gente como ella, tuviera una vida.

¿Qué has dicho, bruja?- Susurró amenazantemente Harry, pero se le pudo escuchar sin ningún tipo de problema.

- Lo que has oído Potter. Que la puta sangre sucia de tu madre…- No pudo terminar la frase porque un rayo salido de la mano de Harry casi la impacta de lleno en la cara, sino fuera por los reflejos rápidos del Jefe de Magos Ollivander, al crear un escudo frente a ella.

- ¡Emrys! ¡Tenga un control sobre sus emociones, por el amor a Camelot!- Gritó Titus a Harry en pleno Wizengamot, llamándole por el nombre que el Concilio le dio.

Harry se irguió en toda su estatura y agarró el báculo en su mano derecha fuertemente.

- Por las leyes antiguas del Wizengamot.- Comenzó, haciendo que muchos mirasen incómodos a lo que se refería.

La mujer Umbridge, había cruzado una línea que muy pocos se atreverían a cruzar, incluso por muy desesperados que estuvieran y era la de insultar directamente a un Señor. En el caso de ella, no solo había insultado a uno, sino que a varios de los que estaban presentes y por mucho que les gustase hacer lo que Señor Potter iba a hacer, no tenían el coraje suficiente para hacerlo o lo que harían sería rechazado o denegado por Umbridge.

- Te reto a un duelo de honor.- Terminó Harry, con su magia crepitante alrededor de él, protegiéndolo y cubriéndolo como una manta protectora.

La mujer, que no debía de tener muchas luces, sonrío al reto de Harry y aceptó el duelo de honor, pensando que el jurado y los miembros lo prohibirían.

- ¿Está seguro de lo que va a hacer, Señor Potter?- Pidió Amelia Bones.

- Por supuesto Madame Bones. Esa… arpía ha insultado a mi familia, amigos y aliados. Me siento ofendido y repugnado de solo estar en su presencia. Y como ha dicho Señor Ogden, hay que respetar las leyes del Wizengamot. Por la ley antigua, si un acusado insulta a un Señor, el Señor tiene todo el derecho a retar a un duelo de honor, lo cual significa que no hay segundos y es a muerte.- Explicó por si a alguno se le escapaba lo que implicaban dichos duelos de honor.

- Está bien Señor Potter. La señorita Umbridge ha aceptado su duelo, lo que significa que puede decidir cuando y donde quiere el duelo, Señor Potter. Como retador significaría que la retada elige, pero como creo que no entiende muy bien lo que está pasando y podría no presentarse en el duelo, se le deja a usted la decisión.- Dijo Amelia con un suspiro de cansancio, sabiendo que Harry querría batirse en duelo con ella ahora y en las cámaras del Wizengamot.

- Ahora mismo Madame Bones, y aquí, en las cámaras del Wizengamot. Con todos presentes.- Dijo Harry, como prediciendo lo que Amelia sabía y temía.

- Está bien. ¿Quién se anima como árbitro del duelo?- Preguntó a los Señores que estaban un poco confusos por lo que acababa de suceder. Esto no era normal que sucediera en el Wizengamot, de hecho era el primer duelo de honor en ser hecho en más de cinco siglos.

- Yo me ofrezco.- Dijo una voz sedosa y arrastrando las palabras, inconfundible para los miembros, de que era Señor Malfoy.

Harry sonrío sádicamente a Umbridge, que ahora estaba temblando un poco ante la perspectiva de perder la vida ante el mocoso Potter.

- ¡Pero no tengo varita!- Chilló de pronto la bruja, esperanzada de que se detuviera el duelo.

- Oh, pero que torpes de nuestra parte.- Dijo Harry volando hacia el estrado desde su asiento, con báculo en mano. – Aurores, desátenla y denle su varita, por favor.- Dijo señalando a los aurores que no se movían por temor a represalias de Amelia, Tiberius y Rufus Scrimgeur.

Ante el asentimiento de Scrimgeur, de que procedieran a lo dicho, los aurores desataron a la retada y le dieron su varita.

Acto después un escudo protector de Amelia y Titus se elevó entre los contendientes al duelo y Señor Malfoy.

Señor Malfoy se puso su varita en la garganta y su voz quedó aumentada, gracias a la magia.

- Señores y Señoras, bienvenidos a un duelo de honor, emitido por Señor Potter a la señorita Umbridge. El duelo es hasta que uno de los dos caiga muerto. Cuando esto suceda, el ganador se quedará con todos los bienes capitales y terrenales del muerto, haciendo honor al derecho de conquista en los duelos de honor. Empiecen.- Anunció Lucius, creando una fuerte barrera entre él y los contendientes. Ni loco estaría sin protección ante tal duelo. Si bien la barrera le protegería, también le permitiría tener un poco de visión para ver quién era el ganador.

Amelia y Titus levantaron una ceja ante las extremas precauciones del Señor Malfoy, dado que ellos ya se habían hecho cargo de levantar una barrera, Titus parecía divertido ante la idea de extrema seguridad de Lucius.

Al sonido del comienzo, los miembros del Wizengamot pudieron observar atónitos que Señor Potter no estaba haciendo un duelo, sino una batalla corta, pues la magia que expulsaba era sorprendente y desconocida para muchos de ellos.

Sorprendente porque era silenciosa y sin ningún tipo de movimiento que revelara el origen de la magia.

Desconocida porque no tenían idea de lo que estaba haciendo el joven Señor.

Titus sí que sabía la magia que estaba empleando Harry y no podía estar más que maravillado y temeroso ante el conocimiento que poseía.

Con solo tres hechizos, supo de inmediato que lo que quería era desfogarse y desquitarse en Umbridge, provocándola dolor.

Poco tiempo después, se vio con horror como la piel y músculos de Umbridge se separaron de su cuerpo, creando un espectáculo de sangre y gore. Lo más increíble era que todavía estaba viva, si los gritos de agonía eran un claro indicativo.

No duró mucho sus gritos, pues al no tener músculos ni piel, lo único que quedaba al descubierto eran los huesos y los órganos internos, que se mantenían en su sitio gracias a la magia de Harry.

Con un movimiento de su mano, éstos se desplomaron cayendo al suelo, creando otro espectáculo de gore.

Cuando Lucius Malfoy dio inicio al duelo, lo primero que pensó Harry, en dirección al a bruja, fue en darle dolor intenso.

Con ese pensamiento en mente, Umbridge cayó al suelo gritando de dolor y en agonía pura. Al parecer Harry no le dio tiempo a reaccionar.

Levantando la maldición, le lanzó una quebranta huesos, usando la magia nueva, dando en una de las piernas y haciendo que la bruja gritase, pidiendo clemencia.

- No hay clemencia, bruja.- Dijo Harry oscuramente. – Crucio.- Lanzó la maldición tortura, susurrándola y evitando que se escuchara.

No tenía por qué preocuparse, pues la maldición no era ilegal en este tipo de duelos ni en ninguno, ya que las imperdonables ahora eran legales utilizarlas nuevamente, como se catalogaron como magia oscura.

Harry estaba tomando la maldición tortura con tiempo, pero tampoco quería que se volviera loca la mujer, sino no tendría sentido hacerla gritar.

Con un gesto vago de la mano, la tortura paró y se levitó a la bruja con cara de sapo. Por un breve instante estuvo muy tentado de lanzarle un rayo a ver qué ocurría, pero había mucha gente inocente de la que preocuparse, de ahí a que utilizara su maldición que estaba siendo vista como su firma.

La que quita la piel de los músculos, pero ésta vez se pasó un poco ante la energía emitida e hizo como a los licántropos, le quitó la piel y los músculos, dejando ver los huesos y los órganos internos.

Dolores Umbridge murió poco tiempo después como su propio nombre indicaba, con muchos dolores.

Lucius se tuvo que contener por no echar el almuerzo en el suelo, lo que muchas Señoras y Señores no pudieron evitar y evocaron cubos para vomitar.

- Se… Señor Potter es el ganador.- Dijo sin aliento ante la masacre que vio enfrente de él. En momentos como ese, Lucius sintió un estremecimiento correr por su cuerpo entero, desde la punta de los pies, hasta la columna vertebral. Pensaba que su Lord, era un sádico y bastante cruel, pero éste Potter se llevaba el premio, si ambos se enfrentaran, no quería ni imaginar las repercusiones. - ¿Qué quiere hacer con el derecho de conquista?- Preguntó Malfoy a Harry, temblando con un poco de miedo.

- ¿Cuánto tenía?- Preguntó suavemente, claro indicativo que todavía estaba enfurecido por las ofensas de la bruja.

- No sabría decirle, solo que sus bienes alcanzan los doscientos o trescientos mil galeones.

- Entonces, lo donaré al ministerio de magia, para que el nuevo ministro lo administre como el vea.- Dictaminó Harry, no queriendo tocar ni un solo Knut del oro de Umbridge.

Harry bajó las barreras que protegían a Lucius y el resto del Wizengamot, para permitir a los aurores que estaban algo verdes y enfermos de la vista que los recibía.

- Pueden recoger cuando quieran. Yo he terminado con ella.- Dijo Harry sonriendo sádicamente. – Pido disculpas al Wizengamot, por lo que han tenido que presenciar. Temo que me he dejado llevar un poco.- Dijo Harry volviendo de manera normal a su asiento, es decir, caminando.

Tuvo que pasar un tiempo hasta que los miembros se recuperaron del pequeño espectáculo que vieron y para que los aurores, recogieran los restos de Umbridge y llevarlos en cubos y bolsas de plástico.

Titus, Amelia, Amanda, Tiberius y Lucius, se encargaron de ventilar el hedor dejado atrás por Umbridge.

Aclarándose la garganta, Titus dio por finalizada la reunión del Wizengamot, diciendo a quien le pudiera interesar, que de hecho, las pruebas que tenían contra la mujer la inculpaban de numerosos delitos incluyendo los de sangre.

- Si no se hubiera declarado el duelo, seguramente hubiera caído sus huesos en Azkaban.- Dijo Tiberius riendo un poco ante lo que había dicho y lo que vio de sus huesos caer en el suelo.

No muchos captaron la broma del viejo Señor, pero no era de muy buen gusto para algunos, que les recordaba todo el espectáculo.

Poco después los miembros del Wizengamot se retiraron a sus hogares, posponiendo el juicio de Fudge para el día siguiente, solo esperando que éste fuera un poco más inteligente que la mujer que habían visto morir el día de hoy.

En la salida Harry se encontró con varios Señores que lo felicitaron por el excelente duelo y muestra de poder.

Si la comunidad de magos, apreciaba realmente algo de sus Señores, era que éstos tuvieran un increíble poder mágico en bruto.

Por otra parte, Harry vio como se le acercó Señor Selwyn un poco nervioso y tembloroso. No era para menos, había visto morir a una bruja que se hacía llamar sangre pura y que decía que era más poderosa que Harry mismo, algo que obviamente resultó ser totalmente falso.

- Señor Potter, esperaba que, tal vez en un futuro, podríamos reunirnos usted y yo, para discutir ciertos asuntos que podría beneficiarnos.- Dijo pasándose la lengua por los labios resecos.

- Sería un placer, Señor Selwyn, pero como comprenderá, estos días estoy bastante ocupado. Tal vez le vendría bien el martes o miércoles.- Sugirió Harry tanteando el terreno. No podía mostrarse complaciente con este Señor, puesto que si lo hacía podría mostrar signos de debilidad y eso no le convenía, ni a él, ni a la alianza Albion.

- El miércoles será un día estupendo. ¿Alguna preferencia?- Preguntó indicando el lugar en cuestión de la reunión.

Con una sonrisa, Harry le indicó el restaurante de Max, en el cual estarían cómodos para su reunión y nadie les molestaría.

Con una sacudida de manos y una inclinación de cabeza, ambos Señores se despidieron y se encaminaron por caminos diferentes.

Harry fue a hablar con Regulus, Salazar, Miranda y Amanda. Pues los demás se habían apresurado en marcharse.

- Buen duelo Harry. Corto pero bueno.- Felicitó Salazar sonriendo ligeramente.

- Yo pensé que la ibas a matar directamente, una Avada hubiera sido más eficaz y no muchos se hubieran enfermado.- Aportó Miranda, viéndose un poco verde.

- Por supuesto.- Dijo Harry sonriendo ligeramente. - ¿En que estaría pensando en ese momento? Ah sí en hacerla sufrir.- Terminó de explicar con el rostro serio y sin ningún atisbo de sonrisa.

- Esa perra se merecía lo que le pasó y no hay vuelta de hoja, Harry, pero la próxima vez, no hagas que echemos la comida…- Aportó Regulus. – Vi que muchos no podían volver a mirar y los aurores, pobres.- Dijo negando con la cabeza.

- Hubo una que aguantó bien el tipo.- Dijo Harry mirando a Regulus.

- ¿Quién?

- Nymphadora Tonks. Hija de Andrómeda Tonks, antes Black.

- Ah, sí, ya sé quién es. Me sorprende lo resistente que puede ser ella, pero tiene los genes Black, después de todo.

- No digas eso Regulus, tu eres un Black y no aguantaste mucho.- Dijo con una sonrisa su esposa y pinchándole un poco.

- Normal, había comido carne con salsa de tomate y…

- ¡Basta! O te juro que te hecho el almuerzo aquí mismo.- Dijo tapándose la boca con la mano.

Harry se puso a reír junto a Salazar y su esposa durante unos minutos, viendo como el matrimonio discutía por el asunto un rato más.

- ¿Y ahora Harry, que vas a hacer?- Preguntó Regulus.

- Iré a casa a descansar un rato, posiblemente a entrenar. Estoy esperando la llamada de Emeric, para ver quién es el candidato o la candidata para el puesto de ministro.

- ¿Tienes mucha fe en que lo harán mejor que Fudge?

- Cualquiera lo haría mejor que ese.- Dijo Harry en lo que todos estuvieron de acuerdo.

Después de unas pocas conversaciones más, en las que salió el tema de los derechos nuevamente y Regulus le advirtió de que cuando fuera a ver los aquelarres vampíricos, llevara refuerzos, solo por si las moscas, se despidieron y cada cual se fue a su respectivo hogar.

Una vez en la mansión Potter, Harry le contó su día a Sarah, la cual escuchaba atentamente y aportando su opinión en los puntos álgidos de la sesión del Wizengamot.

Le contó sobre el restaurante de Max, lo que con una sonrisa le preguntó a Harry como estaba el viejo Max.

- ¿Le conoces?- Preguntó Harry, en vez de contestar a la pregunta de Sarah.

- Claro… ah, se me olvidó contarte. Si, Max es amigo de mi padre. Me acuerdo que siempre íbamos a verle al Callejón Aurum, disfrazados para que los cazadores no nos descubrieran. Siempre fue amable conmigo.- Dijo con una sonrisa melancólica, pues desde que se convirtió en Maestra para el Concilio, no tenía tiempo de hacer una visita al viejo druida. - ¿Cómo está?- Preguntó realmente interesada.

- Es simpático y su reacción al saber que era un Emrys fue digna de un retrato.- Dijo con una sonrisa alegre. – Además, también conocí a su hijo. Dylan.

- No te burles de él, Harry. Para cualquier hechicero y druida que se educó en las antiguas leyendas, conocer un Emrys es… impresionante. Imagino que su hijo también se impresionó.

- Si, se impresionó bastante. Aparte del hecho de que todo el restaurante también estuvo impresionado.- Dijo Harry asintiendo con la cabeza pensativamente, hasta que se le ocurrió una idea. - ¿Y acostarse con uno?

- Más impresionante.- Dijo Sarah dándose cuenta tardíamente de lo que dijo.

Con un golpecito en el hombro a Harry por haberla confundido y una risa de parte de éste último, salió corriendo de la sala perseguido por una hechicera que le tiraba bolas de pintura.

- ¡Pero Sarah, amor de mis amores, como me tiras bolas de pintura!- Dijo Harry riendo alegremente, antes de probar algo que estaba casi seguro de que iba a funcionar. Viendo una sombra delante de ella saltó a ella y desapareció, para aparecer por detrás de Sarah y emboscarla por la espalda y agarrarla en un abrazo de oso.

Suerte que el ejercicio físico de Harry en la sala del tiempo y el espacio, más todo lo que hacía a diario estaba presente, sino, sería Sarah la quien pudiera con Harry sin mucho esfuerzo.

También contaba los rituales que Harry hizo en su momento, algo positivo a la hora de al menos abrazar con fuerza a su novia secreta.

- ¿Cómo has hecho eso?- Dijo una Sarah impresionada y prácticamente llena de pintura, un vista realmente hermosa, para los ojos de Harry al menos.

- He estado entrenando con la magia de las sombras, y creo que voy dominando poco a poco ese elemento.

- ¿Magia de sombra…? Ten cuidado Harry, el elemento de las sombras es un elemento muy peligroso…- Advirtió con un poco de temor por su novio-amante.

- Lo sé, no te preocupes, lo tengo todo controlado.- Aseguró Harry, dándole un tierno beso y haciéndola unas pocas cosquillas.

Después de limpiarse las túnicas ambos y tomar otra ducha rápida juntos, fueron a comer al salón en el cual Dobby los esperaba con una enorme sonrisa.

- Maestro Potter ha vuelto.- Chilló el elfo feliz. - ¿Querrá maestro y maestra comer?- Preguntó dando saltitos en su lugar.

- Claro Dobby, será un gusto.- Dijo Sarah al elfo que se fue con un chasquido y la comida apareció poco tiempo después.

Los dos se sentaron a comer en relativo silencio, durante unos minutos. Harry le estaba dando vueltas a que hacer primero, tenía en claro que el día siguiente sería el juicio contra Fudge y después ¿Qué? ¿La propuesta de ministro? ¿Pero qué candidato o candidata estaría disponible?

Aparte de esos pensamientos, tenía los que estaban relacionados con Dumbledore. Él sabía que el viejo ahora tenía más tiempo para planificar lo que sea que su retorcida mente tuviera. Sí, Harry y su alianza también tenían más tiempo para ello y más libertad en eso, dado que el vacío de poder que dejó Dumbledore, lo estaba llenando Harry despacio, pero a pasos agigantados, aliándose con las familias correctas.

- Un galeón por tus pensamientos, Harry.- Dijo Sarah que se le quedó mirando mientras comía tranquilamente.

Harry le dio una sonrisa de medio lado y le contó un poco de sus preocupaciones, respecto a lo que vendría al día siguiente.

También le contó que al final, no propuso nada sobre los derechos de los licántropos, vampiros y gobblins, porque quería estar seguro antes de que los elixires funcionara para las especies de hombres lobo y vampiros.

Los gobblins, tenía una cierta idea de que estarían más que agradecidos con él, pero para que surtiera el efecto que él quería, las tres especies debían ir juntas.

Dando un suspiro, también le contó cómo había perdido un poco los estribos al retar a un duelo de honor a la bruja de Umbridge.

- Al final la mataste.- Acertó más que preguntó Sarah.

- Sí, la maté y si te preguntas si me arrepiento, la respuesta es negativa.

- No me lo preguntaba, porque yo hubiera hecho lo mismo, pero deberías pensarlo más fríamente la próxima vez. Algunos podrían decir que tienes más atributos de Gryffindor que de Slytherin.- Le dijo con una sonrisa torcida.

Harry solo asintió con la cabeza y soltó poco después una sonora carcajada, la cual Sarah se le unió poco tiempo después.

Después de la comida Harry y Sarah fueron a entrenar un poco los dos juntos, habiendo advertido a Dobby y los demás elfos domésticos de que era posible que el Sumo Sacerdote Emeric se presentara en la mansión.

Cuando eso pasara, los elfos estaban ordenados a advertir a Harry de inmediato, estuviese haciendo lo que fuese, por supuesto, con la excepción de la ducha.

Cuando Sarah y Harry salieron a entrenar, lo primero que hicieron fue dar vueltas a los terrenos de la mansión, disfrutando un poco de las vistas.

Después se dispusieron a hacer los ejercicios de estiramiento, para que no tuvieran problemas a la hora de ejercer sus músculos y demás.

Luego vino un poco de entrenamiento en reflejos, lo que quería decir que sacaron los maniquíes de práctica.

Éstos consistían en lanzar bolas de pintura a ambos y las tenían que esquivar, ya sea físicamente o mágicamente.

Después de unas horas de entrenamiento y viendo que estaba por oscurecer, ambos pararon un poco y decidieron que lo mejor sería ducharse por separado, en vez de juntos. No podían arriesgarse a que Emeric sospechara de su relación.

Su hermano era más abierto de mente y no tenía ningún tipo de problemas de que tuvieran una relación amorosa, pues un hombre y una mujer, conviviendo todo un año en una habitación y siendo similares en pensamiento y demás, era normal que se terminaran enamorando.

Cuando Harry salió de la ducha, vestido con unos pantalones de color negro y una camisa verde oscuro, haciendo jugo con las botas de piel de dragón negro, vio como las llamas se volvían verdes y de ellas salía Emeric, con el rostro serio.

Preguntándose qué es lo que pasaba, fue a recibirlo justo cuando Dobby llegó al mismo tiempo.

- Ya me encargo Dobby, muchas gracias por estar pendiente.- Dijo Harry sonriendo al elfo que se fue con una ligera inclinación de cabeza. - ¿Malas noticias?- Preguntó dirigiéndose a Emeric.

- ¿Eh? No en absoluto. Solo pensamientos impares y unos pocos susurros que me inquietan. ¿Dónde está Sarah?- Preguntó ásperamente, haciendo que Harry se pusiera en guardia silenciosa.

- En sus cuartos, imagino. Acabo de salir de la ducha.

- ¿Y eso?

- Ejercicios de entrenamiento. Reflejos, velocidad, resistencia, esas cosas.

- Entiendo.- Dijo asintiendo con la cabeza. – Tengo lo que me pediste.- Comentó dándole una lista corta de los candidatos para los puestos de ministro, subministro y subsecretario del ministro.

- Es interesante. ¿Son buenos en su trabajo?- Preguntó Harry, haciendo una seña para que fueran al salón del té, donde una tetera y tres tazas estaban esperando.

- Sí que lo son y debo añadir que están entusiasmados de poder trabajar junto a ti.- Dijo en un tono más relajado cuando vio aparecer a Sarah.

- Sumo Sacerdote… me pillaba que iba a la ducha ahora.

- Tranquila Sarah, esperaré hasta entonces. De todas formas tengo que hablar contigo y Emrys sobre unos asuntos.- Le dijo y ella se dio media vuelta con una cara confusa, sobre que asuntos serían.

Harry se temía lo peor y eso era que alguien los hubiese delatado. ¿Pero quién? Y lo más importante ¿Por qué?

- Espero que no sea nada malo, Sumo Sacerdote.- Dijo Harry refiriéndose a él por su título oficial y un rostro serio, lo cual Emeric se dio cuenta al instante.

- Eso depende de lo que me digáis. Cambiando de tema, Madame Longbottom me ha comentado lo que hiciste a esa mujer de Umbridge. Felicidades, nos hemos quitado a una impulsora de leyes contra nosotros.

- Sí y creo haber ganado un aliado también.

- ¿Quién?

- Señor Selwyn. Al parecer no se llevaba nada bien con la bruja, que decía estar emparentada con su familia. Apuesto a que era mentira.

- Yo apostaría lo mismo.- Dijo secamente, algo que a Harry le estaba sacando poco a poco de quicio. Al parecer Emeric vino a entregarle la lista de los candidatos y a hablar sobre algo. Solo esperaba que Sarah no tardara en salir de la ducha y lo descubrieran, más pronto que tarde.

Como si ella hubiera leído sus pensamientos, apareció vestida con unos pantalones de chándal y una camiseta de manga corta.

Gracias a la magia de la mansión Potter, no hacía falta ponerse ropa de abrigo dentro, pues los hechizos de calentamiento y las chimeneas se encargaban perfectamente de mantener cálidos a, tanto visitantes como huéspedes y dueños de la mansión.

Dando los saludos corteses, se sentó al lado de Harry, pero en otra butaca y se sirvió una taza de té.

Harry que no había tocado la suya, llamó a un elfo y le pidió que trajera un poco de Whiskey de fuego, pues le apetecía más algo fuerte para la conversación que temía.

Emeric vio como aparecía un vaso de color ámbar enfrente de Harry y éste se lo llevó a los labios para saborear el líquido.

- Dinos, Emeric.- Dijo Harry seriamente al Sumo Sacerdote que se vio un poco impresionado al escuchar ser llamado ahora por su nombre de pila, lo cual no entendía. - ¿A qué se debe realmente tu visita?- Preguntó arrastrando un poco las palabras y mirándolo fríamente.

Un escalofrío pasó por la espalda del Sumo Sacerdote y se recordó a sí mismo que no estaba tratando con un niño ordinario y corriente. Que era el mismísimo Emrys que habían bendecido en el Concilio. Tragando un poco de saliva y tomando un sorbo de su té, empezó a hablar.

- Me han llegado acusaciones graves de que ambos están en una relación… prohibida.- Empezó con la cara seria mirando a ambos.

Si los dos se sorprendieron o enfadaron de que alguien hubiera hecho tal cosa, no lo demostraron, por el motivo de engañar al Sumo Sacerdote.

Harry no iba a dejar que nadie, absolutamente nadie, le quitara a Sarah y si para ello tenía que mentir al Sumo Sacerdote, que así fuera.

- ¿Y quién sería ese alguien?

- No puedo decírtelo Emrys…

- ¿No?- Preguntó nuevamente, haciendo que la temperatura en el salón del té disminuyera a pasos agigantados. – Creo que no nos entendemos del todo Sumo Sacerdote, si estamos siendo acusados, ¿No tenemos el derecho de saber quién es nuestro acusador?- Preguntó más frío de ser posible.

El Sumo Sacerdote tragó saliva, un poco incómodo ante la reacción de Harry y decidió ser sincero en el tema.

- Mira Emrys, personalmente me da igual si estáis en una relación amorosa o no. Pero el resto del Concilio interno y externo, no lo puede ver así. Así que necesito que me digáis con sinceridad.- Dijo haciendo un gesto vago con la mano, dando presumiblemente a entender que lo que le dijeran, se lo creería. – Sí estáis en una relación.- Terminó finalmente Emeric.

- No, no estamos en una relación, Sumo Sacerdote.- Dijo Sarah mirándolo fijamente.

- Bien, no hace falta decir más.- Dijo un poco más calmado. – Ahora, extraoficialmente… sé que estáis en una relación. Solo os pido discreción al respecto.

- Si lo sabes, ¿Por qué no nos delatas?- Pidió Harry, omitiendo el hecho de cómo se habría enterado.

- Para mí lo más importante es cómo te has enterado, Sumo Sacerdote Powell.- Dijo Sarah obviando ahora el hecho de que le acababan de mentir para que mintiera al Concilio si había preguntas.

- Y tener tu enemistad y furia eterna, no gracias. Además tú eres Emrys, eres el que más ha hecho por la comunidad en más de mil años que todos nosotros juntos. ¿Por qué debería delataros?- Contestó la pregunta de Harry, haciendo caso omiso a la de Sarah.

- En cuanto a la tuya Sarah, no es tan difícil darse cuenta. Aparte del hecho de que estuve hablando con mi hermano. Él me contó que tenía sus sospechas y viéndoos interactuar o como habláis uno del otro, veo que habéis caído en el amor.- Terminó de explicar Emeric, tomando otro sorbo de su té.

Mientras tanto Harry pensaba furiosamente en lo que se había hablado en el corto tiempo que Emeric estaba presente, podría ser que tuviera un punto y que no los delatara, pero eso no quería decir que no fuera a rendirse en sonsacarle quien había sido el que los denunció directamente al Sumo Sacerdote.

- Tiene un punto, Harry.- Dijo Sarah mirando hacia Emeric, un poco intrigada en la cuestión de que se saltaran esa norma específica solo por Emrys.

Era cierto que él había hecho más por los brujos, hechiceros y druidas que ningún otro y que estaban a un paso de conseguir el sueño de Albion, pero tenía que haber algo más.

- Sí, lo tiene. Ahora me gustaría que me miraras a los ojos. Oficialmente no me vas a decir nada, pero extraoficialmente, puedo sacártelo.

- ¿Crees en serio que puedes ganar una batalla legeramántica contra mí?- Preguntó un poco sorprendido y no molesto por la insinuación.

Harry solo sonrío ante su pregunta y conectó su mirada con la de Emeric. Lanzando silenciosamente un Legeremens se metió en la mente del druida y le sacó sin que se enterara la información.

El método de Legeremancia que empleaba Harry era muy diferente al que se utilizaba. Él no tenía por qué hacer el hechizo, pues ya tenía práctica con los muggles. Tampoco es que utilizara el medio habitual, sino que utilizaba una mezcla de su propia magia, la de la antigua religión y los métodos tradicionales de Legeremancia.

Al lanzar el Legeremens silenciosamente, lo que hacía era meterse en la base de la mente y desde allí, utilizaba sus propios métodos, que eran más sigilosos a la hora de buscar los recuerdos.

Al final descubrió quien fue el que los denunció y no es que le causara ninguna sorpresa, pues la letra era muy parecida a la de Draco Malfoy.

- Así que ha sido Malfoy. Me pregunto cómo se enteró.- Dijo Harry a dos muy sorprendidos Maestra y Sumo Sacerdote.

Cada cual estaba sorprendido por razones diferentes, Sarah se preguntaba cómo diablos se enteraría el niño sobre su relación y Emeric se preguntaba, hasta qué punto el poder mágico de Emrys alcanzaba. Ni siquiera se había dado cuenta de la intrusión mental, ¿Cómo lo habría hecho?

- Por tu cara, Emeric, te preguntas como lo hago, ¿No? Y por tu cara, Sarah, no fue el niño Malfoy, sino su padre. Creo que la acusación es sin fundamento, porque en la carta solo insinúa que estamos en una relación, no lo denuncia claramente.

- Aunque eso sea así Harry, ya es bastante malo que tenga ideas preconcebidas.- Dijo Sarah con un gruñido. – Podría hacerte quedar mal en el Wizengamot.

- Que lo intente.- Dijo solamente Harry, lo cual llevó a que se levantaran un par de cejas en la cuestión.

Harry no dio ninguna otra explicación de lo que había dicho y ellos tampoco pidieron ninguna a cambio.

Sin embargo lo que Emeric sí que pidió, fue una explicación de cómo logró meterse en sus escudos oclumánticos sin ser advertido por él mismo.

Harry entonces le explicó que había ideado una manera de meterse en las mentes de la gente cuando aún vivía con los Dursley y no sabía que era Legeremancia lo que utilizaba.

Estudiando la Legeremancia, se dio cuenta de que podía perfeccionar el arte de la mente aún más y eso fue lo que hizo.

Cuando terminó la explicación Emeric se quedó en su sitio con una mirada desconcertada en su rostro, algo que no sabía cómo expresar. Por otro lado, Sarah, se la veía como si la navidad hubiera llegado antes de tiempo, pues tenía una sonrisa de orgullo por su aprendiz que no podía con ella.

- Emeric.- Dijo Harry llamando la atención del susodicho. – De la lista que me has dado, di a los tres nominados en ella que mañana estén listos. Cuando se termine de juzgar al ex-ministro de magia Cornelius Fudge, se harán las presentaciones a los candidatos y voy a llevar a unas votaciones inmediatas.

- Ellos estarán allí, por eso no te preocupes. Lo que me preocupa sin embargo, es si van a ganar las elecciones.- Pidió Emeric con el ceño fruncido.

- Las ganarán. Aparte de los votos que tenemos en el Wizengamot, por la alianza, también tenemos un voto nuevo, uno que todavía no ha dado la cara y me debe un gran favor.

- ¿Quién?- Preguntó Sarah pensando duramente en los miembros de dicha cámara.

- Señor Selwyn.- Dijo después de un rato dramático, en el cual se quedó en silencio para picar un poco a sus oyentes.

- Selwyn… ¿Ese no era un supuesto mortífago que pasaba información a Voldemort en la guerra?- Preguntó Emeric, aún más profundo el ceño.

- Sí lo fue. Pero debía tener un oscuro secreto, el cual no saldrá a la luz, gracias a que acabé con la vida de Umbridge.

- Entiendo, ten cuidado mañana Emrys, porque después de las votaciones ganarás más enemigos.

- Lo sé, no te preocupes por mí. Después de todo el entrenamiento que estoy siguiendo es bastante fructífero.- Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Emeric lo único que hizo fue reír ante lo dicho por Harry, el cual siguió a la risa de Emeric y pronto se le unió Sarah.

Después de unos momentos divertidos y unas pocas bromas más, Emeric se despidió de Emrys asegurándole nuevamente que los candidatos a ministro o ministra de magia estarían presentes. Si bien Anice Crane, sería la nueva ministra de magia, los otros dos candidatos estarían en nuevas posiciones. Una de ellas, la de subministro, en caso de que a la propia ministra le sucediera cualquier cosa, el subministro se haría cargo del cargo, así pues el Wizengamot no sería capaz de imponer a un nuevo ministro de magia, a no ser que se hiciera un voto de no confianza, pero eso Harry se encargaría de que no sucediera.

Cuando Emeric, el Sumo Sacerdote, se marchó a la mansión Longbottom a seguir cuidando de Frank y Alice, Harry y Sarah se dispusieron a cenar, hablando sobre todo de cómo cuidar de Malfoy Sr.

Harry tenía en mente retarle a un duelo de honor por haber denunciado, correctamente, pero en público debía ser falsamente, a Harry y Sarah de estar juntos.

Sarah se oponía al hecho de que Harry siguiera matando a sus enemigos o los que salieran por el camino, de todas formas no tenían pruebas fehacientes de que fuera Señor Malfoy el que los denunció, si bien Harry se metió en la mente de Emeric y sacó la memoria, eso no era del todo suficiente.

Cuando se disponían a irse a dormir, Sarah fue a la habitación de Harry para dormir con él, pero sólo dormir, ya que no tenía ganas después del pequeño susto que se llevó al descubrir que Emeric sospechaba de su relación.

Era un bono que personalmente decidiera no hacer caso y le diera igual que estuvieran juntos, por supuesto en público debían contenerse.

Harry miró un poco mal de que esta noche no fuera como la anterior, pero entendía los motivos de Sarah y los respetaba, por eso hicieron sus rituales nocturnos de lavarse los dientes, ponerse el pijama, etc. En caso de Sarah quedar completamente desnuda, pues dormía así, cosa que a Harry no le importaba. Después de darse sus besos y caricias de buenas noches, ambos amantes se quedaron dormidos en brazos del otro.

La mañana del lunes, amaneció un poco nublosa, cosa que no era rara ver en Gran Bretaña, pues un país en el que la mayor parte del año, llovía era normal.

Para Harry era como si no hubiera nubes y se despertara con un sol bastante alto, pues a su lado, cuando abrió los ojos, se encontraba la mujer que le empezó a enseñar lo que era el amor.

Amor, una palabra un poco rara para él, que lo único que conocía era odio hacia los muggles, instinto de conservación, astucia, etc. no es que fuera malo esos sentimientos, salvo el odio, pero por desgracia fue lo único que conoció en su vida, hasta que Sarah llegó a ella y poco a poco le fue mostrando el significado de la palabra amor. Si bien es cierto que el único amor que hasta ahora conocía era el de mujer-hombre en términos sentimental y relacional, no significaba que no estuviera dispuesto a aprender del amor paterno filial o materno filial, en un futuro.

Saliendo de la cama, con cuidado de no despertar a su hermosa dama, se metió en el baño, para una ducha rápida. Cuando salió de éste, vio que Sarah todavía dormía y lanzando un tempus silencioso, vio que eran las siete de la mañana.

Yendo hacia su despacho, decidió desayunar en él, para ver ciertos planes que tenía en mente, pero que todavía no había discutido, ni con el Concilio, ni con la alianza Albion.

Miró por encima de los pergaminos y diarios que llevaba celosamente guardados en su despacho, observando con detenimiento ciertos detalles para que la futura nación de Albion funcionara.

Observó que uno de los mayores problemas eran los muggles, dado el poder destructivo de éstos. Otro de los mayores problemas, sería hacerse con el control de los demás países mágicos o que al menos les apoyaran en el sentido de la nueva nación. Una nación que albergaría todas las antiguas naciones, tales como los cuatro continentes, pero dentro de las leyes de Albion.

Es cierto que no tocaría las tradiciones del mundo mágico en sí, pero lo que sí que quería, era acabar con los ministerios de magia, para que la alianza Albion, el Concilio y el Wizengamot, fueran los únicos gobernantes. No es que tuviera los deseos de Voldemort en conquistar el mundo entero y que rindieran pleitesía a él, pero lo que iba a hacer era necesario para que la paz en el planeta reinara nuevamente y Albion resurgiera de sus cenizas enteramente.

Estaba bastante seguro que los demás miembros del Concilio externo le apoyarían, pues ellos también querían una vida mejor.

El problema principal, radicaría en los magos que no lo apoyarían, pero esos serían una minoría en unos pocos años, pues gracias a la nación Gobblin, se estaban encargando de financiar e invertir grandes cantidades de oro en el mundo.

Los muggles, esa sería una guerra muy sangrienta entre ambos mundos. Lo primero que tendría que hacer sería matar a los muggles que fueran conocedores de su mundo y gracias a la nueva ministra de magia, eso sería fácil hacerlo, pues seguramente se reuniría con los líderes muggles de Gran Bretaña muggle, en el momento que saliera elegida.

El resto del problema, recaía en la tecnología y bombas que poseían. Si bien Harry y los suyos tenían magia, una bomba nuclear era mucho más potente y tenían la amenaza de acabar con miles, sino, millones de vidas en un momento. ¿Cómo acabar con su tecnología y sus bombas? Eso era una pregunta, a la que de momento no tenía respuesta, pues había muchas partes de la tecnología que no sería destruida por la utilización de la magia en ella.

Suspirando pesadamente, decidió guardar todo de momento y centrarse en el día de hoy en el Wizengamot, pues seguramente en dos días más, tendría que volver a la escuela.

Saliendo del despacho, repentinamente se acordó de que hoy también sería el día en el que tendría que llevar a cabo la ejecución de Percival Weasley, la cual estaba bastante seguro de lanzarle una maldición asesina y darle muerte rápida.

También estaba el juramento del clan Weasley, eso se llevaría sin ningún problema ante todo el Wizengamot, pero lo que estaba seguro es que William, el hijo mayor de los Weasley, no estaría presente. Tenía cierta curiosidad sobre como lo explicarían.

Lanzando un suspiro, volvió a su habitación para vestirse correctamente e ir directamente al ministerio de magia nuevamente. Quería ver si podía pillar a Señor Selwyn antes de que los miembros se reunieran, tenía cierta curiosidad sobre asuntos de sus asientos y votos.

Terminado de vestir y dando un suave beso en la frente a Sarah, para no despertarla, se dirigió hacia la chimenea y pasó por los polvos Flú con dirección al ministerio.

Una vez llegado al atrio donde estaban todas las chimeneas, miró en su alrededor para verificar que no fuera el único en el ministerio.

Dando gracias a la deidad que fuera, vio que había muchos miembros de la alianza Albion presentes, entre ellos Theodore Nott Sr.

Con una idea repentina sobre la marca oscura en su brazo, fue hacia allí para expresarle sus pensamientos.

- Buenos días Señor Nott.- Dijo Harry alegremente a su aliado.

- Buenos días Señor Potter, me alegra verle bien. Espero que para hoy tengamos tanta emoción como ayer.- Devolvió el saludo, dando un arco ligeramente.

- Sí, dudo que Fudge sea tan estúpido como Umbridge. Pero no había venido para eso, he venido con una oferta para ti y Regulus cuando venga.

- ¿Y eso que sería?

- Se cómo quitaros la marca oscura de los brazos.- Dijo Harry yendo directamente al meollo de la cuestión.

Theodore se quedó callado repentinamente y sin saber que decir. Había intentado en numerosas ocasiones quitarse el mismo la marca, pero siempre reaparecería la maldita cosa y ahora, aquí estaba Harry Potter, diciendo que sabía exactamente como quitarle no solo a él, sino que también a Regulus, la marca oscura.

- ¿Perdón? No…

- No me digas Señor Nott que no me crees.

- No es eso, sino que es un shock. He intentado en numerosas ocasiones quitarla por mí mismo, pero siempre viene.

- Ah, pero he estado estudiando su magia y créame cuando digo, que es magia de Pársel. Es muy sencillo quitarla, pero tiene que ser en la lengua Pársel.

- Muy bien explicado, pero no entiendo…

- Lo que hizo Voldemort, fue sencillo. Es un encantamiento proteico, junto con un hechizo de seguimiento en las marcas, todo ello lanzado en Pársel para que vosotros no pudierais quitarla. Creo que también se aseguró, que aquel que no fuera un hablante, la marca volviera, aunque os cortarais el brazo y lo volvierais a crecer.- Terminó de explicar Harry, mientras miraba alrededor observando a la gente ir y venir hacia sus puestos de trabajo.

Pudo observar con gratificación que muchos hechiceros y druidas aparecieron en el atrio del ministerio de magia, para ir a pedir puestos de trabajo.

Normalmente sonreiría ante tal victoria, pero no quería mostrar ninguna emoción el día de hoy, puesto que todavía cabía la posibilidad de que su candidata para el puesto de ministro, fuera denegada y alguna de las facciones, tradicionalista o progresista, ganara el puesto.

Volviendo su atención a Theodore vio que se lo estaba pensando duramente, no creyendo en sus posibilidades de quitar la marca.

- Dame tu brazo, Theodore.- Dijo Harry levantando una sala de privacidad con la magia antigua.

- ¿Aquí? ¿Ahora? ¿No dolerá?- No pudo evitar preguntar frunciendo ligeramente el ceño.

- Claro que sí, aquí y ahora. Por el dolor no te preocupes, que no será tanto como una ligera maldición picazón.

- Está bien, ¿Pero y si alguien nos ve?

- Estamos bajo una fuerte ilusión, si alguien nos ve, lo que verán es que estamos hablando de política. Y por cierto, tengo a los candidatos perfectos para el puesto de ministro, me llegaron anoche.

- Vale.- Fue lo único que dijo, extendiendo su brazo en el cual tenía la marca oscura y vio con un cierto dejo de asombro en su rostro, como Harry pasaba un dedo por la marca oscura, murmurando en una lengua que solo podía imaginar ser Pársel.

Con un ligero pinchazo en el antebrazo, Theodore vio con cierta satisfacción como la marca oscura fue desapareciendo poco a poco y dejando una piel clara, tal como su otro brazo.

- Increíble.- Murmuró sin aliento por la magia vista por él. – Gracias Señor Potter, te debo una deuda muy grande…

- Tonterías Señor Nott, somos aliados después de todo, ¿No? Ya dije que una alianza con mi facción traería buenos resultados. Lo que si te voy a pedir es que le digas a Regulus si quiere lo mismo, de momento debo ir a hablar con otros Señores y Señoras.

- ¿Vas a convencerlos de unirse?

- No, voy a convencer a los neutrales de apoyarnos el día de hoy, cuando llame a votaciones sobre ciertos asuntos.

- Harry, el asunto sobre el torneo de los tres magos…

- Ese asunto, me temo que no voy a ser capaz de convencer a nadie, de que se olvide. Pero lo que sí que pediré es que se tomen medidas de seguridad en torno al cáliz de fuego.- Dijo seriamente y despidiéndose de Theodore Nott Sr.

Señor Nott no pudo elaborar más de lo que quería, tenía planeado decirle que le apoyaba en su decisión de que no se celebrara, pero los demás tenían razón y además de aquí a dos años, las cosas podrían cambiar drásticamente y quitarse la amenaza de Dumbledore, lo cual no estarían en peligro más.

Cuando Harry se marchó a buscar a Señor Selwyn, Theodore fue a buscar a Regulus con la mirada primero, para luego ir a su encuentro en persona. Tenía que decirle lo que había descubierto, era de suma importancia que Regulus también se quitara la maldita marca de su antebrazo, no porque fuera imprescindible para la alianza y así lo creyera, sino porque sabía de su amigo que había intentado mil y una cosas para quitársela.

- Regulus, buenos días. Señora Black.- Saludó a los Black con un arco ligero.

- Theo, es bueno verte. ¿Cómo te va?

- De maravilla, soy un hombre nuevo ahora y todo gracias a Harry.

- ¿Dime, qué ha hecho ahora Harry?- Dijo Regulus con una sonrisa en su rostro.

- Me ha liberado del tatuaje.

- Imposible, eso lo hemos investigado durante mucho tiempo y lo tendremos hasta nuestra muerte.

- No, mira.- Dijo mostrándole el antebrazo en el cual, antes tenía la marca oscura.

Regulus sin poder resistirse lanzó encantamientos de diagnóstico sobre él, viendo con asombro y temor como realmente había estado antes ahí.

Era impensable que el Señor de doce años hubiera quitado una marca puesta por la magia oscura del antiguo Lord Oscuro, algo que no creía que fuera capaz de ver en esta vida y ahí estaba, Theodore Nott sin marca oscura.

- Tiene la misma oferta para ti, cuando acabe la sesión de hoy, por supuesto búscale y pídele que te la quite.- Dijo Theodore quitando el brazo y bajando la manga cuidadosamente, aun se sentía un poco de picor sobre el sitio en la que estaba.

Mientras que Theodore hablaba con Regulus, Harry estaba teniendo una conversación privada con Señor Selwyn, escuchando como le daba las gracias nuevamente por deshacerse de Umbridge.

Con un ligero toque de Legeremancia de la suya, como la que utilizó con Emeric, Harry descubrió el secreto de Selwyn. A pesar de lo que decía Umbridge, algo de verdad había en su declaración. No es que estuviera emparentada directamente, sino que era la hija de una Squib de la familia Selwyn y lo descubrió cuando estaba en Hogwarts.

Los Selwyn no es que tuvieran en su familia muchos Squibs, pero en la época anterior a la madre de Umbridge, la hermana de Aurelius Selwyn nació con el problema, no tenía magia.

Cuando cumplió los once años, la familia Selwyn la escondió, al menos hasta que tuviera la edad para valerse por sí misma y hacer un nombre en el mundo muggle o en el mágico si ella quería quedarse.

Por desgracia se quedó en el mundo mágico y se casó con un hombre de apellido Umbridge. Un sucio y ratero mago que solo la quería por estar emparentados con la familia de prestigio. Engañándola para que se casara con él, tuvieron a Dolores Umbridge poco después, con magia.

Cuando Dolores llegó a Hogwarts y se hizo una prueba de herencia clandestina, descubrió que estaba emparentada por el lado de su madre, con los Selwyn.

Poco después de descubrirlo, junto a su padre, comenzaron a chantajearlos y cuando el Lord Oscuro subió al poder, los chantajes eran mucho peores.

Harry comprendiendo todo eso, le dijo a Aurelius Selwyn que no se preocupara, que encontraría el mismo al padre de Umbridge y le callaría para siempre. Sobre la marca en su brazo, le dio la misma oferta que a Theodore, con la condición de que se uniera silenciosamente a la alianza Albion.

El lado de unirse silenciosamente, consistía en que siguiera pretendiendo tener contacto con los tradicionalistas, progresistas y neutrales, pero llegado el momento, debía de seguir una misión muy sencilla, votar a favor de lo que propusiera la alianza Albion, y con su voto, vendrían los votos de los que le apoyaban a él.

También venía bien que Harry le incluyera en los negocios que la alianza Albion tenía y el hombre se enriqueciera un poco.

Con todo dicho y hecho, acordaron tener una reunión en el futuro en el restaurante de Max, para precisar los detalles de su futura alianza.

La hora para entrar en el Wizengamot por fin había llegado, el día de hoy se decidiría el destino de muchas personas, tales como hechiceros y druidas en el mundo de los magos, a partir de ahora en adelante ese mundo ya no sería llamado el mundo de los magos, sino que se llamaría el mundo mágico o Albion.

Albion sería llamado, pero solamente en la intimidad del Concilio y la alianza que Harry fundó y creó. No es que temieran pronunciar Albion en público, pero el problema recaería en otros que escucharan de ello y se asustaran, pensando no muy inequívocamente que Harry se había hecho con el control de Bretaña y que Dumbledore tenía razón.

Debía mostrar al pueblo británico quienes eran los verdaderos tiranos en el plano general, es decir Voldemort y Albus Dumbledore.

Ese plan resultaría mucho más complicado, dado que Albus siempre ha estado engañando con su semblante de abuelo, pero en el fondo era un manipulador bien entrenado y un asesino profesional.

En el lado de Voldemort, no le costaría mucho hacer ver a la gente que era un tirano y un loco homicida, pero para eso necesitaba que regresara al plano de los vivos. Eso era un poco más difícil, pues no sabía dónde su sombra fue a parar.

Aunque suponía correctamente que el hombre había hecho planes de contingencia, tales como Horrocruxes. Después de todo, su cicatriz había sido uno de ellos y podía suponer que el anillo Gaunt, el que tenía la piedra de resurrección en él, también era otro Horrocrux.

En ese aspecto Harry cada día estaba más convencido de que tendría que apoderarse de las reliquias y unirse a ellas, convirtiéndolo en el Maestro de la Muerte, pero dudaba que la misma Muerte tuviera que soportar tener un Maestro. Era impensable.

Saliendo de sus cavilaciones, se dio cuenta de que todo el mundo estaba en sus asientos y que el jefe de magos había comenzado a hablar, dando la bienvenida a todo el mundo a las cámaras.

Poco después de que Madame Bones, Madame Longbottom y Señor Selwyn fueran elegidos para ser los que interrogaran a Cornelius Fudge, el acusado entró con los aurores temblando de miedo.

Harry solo pudo suponer que había oído del altercado del día anterior y que temblaba por si él mismo era retado a duelo por Harry.

Sonriendo de medio lado y provocando unos pocos escalofríos a los que lo miraban, Harry esperó que el juicio fuera corto, breve y conciso.

La predicción de Harry al final resultó ser cierta, Cornelius Fudge se declaró culpable de todos los crimines por los que era acusado, es más, dio información valiosa en donde se escondía Albus Dumbledore, ya que el ministro de ese país le habló de que le habían dado refugio.

Al final Cornelius Fudge se le declaró culpable de cargos de: soborno, malversación de fondos, chantaje, esconder prófugos de la justicia y muchos abortos a la justicia. Su condena fue veinte años en la prisión de Azkaban, para dar un nuevo juicio cuando cumpliera esa condena.

Harry sabía que no iba a durar más de veinte días en la prisión, pues se le veía al ex ministro que estaba demasiado pálido.

Una vez terminado el juicio de Fudge, vino lo que Harry quería más, los candidatos al puesto de ministro de magia.

Para la facción tradicionalista fue elegido Corban Yaxley, el cual se le veía petulante y con una sonrisa que declaraba sus intenciones de derogar y luchar por todo lo que había conseguido Harry para los hechiceros y druidas.

En el caso de la facción progresista, su candidato fue en un principio Arthur Weasley, pero con la reciente condena a muerte de uno de sus hijos, pasó a ser Madame Griselda Marchbanks, profesora que se dedicaba a examinar de TIMOS y EXTASIS en Hogwarts, junto al profesor Tofty.

Por último y no menos importante, la elección de la facción Albion, fue la de Anice Crane como ministra de magia. Harry se levantó como todos los Señores que habían propuesto a sus candidatos para el puesto y habló a la sala presentándola.

- Señores y Señoras del Wizengamot, es mi placer y honor presentaros a la Maestra Anice Crane, la candidata para la facción Albion al puesto de ministro de magia. Por favor Anice, saluda.- Dijo Harry señalándola y ésta levantándose de su asiento para saludar a la sala.

Con la presentación de los candidatos al puesto de ministro de magia, el Jefe de Magos propuso que se iniciaran las votaciones correspondientes.

Primero se dio lugar a la facción tradicionalista, pues era de los primeros en proponer un candidato para el puesto. Desgraciadamente, solo obtuvo el apoyo de los antiguos mortífagos que se declararon bajo la maldición Imperius y no obtuvo mucho apoyo, pues familias como Flint, Pucey, Moon, etc. no apoyaron a Corban.

En segundo lugar vino Madame Marchbanks, la cual sí que obtuvo un buen número de votos, pasando y ganando sobre Yaxley.

Y por último todos los miembros de la facción Albion, más las familias tradicionalistas que apoyaban a Aurelius Selwyn, apoyaron a Anice Crane, la cual vio con asombro que empataba de momento con la candidata del lado progresista.

Ahora se estaba seguro que se llamaría a una segunda vuelta para desempatar, pero Harry no permitiría eso, antes hablaría al Wizengamot.

Antes de que Harry se levantara para hablar al Wizengamot, Señor Davies, de la facción neutral se levantó y declaró que los votos de ellos iban a parar a la facción Albion, dando así la oportunidad de ganar las elecciones con la mayoría absoluta del Wizengamot.

El Wizengamot al ser el órgano que creaba las leyes en Bretaña, el que juzgaba a los delincuentes de mayor parangón y demás, también era el que elegía ministro de magia, y por ello Anice Crane, Maestra del Concilio interno, fue elegida como nueva ministra de magia, para Bretaña mágica, la cual Harry tenía planeado cambiare el nombre por el de Albion en un futuro.

Anice Crane se encontraba en la sala del Wizengamot jurando el juramento de proteger a los ciudadanos de Bretaña mágica y prometiendo llevar un ministerio fuerte y limpio de corrupción.

Como primer mandamiento, lo que hizo fue nombrar un subministro para dedicarse a las labores públicas en su nombre, mientras ella se encargaba de los movimientos importantes y de administrar el ministerio de magia, corrigiendo los errores de su antecesor.

El subministro se llamaba Arian Prichard y era un druida del Concilio, uno que también tenía las cualidades de administrador.

El verdadero motivo del nombramiento del subministro, era que si a ella le pasaba algo que pusiera en peligro su vida, Arian sería el que la sucediera en el mandato, nombrando rápidamente otro subministro, que sería lo más seguro, el subsecretario senior, que pasaba a ser Lloyd Kendrick.

Una vez juramentada como ministra de magia, Anice tomó su asiento correspondiente en el Wizengamot, mientras que el subministro y el subsecretario fueron al despacho que antiguamente pertenecía a Fudge para hacer limpieza allí.

A ellos no es que no les interesara lo que sucediera a continuación en el Wizengamot, sino que por dedicarse a otras labores, para empezar de inmediato con la limpieza, ganarían más favor de la comunidad de magos.

Anice pidió voz en el Wizengamot, levantándose y esperando pacientemente a que Titus Ollivander le concediese la palabra.

- Este cuerpo reconoce a la Ministra Anice Crane, por favor hable a continuación.- Pidió el jefe de magos Ollivander.

Anice se aclaró la garganta unos momentos y se dispuso a dar un discurso para todos los Señores y Señoras del Wizengamot.

- Señores y Señoras del Wizengamot, en primer lugar debo decir que me siento honrada de haber sido elegida como candidata y posteriormente como ministra de magia de éste esplendido país y nación. Como he prometido antes, pienso llevar mi cargo con honor y lealtad.

En otro aspecto de la misma, quisiera presentaros al señor Axel Degener, enviado especial de la ICW para hablar sobre la cuestión de Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore y su vuelta impuesta por Alemania a nosotros, Inglaterra.- Dijo agradeciendo a los miembros por haberla votado y dando la presentación del enviado especial de la ICW al Wizengamot, lo cual era de esperar, dado que era uno de los temas de suma importancia que se iban a discutir hace unos días, pero con las propuestas de Señor Potter, se tuvo que aplazar, hasta conseguir una nueva ministra, como era el caso.

Harry y muchos otros Señores vieron con buenos ojos como cogió el cargo la ministra Crane, pues ahora tocaba ver como se presentaba este señor Degener y lo que les diría.

Dando un asentimiento de cabeza, Anice se sentó nuevamente en su asiento y empezó a leer los documentos que tenía enfrente de ella, pues no eran pocos los que el ex ministro Fudge había dejado.

En otro asunto, el señor Axel Degener se presentó como enviado especial de la ICW de su país natal, el cual dio refugio a los prófugos de la justicia británica, Albus Dumbledore, Aberforth Dumbledore, Alastor Moody y William Weasley, junto con otros magos y brujas que se les unieron más tarde.

- Señores y Señoras del Wizengamot.- Empezó con un toque de acento alemán en sus palabras. – Es mi deber como ciudadano de Alemania Mágica y enviado especial de la ICW, traeros a cuestión el tema que me han propuesto. La ICW pide al gobierno y a la ministra…- Dejó en el aire para que le llenaran con el nuevo apellido que estaba al cargo.

- Crane, Anice Crane.- Dijo la mencionada, levantando la cabeza ligeramente y sonriendo al señor Degener.

- La ministra Crane, de que se le de asilo de inmediato a los refugiados en mi país y de que reciban un indulto inmediato. Si no, me temo que habrá un conflicto internacional entre la ICW y su país.- Terminó de exigir el enviado especial de la ICW, algo que a los miembros del Wizengamot no les gustó demasiado, puesto que inmediatamente se levantaron voces y susurros indignados ante las exigencias del alemán.

Harry estudió las opciones que había, este hombre les estaba exigiendo que llevaran de una manera su gobierno, es más, tenía la pretensión de que se le diera a Dumbledore y sus perros un indulto por lo que habían hecho y un perdón, nada menos. Eso no pasaría.

Harry levantándose de su asiento y esperando pacientemente a que la cosa se calmara en el Wizengamot, tomó la palabra después de unos buenos diez minutos.

- Señor Degener, déjeme que me presente. Soy el Señor Harry Potter, Emrys. Y me temo que sus demandas y exigencias no son válidas en territorio inglés, pues tenemos nuestro propio gobierno y maneras de juzgar a nuestros criminales. Esos señores que ha citado y ha dado refugio en su país, son como he dicho criminales buscados aquí, en Bretaña. Ahora bien, tiene el descaro de amenazarnos con una guerra y querer conquistarnos, por no perdonar a tales criminales, mi pregunta a usted es la siguiente. ¿Quién se cree que es y quienes se creen la ICW que son?- Pidió Harry sentándose nuevamente en su asiento, viendo con cierta satisfacción como el semblante del hombre tomaba un tono rojizo. No sabía si era por furia de que un niño se hubiera levantado contra él o por vergüenza al ver que no llevaba la razón en meterse en un país y unas leyes que no podían cambiar, sin la amenaza de conquista extranjera en suelo inglés.

- Señor Potter, no sé cómo le dejan asistir a estos eventos, pero es lógico que debiera estar en casa con su madre y no aquí…

- Me temo señor Degener que mi madre está muerta por uno de los ardides de Dumbledore, al igual que mi padre. Albus Dumbledore es culpable de sus crimines en contra de mi familia y si pisa nuestro suelo, le mataré con mis propias manos. Queda avisado.- Interrumpió al delegado alemán con una mirada fría y gélida.

- No sé lo que habrá hecho el señor Dumbledore, pero no puede ser tan malo, pues es un defensor del bien mayor…

- Disculpe.- Interrumpió Señor Malfoy con una sonrisa en sus labios. – Pero me suena que esa frase del bien mayor, es del Lord Oscuro Grindelwald.- Dijo arrastrando las palabras con burla.

- Es curioso que lo mencione, Señor Malfoy, pues soy de la misma opinión que usted. ¿Quiere decirme, señor Degener que están dando asilo a simpatizantes de Grindelwald?- Preguntó Augusta Longbottom, llevándose murmullos de acuerdo de las tres facciones, tradicionalista, neutral y Albion.

El señor Degener no sabía que contestar, pues abría la boca y la cerraba momentos después, cual pez fuera del agua.

Levantándose nuevamente Harry, profirió su amenaza al enviado de la ICW.

- Ahora usted nos ha amenazado, pues déjeme amenazarle a cambio. Yo como muchos de mi facción, tenemos alianza con la nación gobblin y activos monetarios en Alemania. Si nos amenazan con una guerra inminente, nosotros a cambio retiraremos todos los activos y a nuestros aliados y ello incluye al Concilio Druida-Hechicero, que según mis cálculos son unos cinco mil, más los cientos de miles de gobblins en su suelo, creo que supondría una grave crisis económica, tanto por el lado mágico como muggle.- Explicó Harry con su sonrisa sádica y ciertamente, para que negarlo, con ganas de que los alemanes llevaran a cabo su amenaza inminente.

- No solo la facción Albion tiene activos, sino que la facción neutral y tradicionalista, también tenemos inversiones en países de la ICW y damos donaciones a la misma sede.- Intervino Señor Selwyn, viendo por donde iba Harry.

Harry lo que quería era mostrarles a los Señores y Señoras del Wizengamot, hasta cuán lejos iba a llegar Dumbledore por subir al poder en Bretaña.

El Jefe de magos que estaba en un silencio incomodo, decidió intervenir para dar votación a las exigencias de Axel Degener.

Como era bastante obvio, casi todo el Wizengamot, con excepción de un par de progresistas, denegó dar un indulto a Dumbledore y sus hombres.

- Señor Degener, este cuerpo ha hablado. Nosotros que somos el gobierno aquí, le advertimos severamente de que si sus amenazas llegaran a ser fructíferas, su país y muchos de la ICW, se verán en un conflicto internacional con nosotros.- Expresó Titus Ollivander, Jefe de Magos.

- Como quieran, si la guerra es lo que quieren, la tendrán.- Dijo Axel Degener con furia revelada en sus facciones.

- Muy bien, pero no sin antes de tener ustedes una guerra gobblin, pues acaban de romper el tratado.

- ¿Qué?- Preguntó con sorpresa genuina el enviado, que iba palideciendo rápidamente. Un vampiro estaría celoso de su palidez asombrosa.

- Lo que ha oído.- Dijo Harry. – Yo, como amigo de la nación y reconocido, no solo por el rey, sino que también por el consejo de ancianos. El tratado que tenían en Alemania, que es parecido al de Bretaña, dicta claramente que cualquier atentado o sublevación o intento de conquista de territorio gobblin o aliado de la nación, será una declaración de guerra con la misma. ¿O es que ya lo han olvidado los magos de Germania?- Preguntó Harry sonriendo y mostrando todos los dientes a la vez.

Titus Ollivander como muchos otros Señores y Señoras, estaban realmente indignados de lo descarado e impertinente que era el hombre. Valiente eso sí, se lo tenía que dar. No se podía imaginar Titus el ir a un país a hacer cumplir las exigencias de la confederación internacional de magos, haciendo valer su punto de vista único y además de saltarse los protocolos de los países miembros. Eso era inaceptable, si Harry seguía luchando como lo que estaba haciendo, estaba más que seguro de que el enviado saldría con el rabo entre las piernas y no solo eso, sino que Alemania perdería unos importantes inversores e inclusive, podría perder los clanes gobblin y los hechiceros y druidas de Germania.

Después de mucho debate y mucha discusión, se terminó acordando con el enviado de la ICW que les diera un mensaje del Wizengamot de Bretaña y de la propia ministra de magia, en el cual, el mensaje sería que si querían futuras negociaciones, deberían de disculparse formalmente, por su imposición a su gobierno.

Axel Degener salió de las cámaras del Wizengamot con el rostro rojo de furia, algo que podían ver todos con claridad y posiblemente les dieran a todo el mundo un pequeño dolor de cabeza en el futuro, pero lo que no podían permitir era que otros países impusieran sus leyes en un país en el que tenían sus propias, algo inconcebible, ni siquiera Harry planeaba hacer algo por el estilo, cuando decidiera invitar a los demás países del mundo a Albion.

Leyes para todos, sí, pero siempre respetando las leyes que había en los territorios del planeta, aunque habría ciertas leyes que se debieran abolir, como la caza de Hechiceros, druidas y brujos. Leyes que abolieran la penalización y la prohibición de la magia, pues la magia es magia y no había vuelta de hoja.

Cuando el hombre enviado por la ICW salió de las cámaras, Titus dio un ligero receso para que las cosas se calmaran un poco, pues los Señores y Señoras estaban todos un poco agitados y agitadas.

Algo que Harry aprovechó para quitar la marca oscura del brazo de Regulus, el cual después de ver con sus propios ojos como desaparecía el tatuaje que tantos problemas le dio en el pasado, abrazó fuertemente a Harry, algo que el joven hechicero no se esperaba.

- Gracias y mil gracias por lo que has hecho. No sabes la alegría que me das, te debo una gran deuda Harry.

- Tonterías Regulus, además ¿Para que esta si no la familia?- Preguntó Harry divertido.

Una vez que todo el mundo se calmó lo suficiente, volvieron a pasar al Wizengamot, pues aún quedaba el asunto del torneo de los tres magos, algo que no le gustaba mucho a Harry, pues sentía un pesar encima de él que no podía obviar.

Estaba seguro o casi seguro que cuando se realizara el torneo, algo sucedería que le implicaría directamente.

Escuchó con paciencia como todos los Señores y Señoras hablaban y rebatían las medidas de seguridad si se revivía el torneo de los tres magos.

Harry en su fuero interno, se preguntaba si tal vez podrían poner una línea de protección para que nadie salvo el concursante, metiera su nombre. Algo difícil de crear, pero sin duda si se hacía bien, valdría la pena.

Levantándose de su asiento, propuso lo que tenía en mente y rápidamente todo el mundo acordó lo de esa línea.

El caso ahora era saber quién la pondría y donde sería el torneo, pues solamente estaban ahí para aceptar o rechazar la propuesta.

Señor Malfoy, se levantó de su asiento y llamó a votaciones inmediatamente, para ir acabando con los primeros pasos.

Por unanimidad del Wizengamot, por primera vez en mucho tiempo, se votó afirmativamente para resucitar el torneo.

A continuación se llamó a los departamentos de juegos mágicos y al departamento de cooperación internacional mágica, los cuales se les dieron la orden de establecer contacto con las demás escuelas y ministerios de magia que fueran a participar.

De una cosa estaba seguro el Wizengamot entero, y era de que al menos las otras dos escuelas principales de magia de Europa, participarían.

De ahí pues que pidieran a Harry que informara a la escuela ya que iba a irse para allí al día siguiente, después de la reunión con Señor Selwyn, en la cual seguramente le quitara también la marca oscura.

Harry aceptó de buena gana su papel de informador al director y los profesores, más los cabeza de casa de la escuela, si podría poner un dedo en ello, estaría apostando a que el Wizengamot quería a toda la escuela preparada para cuando el torneo se iniciara.

Es cierto que aún quedaba dos años para ello, pero cuanta más preparación tuvieran, mejor.

Después de que todo estuviera hecho y dicho, Harry se levantó de su asiento nuevamente y les recordó al Wizengamot entero que tenía una ejecución que dar y un juramento que recibir.

Los miembros se miraron un momento incomodos, hasta que Señor Dodge pidió si era necesario que se cumpliera la orden.

- Me temo que lo es, Señor Dodge. Este cuerpo decidió darme el privilegio de hacer los honores, además aunque se oponga usted, lo haré de todas formas.- Dijo sin una pizca de remordimiento Harry.

Ahora que había ministra de magia, miró a Harry durante unos instantes y luego ordenó a los aurores que trajeran al acusado y a la familia Weasley de inmediato.

El acusado fue entregado inmediatamente y al parecer llegó hecho un desastre. Tenía bolsas negras bajo los ojos de no haber dormido en un par de días, su túnica estaba sucia y desgastada. El pelo lo llevaba hecho un revoltijo y además se le veía tembloroso.

Cuando los padres de Percival Weasley llegaron, se les aconsejó encarecidamente que no intervinieran en la ejecución de la sentencia.

- Hola Percival.- Saludó Harry suavemente y fríamente a su enemigo jurado. La sonrisa que le dio, le hizo correr escalofríos por la espina dorsal, algo que le hizo sonreír aún más a Harry.

Momentos más tarde, todos los hermanos Weasley, salvo William, el cual dijeron los padres del chico que había mandado un juramento escrito y lo único que haría falta era la sangre del patriarca.

Con esa explicación, la ejecución comenzó.

- Percival Ignotus Weasley, se le acusa de intento de homicidio a un Señor del Wizengamot, usando un hechizo de pesadilla, causando que la magia del Señor Potter actuara y tomara un juramento de venganza en contra de su familia.- Comenzó Salazar Gaunt, el cual vio que ninguno se movía ni decía nada para que comenzara la ejecución. – Para empezar, se pedirá a la familia Weasley que dé el juramento.- Exigió Salazar, según lo planeado por Harry, pues si mataba antes al chico Weasley, puede que la familia no jurara.

Adelantándose los pocos que había del clan Wesley, tomaron uno a uno el juramento, unos con odio profundo hacia Harry y otros con temor a romperlo.

Cuando la magia de la antigua religión, aceptó los juramentos, Harry quedó un poco más tranquilo en su venganza de sangre.

- Ahora Señor Potter, puede proceder como guste a poner fin a esta vida.

- Gracias Señor Gaunt, seré breve.- Contestó mientras se volvía a un Percy lloroso y tembloroso que tenía que ser sujeto por los aurores para que no cayera al suelo.

En un movimiento de Harry, los aurores se dispusieron a soltar al chico Weasley.

Señalándolo con su báculo, Harry dijo en alto y claro las palabras condenatorias que pondrían fin a la vida de Percival Weasley.

- ¡Avada Kedavra!- Salió disparado un rayo verde a toda velocidad, impactando sobre el pecho del joven y dándole muerte instantánea y sin dolor.

Ahora la magia de Harry estaba mucho más tranquila al saber que la venganza de sangre estaba medio cumplida, pues mientras que un Weasley viviera, habría odio y animosidad entre ambas partes.