¡Hi!
Este capítulo es también un recuerdo de Roxas (POV), y por ello está escrito en cursiva.
Gracias a todos los que leeís la historia. Espero que os guste el capítulo :3
---
INTERLUDIO
Desafiando la gravedad, mirando
fijamente el sol del ocaso.
Una silueta recortada en la luz, con
tus cabello rojizos y tu ropa oscura.
Buscando el espíritu de fuego
con la mirada.
Es así como más te recuerdo.
Son tantas las tardes que pasamos juntos en las alturas, observando el sol poniente, que no puedo rememorarlas todas. Ambos estábamos allí, sentados uno junto al otro, hablando de todo y nada o compartiendo el silencio mutuo.
No puedo declarar cual fue mi primera impresión de ti porque todos los miembros de la Organización me causaron la misma desconfianza y miedo al mismo tiempo. Para cuando empecé a conocerte lo suficiente como para juzgarte, consideré que eras un adulto bastante guay, porque a pesar de mi edad me tratabas con mucha libertad. Fuiste antes un hermano que un amigo, me costó verte como a un igual. Y con el tiempo empecé a mirarte de una forma especial, y deseaba ser visto de esa manera.
Entonces no conocía ni me importaban las convecciones sociales sobre la edad o el sexo; para mí eran un tema banal. A los incorpóreos estas cosas les traen sin cuidado; pero ahora he descubierto como de importantes son para los humanos. Lo suficiente para joderles la vida al menos.
Recuerdo aquella tarde en la Torre del Reloj, mirando el sol poniente como tantas muchas otras. Me explicabas cosas sobre otros mundos que habías visitado, otras puestas de sol que habías visto. Me hablaste mucho del atardecer en Bastión Hueco tras las tardes calurosas, donde el vapor de agua subía sobre las Aguas Trepadoras formando una neblina que diluía el paisaje.
–Quiero ver otros mundos –te dije mientras balanceaba los pies sobre el vacío.
–Dudo que Xemnas te deje salir a investigar por tu propia cuenta y riesgo –me miraste con esa cara aburrida que solías poner cuando hablabas sobre la Organización.
–No digo que quiera ir solo. Tú podrías acompañarme.
–¡Evidentemente que tengo que acompañarte! Soy tu niñera¿recuerdas?
Acercaste una mano con intención de despeinarme, pero yo me aparté, escapando de tu radio de alcance.
–¡Te he dicho que no me trates como a un crío!
Tú chasqueaste la lengua al ritmo que negabas con el dedo.
–Hicimos un trato, Roxas. Ya sabe, mientras no veas al espíritu de fuego...
–¡Ya lo he visto! –contesté desafiante.
Me miraste en silencio, con la sorpresa pintada en tu cara. Pero rápidamente cambiaste el gesto para mostrar incredulidad.
–¿Lo dices en serio?
–Sí... bueno... en realidad vi su reflejo.
–¿Cuánto hace de eso?
–Emmm... pues ya hará un tiempo. Fue una tarde como esta, no recuerdo que sucediera nada especial.
–¿Dónde lo viste reflejado? –preguntaste sin disimular el interés.
Yo me acerqué a ti y apoye una mano en tu mejilla, sobre esos tatuajes extraños que llevabas. Noté cierto temblor al acercarme a ti, no estaba acostumbrado que tenerte tan cerca.
–Aquella vez estaba reflejado en tus ojos –murmuré bajito, no me gustaba decirlo porque en mi cabeza esa frase sonaba extrañamente cursi.
Tú me dirigiste una mirada sorprendida y murmuraste algo como "No me lo puedo creer". Yo me quedé en silencio, esperando algo más, aun con mi mano en tu mejilla.
–¡Roxas, eres muy joven para usar estos trucos!
En ese preciso instante me bloqueé, sin entender bien a que te referías. Tú soltaste una sonrisa irónica y me miraste con gesto divertido, acercando tu cara a la mía. Mi mente tradujo lo que pensabas. Yo te había dicho la verdad; pero tú creías que estaba usando una treta para acercarme a ti y poder besarte.
Me dio tanta vergüenza esa situación, me sentí tan criatura por no haber reparado nunca es ese doble juego; que prefería que creyeras tener razón y te di un besó torpe y rápido en los labios. Me alejé un poco de tu cara, sintiendo como la mía estaba roja y acalorada. No decías nada, simplemente seguías sonriendo. Así que repetí el gesto, con los labios fuertemente apretados como si fueran un sello.
No sé en que momento pusiste tu mano sobre mi hombro, intentando relajar la tensión, haciéndome ceder poco a poco a los movimientos del experto. Me besaste lentamente y yo me limité a disfrutar e intentar seguirte el ritmo.
La noche nos sorprendió en la torre y la oscuridad nocturna me devolvió a la realidad. Me quedé unos instante mirándote bajo la luz lunar, intentando asimilar lo que había sucedido, debatiéndome entre muchos sentimientos confusos. Desde la escasa distancia que nos separaba me devolvías una mirada tan intensa, que por unos segundos creí que estabas leyendo mi mente.
–A estas alturas ya no puedo tratarte como a un crío–dijiste con un murmullo.
Esta vez fui yo quien te dedicó una sonrisa irónica.
