¡Wenas!
Aquí vengo con un nuevo capítulo de este fic. Este capítulo es un poco raro, porque no me he centrado tanto en el punto de vista de Roxas; sino que he tratado más la forma de ver la situación de Lea.
Al final hay aclaraciones, ahora sólo quiero comentar que una cosa: las frases en cursiva son pensamientos de los personajes (sí, esta vez en plural). La que está en negrita y cursiva es un caso especial :3
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CAPÍTULO 4
He cruzado la oscuridad para verte. He atravesado las tinieblas para estar contigo, Axel.
–¿Piensas pasar mucho más tiempo sin hablarme?
Esta frase rompió el silencio que ambos mantenían desde que hubieran discutido aquella tarde. Siete días exactos en los que apenas se había visto a pesar de convivir entre las mismas paredes, una semana sin dirigirse la palabra.
Roxas apartó la vista de la ventana y dirigió una mirada cansada a su interlocutor. Lea se acercó y se sentó a su lado en la cama.
Podría preguntarle si estaba enfadado o dolido, si necesitaba hablar o si deseaba algo en especial; pero ninguna de las respuestas que le dirigiría el joven serían satisfactorias. Además de ya conocer dichas respuestas: un par de sonidos imprecisos, una negativa y un nombre que conocía y no deseaba escuchar. Por eso planteó una conversa distinta.
–¿Has pensado en que vas a hacer a partir de ahora?
–¿Hacer sobre qué? –preguntó Roxas con una ceja alzada.
–Hacer con tu vida –la mirada del joven mostró extrañeza –. Ahora que has conseguido tu propia existencia, supongo que desearás... realizarte como persona. De momento vives aquí, en Villa Crepúsculo; pero me imagino que querrás hacer algo más. Quizás deberías plantearte buscar un trabajo...
–Si te molesto dímelo y desapareceré –interrumpió Roxas de forma desafiante.
Lea suspiró y negó con la cabeza.
–No me has entendido. Lo que quiero decir es que necesitas plantearte un nuevo reto ahora que has llegado hasta aquí. No sé cuales son tus inquietudes; pero deberías hacer algo con tu vida ahora que te pertenece.
–¿Un nuevo reto?¿Quién te ha dicho que he cumplido los anteriores?
–Hm... no sé, atravesaste la oscuridad y llegaste a Villa Crepúsculo...
–Mi meta no era llegar a Villa Crepúsculo. Mi meta era encontrar a Axel –la mirada de Roxas estaba turbia por la falta de sueño –. Y aun está en pie.
Lea se pasó una mano por la cabeza, sin saber que decir, cansado ya de aquella situación. Su paciencia estaba llegando a un límite.
–Siento mucho lo que voy a decirte; pero deberías abandonar esa idea. Las cosas son diferentes, Roxas. Axel no volverá, por mucho que lo desees.
–¿Y tú no deseas que vuelva?
–¿¡Yo!? –se señaló extrañado con un pulgar –¿Por qué debería anhelar una media existencia?
–¿Porque era una media existencia sobre la que tenías un control absoluto? No es como la existencia de los humanos: completa pero sometida a demasiadas cosas, poseyendo sólo un control parcial sobre la misma.
Y al decir esto paseó un dedo sobre una de las quemaduras que tenía en las mejillas, provocado el segundo contacto físico entre ellos desde el día en que se encontraron. Incomodado y en parte furioso, Lea le apartó la mano con brusquedad.
–Estoy muy harto de esta actitud –declaró sujetando la muñeca de Roxas –. Ahora tienes una existencia, deberías vivirla como mejor te parezca: busca un trabajo, viaja a nuevos lugares, conoce a gente... pero olvídate de Axel. Seguir luchando por algo que no vas a conseguir es desperdiciar el tiempo inútilmente. Ya has malgastado cincuenta años en la oscuridad. Es suficiente¿no te parece?
Roxas se deshizo del agarre con un movimiento rápido y dirigió la vista hacía sus pies, de una forma muy parecida a la que lo habría hecho un niño al que están regañando.
–No es tan fácil abandonar lo que tanto trabajo te ha costado conseguir. Aunque el resultado no te guste o aunque descubras que no puedes avanzar más, tu orgullo te impide dejarlo. A nadie le gusta pensar que ha invertido tanto tiempo y esfuerzo en una empresa que luego no en como uno imaginaba o no lleva a ninguna parte. Nunca reconocerán la derrota si conseguirla les ha costado un gran sacrificio –Roxas volvió a mirar a su interlocutor, hablando a media voz –. Tú lo has dicho: he malgastado cincuenta años en la oscuridad. No me voy a rendir después de todo ese esfuerzo sólo porque tú me lo pidas.
Lea suspiró y se levantó de la cama, dispuesto a abandonar la habitación.
–Esta visto que contigo no se puede razonar –masculló mientras se dirigía hacia la puerta.
–¡Pensaba que tú no eras de ese tipo de hombre! –gritó Roxas poniéndose en pie.
–Qué tipo –preguntó dándole la espalda.
–De los cobardes que son incapaces de aceptar lo que son. De los imbéciles que se odian a sí mismos por ello. De los inútiles que no luchan por su destino –escupió Roxas con rabia mal contenida.
–Pues mira chaval, siento decepcionarte; pero parece que soy de ese tipo –espetó el mayor haciendo uso de su autocontrol para no rebajarse al nivel del otro.
–No como Axel.
Puede que se dejara engañar por su avanzada edad, por el carácter pacificador que había mostrado en todo este tiempo, o porque relacionaba que nunca haría nada que no hubiera hecho su incorpóreo en el pasado; pero en cualquiera caso Roxas no hubiera imaginado jamás recibir tal golpe de Lea. El puñetazo le pillo tan de sorpresa que no tuvo tiempo de defenderse. El impulso hizo que se cayera de espaldas sobre la cama, pero antes de que pudiera derrumbarse sobre el colchón notó un tirón y quedó suspendido a pocos centímetros de la colcha. Lea lo agarraba por el cuello del jersey. Desde aquel ángulo extraño, su mirada era intimidante.
–¡NO TE ATREVAS A REPETIR ESE NOMBRE EN MI PRESENCIA! –gritó desde la escasa distancia que los separaba.
Roxas notó como soltaba el agarre y chocaba contra la cama. El instinto hizo que rodara a un lado para intentar incorporarse, buscando una mejor postura para defenderse, limpiando la sangre del labio partido con un gesto torpe. Esperaba recibir más gritos o incluso más golpes. Pero cuando localizó a Lea en la pequeña habitación, estaba de cuclillas y se llevaba una mano al pecho, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada.
Con cautela, Roxas se acercó al mayor, preparándose para lo peor.
–¿Te encuentras bien? –preguntó a su misma altura pero fuera de su radio de alcance.
Lea no podía creer lo que acababa de suceder. Todo había sido muy rápido, demasiado para ser consciente de ello. Estaba gritándole al chaval después de propinarle un puñetazo que muy bien se merecía, cuando notó una sensación que jamás había experimentado antes. Como si en su interior habitara algún tipo de monstruo extraño, alguien o algo le había arañado el pecho desde dentro. Había sido una herida profunda, como cuchillas rasgando el músculo. En medio del dolor, una voz que conocía demasiado bien le había rugido en el oído interno, anulando los demás sonidos.
–¡¡NO TE ATREVAS A PEGARLE EN MI PRESENCIA!!¿¡LO CAPTAS!?
Aquella sensación, aquel dolor y aquel grito se desvanecieron tan rápido como habían llegado. Para cuando volvió a ser consciente de la realidad que lo rodeaba, estaba de cuclillas en el suelo y Roxas lo observaba con semblante preocupado.
–¿Qué te ha pasado? –quiso saber el joven.
Él ya sabía lo que había pasado. Axel.
Después de que recuperara la plena existencia, había notado la presencia de su incorpóreo en contadas ocasiones. Normalmente era como si alguien que no fuera él hablara o se moviera usando su voz y su cuerpo; como cuando había encontrado a Roxas en la Torre del Reloj. Pero nunca había sentido su presencia con tanta intensidad. Y jamás había contradicho sus actos, atacándolo de esa forma.
–¡Ey, no me asustes!¿Estás bien? –Roxas se atrevió a invadir su espacio vital.
Lea dirigió una mirada hacía el labio partido de su interlocutor y notó como esa presencia se revolvía como una bestia inquieta, presionando las paredes internas de su cuerpo.
–Mi corazón no está para estos trotes –musitó el anciano mientras intentaba incorporarse.
–Esto... quizás deberías ir a que te viera un médico.
–Estoy bien, no te preocupes –mintió Lea de forma convincente.
–¿En serio? –objetó Roxas con desconfianza.
–Sí. Sólo necesito, tumbarme un rato. Y algo de paz por un momento –respondió acabándose de incorporar con la ayuda del joven.
–Esta bien... –murmuró Roxas, sintiéndose culpable por lo sucedido.
La presencia de Axel continuó acompañándole durante un rato, como una advertencia amenazante. Pero Lea no dijo nada al respecto. Sería como darle la razón a Roxas después de la discusión que habían mantenido, y su orgullo no se lo perdonaría.
Dejó que Roxas lo acompañara hasta su habitación y se tumbó en la cama, notando como iba quedándose sólo de nuevo.
A nadie le gusta pensar que ha invertido tanto tiempo y esfuerzo en una empresa que luego no en como uno imaginaba o no lleva a ninguna parte. Nunca reconocerán la derrota si conseguirla les ha costado un gran sacrificio.
Roxas no aceptaría que encontrar a Axel era algo imposible después de media siglo perdido entre tinieblas.
Al igual que él no aceptaría que había sido un error recuperar la plena existencia después de una década buscando Kingdom Hearts.
Hasta la fecha había vivido tranquilo, sin nadie que le hiciera dudar sobre una decisión tomada largo tiempo atrás. Hasta que Roxas había aparecido y le había mostrado que se equivocaba. Por esa razón sentía esa mezcla de afecto y animadversión mal compensadas hacía el joven.
En todos estos años había intentado construir una vida, resolver sus inquietudes, descubrir otros lugares y personas... había intentado ser feliz como humano.
Pero no lo era.
Y la gabardina que se escondía tras el armario cerrado con llave se lo recordaba constantemente.
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Aclaraciones:
Del mismo modo en que Roxas experimenta sentimientos contradictorios hacia Lea por ser el origen de Axel (Roxas quiere a Axel y por eso siente afecto hacia Lea por ser el original; pero también la culpa de que no este); Lea también experimenta algo similar. La parte de él que es/fue Axel se alegra de verle; pero la testarudez de Roxas por encontrarse con el incorpóreo pelirrojo hace que Lea se sienta desplazado; incluso que se le niegue la existencia que tanto le ha costado recuperar. Digamos resumidamente que entre ambos no se llevan muy bien.
También le estuve dando vueltas a un hecho curioso: a lo largo de los juegos de Kingdom Hearts, todos los miembros de la Organización XIII parece que desean recuperar su plena existencia (Xemnas aparte). Pero Axel va "confraternizando con el enemigo", desbaratando planes. De algún modo se podría pensar que él no deseaba dejar de ser un incorpóreo. Ser incorpóreo significa ser libre, no tener que estar ligado a las normas y leyes de la sociedad. Y quizás Axel apreciaba en demasía esta libertad, sobre todo si como humano hubiera vivido en una sociedad donde los homosexuales estuvieran mal vistos (en todas casi, por desgracia).
Por último, como todos los incorpóreos que han salido en el juego (excepto Roxas y Naminé, que no especiales) han vivido durante tanto tiempo como seres individuales, dudo mucho que de regreso a su existencia original se diluyan en esta como si nada. Ya han desarrollado una vida y una personalidad, en algunos momentos (muy pocos) esta debe sobresalir. Pero supongo que estas "salidas de tono" de los incorpóreos dependerán de lo mucho que desearan o lo a gusto que se encuentran como humanos. En el caso de Lea, la sola presencia de Roxas es suficiente para que Axel se "rebote" dentro de la existencia del primero. Razón de más para que Lea desarrolle cierta antipatía hacía el rubio (interpreta que él le hace perder el control de su cuerpo en favor de Axel).
Por cierto, la frase en negrita y cursiva es de Axel (supongo que ya había quedado claro :3). Axel no permitiría que nadie le hiciera daño a "su" Roxas, y haría cualquier cosa por defenderlo. Incluso atacar la existencia mayor donde se encuentra.
Espero que esto haya aclarado las dudas que hayan podido surgir.
¡Gracias por leer!
